Parásito enamorado — Capítulo 9


Traductor: Electrozombie

Editor: Fixer—san & Aoisora


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Parásito Enamorado

 

Kousaka se despertó con el olor del café. La suave luz mañanera atravesaba la ventana.

Aún acostado en la cama, miró alrededor lentamente. Había dos tazas sobre la mesa, despidiendo un leve vapor. Desde la cocina se podía sentir la esencia del pan tostado y el bacon cocinado.

Al escuchar atentamente notó, entre los trinares de las aves, el silbido de Sanagi.

Era ese tipo de mañana.

Colocaron dos cajas juntas y las usaron como mesa para desayunar. Desde la distancia, las cajas podían parecer una superficie homogénea pintada de blanco.

Difícilmente hubo alguna conversación entre ellos. Un radio sobre la mesa emitía una música intermitente. Kousaka no sabía que canción era, pero definitivamente tenía la esencia de un piano. Ocasionalmente, escuchaba el fragmento de una melodía nostálgica, pero cuando intentaba concentrarse en ello, la melodía parecía asustarse y huir.

Tras el desayuno, ambos tomaron una ducha y se prepararon para salir. Sanagi usó su uniforme, que era lo único que tenía además de su pijama. Kousaka sacó del closet una camiseta sin personalidad y unos pantalones, pero cuando estaba a punto de cambiarse, Sanagi le detuvo.

—Espera un segundo.

—¿Qué?

—¿Te acuerdas de que la primera vez que nos vimos, estabas usando un traje a pesar de no tener un trabajo? Quiero verlo de nuevo.

—Seguro, ¿pero por qué?

—Porque me gusta verte trajeado. ¿Es un problema?

Kousaka negó con la cabeza.

—No lo es. Y ahora estoy trabajando, por lo que no me sentiré culpable de usarlo. Pero si me preocupa un poco el cómo nos verán si uso un traje y tú el uniforme escolar.

—Está bien. Si alguien pregunte le diremos que somos hermanos.

—Supongo que tienes razón —Kousaka aceptó alegremente.

Tras cambiarse, ambos fueron a dar un paseo fuera del apartamento. La pacífica luz del sol, apropiada para un calmado domingo, resplandecía en el distrito residencial. Las hojas de cerezo parecían estar empezando a caer, ya que los pétalos rosados se amontonaban en la carretera. El cielo, como si se hubiera dispuesto para complementar el color de los árboles de cerezo, estaba tintado de un modesto azul suave. Pequeñas nubes como motas de algodón flotaban en el firmamento.

Se tomaron de la mano, de una forma en la que nunca habían hecho antes, y caminaron.

Entraron en una tienda de libros usados al final del distrito comercial fuera de la estación de trenes, y pasaron un tiempo allí. La tienda estaba desolada, y se podía sentir el olor de los mohosos libros viejos.

Kousaka se enterneció con una inusual enciclopedia que encontró, y tras dudar por un momento, la compró. Era, efectivamente, una enciclopedia de enciclopedias; listaba todas las enciclopedias existentes en el mundo.

Luego ambos se dirigieron a la panadería de la esquina de la calle, compraron sándwiches, y caminaron mientras los comían. Estaban cargados con todo tipo de ingredientes, por lo que con cada bocado caía al suelo un poco de lechuga y cebolla. Sanagi sonrió al ver que Kousaka limpiaba la salsa alrededor de su boca con el dedo.

—Antes no habría podido imaginarte haciendo eso, señor Kousaka.

—Supongo. Caminar mientras como, o tocar libros viejos, solo he hecho cosas por el estilo en los últimos tres meses —dijo él, sacudiendo las migajas de sus manos—. Pero Izumi dijo que una vez que los gusanos regresaran a la normalidad, mi germafobia aparentemente volvería. Cuando eso ocurra, dudo que sea capaz de mantener mi trabajo.

—Huh —Sanagi dijo, decepcionada—. Bueno, entonces mejor disfruta de estos placeres impuros mientras aún puedas.

Kousaka sonrió con ironía. Y volvió a tomar la mano de Sanagi.

*

Rebobinemos un poco.

Lo primero que pensó Kousaka al encontrar a Sanagi durmiendo sobre su cama la noche anterior fue que aquello era una alucinación. Solo era un error; la próxima vez que parpadease ella se habría ido.

Por lo que mantuvo sus ojos bien abiertos. Decidió mantener aquella ilusión por el máximo tiempo posible. Pronto, sus ojos se resecaron y comenzaron a lagrimear, por lo que los cerró por obligación. Cuando los abrió, la ilusoria Sanagi seguía allí.

Cerró los ojos una vez más, los estrujo por unos diez segundos, y los abrió.

Sí, era ella.

—Sanagi —dijo en voz alta.

Al hablar, el cuerpo de la chica se movió. En poco tiempo ella se había sentado y su vista se había cruzado con la de Kousaka. Luego, como para esconderse de él, escondió su pecho tras la sábana y bajó su cabeza avergonzada.

Los sentimientos de Kousaka se sintieron entumecidos por un tiempo, debido al shock, por lo que no pudo sentirse feliz o sorprendido.

—No eres un fantasma, ¿verdad? —preguntó.

—Quien sabe —dijo ella entornando los ojos— ¿Quieres probar?

Kousaka se acercó con timidez, y su mano estuvo lo bastante cerca como para tocar su mejilla. Era el sentimiento de la piel humana, la calidez. Para hacerlo aún más claro, Sanagi colocó su mano derecha sobe él. Definitivamente, aquella era la sensación de la piel humana. Realmente existía.

Kousaka envolvió la espalda de Sanagi con sus brazos. Ella lo aceptó sin decir una palabra.

—Por qué… —se encontraba demasiado emocional como para poder articular las palabras correctamente— ¿Por qué estás aquí? ¿Está bien tu cuerpo? ¿Los gusanos están muertos?

—No me lo preguntes todo a la vez —Sanagi rió con nerviosismo— Una pregunta a la vez.

Kousaka se apartó de ella de forma gentil y preguntó.

—¿Está bien tu cuerpo?

—Hmm. A decir verdad, no estoy muy saludable todavía —dijo ella—. Pero considerando toda la medicina que he tomado desde entonces, es un milagro que me encuentre en este estado.

Se tocó la zona del estómago.

—Mis recuerdos se nublaron un poco mientras estaba en coma, por lo que no recuerdo mucho de haberme querido suicidar. Pero si recuerdo vagamente vomitar la medicina por voluntad propia. Estoy segura de que debo de haber recobrado los sentidos justo a tiempo. El doctor dijo que, si hubiera demorado tan solo un poco más, no había nada que hubieran podido hacer.

—Así que es eso… —Kousaka dejó escapar un largo suspiro— Bien, siguiente, ¿dónde has estado y que estuviste haciendo después de huir del hospital? ¿Y por qué desapareciste en primer lugar?

—Había algo que quería hacer, por lo que me escondí en la clínica. Siempre solía esconderme ahí cuando no quería ir a la escuela; es un lugar que solo yo conozco —entonces Sanagi se encogió de hombros—. Pero eso no de lo que quiero hablar en realidad. ¿Hay algo más importante que quieras preguntar?

—¿… qué pasó con el gusano? ¿No lo exterminaste con la medicina?

—Si. Parece que todos los gusanos en mi cuerpo han muerto.

—Entonces por qué…

Sanagi sonrió.

—Son los gusanos de tu cuerpo los que permanecen dentro de mí, señor Kousaka.

—¿Mis gusanos?

—Aquel día, en el contenedor, te forcé a besarme, ¿cierto? —Sanagi desvió la mirada un poco sonrojada—. En ese momento, algunos de los gusanos de tu cuerpo se transfirieron al mío, copularon con mis parásitos, y dieron a luz hijos más resistentes. Es esa la razón por la que apenas he sobrevivido. Tus gusanos me salvaron, señor Kousaka.

Kousaka cerró los ojos y pensó, después suspiró.

—Al final, supongo que tenías razón en todo, y yo estaba equivocado.

Sanagi negó con la cabeza.

—¿Qué podías hacer? Tampoco era como si yo tuviera alguna base real para considerar que el gusano era importante. En este caso, solo ocurrió que mis deseos y la realidad coincidían. Tu juicio era definitivamente apropiado. Y sé que la razón por la que negaste mis hipótesis fue por mi bien.

—Me estás sobreestimando. No soy ese tipo de buena persona.

Kousaka le mostró una sonrisa débil, entonces dijo seriamente:

—Gracias por regresar. Estoy realmente feliz.

—Igual. Gracias por dejar un espacio para que yo regresara.

Sanagi bajó ligeramente la cabeza, y sus labios formaron una sonrisa.

*

Un auto azul aparcó a la entrada del parque. Varios pétalos de cerezo se atascaron en el capó y el cristal, interfiriendo así con la visibilidad. A través de la ventana lateral del pasajero, un hombre dormía plácidamente en el asiento del conductor.

Kousaka miró alrededor, pero no vio árboles de cerezos. El viento probablemente había arrastrado los pétalos desde el interior del parque. Después de todo, era un día bastante ventoso.  A pesar de ello, el simplemente caminar sin un objetivo en específico le hacía olvidarse del viento. Tal vez porque no había cambios en la dirección de este.

Algunos minutos tras de entrar en el Parque Mizushima, ambos caminaron por un paso bordeado por árboles de cerezos a cada lado, y después de un rato se detuvieron.

Era un hermoso espectáculo.

Los pétalos se acumulaban como la nieve.

Movidas por el viento, las copas de los árboles se balanceaban arriba y abajo, dejando a los pétalos flotar uno tras otro, brillando ante la luz de la tarde.

Por un momento, ambos se sintieron sobrecogidos ante tal vista. Los árboles de cerezos frente a ellos se sacudían con tal fuerza que compararlos con una tormenta de nieve habría sido difícilmente una exageración. En contraste con la algarabía que ante ellos se presentaba, el parque estaba envuelto en un silencio bizarro. El sonido del viento se sentía como un blanco ruido, y los árboles traqueaban. Era todo lo que había. Los visitantes que iban a ver los árboles estaban dispersos, por lo que no había tampoco sábanas azules que contrastaran con la escena. Cerca de allí había un parque más grande, por lo que seguramente todos habían ido allí.

Kousaka recordó. Cuando ambos se habían conocido, el parque había estado cubierto de nieve. Sanagi se encontraba al lado del lago, alimentando a los cisnes. En aquel tiempo su cabello era plateado, usaba una saya corta, y fumaba.

De algún modo, aquello se sentía como no más que un pasado sumamente distante. Y aun así, apenas había pasado medio año.

Cuando se cansaron de caminar se sentaron en una pendiente. Y escondiéndose bajo la sombra de un árbol, vieron la tormenta de pétalos de cerezo, y escucharon al viento.

Al final de la pendiente vieron un lago. El agua estaba cubierta por pétalos blancos, viéndose casi como si estuviera congelado y cubierto de nieve. Como si pudiera cruzarse a pie.

Entonces Kousaka notó un cisne nadando en el lago. Lo miró una y otra vez, pero no se equivocaba, era un cisne. ¿Tal vez había sido dejado atrás por su bandada? Pero el cisne no mostraba signos de soledad, sino que nadaba elegantemente entre los montones de flores.

Aquella irreal visión le recordó a Kousaka a un niño usando juguetes para desordenar una casa de muñecas. Como algo proveniente de un sueño inconsistente.

—Hey, señor Kousaka —dijo Sanagi, mientras se acurrucaba en su hombro—. Supe que las cosas terminarían así desde la primera vez que te vi.

—¿En serio?

—Si… ¿Recuerdas la primera vez que hablamos?

—Lo recuerdo bien —Kousaka se jactó, como enorgulleciéndose de su memoria—. Pensé que eras una chica realmente antisocial.

—No puedo evitarlo. Soy tímida.

Sanagi se quejó, luego inclinó un poco su cabeza y alzó la vista.

—Cuando nos conocimos, yo me encontraba bajo este muérdago.

—¿Muérdago?

Kousaka volteó la mirada hacia arriba. Vio una planta claramente diferente mezclada entre las ramas de los árboles de cerezo. En invierno estaba tan mustia que no podría haberla distinguido de un nido de ave, pero ahora del muérdago nacían verdes hojas.

—¿Sabías que aquellos que se encuentran bajo un muérdago en navidad deben besarse?

Kousaka negó con la cabeza. Pensó que seguramente fuese una costumbre occidental.

—Y yo había decidido que mi primer beso sería con alguien que realmente me gustara. Por lo que era inevitable que llegara a enamorarme de ti, señor Kousaka.

—Esa es una lógica un poco salvaje —Kousaka sonrió mordazmente.

—Realmente tampoco entiendo lo que estoy diciendo —Sanagi se rio sacudiendo los hombros—. En cualquier caso, estoy diciendo que nuestro amor no fue debido a un animal parasitario, sino a una planta parasitaria. Todos estos organismos se encuentran profundamente envueltos en nuestras vidas. Creo que eso es lo que estoy tratando de decir.

—… entiendo.

—Jesús, si ni siquiera podemos enamorarnos sin depender de organismos parasitarios, quien sabe si no somos nosotros los verdaderos parásitos —ella volvió a reír.

Luego se hizo silencio por un tiempo. Y ambos pensaron en las felices coincidencias parasitarias que los habían juntado.

Eventualmente, Kousaka rompió el silencio.

—Antes dijiste que las personas debían de besarse bajo el muérdago.

—Sí. Pero solo en navidad.

—Solo mira —Kousaka extendió su dedo índice y señaló al frente—: un cisne. Una tormenta de nieve. El lago se ha congelado.

—Tienes razón —Sanagi sonrió—. Bueno, no puedo discutir contra eso.

Se puso frene a él y cerró los ojos lentamente.

Kousaka besó con avidez el borde de sus labios.

 

Pronto, Sanagi se había quedado dormida en el regazo de Kousaka. Debía de estar muy cansada. Quizás el gusano aún se estaba recuperando dentro de su cuerpo, y no era capaz todavía de procesar todo el rencor en su interior.

Kousaka pasó su mano por su suave cabello. El arete azul escondido en su oreja resplandeció un poco. Incluso después de devolver su cabello a su color original, parecía que ella quería mantener el arete.

Ahora que lo pensaba, esta era la primera vez que la veía usando un atuendo primaveral. No lo había notado antes debido a la ropa para invierno, pero al observar su cuerpo más de cerca, pudo identificar que había hecho más que solo tomar pastillas para dormir. Algunas cosas lucían antiguas, y otras lucían recientes. Cada una de ellas entristecía a Kousaka.

Kousaka rezó para que ella no tuviera pesadillas.

Los pétalos de cerezo continuaron cayendo sobre el parque. Así, se fueron amontonando alrededor de la sombra del árbol.

Poco después, el sol comenzó a descender lentamente, y sus cuerpos se vieron bañados por la luz del atardecer, que atravesaba los árboles. Siendo cuidadoso de no despertar a Sanagi, Kousaka se recostó y cerró los ojos; tomó una gran respiración del rico aire de la primavera, lleno con el aroma de la hierba y los árboles de cerezo.

Pronto ya no sería capaz de experimentar aquellas sensaciones sin preocuparse. Después de mucho tiempo, su germafobia resurgiría, y él nuevamente se encerraría en su habitación. Ese pensamiento le deprimió un poco. Pero cuando pensaba en aquello tan maravilloso que sentía con Sanagi, gracias al gusano, simplemente no podía odiar al parásito del amor.

Al final, se había vuelto confuso el hecho de si se habían enamorado o no debido al gusano. Pero en un punto como ese, ya no podía sentir que aquello fuera un verdadero problema.

Porque los gusanos eran parte indispensable de sus cuerpos. No podían pensar de ninguna forma en separarse de ellos. Con la inclusión del gusano, podía por fin decir que era él mismo.

Las personas no se enamoran con la cabeza. Se enamoran con los ojos, con las orejas, con las yemas de los dedos. Por lo que no hay nada de extraño en enamorarse con el gusano.

Nadie puede quejarse por ello.

*

Ambos dejaron el Parque Mizushima para el momento en que el cielo empezaba a tornarse de color gris. Compraron comida en el supermercado, regresaron al apartamento, y Kousaka hizo una cena ligera. Tras su comida tardía y café subsiguiente, ya eran las 4 de la tarde.

Estaban sudados, por lo que se turnaron para ducharse. Tras cambiarse de ropa se sentaron juntos en la cama a revisar la enciclopedia que habían comprado en la tienda. El radio sobre la mesa transmitía nuevos programas extranjeros, pero a bajo volumen, por lo que no se escuchaba casi nada.

Una luz pálida se colaba por la rendija de la ventana. Las luces no estaban encendidas, por lo que la habitación estaba tan oscura como la profundidad del bosque. Si se escuchaba atentamente, se podía notar que los niños jugaban fuera, en la distancia.

Tras mirar un poco la enciclopedia y cerrarla, Sanagi cerró los ojos.

—Creí que algo nos faltaba. Pero ahora sé que era.

—¿A qué te refieres?

—No hay olor desinfectante.

Kousaka parpadeó.

—Oh, supongo. Es porque no he hecho limpieza recientemente.

—Para mí, era ese el olor que definía tu habitación.

—¿Te gustaba el olor a desinfectante?

Sanagi asintió.

Por lo que Kousaka tomó un poco de spray desinfectante de una caja, y como había hecho durante cada día hasta hace apenas unos meses, desinfectó todo dentro de la habitación. Sanagi se sentó en la cama y disfrutó la escena que se desarrollaba ante ella, como alguien ve con los ojos brillantes cuando colocan las decoraciones de navidad.

Pronto, la habitación estaba impregnada con un fuerte olor a etanol, y Sanagi se recostó en la cama con una expresión de satisfacción.

—Sí, es tu habitación.

—Ahora que lo huelo de nuevo, es bastante terrible.

—¿En serio? A mí me gusta, se siente como una enfermería.

—Creo que la mayoría de las personas diría que lo odia, porque se siente como dentro de un hospital.

—Pero a mí me gusta.

Sanagi colocó la almohada bajó su barbilla, cerró los ojos y suspiró.

—Creo que de este modo podría quedarme dormida.

—Hey, ¿no acabas de tomar una siesta hace un rato?

—Supongo. Pero creo que estoy exhausta.

Se quedó dormida menos de cinco minutos después.

Kousaka puso una sábana sobre ella, y después de dudar por un momento, entró en la cama con ella. Y la vio dormir durante largo rato sin cansarse. A esa distancia, podía identificar cada una de sus largas pestañas.

Había una expresión evanescente en su rostro. Una expresión que hacía parecer que nunca había perdido la confianza en su misma. Mientras dormía, ella parecía tan frágil y delicada.

Lo primero que haría Kousaka en la mañana sería contactar al trabajo y cancelar su traslado.

Desempacaría y, junto a Sanagi, devolvería la habitación a la forma en que era antes.

Se quedaría en el pueblo.

Y viviría junto a ella.

Kousaka cerró los ojos lentamente mientras el anuncio de las 5 de la tarde hacía eco en sus oídos.

*

Cuando Sanagi despertó, lo primero que vio fue el rostro de Kousaka frente a ella. Instintivamente se echó atrás un poco sorprendida, pero pronto comprendió la situación, respiró dos o tres veces, y volvió a recostarse. Su pulso no se normalizó hasta solo un tempo después.

El sol casi se había puesto por completo. Ya no se podían escuchar los sonidos de los niños. Un cálido viento corría a través de la ventana, balanceando las cortinas a su paso. Por un breve instante, mezclado con la esencia del desinfectante, ella pudo sentir el aroma nostálgico del pecho contraído. Por un rato, se preguntó a que podría deberse aquella nostalgia, pero olvidó el olor antes de lograr identificarlo.

—Oh, bueno —murmuró en silencio—. Saberlo no habría resuelto nada de todas formas.

Entonces, gentilmente extendió su brazo y entrelazó sus dedos con los de Kousaka.

“Siempre recordaré esta sensación”

Considerando el tiempo que le quedaba, no sería complicado.

 

Mientras observaba la débil puesta de sol, Sanagi pensó.

“Mi vida fue salvada por un beso de la persona que amé.

… ¿Qué tan hermoso habría sido todo de ser cierto?

Cuando nos besamos, algunos de los gusanos se movieron del cuerpo de Kousaka al mío, y se reprodujeron con los parásitos dentro de mí. Lo mismo ocurrió dentro de su cuerpo. No hay duda de ello.

Pero los gusanos resultantes no fueron los mismos. Los parásitos resistentes solo nacieron dentro de Kousaka.

Tal vez los gusanos del cuerpo de Kousaka no tenían resistencia a la medicina en primer lugar. Y solo cuando nuestros gusanos mezclaron sus genes, milagrosamente se introdujo una variación de resistencia médica, y esa variación salvó su vida.

Pero ese milagro no ocurrió en mi cuerpo. Los parásitos sin resistencia estaban indefensos, y fueron barridos por la medicina. Y así perdí el órgano que procesaba mi rencor y sufrimiento.

Ahora, soy solo un caparazón. Ya estoy medio muerta. Como una gallina que corre con la cabeza cortada. Ya tengo los dos pies enterrados en la muerte, y solo espero a hundirme.

Sobreviví tanto tiempo debido a mi tenacidad de querer encontrarme una vez más con Kousaka. Y ahora que mi deseo ha sido concedido, probablemente no me quede mucho más tiempo de vida. No seré capaz de resistir la urgencia de morir al haber alcanzado el pico de la felicidad.

Si logro que Kousaka comparta algunos de sus gusanos, podría tener una oportunidad de recuperarme, pero desafortunadamente, no tengo ninguna intención de hacer eso. Ya he decidido mi destino.

Pretendo seguir con esto hasta el final.

 

Siempre fue de esta forma. Estaba tan asustada de vivir. No podía soportarlo. Si no hacía algo, habría estado asustada toda mi vida por no poder conseguirlo. Si lo hacía, estaría temerosa entonces de perderlo algún día.

Lo más atemorizante era que nunca podría amar a nadie, y nadie podría amarme a mí. Si vivir una vida como esa era todo lo que me deparaba el futuro, pensé que morir lo más pronto posible sería lo mejor. Pero ahora que he aprendido lo que es amor, estoy más asustada que nunca por el hecho de perderlo. Prefiero morir lo antes posible antes que continuar viviendo con este miedo.

Una tendencia al suicidio. Un programa autodestructivo. Al final, sin importar como fueran las cosas, mi destino fue siempre el mismo. La felicidad y la desdicha son dos lados de la misma moneda, y en especial, para una cobarde como yo, tienen casi el mismo significado. Cualquier cosa sirve como un argumento para aventurarme a la muerte. Ese es el tipo de persona que soy.

Así que al menos quiero terminar con todo mientras la moneda aún esté cara arriba. No se gana nada muriendo a la hora correcta. Ya estoy exhausta de rotar entre felicidad y tristeza.

Estoy segura de que pronto pondré un punto final a mi vida. Entonces caerá el telón de mi historia. Nunca más será contado. No hay mejor momento para renunciar que cuando me encuentro en la cima.

Aún recuerdo la primera vez que nos vimos. La primera vez que me dejó tocar su mejilla. La primera vez que nos besamos. Él día que me dejó abrazarlo.

Dejar a Kousaka es mi único arrepentimiento. Realmente me siento mal por él. Lo que estoy a punto de hacer es lo mismo que traicionarlo. Nunca podré disculparme lo suficiente. No intentaré pedir su perdón. Si me odia por ello, supongo que tendré que aceptar su rencor. Esa es mi consecuencia natural.

… Pero, si fuera posible, me gustaría que Kousaka pensara en esto.

Ambos debimos haber muerto antes de conocernos. Guiados por nuestras almas enfermas, hace mucho que tuvimos que haber tomado nuestras propias vidas. Pero el poder del gusano pospuso nuestro destino de forma temporal, se nos dio una oportunidad de enamorarnos, y uno de nosotros sobrevivirá milagrosamente.

Si él lo puede tomar de esa forma, aunque este no sea el resultado qué más deseara, ciertamente no es el peor.

Si no hubiera sido por el gusano, ni siquiera nos hubiésemos conocido.

Y no todo han sido infamias. Porque hay algo que podrá ser probado con mi muerte. Un hecho que solo puede ser demostrado con la muerte.

La muerte del huésped viene dada por su liberación de la influencia del gusano. Y el amor surgido entre nosotros, formado por la asistencia romántica del parásito, quedará destruida por el hecho de que uno de los huéspedes perdió la influencia del gusano. A pesar de ello, debido a que aún estoy pensando en Kousaka, justo antes de morir, y porque él está pensando en mí, ello significa que nuestro amor existe incluso sin la influencia de los gusanos.

Fuimos capaces de amarnos mutuamente sin depender de los parásitos.

Eso es algo que nunca habría podido ser demostrado si no los hubiera perdido”

 

Sanagi soltó la mano de Kousaka y acarició gentilmente su mejilla.

Tras algunos segundos, él abrió los ojos.

—Lo siento, ¿te desperté?

—No —Kousaka sacudió la cabeza. Y luego, notando algo, sus ojos se abrieron ampliamente—… Sanagi, ¿estabas llorando?

Ella solo lo notó después de que él lo señalase. Se apresuró a limpiar las lágrimas con su mano, pero las lágrimas continuaban cayendo, sin aparente señal de detenerse.

—Esto es raro —golpeándose con suavidad, Sanagi forzó una sonrisa—. No pretendía llorar.

—¿Estás triste?

—No, no es eso. De hecho, no podría estar más feliz.

—Huh. Estoy aliviado —Kousaka entrecerró los ojos—. Entonces estas deben ser el tipo correcto de lágrimas.

Sanagi pensó que él siempre tenía una forma extraña de consolar a los demás y comenzó a reír.

—… Hey, señor Kousaka. Debo decirte algo bonito.

—¿Bonito? —Los ojos de Kousaka se abrieron un poco.

—Sí, bonito —Sanagi asintió. Luego esbozó una sonrisa especial—. Um, te amo, Kousaka.

—Sí. Lo sé.

—No de esa forma, realmente te amo.

—Hmm —Kousaka pensó sobre ello por un momento, para luego suspirar—. Realmente no lo entiendo, pero estoy feliz.

—¿Verdad?

Ambos se rieron. Sanagi pensó que muy pronto Kousaka entendería el verdadero significado de aquellas palabras. Pero para cuando ese momento llegara, ya sería demasiado tarde.

Repentinamente, ella notó que sus lágrimas formaban un charco sobre la almohada, lloraba como si hubiera cometido un terrible error.

—Lo siento. A este paso la almohada se ensuciará.

Sanagi estuvo a punto de levantarse, pero el brazo de Kousaka le impidió moverse.

—Bueno, o simplemente podemos hacer esto.

Diciendo eso, sostuvo a Sanagi contra su pecho.

Su camisa absorbió las lágrimas de Sanagi.

—Puedes llorar todo lo que quieras. Creo que no has liberado lo suficiente hasta ahora.

—… si. Haré eso.

Sanagi siguió llorando entre sus brazos. Por todo lo que había ocurrido, y por todo lo que faltaba.

 

Eventualmente, ella dejó de sollozar y se quedó dormida entre los brazos de Kousaka.

Era un sueño increíblemente profundo.

Era la primera vez en su vida que tenía un sueño tan pacífico.

En su sueño, ella era un cisne. Un cisne que nadaba solitario en un lago que brillaba bajo el sol de la primavera. Su ala estaba herida, por lo que había sido abandonado por los demás. El cisne no podía tranquilizarse. No sabía que hacer ahora. Sintió rencor hacia los demás, aquellos que la habían dejado atrás, y al mismo tiempo, sintió nostalgia por ellos. Y maldijo su falta de precaución al permitir que sus preciosas alas fuesen dañadas.

Pero a medida que nadaba en el lago cubierto de pétalos de cerezo, las cosas dejaron de importar poco a poco.

“Bueno, al final, al menos seré capaz de tener toda esta bella vista para mí misma”, pensó el cisne.

 


Palabras Finales

Objetivamente hablando, incluso los eventos concurrentes en sitios comunes pueden significar un cambio en la vida para los involucrados. Por ejemplo, hace mucho tiempo, una mujer me dijo esto. El mejor recuerdo de su vida había transcurrido durante la escuela primaria, cuando había sido escogida para proveer el acompañamiento del piano para una competición del coro. Cuando solo se ha escuchado esa parte de la historia, puede parecerle a uno que es un poco tonto. De hecho, varias personas podrán pensar que es tonto incluso después de escuchar toda la historia. Son siempre los individuos los que deciden como sentirse respecto a los acontecimientos.

En ese tiempo, ella era bastante retraída y no tenía amigos, y lo único que la hacía sentirse importante y útil era el papel del acompañamiento que se le había dado. Ciertamente, ella quería rechazarlo, pero no había nadie más en la clase que supiera tocar el piano, y ella misma no tenía una personalidad de las de simplemente decir que no, por lo que terminó aceptando. Llegaron entonces los días de sentirse a aplastada por la preocupación de cometer un error durante la presentación y arruinarlo todo. Evidentemente, lloró muchas veces.

Pero una vez que comenzaron las prácticas del coro, pronto su sufrimiento cesó. De hecho, empezó a anhelar las sesiones de práctica.

El director era un chico del que estaba enamorada en secreto. Cuando el acto comenzaba, él siempre la observaba fijamente. Ella sabía, por supuesto, que aquello no era más que contacto visual para establecer el tempo de la actuación. Sin embargo, aun así, le hacía feliz. Tanto que para ella todo lo demás dejaba de importar.

Algunos podrían reírse: “¿Qué tan solitaria tenías que ser para que tú mejor recuerdo fuera el de un chico que te miraba durante un acto?” Pero yo entiendo muy bien sus sentimientos. Incluso si su vida hubiera transcurrido placenteramente, creo que ese seguiría siendo su mejor recuerdo.

Los estándares de evaluación de las personas son bastante arbitrarios. La comida de alta calidad en un costoso restaurante cuando eres rico podría no saber tan bien como el almuerzo escolar que compraste por 200.000 yenes cuando aún eras pobre, y puedes no sentir el mismo afecto por la chica con la que estuviste durante toda la universidad que por la chica que durante la secundaria sostuvo tu mano una vez que estabas en el fondo del pozo. Hablando específicamente de este libro, no creo que Kousaka vaya a olvidar alguna vez ese beso que Sanagi le dio por encima de la mascarilla. Supongo que se le puede llamar “felicidad por substracción”. Creo que esta inversión de los valores es uno de los más bellos errores de la humanidad.

 

Mis libros anteriores, “El lugar desde el que llamaste” y “El lugar desde el que llamé”, contaban una historia de defectos físicos; “Parásito Enamorado” es una historia de defectos mentales. En tal sentido, quizás se podría decir que las historias tienen estructuras opuestas. Tuve esta idea a inicio de la primavera del 2014, pero en esa etapa no tenía casi ningún conocimiento sobre parásitos. Milagrosamente, por la misma época, Bungeishunju liberó su traducción al japonés de “Una Epidemia de Ausencia”, escrita por Moises Velasquez—Manoff, aunque no leí el libro hasta 2016. Fue un libro muy interesante en el que me sentí realmente absorto, olvidando incluso que lo leía para obtener referencias, por lo que, si leer este libro te hizo interesarte un poco en los parásitos, tal vez quieras darle una oportunidad.

Además, el título de este libro, “Parásito Enamorado”, fue tomado directamente del libro con mismo nombre del Doctor Koichiro Fujita (Kodansha). Me gustaría agradecer profundamente al Doctor Fujita por permitirme copiar su título.

Sugaru Miaki

 


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2 comentarios

  1. Enserio es el final? … chale 😥
    Bueno, no especifican si en verdad se suicida o no así que solo me queda mantener la ilusión de que Kousaka cada vez que la veía a punto de caer en el pozo de la desesperación le regresaba la esperanza y alegría de vivir un momento más, puede que sea una relación muy dependiente pero eso era el punto desde un inicio.

    Muchas gracias por traernos esta hermosa (y algo asquerosa) obra !

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