El señor demonio regresado es amable: Capítulo 26

Como si las nubes que cubrían el cielo estuvieran haciendo una rabieta por no querer retroceder fácilmente, la lluvia cayó del cielo. Los rayos eran considerablemente gruesos, y la fría lluvia cubría la vista y ensordecía todo ruido.

 

La mayoría de la gente no dio un paso fuera de su casa. Y hasta los que salieron volvieron rápidamente al interior después de terminar sus recados. Sin embargo, algunas personas acogieron con agrado este desagradable clima.

 

Las gotas de lluvia caían como una cascada procedente de una sudadera con capucha puesta al revés. Pero dentro de la sudadera, un par de ojos brillaban ferozmente. Era Zich. Mientras llevaba a Lubella, que también se protegía la mayor parte de la cara con la capucha de la lluvia, miró hacia una casa.

 

—¿Estás seguro de que esta es la casa correcta? —preguntó Lubella sin mucha confianza. Después de ocuparse de la estatua de la casa de Sude, Zich había fijado su siguiente objetivo. Como había señalado un lugar sin una sola pista, Lubella se sorprendió bastante.

 

Pero Zich se mostraba seguro.

 

—Durante el día, comprobé las rutas que patrullaban los guardias. Aunque es natural que patrullen lugares importantes o zonas en las que podríamos escondernos, estaban patrullando intensamente zonas en las que no había ninguna razón clara para hacerlo. Eso obviamente significa que están escondiendo algo importante en esos lugares.

 

—¿Dices que están escondiendo las estatuas de Bellu allí?

 

—Sí.

 

Lubella asintió. A decir verdad, no importaba si Zich la convencía o no, ya que ahora mismo estaba dependiendo unilateralmente de Zich.

 

—Pues, en marcha.

 

Con Lubella al hombro, Zich entró en la casa. Como si Zich tuviera razón, vieron una barricada fuertemente custodiada que no había sido visible fuera de la casa. Sin embargo, Zich pasó fácilmente la barricada, noqueó a los guardias y retiró las trampas. Después de inspeccionar el interior del edificio, Zich encontró una habitación secreta como la que habían visto en la casa de Sude.

 

Zich era tan hábil para encontrar lugares ocultos que Lubella volvió a sospechar de su profesión; en cualquier caso, Zich abrió la puerta de la habitación secreta. Dentro, estaba la estatua de una fea cabeza de pez que habían buscado desesperadamente.

 

—Está aquí.

 

—¿Qué te dije? —Zich se jactó—. Esta clase de tipos son simples. Y como tienen mucho que perder, les gusta sobreproteger sus pertenencias.

 

—Pero no pensé que pudiéramos encontrarla tan fácilmente.

 

—En realidad no la encontramos fácilmente. Había muchos cebos, pero fue gracias a mis habilidades que pudimos encontrar a la verdadera.

 

Zich no parecía tener la intención de disimular sus logros. Algunas personas podrían haberle fruncido el ceño por su falta de humildad, pero como las habilidades de Zich estaban saliendo realmente a la luz por esta crisis en la ciudad, Lubella le felicitó sin dudarlo.

 

—Tienes razón. Realmente eres increíble.

 

—Ah, eso fue un poco embarazoso.

 

Zich había presumido hace apenas un momento, pero ahora trataba de ser modesto. Era porque era la primera vez que recibía un cumplido tan puro.

 

Normalmente, cuando alguien presume, le siguen todo tipo de burlas y mofas. O se les responde con halagos deshonestos.

 

Ese era el tipo de mundo al que Zich estaba acostumbrado.

 

—Ya está bueno de exagerar. Hora de terminar nuestros asuntos.

 

—Sí, hagamos eso.

 

La razón para encontrar la estatua de Bellu era interrumpir el ritual para que no se completara. Zich sacó una caja de pintura y un pincel de entre sus manos.

 

—Lady Lubella, por favor.

 

—Sí.

 

Lubella infundió el poder sagrado de Karuna en la pintura. El color rojo de la pintura brilló por un momento y volvió a su color original.

 

Zich sumergió su pincel en la pintura. Y como si estuviera a punto de hacer una obra maestra, hizo girar el pincel alrededor del cuerpo de Bellu. Lubella le observó desde atrás en silencio.

 

—¿Esto realmente va a funcionar?

 

Sus ojos temblaban un poco de ansiedad, pero ella creía a Zich. No tenía otra opción. Después de haber sido traicionada por Sude y el teniente de alcalde, le resultaba difícil confiar en la gente, pero no podía dudar de Zich. ¿Acaso no estaba ayudando a la que fue acusada como la bruja, y luchando contra una fuerza inmensa como el Bellid con el simple propósito de hacer una buena acción?

 

Si no creía en Zich, sentía que ya no tendría el valor de creer en la gente. Eso pensó. Sin embargo, todavía había una diferencia entre creer en la persona y creer en el conocimiento que la persona tenía.

 

—Listo.

 

—… ¿De veras?

 

Después de darse la vuelta, Zich volvió a guardar el pincel y la pintura, y Lubella inspeccionó cuidadosamente la estatua que había tras él. La estatua estaba inscrita con todo tipo de líneas y formas de arriba a abajo. Probablemente eran círculos mágicos para dificultar el ritual y devolver la fuerza vital a quienes la habían perdido.

 

Pero… ¿será que los ojos de Lubella le estaban jugando una mala pasada?

 

Las marcas de la estatua no parecían círculos mágicos normales que geometrizasen los principios de los poderes sagrados, la magia o todo tipo de milagros de la naturaleza o de los dioses; por ejemplo, no incluían símbolos de planetas galácticos como los soles, las lunas y las estrellas ni criaturas vivas como los humanos, los animales y las plantas. Francamente, parecían muy burdos, como si un niño los hubiera trazado por diversión.

 

¿Eran estas marcas realmente un círculo mágico que resolvería sus problemas? Incluso Lubella, que tenía un conocimiento y un rango considerable entre los Karuwiman, nunca había oído hablar de este método.

 

—Por favor, termina con esto ahora.

 

Lubella asintió a las palabras de Zich y vertió sus poderes sagrados en la estatua. Tenía que seguir teniendo fe en Zich. Había llegado demasiado lejos como para empezar a dudar de él, y el ritual de Bellid empezaría en cualquier momento.

 

—¿Podemos dejar la estatua así sin más?

 

—No importa, dado que tus poderes sagrados ya han fluido por el sótano. La rompamos o no, hemos terminado aquí.

 

Zich comenzó a salir mientras decía que debían buscar las otras estatuas. Lubella no tardó en seguir a Zich mientras miraba su espalda.

 

* * *

 

Poco después, Lubella se sintió tonta por dudar de Zich. Después de dibujar esos círculos mágicos de aspecto tonto en las estatuas de Bellu y de verter poderes sagrados sobre ellas, pronto se encontraron con una criatura inesperada.

 

—Es un zombi.

 

—Sí, es un zombi.

 

Al amparo de la oscuridad, Zich y Lubella intentaban encontrar otra estatua cuando se encontraron con un zombi. No era extraño ver un zombi en la ciudad cuando el ritual de Bellid estaba a punto de terminar, pero Lubella pensó que el zombi tenía un aspecto extraño.

 

—¿Por qué se comporta así?

 

El zombi se acercó a ellos tambaleándose. Esa parte no era inusual, ya que los zombis suelen moverse de forma extraña. Sin embargo, los movimientos del zombi iban más allá de lo simplemente extraño. Como si llevara una armadura invisible, sus movimientos eran extremadamente rígidos, como si estuvieran restringidos.

 

—Hm.

 

Zich se acercó al zombi. Como todos los zombis, extendió las manos para quitarle la fuerza vital a Zich, para hacer que Zich fuera como él mismo. Sin embargo, los movimientos del zombi eran muy torpes y lentos, por lo que no se sentía amenazante en absoluto.

 

Zich golpeó el cuello del zombi. Fue un procedimiento simple como golpear la cabeza de un pez muerto.

 

—Se debilitó.

 

—¿Se debilitó? ¿El zombi?

 

Eso le pareció una buena noticia a Lubella, y su corazón palpitó con expectativas.

 

—Sí, estoy seguro de que estaba debilitado. Afortunadamente, parece que lo que estamos haciendo no es inútil.

 

Las palabras de Zich fueron básicamente una confirmación para ella. La duda que tenía lugar en la esquina de su corazón se disolvió rápidamente.

 

—Ah, ¡menos mal! Esto sí que es un alivio.

 

Y así, Lubella se puso de rodillas y rezó a Karuna. Al sentir que podían acabar con esta dura situación sin un gran sacrificio, sus ojos se llenaron de lágrimas.

 

—No sé cómo puedo expresar mi agradecimiento.

 

En seguida, Lubella se levantó bruscamente y agarró las manos de Zich. No podía soportar que hubiera dudado de él antes.

 

—Lo siento. A decir verdad, dudé de ti.

 

—Eso es un poco decepcionante. ¿Cuántas personas crees que serían tan amables de ayudarte con su vida en juego como para dudar de mí?

 

Zich le guiñó un ojo. Y como sus ojos no parecían guardarle ningún rencor, Lubella se echó a reír.

 

—No dudaba de ti, como persona. No puedo agradecerte lo suficiente que me hayas ayudado hasta ahora. Pero tenía un poco de duda sobre tu método para dificultar el ritual. Aun teniendo acceso a información valiosa de Karuwiman, es algo que no conocía, y el método es…

 

—¿Es porque el método es dibujar garabatos ridículos y de aspecto sospechoso que ni siquiera parecen círculos mágicos?

 

—… A decir verdad, era eso. Lo siento.

 

—No tienes que decir que lo sientes. Lo entiendo. Incluso yo me pregunto en qué estaba pensando la persona que lo creó. No sé si debería llamar a la persona un genio o idiota.

 

—Creo que la persona es un genio.

 

—Ya que piensas eso, yo también pensaré lo mismo.

 

—¿Puedo preguntar cómo aprendiste este método?

 

—Ah, eso es un secreto.

 

Como ya la habían rechazado antes, Lubella no se sintió realmente decepcionada.

 

—Entonces, por favor, debes enseñarme usar el círculo mágico más tarde.

 

—No te preocupes por eso. Te enseñaré todo más tarde. Por supuesto, con un precio.

 

—Eso no importa. Para nosotros, Karuwiman, ese círculo mágico no tiene precio, y la iglesia te concederá casi todo lo que pidas.

 

Tal vez fuera porque veían el efecto de sus obras, pero sus ánimos estaban mucho más animados que antes, a pesar de que seguían siendo perseguidos y el teniente de alcalde seguía vivo.

 

—Ahora solo tenemos que encargarnos de un par de estatuas más. Entonces el poder del teniente de alcalde disminuirá significativamente, y podremos atacar la mansión del alcalde de nuevo. Pero tenemos que ser más cuidadosos, ya que aumentarán el número de guardias a medida que disminuya el número de estatuas.

 

—Entendido. Pero ¿cómo pueden colocar situar tantas estatuas sin que corra un solo rumor? Muchas personas deberían haber desaparecido como ofrendas.

 

—Probablemente cerraron la boca de la gente con dinero y poder. Hay un montón de excusas para elegir, como: “Callémonos por ahora ya que la gente puede empezar a entrar en pánico”. Como esta es una ciudad sensible a la economía, probablemente eso funcionó bastante bien.

 

La verdad en su totalidad era imposible de comprender si uno no se daba cuenta de que la ciudad estaba cubierta por una cortina negra, específicamente el grupo Bellid. De hecho, antes de ser consciente de lo que estaba ocurriendo, incluso Zich pensaba que la aparición de los muertos vivientes era un suceso nuevo, ya que el sentimiento público seguía relativamente tranquilo.

 

—Pero eso no durará mucho tiempo. Ocupémonos del resto de las estatuas de Bellu y salvemos la ciudad.

 

—¡Sí!

 

Sintiéndose esperanzados, volvieron a desaparecer en la oscuridad de la ciudad.

 

* * *

 

Desde entonces, Zich y Lubella encontraron un par de estatuas más. Sobre el círculo mágico que dibujó Zich, Lubella vertió generosamente más poder sagrado. Y sus resultados se hicieron cada vez más visibles. Al final, llegaron a un punto en el que no pudieron encontrar ni un solo no muerto en toda la ciudad por la noche.

 

Por supuesto, esto no significaba que los muertos vivientes hubieran desaparecido por completo. Puede que se les escapara alguno vagando por un callejón. Pero en general, podían percibir que el número total de muertos vivientes había disminuido definitivamente.

 

—Bien pues, vayamos a la mansión del alcalde y destruyamos la estatua central allí. Si todavía existe, todo lo que hicimos no servirá para nada. Solo podemos retrasar el ritual y no detenerlo.

 

—¿Dónde crees que está el teniente de alcalde?

 

—Yo tampoco lo sé, pero probablemente estará en la mansión del alcalde. Dado que la mansión es el centro de este ritual, ese tipo probablemente no puede salir de esa área.

 

—Entonces deberíamos ir a la mansión. ¿Cuándo vamos a ir?

 

—¿Tenemos alguna razón para que nos tomemos nuestro tiempo?

 

Zich contempló la zona donde estaba la mansión del alcalde.

 

—Iremos esta noche.

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Brian
Brian
hace 11 meses

Gracias por los capítulos!

Kani
Kani
hace 11 meses

Gracias por los capítulos

Jonathan
Jonathan
hace 11 meses

Gracias por los capítulos.

perziiiii
hace 11 meses

se agradece por su sacrificio de tiempo para traernos esta joyita asi que humildemente te agradezco desde el fondo de mi corazao

Dylan
Dylan
hace 11 meses

Muchas gracias por el cap.
me los leí todos seguidas jajq esta muy buena esta novela

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