El señor demonio regresado es amable: Capítulo 22

—¡No seas ridículo! Si había semejante solución, ¿por qué venir aquí en lugar de buscar las estatuas por la ciudad?

 

—Porque no sabíamos cuánto habías avanzado con el ritual. ¿Cómo podemos estar tan tranquilos cuando el ritual podría ocurrir hoy? Además, la situación es diferente ahora.

 

Zich señaló el libro que sostenía el teniente de alcalde.

 

—Como el catalizador está en ese estado, no podrás hacer el ritual de inmediato. Por supuesto, no podemos ganar mucho tiempo, probablemente ni siquiera un par de días, pero ¿y eso qué? Si encontramos al menos una estatua dentro de ese tiempo, se acabó. Si destruimos una estatua, tu poder disminuirá, y el ritual se retrasará de nuevo. Entonces, podemos usar ese tiempo extra para seguir encontrando más estatuas.

 

—¡Captúrenlos!

 

Como si Zich hubiera dado en la diana, el teniente de alcalde ordenó a todos los muertos vivientes en espera que se acercaran y abrió su libro. Pero Zich fue más rápido.

 

—¡Nos vemos luego!

 

¡Bam!

 

Al blandir su espada, se formó un enorme agujero en la pared del edificio. Zich entonces rodeó con un brazo la cintura de Lubella y saltó fuera del agujero. Sin duda, el teniente de alcalde debió pensar que sería peligroso mostrar una escena en la que una gran cantidad de muertos vivientes salieran de la casa del alcalde, así que ninguno de los muertos vivientes los siguió.

 

Es demasiado arriesgado mostrar a la candidata a santa luchando contra los muertos vivientes.

 

El teniente de alcalde había acusado falsamente a Lubella de convocar a los muertos vivientes y no quería aportar la prueba de que en realidad era una fuerza opositora.

 

Utilizaré esta situación para hacer un mejor caso contra Lubella.

 

¡Dum!

 

Zich aterrizó suavemente en el suelo, pero no estaba completamente a salvo. Frente a él, los sorprendidos guardias habían visto a Zich y a Lubella saltar repentinamente desde el edificio.

 

—¿Qué?

 

—¿Intrusos?

 

—¡Es Lubella! ¡La bruja Lubella!

 

—¡La bruja vino a atacar de nuevo!

 

Los guardias descubrieron a Lubella, y sus ojos se tornaron hostiles.

 

Bueno, esto debería ser suficiente.

 

Con esto, la falsa acusación de Lubella empeoraría, y la noticia de que Zich era su compañero se extendería por todas partes.

 

Ahora también nos acusarán falsamente de asesinar al alcalde. De hecho, ¿realmente puedo llamarlo acusación falsa? Es cierto que yo lo maté.

 

Si pensaba así, podría haber sido mejor si no hubiera matado al alcalde. Pero Zich desechó rápidamente ese pensamiento. En ese momento, el alcalde era lo mismo que una herramienta. Fue remodelado para manejar el libro llamado la “Llave” mejor que nadie.

 

Antes de mi regresión, esos tipos de Bellid usaban mucho esta táctica. Si el alcalde estuviera vivo, la situación habría empeorado.

 

Cargando a Lubella como si fuera un equipaje, Zich dijo—: Se ha hecho famosa, lady Lubella. La reciben como la bruja en cuanto la ven.

 

—¿Quién es el hombre junto a la bruja?

 

—¡No lo sé! ¡Probablemente sea el subordinado de la bruja o algo así! ¡No lo dejes escapar!

 

—¿Qué? ¿El subordinado de la bruja? ¿Yo, el subordinado? Si tuviera que elegir, yo sería el señor de los demonios, que es un puesto mucho más alto que una bruja —refunfuñó Zich mientras fijaba la empuñadora de su espada.

 

—¡S-Sr. Zich! ¡Ellos no saben nada…!

 

—Lo sé, señora[1].

 

Si se tratara de una situación peligrosa, Zich no se habría molestado en responder, pero se enfrentaba a soldados ordinarios entrenados, como mucho. No había necesidad de matarlos. Volvió a enfundar su espada y la levantó en su forma envainada.

 

—Por favor, intenten aguantarse algunos huesos rotos.

 

Tras decir eso, corrió hacia los guardias que se abalanzaban sobre él.

 

Las largas pértigas de los guardias apuntaron hacia él, pero Zich se movió con soltura entre las pértigas y escapó. Entonces, mientras una lanza pasaba por sus caras, Lubella soltó un pequeño grito.

 

¡Crac! ¡Crac!

 

—¡Ah!

 

—¡Ugh!

 

Uno caía con cada golpe. Sus brazos, piernas o armaduras se rompían mientras sus huesos eran aplastados bajo las manos de Zich. Los guardias frente a ellos cayeron al suelo al instante, y una enorme abertura apareció entre ellos. Sin dudarlo, Zich se echó a correr.

 

Sus zapatos nuevos brillaban bajo la luz del sol. Otros soldados se unieron, pero Zich y Lubella ya habían atravesado el muro y desaparecido.

 

* * *

 

La ciudad era un desastre. El teniente de alcalde estaba muerto, y Lubella, que había intentado maldecir la ciudad, consiguió incluso asesinar al alcalde. Como era de esperar, la economía de la ciudad se paralizó aún más. El siguiente en la línea después del alcalde y el teniente de alcalde asumió el puesto de liderazgo ahora vacío, pero no fue lo mismo que cuando el alcalde estaba vivo. La gente empezó a temer que le quitaran la autonomía a su ciudad, y maldijeron a la bruja y a su recién descubierto compañero.

 

Recibiendo todos los insultos de los habitantes de la ciudad, esos dos individuos ahora estaban…

 

—Síp, salió bien.

 

Zich salió de la cobertura de la noche y se quedó mirando el cartel de se busca que estaba pegado junto al de Lubella. A diferencia del de Lubella, el dibujo de él era un esquema tosco que carecía de muchos aspectos y no identificaba características específicas.

 

—Ni siquiera este descuidado dibujo puede ocultar mi guapura. Tengo que decir que mi cara es bastante buena a la vista. —Zich se acarició el rostro exageradamente y se echó a reír.

 

Parece que tuve razón, viendo cómo me han dibujado. Aunque los guardias no pudieron verme bien, ese teniente de alcalde me vio la cara.

 

Aunque se hiciera pasar por muerto, el teniente de alcalde debería haber tenido la influencia necesaria para colocar un dibujo más exacto de la cara de Zich en el cartel de búsqueda. Pero si el cartel estaba tan mal hecho, podría significar que el teniente de alcalde no había intervenido en absoluto en su elaboración.

 

De repente, Zich sintió la luz de una hoguera y el sonido de una armadura tintineando en la distancia.

 

—¡Ups! Ahora que soy un buscado, debería esconderme rápido. Esto me recuerda a los viejos tiempos.

 

Antes de que Zich regresara y obtuviera sus poderes, había vivido escondido la mayor parte del tiempo. Mientras recordaba, Zich escapó hábilmente de los guardias y se movió. Escapó a las casas del centro de la ciudad para los pobres; los desgastados edificios de allí parecían estar a punto de derrumbarse en cualquier momento y un hedor nauseabundo se filtraba por la zona.

 

Zich tocó la puerta. Como había prometido, tocó cuatro veces seguidas, paró, tocó dos veces más y volvió a parar antes de tocar cinco veces.

 

La puerta se abrió como un frágil anciano, tragándose sus débiles gemidos y rompiendo el ensordecedor silencio.

 

—Entra —dijo Lubella mientras vigilaba los alrededores de Zich por si alguien lo había seguido. Tan pronto Zich entró, la puerta se cerró.

 

—Ahora se ha convertido en una verdadera criminal, señora.

 

—Sí, hasta estoy pensando en cambiar de carrera —respondió Lubella mientras cogía el equipaje de Zich. Lo ocurrido en las dos últimas semanas había sido tan fuerte que la personalidad de Lubella parecía haberse relajado. Lubella rebuscó en el equipaje que había traído Zich. Había ingredientes alimenticios en su interior.

 

—¿De dónde has sacado todo esto?

 

—Los tomé prestados.

 

Zich se encogió de hombros. Dijo que lo había tomado prestado; por supuesto, Lubella no podía aceptarlo sin más.

 

—Los robaste.

 

—Bueno, ahora mismo no puedo hacer un trato justo.

 

—Eso es cierto.

 

Lubella sabía que, en su situación, no se podía evitar. Pero eso no cambiaba el hecho de que su corazón se sentía agobiado.

 

—No ponga esa cara. Yo no he robado.

 

—¿De verdad?

 

Zich le tendió un papel. En él, los nombres de los lugares, sus ubicaciones y los artículos estabas escritos por toda la página.

 

—Estos son los lugares de donde obtuve las cosas. Cuando todo esto termine, podemos pagarlo todo. En resumen, es como un crédito, no un robo.

 

—… Para hacer un crédito, ¿no es necesario un acuerdo con el propietario?

 

—No podemos vivir exclusivamente bajo las reglas. ¿Qué tal si les damos el doble del precio de los artículos como disculpa?

 

Zich le guiñó un ojo. Lubella soltó una risa desganada y asintió.

 

—Voy a anotar los créditos como un gasto de negocio. ¿Le parece bien?

 

—Te agradeceré que lo hagas.

 

Zich y Lubella dejaron los alimentos sobre la mesa oxidada. Aunque la mesa parecía sucia, como estaban en una casa abandonada en los barrios bajos, estaban agradecidos de que hubiera muebles.

 

Mientras masticaban el pan duro, conversaron.

 

—Ahora vamos a buscar las estatuas de piedra de Bellu, ¿no es así?

 

—Sí, tenemos que hacerlo.

 

—¿Hay algún método para encontrarlas?

 

Aunque buscaran por toda la ciudad, Porti era grande. Además, ambos eran buscados y no podían moverse libremente.

 

—Sí, hay un método. Vayamos primero a los barrios bajos. Nos permitirá movernos con mayor facilidad que en otros lugares, y ya tengo un lugar en mente.

 

—Me parece bien.

 

Lubella siguió la sugerencia de Zich.

 

—Por cierto, ¿qué pasó con el hombre llamado Hans? ¿No te habrás olvidado…?

 

—Ese tipo ya se fue de la ciudad hace tiempo. Le ordené que hiciera algo.

 

—Menos mal.

 

Lubella se sintió aliviada, ya que le preocupaba que el teniente de alcalde hubiera capturado a Hans. Si se marchaba de la ciudad, Hans estaría al menos más seguro que ellos. Así pues, los dos terminaron su comida en silencio y se prepararon para el futuro próximo.

 

* * *

 

—¡Eh! Cuánto tiempo.

 

Zich llevó a Lubella a una pequeña zona abierta. Tres personas estaban de pie en una zona apestosa apilada con desechos y basura. Como si se encontrara con un conocido, Zich hizo un gesto con las manos hacia los tres hombres y se acercó a ellos.

 

Los tres hombres se volvieron y fruncieron el ceño como si tuvieran mal carácter. Sin embargo, eso apenas duró un momento. Cuando reconocieron a Zich, se sobresaltaron.

 

—¡Mierda! ¡Corran!

 

—¡Alto, alto! Tengo algo que quiero preguntar.

 

Sin mucha dificultad, Zich impidió que los tres escaparan. Lubella examinó a los hombres con las cabezas gachas: quedaron perfectamente alineados frente a Zich, y Lubella ladeó la cabeza.

 

—¿Qué pasa? ¿Los reconoce?

 

—Sí, me parece haberlos visto antes.

 

—Eso fue cuando lady Lubella se encontró conmigo. Estos tipos estaban conmigo cuando le dimos una paliza al encargado de la tienda.

 

—¡Ah!

 

Lubella pensó que le resultaban familiares; eran los matones que vio en su impactante reencuentro con Zich. Cuando los tres hombres vieron a Lubella, sus rostros se llenaron de temor.

 

—¡La bruja!

 

—¡Lo sabía! ¡Él es el subordinado de la bruja!

 

—¿Ah? ¿El subordinado de quién?

 

Los tres matones se acobardaron simultáneamente. Pero entre los tres, uno miró a Zich y Lubella como si quisiera matarlos. Parecía un joven que acababa de pasar la adolescencia.

 

—¿Por qué están aquí?

 

—¿Qué pasa, amigo? Formamos un vínculo mientras golpeábamos junto a una persona en un callejón.

 

No era una unión para presumir, pero Lubella se mordió la lengua ante la desvergüenza de Zich. Los matones también se quedaron con la boca abierta, pero Zich se limitó a poner sus brazos sobre los hombros del joven.

 

—Tengo algo que me resulta curioso. ¿Crees que puedes cooperar con nosotros? Te recompensaremos muy bien.

 

Zich sacó de sus bolsillos una bolsa llena de dinero. Zich tenía dinero; simplemente no podía llegar a un acuerdo con la gente personalmente en su situación actual. Por supuesto, cobrar créditos era otro tipo de conversación. Además, cuando todo esto terminara, Karuwiman le devolvería sus pérdidas.

 

No debería intentar ahorrar dinero en un lugar como este.

 

Zich pensó que lo mejor era animarlos a usar la cabeza por su propia voluntad. Por supuesto, si el dinero no funcionaba, Zich no dudaría en usar sus puños. Los tres matones se quedaron mirando la bolsa llena de dinero. Las monedas que brillaban en el interior de la bolsa los mareaban. Sin embargo, sus respuestas no fueron satisfactorias.

 

—… No.

 

—No seas así; piénsalo una vez más. No es para tanto. ¿No ha habido nadie que haya enfermado o muerto de la nada? Alguien que haya perdido repentinamente su vitalidad, por ejemplo.

 

 La expresión de los matones se endureció y los ojos de Zich brillaron.

 

—Saben algo, ¿verdad?

 

—¡Claro que no!

 

—Será mejor que cojan este dinero y nos lo cuenten. No pienso dejarlos libres ahora que sé que saben algo. Además, debido a nuestra situación, también pienso utilizar cualquier medio y método posible. ¿No creen que sea mejor coger el dinero que pasar por mucho dolor de todos modos?

 

Zich presionó con el brazo que había colocado sobre los hombros del joven.

 

—¡Ugh!

 

El joven gimió, pero al final no abrió la boca. En consecuencia, los ojos de Zich se tornaron más crueles. Estaba pensando en todo tipo de métodos de tortura…

 

¡Tud!

 

Lubella se arrodilló frente al joven. El sucio suelo de los barrios bajos ensució su vestido, pero a ella no pareció importarle. Los ojos de todos se abrieron de par en par al verla.

 

—Te lo ruego —suplicó—. Esto no es para nuestro beneficio personal. Sé que no podrán creernos fácilmente, pero esta ciudad está en grave peligro ahora mismo. En el peor de los casos, esta ciudad podría convertirse en la ciudad de los muertos. Incluso ahora, los muertos vivientes están rondando por la ciudad, pero algo más aterrador…

 

—¡No me hagas reír! ¡Todo esto es culpa de ustedes! —gritó el joven.

 

—Solo lo diré de antemano, pero no tenemos relación alguna con esos bastardos esqueléticos. ¿No puedes creer en estos ojos tan puros?

 

Zich intentó abrir los ojos todo lo que pudo y trató poner una cara de inocente, pero no fue muy efectivo.

 

—¡¿Esperas que te crea con solo eso?! Si no fuera por ustedes, ¡mi hermano pequeño no estaría…!

 

—¿Eh? ¿Tu hermano menor?

 

El joven cerró la boca con una expresión que parecía decir: “¡Ups!”. Pero Zich ya había conseguido la información que necesitaba.

 

—Oh, así que la persona que estamos buscando es tu hermano menor.

 

La cara del joven se congeló.

 

 

Notas:

[1] Aquí en realidad debería decir “lady”, pero creo que queda raro cuando no viene acompañado del nombre del personaje, así que en las instancias en que no aparecen en conjunto estaré usado la palabra “señora” o cosas similares.

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