El lugar desde el que llamaste — Capítulo 3


Traductor: Electrozombie
Editor: Fixer-san
Proofreader: Aoisorabluesky

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La Sirena de Agohama

 

Al abrir la puerta, un terrible olor flotó hasta mi nariz. Un olor como el de vegetales podridos. Me quité la camiseta y las medias para tirarlos dentro de la lavadora, y en la sala, vi a mi madre dormida usando cojines doblados a modo de almohada. Sobre la mesa cáscaras de maní desperdigadas por todas partes, y el alcohol que se derramaba de una taza de té volteada cubría la mesa y caía por su borde. Pequeñas polillas volaban rodeando las luces de la habitación, y en la televisión se emitía algún canal de noticias.

Conseguí un paño, limpié la mesa, y pasé en repetidas ocasiones una toalla de papel por la alfombra para limpiar las manchas. Mientras me movía entre la cocina y la sala, mi madre no mostró signos de despertar. Sin importar cuantas veces limpiara la mesa esta no dejaba de estar tan pegajosa, así que eventualmente me rendí.

Abrí el refrigerador, y encontré una col blanca que ya empezaba a ponerse negra, rábanos que ya no se podían salvar, huevos que habían expirado hacía una semana, y una bolsa abierta de frijoles germinando. Cuando descongelé un poco de carne de cerdo en una sartén y corté algunas verduras, finalmente mi madre despertó y me dijo desde la sala con la voz retumbante de un borracho—: Agua, por favor.

Llené una taza con agua fría y se la llevé. Ella se sentó, la bebió toda de un trago.

—Lo siento —dijo, y se tiró en el suelo.

Tras la cena, mientras fregaba, mamá entró en la cocina. Se paró detrás de mí, no para ayudarme ni nada, sino solamente para mirar adormilada a mi rostro. Y, después de treinta segundos, finalmente notó el cambio en su hijo.

—Oh, tu cara…

—Sí —dije—. Cuando desperté esta mañana se había ido.

Ella se acercó y examinó mi rostro detalladamente. Probablemente sospechando que había usado cosméticos o algo por el estilo.

Tras una inspección minuciosa, palmeó mi espalda con felicidad.

—Bueno, ¿no es esto genial? Todo ese tratamiento tuvo efecto. Al final ir a todos esos hospitales valió la pena.

«No seas estúpida», pensé para mí mismo. No es como si fuera un grano o pecas. Todos los doctores a los que fuimos terminaron con una expresión insatisfecha, e insinuaron que simplemente debería de acostumbrarme de alguna manera a vivir con ello. Dijeron que incluso si me injertaba piel sana, era muy probable que la marca de nacimiento apareciera nuevamente en el mismo lugar. Para que tal marca desapareciera en una noche; ¿le estás llamando a eso «el efecto efectivo del tratamiento»?

—¿No piensas que es raro? —pregunté—. La última vez que fui a un dermatólogo fue hace más de dos años.

—Sí, sí. Ciertamente es extraño. Porque, si hubiera sido debido a los efectos del tratamiento, podría entender que se curara con el paso del tiempo. Pero desaparecer en una noche, ahora, eso no es normal. De hecho, podría ser llamado un milagro.

Mi madre tomó un trago de su taza, y echó tres maníes en su boca.

—Pero, Yosuke. Ahora debes olvidarte de tu marca de nacimiento. Cuando ocurre algo tan extraordinariamente afortunado, lo mejor es dejarlo ser. En momentos como estos, simplemente di: «es suerte, no hay problema».

Sentí la verdad en aquella frase. Pero solo se aplicaba si uno no estaba seguro de dónde provenía la suerte. Mi suerte tenía una fuente clara.

—Deberías dejar que tu felicidad se muestre. No temas el estar celebrando prematuramente para estar decepcionado después. Celebrar al conocer el riesgo de la decepción es lo más inteligente que podrías hacer.

No respondí, y en cambio señalé a la taza de té en su mano.

—¿Me imagino que has dejado de beber hasta que julio termine?

—Es agua —mintió tan transparentemente—. Sólo agua.

Tomé la taza y bebí su contenido. Mi garganta ardió, y el olor a papas podridas repletó mi estómago. Por un momento sentí ganas de vomitar. Honestamente, ¿Qué pasaba con este sabor?

—Tengo un hijo delincuente. —Mi madre me reprendió, mientras llenaba la taza de nuevo con licor.

—Es solo agua —insistí.

Me acosté de lado y cerré los ojos, pero los eventos de las horas pasadas bajo mis párpados me hicieron imposible el dormir. Fui a la sala, tomé uno de los paquetes de cigarrillos del segundo cajón del tocador, y regresé a mi cuarto. Apagué las luces y encendí uno. No queriendo llenar la habitación de humo, abrí la puerta corrediza, saqué la cabeza, y fui impactado por el olor a tierra húmeda.

La imagen de Hajikano se quemó en mi visión. Había un enorme moretón en su rostro. Una marca azul ennegrecida, la viva imagen de la marca de nacimiento que solía tener.

Decidí no pensar en cómo había podido llegar allí. Tal vez había ocurrido de forma natural, tal vez no. No podría decir que no quería hacer algunas preguntas, necesariamente…, pero solamente pensar en ello no me daría una respuesta definitiva. Lo que valía la pena analizar era lo que aquella marca que había crecido en ella, sin importar la razón de su aparición, le había traído como consecuencia.

Hajikano había intentado suicidarse en aquel parque. Eso es lo que podía decir. ¿Fue en realidad esa marca de nacimiento la que la llevó a tomar tales drásticas medidas? ¿Estaba ella tan perturbada a causa de su aparición, que había decidido colgarse?

Incluso si estaba siendo modesto, Hajikano era ciertamente una de las chicas más hermosas en este pueblo. Todos aspiraban a ser como ella, todos sentían celos de ella, todos la envidiaban. Al menos debió ser capaz de darse cuenta de ello por sí misma. No solía ser del tipo de persona que le importaran los sentimientos sutiles del resto. Podría no haber sabido que la belleza que poseía superaba tanto el sentido de la palabra misma que deformaba su significado.

¿Cómo podría sentir ella su belleza manchada? Ni siquiera podía imaginarlo. Si la marca de nacimiento que solía yo tener fuera una mancha sobre el felpudo, la suya era una mancha sobre un vestido de un puro color blanco. A pesar de tener el mismo tamaño y color, jamás tendrían el mismo significado. El impacto mental de la última era incomparable con el de la primera. No era irrazonable pensar que Hajikano se había vuelto tremendamente pesimista en cuanto a su futuro se refería.

Por otro lado, sentí que algo no encajaba con esta conclusión. ¿Podría Hajikano haber considerado el suicidio debido a este evento? La belleza era tan solo uno de sus encantos. Desde que la conocí por primera vez, supe que poseía una profunda perspicacia, en especial para un niño de primaria. Sus palabras estaban siempre llenas de sabiduría, era muy estudiosa, e incluso era más atlética que el promedio. Leía un montón de libros, y escuchaba música tan antigua que ni sus padres la reconocían. Como mínimo, tenía seguramente veinte veces mi juicio.

¿Podría alguien como ella recurrir al suicidio tan solo porque su belleza fuera mancillada?

«Mañana después de la escuela iré a ver a Hajikano», pensé. Me faltaba información sobre todos los aspectos sobre los que reflexionaba. Una vez que nos encontráramos y habláramos, todo se volvería más claro, y podría decidir qué acciones tomar a continuación.

Me sentía muy inquieto, pero en el momento en que decidí reunirme con Hajikano, parte de mí se emocionó. Sin considerar la forma en la que estaba ocurriendo, podría ser capaz de volverme parte de su vida de nuevo. El día que nos graduamos de la escuela primaria, pensé que la olvidaría rápidamente una vez que tomáramos caminos diferentes. Analizándolo ahora, encontré que esos sentimientos habían crecido con fuerza a lo largo de esos tres años.

En cierto sentido, había estado esperando por la llegada de este día desde hace mucho tiempo.

Tomé mi cigarrillo y me dirigí a la sala para apagarlo en un cenicero. Luego me arrodillé frente al tocador y revisé mi rostro.

Las personas que no poseen nada tienen algo a su favor: tampoco tienen nada que perder. Una vez que obtienes algo que consideras precioso, te atormentará por siempre el miedo a que desaparezca.

Como una prueba de este hecho, yo estaba aterrorizado. De que la marca de nacimiento regresara a mi rostro, y de regresar a mi vida monótona.

*

A la mañana siguiente, me encontré repentinamente detenido fuera del aula de la Clase 1-3.

Siempre había odiado el momento de abrir la puerta del salón de clases. Al envejecer, esa tendencia solo se volvió más obvia.

Todo podía cambiar en solo una noche. Todos esos cambios se volverían reales en el instante en que abriera la puerta. Lo que había sido un ambiente pacífico ayer hoy podría ser doloroso, aquellos que solían parecer el centro de la clase podrían ser abandonados en un rincón, los que anteriormente habían sido amables hoy podrían tenderte una trampa…Básicamente, nada de lo ocurrido ayer tendría por qué repetirse hoy. Así que cuando me paraba frente a la puerta cada mañana, me sentía como si girara una roca sobre la ribera. Podría haber una concha que brillara como un diamante, o un repulsivo habitante del mar que saldría arrastrándose.

Tras tomar una respiración profunda y tranquilizarme, abrí la puerta. No vi a Chigusa por ninguna parte, pero Nagahora notó mi presencia y me saludó. Asentí, puse mi bolsa tras mi escritorio, y fui hacia donde se encontraba.

Nagahora se encontraba en un grupo que, incluyéndolo, contenía tres chicos y dos chicas, charlando y riendo. Parecía que trataba de hacerme entrar en el círculo. Sabía que lo hacía de buena voluntad, y realmente era el tipo de cosas que alguien como yo necesitaba ahora mismo, pero en algún lugar en mi corazón, estaba harto de ello. No me agradaba hablar con varias personas a la vez.

—Fukamachi, ¿verdad? —dijo una de las chicas, alta y con un rostro de aspecto sano—. ¿Tus piernas están bien? Parece que estuviste hospitalizado por bastante tiempo.

—No es nada —respondí—. Ya estaba bastante recuperado a finales de junio. Sólo me estaba escondiendo hasta que los exámenes terminaran.

Los cinco rieron en respuesta, y Nagahora golpeó suavemente mi pecho.

—Hombre, ¡nada mal!

—Estábamos hablando de una prueba de valor —Uno de ellos dijo. Era un chico con cabello corto y piel oscurecida, que definitivamente daba la impresión de ser un jugador de béisbol

—¿Alguna vez has escuchado hablar del hotel abandonado al pie de la montaña?

—Oh, las ruinas del cuarto rojo, ¿cierto?

En el momento en que hablé, los cinco dejaron de reír. ¿Había dicho algo vergonzoso? Me sentí completamente nervioso.

—¿Cuarto rojo? —preguntó Nagahora.

—Sí. En las profundidades del hotel, hay un cuarto rojo.

—Es la primera vez que escucho hablar de ello… —En contraste con la otra chica, la que habló tenía un rostro pequeño y plano, y sus ojos brillaban tras sus gafas. —¿De qué va?

—No es tan interesante. Es una habitación con una de sus esquinas pintada de rojo, eso es todo. Podrías sorprenderte si la ves en la oscuridad, pero justo como suena, solo una habitación roja.

—Sabes mucho del tema —Remarcó el chico de cabello corto —¿Ya has entrado ahí?

Vacilé brevemente, pero decidí responder con honestidad. —Sí. Un amigo me llevó cuando estaba en secundaria.

—Quiero saber más. —Me rogó la chica con gafas.

—Había una silla en el centro de la habitación, y sentado en ella había un maniquí. —Gradualmente me encontré hablando más fluidamente. Como si agradeciera la pérdida de mi marca de nacimiento, podía repentinamente llevar a cabo una conversación normal—. Parece que alguien la visita periódicamente, así que, de un día a otro, puede estar usando el uniforme de la Primera Preparatoria, o un traje de baño.

El chico de cabello corto aplaudió—. ¡Eso suena genial! De repente me dieron ganas de ir.

—Eso no es todo. —Procedí tras ver la reacción del grupo—. En la habitación de al lado, hay una vieja, aunque bastante limpia cama. Y a su alrededor, hay un montón de cosas tiradas que ni siquiera han sido usadas.

Ante esto, los chicos se animaron, y la chica de lentes frunció sus cejas, pero no parecía completamente disgustada.

La chica alta parecía ser la única que no entendía.

—¿Qué es lo que hay tirado? —preguntó inocentemente.

—Bueno, no son galletas o tarjetas del bingo… —El otro chico, que no había abierto la boca hasta ahora, pálido y de apariencia común, habló calmadamente—. Y no es una bolsa de caramelos.

—No entiendo. ¿Se están riendo de mí? —La chica alta lo miró.

—Esta noche —dijo Nagahora—. No puedo esperar más que eso. Iremos a verlo esta noche. Tú nos guiarás, Fukamachi.

—¿Esta noche? —repetí—. Oh, lo siento, pero hoy después de la escuela…

—Oye, ¿acaban de llamar a Fukamachi? —La chica con gafas puso una mano alrededor de su oreja.

Dejamos de hablar. Ciertamente, mi nombre se repetía por el altavoz del colegio.

—Esa es la voz de Kasai —dijo el chico pálido.

—Justo en la mejor parte. —La chica con gafas hizo un mohín—. Nos vemos, Fukamachi.

Mientras me alejaba, Nagahora me preguntó desde atrás—: ¿No crees que puedas venir esta noche a la prueba de valor?

—Desafortunadamente —afirmé—. Además, se siente más la tensión cuando no hay alguien que ya lo haya visto antes.

Tras dejar el salón de clases, coloqué una mano aliviada sobre mi pecho.

La roca de hoy parecía esconder una concha en vez de alguna alimaña marina.

*

—¿Sabes por qué te llamé?

A lo largo de toda mi vida, debí de haber escuchado al menos treinta veces esa pregunta. ¿Por qué piensas que te llamé aquí? ¿Sabes lo que voy a decir, cierto? ¿Puedes decirme lo que hiciste mal? Me pregunto por qué todos los trabajadores de la escuela aprendían esas frases redundantes. ¿Los entrenaban, o las aprendían naturalmente tras lidiar con un gran número de estudiantes?

En contraste abismal con el día anterior, la actitud de Kasai era fría e indiferente. Tenía un codo sobre el escritorio y sostenía su mejilla con la mano, pulsando el mecanismo de un lapicero con el nerviosismo de un adicto a la nicotina que se había pasado todo el día sin fumar.

—No lo sé —respondí. No sabía por qué exactamente, pero Kasai parecía estar de cierta forma irritado conmigo. Lo mejor sería no hablar demasiado y dejar que las cosas se desarrollaran solas.

—Ya veo. —Sacudió su cabeza en señal de decepción, girando su silla para ponerse frente a mí—. Pero trata de pensar en ello un poco más. No te habría llamado aquí sin ninguna razón, ¿verdad? No tengo tiempo para ese tipo de cosas.

—Entonces, por favor, dime. He dicho que no sé, y tampoco lo sabré de forma repentina. No recuerdo haber hecho nada digno de culpa a nadie.

Había montones personas entrando y saliendo de la sala de la facultad en la mañana, y algunas de ellas miraron en nuestra dirección con miradas intranquilas en el momento en que confronté a Kasai. Era complicado llamarle una situación placentera. Quería resolver esto antes de que se enterara algún compañero de clases.

—Suponerlo no debería ser demasiado extraño. —Kasai dio un sorbo a su taza de café—. De acuerdo. Haré que sea rápido. ¿Sabes quién se sienta en el asiento frente al tuyo?

Dijo que lo haría rápido, aun así, me estaba lanzando una pregunta. Pero no era como si no pudiera responder. Recordé la organización del salón de clases el día anterior. Nagahora se sentaba frente a mí, Chigusa estaba a mi derecha, y en diagonal hacia la derecha había un asiento vacío.

—No lo sé. Porque quienquiera que sea parecía estar ausente ayer.

—Sí. —Kasai asintió—. Y al parecer, hoy también. Más temprano sus padres nos llamaron.

No podía deducir en qué dirección se dirigía esto. ¿Qué era lo que se supone él decía nos enlazaba a mí, que recién asistía a clases ayer por primera vez, y un estudiante propenso a estar ausente?

—¿Y? —insistí.

—Así que ni siquiera sabes eso… —Kasai parecía asombrado. Rascó su nuca y suspiró.

—Desde hace un tiempo, ella ha estado haciendo peticiones insistentemente. «Cámbiame a otra clase, no importa cuál», «No puedo decir por qué, sólo déjame irme de esta clase». Por supuesto, no podemos atender las peticiones egoístas de cada estudiante. Si hacemos una excepción, luego tendremos que hacer otra, y otra, y así se extendería hasta el punto en que tuviéramos que responder a las demandas de todos. Así que solo le pedimos aguantar un año. Y ella pareció haber aceptado el trato.

Incluso mientras explicaba, Kasai me observaba con atención. Como si esperara por un repentino desliz por mi parte.

—Pero esta mañana, recibimos una llamada. Y entonces finalmente lo supimos. ¿Por qué odiaba tanto esta clase? ¿Y por qué dejó de asistir a clases desde hace dos días?

Esperé en silencio por el resto de la explicación.

—De acuerdo con lo que su madre dijo… —Kasai finalmente llegó al punto principal.

—Yui Hajikano se niega a estar en el mismo salón de clases que Yosuke Fukamachi.

Sentí que mis pulmones se quedaban sin aire.

—¿Qué le hiciste a Hajikano?

Tosiendo las débiles respiraciones y respirando el aire mustio de la sala de la facultad, finalmente me las arreglé para responder.

—¿Yui Hajikano? ¿Yui Hajikano está en la clase 1-3?

Kasai resopló. Probablemente trataba de fingir ignorancia.

—Debiste de haber recibido la lista de la clase en abril. ¿Ni siquiera la revisaste una vez? Debiste de haber tenido un montón de tiempo libre en el hospital.

Varios pensamientos cruzaron mi mente, pero, siendo cuidadoso de no dejarlo expresarse usando mi rostro como su medio, simplemente dije—: Así que lo está…

—¿Y? —Me presionó de inmediato—. Déjame preguntártelo de nuevo. ¿Sabes la razón por la que Yui Hajikano querría evitarte?

Reflexivamente, las escenas de la noche anterior surgieron en el fondo de mi mente. Los largos escalones de piedra, el desolado parque del santuario, los columpios, la pila de libros, la cuerda apretada, y su marca de nacimiento.

Pensar sobre la marca de nacimiento volvió a retrasar mi respuesta. Kasai no dejó escapar esto de su vista. A partir de esa pausa subsecuente, percibió que alguna idea me había hecho en respuesta a su pregunta.

—También me gustaría saberlo —dije tan naturalmente como pude—. No he estado en contacto con Hajikano desde que empecé la secundaria. Estuvimos en la misma clase por un tiempo en la primaria, pero creo que ambos pensábamos en el otro no más que como buenos amigos en aquella época. Así que no tengo idea de las razones por las que querría evitarme.

—¿Entonces cómo puedes explicar la razón de sus ausencias?

—No lo sé. Por favor, pregúntale a ella.

Kasai apretó el lapicero contra su sien .

—Sé que no es justo excavar en el pasado, pero…Como alguien que conoce todos los problemas que causaste en la secundaria, no tuve más opción que ahondar más en el tema. ¿Entiendes?

Ajá. Así que esa la razón del comportamiento concluyente de Kasai. No dudé del hecho de que había tergiversado en su mente alguna historia sobre mí y mis amigos delincuentes abusando de Hajikano en la primaria, o algo por el estilo.

—Entiendo lo que dices. Es razonable sospechar de mí. —Le concedí eso de forma parcial—. Sin embargo, como esto está yendo demasiado lejos, insisto en que debe de haber algún tipo de equivocación. Por favor, pregunte otra vez a Hajikano.

—Lo haremos, por supuesto.

Justo cuando la conversación se estaba acabando, sonó el timbre que marcaba el inicio de las clases.

—Puedes regresar. —Me dijo Kasai—. Aunque estoy pensando en hablar contigo otra vez más tarde.

Me di la vuelta sin decir una palabra más, y dejé atrás el salón de los profesores.

Cuando regresé a mi asiento, Chigusa me observó como si se muriera por decir algo. Tras el incidente con Kasai, me sentía en estado de alerta. Tal vez ella también tendría alguna culpa que echar sobre mí desde una dirección totalmente inesperada.

—Buenos días. —La saludé como en broma.

—Buenos días. —Chigusa ladeó la cabeza. Era de cierta forma un saludo frío.

—Um, gracias por lo de ayer —dije con cautela.

—Ni lo menciones. —respondió de forma casi mecánica.

Después de eso surgió un silencio incómodo.

Primero imaginé que esos rumores sin ninguna base, de que había abusado de Hajikano, se habían empezado a esparcir de algún modo. Después consideré el hecho de haber molestado a Chigusa sin haberme dado cuenta, y mientras rememoraba mis interacciones con ella, habló de forma indiferente repentinamente.

—Fukamachi, parece que hace un tiempo disfrutaste mucho por ti mismo.

Se refería a la charla que mantuve con Nagahora y sus amigos sobre las ruinas, antes de ser llamado por Kasai a la sala de la facultad. Su comentario se había llevado por completo la felicidad que sentí en aquel momento.

Aunque me sentí aliviado de descubrir la razón del hosco humor de Chigusa. Quizás no le agradaban los amigos de Nagahora, o no era de las que disfrutaba los grupos. Sé que realmente no me importó mucho el volverme muy familiar a su círculo social.

—Hablábamos de un hotel en ruinas —expliqué—. Ellos se dirigirán ahí para una prueba de valor. Les dije que había hecho algo como eso en la secundaria, el cómo era, y se maravillaron.

—¿Irás con ellos, Fukamachi?

—Nah. Me invitaron, pero ya tengo planes después de la escuela.

—Ya veo.

Aclaró su garganta antes de volver a hablar.

—Erm, Fukamachi. Probemos eso de nuevo.

Incliné mi cabeza en señal de confusión. Chigusa dijo—: Buenos días, Fukamachi. —Y una sonrisa de bondad se esbozó en su rostro.

Ah, ya entiendo.

—Gracias por lo de ayer —dije nuevamente.

—Ni lo menciones. —Sus ojos irradiaron satisfacción—. Como lo usual, por favor no dudes en depender de mí.

—Eso haré. Por cierto… —Señalé al asiento en diagonal desde mi posición—. ¿Ese es el escritorio de Yui Hajikano?

Chigusa parpadeó, después asintió con la cabeza.

—Sí, es su escritorio, pero tú aún no… —Se detuvo y miró al techo.

—¿Estás relacionado con ella?

—Sí. Fuimos compañeros de clases en primaria.

—Ah, ¿sí?

Chigusa percibió el cambio en mi expresión y asintió pensativamente.

—Por esa expresión, supongo que no eran solamente simples compañeros de clases.

—Nah. —sacudí débilmente mi cabeza en señal de negación—. Éramos simples compañeros de clases.

No pude concentrarme para nada en mis clases de la mañana. Me quedé mirando a mi libreta en blanco y reflexioné sobre mi encuentro con Kasai. Chigusa me habló en cada descanso, sólo pude darle las respuestas más débiles.

Mientras me cambiaba antes de la clase de gimnasia del tercer periodo, pregunté de forma casual a Nagahora.

—Oye, quiero preguntarte sobre la chica que se sienta a tu lado…

—A mi lado… ¿Yui Hajikano? —preguntó mientras desabotonaba su camisa—. ¿La chica con el gran moretón en su rostro?

—¿Moretón? —Repetí esa palabra sin siquiera pensarlo.

Esa era una respuesta realmente sorprendente. Si Nagahora sabía sobre ello, el moretón de Hajikano debió de estar ahí desde un tiempo anterior a los eventos que me ocurrieron.

—Entonces, ¿qué pasa con Hajikano?

—Oh, ella es sólo una vieja conocida.

—Hmm —Se quitó su camiseta y la reemplazó con la de gimnasia—. Entonces, ¿cuál es tu pregunta?

Lo pensé por un segundo, luego cambié la pregunta—: ¿Durante cuánto tiempo ha tenido ese moretón?

—¿Cuánto tiempo? —Nagahora se detuvo por un momento para pensarlo—. No lo sé. Ha estado ahí desde que la conocí.

—…Ya veo. Gracias.

—No hay problema. —Nagahora asintió.

Si estaba diciendo la verdad, Hajikano había tenido esa marca en su rostro desde abril. Me sentí increíblemente confundido.

Tratemos de organizar los hechos. Hajikano, según se me dijo, no quiere ni siquiera verme. Y esto no es algo que haya surgido repentinamente esta mañana; desde hace ya un tiempo, quizás desde el momento en que descubrió que asistiría a la misma clase que yo, empezó a hacer peticiones de traslado a Kasai. Así que el hecho de que Hajikano me evite y los eventos ocurridos la noche pasada no tienen relación. No era simple furia por interferir con su suicidio, o vergüenza por tener que verme otra vez después de tal acto.

Entonces, ¿cuándo exactamente llegó Yui Hajikano a despreciar a Yosuke Fukamachi?

No tenía preguntas; es lo que me hubiera gustado decir, pero sí que tenía una teoría.

¿La marca de nacimiento de Hajikano podría ser la misma que se había desvanecido de mi rostro?

¿La belleza de Hajikano había sido tomada temporalmente como un efecto colateral de la apuesta?

Pensando en ello, la mujer lo llamó una “apuesta”, aunque no había riesgos evidentes. ¿Pero qué tal si el “precio” ya había sido pagado, sin siquiera yo saberlo? ¿Y si no fue tomado directamente de mí, sino de Hajikano?

¿Qué tal si Hajikano había descubierto que estaba siendo usada como el pago en una apuesta?

Desde este punto, pensé, estaba completamente dentro de la esfera de la fantasía. Después de todo, la marca de nacimiento de Hajikano había estado allí desde antes que la mía desapareciera. Para que mi teoría se cumpliera, debía de ocurrir una de estas cosas:

  1. La mujer del teléfono rebobinó el tiempo para tomar el pago por la apuesta
  2. La mujer del teléfono sabía desde hace mucho que yo aceptaría la apuesta.

Así que aquí era donde mi teoría se despedazaba. Pero entonces, otra vez, ¿qué es lo que podría significar la «lógica» cuando mi marca de nacimiento se había desvanecido sin motivo alguno? Era inútil esperar cierta coherencia en la cadena de eventos que se aglomeraban alrededor de esta apuesta. Y evaluar las acciones de la mujer del teléfono para poder desentrañar su personalidad y descubrir “lo que estaba pensando” sería probablemente el camino más rápido a la verdad.

Así que lo imaginé. Una noche, Hajikano caminaba sola y escuchó el sonido de un teléfono público. Al tomar el auricular que parecía esperar por ella, la mujer desde el otro lado dijo—: Tu belleza ha sido tomada como un daño colateral de la apuesta de Yosuke Fukamachi.

Hajikano apretó sus sienes ante la tonta broma y colgó. Y a la mañana siguiente, se paró frente al espejo. Una marca repulsiva; una que sentía que conocía, se había formado en su rostro. Intentó quitarla con jabón, pero no se iría a ninguna parte.

Esa tarde, preocupada y quizás después de haber ido al hospital, recibió otra llamada de la misma mujer. Ella le informó—: Esa es la marca de nacimiento que estaba originalmente en el rostro de Yosuke Fukamachi.

Una duda me asaltó naturalmente en este punto. ¿Había alguna razón para llevar a cabo un método tan indirecto? Lo consideré desde su posición, y llegué a una conclusión que parecía tener sentido.

Tal vez estaba intentando probar algo. Para ver si yo podría ser capaz de tratar a Hajikano, ahora que había perdido su belleza, de la misma forma que ella me trató a mí alguna vez.

—Fukamachi. —Chigusa presionó mi hombro—. ¿Tus reflexiones se extenderán durante mucho más tiempo?

Fui arrastrado de regreso a la realidad, y el ruido de la clase retornó a mis oídos. Antes de saberlo, ya estábamos en horario de almuerzo.

—Nah. —Me estiré un poco en mi silla—. Ya me detuve.

Chigusa sonrió y se inclinó para acercarse a mi escritorio.

Mientras teníamos el almuerzo y manteníamos una charla sin sentido, Nagahora regresó de la tienda, dijo: «Me voy a entrometer.» y movió su silla frente a nosotros.

—Sí, te estás entrometiendo —dijo Chigusa, pero movió su caja de almuerzo para hacerle un poco de espacio. Se separaron.

Cuando todos terminamos de comer, Nagahora se pronunció:

—¿No crees que hoy todos se ven cansados?

—¿Lo están? —Chigusa dio un vistazo a los alrededores.

—Ya que es apenas el segundo día de Fukamachi aquí, tal vez no lo sepa, pro todo el mundo está preparándose. Debido a que un gran evento está a la vuelta de la esquina.

Pensé en los eventos marcados en el calendario de eventos de Julio.

—Evento… Oh, ¿te refieres al torneo deportivo del sábado?

—Sí, está ese torneo. Pero no es de lo que estoy hablando. —Chigusa respondió en mi lugar—. Ya se está acercando el momento de anunciar los resultados del concurso de Miss Minagisa.

—Oh, ya veo. —Asentí. Había olvidado por completo la existencia de tal evento.

—Es efectivamente un concurso de belleza en la que toda la escuela puede participar. Me impresiona el hecho de que puedan llevarlo a cabo cada año.

—Por cierto, yo voté por Ogiue —dijo Nagahora sin preocuparse demasiado.

—No lo agradezco.

Chigusa lo miró, pero él no le prestó atención y se volteó hacia mí.

—Oye, Fukamachi. ¿Por quién vas a votar?

Di un vistazo alrededor del salón, luego dirigí la mirada a la chica a mi lado.

—Veamos… Tal vez pueda votar también por Ogiue.

Aunque estoy excluyendo a Hajikano, añadí mentalmente.

Nagahora puso su brazo alrededor de mi cuello.

—¿Ves? —Le lanzó una mirada petulante a Chigusa.

—¿Por qué yo, exactamente? —preguntó, sus mejillas se tornaron ligeramente rojas.

—Pareces ser buena nadadora —respondí.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Significa que también eres la más hermosa. —Nagahora interpretó mis palabras.

—… Bueno, gracias —dijo Chigusa en medio de un suspiro.

En el festival de verano que se efectuaba cada año en Minagisa entre los días 26 y 28 de agosto, en la noche del segundo día, era costumbre que la Miss Minagisa del año hiciera una lectura de la leyenda de la sirena que había existido durante generaciones en el pueblo, y cantara la llamada “Canción de la Sirena”. Este papel se encontraba entre los más importantes durante todo el festival, y era necesario ser una mujer no casada y nacida en Minagisa para poder ser elegida.

Cada año, la Miss Minagisa era escogida de entre los estudiantes de la Primera Preparatoria de Minagisa…debido al hecho de que, en un pueblo rural como este, era aparentemente algo embarazoso el estar soltero, por lo que las personas que no estudiaban evitaban este papel como si fuera una plaga. Porque pararse frente a todos llevando el título de Miss Minagisa era lo mismo que gritar al mundo “Soy una mujer soltera”. Además, muchas de las leyendas sobre sirenas no eran más que trágicas historias, y la de Minagisa no era la excepción. Por lo que ser elegida como Miss Minagisa venía convirtiéndose en una tragedia para las oportunidades de matrimonio.

La Leyenda de la Sirena de Agohama era, para ponerlo de forma sencilla, como tomar la leyenda del Yaobikuni contado en la Prefectura de Fukui, añadirle retazos del cuento «La Sirenita» de Hans Christian Andersen, y dividirlo entre dos.

Yaobikuni era una chica que comió carne de sirena y se volvió inmortal, y huyó dando vueltas por la tierra durante ochocientos años. La sirenita dejó el mar por primera vez en su decimoquinto cumpleaños, y mantenía un amor prohibido dirigido a un humano. Y la Sirena de Agohama… era básicamente como si la bruja de La Sirenita fuera reemplazada por el Yaobikuni.

Lo interesante era, si los registros llegaran a ser correctos, que La Sirena de Agohama ya existía desde más de dos siglos antes de que Andersen escribiera La Sirenita. Y si, de nuevo, se la compara con aquella, es intrigante el hecho de que la historia es mostrada desde el lado de la bruja, en vez del de la sirena. Este es el porqué de todas las estatuas de sirenas colocadas fútilmente alrededor de todo el pueblo de Minagisa, el cual se autopromocionaba como «pueblo sirena» para atraer turistas. Pero hasta el día de hoy, aún no he visto suficientes turistas.

Se dice que, hasta el momento de su muerte, el Yaobikuni mantuvo su apariencia de cuando poseía no más que quince o dieciséis años, además, la Sirenita cayó perdidamente enamorada de un humano en su cumpleaños decimoquinto. Por lo que esta era una razón más por la cual se volvía apropiado que fuera una estudiante de preparatoria quien recitara «La Sirena de Agohama».

Sentí como si Chigusa fuera apropiada para ser Miss Minagisa debido a que el aura ligeramente desafortunada que la rodeaba parecía armonizar a la perfección con la naturaleza trágica de la historia. Por supuesto, no le dije eso de frente. Ella probablemente no se habría sentido agradecida de recibir tal comentario.

Justo como Nagahora predijo, hacia el final del descanso para el almuerzo, los resultados del concurso de Miss Minagisa fueron anunciados por el intercomunicador. Después de un dramático redoble de tambores, se anunció el nombre de la ganadora.

— Chigusa Ogiue, de la clase 1-3.

El rostro de Chigusa se congeló.

Por un momento, el silencio se extendió por todo el salón de clases. Fue roto en última instancia por los aplausos de Nagahora. El resto de la clase le siguió, como si fueran guiados por él.

Por el sonido de los aplausos, parecía que, desde lo más profundo, todos aclamaban la selección de Chigusa. No la escogieron por el bien de acosarla; y hubo muchas veces en las que, durante la secundaria, fue colocado justo bajo el foco solo por mala voluntad, y esa fue la razón por la que lo pensé en primera instancia. No, habían votado por ella a causa de que sentían que Chigusa, exudando tal aura de bella, y desafortunada chica, era la que mejor encajaba en el perfil de la trágica heroína. Era exactamente el mismo perfil que tanto Nagahora como yo habíamos vislumbrado en ella.

La propia Chigusa, en medio del ruido, dejó caer su cabeza y palideció. Nagahora y yo la llamamos varias veces, pero no respondió. Ante esto, decidí cambiar el acercamiento. Estuvimos llamándole por Ogiue, pero esta vez, en cambio, exclamé—: ¡Chigusa!

Repentinamente, ella me observó.

—Lo siento, sólo estaba un poco anonadada. Estoy bien.

—Si no quieres presentarte frente a toda esa gente, puedes rechazarlo. Nadie te culpará. —Le dije.

—No necesitas preocuparte por ello —dijo Nagahora juguetonamente—. Si realmente no quieres hacerlo, yo tomaré tu lugar.

—Son solo mujeres solteras —replicó con una sonrisa dolida. Pero gracias a él, el peso sobre sus hombros pareció aligerarse un poco.

Aun así, por el resto del día, Chigusa se vio claramente más distante y aislada. Durante las clases, estuvo disociada, mirando en dirección a la ventana con una expresión triste. Para el final del sexto periodo, aún no había vuelto a la normalidad. Cuando le dije —Bien, nos vemos mañana —se sacudió como si regresara a la realidad antes de poner una falsa sonrisa sobre su rostro y agitar su mano en respuesta. —Si, nos vemos mañana.

«Debía de sentirse muy mal por tener que pararse frente a todo el mundo», pensé en ese momento. Más tarde, se volvería bastante claro que me encontraba muy lejos de la verdad, pero no había mucho que pudiera hacer en tal caso. Comprender completamente lo que pensaba solo con la información que tenía en ese momento no era más que una idea totalmente absurda.

Si, era más que simplemente la razón por la que Chigusa se había puesto tan pálida al ser escogida como Miss Minagisa. En este punto había un montón de cosas que desconocía sobre ella. Las pistas estaban esparcidas por todas partes, pero simplemente no tenía el tiempo para ponerme a pensar en ello.

*

Fumar un cigarrillo en secreto agrava los nervios. La sorprendente dificultad de encontrar un lugar en el que nadie esté mirando, a pesar de la población; recordando que me encontraba en un pueblo rural. Hay personas en todas partes que tienen tanta hambre de emoción que han hecho un hobby de sentarse frente a la ventana y mirar hacia afuera todo el día, y alegremente saldrían corriendo fuera de casa ante la más ligera posibilidad de que algo fuera a ocurrir. Tan pronto como una persona salía, aquellos que esperaban tras las puertas percibiendo el olor del alboroto saldrían uno tras otro. Y entonces estaba el hecho de obtener una buena hora o un grupo de personas hablando alrededor; ya no se podía saber si esta rareza era real o tan solo un error.

Aplasté el cigarrillo con el pie, dejé el baño del parque que apestaba a amoniaco, y llené mis pulmones con aire fresco. Desde el asfalto emanaba un olor seco, y desde la espesura a un lado del camino, un fuerte olor a plantas se esparcía. Sequé el sudor que se resbalaba por mi mejilla, y continué caminando hacia casa de Hajikano.

Lo que recordaba era el sonido de la lluvia. Y no era una lluvia pequeña, sino del tipo que te moja las rodillas incluso aunque cuentes con una sombrilla. La primera vez que visité su casa fue alrededor de la misma fecha, una tarde a mediados de julio, mes conocido por su clima inestable.

Ese día, hubo una tormenta inmensa que no fue predicha por los meteorólogos. Hubo algunos distraídos como yo que simplemente se olvidaban de llevar sus sombrillas de regreso a casa y la dejaban abandonada en el colegio, pero la mayoría de los estudiantes debían de esperar por sus padres.

Hajikano era muy metódica en cuanto a esto, por lo que ella pertenecía por supuesto al último grupo. Pero cuando descubrió que yo tenía una sombrilla, se mantuvo repitiendo una y otra vez —Estaría de seguro muy feliz si alguien me llevara caminando hasta casa…Digo, sería muy aburrido quedarme aquí esperando por dos horas hasta que papá aparezca.

Y así, decidí llevar a Hajikano a su casa. La mayoría de los chicos ya se habían rendido en lo de irse a casa y se habían ido a refugiar al gimnasio, la mayoría de las chicas formaron pequeños grupos y charlaban, aquellos sin amigos se dirigieron a la biblioteca, y algunos con algún que otro tornillo suelto corrieron descalzos por todo el terreno. Pero de todos ellos, solamente Hajikano y yo nos encontrábamos parados frente a la entrada.

En ese tiempo, de forma bastante inusual, habíamos tenido…no podría llamarse una pelea, sino más bien una disputa menor, y nos encontrábamos en una situación en la que era complicado hablarle al otro. Mi ira hacia ella hace mucho que se había desvanecido sin dejar el más mero rastro, pero sin ser capaz de encontrar una oportunidad de romper el hielo, estuve buscando una forma de reconciliarme con ella.

Pensé, que tal vez, su estado era similar al mío. Y entonces llegó la tormenta. Mientras observaba a través de la ventana, Hajikano se paró solo un poco más cerca de mí que lo que solía hacer usualmente —El reporte del clima se equivocó —Dijo —Ahora que finalmente recordé llevar el paraguas a casa —Dije.

Algunos minutos después, regresamos a nuestra distancia normal.

Dejamos la entrada, y abrí la sombrilla. Hajikano se refugió bajo ella, me reí como si sintiera cosquillas.

En el momento en que pisamos más allá del saliente, furiosas gotas de lluvia golpearon la sombrilla. Cada pisada provocaba salpicaduras de agua, y cada brisa sacudía la sombrilla y echaba sobre nosotros un montón de agua. El camino que normalmente se encontraría inundado con estudiantes que regresaban a sus hogares ahora solamente nos acogía a ambos caminando bajo la lluvia.

Si no hubiera sido por aquella lluvia, me imagino que habríamos tardado un poco más en reconciliarnos.

Ocasionalmente, la mano izquierda de Hajikano tocaba mi mano derecha, pero lo que se mantuvo con más ahínco en mi memoria fue el recuerdo de mis zapatos empapados. Las interacciones con Hajikano habían sido muy raras hasta entonces, pero por alguna razón, yo solo podía pensar en las cigarras. « ¿A dónde iban las cigarras durante las grandes tormentas?» Por supuesto, no solo me preocupaba por las cigarras, sino también por los loros, las mariposas, los gatos, e inclusive los osos, pero sobre todo me interesaba saber sobre las cigarras. Ni siquiera llegaban al mes de vida, ¿entonces cómo se podían permitir perder un día entero de su corta vida bajo la lluvia? ¿Cómo se sentirían?

Incluso aunque eran las tres de la tarde, la visibilidad era tan mala que las varias bicicletas que iban y venían debían de mantener encendidas las luces. Estaría bien mientras se bajara o subiera por colinas, pero no tras cinco minutos después de entrar en un camino plano, fuimos mojados tres veces por los salpicones de agua causados por el pasar de los autos. La primera vez, me mantuve del lado del auto, haciendo de barrera para Hajikano, por lo que no se mojó demasiado. Pero la segunda vez ambos quedamos por completo empapados, se sintió estúpido el siquiera seguir manteniendo la sombrilla arriba. Pero la tercera vez, bueno, intentamos no pensar mucho en ello.

Aun así, no solté aquella sombrilla, mi boleto gratis para acercarme a Hajikano. Gracias que la lluvia reducía la visibilidad de tal forma que nadie podría estar mirando, podría incluso olvidarme de mi marca de nacimiento. Si tan solo pudiera ser siempre así, pensé. Ser capaz de ver ciertas cosas de forma tan clara hace que la vida sea dura. Si el mundo fuera más débil y difuso, tal vez las personas juzgarían las cosas de un modo, aunque sea un poco más justo, sin dejarse guiar por la impresión de la que sus ojos engañados les proveen.

—Aquí estamos —dijo Hajikano, y me detuve. A los costados de la puerta crecían hortensias de varios colores, que se sacudían debido a los embates de la lluvia. Aparentemente, esta era la casa de Hajikano.

—Gracias por acompañarme —dijo, encorvando la cabeza.

—Pero al final no hubo ninguna razón para traer la sombrilla, eh. Casi parece que hayamos venido nadando.

—Está bien. Fue divertido.

Hajikano abrió la puerta deslizante para entrar, pero repentinamente recordó algo y se volteó.

—Puedes entrar si quieres.

—Gracias, pero no, gracias. Mi casa está solo a un corto tramo de distancia.

Lo que no quise decir, pero efectivamente pensé, fue: «Dudo que tus padres no se molesten si me invitas, a mí, un chico con una horrenda marca de nacimiento como esta, como a un amigo»

—Ok…Supongo que es justo. —Hajikano se rascó el mentón con un dedo.

—Sí. Bueno, nos vemos mañana.

Cuando me di la vuelta para emprender el camino hacia mi casa, Hajikano agarró mi manga con sus dedos.

Susurró muy cerca de mi oído —¿No estás enojado?

—Nunca lo estuve. ¿Qué hay de ti? —Le pregunté en respuesta.

—Igual, nunca lo estuve. —Me dejó ir con una expresión de alivio.

—Ten cuidado.

—Claro. Cuídate.

No mucho después de partir, la lluvia se alivianó. Y ni siquiera cinco minutos después de eso, se detuvo por completo. Aun así, ni siquiera se me ocurrió pensar: «Si tan solo hubiera esperado un poco más en la escuela, podría haber llegado a casa completamente seco»

Empezando con ello, sin importar que tan pequeño hubiera sido el paso, nuestra amistad empezó a afianzarse. La prueba de esto fue que, después de eso, empezamos a ir juntos a la escuela. Cada mañana, visitaba la casa de Hajikano. Ella siempre salía no más de diez segundos de que tocara al timbre de la puerta. Cuando la puerta se abría, siempre se podía sentir un extraño olor emanando desde el interior de la casa. Todos los hogares tenían su propio y único olor, pero el de Hajikano me hacía pensar en felicidad gentil; sin ningún motivo en particular, pero era realmente lo que pensaba, ¿así que qué más puedo decir? Sólo pensaba, si la felicidad tuviera un olor, sería algo parecido a esto.

Hajikano se pondría sus zapatos, revisaría sus ropas y cabello, y nunca le faltaría decir «Voy saliendo» a su familia en la sala. Sus vestimentas, de un vistazo, parecían las de una persona madura, y si se prestaba atención, se podría notar que eran de lejos mucho más refinadas que el tipo de cosas que podrían ser compradas en el área. Me pregunto si su madre pensaba en ella como si fuera una muñeca. Cualquiera con una hija como esta no podría resistir la tentación de ir de compras.

Visité la casa de Hajikano cada mañana, pero nunca llegué más allá de la puerta frontal. Si hubiera dicho que lo deseaba, ella probablemente me habría dejado pasar; si ella me lo hubiera propuesto, probablemente habría aceptado. Pero no se sentía necesario. De hecho, se sentía como un desperdicio el que nuestra relación se volviera una en la que pudiéramos ir y venir a la casa del otro. Como resultado, nunca conocí a sus padres. Me imaginé que podrían sentirse dolidos al conocer que su hija consideraba a alguien con tal horrorosa marca de nacimiento como un amigo.

¿Por qué había sido tan cauteloso en mi relación con Hajikano en aquel entonces? Pensando sobre ello, tal vez no quería que el cómodo entendimiento mutuo que había entre nosotros se viera dañado por una relación más cercana. En otras palabras, quería que nuestra relación se mantuviera en «… Y aun así nos entendemos el uno al otro» en lugar de «… Es porque nos entendemos el uno al otro». Mientras más distantes sean dos personas, más fuerte se puede sentir el hilo que los enlaza.

Aunque no necesariamente debido a que muchas cosas habían cambiado desde aquella época, visitar la casa de Hajikano por primera vez después de cuatro años se sentía como ir a la casa de un completo extraño. La casa de madera de estilo japonés con colores por lo general oscuros había pasado a través de un minucioso mantenimiento, sin embargo, aún era incapaz de escapar en su totalidad del paso del tiempo; mostraba algunas pequeñas rajaduras y machucones.

Llamé al timbre de la puerta con un sentimiento mucho más pesado sobre mis hombros que antes. Enderecé las mangas de mi camisa, esperando por la respuesta de alguien, pero no hubo respuesta de ningún tipo. Volví a llamar al timbre y me apoyé en un palo.

A un lado de la puerta había una placa con los nombres de los miembros de la familia escritos en una letra rimbombante. Un árbol particularmente largo en el jardín parecía ser el favorito de las cigarras, y su chirrío que se escuchaba a través de las hojas, sacudía el tronco. Tal vez en aquel día tormentoso, las cigarras se habían refugiado ahí. Estuve a punto de buscar un cigarrillo dentro de mi bolsa, pero no podía garantizar que la madre de Hajikano no respondería, desdichadamente, justo en el momento en que lo encendiera. Bajo la abrazadora luz del sol, esperé con paciencia a que alguien se mostrara.

Después de un rato, escuché que alguien bajaba lentamente las escaleras. Una mujer en el principio de sus veinte abrió la puerta. Su cabello marrón ondulado estaba terriblemente crispado, su piel estaba hecha un desastre cargado con cosméticos, y su camisa estaba llena de pliegues, lo que en su totalidad le brindaba una impresión bastante desastrosa. Por un momento, en mi mente me pregunté sobre la relación entre esta mujer recién levantada y Hajikano, y sospeché que podría bien ser una de sus amigas, pero entonces recordé los nombres en la placa. Tal vez esta era la hermana mayor de Hajikano.

Ella se restregó los ojos y dijo con somnolencia—: ¿Qué quieres?

—¿Está en casa Yui Hajikano?

—Quien sabe. Tal vez lo esté. —Bostezó amplia y sonoramente, y me observó—. ¿Eres el novio de Yui?

—No —respondí con firmeza.

—¿Un acosador, entonces?

—Solo un amigo. Estuvimos juntos en la primaria.

—Amigo, ¿eh? —dijo con una mueca. Se rascó la nuca.

—Incluso si fueras uno de los viejos amigos de Yui, esa es razón más que suficiente por la que no deberías verla ahora mismo. No sé cómo explicarlo, pero el punto es, la Yui Hajikano que conoces no se encuentra aquí.

—Sí, me di cuenta de ello. —Asentí—. Esa es la razón por la que vine para confirmar algo con ella.

—Dilo aquí. Yo le haré llegar tu mensaje.

—Me gustaría hablar directamente con ella. ¿Podrías al menos decirle que Yosuke Fukamachi vino a visitarla?

Sacudió la cabeza con fuerza. —No quiere reunirse con nadie ahora mismo.

—También soy consciente de ello. Sin embargo, es precisamente debido a que no quiere verme que yo necesito verla a ella.

Hubo un largo silencio tras mis palabras. Desde su punto de vista, se podría decir que yo estaba siendo evaluado.

—Oh, bueno —resopló—. Nos estamos hartando un poco ya de los problemas que está causando. Yosuke, ¿eh? Si crees que puedes hacer algo, entonces eres libre de intentarlo. Aunque lo dudo mucho.

—Muchas gracias.

Volví a dirigir la mirada hacia la placa de la puerta. Encima el nombre “Yui” se encontraba escrito el nombre “Aya”. Aya Hajikano, ese parecía ser su nombre.

—He estado durmiendo todo el día. Hace muchísimo tiempo que no tenía un día libre.

Mientras me guiaba, Aya confesó haber estado durmiendo en la casa desde el mediodía.

—He estado atrapada en el laboratorio por casi la mitad de un mes. Las cosas se calmaron anoche, y pensé que finalmente podría dormir sin preocupaciones…Entonces, por supuesto, tú apareciste. Justo para despertarme.

—Lo siento —Me aseguré de disculparme.

—Debiste al menos darme un día de descanso. ¿No pudiste esperar un poco?

—No puedo.

Repentinamente, ella olisqueó alrededor de mi pecho.

—Tienes un ligero olor como a humo. ¿No estás en preparatoria?

—Mis padres, ambos son fumadores, así que creo que se me pega en la ropa.

—Mira, no me voy a entrometer en tus problemas personales, sabes.

Tras subir las escaleras, Aya se detuvo frente a una habitación.

—Esta es la habitación de Yui. —Me dijo—. No te vas a acobardar ahora, ¿verdad?

—Por supuesto que no.

Aya golpeó a la puerta.

—¡Yui! Estás ahí adentro, ¿verdad?

No hubo respuesta.

—Debido a algunas circunstancias, voy a tener que abrir esta puerta —Continuó tocando —Voy a contar hasta sesenta. Si pasa ese tiempo y no hay respuesta, voy a abrir la puerta sin importar qué. Esto no es una amenaza, realmente la voy a abrir. ¿Entiendes?

Como era de esperarse, una vez más, no hubo respuesta alguna.  Ella chasqueó su lengua lo suficientemente alto como para que pudiera ser escuchado a través de la puerta cerrada.

—Parece estar ignorándome. Lo ha estado haciendo con toda la familia.

Que la Hajikano que conocía ignorara a su familia era difícil incluso de imaginar. El hecho de que había cambiado de forma drástica se había vuelto aparente alrededor de diez minutos después de nuestra reunión anoche, pero escucharlo desde la boca de su propia hermana me obligó a reconocerlo desde la posibilidad de un ángulo completamente nuevo.  ¿Quién hubiera pensado que podría siquiera llegar el día en que Hajikano sería tratada como una carga molesta?

Me mantuve mirando el tiempo en mi reloj, pero a los 52 segundos, Aya dijo—: Voy a entrar. —Y abrió la puerta.

«Qué enérgica», pensé asombrado mientras caminaba detrás de ella. No dudé de que pudiera incluso haber tumbado la puerta en caso de que hubiera estado cerrada con llave.

La habitación se sentía desagradable, más oscura de lo imaginable considerando que aún era de día, y sofocante. Las cortinas estaban cerradas, y no había luces encendidas, pero la luz del pasillo iluminaba la habitación. Aunque era inusual para una chica adolescente, su habitación era por completo de estilo japonés, y había un ligero olor en el ambiente a juncos.

Hajikano permanecía acostada en un futón con su espalda hacia nosotros. Sus delicados hombros se mostraban tras una blusa gris, sus blancas piernas se extendían fuera de sus shorts de suave algodón, y su cabello negro brillante dibujaba suaves curvas en las sábanas blancas. Solo con ver esta escena, pude notar que su belleza, que hacía cuatro años parecía estar en la cima, continuó creciendo, expandiéndose sin límites; excepto por un pequeño detalle.

La puerta se cerró tras de mí. Me giré y descubrí que nos habían dejado solos. Aya era terriblemente considerada.

—¿Qué pasa? —Hajikano dijo sin voltearse, pensando que había sido Aya quien entró en la habitación.

—Soy yo.

Hubo un largo silencio tras eso.

Estar en aquella habitación, con la luz del sol siendo bloqueada por completo, en medio del verano, me trajo recuerdos de una película que se nos mostró hace mucho tiempo en la primaria. Había olvidado por completo la película que habíamos visto en el gimnasio, a cortinas cerradas. Todo lo que puedo recordar es que incluso en las escenas en las que no debía de haber ningún sonido, se podía escuchar el sonido de un constante chirrido. Cuando la película terminó, y las cortinas se abrieron, y la luz regresó a través de las ventanas…Las barras en la pared, el aro de baloncesto, la red de fútbol, la red de voleibol en una esquina del techo; se sentía como ver todo aquello por primera vez, aunque ya me había familiarizado con tales objetos. Como si la oscuridad y la película hubieran conspirado para repintar la realidad.

El chirrido monótono de las cigarras se detuvo por un momento como si llegaran a un alto. Hajikano rodó hasta quedar en una posición boca arriba mortificada, y me observó como si colocara su vista en el mismísimo sol. Al girar su cuerpo su suave cabello cayó sobre su mejilla y descolocó el hilo de su blusa, pero ella no le prestó atención.

Era difícil ver con claridad en medio de la oscuridad, pero con bastante seguridad, había una marca de nacimiento en su rostro.

Hajikano se levantó sin ganas y se acercó a mí con movimientos descoordinados, como si estuviera enferma. Se detuvo lo suficientemente cerca de mí como para que ambos pudiéramos sentir el calor que emanaba del cuerpo del otro.

Lentamente acercó su mano para tocar mi mejilla. Sus dedos fríos y delicados se arrastraron justo debajo de mi ojo. Ella lo estrujó una y otra vez, buscando por algo que ya no se encontraba ahí. Tal vez pensó que, si seguía frotando, la piel falsa se caería y mostraría la marca de nacimiento con la que se sentía familiar. Al principio acariciaba la zona gentilmente, pero gradualmente le fue agregando más fuerza.

Repentinamente, sentí una sensación caliente en la mejilla. Rápidamente me di cuenta de que ella estaba clavando sus uñas en mi piel. Cuando mi rostro se contrajo del dolor, Hajikano removió su mano rápidamente como si regresara a sus sentidos. Luego dio un par de pasos hacia atrás y se dejó caer sobre un felpudo. Un rayo de luz que atravesó las cortinas iluminó el lado de su rostro que no tenía la marca, vislumbré fugazmente un lunar bajo su ojo.

Escuché un sonido como de succión. Hajikano sentada sobre sus rodillas, con sus piernas extendidas, lloraba y trataba de mantenerse tranquila. No creí que llorara por sentirse culpable al haberme herido.

Pacientemente esperé a que dejara de llorar. No pude pensar en nada mejor que simplemente esperar. Toqué con mis dedos el lugar donde me había arañado y sentí el calor de la sangre. La habitación era demasiado sofocante, por lo que dejé las cortinas cerradas y abrí la ventana. Entendía su sentimiento de preferir la oscuridad. Ella probablemente estaba sintiendo en la oscuridad el mismo consuelo que encontré yo alguna vez en las fuertes tormentas.

Las cortinas se sacudieron, y un agradable viento penetró en la habitación, volteando las páginas de una gruesa libreta sobre el escritorio. Hajikano se levantó y cerró la libreta, poniéndola dentro de un cajón. Entonces buscó algo en el cajón inferior, lo tomó y regresó hasta ponerse justo frente a mí. Me preparé para cualquier cosa que pudiera hacer, pero en su mano no había más que una curita. Con cuidado la aplicó sobre mi herida, luego dijo silenciosamente—: Lo siento.

Sentí como que ahora podría escuchar.

—Escuché que no estás yendo a la escuela porque no quieres estar en el mismo salón de clases que yo. ¿Es eso cierto?

—Si —Ella respondió. Parecía que ya había logrado calmar sus lágrimas —Si ya lo sabes, pues bien. No quiero ver tu rostro, Yosuke. Por favor vete.

Me había preparado, pero tras recibir tal rechazo mi pecho se tensó de forma sofocante.

—¿Podrías al menos decirme por qué?

—No hay una verdadera razón. No es tu culpa. Solo he decidido odiarte.

Ella prácticamente estaba escupiendo esas palabras. Llevé las cosas a otro punto.

—¿Por qué intentaste hacer eso anoche?

No respondió a mi pregunta.

—¿Es debido a eso? —pregunté.

—No necesitas saber eso —dijo Hajikano—. … Tu marca de nacimiento está curada. Eso es bueno. Bien, adiós.

Sus palabras fueron expresadas de un modo espinoso, pero aun así apuñalaron a través de mi corazón. Antes, ella definitivamente nunca habría usado la palabra “curada”.

Le di la espalda a Hajikano y estuve a punto de dejar la habitación. Pero antes de dar el primer paso fuera de la puerta, me giré y le hice una última pregunta.

—Oye, Hajikano. ¿Recuerdas lo que dijiste de mi marca de nacimiento cuando estábamos en primaria?

Ella lentamente sacudió la cabeza.

—No lo recuerdo.

Aplastado por la negación de un recuerdo tan sagrado, dejé su habitación. Aya me esperaba afuera, y me miró como si quisiera preguntar “¿Cómo ha ido?”. Sacudí mi cabeza con impotencia. Ella se encogió de hombros con una mirada de “¿No te lo dije?”

*

Aya y yo nos sentamos juntos en el porche y fumamos.

—Bastante terrible, ¿no es así? —dijo —Repentinamente apareció durante el invierno, era su segundo año en la secundaria. Yui ha cambiado completamente a causa de ello. Creo que fue durante el verano de su tercer año…Alrededor de esa época, empezó a saltarse las clases sin ninguna razón. Se las arregló para asistir lo suficiente como para graduarse, pero aparentemente tuvo que conformarse con una preparatoria con un nivel más bajo de lo que le hubiera gustado. Hablando de subidas y caídas. Muestra que tan importante es la apariencia para las personas.

Invierno, su segundo año de la secundaria…Esas palabras se repitieron en mi cabeza. Incluso si la mujer del teléfono conociera el futuro en el que yo aceptaría la apuesta; y si viajó atrás en el tiempo para cobrar por los daños colaterales, plantar la marca de nacimiento en Hajikano un año completo y la mitad de otro parecía de lejos anticiparse demasiado. Tal vez toda la idea que había tenido de que la marca de nacimiento había sido transferida desde mi persona hacia ella era solo una exageración.

—No deberías molestarla más —Aya presionó su cigarrillo contra una lata de incienso anti-mosquitos —Tal vez fueron buenos amigos antes, pero ahora mismo ella es tan solo un cascarón vacío de su anterior yo. Reunirte con ella de nuevo solo destruirá tus recuerdos.

—Vete una vez que hayas terminado —Me dijo, y se fue. Tomé un cigarrillo más, y luego de lanzarlo en una lata, toqué con cuidado la curita en mi rostro, y salí de la casa.

Durante el camino, escuché el sonido desde una cabina telefónica en una esquina de la calle del distrito residencial. Ya ni siquiera estaba sorprendido. Entré en la cabina y respondí al teléfono.

—¿Hola?

—Entonces, ¿cuáles son tus pensamientos tras volver a reunirte con Hajikano? —preguntó la mujer—. ¿Eres capaz de amar a Hajikano, así como es de horrenda ahora?

Aplasté el auricular sobre su posición y salí de la cabina. ¿Puedo amar a la ahora fea Hajikano? Por supuesto que puedo. No es como si me hubiera enamorado de ella simplemente porque era hermosa. Si podía o no amarla, aunque tuviera esa marca de nacimiento no era de ningún modo un problema. El problema recaía en si podría ella amarme; al yo que no tenía una marca de nacimiento.

Desde las bocinas por todo el pueblo sonó una campanada que avisaba que ya eran las cinco de la tarde, con la melodía de la Canción de la Sirena. Aun así, parecía que aún faltaba una hora hasta la puesta del sol. Varios cuervos volaron rodeando los árboles, las cigarras chirriaron de forma refrescante. A un grupo de niños de la localidad se les enseñaba sobre la seguridad contra incendios.

Cuando pensaba sobre ello, me di cuenta de que las cosas habían sido demasiado inusuales hasta ahora. Ser un amigo cercano a Hajikano había sido solo el resultado de numerosas coincidencias, así que, si se lo veía desde un punto de vista realista, era simplemente natural que ella me tratara de esa manera. Incluso sugerir que podría consolar a Hajikano era demasiado. Pensar que podría ser mía; ahora eso era realmente no saber siquiera donde estaba parado.

Parecía que era un poco capaz de manejar el ser rechazado por Hajikano. Me hizo sentir como un individuo débil y sin esperanza. Mi una vez brillante pasado cambió de color; puedo imaginar que solo había visto las cosas desde mi punto de vista, y en realidad nunca fui un amigo importante para Hajikano.

Al perder toda la confianza en mí mismo de un solo golpe, empecé a rendirme en tratar de ganar esta apuesta. Ok, ok, entiendo lo que estás tratando de ser. El sólo hecho de perder mi marca de nacimiento no hará que todos mis sueños se vuelvan realidad. Nunca fue tan simple. Era un juego que realmente nunca tuve la oportunidad de ganar. Y tú lo sabías en el momento en que propusiste esta apuesta, ¿cierto?

Pero también, si cambio mi forma de pensar, puedo ponerlo de esta forma: a cambio de mostrar toda mi impotencia en su totalidad, se me había otorgado una gran oportunidad. En el presente, mis circunstancias en la escuela no eran tan malas. Si construía fuertes relaciones de confianza con Chigusa y Nagahora ahora que podía, tal vez podría mantenerlas intactas incluso si mi marca de nacimiento regresaba. Si, este periodo de no tener mi marca de nacimiento era una oportunidad perfecta.

Esa mujer había dicho que la fecha límite era el 31 de agosto. Por lo que mi destino aún se posponía por un mes. Se me había brindado una cantidad algo decente de tiempo.

Preví mis acciones. Chigusa y Nagahora, aceptándome como antaño, incluso aunque regresara mi marca de nacimiento. Yo mismo, siendo capaz de olvidar todos los malos momentos y sonriendo junto a mis compañeros.

Ese ciertamente no habría sido un mal futuro.

*

Fui ingenuo. Cuando la mujer del teléfono explicó los detalles de la apuesta, ella, quizás intencionalmente, evitó mencionar un punto importante. Nunca mencionó nada acerca del castigo que yo recibiría si llegara a darse el caso de que perdiera la apuesta. Ella sabía que, si hubiera llegado a mencionarlo, yo ni siquiera lo habría considerado.

Recordemos la historia de la sirena. No la Sirena de Agohama. No el Yaobikuni. Sino el cuento de hadas escrito por Hans Christian Andersen.

Andersen tuvo una vida llena de frustraciones y corazones rotos, y especialmente en sus primeros trabajos, mantuvo una fuerte tendencia a escribir tragedias que terminaban en la muerte del protagonista. La Sirenita es un ejemplo de este modelo. A los ojos de Andersen en aquella época, con su talento desconocido y sumido en las profundidades de la pobreza, no es de sorprender que la muerte se le vislumbrara como única salvación. Tal visión pesimista se reflejaría de seguro en su trabajo.

Ahora, hasta donde puedo recordar, así es como comienza la historia de La Sirenita.

En su decimoquinto cumpleaños, la sirena deja el mar por primera vez en su vida y se enamora de un príncipe que navegaba en un barco. A las sirenas no se les permite mostrarse ante los humanos, pero ella renuncia a rendirse en su amor por él. Así que hace una petición a una bruja, y a cambio de su hermosa voz, obtiene una forma humana. La bruja le advierte—: Si el príncipe se llega a casar con alguna otra chica, te convertirás en espuma de mar.

¿No era esa exactamente la situación en la que yo me encontraba?

¿Y cómo es que acaba la Sirenita?


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