Súper Gen Divino – Capítulo 758: Ocupándose de la Hada


Primer Capítulo Semanal

¡Disfrútenlo!

La huida de la hada fue extremadamente rápida, e incluso la Ángel Santa tuvo grandes dificultades para alcanzarla. Pero bastante abruptamente, la hada se detuvo. Parecía como si su ráfaga de velocidad se hubiera acelerado y llegado a su fin, debido a un completo agotamiento de sus propias fuerzas. Ahora, incluso más despacio que de costumbre, se alejó de la batalla.

Han Sen y la Ángel Santa siguieron al hada a la montaña negra, y la vieron retirarse a la boca de la cueva que el escorpión había cavado una vez. Juntos, siguieron al hada hasta el interior.

Apresuradamente, la pequeña amenaza se abrió paso a través del bosque de bambú en un intento de alcanzar el dominio helado donde la habían descubierto por primera vez. Han Sen no estaba seguro de por qué se retiraría allí, pero sabía que tendría que acabar con ella pronto. Ordenó a la Ángel Santa que se aventurara a acercarse a la distancia que la hada les estaba ganando.

Pero la hada había ganado una buena ventaja, e incluso si iban a su máxima velocidad, sería difícil para ellos alcanzarla rápidamente.

La hada logró llegar al lago, y ahora que el narciso había desaparecido, una gruesa capa de hielo cubría toda la zona. Ya ni siquiera se podía ver el agua.

La hada golpeó el hielo de un pie de espesor que cubría el agua y la destrozó. Sin demora, se sumergió rápidamente en la laguna de hielo.

La Ángel Santa no dudó en seguirla y se zambulló tras ella. Para su sorpresa, el lago en sí era poco profundo, sólo unos pocos metros de profundidad, como mucho. Han Sen la alcanzó y se quedó a la orilla del agua. El lago era cristalino y podía ver lo que ocurría debajo con una claridad sorprendente.

Han Sen vio a la Ángel Santa blandir su gran espada bajo el agua, pero parecía como si algo repeliera la consecución de sus golpes, y era incapaz de hacer daño a la gravemente herida hada.

Cuando Han Sen miró más detenidamente, notó que la hada se escondía dentro de una concha de ostra del tamaño de un puño. La concha de ostra era translúcida como el hielo pulido, y sólo se notaba su presencia si se observaba detenidamente.

Mientras la hada yacía dentro de la concha de ostra, estaba desnuda y sangraba mucho. Sus alas de mariposa revoloteaban débilmente, y parecía asustada por la amenazante Ángel que ansiaba su sangre.

Han Sen observó a la Ángel Santa dar unos cuantos golpes más, todos en vano. Luego, le ordenó que sacara la concha de ostra del lago.

La concha de ostra se percibía fría cuando Han Sen la sostuvo en su mano. No se parecía a ninguna otra concha que hubiera sostenido antes. Parecía como si hubiera sido tallada en un jade helado, pero se veía natural y no parecía haber sido hecha por nadie.

“¿Este objeto fue creado por la hada?” Mientras Han Sen reflexionaba sobre la pregunta, examinó al hada moribunda, que parecía estar en estado de shock.

Pero Han Sen llegó a la conclusión de que esa suposición era incorrecta. La hada nació de un narciso, por lo que no había tenido la oportunidad de crear un objeto para sí misma. Después de todo, incluso si pudiera hacer objetos, ¿por qué crearía una concha de ostra?.

Han Sen colocó la concha de ostra en el suelo y pidió a la Ángel Santa que la golpeara unas cuantas veces más. Pero era increíblemente duradera, y por mucho que lo intentara, no pudo abrirla. Los repetidos golpes sólo dejaron unas finas marcas blancas en su exterior, que no se había visto antes.

Han Sen intentó entonces probar su Taladro Dragón Tóxico en él, pero eso resultó ser inútil. Después de ese golpe, todo lo que quedaba en el caparazón era un pequeño punto blanco.

Intentó todo lo que estaba a su disposición, pero aún así, no pudo abrir el caparazón. Con una gran depresión, su corazón se hundió con el pensamiento de que ‘enfrentarse a esta hada no era una hazaña pequeña’ ¿Todo esto resultará en un fracaso, todo debido a su encierro?”

Pero rápidamente, Han Sen notó que algo estaba mal. La hada debería haber estado feliz por la incapacidad de Han Sen para conseguirlo. Pero en cambio, se veía horrorizada, y en peor estado que nunca.

Han Sen recogió la ostra una vez más y notó que algo estaba mal.

La ostra no estaba vacía, ya que su interior estaba lleno de un líquido transparente. Han Sen al principio creyó que era agua del lago, pero al examinarla más de cerca, se dio cuenta de que no lo era.

El líquido era corrosivo, y estaba pudriendo las heridas de la hada. No se estaba curando, y en cambio, estaba haciéndola empeorar.

Han Sen sonrió ante esa revelación. Tal como él creía, la concha de ostra no era en realidad un objeto creado por la hada.

Han Sen asumió entonces que la concha de ostra pertenecía a otra criatura, pero de alguna manera, había terminado en el fondo del lago. Buscando seguridad, la hada trató de usarla como escondite. Lo más probable es que no se diera cuenta de que el liquido exudado dentro de la concha deterioraría sus heridas en un estado aún peor.

Quizás se había escondido dentro de la concha antes, pero el líquido no podía hacerle nada a su sano e intacto cuerpo. Tal vez por eso pensó que era una gran idea esconderse dentro, y evitar jovialmente que Han Sen acabara con ella.

Pero la hada no esperaba que el líquido, antes inofensivo, empezara a acabar con ella. Estaba atrapada dentro, mientras sus heridas se erosionaban.

“Veamos cómo sales de ésta.” Han Sen se burló tranquilamente de la hada, pero no creyó que se sometería al destino de una espeluznante corrosión dentro de la concha sin intentar una última y atrevida fuga. Al permanecer dentro, una muerte mucho menos misericordiosa le esperaría que la que Han Sen le proporcionaría alegremente.

Todo su cuerpo se derretiría lentamente, y lo haría hasta que sólo quedaran sus huesos. Iba a ser una muerte horrible, seguro.

Si Han Sen fuera la hada, ya habría salido a pelear. Morir en la batalla era mucho mejor que la lenta y tortuosa muerte de ser consumido por un moco espeso y translúcido.

Pero la hada seguía aguantando tercamente, sin atreverse a escapar.

Han Sen no tenía prisa, sin embargo. Permitió que la Ángel Santa transportará la concha de ostra por él cuando salieron del bosque de bambú y regresaron a la ciudad de Yellowstone. No había miedo de que la hada se atreviera a escapar, ya que su muerte estaba asegurada sin importar lo que intentara.

Pero parecía que iba a pasar un tiempo antes de morir, y a juzgar por la cara de la hada, aún no estaba lista para huir, si es que alguna vez lo estaría.

La hada ya estaba muy herida, y sólo iba a empeorar cuanto más tiempo permaneciera dentro. Cuanto más tarde saliera de la concha, más débil sería. Han Sen ya no tenía ninguna preocupación sobre todo ese asunto con la hada. Para tener la oportunidad de obtener su espíritu de la bestia, Han Sen permitió que la Ángel Santa continuara sosteniéndola y permaneciera vigilante para su caza, si la hada decidía dejar la concha.

Aunque no pudiera recibir el espíritu de la bestia, podría refinar su Esencia Genética Vital o comer su carne. De cualquier manera, matarla sería beneficioso. Su sangre también podría alimentar a Tañido Fúnebre. Con la sangre de una súper criatura de segunda generación, tal vez su mascota campana empezaría a crecer.

Después de resolver toda la crisis con la hada, Han Sen ya no quería quedarse en el refugio solitario. No había descubierto por qué había un súper espíritu encadenado en la salón espiritual, pero finalmente decidió que no tenía nada que ver con él y no le importaba dejar el misterio sin resolver. Después de preparar sus provisiones, reunió a Zhou Yumei y a la Pequeña Naranja para que lo acompañaran en un viaje a través de las arenas del desierto y lejos de la ciudad de Yellowstone.

La hada seguía alojada dentro de la concha de ostra, mientras sus heridas empeoraban cada vez más. Han Sen pensó que no sobreviviría otros diez días, y para entonces, no sería más que huesos.

“¿Conoces realmente el camino para salir de aquí?” Preguntó Zhou Yumei desde la grupa de la Pequeña Naranja, mientras el incesante sol se posaba sobre ella.

“No.” Han Sen respondió rápidamente. Había elegido una dirección y decidió atenerse a ella, pero no tenía un camino definido que lo llevara fuera del Desierto Negro.

Zhou Yumei pensó en comenzar una discusión con Han Sen, y levantó los labios para hacerlo. Pero justo antes de que las palabras salieran de sus labios, el sonido de un pájaro chillando atravesó sus tímpanos. A lo largo de las sofocantes dunas del Desierto Negro, un pájaro con forma de fénix de fuego negro estaba volando.

 

 


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