El señor demonio regresado es amable: Capítulo 25

Cosas pasaron, y los capítulos se atrasaron otra vez. Les dejo dos para compensar que ayer no se subió nada. Disfruten.

Ah, ¡carajo! En serio debería parar con esta afición sádica.

 

Zich se sintió conflictuado por dentro. Este era el primer “evento” real que experimentaba desde que hubo regresado, así que algo de su personalidad de “señor de los demonios” se escapó por unos momentos.

 

La gente que vive amablemente no tiene este tipo de afición.

 

Hasta con su falta de sentido común, Zich era consciente de ello. Sin embargo, la emoción que le producía atormentar a Sude era más de lo que esperaba. Tanto Sude como Lubella parecieron sorprendidas por las palabras de Zich, y Sude comenzó a mostrarse inseguro después de haber gritado con tanta confianza hace un momento.

 

—¡No me vas a engañar con algo como eso…!

 

—Para primer lugar —dijo Zich levantando un dedo frente a Sude—, los miembros de Bellid son demasiado cautelosos para revelar todo el plan a sus colaboradores. No, cualquier persona con sentido común no le daría semejante privilegio a alguien desechable luego de su uso. No hay manera de que esos bastardos le dijeran a un infeliz como tú la ubicación de las estatuas. En ese sentido, supongo que ellos son como todo el mundo, pero extraños en otros aspectos.

 

Y las tendencias sádicas de Zich también lo hacían “extraño en otros aspectos”.

 

—En segundo lugar, aun sin ti, puedo encontrar las otras estatuas por mí mismo. Para ser exactos, esos tipos me dirán dónde están.

 

—Eso no tiene ningún sentido…

 

—Ah, no voy a decir más que eso.

 

Zich comenzó a mover la daga en círculos. Los ojos de Sude daban vueltas y vueltas siguiendo el movimiento de la daga.

 

—Porque de todas formas va a ser información inútil para ti.

 

Zich dio un alto a las vueltas de la daga y la empuñó correctamente en su mano.

 

—¡¿Q-qué estás haciendo?! Si es así, ¡¿por qué me hiciste esa pregunta…?!

 

—Oh, ¿eso? Pues…, es un poco vergonzoso decirlo, pero es solo mi pasatiempo.

 

—¿P-pasatiempo?

 

—¡Sí! Mi personalidad está severamente deteriorada. Pero esto probablemente ya lo sabías, ¿no es cierto? Esto era solo uno de mis pésimos pasatiempos de gente malvada.

 

—… No creo que deberías degradarte de esa manera —respondió Lubella como si estuviera estupefacta.

 

Sin embargo, Zich le respondió sin una pizca de vergüenza—: Pero es la verdad.

 

—…

 

Lubella no respondió. No, en realidad no pudo responder por haberse quedado sin palabras. Sin tener en cuenta lo que sentía Lubella, Zich continuó—: Si bien dije que es un pasatiempo mío, no es nada especial. Simplemente me gusta dar esperanza a los que están prontos a morir. El tipo de esperanza que doy difiere según la situación. Un ejemplo de dar falsas esperanzas sería algo como: “No podré hacerte daño porque necesito saber dónde está la estatua de Bellu”.

 

Zich se aguantó la risa.

 

—Fue graciosísimo ver eso. En cuanto pensaste que tenías ventaja, tu actitud cambió enseguida. Supongo que ese tipo de reacción es típica en tipos como tú.

 

—¡Ah! ¡Eso…, por qué…!

 

Sude abrió la boca para hablar, la cerró y la volvió a abrir. Parecía que quería decir algo, pero todo lo que salía de su boca eran jadeos sin sentido.

 

—Antes de que acabe con tu vida, ya viviste un dulce sueño, ¿verdad? Entonces es hora de que abandones realmente este mundo.

 

Sude sintió como si una luz fría volviera a rodear la daga.

 

—¡Espera un momento! ¡En verdad conozco la ubicación de las otras estatuas!

 

—Ah, ¿sí? Eso es increíble. Esos bastardos de Bellid no le hablan de eso a nadie a menos que tengan unos lazos muy profundos con ellos. ¿Eso no suena como una razón más para matarte?

 

—¡N-no! ¡Yo no…!

 

—¿Por qué no te calmas un poco? ¿No deberías haber esperado esto cuando decidiste insultar enérgicamente a una figura importante como lady Lubella y, sobre todo, a mí? Deberías afrontar las consecuencias de tus actos.

 

—¡Lady L-Lubella!

 

Con la mención del nombre de Lubella por parte de Zich, Sude cambió el objeto de sus súplicas a Lubella. Como si no hubiera vertido palabras fuertes y despiadadas hace un momento, Sude mostró una sonrisa triste y comenzó a suplicarle a Lubella.

 

—¡Por favor, detenga a esta persona! ¡S-soy una víctima! ¡Soy el tipo de persona que la gente de Karuwiman debe proteger! Esa pregunta solo me tomó por sorpresa. ¡Mis palabras salieron sin pensarlo un poco! ¡Juro que no tengo ninguna relación con los miembros de Bellid!

 

Sude comenzó rápidamente a negar todas sus declaraciones anteriores. Por supuesto, por muy ingenua que fuera Lubella, era imposible que creyera las palabras de Sude. Pero como seguidora de Karuwiman que tenía que defender el valor de la vida de todos, no pudo evitar tener dudas.

 

—¿Realmente tienes que matar a esta persona?

 

La expresión de Sude se iluminó.

 

Zich bajó su daga. Luego se cruzó de brazos y se apoyó en la estatua de Bellu para ver qué haría Lubella a continuación.

 

—Supongo… ¿Realmente deberíamos matarlo?

 

—… No pensé que me responderías con una pregunta.

 

Zich limpió la daga con una de sus manos y continuó—: Entonces, ¿por qué no te replanteas si realmente tenemos que matar a esta persona o no? ¿O qué deberíamos hacer ahora?

 

Lubella miró a Sude. Sus ojos la miraban ahora como si fuera un ángel del cielo; su abrupto cambio de actitud era repugnante. Sin embargo, como seguidora de Karuwiman, no podía dejarse llevar por sus sentimientos personales si quería dar un juicio adecuado.

 

—… Las acciones de esta persona no pueden ser perdonadas. Aún si no lo matamos ahora, será ejecutado por el país, y si es capturado por la Asamblea General de Karuwiman, es probable que no sobreviva.

 

La tez de Sude se tornó verde.

 

—También estoy de acuerdo en que incluso los peores criminales tienen derecho a ser juzgados por la ley, pero si lo dejamos vivir ahora, ¿no es obvio que intentará escapar?

 

—¡Y-yo nunca escaparé! ¡Además, ya les dije que no tengo lazos con la gente de Bellid!

 

Sude les suplicaba patéticamente, pero tanto Lubella como Zich no prestaron atención a sus gritos y se centraron en su conversación como si Sude fuera ya un cadáver.

 

—Hay pocas razones para dejarlo vivir, pero muchas para matarlo.

 

—Sí, eso es cierto. Entonces, ¿cuál crees que es la mejor decisión?

 

Era mejor matar a Sude. Sin embargo, a Lubella le resultaba difícil decirlo en voz alta. Por muy malo que fuera, seguía siendo cuestión de acabar con la vida de una persona. Por diferentes razones, Zich y Sude esperaron las siguientes palabras de Lubella.

 

De pronto, Lubella recordó algo que Weig le había dicho antes: ‘Solo me estoy repitiendo, Lady Lubella, pero no basta con ser paciente y amable. Como seguidores de Karuwiman, no solo consolamos a la gente, sino que también la protegemos. Debemos tener un corazón fuerte’.

 

Los ojos de Lubella se llenaron de determinación.

 

—… Matémoslo.

 

¡Tum!

 

Sude sintió como si su corazón cayera físicamente al suelo. Sin embargo, no había nadie aquí que se preocupara por cómo se sentía.

 

¡Splash! ¡Splash!

 

Pisando el charco, Zich se dirigió hacia Sude.

 

—¡A-aguarden un segundo! ¡De verdad no hice nada malo! ¡Están cometiendo un gran error! ¡Intentan matar a un inocente!

 

Los miserables gritos desesperados de Sude no pudieron detener a Zich ni conmover a Lubella.

 

—¡Joder! ¡¿Creen que voy a morir así?! ¡Voy a vivir una buena y larga vida! ¡Voy a vivir una vida lujosa como uno de esos bastardos adinerados! ¡Mi destino es no podrirme lentamente en una vieja tienda y estirar la pata! ¡Mierda! ¡Lubella, maldita bruja malvada! ¡Soy una maldita víctima! ¡Si eres una seguidora de Karuwiman, protégeme ahora mis…!

 

Un espeluznante sonido de carne siendo perforada hizo callar de inmediato los gritos de Sude.

 

¡Splash!

 

La carne recién cortada cayó en la piscina. Como si los fuertes gritos de hace un momento hubieran sido una ilusión, el sótano se llenó por completo de silencio.

 

* * *

 

Lubella se sentó inexpresiva en una casa abandonada; usaban esta casa como lugar de refugio por poco tiempo. Para ocultar el hecho de que estaban escondidos allí, la puerta y las ventanas estaban bien cerradas, pero no podían evitar que la luz se filtrara en la habitación. Al ver que la luz se volvía lentamente anaranjada, Lubella pensó que debía ser la hora de la puesta de sol.

 

¡Crac!

 

La puerta se abrió lentamente y Zich apareció de su viaje al exterior.

 

—¿Todo fue bien?

 

—No pasó gran cosa.

 

Zich cerró la puerta. Luego se dirigió cuidadosamente hacia Lubella y se sentó frente a ella.

 

—¿Estás bien?

 

Lubella estuvo a punto de decir que estaba “bien”, pero la palabra no salió de su boca.

 

—Bueno, viste morir a alguien delante de ti, así que lo entiendo.

 

Además, aunque no lo haya matado directamente, ella había jugado un gran papel en la muerte de una persona. Era comprensible que estuviera en un estado de shock.

 

—… No es solo eso.

 

A punto de llevarse un trozo de pan a la boca, Zich se detuvo ante la respuesta de Lubella.

 

—¿Hay alguna razón aparte?

 

—Es porque creo que he estado haciendo juicios equivocados todo el tiempo.

 

Zich bajó su pan y encaró adecuadamente a Lubella para indicar que estaba dispuesto a escucharla. Lubella dudó un poco antes de continuar—: Desde Sude hasta el Sr. Timmy, el alcalde e incluso el teniente de alcalde, he juzgado a la gente basándome en las palabras y opiniones de otras personas. También he enmarcado una imagen determinada sobre las personas al verlas en una situación.

 

—Me estás diciendo que eras prejuiciosa.

 

—Sí. Es una de las cosas que Dios Karuna nos dice que no debemos hacer. Juzgaba a ciertas personas como fuertes y a otras como débiles, y pensaba que los débiles siempre tenían la razón y los fuertes siempre estaban equivocados.

 

Por esa razón, Lubella fue hostil al alcalde y a Timmy, quienes consideró que eran las personas “fuertes” de la sociedad, y favoreció a Sude, a quien consideró débil. Pero la realidad fue todo lo contrario.

 

—Por culpa de mis despistes, la gente que me protegía murió, y mi situación acabó así.

 

—Sí, tienes razón.

 

Lubella se sobresaltó ante la sincera respuesta de Zich.

 

—Sinceramente, yo también llegué a dudar un poco de tus palabras. Después de golpear a Sude, me dijiste que tenía que ayudar a los débiles. Para empezar, no veía con buenos ojos a ese Sude.

 

—¿Por qué?

 

—Olía mal[1].

 

Zich afirmó que utilizaba sus instintos. Lubella se sintió muy decepcionada, ya que esperaba que Zich le dijera una forma estupenda de distinguir a las personas malvadas. Pero, sorprendentemente, los instintos de Zich solían dar en el clavo. Los instintos que perfeccionó gracias a sus diversas experiencias en su primera vida eran bastante peligrosos.

 

Bueno, no siempre tengo razón, y mi instinto no reacciona con todo el mundo, pero eso da igual.

 

Lo que importaba era que esta vez había acertado.

 

—¿Juzgar a la gente por tus instintos no es peor que los prejuicios?

 

—¿Sí? Entonces dejaré de juzgar a la gente por su olor a partir de ahora.

 

La respuesta de Zich fue tan despreocupada que Lubella sintió que era inútil hacerle una pregunta en primer lugar. Por otro lado, su tono despreocupado disminuyó el peso sobre su corazón.

 

—Entonces, si entendí bien, ¿te sientes culpable por ir en contra de las enseñanzas de Karuna y empeorar la situación?

 

—Sí.

 

—Hmmm, vale. Espero te esfuerces en pensarlo bien.

 

Zich recogió el pan que había dejado y se levantó.

 

—… ¿No vas a darme ningún consejo?

 

—Por mucho que quiera dar un consejo, solo puedo ofrecerte los más obvios: “La gente que murió no te guardará rencor”. “Cualquiera podría haber cometido esos errores”. “Estás haciendo este viaje para ganar experiencias como esta”. Etcétera, etcétera. Pero dime algo: ¿escuchar esas palabras tranquiliza tu corazón?

 

—… No.

 

—¿Verdad? Los consejos que puedo darte están todos llenos de palabras que también puedes imaginar con facilidad. Pero el corazón de la gente no puede cambiar fácilmente puramente por voluntad. Si eso fuera posible, no estaría pasando por todos estos problemas para vivir una vida amable.

 

Zich meneó la cabeza de forma humorística. Esto hizo que Lubella sonriera un poco.

 

—Así que espero que encuentres una solución para ti, ya sea que encuentres una respuesta, te acostumbres o dejes que el tiempo cure tus heridas.

 

—Eso haré.

 

—Bien. Pero esta preocupación no te hará dudar mientras luchamos contra esos bastardos de Bellid, ¿cierto?

 

—No te preocupes. Esto y la situación con Bellid son completamente diferentes.

 

A diferencia de su yo habitual de la actualidad, Lubella respondió con firmeza.

 

¿Está ganando tenacidad?

 

Mirandola con atención, no quedaba ni rastro de la Lubella que temblaba de pies a cabeza en un callejón cerrado. Definitivamente estaba creciendo para convertirse en una persona más fuerte y decidida.

 

¿Esto estará bien?

 

Hasta ahora, Zich había estado ayudando a Lubella porque pensaba que era un acto bondadoso, y no quería ver que a esos bastardos de Bellid les fuera bien; pero al mismo tiempo, había ayudado involuntariamente al progreso de Lubella.

 

Si tengo que luchar contra el grupo de héroe una vez más, y una Lubella más fuerte forma parte del equipo…

 

El cuerpo de Zich se estremeció por instinto.

 

V-voy a vivir una vida amable, de todos modos. ¿Siquiera habrá una ocasión donde deba luchar contra ella?’ pensó Zich en su mente, rascándose ferozmente la piel de gallina que le salía por todo el brazo.

 

 

Notas:

[1] Como la vez pasada, aquí están usando un juego de palabras que puede referenciar a Bellu dada su forma de pez y todo eso. Ya vieron la explicación, así que no la repetiré.

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