Una chica encantadora

Esta esta una historia corta escrita por un conocido. Personalmente me gustó bastante, así que me pareció buena idea compartirla por aquí. Ya que estamos, también les dejo un comentario que dejó el escritor:

«Si bien soy el escritor de este relato, todo está basado en la novela de Aiden, una persona cercana que está construyendo esta historia en la que he participado. Desde el mundo hasta la sinopsis (una sinopsis beta o provisional, cabe recalcar) es de ella. De todos modos, es un capítulo único, así que a partir de la sinopsis original y los géneros pueden darse una idea de lo que encontrarán. Y si bien mi estilo de escritura es más similar al de editorial clásica y, por lo tanto, denso, espero que alguno pueda disfrutarla.».

Autor: Portox


Índice


Mamá me soltó la mano y se fue con papá, ambos siguiendo detrás a un señor de traje formal que iba acompañado de un militar con boina.

Los cuatro subían por una escalera ancha ubicada al final del salón. Esta se bifurcaba hacia los laterales y llevaba a los pisos superiores.

Todos tenían caras serias, lo que contrastaba con el ambiente alegre de siempre que vi en el pueblo mientras iba de camino.

Iban a discutir cosas importantes de adultos, pero ese día querían mantenerme cerca, vigilada.

Me había quedado mirando la dirección en la que se fueron mientras estaba perdida en mis pensamientos. Para cuando parpadeé me di cuenta de que ya no estaban y adentro todo había quedado en silencio. Lo único que se escuchaba era el sonido del río que pasaba detrás de la quinta.

Además de mí, en el salón solo quedaba una sirvienta y dos soldados rudos vigilando la entrada principal.

Estos miraban fijamente al frente, sosteniendo rifles de cerrojo con sus manos y equipados con espadas cortas guardadas en su vaina. Se veían similares, excepto por que uno tenía en su oreja un brillante y plateado arete con una fina cadena y una cruz colgando de esta.

En cuanto a la sirvienta, que estaba a unos pasos de mí, hizo una seña para que la siguiera. Después se volteó y empezó a caminar hacia una gran puerta doble que daba a un pasillo lateral. Me apresuré en ir tras ella porque no quería quedarme sola con esos intimidantes hombres.

Cuando llegué a su lado pude detallarla mejor. Era una bonita joven de cabello castaño claro que tenía unos cuantos años más que yo. De grande quería verme así, y por alguna razón eso me hizo sentir más cómoda con ella.

Mientras pensaba eso comenzó a hablarme de las plantas del jardín, que estaba al lado derecho del pasillo. Las ventanas eran grandes así que podía verlo con claridad. Sin embargo, me costó centrarme en lo que decía.

Mi atención se desviaba hacia otros sirvientes trabajando mecánicamente, entrando y saliendo de habitaciones ubicadas a la izquierda… y más soldados, parados en esquinas y otras zonas de la quinta visibles desde el amplio espacio del jardín.

No me gustaban esas personas atemorizantes con ojos de halcón, y menos cuando los ponían sobre mí.

Me sentía muy pequeña y frágil en ese lugar. Entonces recordé a mamá y papá. Ellos podían actuar normal en cualquier situación, y yo también tenía que aprender a hacerlo. Así que hice un esfuerzo por olvidarme de los extraños y hablar con la joven.

Al principio me costó y en una ocasión se me trabó la lengua. Me sentí avergonzada, pero ella cambió de tema amablemente y empezó a enseñarme cosas que hacía para mantener la calma y hablar bien bajo presión.

En ese momento empecé a escucharla con mayor interés y me fui sintiendo más tranquila. Sus ojos oscuros destellaban inteligencia y su plácida voz era magnética. Casi sin ser consciente la había seguido hasta un muro en medio del jardín, ubicado entre el pasillo y una de las puertas de salida. Ahí nos sentamos a disfrutar de la escena bajo la presencia de las primeras estrellas asomándose en el cielo.

Hizo la observación de que me adapté rápido y me preguntó cómo lo hice, a lo que le comenté que quería ser como mamá y papá. Entonces dijo «eres una chica encantadora».

Su halago me hizo sentir feliz y la miré para decirle que ella también era increíble, pero me quedé viendo su expresión sin decir nada. Su sonrisa era ligeramente extraña, antinatural. Y sus ojos parecían verse igual de inteligentes, hasta analíticos. No era normal.

Pero lo entendí rápido.

Los soldados estaban entrenados para luchar, mientras que ella estaba educada para agradar.

En ese momento pensé que trabajar intentando agradar a todos debía de ser un tipo de lucha por sí mismo. Lo entendía, pero aun así me sentí un poco vacía, ya que creí que ella de verdad se interesaba en mí. Sin embargo, al mismo tiempo la admiré. Era inteligente, madura, bonita y sabía qué hacer. Así es como quería ser.

Mientras fantaseaba pensando en ello, un fuerte golpe sonó y di un pequeño salto.

Giré mi cabeza en dirección al ruido y vi la puerta de salida del jardín abierta. Por ella habían entrado más soldados que caminaban a paso apurado, mientras los guardias de la puerta se ponían más alerta mirando hacia afuera.

Le pregunté a la joven qué estaba pasando, pero no respondió. Volteé a ella y vi que se había parado y estaba observando todo con sus analíticos ojos.

Parece que tampoco sabía qué estaba ocurriendo, y a pesar de todo aún se veía tranquila. Era maravillosa.

Entonces volví a voltear mi cabeza al notar que las voces y pisadas se acercaban a nosotras.

Era un grupo de soldados escoltando a dos hombres y una mujer. El par sostenía las Sagradas Escrituras en sus manos, vestía con largas túnicas blancas y sus rostros eran un pozo de negrura debido a las capuchas. Y caminando frente a ellos, iba la mujer.

Tenía descubierta la cara, de rasgos duros y cabello hasta el pecho. La zona del torso estaba protegida por una cota de malla[1] de plata sobre un gambesón negro azabache[2]. Su pantalón era un zubon negro[3] y calzaba unas botas militares del mismo color. Cargaba una espada de plata en la mano y la cubría hasta la altura de la cintura una capa blanca. En esta estaba dibujada a la altura del pecho una imponente cruz roja.

Dos inquisidores y un exsequidor[4]… Me preguntaba qué hacían aquí. En mi vida nunca había visto a ninguno. Sólo sabía que ambas fuerzas no solían juntarse.

El grupo se encaminaba hacia el pasillo que conectaba a la entrada principal, y atrás de ellos seguían entrando personas que se dirigían a otras partes de la quinta o hablaban con los guardias.

No sabía qué ocurría, pero debía ser grande. Pensé que tenía que buscar a mamá y a papá para decirles, aunque a la vez no creí que en ese momento pudiera salir corriendo.

Un momento después el grupo ya estaba pasando a nuestro lado. Recuerdo sus pisadas, las caras serias y sus portes rígidos. Cada uno de ellos parecía una mina a punto de estallar.

El inquisidor que pasaba más cerca de nosotras volteó lentamente a nuestra dirección. La oscuridad que tenía por cara no dejaba vislumbrar nada, pero en un instante se fue deteniendo y su mano libre comenzó a subir mientras trataba de gruñir una palabra.

«¡Herej—», fue todo lo que le oí decir.

La figura se había movido como un rayo y el inquisidor ya se estaba desplomando mientras salían chorros de sangre derramándose de su cuello.

No había terminado de caer para cuando un soldado normal había sido lanzado hacia atrás como un muñeco tirado por un niño pequeño. Después hubo un sonido de choque metálico y un golpe.

La exsequidor se había movido igual de rápido y lo único que restaba de su acción era el aleteo de su capa.

Estaba bajando su pierna levantada, con la que parecía haber dado una poderosa patada, y su reluciente espada plateada ahora tenía unas pocas rayaduras negras en su filo.

Frente a ella estaba un… un algo.

La alta figura era oscura, de extremidades alargadas pero curtidas, y sus dedos eran garras filosas. De algunas partes de su cuerpo colgaban jirones de ropa de sirvienta… La joven bonita.

No quería creerlo…

Una frialdad empezó a recorrer mi estómago y subió hasta mi pecho, en donde se quedó clavada apresando mi corazón. Tenía miedo.

Mamá… Ella solía decir que algunos demonios podían verse como humanos y siempre repetía que esos eran muy peligrosos.

Hubo soldados que empezaron a disparar a la criatura, pero las balas no hacían mucho efecto. Se regeneraba en segundos.

Ante eso, la mujer hizo una seña, los disparos se detuvieron y se abalanzó con fuerza contra la bestia. Sus movimientos también eran rápidos y precisos, como si estuviera dirigida por la gloria de la mano del Señor.

Podía mantenerse frente a aquella cosa y mientras luchaban, palabras extrañas de la antigua lengua empezaron a ser recitadas.

Parado a unos metros de la mujer estaba el inquisidor, recto como una lanza, sosteniendo las Sagradas Escrituras con una mano y mirando fijamente al demonio.

A pesar de que estaba a unos pasos de mí, su voz grave inundaba el jardín desde todas direcciones.

En ese momento el aire pareció detenerse, mi visión de la mujer y la bestia se distorsionó y aunque seguía en el mismo sitio, una sensación de ingravidez me arrolló.

Como si fuera una señal, la energía eléctrica se cortó y la escena quedó bañada únicamente por la tenue luz plateada de la Luna que había pasado desapercibida hasta el momento. La mujer y la criatura se convirtieron en borrones difuminados y el ruido del caos fue ascendiendo por los alrededores. Gritos y disparos.

Entonces corrí.

No sabía qué sucedía, pero no quería estar cerca de esa cosa. Tenía que ir con mamá y papá. Tenía que decirles.

Llegué al pasillo ahora iluminado por la débil luz de las velas, corrí por este hasta que empecé a escuchar los disparos muy cerca, así que me tiré al suelo y comencé a gatear.

Mientras alcanzaba la puerta doble que llevaba al gran salón, vi la escena pobremente iluminada por algunos hombres sosteniendo antorchas. La estancia y la escalera ancha estaba ocupada por varios soldados y un par más de personas vestidas de blanco.

En el suelo había unos cuantos cuerpos de hombres y de esas cosas.

Los rifles apuntaban a la entrada principal y hacia otro pasillo lateral opuesto a este, de los cuales emanaba una densa niebla que se extendía por el piso y en sus extremos se dividía en delgados y alargados hilos fantasmales que daban la ilusión de ser tentáculos moviéndose con vida propia, palpando el suelo y arrastrándose por este.

Era la niebla que anunciaba la llegada de las criaturas de la oscuridad.

Entonces unos chillidos rompieron mis pensamientos y más seres salieron de esas puertas.

La lucha empezó de nuevo y fue claro que no iba a poder usar las escaleras, pero tampoco sabía adónde ir. Apenas había visto un par de lugares de la quinta, todo estaba oscuro y era tenebroso…

En ese instante sentí una frialdad en un lado de mi cuerpo, y cuando giré la cabeza al pasillo vi oscurecerse la habitación más cercana. No solo se oscurecía, sino que parecía tragarse la luz, y de la puerta comenzó a emanar más de esa espeluznante niebla…

Y entonces, saliendo de la habitación, se fue haciendo visible una figura alta con escamas de color carbón y patas de cabra.

El susto me hizo lanzar mi cuerpo hacia atrás, quedando sentada en el suelo y usando mis piernas para retroceder. Ante aquella cosa no podía hacer nada.

Hubo un fuerte estruendo y un fogonazo, y la criatura se cayó. El soldado sin siquiera mirarme pasó por mi lado gritando que se había abierto una nueva brecha.

Mientras gritaba salieron dos demonios más y se abalanzaron sobre él. Segundos después llegaron más hombres junto a una de las personas de blanco.

Los soldados entraron disparando sin cesar hacia los demonios que devoraban vivo a su compañero. Las criaturas cayeron rápidamente y los hombres rodearon el lugar.

El inquisidor se acercó a la puerta, sacó algo de su túnica y entró en la habitación a la vez que recitaba extrañas palabras.

Mientras sucedía, el hombre herido estaba tratando de decir algunas palabras. Varias partes de su cuerpo tenían pedazos de carne arrancadas…

Otro soldado se paró a su lado, lo miró fijamente, apuntó con su rifle y disparó.

Me quedé viendo la escena y fue el primer momento en que pensé que moriría. Solo cerré los ojos. El infierno se había apoderado del lugar y ya nada tenía sentido. Entonces una mano grande se posó en mi hombro y me obligó a voltearme.

Al sentir eso sabía mi destino. No iba a vivir para ver otro día. Cuando abrí los ojos para observar a la criatura que pondría final a mi vida vi un guardia que tenía un arete plateado de cadena y una cruz colgando de ella.

Al momento en que me vio puso una cálida expresión aliviada y dijo «por fin te encuentro».

De un momento a otro mis mejillas se humedecieron y lo abracé. Por fin sentía que era visible. Parecía haber pasado una eternidad desde que alguien me miraba con sinceridad. Era imposible fingir esa expresión, y si de verdad se podía entonces este mundo ya estaba perdido.

Solo decidí confiar.

El amable hombre me regresó el abrazo y fue como si una energía llenara mi alma. Se separó rápido y dijo que no teníamos mucho tiempo mientras observaba la escena del salón.

Siguiendo su mirada vi a los hombres todavía luchando y sobre uno de los que tenía una antorcha había una extraña criatura con protuberancias en su espalda.

Desde la ventana unas manchas entraron surcando la penumbrosa noche y se posaron sobre los otros hombres con antorchas, tumbándolos al suelo. El fuego empezó a moverse extraño y de alguna forma fue absorbido por las criaturas de las tinieblas.

La escena quedó casi totalmente oscura, sólo iluminada ocasionalmente por los disparos. Cada fogonazo revelaba un cuadro de horror.

El soldado amable me llamó y dijo que no podía llevarme porque debía estar preparado, así que tenía que seguirlo.

Asentí de inmediato y empezamos a correr de regreso por el pasillo.

Olía a humo y algunas habitaciones estaban empezando a incendiarse.

Pasamos al lado del jardín, ahora vacío y lleno de cuerpos, llegamos al final del pasillo, cruzamos a la izquierda donde había unas escaleras pequeñas que estaban defendidas por algunos hombres con más antorchas improvisadas.

Cuando subimos intentaron detenernos, pero se detuvieron al ver el arete del hombre amable.

Pasamos, seguí corriendo unos segundos detrás de él y choqué con su espalda. Se había detenido y con una espada corta de plata que había desenvainado en algún momento, estaba apuñalando contra la pared a un demonio que había salido de una habitación, mientras empezaba a levantar la otra mano, que se transformó en un potente brazo grueso, negro y lleno de pelos.

Una suave brisa atorbellinada nos envolvió y el soldado lanzó el brazo hacia delante. Mientras lo hacía, pareció emanar un leve brillo cian por un instante, e impactó. La pared se rompió y la bestia salió lanzada hacia la negrura de atrás.

Lo venció como si nada y me dijo que siguiéramos. Fue increíble. Yo era indefensa ante ellos, y ellos eran indefensos ante él. Al pensar en eso pude sentirme más segura todavía

Seguimos por el pasillo, pasamos un par de cruces más y llegamos ante una puerta grande. Al cruzarla entramos a otro salón, más pequeño que el principal, en donde había algunas criaturas en el suelo y varias figuras de pie. Entre ellas cuatro conocidas.

El señor de traje formal, el militar de boina… y mamá y papá.

Corrí hacia ellos, y cuando me vieron también me recibieron emocionados y aliviados. Finalmente pude respirar calmada.

Segundos después mi mamá miró al soldado amable y le dijo seriamente que lo hizo bien, y este asintió. Fue extraño, nunca lo había visto pero conocía a mamá y parecía seguirla.

Los adultos reanudaron su conversación y entendí que tenían problemas con abrir la puerta de salida. Estaba reforzada, y la cerradura se había dañado durante el despeje de la habitación y carecían de explosivos.

Me asomé a una ventana que estaba al lado de la puerta y vi el río, un pequeño muelle y algunas lanchas.

Al mirar eso supe que estábamos en la parte de atrás de la quinta.

Mientras pensaba en ello el soldado amable se acercó a la puerta reforzada y observó la cerradura. Su brazo se transformó de nuevo y empezó a dar golpes. Con cada uno la zona alrededor de la cerradura se hundía más.

Después de unos cuantos, toda esa parte de la puerta se había destruido, con restos esparcidos por el suelo. Entonces el hombre amable la empujó, se abrió y tomó la delantera, revisando la zona.

El alivio en la habitación se hizo palpable y algunos soldados salieron alertas, vigilando la zona. Seguido fue el turno del señor formal y el militar de boina.

A continuación, mi madre salió y yo seguí después con mi padre que iba justo atrás de mí.

Vi las escaleras descendientes que llevaban hasta la planta baja, y unos metros más allá el hermoso río. Era aún más hermoso cuando veía la luna plateada reflejada en el agua dándonos la bienvenida.

Di un paso y la cálida luz de Dios iluminó el lugar y sus manos sagradas me tomaron para alejarme de todo mal. La tierra se hizo el cielo y volé lejos de la pesadilla mientras escuchaba la voz gloriosa del Señor.

Y llegó la oscuridad.

«El río…»

Volví a escuchar la voz de Dios y abrí mis ojos lentamente.

Sentía el cuerpo entumecido, adolorido y húmedo.

Escuchaba un pitido persistente y noté mis ojos dando vueltas mientras miraba la solitaria Luna brillando en lo alto del cielo nocturno.

Giré lentamente mi cara y me esforcé por enfocar la vista en la quinta, que ahora estaba a varios metros. En el último piso hubo un fogonazo grande y un par de figuras en llamas salieron lanzadas desde las ventanas. Las escaleras en donde estuve también estaban llenas de fuego en varias partes. La puerta reforzada que estaba medio abierta ahora se encontraba totalmente separada, y de ella salía más humo.

En el suelo había varias personas inmóviles y otras intentando levantarse. El señor formal estaba tumbado cerca de la puerta, al frente, y mi madre parada apoyándose en unas cajas al lado de las escaleras.

Una explosión…

«El río…»

Volví a escuchar la voz de… Traté de girar. Al intentarlo un dolor agudo se propagó por mi brazo y me saltaron las lágrimas.

Moví los ojos para ver mi brazo y estaba en una dirección extraña, pero lo que más atrajo mi atención era el otro brazo inerte rodeándome el estómago…

De nuevo intenté mirar atrás con cuidado de no lastimarme el brazo mientras una sensación de pánico iba subiendo por mi cuerpo, y lo vi.

Papá…

Estaba acostada sobre él, tumbados en la orilla del río. Sentía el débil movimiento de su respiración en mi espalda. Su cabeza sangraba y los ojos miraban fijamente al cielo con una expresión casi neutra y petrificada.

Intenté llamarlo, pero no dijo nada. Susurré su nombre, nada. Papi… él se parecía a un juguete de cuerda. Cuando tirabas de él, cobraba vida mágicamente. Pero solo repetía lo mismo, hasta que se acababa la cuerda.

Por eso sobreviví a la explosión. Él recibió todo por mí…

Mis lágrimas empezaron a desbordarse mientras susurraba su nombre esperando otra reacción.

Entonces escuché un grito conocido y dirigí mis ojos enrojecidos a la fuente.

De la puerta habían aparecido algunos demonios que empezaban a lanzarse sobre vivos y los caídos por igual. Dos de ellos tenían al militar de boina sometido contra la pared mientras lo devoraban vivo.

Mi madre sollozaba e intentó correr hasta que una de las criaturas la tiró al suelo presionándola y empezó a…, empezó a…

«El río…»

A unos metros el hombre amable salió y tomó un aspecto simiesco grande mientras un leve resplandor cian bañaba su cuerpo y derribaba a varios de esos seres, pero entonces más empezaron a salir de la puerta y otros lados como una ola que lo inundaba.

Aparecieron tantas criaturas que el soldado amable pareció desaparecer mientras luchaba en las escaleras, pero todavía se veían varios de esos seres siendo lanzados lejos, así como fuertes destellos de luz cian ocasionales. Eso también terminó poco después mientras los demonios se agolpaban como hormigas alrededor del lugar.

 «El río…»

Y entonces desde la oscuridad detrás de la puerta se materializó una aparición.

Era alta, majestuosa y oscura. Al quedarse frente al fuego no pude distinguirla bien, aunque podía ver su contorno aguileño y en los bordes se atisbaba sus plumas de color dorado. Pero había algo mal.

Una leve tonalidad rojiza y enferma estaba sobre ellas, y cuando abría el pico, la sombra que proyectaba por el fuego mostraba en tamaño magnificado unas protuberancias afiladas y puntiagudas dentro de este.

Las llamas parecían bailar a su alrededor celebrándolo mientras la aparición avanzaba lentamente hasta posarse frente al señor de traje formal. Este trató de levantar la mano, pero la figura del otro mundo puso sobre el pecho una de sus patas de águila, enterrándolas. Acto seguido alzó la mirada y pareció verme directamente. Sus ojos absorbían toda la luz de las llamas y la refractaba intensamente, brillando como las fraguas del infierno.

 «El río…»

Como una muñeca de cuerda me separé mecánicamente de lo que había sido mi padre, me arrastré más hacia el río y dejé que la corriente me llevara…

Al terminar, la niña pareció hacerse más pequeña todavía mientras se recostaba en la silla. Tenía algunas marcas de quemaduras, hematomas y un yeso en el brazo. Con los dedos de su mano buena rozaba la mesa como queriendo acariciar algo que ya no estaba, y las lágrimas en sus mejillas se mezclaban con cortaduras de la cara.

—Y entonces acabó todo…

Dijo el joven como si no supiera bien qué responder. Trabajaba como investigador federal, una profesión que a veces podía ser desagradable.

—Sí… Algún tiempo pasó hasta que me hallaron unos soldados que se dirigían al pueblo como refuerzos. Después terminé aquí.

El lugar en donde estaban era una cafetería improvisada, parte de un refugio provisional para los sobrevivientes de la reciente tragedia acontecida en ese pueblo.

—Tuviste mucha suerte, eres afortunada.

—Todo fue gracias al soldado amable… y mamá y papá.

—Tus padres eran muy buenos, sí… Tu madre hasta pudo tener a su servicio a alguien como ese soldado. Era un sujeto temible. Por suerte no hay muchos como él.

—No entiendo… —empezó diciendo la niña. Estaba confundida por las palabras del joven cuando habló del soldado amable—. Ah, ya veo… Híbrido.

Recordó el aspecto que podía tomar y entendió que no sería bien visto por la mayoría. Casi todos odiaban a los híbridos.

El hombre levantó una mano para ver su reloj de muñeca.

—Ya es muy tarde y se va acercando la hora de despedirnos. No cualquiera puede contar tanto después de unos pocos días, fuiste una chica muy valiente.

—No hice nada, no pude hacer nada… Solo corrí.

—No, también observaste, y eso me ha ayudado.

—Observar no es nada importante…

—Lo es, porque me has dado información. Hay trabajos que se enfocan en la observación, como el espionaje.

La niña lo observó insegura y bajó la mirada de nuevo.

—Lo que me contaste, sobre la criatura diferente que apareció en la puerta, la que parecía tener todo bajo su control. Buscaba información de eso.

—Ya veo…

—Y tienes razón, te vio.

—¿Eh? ¿Por qué lo dice?

—¿Sabías que las águilas tienen los ojos más agudos del reino animal? Y hay cosas en este mundo que es mejor no haber visto.

El joven no respondió directamente y la niña se revolvió en su silla, incómoda.

—Una lástima porque— cruzó los brazos sobre la mesa y se inclinó levemente hacia delante—, eres una chica encantadora— dijo mientras en su rostro florecía una sonrisa.

La niña reconoció la expresión y se quedó congelada. Después, la energía eléctrica fue cortada.

Notas:

[1] La cota de malla es una armadura formada por anillos de hierro o acero entrelazados entre sí.

[2] Un gambesón pueden verlo como una especie de abrigo acolchada que cubre toda la zona del torso. Se solía usar por debajo de una coraza (cota de malla en este caso) para que fuera más cómodo.

[3] El zubon es un tipo de pantalón usado por practicantes de karate. Destaca por su comodidad para moverse con agilidad.

[4] Exsequidor, es probable que haya sido una palabra curiosa para el lector. Andaba pensando en la estructura de la iglesia y sus diferentes ramas, y en un mundo como este, no podía faltar una inquisición. Sin embargo, en un contexto así la iglesia también tendría más poder, lo que puede dar al nacimiento de más ramas para gestionar dicho poder. Entonces comencé a idear una algo teniendo en mente la NSA y la CIA; el primero se encarga de vigilar todo lo que respire dentro de USA y el segundo observa todo lo que se mueva fuera del país. Teniendo ya eso, ahora solo me faltaba un nombre.

Al principio me quedé en blanco, hasta que fui a revisar la etimología de inquisición. Es una palabra que viene del latín inquisitio, que es interrogatorio. A su vez está formada por un prefijo, un verbo y un sufijo. Dejando de lado el último, el prefijo es in, modificación de en, que significa hacia dentro; mientras que el verbo es quarere, que es buscar, encontrar.

A partir de ahí busqué un término que me gustara para para la otra rama, y ese fue ejecución. Viene del latín exsecutio, cuyo verbo clásico es exsequi, que es seguir hasta el final, completar un acto. Además, está formada por el prefijo ex, que es hacia afuera. Así nació la exsequición, inspirada en los caballeros templarios.

Le di la interpretación adicional a los prefijos de que una se encarga de todo lo interno de la iglesia y la otra de todo lo de afuera.

La inquisición busca demonios infiltrados, traidores, rastros de herejía, etc., en las mismas filas de la iglesia y gobiernos religiosos ligados a esta, razón por la que ocultan sus rostros con capuchas en operaciones donde actúan en persona, ya que varios suelen infiltrarse en ministerios y diferentes organismos. A su vez están más versados en la interrogación, guerra psicológica, investigación, etc. También tienen autoridad superior a la de un alcalde para dar órdenes y solicitar personal, al igual que gozan de bastante libertad de acción, siempre y cuando puedan cumplir sus objetivos.

En cuanto a la exsequición, es un cuerpo especial que se encarga de la búsqueda y eliminación de demonios, principalmente los más peligrosos. Si bien también están entrenados en la detección, su fuerte es el combate y la perseverancia, y sus guerreros más formidables son muy difíciles de vencer. Esto no significa que no haya investigadores expertos en la exsequición ni luchadores expertos en la inquisición, pero no suele ser la norma.


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