Shiki: Volumen 03: Capítulo nueve: parte 2

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Seishin recibió la notificación de la muerte de Natsuno antes del servicio budista matutino. Le informó a Koike que quería ser enterrado en la aldea, que quería entrar en la parroquia y usar una parcela de ellos.

“Yuuki-san quiere lo mismo que Mutou-san, quiere que sea enterrado después de todo. Eso te lo dejaré a ti.”

“No me importa, pero…” dijo Seishin, todavía sosteniendo el auricular mientras miraba a la pizarra donde lo escribió. “Para ser honesto… Koike-san, ya hay muchas citas pasado mañana.”

“Pasado mañana — Ah, mañana es Tomobiki, ¿no?” (NTE: creo que lo mencione antes, pero tomobiki es un día, que, según la superstición japonesas, no es bueno para hacer funerales pues el significado de tomobiki se interpreta como arrastrar a tus amigos al mismo destino, ese día las funerarias suelen cerrar.)

“También hay muchos el día 17. ¿Deberíamos pedir la ayuda de un templo cercano? Si debemos ser nosotros sin importar qué, tendremos que hacerlo el día 18, o de lo contrario mañana.”

“No importa cuál sea el caso, posponerlo hasta el 18 está sobre el límite” dijo Koike mientras pensaba y se detenía. “El 18 es el 18, podríamos terminar con tareas de emergencia entonces también. Yuuki tendrá que ser mañana. Lo siento mucho por Yuuki, pero si no puede aceptarlo, entonces …”

Sí, Seishin asintió. Escribiendo el horario, fue al edificio principal del templo para pedirle a Mitsuo que preparara una tumba. Alguien detuvo a Seishin cuando regresaba después de terminar los servicios.

“Dígame… ¿Joven Monje?”

Cuando se dio la vuelta, vio que era Chiyo de la tienda general. La piadosa anciana que había asistido a los servicios todas las mañanas sin falta después de barrer la entrada de la montaña, inclinó formalmente la cabeza ante él.

“En estos días, parece muy ocupado, ¿no?”

Bastante, dijo Seishin en una respuesta vaga y prevaricada, Chiyo lo miró fijamente a la cara mientras lo hacía como si le preguntara algo. (NTE: prevaricar: Faltar conscientemente a los deberes de su cargo al tomar una decisión o dictar una resolución injusta, con plena conciencia de su injusticia.)

“…… Todo está bien, ¿no?”

Esa breve y simple pregunta de la anciana normalmente silenciosa punzó en el corazón de Seishin. Dentro de esas palabras estaban la preocupación y la esperanza de Chiyo.

Chiyo habiendo dicho todo lo que había querido decir miró a Seishin esperando fijamente sus palabras.

“……Sí.”

Cuando Seishin finalmente respondió, una vez más inclinó la cabeza profundamente. Con paso lento, salió del templo. Dejó atrás solo a Seishin con su dolorosa mentira.

El pueblo era inminente. En esta medida. Tantos estaban muriendo que el templo no podía seguir el ritmo. De hecho, era justo como había dicho Toshio, tal vez este no era el momento para preocuparse por frivolidades como cómo se hacía algo. Alguien tenía que detener esta calamidad. Era imperdonable dejar que esto sucediera.

Toshio incitando a actuar a Ikumi era claramente imprudente, pensó. Pero no podía culpar a Toshio por su impaciencia. Para empezar, no estaba enojado con Toshio por el hecho de que sus acciones habían empeorado la situación. Estaba enojado con el resultado en sí mismo.

No era como si no entendiera los sentimientos de Toshio. Conocía la personalidad de Toshio. Incitar a Ikumi era muy del estilo de Toshio, y si estuviera en el lugar de Toshio, incluso podría haber pensado que era lo más apropiado. Ese resultado final no tuvo precedentes. Así que ni siquiera podía empezar a culparlo.

(Y sin embargo ……)

No podía ver a donde quería llegar Toshio. Sabía que Toshio estaba tratando de salvar la aldea, pero ¿qué fue lo que le hizo pensar tanto? Para decirlo en términos simples, ¿no fue justicia, no fue compasivo con los aldeanos? En eso, ¿dónde entró en juego el uso de Ikumi?

No era quisquilloso siempre que tuviera el resultado que deseaba: vio el comportamiento de Toshio, que podría describirse así, como terriblemente egoísta. Si ese fuera el caso, entonces debería haber actuado egoísta desde el principio. Debería haber dicho quién se preocupa por los aldeanos, debería haber rechazado cualquier problema adicional, debería haberse excusado de cualquier otro problema. Si hubiera hecho eso, Seishin también lo habría entendido y consentido.

— Y eso fue para él mismo.

Si quería salvar la aldea, no debería haber cuestionado los medios para ese fin. No quedaba suficiente aldea para eso. De hecho, esta era una elección con solo dos opciones. Si quería salvar la aldea, necesitaban exterminar a los Shikis, a menos que fueran exterminados, la calamidad no se detendría. Sin embargo, ciertamente había una parte de él molesta por ese método. Seishin no entendía esa parte de sí mismo.

En sus manos, nada se movía como debería. Giraba la rueda para sacar agua, pero tan pronto como la tocaba, el mecanismo en sí se negaba a funcionar y, en lugar de agua, sacaba tierra. Sonriéndole a él que estaba desconcertado, su hermano menor tocó la rueda. Cuando lo hizo, volvió a funcionar como debería y extrajo agua. Así eran las cosas.

Sin la ayuda de su hermano menor, no podría interactuar con el mundo. Y mientras tuviera a su hermano menor como intermediario, aunque indirectamente, podría tocar el mundo de la hermosa armonía y creer con gran alivio por el momento que no tenía nada que ver con él.

El mundo en armonía alrededor de su hermano era una imagen en la que nunca pudo entrar, pero usando a su hermano menor como intermediario, se le permitió apreciar esa imagen. Y, por tanto, era el que más había perdido con la muerte de su hermano menor.

Y, sin embargo, ¿por qué fue entonces? Debe haber tenido el deseo de que su hermano menor muriera.

–Si no, ¿por qué tuviste que matarlo?

Ante la voz de los espíritus malignos, su cuerpo se endureció.

No lo sé.

La muerte de su hermano menor hizo llorar a sus vecinos. Llevaron solemnemente el cadáver descubierto en la espesura, lo llevaron a la ciudad y al templo. Durante ese tiempo, los que estaban en el camino estaban llorando cuando los vieron pasar. Pero él lloró más que cualquiera de ellos. Se aferró a su hermano menor caído como para llamarlo y pedirle que se levantara, confirmando que ese deseo nunca sería concedido y llevándolo a llorar.

Dolor insoportable, desesperación sin fondo y, sin embargo, quien le había arrebatado a su hermano menor era él mismo.

— ¿Por qué cometiste tal pecado?

Tú inmundo, dijeron los espíritus malignos como si reinaran sobre él.

— Inmundo, los verdaderos sentimientos que abrigabas hacia tu hermano menor eran los celos.

Él logró lo que tú no pudiste, envidiaste a tu hermano menor que podía realizar acciones que no podrías beneficiarte de intentar, anhelaste lo que hizo en tu nombre, te molestabas con él por poder hacerlo. No solo acunabas un complejo de inferioridad, sino que percibiste un aire de complejo de superioridad en su filantropía, percibiéndolo como la arrogancia del vencedor, convirtiéndote en la víctima.

Eso no es cierto, gritó.

Por supuesto, había albergado celos de su hermano menor por ser fácilmente aceptado en las formas sistemáticas del mundo, y más aún por vivir en esa imagen. Pero al mismo tiempo, por otro lado, también en su corazón se había entregado a sí mismo para poder entrar en eso. Que él no pudiera entrar en el orden y el favor de la providencia era algo intrínseco a él, para nada culpa de su hermano, él mismo lo entendía.

Por ejemplo, incluso si su hermano no estuviera allí, probablemente nunca hubiera sido aceptado en el sistema. Más bien, sin su hermano menor, no habría podido sobrevivir. Lo entendió gravemente.

— Entonces, fue la venganza.

Lo hiciste como venganza contra el mundo que no te aceptaba, mediante la matanza de su hijo más querido.

Tampoco es eso, gimió.

De hecho, sufrió mucho la tragedia de no ser aceptado por el mundo. A decir verdad, no es que nunca hubiera pensado en usar a su hermano menor para vengarse. Pero, de todos modos, eso nunca había sido por medio de masacrar a su hermano menor. Tenía sueños de persuadir a su hermano menor, de usar la infinita simpatía de su hermano menor profundamente amoroso, de que su hermano menor rechazara el mundo que no aceptaría a su hermano mayor, fantaseando sobre cuánto le ahorraría si llegara a odiarlo.

Lo que era vital para eso era que su hermano menor rechazaría el amor derramado del mundo, no que su hermano menor ya no existiera. — Así de dependiente era de su hermano menor, incluso en esto.

Pero al mismo tiempo se avergonzaba de sí mismo por tal ensoñación. Eso era algo profundamente pecaminoso, sabía que tal venganza no produciría nada. Quería el amor del mundo ordenado, no quería estar aislado del orden.

Debido a que su hermano menor estaba dentro de la armonía de la providencia, a través de su hermano menor él podía desempeñar un papel en ese orden, podía tocar esa hermosa armonía. Si su hermano menor, su punto de contacto en ese orden, lo rechazaba, entonces, junto con él, los dos serían separados del mundo y él perdería el mundo que ganó a través de su hermano menor.

— Entonces, ¿por qué lo heriste fatalmente?

No sabía la respuesta a eso.


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