El señor demonio regresado es amable: Capítulo 20

Los capítulos se atrasaron por culpa mía, así que hoy tienen 5 capítulos para leer juntos. Que lo disfruten.

Lubella descansó el día entero. No había podido dormir de tanto esconderse y correr, así que necesitaba descansar lo más posible.

 

Cuando oscureció, Zich y Lubella salieron de su alojamiento. Tras sacar a Lubella por la ventana y dejarla en el suelo previamente, Zich volvió a entrar en la habitación y salió por la puerta principal. Para su suerte, la luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes, y Zich cogió a Lubella de la mano mientras atravesaban la oscuridad en dirección a la mansión del alcalde.

 

—Ahí está —susurró Lubella señalando a la mansión.

 

Por supuesto, la mansión era enorme. Plantas caras y exóticas bordeaban el patio y rodeaban una estructura de tres pisos. Había más de una docena de ventanas en la mansión. Como para mostrar la riqueza del propietario, la mansión era tan cara como pintoresca.

 

Zich miró la mansión del alcalde. Antes de ese día, Zich había inspeccionado la zona circundante, así que ya había visto la mansión.

 

—Espera aquí un momento.

 

Zich dejó a Lubella por un momento y saltó a un tejado cercano; desde allí, observó los alrededores de la mansión. Al ver el espectáculo que tenía delante, sus ojos se entrecerraron en señal de sospecha.

 

Había lámparas por todo el patio; incluso había una lámpara mágica, por lo que la mansión brillaba con fuerza. También se veían guardias en el patio. Todo esto no era extraño. Había ocurrido el reciente incidente con Lubella, y al fin y al cabo esta era la casa del alcalde, por lo que tener guardias para proteger la mansión no era extraño.

 

Pero hay muy pocos guardias. Tampoco parece haber guardias que puedan controlar el maná.

 

También tuvo la misma sospecha cuando vio la mansión durante el día. Zich bajó del tejado y le contó a Lubella lo que había visto. Después le preguntó—: ¿Siempre hubo solo unos pocos guardias?

 

—N-no recuerdo bien, a decir verdad.

 

Lubella bajó la cabeza con remordimiento, pero Zich no la culpó. Como candidata a convertirse en la próxima santa, Lubella estaba empezando a adquirir experiencia en el mundo exterior; no era razonable esperar que recordara el número de guardias que había en la casa de una persona. Zich solo preguntó por si acaso.

 

—Primero intentemos entrar.

 

—¿Está bien hacer eso? Hace un momento parecías sospechar de algo.

 

—Bueno, parece que podría haber una trampa esperándonos.

 

—E-entonces, ¿no deberíamos evitar entrar?

 

Lubella se sorprendió ante el tono casi aburrido de Zich.

 

—Bueno, si tuviéramos un poco más de margen, podríamos dar un paso atrás y observar un poco la situación y ajustar nuestros planes adecuadamente…, pero no tenemos ese margen, ¿verdad?

 

—S-sí.

 

—Y aún si realmente hubiera una trampa, de igual manera tenemos que entrar, ¿no es así?

 

 —… Sí, tienes razón.

 

Los ojos de Lubella temblaron de nerviosismo. El miedo y la incertidumbre retorcían su corazón. Sin embargo, al final, lo que se apoderó de su corazón fueron una firme determinación y fuerte voluntad.

 

—Vamos.

 

Al ver su cambio de ánimo, Zich dejó salir una leve sonrisa.

 

Como esperaba, se pueden ver destellos de su futuro yo.

 

Pensando en ello, la figura más molesta y fastidiosa en el grupo del héroe era Lubella.

 

En una batalla, no es ninguna broma decir que se debe matar primero al curandero.

 

Pero aquí terminaron los recuerdos de Zich. Enfocado en el presente, Zich comentó—: No tienes que preocuparte demasiado. No vamos a entrar sin mucho pensar.

 

Zich palmeó la espalda de Lubella para calmarla. Cuando pareció calmarse un poco, la levantó sobre sus hombros.

 

—¡Ah! —A punto de soltar un grito de sorpresa, Lubella cerró rápidamente la boca—. ¿Q-qué estás haciendo?

 

—Es porque estamos por colarnos en la mansión. Eso es más cómodo.

 

—¡Pero es como si yo fuera un equipaje!

 

—Eres un equipaje. Al menos por ahora.

 

Lubella fulminó a Zich con la mirada, pero este la ignoró. Moviéndose a través de la oscuridad, se dirigió hacia la mansión.

 

¡Tud!

 

Con un ligero movimiento de pies, todo su cuerpo se elevó. Lubella se aferró fuertemente al cuello de Zich. Pese a experimentar esto cada vez que entraban y salían de su alojamiento, aún no estaba acostumbrada a los saltos de Zich. Después de aterrizar en un suave trozo de hierba sin apenas hacer ruido, Zich miró a su alrededor.

 

No hay guardias por aquí, y ni siquiera hay una persona vigilando la ventana.

 

Sin dudarlo, Zich siguió avanzando. Utilizó los arbustos, los árboles y las estatuas para mantenerse oculto de los guardias que se movían constantemente. Lubella observó a Zich con sorpresa mientras se movía con rapidez. Finalmente, llegaron a una de las ventanas de la mansión; la ventana de madera estaba bien cerrada. Con una mano, Zich ajustó el brazo con el que sujetaba a Lubella, y con la otra sacó una daga. A continuación, introdujo la daga por la ventana.

 

¡Tuc!

 

Tras un leve sonido de corte, la ventana se abrió sin más protestas. Zich entró en la ventana y, tras dejar a Lubella en el suelo, volvió a cerrarla. Cogió un cerrojo que se había caído, lo giró en un ángulo de 90 grados y lo utilizó para cerrar la ventana como si estuviera cosiendo dos marcos. La ventana quedó bien cerrada una vez más.

 

—Creo que puedes relajarte un poco por ahora. No hay nadie cerca de nosotros.

 

—Cuando me dijiste que llevabas una vida dura, ¿quisiste decir que antes eras un ladrón?

 

—¿Por qué? ¿Me escabullí dentro del lugar con demasiada naturalidad?

 

—Sí. A este paso, me lo creería si me dijeras que eras un ladrón experto.

 

—Solía ser un noble.

 

—No mientas, por favor. —Lubella puso cara seria—. El delito de hacerse pasar por noble merece la pena de muerte.

 

—Cuando terminemos con todo esto, intentar investigar sobre Zich Steewall de la familia Steelwall. Probablemente encontrarás información interesante.

 

—¿Steelwall?

 

Incluso Lubella conocía a la familia Steelwall. Eran unos de los aristócratas más reconocidos del reino.

 

¿Y él está diciendo que es Zich Steelwall?

 

 Al usar Steelwall como apellido, eso significaba que era uno de los miembros de la familia del lord. Por lo tanto, había una alta probabilidad de que Zich estuviera directamente relacionado con el conde de Steelwall.

 

Además, la persona que Lubella pensaba que era un ladrón hace un momento nunca había revelado su apellido hasta ahora. También tenía la asombrosa habilidad de cortar una mesa pequeña por la mitad con una cuchara de madera.

 

—¡Espera un momento! ¿En serio eres un noble? ¿Un Steelwall, para colmo?

 

—Por eso dije que intentaras investigar más tarde. Ahora mismo hay asuntos más urgentes. —Zich palmeó ligeramente los hombros de Lubella—. Ya que hemos podido entrar en la mansión con éxito, ahora te toca a ti. Intenta recordar la ubicación de la habitación del alcalde.

 

Ante las palabras de Zich, Lubella se agitó para volver a la realidad. Como dijo Zich, no era el momento de satisfacer su curiosidad por asuntos menores.

 

—Sígueme, por favor.

 

Lubella comenzó a guiar a Zich cautelosamente. Como los pasillos tenían una gruesa alfombra, sus pasos casi no hacían ruido. Si había gente cerca, Zich percibiría su presencia y llevaría a Lubella a una habitación cercana hasta que desaparecieran. Zich podía cortar fácilmente todas las cerraduras de las puertas con su daga, y después de que hicieran un progreso significativo de esta manera, Lubella se detuvo en una puerta específica.

 

—Es aquí. La estatua de Bellu estaba guardada aquí.

 

Zich miró la puerta. No había ninguna presencia humana dentro de la habitación. Sin embargo…

 

—Hay una sensación irritante saliendo de esta habitación.

 

Para demostrar que los miembros de Karuwiman y Bellid eran como el agua y el aceite, Lubella comentó de forma inusual con voz cínica—: Bueno, toda la gente de Bellid es irritante.

 

Zich abrió la puerta. La luz del pasillo se filtró lentamente a través de la puerta y entró en la habitación. Como consecuencia de la nueva fuente de luz, apareció la figura de “esa cosa”. Su cara se parecía a la de un pez y tenía dos pares de cuernos a los lados de la cara, arriba y abajo, sumando un total de cuatro cuernos. El cuerpo era musculoso y tenía telarañas en las manos y los pies de la estatua. Sus largos y penetrantes ojos desprendían la atmósfera de una bestia hambrienta, como advirtiendo a cualquiera que se acercara que sería masacrado en un instante.

 

—Bellu es una estúpida cabeza de pez, como siempre.

 

—Sí. Los estúpidos de Bellid adoran a un dios estúpido como ellos.

 

Lubella añadió sus propios insultos a la burla de Zich. Como Bellu era el dios maligno del agua, muchas partes de su apariencia lo manifestaban. Así pues, un apodo que no le faltaba era el de cabeza de pez. Por supuesto, los seguidores de Bellu despreciaban este apodo.

 

Zich se acercó a la estatua. Como Zich no tenía poderes sagrados como Lubella, no tenía la capacidad de reconocer inmediatamente si el aura sucia de Bellu estaba en la estatua. Sin embargo, la información que buscaba la encontraría si tocaba directamente la estatua.

 

Zich puso las manos sobre la estatua y la imbuyó ligeramente con su maná. La estatua reaccionó y el cuerpo de Zich se estremeció.

 

Es una sensación horrible, sin importar cuántas veces lo experimente.

 

Se sentía algo así como tocar un pez que llevaba varios días pudriéndose o nadar en una piscina sucia.

 

Zich bajó las manos, y dijo—: Se siente asqueroso. De hecho, sería mejor si diera solo diera miedo o fuera peligroso. Me siento como si estuviera rodando dentro de un contenedor de basura podrida.

 

—¡Ajá! ¡Esa es una gran expresión!

 

Los ojos de Lubella brillaron. Parecía que la mejor manera de ganarse la confianza de esta futura santa era no solo realizar actos de bondad sino atacar verbalmente a los seguidores de Bellu sin piedad.

 

—En fin, con esto ahora podemos estar seguros de que los de Bellid son parte de esto.

 

—¿No me creías?

 

—Solo me estoy asegurando. Existe la posibilidad de que te hayan engañado.

 

—Nunca confundiría el aura de Bellu —contestó Lubella taciturna a la afirmación de Zich.

 

—Primero busquemos al alcalde. Esta parece ser la estatua principal del ritual; antes habría sido posible cancelar el ritual, pero ahora es imposible hacerlo sin una gran cantidad de fuerza. La única manera de tener el ritual es destruir el catalizador.

 

—… Sí. Vale, tiene sentido.

 

Se marcharon de la habitación. Lubella, sin embargo, parecía lamentar que no pudieran destruir la estatua de inmediato, con los ojos clavados en la estatua por un buen rato.

 

Continuaron recorriendo la mansión a hurtadillas. De la misma manera que encontraron la habitación con la estatua de Bellu, pronto llegaron a la habitación del alcalde. La puerta del alcalde era roja y enorme, con elaborados adornos. Cualquiera podría haber adivinado que se trataba de la habitación del alcalde.

 

—Es aquí.

 

—Sí, eso parece. La alfombra se ve nueva.

 

Parecía que habían cambiado las alfombras manchadas de sangre por otras nuevas.

 

—¿Estará dentro?

 

—Puedo sentir una presencia dentro.

 

Los ojos de Zich y Lubella se encontraron y asintieron juntos.

 

Zich sacó su espada, y Lubella fijó su agarre en el bastón.

 

¡Pum!

 

Zich abrió la puerta y entró primero en la habitación. Lubella lo siguió de cerca. Un pequeño número de velas iluminaba la habitación, pero sus pocas luces no eran ni de lejos suficientes para iluminar toda la sala. En lugar de iluminar la habitación, la temblorosa luz solo hacía más siniestra la atmósfera.

 

La habitación parecía haber sido construida para ser utilizada como oficina y espacio de recepción. En un rincón de la habitación había una mesa y una silla costosas que se utilizaban para los negocios; y en otro lado de la habitación había una gran mesa de madera y sillas de aspecto cómodo a su alrededor. También había muchos adornos elegantes en las paredes.

 

Desde el lado derecho de la entrada, había otra puerta en la pared, que parecía llevar al dormitorio del alcalde. Sin embargo, no tuvieron que molestarse en entrar en el dormitorio para encontrar al alcalde.

 

Porque había una persona que miraba a Zich y a Lubella con actitud arrogante desde su asiento. Iba vestido con ropa elegante y tenía un gran sobrepeso.

 

—¡Ese es el al…!

 

Zich actuó más rápido que las advertencias de Lubella.

 

¡Fum!

 

Sus movimientos fueron como el viento. Zich atravesó la habitación en un momento. Se subió a la mesa y apuntó la espada al cuello del alcalde, deteniéndose allí. Le tomó menos tiempo hacer todo esto que a alguien parpadear los ojos.

 

—… calde.

 

Incluso antes de que Lubella terminara su frase, la situación ya había terminado. Sus palabras se desvanecieron en el aire sin ningún propósito real.

 

—¿Eres el alcalde? ¿El líder principal de lado de Bellid? —preguntó Zich, lo ojos vidriosos del alcalde volviéndose hacia él.

 

—¡No le des tiempo! ¡Hordas de muertos vivientes vendrán por nosotros si lo dejas hablar!

 

Lubella corrió hacia donde estaba Zich y le instó a castigar al alcalde. Sin embargo, Zich no movió su espada y simplemente mantuvo contacto visual con el alcalde.

 

Jaaa.

 

Tras dejar escapar un suspiro, Zich se levantó de la mesa y retiró su espada del cuello del alcalde.

 

—¡¿Qué estás haciendo?! —gritó Lubella sorprendida.

 

Zich negó con la cabeza.

 

—Nos hemos equivocado de persona.

 

—¿Qué?

 

—Este humano no es la causa de estos acontecimientos.

 

¡Fus!

 

Zich blandió su espada casi aburrido y cortó la cabeza del alcalde. El cuerpo del alcalde empezó a caer inerte. Ante esta aterradora visión, Lubella cerró los ojos durante unos instantes, pero pronto abrió los ojos y miró fijamente a Zich; las palabras que había dicho no podían ser ignoradas.

 

—¿Cómo que nos hemos equivocado de persona? ¿Qué significa eso…?

 

De repente, Zich hizo algo. Se movió como si fuera la luz, pero sus movimientos fueron tan fluidos como el agua mientras cortaba el aire.

 

¡Tac!

 

Se escuchó un leve sonido de corte, y fue justo en ese momento que…

 

¡Criaaaaaaaag!

 

Fue un grito terrorífico que sonaba como si saliera directo del infierno, lleno de resentimiento y odio. Lubella se tapó los oídos con las manos, pero esto no sirvió de mucho. El grito sonaba como si estuviera dentro de su cabeza. Pero incluso en ese momento, Lubella no cerró los ojos. Vio algo pasar volando como un rayo; esta “cosa” pasó junto a Lubella y se dirigió hacia la entrada de la habitación.

 

¡Zas!

 

Un hombre salió de la nada y agarró el objeto volador. Lubella vio que el hombre fruncía el ceño mirando al objeto que tenía en sus manos.

 

—¿Eh?

 

Los ojos de Lubella se abrieron de par en par en señal de sorpresa. El hombre era alguien que ella ya conocía.

 

—¿El teniente del alcalde

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Brian
Brian
hace 11 meses

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