El señor demonio regresado es amable: Capítulo 19


Último capítulo mío de esta semana. Que lo disfruten.

Las sombras de personas se mecían al tiempo que la luz de las velas parpadeaba. Al recordar lo sucedido, Lubella inclinó la cabeza y se agarró los extremos de su ropa. Dejó de hablar por un momento, pero Zich no la instó a continuar.

 

—Los que me protegían siguieron cayendo, uno tras otro. Había muchos muertos vivientes, y tampoco estábamos preparados para la batalla.

 

Como si demostraran que eran caballeros sagrados de Karuwiman, consiguieron asegurar la huida de Lubella aun con todas las de perder. Seguidamente, Lubella corrió frenéticamente. Por los caballeros sagrados que sacrificaron sus vidas por ella y para revelar las maldades del alcalde, ella sintió que debía sobrevivir.

 

Sin embargo, la ciudad fue bloqueada para entonces, y ella estaba siendo buscada como la bruja. Por eso no tuvo más remedio que esconderse en el callejón. Cuando el día era luminoso, escondía su cuerpo en una casa abandonada o en un callejón oscuro y solo se movía por la noche.

 

Por supuesto, al no poder comer ni descansar adecuadamente, su rostro se tornó demacrado. Lubella había crecido como una flor en un invernadero, y era la primera vez que salía a ver el mundo. Al final, sus poderes sagrados se agotaron y ni siquiera pudo iluminar su visión nocturna; solo podía moverse si la luna y las estrellas estaban en el cielo.

 

—Y fue entonces cuando se encontró conmigo.

 

Lubella asintió a las palabras de Zich.

 

—¿También falleció sir Weig en ese momento?

 

—No, me separé de sir Weig en cuanto llegamos a esta ciudad. La iglesia le dio una misión diferente, así que nos hemos estado moviendo por separado durante algún tiempo.

 

Por supuesto. Es imposible que la máquina de matar muriera tan fácilmente.

 

Zich lo comprendía.

 

—Entonces, ¿qué va a hacer ahora?

 

—… No estoy segura.

 

Su oponente era la figura más poderosa de la ciudad, el alcalde, y Lubella no tenía nada en este momento, además de su cuerpo.

 

—¿No puede pedir ayuda a Karuwiman? —interrumpió Hans con cautela, pero Lubella negó con la cabeza.

 

—Como la ciudad está bloqueada, no puedo contactar con el cuartel general ni con ninguna subdivisión. Aún si me pongo en contacto con ellos, el mensaje tardará en ser recibido. Además, el templo Karuwiman de esta ciudad no tiene mucho poder, e incluso está bajo mucha vigilancia.

 

Aunque los Karuwiman gozaban de una increíble influencia, su poder se concentraba en su sede y en unas pocas subdivisiones. A ningún rey, real o noble le gustaba dejar que el poder de la iglesia residiera en sus tierras.

 

—Normalmente, si necesitamos apoyo militar de la iglesia, podemos contactar con la orden religiosa más cercana o con una subdivisión importante, el cuartel general entonces recibiría el mensaje y enviaría brigadas de la iglesia. El problema es que este lugar está muy lejos de los puntos de contacto.

 

—Eso significa que no hay fuerzas que puedan proteger a lady Lubella en estos momentos.

 

Lubella asintió a las palabras de Zich.

 

—Si es así, primero deberíamos escapar de la ciudad. La llevaré a la subdivisión de la iglesia más cercana.

 

Eso parecía mejor que dejarla ser capturada por las fuerzas de seguridad de la ciudad, pero Lubella negó con la cabeza.

 

—Ah, ¡no podemos hacer eso!

 

Ante su firme negativa, tanto Zich como Hans la miraron con extrañeza.

 

—¡No tenemos tiempo! ¡Tenemos que detener al alcalde ahora mismo!

 

—¿Detenerlo…? ¿Por qué?

 

—¡El ritual!

 

—¿Ritual?

 

—¿Qué quieres decir?

 

Lubella no mencionó lo suficiente para que pudieran entender toda la situación. Hans no pudo comprenderlo, por supuesto, pero Zich sí había logrado deducir algo.

 

—¿Piensa el alcalde hará un ritual de graves consecuencias?

 

—¡Sí!

 

—¿Cómo de grande es la escala?

 

—¡Probablemente implicará a toda la ciudad!

 

Zich miró el cartel de búsqueda de Lubella que estaba sobre la mesa. Su centro estaba arrugado, pero las palabras aún eran legibles.

 

Responsable del asesinato del teniente de alcalde y…

 

Intentó lanzar una gran maldición sobre la ciudad de Porti.

 

Este era un asunto más trascendental de lo que se había imaginado.

 

—Cuénteme todo lo que vio y pensó.

 

—Recuerdo la portada del libro que el alcalde sostenía cuando reveló sus verdaderos colores. Definitivamente era un ícono de Bellid.

 

Bellid era un grupo religioso de características opuestas a Karuwiman. Sus seguidores servían al dios del mal, Bellu, y se dedicaban a realizar matanzas y acciones terroristas para satisfacer sus ansias de destrucción y caos.

 

¿Esos malditos bastardos forman parte de esto?

 

En cierto modo, la mayoría de la gente habría pensado que el señor de los demonios Zich se habría llevado bien con un grupo así, pero la realidad era totalmente distinta. Bellid actuaba según el principio de que tenían que conquistar el mundo y ofrecérselo a su dios. No había forma de que los señores de los demonios, a los que les gustaba trabajar como se les diera la gana, estuvieran de acuerdo con los métodos de Bellid.

 

Como era de esperar, Bellid y las personas demonio se enfrentaban a menudo y, por supuesto, Zich también se veía envuelto en ello de cuando en cuando.

 

—Incluso a simple vista —continuó Lubella—, ese libro portaba una energía oscura. Me pareció enfermizo, como si Bellu lo hubiera contaminado. Al principió pensé que era un artefacto que aumentaba las habilidades del propietario, pero no era el caso.

 

La habitación que Lubella vio casualmente mientras escapaba reveló la verdadera identidad del libro.

 

—En la habitación, había una estatua de piedra. Esa apariencia violenta y horrible definitivamente pertenecía a Bellu, pero ese no es el problema. No habría sido un problema tan grande si la estatua solo tuviera la forma vil de Bellu, pero exudaba una energía similar a la del libro. Y también había escrituras en el soporte de la estatua.

 

Estaba escrito en la antigua y sagrada lengua de Bellid, pero Lubella era capaz de leerlo. Como Karuwiman y Bellid siempre se enfrentaban, se conocían bastante bien.

 

—Rezaba: «Ofrezco esta ciudad a Bellu».

 

Incluso Zich conocía esa frase, y sabía cuándo y dónde se utilizaba.

 

—Entonces, está diciendo que esos tipos están planeando sacrificar esta ciudad como una ofrenda a Bellu. ¿Y ese libro es un catalizador para encender el poder de la estatua?

 

—¿Sabes sobre eso?

 

—Sí, sé un poco sobre el grupo.

 

El “ritual de ofrecimiento de ciudad” era un ritual en el que los seguidores colocaban la estatua de Bellu en diferentes partes de la ciudad e inyectaban la fuerza vital de la gente en esos lugares.

 

—Pero estos tipos corren un gran riesgo. Por lo general, toman como objetivo a un pequeño pueblo o a una pequeña ciudad que es difícil de diferenciar de un pueblo. ¿Cómo podrían apuntar a una ciudad como Porti?

 

—Yo también pienso eso, pero si logran realizar este ritual…

 

—Esta ciudad se convertirá en una ciudad de muertos, y obtendrán un poder correspondiente a su tamaño.

 

Hay tres razones por las que Bellid realizarían el “ritual de ofrecimiento de ciudad”: la primera era convertir a toda la población de la ciudad en muertos vivientes y así aumentar los números de su ejército. La segunda era para complacer al dios al que servían, Bellu. Y, por último, era para…

 

Para robar la fuerza vital de todos los residentes. Si logran hacerse con la energía de tanta gente, obtendrán una enorme cantidad de poder.

 

Una gran calamidad caería sobre este lugar, y no había forma de que esos tipos de Bellid usaran ese poder para el bien. Pero…

 

Bueno, será una mierda para la gente de aquí.

 

Los sentimientos de Zich acababan ahí. En primer lugar, él era un humano que no era tan diferente de Bellid.

 

Pero no me gustaría que esos tipos ganasen cosas con esta situación.

 

Aunque habían sido enemigos antes de que Zich regresara, si fueran tipos amables, Zich podría haber pensado lo siguiente: ‘He decidido vivir una vida amable, así que supongo que lo que es bueno es bueno’. Pero estos tipos ni siquiera podían ser categorizados de esa manera.

 

—Ahora que recuerdo la cantidad de energía de Bellu que se hallaba en el catalizador, apuesto a que no tenemos mucho tiempo antes de que se complete el ritual… ¡No tenemos tiempo para pedir apoyo a una subdivisión! ¡Tenemos que detener el ritual ahora mismo!

 

—¿En tu estado?

 

Ante el frío comentario de Zich, Lubella se quedó sin palabras. Pero Zich no creía que ella pudiera detener adecuadamente este evento con su estado actual. Ni siquiera era capaz de conseguir una comida y llevaba ya un tiempo escondida como una mendiga.

 

—¡No puedo sentarme y quedarme quieta así solo pensando! ¡La única que sabe lo que va a pasar soy yo! Si las cosas siguen así, ¡estoy segura de que morirán incontables personas!

 

—Pero esto no es algo que puedas resolver con tus habilidades.

 

 —¡Ugh!

 

Lubella le clavó la mirada a Zich, pero pronto colgó la cabeza. Zich no había dicho nada incorrecto, los sentimientos de inutilidad se enroscaban a su alrededor.

 

—Pero déjame preguntarte esto.

 

Lubella alzó ligeramente la cabeza ante las palabras de Zich.

 

—Detener esto también es un acto bondadoso, ¿verdad?

 

Esto la sorprendió.

 

—¿V-vas a ayudarnos?

 

—Si es un acto bondadoso.

 

El rostro de Lubella se iluminó, pero pronto volvió a oscurecer.

 

—Pero tampoco puedo involucrar a otra persona en algo tan peligroso…

 

—Esto es solo un consejo de mi parte, pero deberías bajarte del pedestal.

 

Los ojos de Lubella se abrieron de par en par. Incluso Hans, que escuchaba junto a ellos, se mostró sorprendido. Pero Zich se cruzó de brazos con arrogancia y levantó la mandíbula mientras se apoyaba espalda sobre la silla. Entonces, Zich se pronunció con frialdad—: ¿Qué puedes hacer por ti misma? No has podido comer ni dormir bien y solo te has escondido como una indigente durante los últimos días; ¿qué crees que puedes hacer realmente?

 

La cabeza de Lubella volvió a caer.

 

—Si no te hubiera encontrado, habrías muerto de hambre en un callejón sin nombre o te habría atrapado un agente. O hasta un residente podría haberte encontrado, y habrías caído en la desgracia como la bruja que llevó a esta ciudad a una pesadilla.

 

—Um, señor Zich. Creo que eso fue suficiente…

 

Como Zich parecía estar hablando con demasiada dureza, Hans trató de detenerlo con cuidado, pero Zich no se detuvo ahí.

 

—¿Que no quieres involucrar a alguien más? ¿En qué se diferencia eso de querer dejar esta situación tal como está? Por tu gran sentido de la justicia, ¿vas a ver cómo esta ciudad cae en el peligro? Eso es increíble.

 

Incluso antes de que Zich regresara, hubo muchas personas como Lubella. Sin preocuparse por sus propios cuerpos, se lanzaban a luchar contra la injusticia y a salvar a la gente. En un mundo sumido en el caos, ese tipo de personas destacaban más que en tiempos normales.

 

Zich no sentía una aversión resaltable por ese tipo de personas. Sorprendentemente, Zich era de mente abierta y, como persona que vivía como quería, no le importaban las diferentes formas de vida de la gente. Se guiaba por la filosofía: «Yo soy yo, y los demás son los demás».

 

Sin embargo, eso no significaba que reconociera la forma de vida de todo el mundo. Zich podía asentir con la cabeza y pensar: ‘Es comprensible que piensen así’, sobre todo si alguien actuaba con el suficiente poder y conocimiento que le respaldara y aun así fracasaba. Pero Zich no podía entender a los que se limitaban a decir cosas plausibles sin ningún poder y conocimiento que los respaldase.

 

No, era aceptable hasta ese punto. Incluso sin poder ni conocimiento, se requería valor para ir contra la muerte; aunque Zich no podía entender a los que seguían lo que decían incluso sabiendo que tenían un 100% de probabilidades de morir, podía aceptarlo como una de las características de esa persona.

 

El verdadero problema era la gente como Lubella. Ese tipo de personas decían que no querían arrastrar a alguien ajeno al problema o que tenían que mantener la moral o luchar de forma justa. Si la decisión solo les afectara a ellos, Zich lo habría entendido.

 

Pero si eran como Lubella en este momento e insistían en seguir su moral cuando no podían hacer nada por sí mismos y se encontraban en una situación en la que los demás saldrían perjudicados si las cosas fallaban, Zich no podía aceptar su forma de pensar pase lo que pase.

 

—Deberías pensar bien con esa cabeza tan pura que tienes: ¿qué es lo correcto que debe de hacerse?

 

Lubella apretó el puño con fuerza. Apretó con tanta fuerza que la manó se tornó incolora, y así pasó unos momentos.

 

Ya sabía que no tenía experiencia, pero ¿siempre fue así de patética en esta parte del tiempo?

 

No, la santa podría haber sido así incluso antes de regresar; la situación era de lo más frustrante.

 

Bueno, la dejaré hacer lo que quiera.

 

Zich estaba a punto de bajar los brazos cuando…

 

¡Pam!

 

Lubella levantó la cabeza. Sus ojos, que parecían mirar profundamente a Zich, estaban llenos de determinación.

 

—Solo te preguntaré una cosa.

 

—¿Qué?

 

—¿Eres fuerte? ¿Lo suficientemente fuerza como para ayudarme en esta situación?

 

Vaya, mírenla ahora…

 

Los ojos de Zich brillaron mientras la miraba con curiosidad. Se detuvo a sí mismo de levantarse y se cruzó de brazos de nuevo.

 

¿Ya no se refugia en la culpabilidad, sino que intenta certificar mis habilidades?

 

No estaba mal. No, su evaluación de la situación era extraordinaria. Sin poder o conocimiento, uno era inútil en esta situación, y esto también se aplicaba a Zich, que había sugerido ayudar.

 

Zich miró el plato vacío y el tenedor frente a Lubella. Sentado junto a ella, Hans inclinó la cabeza en confusión. Zich movió ligeramente la cuchara.

 

¡Bum!

 

La mesa se partió en dos; los ojos de Lubella y Hans se abrieron de par en par.

 

¡Brum!

 

Los utensilios de la mesa cayeron al suelo y la mesa de madera se derrumbó. Por suerte, Lubella se había comido todo lo que había en su plato, así que el suelo no se ensucio. Y tanto Lubella como Hans ni siquiera se preocuparon por eso; estaban demasiado ocupados mirando la cuchara de madera que sostenía Zich.

 

—Creo que seré de suficiente ayuda.

 

Aún estupefacta, Lubella le asintió.


Aprovecharé la ocasión para mencionar que Zich y Lubella suelen conversar de manera semiformal, que es un tanto difícil de representar en castellano, así que opté por dejarlo formal la mayoría del tiempo.
Desde cierta parte entre el anterior capítulo y este, hice que Zich y Lubella dejaran de hablar formal debido al tono del momento y la trama.
Me pareció más natural hacerlo así. Si no les gustó la manera en que lo implementé, pueden decírmelo en los comentarios.

5 14 votos
Calificación
Suscribirse
Notificarme de
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

7 Comentarios
Más antiguos
Más nuevos Más votados
Retroalimentaciones en línea
Ver todos los comentarios
Kani
Kani
hace 11 meses

No veo problema con los diálogos
Gracias por el capítulo

Nickso
Nickso
hace 11 meses

Me gusta de esta forma los diálogos

Brian
Brian
hace 11 meses

Gracias por el capitulo. Respecto a los diálogos me parece que así están bien

perziiiii
hace 11 meses

para mi esta bien con tal que subas capítulos para mi esta bien todo

7
0
Nos encantaría conocer tu opinión, comenta.x