Parásito enamorado — Prólogo


Traductor: Electrozombie
Editor: Fixer-san
Proofreader: Aoisorabluesky

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Prólogo

 

«Los extravagantes colores de algunas aves, la deliberada exageración de cuernos, crin, y colmillos de algunos mamíferos, los complejos comportamientos de cortejo de muchos animales, la misma existencia del sexo —y por extensión las canciones de amor en la radio, y todos los poemas amorosos alguna vez escritos—; todos probablemente evolucionaron debido a los parásitos, ya que todos los organismos corren tan rápido como pueden solo para permanecer en el mismo lugar».

Moises Velasquez-Manoff, «An Epidemic of Absence».

 

Aunque Kengo Kousaka se unió a una pequeña compañía local de desarrollo de sistemas tras graduarse, decidió dimitir un año después, por razones que harían que cualquiera levantara una ceja preocupado. A partir de este punto, lo mismo se repetiría casi anualmente, y a medida que rodaba entre los distintos trabajos, cayó en la depresión. Pero él no estaba consciente de su enfermedad; incluso en los peores momentos, cuando estaba tan deprimido que respirar se convertía en una molestia, aun cuando las tentaciones de morir cruzaban su mente, y cuando comenzó a llorar por las noches sin razón aparente, siempre pensó que todo era culpa del frio viento invernal.

Ocurrió durante su vigésimo séptimo invierno. Si se piensa en ello, fue un invierno bizarro. Hubo un número de encuentros, y un número de despedidas. Hubo felices coincidencias y desdichados accidentes. Algunas cosas cambiaron enormemente, y otras no cambiaron en lo absoluto.

Ese invierno, experimentó un tardío primer amor. Era una chica diez años más joven.

Un desempleado y deprimido joven, y una chica acostumbrada a faltar a clases amante de los bichos. No era apropiado en ningún sentido, pero era un amor innegable.

*

—¿Copulación por toda la vida? —repitió Kousaka.

—Sí, por toda la vida. —La chica asintió—. Los diplozoon paradoxum pasan la mitad de sus vidas fusionados con su compañero.

Sacó un llavero y lo sostuvo frente a Kousaka.

—Este es el D. paradoxum.

Kousaka se acercó para ver mejor. El diseño estaba simplificado, pero parecía el modelo de una criatura con dos pares de alas. Las alas delanteras y traseras diferían, las delanteras eran alrededor de tres veces más grandes. A primera vista, parecía una simple mariposa.

—Y a pesar de lo hermoso que parece, es un auténtico parásito, pertenece a los platelmintos monogeneas.

—Parece una mariposa cualquiera.

—Fíjate bien. No hay antenas, ¿verdad?

Justo como decía la chica, la criatura no tenía antenas. Cualquiera podría considerar que simplemente habían sido omitidas a conveniencia del diseño, pero ella lo consideraba una distinción importante.

—Esto representa dos D. paradoxum unidas en forma de X —dijo formando una «X» con los dedos.

—Entonces, si tienen una copulación durante toda la vida —dijo Kousaka, tratando de encontrar la expresión apropiada—. ¿Después de que se unen están teniendo sexo constantemente?

—En cierta forma, sí. Cada una de las partes sexuales masculinas se conecta con las partes sexuales femeninas.

—¿Cada una…?

—Sí, D. paradoxum tiene órganos sexuales de ambos géneros. Esto se llama hermafroditismo . Por lo que podrías pensar que en realidad pudieran autofertilizarse sin necesidad de un compañero, pero por alguna razón no lo hacen. Se toman el trabajo de encontrar un compañero, y después intercambian el esperma.

Kousaka sonrió mordazmente

—Hablando de lujuria —dijo.

—El hecho de que se atrevan a hacer con un compañero lo que pueden resolver por sí mismos es algo repugnante, ¿eh? —la chica estuvo de acuerdo—.Pero hay cosas que se pueden aprender de ello. Por ejemplo, D. paradoxum no se preocupa por encontrar al compañero ideal. Trata el amor a primera vista como cosa del destino, se combina con el primero de su especie que llega a ver. Además, nunca abandonará a su compañero. Una vez que se han unido, nunca se separarán de nuevo. Si tratas de hacerlo, morirán.

—Por eso se dice que es una copulación de toda una vida —dijo Kousaka, impresionado—. Sorprendente. Como una pareja felizmente casada.

—Sí. Como aves del mismo plumaje, como raíces entrelazadas —dijo la chica orgullosamente, como si uno de sus parientes hubiese sido elogiado—. Como un extra, estos parásitos habitan dentro del koi.

—¿Koi?

—Sí… Por eso son parásitos del amor. ¿No es una perfecta coincidencia? Más allá, cuando un D. paradoxum logra infectar un koi, se deshace de los ojos de este en 24 horas. Por lo que el pez, al igual que el amor, queda ciego.

—El amor es ciego —repitió en voz alta—. Nunca esperé que algo tan romántico saliera de tu boca.

Al escuchar aquello, los ojos de la chica se ampliaron como mostrando que había regresado a sus sentidos, y tras un corto periodo de tiempo, cubrió su rostro.

—¿Qué ocurre?

—… Ahora que lo pienso, tal vez no debería hablar en público sobre órganos sexuales, copulación y cosas como esas. —Las mejillas de la chica se enrojecieron levemente—. Me siento estúpida ahora mismo.

—Nah, fue interesante. —Kousaka resopló, encontrando divertida la vergüenza de la chica—. Sigue hablando. Sobre parásitos.

La chica se quedó en silencio por un momento, pero lentamente empezó a hablar. Kousaka la escuchaba atentamente.


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