Parásito enamorado — Capítulo 4


Traductor: Electrozombie

Editor: Fixer-san y Aoisora


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Este mundo infestado

Kousaka se colocó los guantes, se recostó profundamente en su silla de trabajo, y abrió una revista. Como pudiera esperarse, era una revista de ciencia concerniente a los parásitos. En la portada podía leerse “El Diario de la Parasitología”, y todos los contenidos se encontraban escritos en inglés. Kousaka estaba impresionado. Ella podía leer inglés así de complejo a tan corta edad.

Al pasar las páginas, encontró una con una etiqueta. Un artículo de un tal Norman R. Stoll, nombrado “Este Mundo Infestado ”. Kousaka no estaba seguro de como traducirlo. ¿Significaba que era un mundo comido por los gusanos? ¿O un mundo con forma de gusano? No, no podía olvidar que era una reseña de parasitología. Entonces, quizás, lo más correcto sería decir que se refería a un mundo repleto de parásitos.

El sonido de la ducha, proveniente del baño, cesó. Cerca de cinco minutos después, Sanagi apareció, vistiendo un pijama. Al verla con una toalla negra sobre su cabello, Kousaka murmuró un —huh— de sorpresa.

—¿Qué ocurre? —ella preguntó.

—Oh, no es nada… solo pensé que, con el cabello plateado cubierto, parecías una chica normal.

Los ojos de Sanagi brillaron y señaló a su cabeza.

 —Oh, ¿esto? Lo siento por no ser una chica normal.

—No estoy diciendo que tu cabello se vea mal ni nada de eso. Solo sentí algo de frescura al pensar en cómo se vería de color negro.

—Supongo que te gustan las chicas con pelo negro, piel suave, amables y sin piercings, señor Kousaka —Sanagi dijo de forma maliciosa, sentándose con las piernas cruzadas sobre la cama.

—No dije nada de eso.

—¿Entonces cómo explicas todas esas cosas en tu computadora?

—¿… a qué te refieres?

—Solo bromeo. Quería molestarte un poco.

—No puedes hacer bromas tan pesadas —Kousaka suspiró, recostándose.

Sanagi repentinamente notó lo que había en su mano, y sus ojos se abrieron de par en par.

—Oye, esa revista es…

—Sí —él había olvidado por completo la revista hasta que ella la señaló—. Lo siento, siempre me causó curiosidad saber que leías. ¿No debí haberla tocado?

—No realmente, pero… ¿qué piensas de ella?

—Fue un poco difícil para mí. ¿Sanagi, eres buena en inglés?

—Nah. No salgo bien en los exámenes.

—¿Pero puedes leer estos artículos académicos?

—Solo en este campo. Todos tienen una composición similar, por lo que se me ha hecho familiar.

—Eso es algo importante. Me gustaría contárselo a un estudiante universitario vago —entonces lanzó la pregunta que antes le incomodaba—. Por cierto, ¿cómo traduces esta parte?

Sanagi se levantó y se posicionó detrás de Kousaka, mirando el párrafo que el señalaba. El dulce olor del champú cosquilleó en su nariz. Ella se encontraba a una distancia que normalmente le causaría repulsión, pero estaba bien ya que se había bañado.

—¿Eres un adulto y no sabes algo tan simple? —Sanagi le molestó.

—Los adultos no son las fantásticas criaturas que te imaginas —Kousaka respondió— ¿Entonces qué significa?

—Creo que, en un libro que leí anteriormente, se traducía como “un mundo lleno de insectos” —Sanagi sopesó, como si estuviera rebuscando en su memoria—. Fue famosamente usado por Norman Stoll en 1947 para describir un mundo en el que las enfermedades parasitarias se esparcían libremente.

—Esa es una frase horrible —Kousaka enfurruñó la frente.

—Incidentalmente, más de una década después, la situación prácticamente no ha cambiado. Las personas en este mundo cargan inconscientemente muchos tipos de parásitos en sus cuerpos. Y Japón no es la excepción. Ciertamente las enfermedades parasitarias más conocidas, como la ascariasis, esquistosomiasis y malaria se han ido, pero los parásitos normalmente se entierran en lo profundo de nuestros cuerpos, esperando por una oportunidad para infestarnos. O puede que la persona ya esté infestada, pero nunca se dé cuenta.

Kousaka suspiró.

—Parece que la mente de un friki de la limpieza nunca descansará.

—Desafortunadamente.

Sanagi dijo que iría a secar su cabello y salió de la sala.

Desde aquel día en que se habían sincerado sobre sus problemas, Sanagi había empezado a ducharse antes de entrar en la habitación. Kousaka dijo que no tenía que mostrar tanta consideración, pero ella respondió “Estoy en mi derecho, ¿verdad?”. Una vez que se lavaba, se enfundaba en un cambio de ropa que traía, entraba en la sala, se recostaba en la cama, y leía, y si estaba de humor hablaba con Kousaka.

Tras regresar del baño, parecía que aun deseaba charlar, por lo que, en vez de acostarse, se sentó frente a Kousaka.

Entonces, él preguntó:

—Parece que siempre estás leyendo libros sobre parásitos. ¿Qué es lo que hay en ello que tanto te cautiva?

—… podría decirte, pero sentirás asco y malestar, ¿estás bien con eso, señor Kousaka?

—Estaré bien siempre que lo escuche dentro de estas cuatro paredes.

—Veamos… —Sanagi colocó la mano bajo su barbilla y lo pensó por un momento—… Señor Kousaka, ¿has escuchado hablar del Diplozoon paradoxum?

Cuando Kousaka negó con la cabeza, ella comenzó a explicar la ecología del parásito. Su copulación eterna, su apariencia que se asemejaba a la de una mariposa, su amor predestinado a primera vista, la ceguera del amor, gusanos que eran las mitades de un todo. Tras hablar durante un rato, Sanagi se dio cuenta de lo mucho que se había emocionado, y su rostro enrojeció, pero Kousaka dijo “Sigue hablando”, y ella no se cortó.

—Este arete —ella apartó su cabello para mostrarle—, también está modelado a partir de la forma de un parásito.

—Parece solo una flor azul para mí. ¿Entonces hay un parásito así?

—Correcto. Se llama Kudoa septempunctata, y pertenece a la familia de los Myxozoa. Estos parásitos usan a los peces y anélidos como huéspedes alternativos y cada una de sus esporas posee de seis a siete estructuras, similares a los pétalos de una flor, llamadas cápsulas polares; por lo que, desde encima, parece completamente una flor. El llavero del D. paradoxum es un poco exagerado, pero si se pinta de azul el K. septempunctata, entonces se verá exactamente igual a este arete. Revísalo.

Como se le instruyó, Kousaka buscó la imagen del parásito con su teléfono. Y ciertamente, aparecieron varias imágenes de microorganismos bajo un microscopio, y se veían justo como el arete de Sanagi.

—La viva imagen, ¿cierto?

—Me sorprende que exista un parásito tan bonito.

—Bueno, este provoca intoxicación en la comida, por lo que es peligroso para los humanos.

Kousaka bajó su teléfono.

—¡Hay otros parásitos interesantes como este!

—Hmm, bueno, cambiemos un poco el curso para el siguiente —Sanagi cruzó los brazos y pensó por un momento—. Ya que eres un friki de la limpieza, incluso sin estudiarlos, estoy segura de que conoces al Toxoplasma gondii.

—Sí, naturalmente. —Finalmente, un nombre conocido— Son parásitos que se transmiten de los gatos a los humanos, ¿cierto?

Sanagi asintió.

—Sí. Son famosos por ser la causa de la toxoplasmosis. Sus huéspedes finales son los gatos, pero pueden infectar a la mayoría de animales de sangre caliente, lo que, por supuesto, incluye a las personas.

—¿Huésped final? —Kousaka preguntó, había aparecido un término desconocido.

—El huésped que es el objetivo final del parásito —Sanagi explicó en los términos de un hombre de leyes—. Algunos tipos de parásitos infectarán distintos huéspedes en varias etapas de su crecimiento. Por ejemplo, los Anisakis, nematodos que son la causa de las anisakiasis, primero se incuban en el agua, luego viven dentro de crustáceos como los camarones. Evitan la digestión y sobreviven en sus cuerpos hasta que llegan a la tercera etapa larvaria. Entonces, el crustáceo es comido por un pez más alto en la cadena alimenticia, y el Anisaki continúa madurando dentro del cuerpo de ese pez. Luego el pez es devorado por una ballena, y el Anisaki puede pasar de la cuarta etapa larvaria y convertirse en un adulto dentro del intestino de la ballena. Sus huevos son depositados junto a los excrementos de la ballena y llegan al agua. Este es el ciclo de vida de los Anisakis. En este caso, el crustáceo sería el primer huésped intermedio, el pez el segundo huésped intermedio, y la ballena el huésped final. Un huésped final es el destino final de un parásito. Si no puede infectarlo, entonces no puede reproducirse.

—… entonces, de regreso al tema. ¿Cuántas personas supones que están infectadas por el Toxoplasma en todo el mundo? —Sanagi preguntó.

—Si es cierto que puede infectar a la mayoría de los animales de sangre caliente, entonces estoy seguro de que es un numero bastante grande. ¿Algunos cientos de millones de personas?

—Más de un tercio de la población —ella dijo entusiasta—, algunos billones de personas.

Los ojos de Kousaka se abrieron de par en par.

—¿Tantos?

—Si restringiéramos el radio solo a Japón, creo que la cantidad podría ser un poco menor. Tal vez un diez o veinte por ciento como mucho.

—De cualquier forma, sigue siendo un montón… pero, por otro lado, esa es la prueba de que el Toxoplasma es inofensivo para lo humanos, ¿cierto? Si no fuera ese el caso, estoy seguro de que todo el mundo estaría en pánico.

—Si. No hay problema si infecta personas sanas. Y a la larga, se ha probado que es inofensivo para todos excepto para aquellos con inmunodeficiencia y mujeres embarazadas. Pero últimamente, se ha hablado de la posibilidad de que altere las acciones y personalidad de las personas.

Sanagi tocó su frente.

—Se han hecho interesantes investigaciones sobre los efectos producidos tras infectar un huésped con el Toxoplasma gondii. Las ratas macho infectadas con este protozoo dejan de temer a los gatos, que deberían ser sus depredadores. Aparentemente el Toxoplasma controla a la rata, usándolo como huésped intermediario, para provocar que sea más fácil que un gato, el huésped final, se la coma.

—¿Controla al huésped? —la voz de Kousaka se quebró horrorizada. ¿No es eso igual al libro Amos de Títeres de Heinlein ?

—Cuando diseccionaron a la rata infectada, el área alrededor del sistema límbico cerebral tenía una gran cantidad de quistes. Y al analizar el ADN del Toxoplasma gondii, encontraron la presencia de genes relacionados a la segregación de dopamina. No conozco los mecanismos exactos, pero parece que el Toxoplasma puede controlar al huésped a conveniencia para poder reproducirse. De hecho, que los parásitos controlen a su huésped es algo normal. El Dicrocoelium y el Leucochloridium son ejemplos famosos. Ambos provocan el suicidio o la inanición en los huéspedes intermedios.

Kousaka pensó por un momento, luego habló.

—¿Entonces dices que algo similar podría ocurrir en los cerebros humanos infectados con Toxoplasma?

-Correcto. Investigaciones recientes muestran que un hombre infectado con Toxoplasma gondii muestra una mejor reacción al olor de los gatos que otro que no lo está. Sin embargo, parece que lo opuesto ocurre en las mujeres.

-Eso es extraño. ¿El efecto de los parásitos es diferente según el género?

-No he escuchado mucho sobre el tema con respecto a otros parásitos, pero es una tendencia que he visto en mi investigación sobre el Toxoplasma. Hay resultados que muestran que la infección por Toxoplasma gondii provoca que los hombres se vuelvan antisociales y no gusten a las mujeres, mientras que las mujeres se vuelven sociales y gustan más a los hombres. También existe un estudio que dice que provoca en las mujeres infectadas un 1.5% más de intentos de suicidio.

—¿Entonces el Toxoplasma puede inducir al suicidio a las mujeres? —Kousaka tembló— ¿Y más de una tercera parte de la población está infestada por ese parásito?

—Es solo una posibilidad. No está probado.

—… aun así, me hace preocuparme —él dijo con una mirada mordaz—. Se dice que Pasteur se volvió germáfobo   debido a sus estudios en microbiología, por lo que siento que mientras más sepa sobre estas cosas que ni siquiera puedo ver a simple vista, más difícil se me hará vivir en este mundo.

—Conozco muchas más historias que te pondrán la piel de gallina. ¿Quieres oírlas?

Kousaka sacudió la cabeza.

—No, cambiemos el tema. Sanagi, ¿tienes otros intereses aparte de la parasitología?

—Hmm… es un secreto —Sanagi colocó un dedo sobre sus labios juguetonamente.

—¿Es una afición de la que no puedas hablar con la gente?

—¿Es una afición femenina?

—Normalmente harías pública la afición femenina y ocultarías el amor por los parásitos.

—El estándar para la vergüenza puede variar —Sanagi respondió disgustada— Ahora dime, señor Kousaka. ¿Qué es lo que te atrae a crear virus?

Kousaka contó su historia sobre el interés en el malware. Como, de alguna forma, un mensaje sobre el fin del mundo le había salvado. Como había deseado poder hacer algo similar por sí mismo. Como, tras empezar, descubrió que inesperadamente se le daba bien, y cómo terminó siendo el motivo por el que vivía.

—Creo que puedo entender el sentimiento de sentirse salvado por un mensaje que clama el fin del mundo —ella estuvo de acuerdo—. Por cierto, ¿qué tipo de virus estás haciendo?

—¿Sabes cuál es fue el primer virus de computadora reconocido en Japón, Sanagi?

—Nah.

—El primer virus doméstico de Japón fue desarrollado en 1989. Era alguna clase virus divertido, llamado Navidad Japonesa, y tan solo mostraba un mensaje en las computadoras el 25 de diciembre. De forma similar, el malware que hice se activará en la víspera de navidad. Aunque creo que el daño que causará será un poco más serio.

Sanagi movió su barbilla solo algunos milímetros, urgiéndole a continuar.

—Estrictamente hablado, lo que hice es conocido como “un gusano que separa a las personas” —Kousaka explicó, intentando impresionar— Los dispositivos infectados no podrán ejercer ningún tipo de comunicación desde la víspera de navidad hasta la noche de navidad. Imaginé que causará un verdadero revuelo en las parejas intentando reunirse en todo Japón… divertido, ¿cierto?

Pero Sanagi no se rió.

En el momento en que escuchó sus palabras, sus ojos se ampliaron y ella se quedó rígida, como su hubiera sido golpeada por un rayo.

—¿Cuál es el problema? —Kousaka preguntó. Los ojos de Sanagi continuaban fijos en su garganta, y ella no respondía. Y quizás sus ojos no miraban nada.

Ella no se movió por un tiempo, se mantuvo pensando en silencio. Como si hubiese encontrado un agujero en el mundo, se mantuvo mirando al mismo punto en el espacio. Si se escuchaba de cerca, tal vez se podrían escuchar los engranajes girando dentro de su cabeza.

Kousaka se dio cuenta de que quizás sus palabras la habían molestado. Pero él no podía pensar en nada que hubiera dicho con tanto poder para ello.

Al final, Sanagi nunca explicó la razón por la que quedó en silencio, e incómodamente cambió de tema. Pero, aunque hablaban de otra cosa, parecía que su atención estaba un centrada en algo dicho anteriormente.

Solo parecía que ella podía haberse molestado. Porque el malware que Kousaka había creado, como si fuera coincidencia, se hacía similar a algo que ya ella conocía.

*

Era su día de compras semanal. Mientras sostenía bolsas de compra en cada mano, Kousaka bajaba por la carretera iluminada por las luces de los postes. El agua, que se había estancado un poco en algunas zonas de la calle, brillaba en la oscuridad. El aire era limpio, y se podían ver las estrellas a simple vista.

Kousaka vio a un hombre de mediana edad sentado en un banco al lado del camino, rodeado de árboles. Cuando el hombre le vio, puso su vaso de café a un lado del banco y se levantó.

—Oye —dijo Izumi, levantando una mano— parece pesado. ¿Necesitas una mano?

—Estoy bien —Kousaka lo rechazó— ¿… revisando mi progreso?

—Bueno, más o menos.

Izumi usaba su vestimenta usual: un abrigo monótono sobre un traje. ¿Acaso no tenía otra ropa? ¿O tal vez había decidido usar siempre lo mismo al reunirse con Kousaka? O quizás simplemente no le importaba lo que vistiera.

Izumi se sentó en el banco y miró las bolsas de la compra de Kousaka.

—He estado preguntándome, ¿qué es lo que come un friki de la limpieza?

—Cereales, comidas nutricionales, tofu, conservas, vegetales congelados… —Kousaka listó los contenidos de su bolsa—. Hay un montón de cosas que no comeré, seguro, pero no me siento particularmente limitado. Y por lo general no como mucho.

—¿Carne? ¿Sashimi? ¿Vegetales crudos?

—Odio las cosas grasientas, por lo que no puedo comer carne. Definitivamente tampoco Sashimi. Puedo comer vegetales crudos si los limpio y preparo yo mismo. Aunque no creo que quiera comerlos.

—¿Alcohol?

—Solo estoy dispuesto a beber whiskey. Aunque solo se aplica a las medicinas a base de whiskey, como Laphroaig y Bowmore.

—Bien, eso es bueno —Izumi asintió, encontrándolo plausible—. Hay un montón de personas que no pueden beber whiskey y no son frikis de la limpieza. En ese sentido, eres bastante afortunado.

Kousaka se sentó a su lado y colocó las bolsas en el suelo. Las latas dentro de las bolsas se apilaron unas contras. Habló después de bajar su mascarilla hasta la barbilla.

—La razón por la que Hijiri Sanagi no ha estado asistiendo a la escuela es porque padece de scopofobia.

Tras algunos segundos, Izumi preguntó:

—¿Escuchaste eso de ella?

—Sí. Sus audífonos parecen aliviar sus síntomas.

—… es difícil de creer —Izumi dijo dubitativo—, ¿ella realmente dijo eso? Esto no es solo una broma, ¿verdad?

—¿No te ha dicho nada? —Kousaka le inquirió.

—Ella no me dirá nada sobre sí misma. Es un completo misterio.

Kousaka creyó entenderlo. Por el rostro de Izumi en ese momento, podía concluir que había cierto nivel de comunicación entre él y Sanagi.

—Ella sufrió un episodio de scopofobia y me pidió ayuda. De no haber sido por eso, probablemente no habría sido capaz de descubrirlo en tan poco tiempo.

—¿Te pidió ayuda? —Izumi repitió, como si hubiera sido atrapado con la guardia baja—. Esto es toda una sorpresa. No puedo decir por qué se abre contigo. Y pensé que tú de entre todos los que he contratado hasta ahora tenías las menores posibilidades…

—En ese momento probablemente no podía depender de más nadie excepto de mí. Solo tuve suerte.

—No, no creo que fuera eso. Eres la primera persona en descubrir por qué no está yendo a la escuela. Hasta ahora, sin importar que tan dañada estuviese, nunca reveló su scopofobia a nadie aparte de los parientes. En otras palabras, ella confía en ti tanto como en un familiar.

De ser aquello cierto, Kousaka sintió que podía ser feliz como le era posible. Pero no podía mostrarle algo como eso a Izumi. Tal vez esto solo era un entramado para hacerle sentir halagado. No era muy extraño pensar que las anteriores personas contratadas por el hubiesen caído por esta táctica.

Izumi tomó un sobre del interior de su abrigo y se lo extendió a Kousaka.

—Tu pago. Pero es solo la mitad. Si te pago el resto o no depende de tus acciones después de esto.

Ya que era la mitad, significaba que era justo lo que le debía a Sanagi. Aliviado de que su inversión se revalorizara, Kousaka guardó el sobre en su bolsillo.

—… entonces, ¿qué debería hacer a continuación?

Izumi no respondió de inmediato, se recostó en el banco y miró al cielo. Kousaka también alzó la vista. Pensó que quizás había empezado a nevar, pero no parecía ser el caso. Izumi pensaba sobre algo. Casi parecía que esperara encontrar una respuesta entre las incontables estrellas en el firmamento.

Dio un trago al vaso de café a su lado, respiró, y respondió a la pregunta.

—No tienes que hacer nada.

Kousaka se giró hacia él con los ojos abiertos.

—Eso significa que mi trabajo ha…

—Oye, no dije eso. Tu trabajo aún continúa. Me refiero a que debes dejar que las cosas sigan como están. Mantente siendo un confiable amigo para ella. Si lo haces… tal vez ocurra algo interesante.

—¿Interesante?

Izumi ignoró la pregunta.

—Es todo por hoy. Después te contactaré de nuevo.

Con aquel crudo comentario, se levantó del banco. Parecía que estaba a punto de marcharse, pero repentinamente se detuvo y dio la vuelta.

—Olvidé decir algo importante. Algo sobre lo que debo advertirte.

—¿De qué se trata?

—Sin importar lo que pase a continuación, no debes cruzar la línea con Hijiri Sanagi. Incluso si es eso lo que ella desea de ti. Dudo que sea necesario advertir a un friki de la limpieza como tú, pero lo diré solo por si acaso. Mantenlo platónico, como en Señal y sin Señal.

Kousaka miró, anonadado, a Izumi. Tras un corto retraso, enfurruño la frente.

—¿De qué estás hablando? ¿Sabes cuál es la diferencia de edad entre nosotros?

—Solo di que sí. No digo esto por el problema de Hijiri Sanagi, lo digo por ti. Si ignoras la advertencia, serás el único que se meta en problemas. Queda en ti si creerme o no.

Kousaka suspiró.

—No tienes nada de qué preocuparte. Ni siquiera seré capaz de sostener su mano.

—Bien, estaré rezando para que así sea.

Habiendo dicho eso, Izumi se desvaneció en la fría oscuridad.

*

A través de una llamada de teléfono, Kousaka fue invocado por Sanagi. No era una llamada desesperada como la última vez, pero daba la sensación de que ella tenía algún tipo de trabajo para él.

—Hay algo que quiero probar. Ven a la librería de inmediato.

Tras haber dicho eso, colgó. Kousaka dudó por un momento, pero pronto se rindió, se cambió de ropa, se colocó sus guantes y máscara facial, y se preparó para salir. Pero justo antes de dejar la habitación, tomó con resolución la mascarilla y la lanzó al bote de basura. No sabía por qué, pero sintió que hacer aquello era lo mejor.

Sanagi esperaba por el en las escaleras frente a la biblioteca. Como era usual, vestía de una forma en que parecía que sus piernas se sentirían frías, y de hecho se encontraba temblando levemente, pero creía considerar sus escalofríos como algo normal. Al ver a Kousaka, se quitó los audífonos y levantó su mano ligeramente.

—¿Qué es lo que quieres probar? —Kousaka preguntó.

—Ahora mismo no puedo responder. Te lo diré en un segundo.

Ella se levantó. Caminaron juntos.

Durante la caminata hacia el apartamento, él se mantuvo robando miradas al rostro de Sanagi. No había pensado en algo así antes, pero tras las injustas sospechas de Izumi, no podía evitar sentirse especialmente cauteloso hoy.

Kousaka intentó preguntarse a sí mismo: “¿Puedo intentar ver a esta chica scopofóbica y amante de los parásitos de una forma romántica?”

Pronto, una respuesta le fue dada: “De ninguna manera”.

Ciertamente, era la innegable verdad el hecho de que no sentía sentimientos especiales hacia Hijiri Sanagi. Pero tenía una comprensión perfectamente natural hacia ella al ser alguien que lidiaba con preocupaciones similares a las suyas, lo cual era algo muy lejano al romance.

Kousaka se rio de su idiotez. Ella era aún una niña adolescente. Izumi tampoco debió de haber estado hablando seriamente. Solo para estar muy, muy seguro, no había dudas.

Repentinamente, notó que Sanagi lo estaba mirando fijamente. Se preocupó de que sus pensamientos se hubieras visto reflejados en su expresión, pero no parecía ser el caso.

—Hey, señor Kousaka. ¿Qué harías si te pidiera que volvieras a acariciar mi cabeza?

Por un momento, él no pudo responder a la inesperada pregunta.

—¿Quieres que lo haga?

—Es solo hipotéticamente ¿Podrías? ¿No podrías?

Kousaka evaluó aquella hipótesis mentalmente.

—Si lo intentara, no creo que fuera imposible.

—Sí, ¿verdad?

—¿… y?

—Cuando camino contigo, me siento bien sin mis audífonos.

Ahora que lo mencionaba, notó que se había quitado los audífonos y los había guardado en algún momento.

—Parece que cuando estás presente, mi scopofobia mejora. Tal vez sea el alivio debido a tener alguien que comprenda apropiadamente mis síntomas. ¿Qué hay de ti, señor Kousaka?

Él repentinamente se tapó la boca. Y se dio cuenta. Esta era más o menos la razón por la que había removido su mascarilla antes de salir. Debió sentir un poco de alivio al saber que se reuniría con Sanagi, y esto lo hacía menos cauteloso de lo usual.

—Sí, supongo que, cuando estoy contigo, mi fobia también se hace más débil.

—Lo sabía —Sanagi exclamó orgullosamente—. No sé exactamente como, pero podríamos hacer uso de esto.

—¿Usarlo para qué?

—¿No es obvio? Para entrenarnos a acostumbrarnos al mundo real. Una carrera de rehabilitación a tres piernas, de forma que podamos finalmente caminar por el exterior sin guantes o audífonos.

—… ya veo. No es una mala idea —Kousaka afirmó.

—Y esto es lo que he estado pensando…

Rápidamente, ella comenzó a relatar su plan.

Sábado, 17 de diciembre.

Ahora que lo pensaba, era la primera vez que Sanagi venía a su habitación antes del mediodía.

Al encontrarse, ella le dio un ticket para el tren bala. Le había dicho que esta vez irían más lejos de lo normal, pero él pensaba que al menos se mantendrían dentro de la prefectura, por lo que se puso nervioso.

Estaba a punto de pagar por los tickets, pero Sanagi lo rechazó.

—Es un regalo, no tienes que pagarme. A cambio, no puedes quejarte sin importar a donde vayamos.

—De acuerdo —Kousaka estuvo de acuerdo. Luego, rápidamente agregó—: Siempre que no sea demasiado sucio.

Ambos partieron rumbo a su destino. Guardaban los guantes y audífonos en sus bolsas en caso de necesidad, pero solo querían usarlos como último recurso. A menos que ocurriera algo fuera de sus previsiones, intentarían no usarlos en todo el viaje.

Kousaka apenas y tenía recuerdos del viaje. Estaba intentando desesperadamente el no pensar en nada, lo que le dejaba sin tiempo para admirar el paisaje o tener una conversación. Sanagi se encontraba en una situación bastante similar, escondiendo su rostro y jugueteando todo el tiempo que estuvieron sobre el tren.

Ciertamente, sus síntomas eran mucho más débiles de lo normal. Pero era el equivalente a que la temperatura corporal cayera de 104 a 102 , por lo que, aunque fuera una mejoría cuantificable, no cambiaba el hecho de que aún padecían serios desórdenes.

Cuando se bajaron en la Estación de Tokyo y cambiaron a la Línea Yamanote, la ansiedad de Kousaka llegó a su pico. El tren estaba terriblemente lleno, y cada vez que se sacudía, él era empujado contra otros pasajeros, lo que le causaba una repulsión similar a la provocada por cientos de insectos recorriendo su cuerpo. El solo respirar se sentía contaminante, ya que inspiraba el aire soltado por la multitud.

Su estómago dolía, y sentí nauseas. Algo caliente se aglutinaba en su garganta. Perdía el equilibrio con facilidad, y podría terminarse vomitando encima de no ser cuidadoso.

Pero Sanagi estaba a su lado. Ella sostuvo el borde del abrigo de Kousaka, desesperadamente resistiendo su fobia y apretando los dientes. Al volverse consciente de la presencia de la chica, su dolor de estómago y nauseas se retiraron lentamente. Él era el único en quien ella podía confiar en aquel momento. ¿Qué pasaría si no pudiese controlarse a sí mismo? Kousaka se llenó de coraje.

—¿Estás bien? —preguntó con tranquilidad—. ¿Puedes continuar?

—Sí. Estoy bien —ella respondió con fuerza.

—Si no puedes soportarlo más, solo avísame.

—Eres tú el que luce terrible —Sanagi se rio, fingiendo fuerza—. Si no puedes soportarlo, solo avísame.

El viaje duró menos de 20 minutos, pero para parafrasear a Einstein, fueron 20 minutos poniendo la mano en una estufa caliente. Al salir del tren, Kousaka se sintió tan exhausto que pensó que había estado atrapado allí dentro por dos o tres meses.

Al salir de la Estación Meguro y caminar por alrededor de 15 minutos, Sanagi se detuvo.

—Hemos llegado.

Kousaka miró al frente. Allí se encontraba un compacto edificio de la época. Encima se podían ver las palabras “Museo Parasitológico de Meguro”.

—¿Museo Parasitológico?

—No parece el tipo de sitio al que me gustaría ir —Kousaka protestó con timidez.

—Prometiste no quejarte sin importar a donde fuésemos, ¿no es así? —Sanagi inclinó la cabeza y sonrió.

A él no le quedaban energías suficientes para desafiarla.

Siguiendo a Sanagi, Kousaka entró en el museo. En un área que recordaba a un pequeño salón de espera, había disponible información y ejemplos de parásitos. Ambos los miraron de principio a fin. Había columnas de tubos de experimentación que contenían varios tipos de parásitos, así como algunas de las criaturas e incluso los órganos en los que estos habitaban.

Hasta que los vio en persona, Kousaka pensó que observar las muestras de parásitos lo haría enfermar y desfallecer. Pero los parásitos embalsamados dentro de las botellas se parecían más a esculturas abstractas que a insectos, por lo que lo sorprendieron por su pulcritud.

Algunos de los parásitos tenían cuerpos que recordaban a fideos o vegetales. Los anquilostomas y solitarias de la carne de res (Tenia saginata) se parecían a los fideos kishimen, los gusanos redondeados se asemejaban a los brotes de frijol enrollados, la Gyrocotylidea era similar al hongo oreja de nube. Por supuesto, también había un número de ejemplos grotescos que lo hacían querer desviar la mirada: un ratón con una echinococcosis que provocaba un tumor masivo en su estómago, la cabeza de una tortuga marina verde infectada con un Ozobranchus branquiatus. El rostro de Kousaka se volteó instintivamente al verlos, pero Sanagi los admiró sin problemas.

Además de Kousaka y Sanagi, había otros cinco grupos de dos personas visitando el museo, y cuatro de ellos eran parejas. Kousaka la pasó difícil intentando entender la razón por la que aquellas personas iban a una cita en ese lugar. Algunas de las parejas clamaban que iban para ver algo atemorizante, pero otras discutían las exhibiciones de forma casual y hablaban en terminología técnica.

—Mire, señor Kousaka.

Sanagi, que había estado mirando las pantallas en silencio hasta ese momento, habló. Observaba un tubo con la etiqueta “Diplozoon paradoxum”. La leyenda decía: “A primera vista parecería una mariposa, pero son en realidad dos parásitos que se encuentran en su etapa larval y se convierten en uno solo”; coincidiendo más o menos con lo que Sanagi le había contado sobre ellos. El fundador del Museo Parasitológico Meguro, Satoru Kamegai, dedicó su vida a estudiar este parásito, por eso también era el logo del museo.

Kousaka miró a través del magnífico cristal instalado frente a la muestra.

—¿Bien? —Sanagi le preguntó desde un lado.

—… son mariposas.

Ciertamente, lucían como mariposas. Mariposas blancas con pequeñas alas traseras. Su forma se acercaba mucho a la del llavero de Sanagi.

Kousaka se acuclilló frente a la caja de cristal y observó las muestras del D. paradoxum por algún tiempo. De alguna forma, sintió que estos parásitos con forma simbólica eran muy nostálgicos.

El panel del segundo piso exponía parásitos bien conocidos como el Toxoplasma gondii y el Echinococcus, y también había una explicación del Spirometra erinaceieuropaei. De acuerdo con la explicación, cuando el S. erinaceieuropaei infecta un humano, puede causar una enfermedad parasitaria llamada sparganosis. El nombre en japonés de dicha enfermedad contiene el término de “gusano huérfano”, refiriéndose a aquellos insectos cuyas formas larvales han sido identificadas, pero no sus formas adultas.

—Estrictamente hablando, el uso del término gusano huérfano no es del todo correcto —Sanagi añadió—. Cuando se descubrió por primera vez al S. erinaceieuropaei, su forma adulta era desconocida, por lo que fueron tratados como gusanos huérfanos por más de treinta años. Por lo que el nombre de la enfermedad incorporó el término, y aunque ya se ha identificado la forma adulta, se decidió mantener el nombre por razones costumbristas.

Como era normal, ella se volvía elocuente al hablar sobre parásitos.

Sanagi apuntó hacia la derecha del cristal.

—Por otro lado, la forma adulta de este Sparganum proliferum se ha perdido por más de un siglo, por lo que es un gusano huérfano de verdad. Cuando infectan a los humanos, se esparcen constantemente por el cuerpo y se multiplican, invaden y destruyen todo tipo de sistemas, incluyendo el cerebro. Finalmente, la persona en cuestión se infesta de ellos y muere. Actualmente no hay un tratamiento establecido para esta enfermedad, por lo que las probabilidades de fallecer son del 100%. Las medicinas no funcionan, y son demasiado numerosos para una cirugía.

Kousaka tragó.

—¿Existen parásitos tan peligrosos?

—Sí. Por supuesto, solo ha habido aproximadamente una docena de reportes de humanos infectados a lo largo del mundo.

Luego ambos miraron las muestras en silencio por un tiempo.

—Oye, Sanagi, acabo de pensar en algo —dijo Kousaka, todavía mirando al Sparganum proliferum—. ¿Por qué matarían humanos? Por lo que he oído, lo que estas cosas hacen es el equivalente a un doble suicidio. Si matan al huésped que habitan, morirán con él, ¿cierto? ¿Por qué deciden hundir la isla en la que viven?

Sanagi miró a Kousaka, como si estuviera a punto de decir que aquella era una buena pregunta.

—Los parásitos no siempre son capaces de infectar a quienes desean. A veces terminan perdidos dentro de un huésped no definitivo, que no es un intermediario ni el final, y ni siquiera pueden convertirlo en un huésped viable. Para un parásito, el infectar un huésped no definitivo significa perder para siempre la oportunidad de ocupar su huésped final. Cuando eso ocurre, la mayoría de los parásitos mueren, pero algunos resisten intransigentemente, y en un intento de alcanzar su huésped final, se mueven a través de los órganos y sistemas en forma larval. En algunos casos, esto puede causar síntomas de serias enfermedades. Es una clase de enfermedad llamada migración larval. Cuando el Gnathostoma, que infecta peces de agua dulce, infecta a un humano por error, puede vagar dentro de su cuerpo por alrededor de una década.

—¿Solo está tratando de escapar del cuerpo en el que entró accidentalmente?

—Supongo que sea algo como eso. Incluso el terrorífico Sparganum proliferum debe ser dócil al infectar un huésped definitivo. Porque estás en lo correcto, si matan a su huésped final, solo estarán cayendo con él.

Kousaka asintió. Ahora que lo pensaba, el Echinococcus, que se extendía desde los zorros a los humanos, era inofensivo mientras habitara en los animales.

Sanagi continuó hablando sin parar.

—Habiendo dicho eso, tampoco es como si los parásitos nunca dañasen a su huésped final. Por ejemplo: las solitarias de carne de res son parásitos que infectan a los humanos como su huésped final, pero cuando las larvas invaden el cerebro y la columna vertebral, pueden causar cisticercosis, una enfermedad letal. Y…

Repentinamente, Sanagi cerró la boca. Se había dado cuenta de que los visitantes alrededor de ellos se habían quedado en silencio y la escuchaban atentamente. Mientras algunos la observaban como si fuese criaturas curiosas, otros estaban realmente impresionados por su disertación. Sanagi miró en derredor, se dio cuenta de que accidentalmente había estado atrayendo la atención, y con rapidez se ocultó tras la espalda de Kousaka.

—… deberíamos irnos —dijo en un hilo de voz.

—Sí —Kousaka afirmó.

Si ese día Sanagi hubiese terminado su explicación sobre la cisticercosis, las consecuencias de un incidente que ocurriera más adelante hubiesen sido un poco diferentes.

Cuando la gente ingiere solitarias de carne de res, los huevos se incuban en sus órganos, y se convierten en larvas llamadas gusanos de la vejiga. Estos gusanos se mueven a través del intestino, y forman quistes ahí. Cuando los quistes se forman en zonas como el cerebro o la médula espinal, provoca cisticercosis, pero en realidad, los síntomas casi nunca aparecen mientras los gusanos aún se mantienen con vida.

El problema llega después de que las larvas mueren. La muerte de un gusano de la vejiga en el sistema nervioso central provoca una fuerte reacción en la carne. Causa inflamación local y glioma alrededor de los quistes, lo que puede resultar en un daño nervioso y problemas epilépticos. En esta etapa, el promedio de muertes por cisticercosis puede llegar al 50%.

Había una importante razón por la que Kousaka debía de conocer sobre ello. Para un profano de los parásitos como él, habría sido imposible ignorar las ideas preconcebidas y juntar todo el conocimiento para llegar a la verdad.

*

Comparado con el viaje de ida, el de regreso fue mucho más sencillo. Tras una corta parada en un café para tomar una comida ligera, se dirigieron a casa. Ambos hablaron de cosas sin sentido durante todo el trayecto.

—Ahora que lo pienso, creo haber escuchado que los parásitos pueden curar alergias. ¿Es cierto?

—Hay experimentos que lo demuestran. No solo las alergias, sino que parecen ser efectivos contra los desórdenes autoinmunes como las colitis de úlcera y la enfermedad Crohn. Pero naturalmente, la salud no puede ser garantizada, por lo que probablemente haya todavía un duro camino por delante para usarlos en la medicina.

Kousaka inclinó su cuello.

—¿Exactamente cómo funciona? Normalmente, esperaría que fuera la intrusión de un parásito externo la causa de las alergias serias.

—Por supuesto, eso también pasa. Pero… —Sanagi se quedó en silencio por algunos segundos, como si rebuscara en su memoria—, en algunos casos, los sistemas de inmunidad de los humanos están formados con la concepción de que estos parásitos existen. En estos tiempos entraríamos en pánico al saber que tenemos algún parásito, pero hace varias décadas era algo bastante común. Si el sistema inmune los atacara uno por uno, entonces el cuerpo humano se encontraría en un constante campo de batalla, y se partiría en pedazos en un abrir y cerrar de ojos. Por los que nuestros cuerpos están construidos para elegir un camino de coexistencia con los intrusos relativamente inofensivos.

—Coexistencia pacífica, ¿huh?

—Exacto. Tiene que ver con las células que suprimen la inmunidad, llamadas células T reguladoras; dependiendo de la persona, puede que no haya suficientes de estas células, y la inmunotolerancia no será tan fuerte. Como resultado, el sistema inmune puede atacar de forma excesiva las sustancias extrañas, o incluso volverse hostil hacia las propias células y sistemas. Muy en general, eso es lo que provoca las alergias y enfermedades autoinmunes. Por ello, haciendo que el sistema inmunosupresor trabaje ayuda a mejorar las enfermedades relacionadas con la inmunidad. Pero aparentemente, estas células T reguladoras aparecen debido a la existencia de un “parásito aprobado por el huésped”. Por lo que, en esencia, la ausencia de los parásitos, una situación extremadamente limpia, resulta en un incremento a día de hoy de las alergias y enfermedades autoinmunes.

Kousaka lo pensó por un momento.

—En otras palabras, ¿los parásitos pueden curar las alergias mediante una inteligente disminución de las defensas del sistema inmune?

—A grandes rasgos, creo que es correcto.

Kousaka pensó que aquello que le recordaba a “Eros y Thanatos” de Freud. Trataba sobre como la energía que sobresalía podría volverse hacia dentro y volverse auto-destructiva.

—Aun así, es un poco sorprendente escuchar que el cuerpo humano está construido para aceptar a los parásitos.

—¿Lo es? ¿No son las bacterias intestinales un claro ejemplo de esto?

Kousaka podía entenderlo. Ahora que ella lo mencionaba, se daba cuenta de su veracidad.

Mientras caminaban por un corredor del segundo piso de la estación de trenes, con el objetivo de cambiar de vehículo, él miró casualmente a través de la ventana, hacia la calle frente a la estación. Los árboles estaban decorados con luces de navidad. Y las calles resplandecían iluminadas con un fantástico color naranja. Al regresar su atención a Sanagi, vio que ella también admiraba las decoraciones. Sus ojos expresaban una mezcla compleja de desdeño y envidia.

Tras algunas docenas de minutos después de cambiarse a una línea privada, finalmente advirtieron algunas calles conocidas. Dejaron la estación y respiraron otra vez el aire fresco. El cielo nocturno era hermoso y despejado, y se podía ver con facilidad la luna creciente.

—Parece que no tuvimos problemas al regresar —Sanagi dijo emocionada.

—De alguna forma —Kousaka estuvo de acuerdo—. Eso fue bastante difícil para nuestro primer entrenamiento.

Mientras atravesaban el silencioso distrito residencial, Sanagi se exaltó repentinamente. Estaba mirando hacia el parque infantil. Uno muy pequeño que no parecía apropiado para jugar a las atrapadas siquiera. Ella caminó sin dudar, Kousaka la siguió.

Parecía que hacía mucho no lo usaban, ya que un montón de nieve se acumulaba por todo el lugar. Cada paso que daban provocaba que sus pies se hundieran hasta los tobillos. Era nieve que se solidificaba con facilidad, por lo que, si se pisaba con fuerza para aplanarla al moverse, se podía evitar que se colara dentro de los zapatos.

Sanagi se paró frente a un gimnasio de jungla  verde azulado, y se subió sin dudar. Se sentó en la cima, dijo:

—Qué frío, qué frío —mientras calentaba sus manos con su aliento, entonces miró hacia abajo a Kousaka y sonrió orgullosa.

Él tocó la estructura con timidez. Y echando a un lado la nieve para evitar resbalar, subió con cuidado hasta sentarse al lado de Sanagi.

No había hecho algo como aquello desde la primaria. Ambos se quedaron en silencio por un tiempo, disfrutando la nostálgica sensación. Con solo ver las cosas desde dos o tres metros por encima, el mundo tomaba una forma diferente a la usual. La nieve del parque absorbía la luz de la luna y brillaba con un color pálido.

Tras algún tiempo, Sanagi rompió el silencio.

—Señor Kousaka, ¿recuerda el Diplozoon paradoxum del que te hablé antes?

—Por supuesto, lo recuerdo. Parece una mariposa, un amor predestinado a primera vista, copulación eterna, el amor es ciego, dos partes de un todo.

—Fantástico —Sanagi juntó sus manos y sonrió. Entonces continuó—. Oiga, señor Kousaka, ¿alguna vez has pensado sobre esto?

Tal vez durante toda mi vida, no tendré nadie a quien poder llamar un compañero.

Tal vez moriré sin conocer nunca el amor profesado por alguien.

Tal vez cuando muera, nadie llorará por mí.

—No soy un D. paradoxum, por lo que algunas veces, antes de dormir, pienso en cosas como esas —Sanagi dijo de forma casual, sin mostrar emociones—. ¿Entiendes mis sentimientos, señor Kousaka?

Kousaka asintió con fuerza.

—Siempre estoy pensando en ese tipo de cosas. Cuando camino por ahí y veo una pareja recién casada perfectamente feliz, realmente pienso sobre ello. Pienso que sea probablemente algo que nunca podré tener en mi vida. Ello me pone incontrolablemente triste —luego tomó el aliento y añadió—. Pero no creo que tengas que preocuparte por cosas como esas, Sanagi. Aun eres joven, e inteligente, y honestamente, bastante bonita. Tienes un montón de virtudes que compensan tus deseos. Estoy seguro de que no hay razones reales para que seas pesimista tan pronto.

Sanagi sacudió la cabeza lentamente.

—Señor Kousaka, solo puedes decir eso porque no me conoces muy bien.

—Puede que estés en lo correcto. Pero es un error pensar que uno es quien mejor se conoce a sí mismo. Hay cosas que siempre se pasan por alto. Algunas veces, las otras personas pueden acercarse más a la verdad.

—… supongo. Sería bonito de ser cierto.

Los ojos de Sanagi se entrecerraron de forma triste, y ella abrió la boca para decir algo, pero se retrajo y apretó los labios. Luego se levanté lentamente.

—Deberíamos regresar pronto. Me estoy congelando.

—Sí —Kousaka también se puso de pie.

Tras dejar el parque, ambos se quedaron completamente en silencio. Al final, llegaron al momento en que debían de separarse y aún no se hablaban. Kousaka intentó despedirse, pero ella le interrumpió.

—Um, cuando hago algo, creo que lo mejor es tener un objetivo en mente.

A él le tomó cinco segundos darse cuenta de lo que ella hablaba; intentaba conquistar los obstáculos para superar sus compulsiones.

—Entonces, ¿cómo suena esto? Para la víspera de navidad, seré capaz de caminar alrededor del pueblo sin que la mirada de las otras personas me moleste. Señor Kousaka, serás capaz de sostener la mano de alguien sin que la suciedad te moleste. Si conseguimos nuestros objetivos, entonces durante la víspera de navidad, nos sostendremos de las manos y caminaremos bajo las luces de navidad fuera de la estación, entonces tendremos una modesta celebración.

—Suena divertido.

—Entonces prometámoslo.

Habiendo dicho aquello, Sanagi se dio la vuelta y despareció rápidamente.

Tras llegar a casa, y sin ninguna intención en particular, Kousaka buscó información del Museo Parasitológico Meguro. Y descubrió un hecho sorprendente. Parecía que el lugar era un famoso destino para las citas en el área. Por eso era que había tantas parejas.


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