Parásito enamorado — Capítulo 6


Traductor: Electrozombie

Editor: Fixer—san & Aoisora


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Tanta conveniencia me fastidia

El auto se detuvo fuera de una clínica a las afueras del pueblo. El viaje apenas había durado 15 minutos, pero tal vez, debido a todo lo que tenía que pensar, el sentido del tiempo de Kousaka se nubló, y en realidad había sido mucho más largo. O quizás era lo opuesto, y el viaje había durado menos de la mitad de lo que parecía.

En cualquier caso, en realidad no habían recorrido tanta distancia, pero en ese corto periodo de tiempo el escenario había cambiado por completo. Todo lo que sus ojos llegaban a ver era de color blanco.

El área estaba rodeada por montañas, y la clínica era el único edificio a la vista. Una señal marcaba una parada de autobús al lado de la carretera, y junto a ella había dos tristes asientos de madera vieja. La señal y los asientos estaban cubiertos por densa nieve, tanto que un conductor de autobús podría pasarlos por alto de no prestar la suficiente atención. Era suficiente para decir que era un lugar frío.

El auto se detuvo, y se envolvió en silencio. Después de tomar un respiro, Izumi abrió la puerta y salió al exterior. Kousaka y Sanagi le siguieron. Un sentimiento de aplastar la nieve los envolvió al pisar el suelo. Solo la entrada principal había sido limpiada, por lo que la mayor parte del aparcamiento tenía tanta nieve como para hundirse hasta los tobillos.

La clínica era un edificio que daba una sensación organizada pero melancólica. La pared exterior era de un color blanco lechoso, como si intentara fundirse de forma intencional con la nieve, por lo que su forma se difuminaba en la distancia. Las numerosas estalactitas de hielo que colgaban del techo tenían cerca de un metro de largo, y parecían listas para caer en cualquier momento.

En la pared de la entrada había un cartel en el que se podía leer “Clínica Urizane”. A través de la puerta había una pequeña sala de espera con tres sofás marrones en fila. El tiempo de vida de las luces fluorescentes parecía casi haber acabado, ya que la habitación no tenía mucha claridad, y el suelo de linóleo, que brillaba como si estuviera cubierto de grasa, tenía un impuro color verduzco, dando la impresión de que estaba creciendo el musgo. En la esquina había una planta decorativa tan alta, que en realidad no combinaba con la pequeña habitación.

Había tres pacientes en la sala de espera, todos eran personas mayores. Hablaban tranquilamente sobre algo, y miraron en la dirección de Kousaka y los demás cuando entraron, pero pronto regresaron a su charla.

Una mujer en sus treintas, cuya cara recordaba a una máscara Noh, operaba la recepción. Inclinó ligeramente la cabeza al notar la presencia de Izumi, y entonces, como si ese fuera el procedimiento usual, bajó la cabeza y regresó a trabajar.

Izumi se paró fuera de la puerta de la consulta, y urgió a Kousaka a entrar.

—Hay algo de lo que Urizane quiere hablar —le informó—. Nosotros estaremos fuera, en la sala de espera. Vuelve cuando termines.

Kousaka asintió, entonces miró a Sanagi. Parecía que ella estaba a punto de mirarlo a los ojos, pero desvió la mirada y se dirigió a la sala de espera, dejando atrás a Izumi.

Kousaka tocó a la puerta, y escuchó una voz desde el interior.

—Entra.

Abrió la puerta y entró en la consulta. En el escritorio a la izquierda de la entrada se sentaba un hombre viejo que parecía un doctor. Su cabello corto y peinado era totalmente blanco, y de forma similar eran sus cejas y bigote. En su frente había una línea profunda, como una cicatriz. Kousaka supuso que aquel hombre debía de ser el director Urizane.

Urizane alzó la vista de su escritorio y se dio la vuelta. Su silla giratoria crujió al moverse.

—Por favor, toma asiento.

Kousaka se sentó en la silla del paciente.

Y Urizane observó todo su cuerpo como si lo estuviese analizando. En ese momento, Kousaka no sabía que aquel señor era el abuelo de Sanagi, por lo que no le dio mucha importancia al significado de tal escrutinio.

—¿Qué tanto sabes? —Urizane preguntó.

Kousaka recordó la conversación en el coche.

—Hay una nueva clase de parásito en mi cabeza, y ese gusano es el que me ha hecho enamorarme y ser inútil en la sociedad. Eso es todo.

—Hmm —Urizane acarició su bigote con un dedo—. Bien entonces, ¿deberíamos comenzar? —Se recostó en su silla y suspiró—. Kousaka, ¿cierto? ¿Qué tan seriamente te estás tomando esto? Este sinsentido sobre un parásito desconocido en tu cabeza, ejerciendo su influencia incluso en las decisiones de un huésped humano.

—… a decir verdad, solo lo creo a medias.

Urizane asintió.

—Es lo normal. Una respuesta perfectamente natural.

—Aunque —Kousaka añadió—, escuché de parte de Sanagi que ciertas clases de parásitos pueden alterar las acciones de las personas. Y por ello no me parece imposible que un parásito pueda influir en las decisiones de la gente… pero decirme que esto explica por qué nunca he podido encajar en la sociedad suena demasiado conveniente, me fastidia. Dudo sobre si creer en ello…

Urizane le interrumpió.

—No, esto no es algo tan conveniente que debería fastidiarte. En cambio, es tan malo que debería hacerlo.

Señaló a unas hojas de papel dobladas. Pertenecían a un periódico que databa del 20 de julio del año pasado con el título:

Suicidios en el Hospital: ¿El doctor y el paciente se van juntos?

—Si las cosas siguen como van, podrías terminar yendo por el mismo camino.

A continuación, Urizane tomó algunos documentos de un cajón y se los extendió a Kousaka.

—Justo antes de los suicidios, el doctor mencionó en ese artículo que me había enviado un correo. No había título o contenido, solo un archivo de texto adjunto. El archivo era una recopilación de todos los correos intercambiados entre ambos desde que se conocieron hasta su doble suicidio. Léelos, y entenderás la mayoría de las cosas sobre el gusano.

Kousaka comenzó a leer el primero de los documentos.

*

Enviado: 06/10/2011

Título: Lo siento por lo del otro día.

Es Izumi. Siento el haberme vuelto incoherente durante la conversación el otro día, fallé en explicarte correctamente la situación y solo te confundí, doctor. Pensé que lo tenía todo preparado, necesitaba decirlo para avanzar, pero cuando llegó el momento de contártelo, me quedé en blanco. No puedo prometer que esto no vuelva a ocurrir, por lo que decidí enviarte un correo para explicarlo. Creo que será más rápido y eficiente que hacerlo en persona, entonces…

Lo que estaba intentando explicar eran las circunstancias por las cuales llegué a conocer tu nombre, Dr. Kanroji. (Estoy seguro de que pensaste que era un paciente extraño por llevar un periódico salido de la nada. Realmente lo siento mucho.) Ahora que lo pienso, si fuera solo a explicarlo cronológicamente, sería seguramente mucho más fácil de entender. Realmente lo siento por mi ineptitud… aprenderé de mis errores e intentaré explicar correctamente los eventos en el orden en que ocurrieron. Será un poco largo, por favor disculpa las molestias.

Al principio, solo sufrí un dolor de cabeza. Recuerdo que fue a mediados de abril.

El dolor de cabeza duró casi medio mes. Siempre había tenido migrañas, pero el dolor nunca antes había durado tanto. Anteriormente, había tomado medicinas y se había curado en dos o tres días.

Habiendo dicho esto, no lo consideré como algo muy serio en ese momento. Creí que podría haber sido resultado del estrés, o una fiebre. A decir verdad, un dolor de cabeza por sí solo no era un gran problema. Después de medio mes, el dolor empezó a disminuir, hasta que finalmente desapareció por completo. Me sentí aliviado de que, después de todo, no fuera más que un problema temporal.

Los problemas vinieron después. Un tiempo después de que mi dolor de cabeza se curara, me di cuenta de que estaba teniendo ilusiones extrañas.

Trabajo como empleado temporal en el edificio municipal, y normalmente también conduzco. Un día, me dirigía al trabajo como de costumbre, pero tras atravesar una intersección normal, me sentí repentinamente golpeado por un increíble sentimiento de terror. Rápidamente pateé los frenos, aparqué a un lado del camino, y revisé todas las direcciones.

Una posibilidad cruzó mi mente: “¿Acaso atropellé a alguien?” Por supuesto, si eso hubiese realmente ocurrido, entonces el auto habría sufrido un fuerte impacto. Sin importar que tan suave hubiera sido, lo habría notado con claridad. Aun así, no pude más que salir del coche y revisar. Naturalmente, no había ningún daño en el auto, y no había nadie colapsado sobre el suelo y sangrando. Pero, aun así, ese fuerte terror persistió en mí.

Desde entonces, sin importar lo que estuviera haciendo, me sentía atormentado por el miedo de causar daño a alguien de forma inconsciente. Por ejemplo, mientras bajaba las escaleras en una estación del tren, me sentía ansioso de haber empujado accidentalmente a alguien. Al trabajar, me ponía ansioso el cometer algún error masivo y causarles problemas a todos. Mientras compraba, me sentía ansioso de estar robando sin saberlo. Tras conocer a alguien, me ponía ansioso el pensar que podía haber dicho algo que le hiciera daño. Estaba bien cuando era algo que podía revisar de inmediato, pero en otros casos, como en el del atropello, no podía relajarme hasta leer el periódico del día siguiente. Era como si ese dolor de cabeza me hubiera vuelto loco.

Eventualmente llegué a ver de forma problemática la salida de mi casa. Asustado de poder dañar a alguien, mantuve mi distancia de la gente, y me volví un solitario. Solo podía sentir la paz si estaba solo en casa, sin hacer nada.

Sabía que era un tipo de desorden obsesivo compulsivo llamado blaptofobia. Y sabía que los desórdenes obsesivos compulsivos tienen una pequeña posibilidad de ser curados… a pesar de ello, me opuse fuertemente a ver un psiquiatra. Tal vez no quería admitir que era un enfermo mental. Hasta entonces, solo había pensado en mí mismo como una mujer fuerte.

Sin embargo, no podía quedarme así para siempre. Mi blaptofobia empeoraba con cada día que pasaba, y empezaba a interferir con mi vida normal. Por lo que decidí inventar que me encontraba afligida con dolores de cabeza crónicos, y ello me causaba un tremendo nerviosismo, para así tener una razón para ir al hospital y que un médico general me examinara. Si me recomendaban ir a un psiquiatra, entonces iría obedientemente sin rechistar.

Sin embargo, los resultados de mis pruebas revelaron una verdad inesperada. Parecía que mi blaptofobia no era causada por una enfermedad mental, sino por la alteración orgánica en mi cerebro. Increíble, había un parásito en mi cabeza, y ese gusano estaba creando un foco de infección.

Me sentía aliviada. Parecería extraño pensar que me podía aliviar el saber que había un parásito viviendo en mi cerebro, pero me complacía saber que era algo sencillo de entender. Al pensar que con simplemente remover el parásito podría liberarme de mis miedos irracionales, me sentí tranquila.

Sin embargo (y es aquí donde la historia empieza a ponerse extraña de verdad) una vez que comencé con el tratamiento, me sentí atacada por una ansiedad inidentificable. Difería en su naturaleza de las ilusiones que me asaltaban al pensar que hacía daño a los demás; era un sentimiento completamente ilógico que recaía sobre mí. No sé por qué, pero tuve la repentina premonición de que, si continuaba con el tratamiento y expulsaba al parásito, me arrepentiría.

Creé una excusa viable y escapé del hospital. Y nunca más regresé. No sabía que era lo que estaba mal conmigo. Pero, aun así, no sentía haber hecho nada malo. Sentía que mi cabeza se llenaba con alivio al escapar del terror que antes me acechaba.

Sin embargo, un me después, las dudas comenzaron a asaltarme. ¿Cuál había sido precisamente la causa de mi ansiedad? ¿Por qué, voluntariamente, había protegido a un parásito que vivía en mi cuerpo? Había estado siendo optimista, pensando que podría resolver mis sentimientos más tarde y todo cobraría sentido, pero la realidad era que aquel misterio se hacía más profundo con cada día. Si así era como estaban las cosas, entonces ya no era más yo misma…

Repentinamente, recordé un artículo que había leído en una revista de un año antes. Declaraba que ciertos tipos de organismos parásitos podían tener un efecto en las personalidades y acciones de los humanos.

Revisé en mis recuerdos y desenterré ese artículo, y lo leí una y otra vez. Y tras leer los artículos relacionados y las citas, llegué a una conclusión.

Mi cerebro ya estaba bajo el control del parásito.

La gente podría reírse de ello, como si fuera una tonta ilusión. De hecho, era la idea loca de una persona enferma. No es tan diferente de los pacientes esquizofrénicos que piensan que son atacados y controlados por ondas de radio. Si mi cerebro ya había sido devorado por un parásito, entonces quizás ya no podía pensar apropiadamente. Sin embargo, el parásito alojado en mi cabeza no era una ilusión, sino un hecho demostrado. Pensé que solo podría dudar de mi propia mente después de descubrir la verdad sobre el parásito.

Busqué al autor de un artículo que me resultó de particular interés. Y descubrí que trabajaba en un hospital universitario no muy lejano de la casa de mis padres. No pude sino sentir que de alguna forma el destino me estaba guiando. Y así fue como llegué hasta usted, doctor Kanroji.

Enviado: 06/11/2011

Título: Re: Lo siento por lo del otro día.

Habla Kanroji. He leído tu mensaje. Eso ciertamente explica por qué de repente comenzaste a hablar sobre un artículo. Te agradezco por tu detallada explicación. Ahora me hago una mejor idea de la situación.

Ahora, siendo honesto, estoy bastante sorprendido. Pero para poder explicarlo, creo que primero necesito contarte una larga historia sobre mí.

Te pido de favor que mantengas en secreto lo que a continuación está escrito.

Ocurrió hace medio año. Dos pacientes vinieron a mí sospechando de una infección parasitaria. Llamemos Y al hombre, y S a la mujer.

Y y S eran un matrimonio muy joven. Además, y extrañamente, el más joven era el marido, Y. Eran una pareja extremadamente íntima, y aunque había pasado ya medio año desde que se casaran, daban una sensación encantadora como la de amantes que recién comienzan a salir.

Ambos reportaron padecer dolores de cabeza crónicos, y un MRI al cerebro mostró varios quistes en distintos lugares. Sospeché fuertemente de una infección cerebral parasitaria, y extraje líquido cerebroespinal de ambos para poder dar un diagnóstico definitivo, y así descubrí varios parásitos de alrededor de un milímetro de largo.

Hasta ese punto, las cosas parecían normales.

Pero dudé de mis propios ojos al verlos bajo un microscopio. La apariencia de los parásitos tomados del líquido cerebroespinal no se asemejaba a la de ningún parásito que hubiese visto antes. Tenían forma de lágrima, con dos absorbentes alrededor del final puntiagudo. Eran una pareja que parecía inmersa en medio de la copulación, dos cuerpos que se juntaban en forma de Y. Basado en las características de su forma, no parecían ser trematodos, pero no podía decir mucho más allá de eso. Tras algunos días de investigación, concluí que los parásitos extraídos de la pareja conformaban una nueva especie.

Considerando que el cerebro podía ser el objetivo de la infección, tomé precauciones al tratarlos. Los gusanos, que habían infestado el sistema nervioso central, no podían ser exterminados apresuradamente. Había casos en los que, por el bien del tratamiento, los quistes debían de fosilizarse y removerse, y algunas veces la reacción inflamatoria resultante del tratamiento podía ser peor que la misma enfermedad.

Sin embargo, no era aquella una situación en la que me pudiera permitir dudar. De acuerdo con Y y S, un poco después de que los dolores de cabeza comenzaran, experimentaron cambios extraños en su estado mental.

Ambos decían que no podían soportar el olor de las demás personas. Nunca antes les había ocurrido algo así, y pensaron que solamente tenían un peculiar sentido del olfato, pero una vez que los dolores de cabeza cesaron, empezó a disgustarles el olor corporal de otras personas. No era olor del sudor o del perfume; incluso los olores tan normales que ni siquiera podían ser llamados olores les desagradaban, sentían una fuerte agonía al interactuar con los demás.

La pareja estaba realmente nerviosa, y me preguntaron si había alguna conexión entre los parásitos y sus síntomas. En lo personal, solo pude responder que no sabía en ese momento. Una herida exterior en la cabeza podía dañar el sistema nervioso olfativo que enlazaba los receptores de olor y el cerebro, y una enfermedad degenerativa del cerebro podía dañar los mismos nervios, causando una pérdida del olfato. Sin embargo, un caso como aquel, en que el sentido del olfato se volvía super sensitivo, no era muy común. Había una posibilidad de que una infección en la zona paranasal o la boca causara anormalidades en los olores, provocando que los olores ordinarios se volvieran desagradables, pero… considerando que ambos habían presentado los mismos síntomas, lo mejor era sospechar que su hiperosmia era de naturaleza psicogenética. Al mismo tiempo, no había olvidado que los desórdenes compulsivos podían surgir como resultado del inicio y progresión de las enfermedades orgánicas del cerebro.

Sin embargo… a decir verdad, no le presté mucha atención a sus dolencias mentales al principio. Tal vez era una especie de folie a deux; en cualquier caso, pensé que lo mejor era priorizar la extracción de los parásitos. Supuse que una vez que la causa fuera cortada de raíz, lo síntomas mentales también disminuirían.

Pero, justo cuando estaba a punto de aprobar el tratamiento, Y y S dejaron de ir al hospital. Intenté llamarlos, pero se negaron a regresar por motivos banales como que estaban ocupados con el trabajo o no se sentían bien. Y no pasó solo una o dos veces. Para mí, su comportamiento parecía estar protegiendo a los parásitos. No tenía ni la más mínima idea de lo que estaban pensando. Lo normal es que cuando alguien escucha que hay un parásito en su cabeza quiero removerlo a toda costa.

Y entonces apareciste tú, Izumi. Había varias similitudes entre tus síntomas y los suyos. Un dolor de cabeza ligero, un escape de la interacción con los demás, una negación al tratamiento. Te examiné pensando que no podía ser, pero he encontrado que los resultados de tus análisis son casi los mismos que los de Y y S. no es como si hubiera confirmado al gusano por mí mismo, pero no tengo dudas de que el parásito alojado en tu cráneo es de la misma especie que el suyo. Y también he considerado que, como lo mencioné anteriormente, estos parásitos pueden causar desórdenes mentales.

Por supuesto, no puedo dar una conclusión definitiva en este momento. Después de todo, este parásito solo ha infectado a tres personas. Ningún acercamiento general puede guiarnos desde ahí. Incluso podríamos considerarlo una coincidencia. Pero no creo que esto sea un simple truco del destino. Mi sexto sentido me dice que nos acercamos a la cola de un secreto masivo.

Enviado: 06/11/2011

Título: ¡Muchas gracias!

Habla Izumi. Muchas gracias por la respuesta. Estaba pensando que nueve de cada diez personas habrían ignorado los arrebatos de una mujer enloquecida, por lo que no esperaba una respuesta tan detallada. Estoy muy feliz.

Tampoco puedo evitar tener el sentimiento de que hay alguna conexión entre los síntomas mentales de Y y S, y los míos. Por supuesto, no los he conocido en persona, por lo que mi corazonada podría considerarse más un pensamiento esperanzador que un sexto sentido…

Pero si usted lo dice, doctor Kanroji, creo que debe ser cierto. Confío en su juicio.

Visitaré el hospital el 14 de junio. Espero poder hablar con usted sin ponerme nerviosa esta vez.

Enviado: 06/20/2011

Título: Sobre un cuarto paciente.

Habla Kanroji. He hallado un nuevo desarrollo relacionado con la nueva especie de parásitos, así que se lo doy a conocer. Como es usual, por favor mantenga los contenidos de este correo en secreto.

El otro día, identifiqué a una cuarta persona infectada. Una mujer que llamaremos H, la más joven de los pacientes hasta ahora. Como los anteriores sujetos, H llegó al hospital aquejada de dolores de cabeza crónicos, rechazó el tratamiento para su infección parasitaria, y mostró una fuerte tendencia a evitar las relaciones con las demás personas. La examinación de su cerebro también mostró un foco enquistado, y después de hacer algunas comparaciones, llegué a la conclusión de que ella estaba padeciendo de la misma infección parasitaria. También, en el caso de H, su alejamiento del resto de la gente se materializó en la forma de scopofobia. Parece que hay algunas diferencias personales en cada paciente por la forma en que se manifiestan sus síntomas. En cualquier caso, aún hay un espacio para dudar que sea el gusano el causante de sus dolencias mentales.

Lo que no puedo entender es la razón por la que cuatro pacientes que nunca habían padecido de enfermedades parasitarias han venido a mí en tan rápida sucesión. Hasta donde sé, este parásito no se ha encontrado en ningún otro paciente hasta ahora. Además, ninguno de los cuatro pacientes presenta un historial de viaje reciente, y viven en varias regiones, y no he podido encontrar puntos en común entre ellos. Como resultado, actualmente me encuentro sin una sola pista sobre la forma en la que estos pacientes se infectaron. Tal vez este gusano acaba de ser introducido en el país por alguna vía, y está en proceso de expandir su rango.

Relevante a este cuarto paciente, me gustaría responder una pregunta que me hizo durante su examinación el día 14. Para saltar a la conclusión, es justo como temiste. Estoy experimentando con el nuevo parásito usando mi propio cuerpo. No solo he hecho esto por el tratamiento de los pacientes, sino por curiosidad científica. Por tanto, para ser específicos, H es el quinto caso de infección.

No han pasado muchos días desde la infección, por lo que no presento aún síntomas que puedan ser llamados como tales, pero el gusano actualmente se está multiplicando dentro de mi cuerpo. Si mis expectativas son correctas, pronto exhibiré un desorden mental similar al tuyo. Además, en el proceso de tratar a Y y S, descubrí que no es necesaria la cirugía para remover al parásito; la aplicación de albendazol y corticosteroides es efectiva, como con otras enfermedades parasitarias del cerebro. Por tanto, puede descansar tranquila sabiendo que no hay posibilidad de que se vuelva severo. Después de todo, sería un desperdicio si el doctor colapsara.

Aun así, ¿cómo es que supiste que estaba infectado con el parásito? Parecías bastante convencida al preguntarme sobre el tema. ¿Observaste algún tipo de cambio externo? Si es posible, ¿podrías decirme la razón?

Enviado: 06/21/2011

Título: Re: Sobre un cuarto paciente.

Habla Izumi. Me alivia saber que no debo preocuparme por nada serio. Aun así, veo que eres muy apasionado sobre la investigación. Me quito el sombrero ante usted. Habiendo dicho eso, por favor tenga cuidado con su cuerpo, y no se presione demasiado.

¿Cómo supe que gusano estaba dentro de tu cuerpo? A decir verdad, no tengo ni idea. En el momento en que le vi aquel día, solo se me ocurrió pensar: “Ah, el doctor se ha vuelto igual a mí”.

Tal vez, inconscientemente noté cambios minúsculos en tus expresiones y acciones, y esa conclusión era la única forma de responder a mi irritante sentimiento de que algo no era normal. Pero en realidad no lo sé. Creo que solo es algo que surgió en mi cabeza.

Ahora, esto podrá parecer repentino, pero me gustaría hablar contigo sobre algo. Aunque yo misma debería decir que es algo bastante anormal, así que por favor no te lo tomes a mal, y considéralo solo como la tontería de un paciente loco.

Recientemente, he estado pensando en ti todo el día. Cuando me levanto en la mañana, antes de maquillarme, cuando seco mi cabello, durante el trabajo, ninguno de esos momentos escapa a un pensamiento sobre ti. Cuando nos volveremos a ver, que ropas debería vestir, sobre que debería hablar, que es lo que debería dejar que supieras sobre mí… eso es todo en lo que puedo pensar.

También podrías haberte dado cuenta, pero parece que me he enamorado de ti. Estoy consciente del hecho de que seguramente se debe a una transferencia positiva. Estoy profundamente consciente de que revelarte esto solo provocará preocupación en ti. Pero por mucha lógica que intente aplicarle, no es fácil sentirme satisfecha con ello.

Esto podría llevarme a causarte grandes problemas en el futuro. Por lo que me disculpo de antemano. Lo siento terriblemente. Y por favor, no me abandones.

Enviado: 06/24/2011

Título: Reporte del progreso

Este es Kanroji. Daré un corto reporte sobre el cambio en mi estado mental causado por la infección.

El primer cambio que advertí es que se volvió agonizante atender a los pacientes. Al principio lo consideré como fatiga por el trabajo, pero pronto, se extendió de los pacientes a todo el mundo. Estos síntomas encajan con la situación de querer escapar de las interacciones con los demás que todos los pacientes tienen en común. Aunque la manifestación varíe (En el caso de Y y S era sentirse incómodos con el olor de otras personas, en tu caso es temer dañar a otras personas, y en el caso de H es ser molestado por la mirada de otras personas) … considero que todas provienen de la misma raíz.

Esta es mi teoría: En esencia, aquellos afectados por el gusano se vuelven misántropos. Pienso que las diferencias entre los síntomas exactos de los cuatro se deben a las trazas que persiguió el gusano para conformar esta misantropía sin base.

Por supuesto, no estoy seguro de qué gana el gusano privando a su huésped de la socialización… Por ejemplo, ciertos tipos de solitaria provocan que unos pequeños crustáceos conocidos como Artemia se muevan en grupos, cuando estos normalmente actúan de forma independiente. Porque de esta forma, puedes aumentar la cantidad de Artemia que son comidos por su huésped final, el flamenco mayor. Así que puedo comprender la acción de juntar a los huéspedes. Sin embargo, ¿qué podría estar buscando el gusano al aislarlos?

El hecho de encontrar gusanos adultos en nuestros cuerpos significa que los humanos son el huésped final del parásito. El rol del huésped final debería ser el de esparcir los huevos y larvas, por lo que no parece lógico aislar al humano. Tal vez hay un objetivo más profundo que no puedo imaginar.

El segundo cambio seguramente puedas adivinarlo. He sentido una ligera resistencia a expulsar los parásitos de mi cuerpo. Pero omitiré próximas explicaciones. Los casos de huéspedes siendo atacados por parásitos que no deberían ser dañinos no son tan inusuales como para no mencionarlos.

El problema es el tercer cambio. Está relacionado a esa tontería de la que hablabas en tu anterior correo.

La verdad sea dicha, me sentí muy contento al leer tu confesión. No, no exactamente; y sé que como un doctor es inapropiado. Creo que incluso podría haber desarrollado un afecto mayor hacia ti que tú hacia mí. A pesar de la progresión definitiva de los síntomas misantrópicos, estos pensamientos solo se vuelven más fuertes con cada día que pasa.

Sin embargo, no deberíamos saltar a tomar conclusiones apresuradas. Antes de cualquier celebración prematura, hay algo que primero debemos considerar.

Cuando coloqué el gusano en mi cuerpo, hubo algo que decidí, muy en el interior. Examinaría con sospecha cada cambio psicológico que se efectuara en mí. Una vez bajo la influencia del gusano, ya no puedo estar seguro de cuáles acciones son mi voluntad y cuáles no. por lo que solo puedo sospechar de todo.

Por ello me cuestiono estos sentimientos románticos. Y no solo dudo de ellos sin razón. Tengo una idea.

Durante mi observación de Y y S, fui testigo de un cambio profundamente intrigante. El tratamiento había progresado, los efectos del gusano disminuyeron, y su misantropía estaba ciertamente mejorando, pero, opuesto a eso, noté que sus corazones empezaban a separarse. Dos meses después de que su tratamiento comenzara, ese sentimiento de intimidad recién concebida que siempre los rodeaba parecía haber desaparecido sin dejar rastro.

Al principio, lo expliqué como resultado de las ansiedades sobre su enfermedad sin identificar, lo que los ponía en un estado como si estuvieran cayendo de un puente colgante. Eso, junto con el peligro inminente desvanecido, los hizo darse cuenta que se habían quedado sin material para encender las llamas de su amor. Pero ahora que experimento personalmente la infección del gusano, no puedo sino sentir algo más profundo referente al cambio en su relación. Como sí, por ejemplo… su amor fuera mantenido por el gusano.

Izumi, lo que intento decirte es más o menos esto: siempre que haya una posibilidad de que la influencia del gusano incluso cambie los sentimientos románticos del huésped, no deberíamos apresurarnos sobre nuestra situación.

Espero que puedas hacer un juicio sereno.

Enviado: 06/25/2011

Título: Algunas preguntas.

En otras palabras, ¿estás diciendo que no estamos enamorados, sino que los gusanos en nuestros cuerpos lo están?

Estoy segura de que una novata como yo no podría entenderlo… pero digamos que hay un gusano con el poder de hacer que su huésped se enamore. ¿Por qué necesitaría tener esa habilidad? Incluso si es la estrategia de propagación del gusano, ¿por qué hacer que los huéspedes se enamoren?

Sería comprensible si los infectados se enamorasen de alguien saludable, lo que incrementaría las probabilidades de infección. ¿Pero qué razón podría haber para que se enamoraran dos personas que ya estaban infectadas?

Doctor, ¿estás intentando decir una mentira que suene plausible para mantenerme alejada y evitar hacerme daño? No puedo evitar sospechar que este es el caso.

Enviado: 06/28/2011

Título: Re: Algunas preguntas.

Tus dudas son comprensibles, Izumi. Estas mismas dudas me han estado plagando estos últimos días. ¿Cómo podría ser ventajoso para su propagación el hacer que dos huéspedes ya infectados se enamoren?

Ayer mientras caminaba por una avenida, tuve una revelación que podría acercarme a la posible respuesta. (Suelo tomar desvíos sin sentido cuando estoy pensando.) exprimí mi cerebro y no pude encontrar una buena explicación, así que mientras miraba a los árboles de yoshino, se me ocurrió.

Cuando era pequeño, tuve un amigo que era una bala perdida que, aunque obtuvo las peores notas en primaria, poseía un nivel de preparatoria referente a conocimientos de biología. Un día, caminaba camino a la escuela junto a él y pasábamos bajo unos árboles de cerezo, y con un pensamiento repentino, me hizo una pregunta: “¿Alguna vez has visto árboles de yoshino con frutas?”

Tras pensarlo por un momento, le dije que nunca había visto tal cosa y con orgullo procedió a explicarme el proceso.

“Eso es porque los árboles de yoshino tienen una fuerte incompatibilidad consigo mismo; una característica genética que impide que autopolinicen. En términos humanos, sería como un sistema que previene la endogamia. Los árboles de yoshino son clones multiplicados artificialmente usando injertos, por lo que sin importar como se junten, cualquier fertilización va a ser endogámica. Por lo que, aunque puede surgir una polinización con otro árbol de cerezo, no puede haber un hijo de dos árboles de yoshino. Y como no son árboles que suelan crecer junto a otros árboles de cerezo, es poco probable verlos tener frutas…”

Y en ese momento del recuerdo, vino a mí.

¿Y si el gusano trabaja igual que los árboles de yoshino?

¿Y si el gusano también poseía un sistema que prevenía que se reprodujera con aquellos que presentaran una genética similar?

Ese pensamiento me continuó persiguiendo. ¿Qué tal si ese sistema de discriminación consistía en prohibir la reproducción entre aquellos que crecieron en el mismo huésped? Para poder reproducirse, se haría necesario que el huésped se acercara a otro infectado. (Después de todo, las flores polinizadas por insectos no pueden solo pedir a los polinizadores que tomen su polen.) Y para completar ese objetivo, ¿no sería perfectamente razonable una estrategia que provocara el amor entre los huéspedes?

Por decir algo, era una idea descabellada. Debido a agujeros en la base, estoy haciendo algunos saltos de lógica. Y parece la idea de alguien que leyó mucha ciencia ficción. Intenté sacármela de encima, olvidarme de ella. Ciertamente, no son solo las plantas y hongos; algunos animales también presentan un sistema de autoesterilidad. Ciona intestinalis, por ejemplo. Pero incluso si fuera por el bien de la diversidad genética, no parece posible que exista una criatura con un método de reproducción tan complejo y engorroso.

Fue entonces cuando dejé de pensar las cosas. Me di cuenta de que, de hecho, existía una criatura que, a pesar de ser capaz de la partenogénesis, poseía un complejo y engorroso método de reproducción… Sí, no había necesidad de decirlo. Me refiero al parásito del que hablaste en una anterior conversación: Diplozoon paradoxum.

No solo se restringe al D. paradoxum. Por ejemplo, algunos tipos de parásito de hígado son hermafroditas y capaces de la partenogénesis, pero no pueden volverse adultos sin entrar en contacto con otro miembro de su especie. Cuando se piensa realmente sobre ello, puede parecer una estrategia reproductiva compleja e ilógica, pero en realidad es bastante común en el mundo de los parásitos.

Estoy tratando de investigar más esta idea. Si realmente existen parásitos que provocan que los huéspedes se enamoren, ¿cómo es que un infectado reconoce al otro? Seguramente, deben estarse mandando alguna clase de señal. No sé cuál es su naturaleza o intensidad, pero… en cualquier caso, mi teoría de la existencia de esta señal se basa en la aparición implausible de todos estos pacientes infectados a mi alrededor. Tal vez aquellos infectados se atraen de forma inconsciente.

Con esta teoría, la aparentemente ilógica estrategia de volver misántropos a los huéspedes también obtiene una explicación posible. Por ejemplo… ¿Qué tal si la intención del gusano no es aislar al huésped, sino hacer que se encuentre con otros huéspedes infectados? Si todos los miembros de un cierto grupo son infectados por el gusano, la exclusividad y cohesión del grupo tendería a dispararse. Si en tal grupo infectado existe una cooperación mutua, entonces la capacidad de continuación es mayor que en un grupo no infectado, y eso aumenta las probabilidades de sobrevivir de cada miembro. Eso es algo extremadamente deseable para un gusano que hace de los humanos su residencia final.

Ya desde hace mucho tiempo se han visto parásitos capaces de cambiar la sociabilidad del huésped. Incluso Dawkins señaló que las estructuras sociales altamente avanzadas de las termitas radican en el control de los microorganismos en sus cuerpos. Mediante la alimentación boca a boca, las termitas esparcen los microorganismos a todo el grupo, y se cree que esta acción es inducida por la necesidad de reproducirse de los microorganismos. Como un ejemplo extremadamente sencillo, incluso existe una teoría sobre la naturaleza social de los monos vervet y los monos japoneses, y por consecuencia, los humanos, causada por un retrovirus. Si los virus y bacterias pueden hacerlo, entonces quizás no hay nada extraño en que el gusano sea capaz de influenciar la sociedad humana.

No tengo sentimiento alguno sobre mantenerte lejos, Izumi. De hecho, es debido a que quiero amarte tanto que necesito desesperadamente expulsar cualquier rastro de duda.

Ahora que lo pienso, en mis casi cincuenta años de vida, siempre he estado solo. Sin importar con quien me emparejase, mis sentimientos nunca se sacudieron, y mientras más me relacionaba con las personas, más vacío me sentía. Por lo que muy pronto, antes de entrar en los cuarenta, entré en una clase de estado impasible, viendo pasar los días y viviendo con el pensamiento de que estaba muriendo lentamente. Pero al conocerte, mi corazón ha vuelto a latir como no lo había hecho en mucho tiempo. Cuando hablo contigo en persona, mi corazón duele como el de un joven que aún aprende a amar. Y es por eso que tengo dudas. Si estos sentimientos son causados por un simple gusano, sería la mayor burla hacia la humanidad.

Enviado: 06/30/2011

Título: (Sin título)

Me alegra que te sientas así, doctor.

Estoy muy, muy feliz.

Tanto que podría morir.

Pero si tu teoría es correcta, entonces si el gusano se va, también perderé estos sentimientos.

He llegado a pensar que es algo muy triste.

Iré al hospital a principios de julio.

Tanto tiempo.

*

La correspondencia entre ambos terminaba ahí. Kousaka se quedó en silencio por un momento, todavía mirando los documentos.

Volvió a mirar las fechas del artículo y los correos. Su correspondencia terminó el 30 de junio, y para el 20 de julio ambos cometieron suicidio. Solo dios sabía que ocurrió en ese periodo de veinte días. No le contaron a nadie la parte más importante, y se llevaron el secreto a la tumba.

No había preguntas sobre la razón de Urizane al mostrarle aquello. Kanroji e Izumi se habían enamorado debido a la influencia del gusano, y poco después llevaron a cabo un misterioso doble suicidio; por lo que era altamente probable que Kousaka y Sanagi, que también se habían enamorado por el mismo motivo, repitieran la tragedia.

Más o menos, debía de ser eso.

Kousaka devolvió el recorte de periódico y los documentos a Urizane. Y preguntó.

—¿La H aquí mencionada es Sanagi?

—Sí, estás en lo correcto —Urizane afirmó.

Kousaka lo ponderó por algunos segundos, luego hizo otra pregunta.

—¿La personalidad de Sanagi ahora es diferente a antes de que fuera infectada con el gusano?

—Esa es una dura pregunta —La boca de Urizane se frunció levemente, y él rascó su nuca— De cierta forma, tienes razón, pero… las cosas están demasiado enredadas como para estar seguros.

—¿Lo que significa…?

Urizane inclinó levemente su cuerpo para mirar a través de la ventana. La silla crujió al moverse. La parte superior de la ventana estaba oscurecida por una gran columna colgando del techo.

—Explicaré las cosas en orden, eso incluido. Las cosas que le ocurrieron a Hijiri Sanagi el año pasado. Y la forma en que el gusano arruinó su vida.

Urizane colocó las manos sobre las rodillas y se sentó derecho.

Así comenzó:

Empezó con el suicidio de cierta pareja.

Estaban en buenos términos, no tenían problemas económicos, el trabajo del marido iba bien, la esposa se complacía con ser ama de casa, y su única hija crecía adecuadamente. Era la viva imagen de una feliz familia. No había ninguna razón para que quisiesen quitarse la vida.

Aun así, no quedó duda que sus muertes fueron producto del suicidio. Los transeúntes los vieron saltar desde un puente tomados de las manos… eso fue hace aproximadamente un año.

Solo quedó su hija. Hijiri. Acababa de cumplir los dieciséis, y no tenía otros parientes, por lo que fue puesta bajo el cargo de su abuelo por parte de madre; ese soy yo.

Por algún tiempo desde que tomé la custodia, difícilmente me habló. No era como si se negara a hablar, sino como si hubiera olvidado como hacerlo. Solía ser una chica alegre con muchos amigos, pero, como una persona cambiada, se volvió silenciosa, usando el mínimo de palabras posibles incluso en la escuela. En ese momento pensé que se debía al shock por la muerte de sus padres. Su madre (A pesar de que no había escuchado hablar de ella en mucho tiempo) era mi hija, después de todo, y yo me había separado de mi mujer hacía dos años, por lo que podía entender perfectamente la tristeza de Sanagi.

Sin embargo, la verdad fue diferente a mis expectativas. Ella no estaba solamente triste y acongojada.

Había estado pensando por sí misma todo el tiempo.

Eventualmente, dijo algo sin previo aviso.

—No creo que lo de mis padres fuese un suicidio.

—¿A qué te refieres? —pregunté. Y ella comenzó a hablar sin parar. Sobre como sus padres habían comenzado a actuar de forma extraño cerca de medio año antes del suicidio. Empezaron a temer anormalmente a otras personas, y demostraron unos complejos ilógicos de persecución. Decían que los vecinos los observaban y que estaban siendo perseguidos.

—Al principio me pareció extraño, pero ahora, creo que puedo entender la razón por la que repentinamente se volvieron así —me dijo—. Ambos estaban enfermos. Y parece que también me he contagiado.

No podía entender ni la mitad de las cosas que Hijiri estaba diciendo. Sin embargo, cuando no mucho después comenzó a saltarse la escuela, y se volvió distante de mí, finalmente entendí a qué se refería.

Sentí naturalmente que estaba recorriendo el mismo camino que sus padres. Pude comprender que, si la dejaba sola, entonces llegaría a un punto de no retorno. Y no parecía poder sanar de forma natural.

Llevé a Hijiri a varios psicoterapeutas y psiquiatras. Pero no hicieron descubrimientos importantes; todo lo que quedó claro fue que tenía miedo a ser observada por los demás, y no mostraba señales de mejorar.

Una salida se vislumbró en las palabras de cierta psicóloga clínica. Mientras me explicaba el tratamiento a seguir, la joven mujer me dijo:

—Eso me recuerda…

—A mitad de la conversación, Hijiri me dijo: “Hay un gusano en mi cabeza”. Parecía no estar esperando una reacción por mi parte, pero aquello me sorprendió. Pensé que podía ser una pista para entender su caudal de pensamiento, por lo que le pedí que me explicara en detalle. Pero dijo que era una broma y evadió la pregunta, y desde entonces no volvió a sacar el tema del gusano.

Después, la psicóloga clínica me explicó la interpretación psicológica común para aquella frase. En raras ocasiones, un inmenso estrés o desórdenes mentales podían provocar la ilusión de estar infestado de parásitos.

Sin embargo, extrañamente me quedé pensando en aquella frase. Cuando dormía, al despertar, esas palabras no dejaban en paz mi cabeza. No pude sino sospechar de un significado especial en aquella frase. Supongo que no provino de mis suposiciones como doctor, sino como un instinto de abuelo.

Al final, parecía que ya no tenía dolores de cabeza, y seguí usando los calmantes de forma consistente. Lo consideré algo común para una chica de su edad, pero una vez comencé a sospechar, no podía detenerme hasta confirmar la causa.

Yo mismo le pregunté, pero Hijiri se mantuvo firme diciendo que nunca había dicho nada como aquello. Por lo que inventé una razón para sacarle sangre, y le llevé a investigar.

Tragué en seco al recibir los resultados. Había un incremento de eosinofilos y altos niveles de IgE, características comunes en reacciones alérgicas e infecciones parasitarias. Por supuesto, con solo eso no podía concluir que en efecto hubiera un gusano en su cabeza, pero era claro que algún tipo de cambio le estaba ocurriendo a su cuerpo.

Uno de mis amigos, un profesor especializado en el campo de la parasitología, me ayudó. Ese profesor era Yutaka Kanroji; el hombre envuelto en el incidente.

Se encontraba hacia el final de sus cuarenta, y tenía expresión de científico temperamental, pero también era bastante alto con rasgos faciales impactantes. Era un hombre encantador. Parecía ser famoso en el área, conocido por su pasión referente a la parasitología, era sabido que no dudaría en infectarse a sí mismo con un parásito por el bien de la investigación.

Hablé con el profesor Kanroji. Sobre la ilógica muerte de la pareja, las anormalidades de mi nieta, sus dolores de cabeza crónicos, el gusano en su cabeza, y los resultados del análisis sangre. Estaba preparado para que se riera de mí, pero el profesor Kanroji mostró un interés sin precedentes. Por encima de todo, pareció reaccionar de forma aguda ante la mención del gusano en su cabeza y la scopofobia.

Le hicieron varias pruebas a Hijiri. La semana siguiente, intenté llevarla conmigo para escuchar los resultados, pero se negó, usando como excusa sus dolores de cabeza. Podía ver que solo era temporal, pero no quería forzarla a ir si no quería, por lo que me dirigí solo al hospital del profesor Kanroji.

Ahí, fui informado de la impactante verdad.

—Primero, dale un vistazo a esto.

El profesor Kanroji me mostró el MRI del cerebro de Hijiri. Ahí, pude ver varias áreas anilladas en contraste. A continuación, me mostró los resultados de las pruebas de sangre. Antes de que viera los números, el profesor Kanroji me informó entusiasmado.

—Para ir al punto, hay un parásito en la cabeza de tu nieta.

Exhalé, y asentí lentamente. De alguna forma, fui capaz de aceptar la verdad con verdadera calma, incluso aunque lo encontrara raro.

El profesor Kanroji continuó:

—Sin embargo, en cierto sentido, podríamos decir que tu nieta es extremadamente afortunada. Por supuesto, no queda duda de que la infección parasitaria de por si es desafortunada… pero no es nada menos que un milagro el hecho de que acudieras primero a mí para examinarla.

Entonces me explicó había tenido otros pacientes con síntomas similares a los de Hijiri. Que tenían una especie nueva de parásito alojado en sus cerebros, y como era posible que estos gusanos pudiesen manipular las mentes de sus huéspedes, pero que era perfectamente curable con los tratamientos existentes.

Al día siguiente visité el hospital con Hijiri. Y comenzó el tratamiento bajo el cuidado del profesor Kanroji. Así fue como nos vimos envueltos en la vida del profesor; pero ni siquiera un mes después, supimos de su muerte.

El suicidio del profesor Kanroji salió en todas las noticias. Un profesor de medicina cometiendo suicidio en una institución universitaria ya era de por si toda una historia, pero no era solo un suicidio, sino uno doble con una de sus pacientes. Causó un gran revuelo. Todo tipo de teorías salieron a relucir.

Le mostré a Hijiri el artículo del periódico sobre la muerte del profesor Kanroji. Sabía que no habría un punto en esconderlo. Ella lo observó, y dijo para sí:

—Huh, justo como mis padres.

Esa fue la misma impresión que tuve.

—El profesor seguramente usó su propio cuerpo como sujeto de pruebas del parásito —Hijiri dijo con una expresión impasible—. Y era tan buena persona…

—¿También piensas que el parásito haya sido la causa del suicidio? —pregunté, y ella asintió como si fuese obvio.

—El paciente con el que cometió suicidio probablemente era uno de los infectados. La mujer que fue a él justo antes de mí.

Pensé sobre ello, y entonces le pregunté.

—Esto es una pregunta seria. ¿Ahora mismo sientes el más mínimo deseo de morir?

—Supongo que estaría mintiendo si dijera que no hay ninguno —Hijiri se encogió de hombros—. Pero ya ha sido así por un largo tiempo. No es que comenzara ahora. Basta con decir que es una personalidad sombría.

Estaba aliviado de escuchar aquello.

—Supongamos que este parásito es una peligrosa criatura que puede provocar que el infectado cometa suicidio —dijo, golpeando suavemente su frente—. ¿Tal vez esos síntomas pueden diferir entre las personas? Si no lo hicieron, la primera pareja que fue al hospital debió haberse suicidado hace un tiempo ya.

—¿No estás asustada? —No pude evitar preguntar, tal vez por ver como mi nieta aceptaba aquella situación de forma tan calmada.

—Estoy asustada. Pero al menos ahora las cosas están claras. Mis padres no se suicidaron y me abandonaron. El parásito los mató.

Hijiri sonrió al decir aquello. Irónicamente, aquella era la primera sonrisa que veía en ella desde que tomara su custodia.

Solo noté aquella tarde que el profesor Kanroji me había enviado un mensaje justo antes de suicidarse.

Tal le preocupó siempre el quitarse la vida y abandonar a sus tres pacientes. Es por eso que me lo confió, a mí que trabajaba en lo mismo, y como un pariente de su paciente, conocía sobre las circunstancias del parásito. Probablemente me envió el correo porque no tuvo tiempo de escribir un mensaje.

Leí esos correos una y otra vez, pero aún no sé nada sobre el mecanismo que provoca al gusano a inducir la muerte de su huésped. Lo que sí es cierto es que ni siquiera el intelectual profesor Kanroji pudo resistirlo.

Mi hice cargo del tratamiento de Yuuji Hasegawa y Satoko Hasegawa; los Y y S mencionados en los correos. Los desórdenes parasitarios no son mi especialidad, pero al seguir el tratamiento descrito en los correos, continué desparasitando a los Hasegawa y a Hijiri.

Considerando que los cuatro que han muerto hasta ahora eran parejas, le pedí a los Hasegawa que se separaran un poco por ahora. De inmediato tomaron me consejo. Casi parecía que se sentían aliviados por tener una justificación para estar separados. Por lo que era justo como el profesor Kanroji mencionó en el correo. Parecía que su relación había sido arruinada más allá de las posibilidades.

Mientras que los Hasegawa mejoraban, los síntomas de Hijiri no mostraban ningún signo de mejoría. Debía estar tomando los mismos medicamentos, pero la diferencia en su efectividad era impactante. La misantropía de los Hasegawa disminuyó gradualmente, pero Hijiri, en cambio, solo empeoró.

Una vez que descubrí que en realidad no se los tomaba todo cobró sentido.

Un día lo presencié. Vi como Hijiri tiraba la medicina a la basura en lugar de tomársela. Ella advirtió mi presencia, y no se disculpó; solo se encogió de hombros, como si me dijera que me enfadara si quería.

Esa vez le di una reprimenda. Le pregunté si sabía lo que estaba haciendo, y con un suspiro respondió en un murmuro.

—No necesito curarme. No me importa si me mata. Quiero despedirme rápido de este mundo.

Intenté decirle que aquellos pensamientos eran debidos al gusano en su cuerpo, que la hacían querer protegerlo; pero no tuvo efecto por mucho que traté. Pronto, se pintó el cabello de un color brillante y se agujereó las orejas. Se saltaba la escuela y empezó a leer nada más que viejos libros de filosofía y artículos sobre parásitos.

Creí que para poder expulsar el gusano del cuerpo de Hijiri, necesitaba crear un deseo de ser curada en ella. Sin embargo, no tenía idea de cómo provocar esa actitud.

Fue entonces cuando apareció el señor Izumi. El apellido del hombre que apareció ante mí aquel día sin cita previa me parecía familiar. Y por supuesto que lo era. Resultó ser el padre de la señorita Izumi, la mujer que cometió suicidio junto al profesor Kanroji. También había recibido un correo de parte del profesor, y sabía sobre el gusano.

Era un guardaespaldas, actualmente trabajando en una gran corporación defensiva, pero mi primera impresión de él fue la de un científico o ingeniero. Su forma de hablar me hacía pensar eso. El señor Izumi no despreciaba al insolente doctor que había llevado a cabo un doble suicidio con su paciente. De hecho, respetaba al profesor Kanroji como un valiente doctor que intentaba curar a su hija, incluso al costo de su propia vida.

Me pareció extraño que estuviese tan calmado. ¿Habría sido yo capaz de mantener la compostura si hubiese sido mi nieta la que se suicidara junto al profesor Kanroji? No, creo que eso sería imposible.

El señor Izumi vino a mí para preguntar si había algo que pudiese hacer para ayudar a exterminar el gusano. Al principio, decliné amablemente su oferta. Lo apreciaba, pero honestamente dudaba de que un hombre de leyes como él pudiese ser de alguna ayuda.

Sin embargo, él no se rindió. Me rogó que le dejara ayudar. Vi una luz inusual en sus ojos. Supuse que, tal vez, el señor Izumi deseaba que la muerte de su hija tuviera alguna clase de significado. La muerte de su hija había sido lo que lo había impulsado a querer salvar a los demás pacientes; ¿era aquel el desarrollo que esperaba? Quizás yo apenas sería capaz de proveerle de algo por el estilo.

Simpaticé profundamente con él, y decidí acceder a su pedido. Finalmente encontré un trabajo que era capaz de hacer.

Cuando le conté que Hijiri era pesimista sobre el tratamiento y tenía poca voluntad de vivir, él se sobresaltó.

—Déjamelo a mí —golpeó su pecho—. Definitivamente lograré que tu nieta abra su corazón.

Y así el señor Izumi comenzó sus esfuerzos para devolver las ganas de vivir a Sanagi. Y tiempo después te encontró a ti. Fue una completa coincidencia. Él solo buscaba personas que pudiesen crear una relación cercana con Hijiri, y nadie imaginaría que encontraría a otra persona infectada con el gusano.

En cualquier caso, el resultado fue que tú y Hijiri se enamoraron, y ella finalmente abrió su corazón. Si no hubiera aceptado la oferta del señor Izumi, Hijiri probablemente seguiría sola y manteniendo la oscuridad en su corazón para sí misma. Supongo que esto sería mi recompensa por ayudarlo a él.

*

La historia terminó ahí. Urizane se aclaró la garganta. Debía de estar cansado de hablar.

Kousaka trató de organizar mentalmente los contenidos de los correos y la historia de Urizane. Los tres puntos que comprendió sobre los gusanos en su cuerpo y el de Sanagi eran los siguiente:

1. El gusano aísla al huésped.

2. El gusano hace que los huéspedes se enamoren.

3. Cuando se cumplen ciertas condiciones, los huéspedes se suicidan.

—Es decir —finalmente habló—, ¿me has llamado aquí para matar los gusanos en nuestros cuerpos antes de que suframos el mismo destino que el profesor Kanroji y la señorita Izumi?

—Exacto.

—Lo que significa… —Kousaka pensó—. ¿Vas a separarnos?

—Precisamente. Fuimos nosotros quienes los hicieron unirse, pero la situación ha cambiado. El señor Izumi te contrató para ser el amigo de Sanagi y así abrir su corazón y recuperar sus ganas de vivir. Su juicio no era erróneo, pero… si todo ha sido por la influencia del gusano, entonces es una historia diferente. Lo siento mucho, pero no puedo permitir que estés más junto a Sanagi. En caso de que ocurriera lo impensable.

Kousaka intentó imaginar aquello a lo que Urizane se refería por impensable. Y de inmediato, le escena de él y Sanagi cometiendo suicidio se impactó muy fuerte en su corazón. Se dio cuenta que, de la forma en que se encontraban en ese momento, no era un final de los acontecimientos tan descabellado. Si Sanagi le pedía hacerlo, el seguramente no se negaría, y sería de la misma forma probablemente si era él quien lo pedía. Solamente la dificultad de vivir era más que razón suficiente.

Tal vez solo era cuestión de tiempo antes de que llegara a esa idea, solo que aún no ocurría. Quizás el próximo día podría surgir en su cabeza la idea de un doble suicidio, y entonces convencería a Sanagi. Pensar en aquello le hizo retorcerse en un escalofrío.

Mientras Kousaka pensaba en silencio con los brazos entrecruzados, Urizane habló.

—No espero una respuesta inmediata. Asumo que necesitas tiempo para ordenar todo este repentino flujo de información.

Kousaka asintió.

—Esperaré cinco días. Por favor, decide si quieres seguir o no con el tratamiento en ese tiempo. El tratamiento es sencillo, por lo que no hacen falta preparaciones importantes, y podemos empezar tan pronto como nos des una respuesta.

Kousaka recordó que en los correos Kanroji explicaba que no era necesaria la cirugía en el tratamiento; una simple medicina era suficiente.

—Por supuesto, personalmente estoy esperando que te sacudas la tentación del gusano y sigas adelante con el tratamiento. Sin embargo, no te forzaré. A menos que sea un pariente, no forzaría a ningún paciente a tomar ningún tratamiento que no desee.

“Cinco días”, Kousaka repitió en su mente. Debía tomar una decisión para entonces.

—Y añadiré esto solo por si acaso —dijo Urizane—, si te niegas al tratamiento, no volverás a ver nunca más a Hijiri. No sé si ella aceptará el tratamiento o no, pero, en cualquier caso, es muy peligroso que dos personas infectadas estén juntas.

—Cierto —Kousaka dijo—, y tampoco se curarían mi germafobia ni mi misantropía.

—Ciertamente. E incluso si sigues adelante con el tratamiento, hasta que no estemos seguros de que el gusano ha abandonado por completo ambos cuerpos, no te dejaré estar cerca de Hijiri. ¿Puedo contar con que lo comprendas?

—… sí.

Entonces Urizane pareció recordar algo, abrió un cajón de su escritorio, y le dio una fotografía a Kousaka. Mostraba algo que se asemejaba a una mancha usada en una prueba de Rorschach. Por la progresión de los eventos anteriores, Kousaka se hizo una idea de la identidad de la imagen borrosa.

—¿Es una foto del gusano?

Urizane asintió.

—Ver la foto lo hará sentir un poco más real, ¿verdad? Ilustrados aquí hay dos gusanos fusionados. Fue mencionado en el correo del profesor Kanroji, pero al parecer cuando el parásito se encuentra con otro, las partes masculina y femenina se enlazan, y se juntan en forma de Y.

Kousaka volvió a mirar la foto. Los gusanos, de un color rojo, se veían menos como una Y, y más como un corazón aplastado por un niño pequeño.

Cuando regresó a la sala de espera, Izumi y Sanagi, que estaban sentados en el último sofá, le dirigieron una mirada. Él le sonrió a Sanagi, pero ella evitó su mirada y bajó la cabeza.

—Parece que has terminado —dijo Izumi—. Te llevaré a casa.

—Nos vemos, Hijiri —Izumi le dijo. Parecía que ella se quedaría allí. Tal vez este era tanto un hospital como un albergue, y ella se quedaba en la clínica.

Kousaka se detuvo frente a ella, queriendo decir algo para aliviarla antes de irse. Pero no supo qué decir.

No, en realidad sí sabía. Solo debía aclarar que, incluso después de oír aquello, sus sentimientos por ella no cambiarían. Era simple.

Pero Kousaka no podía hacer eso. No tenía la misma confianza que antes en sus propios sentimientos.

Ahora que lo pensaba, todo había sido muy poco natural desde el principio. ¿Por qué se había sentido ella cautivada por un bueno para nada como él? ¿Por qué sus desórdenes compulsivos mejoraban cuando estaban juntos? ¿Por qué había surgido el amor entre ellos con tal diferencia de edad? Había demasiados aspectos ilógicos.

Bien parecía que todo había sido una ilusión óptica causada por el gusano. Sanagi y él no se habían enamorado; lo habían hecho los gusanos en sus cabezas.

Sintió como si lo hubieran engañado a la perfección. Como un rebote de la felicidad que había sentido hacía apenas unas horas. Los sentimientos de Kousaka rápidamente se calmaron.

Al final, dejó la clínica sin decir una palabra a Sanagi. Durante el viaje de regreso, tan solo miró fuera de la ventana sin fijarse en nada, pero cuando comenzaron a acercarse al apartamento, dijo a Izumi.

—Um… Hay algo que olvidé preguntar sobre el gusano…

—¿Qué? —Izumi preguntó, sin voltear su cabeza—. Responderé si puedo.

—¿Se ha identificado su ruta de infección?

Izumi negó con la cabeza.

—Aún no está claro. Pero Urizane piensa que puede ser vía oral. Fuiste lo suficientemente desafortunado para comer comida con el gusano dentro. ¿Tienes alguna idea?

—Desafortunadamente no.

—Eso pensé… ¿alguna otra pregunta?

—¿El gusano se puede esparcir de persona a persona?

—Lo hace —Respondió rápidamente. Izumi parecía preparado para esa pregunta—. El gusano adulto reside en el sistema nervioso central, pero los huevos y larvas se mueven por todo el cuerpo a través del torrente sanguíneo… Pero el solo vivir juntos no hará que se esparzan. O si no, el gusano no tendría ningún problema en hacer que los huéspedes se enamorasen. Entiendes lo que digo, ¿no?

—Si —Kousaka dijo—. Es como alguna clase de enfermedad de transmisión sexual, ¿cierto?

Izumi sonrió.

—Sí, veo que no eres tímido con respecto al tema. Entonces, sabemos que tu gusano no provino de Sanagi. Sino que ha estado hurgando en tu cuerpo desde mucho antes.

—Lo sé. No dudaba de Sanagi. Solo sentía curiosidad.

La respuesta de Izumi había finalmente resuelto el misterio. El 20 de diciembre, Sanagi había tratado de besar a Kousaka mientras este dormía. Pero la atrapó justo a tiempo, y ella dijo que había estado a punto de hacer algo de lo que no había vuelta atrás.

Sanagi probablemente planeaba poner al gusano dentro de Kousaka. En ese momento, nadie sabía que él era también un huésped. Y Sanagi sabía que los huéspedes del gusano se veían forzados a enamorarse.

Ella pensaba volver perfecta su relación usando al gusano. Pero justo antes de actuar su moral regresó. Se dio cuenta ante el hecho de que podría poner la vida de Kousaka en peligro, no pudo soportar verlo después de eso, y huyó.

Aquella parecía ser la realidad.

Tras dejar a Kousaka frente a su departamento, Izumi habló.

—Regresaré dentro de cinco días. Estate preparado para entonces.

—No creo que me tome tanto tiempo.

—No tienes que pensarlo mucho. Puede pasarle a cualquiera. El alcohol, la soledad y la oscuridad pueden engañar tus ojos, y hacer ver un amor predestinado. Y cuando ambos despiertan al día siguiente, notan el error que han cometido. Es lo mismo que te ha ocurrido.

Sin nada más que decir, Izumi se fue.

Kousaka no se fue adentro; se quedó en la entrada mirando las luces fuera de las ventanas de los apartamentos y residencias cercanas. Pensaba en como del otro lado de aquellas ventanas había personas viviendo vidas totalmente diferentes; se sentía extraño. Había pasado demasiado tiempo desde que se había vuelto tan consciente de las vidas de los demás.

Entonces, de la nada, Kousaka pensó en la muerte de su madre.

“Tal vez, no era yo el único infectado con el gusano”

“Quizás el suicidio de mi madre fue provocado por el gusano”

En el mes del suicidio, ella se había comportado extrañamente amable, y lo había tratado con afecto. Eso nunca había tenido sentido para él. La madre que conocía no admitiría sus errores ni aunque el mundo dependiese de ello.

Pero si era por el gusano, entonces podía aceptarlo. Su madre, que se había vuelto misantrópica por el gusano, solo pudo abrir su corazón a Kousaka, igualmente infectado. Ambos parásitos se estaban llamando.

Por alguna extraña razón, se sintió feliz. Pensó que ahora podía odiar a su madre sin problemas. Hasta el final, ella no habría amado a Kousaka por decisión propia. Aquel hecho limpió su mente, la liberó.

Un comentario

  1. Preguntas y ma preguntas
    Por qué la madre del prota se suicidó sola?
    Hay relación en la edad de los huéspedes? Ya que todos tenian una clara diferencia, doctor y paciente, prota y madre, Isagi y prota
    Se puso buena la cosa
    Gracias por el capítulo!!

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