Súper Gen Divino – Capítulo 690: Tomando el Melocotón Sagrado


Quinto Capítulo Semana 18

¡Disfrútenlo!

Han Sen se apresuró hacia la copa del árbol, levantó su Ardiente Púa de Rex, e intentó cortar el melocotón sagrado inferior que aún no había madurado completamente. Pero de repente, fue alertado por algo, y un frío corrió por su columna vertebral.

Han Sen retrocedió rápidamente y vio un destello rojo pasar por su cabeza. Era la serpiente rosada, que había vuelto para vengarse.

El cuerpo de Han Sen estaba empapado en un repentino sudor frío. La serpiente rosada no persiguió a la Ángel Santa y en su lugar se quedó atrás para atrapar a Han Sen. Afortunadamente, tenía unos potentes sentidos, lo suficientemente fuertes para esquivar el repentino ataque furtivo. Si no lo hubiera evitado, la serpiente rosada sin duda ya estaría retorciéndose dentro de su oreja. Pensando en lo que le pasó al elefante de hueso, Han Sen no pudo evitar sentir que le picaba la cabeza.

La serpiente rosada falló su ataque y rebotó en una rama de árbol, saltando hacia Han Sen una vez más.

Han Sen y el zorro plateado ahora se ocuparon juntos de la serpiente rosada, pero les robó la oportunidad de agarrar el melocotón sagrado. El zorro plateado era demasiado joven, si hubiera crecido un poco más, podría haber sido capaz de lidiar con la serpiente rosada por sí mismo. Han Sen habría sido capaz de agarrar el melocotón mientras la serpiente se mantenía ocupada.

En este momento, ambos estaban luchando por mantenerse a la par con la serpiente rosada. El arma pesada, Ardiente Púa de Rex, era demasiado lenta contra ella y era ineficaz de manejar.

Han Sen quería convocar a la Ángel Santa de nuevo, pero ella estaba sosteniendo el melocotón. Si era convocada de nuevo a través del Océano Espiritual, el melocotón no podía viajar con ella.

La legión de serpientes ahora atacaba desde todas las direcciones, y con los bichos negros a remolque, el lugar era un caos.

Han Sen trató de deshacerse de la serpiente rosada unas cuantas veces, pero no pudo. De hecho, casi inhaló la niebla roja que la serpiente emitía.

No mucho después, escuchó el zumbido de los insectos voladores que llegaban. Las pocas mariquitas que fueron tras la Ángel Santa regresaban, habiendo abandonado su persecución.

La bestia azul y los dos osos también regresaron. A excepción de la grulla, todos habían regresado.

Han Sen, reconociendo lo frenética que se había vuelto la situación, sólo podía retirarse. Sin embargo, las cinco mariquitas no sólo habían vuelto a la zona, sino que habían regresado para ir tras Han Sen.

Sin pensarlo, Han Sen eligió huir. Si no podía lidiar con una, no había posibilidad de que pudiera enfrentarse a cinco.

Las cinco mariquitas se acercaron a él, claramente conscientes de que Han Sen era el amo de la Ángel Santa. Para conseguir el melocotón, pensaron que era mejor matar al amo que la controlaba.

Han Sen deseaba que le crecieran más piernas. Corrió tan rápido como pudo, pero las mariquitas detrás de él volaban más rápido. Se acercaban rápidamente a él.

El zorro plateado gruño, y produjo una carga de rayos de plata. El relámpago parecía una telaraña mientras disparaba hacia las cinco mariquitas.

Las cuatro mariquitas de alas doradas entraron en contacto con la red eléctrica. Se convulsionaron y se entumecieron con la carga, lo que causó que su persecución fuera más lenta.

Pero la gran mariquita dorada no se vio afectada por la descarga, y voló tan rápido como siempre.

El corazón de Han Sen casi saltó de su pecho. Conocía la fuerza de la mariquita dorada después de ver la incapacidad de los dos osos para lidiar con ella, y su posterior multitud de heridas. No había manera de que Han Sen y el zorro plateado pudieran soñar con repelerla.

Viendo a la mariquita dorada persiguiéndola de cerca, Han Sen ejecutó una habilidad que le permitiría esquivarla. Esperaba que el movimiento le sustentara la vida un poco más.

Sin embargo, la mariquita dorada era demasiado rápida, y la sombra dorada destelló para abrir el hombro de Han Sen con un profundo corte. Era tan profundo que el hueso del hombro quedó expuesto, y sangraba mucho.

Han Sen todavía estaba en conflicto sobre si debía o no convocar a la Ángel Santa de vuelta. Si no lo hacía, se preguntaba si era sólo cuestión de tiempo antes de que él y el zorro plateado fueran asesinados. Pero de repente, la mariquita dorada desvió su atención de ellos y se fue volando.

Han Sen se sorprendió, pero comprendió por qué los había dejado en paz. Miró hacia el árbol místico y vio a la serpiente rosada abrir sus fauces de par en par, preparándose para morder el melocotón aún no maduro.

Observando la carnicería y el regreso de la mariquita dorada al árbol, los dos osos huyeron con miedo.

Viendo a los dos osos escapar, Han Sen comprendió que no había esperanza de quedarse. Se dio la vuelta y se dirigió en la dirección en que se había ido la Ángel Santa.

Sin los dos osos, sólo quedaban la serpiente rosada y la bestia azul. Incluso con Han Sen y el zorro plateado, no había manera de que pudieran luchar contra las cinco mariquitas. Con el odio y el desprecio que albergaban por Han Sen en particular, era consciente de que cualquier regreso a la zona resultaría rápidamente en su muerte. Sería un suicidio.

Quería recuperar rápidamente el melocotón de la Ángel Santa. Con sólo la grulla persiguiéndola, estaba seguro de que sería capaz de obtener el melocotón de ella.

Como era de esperar, antes de que Han Sen llegara a la Ángel Santa, pudo ver la grulla en plena persecución. Gritó, planeando en el aire, convocando fuertes vientos. Luego, subió por encima de las nubes. Dejando pequeñas gotas de sangre, lo que sugería que estaba herida.

Han Sen vio la sombra de la Ángel Santa a lo lejos, que ahora se volvió hacia Han Sen. Parecía como si estuviera persiguiendo a la grulla herida.

Pero la grulla era una con el viento, y en un momento, ya se había ido. Ni siquiera la Ángel Santa podía alcanzarla.

Han Sen tomó el jugoso melocotón de la mano de la Ángel Santa y se llenó de una felicidad sublime. Lo puso cuidadosamente en una bolsa que había preparado para él y rápidamente dejó el bosque.

Con las cinco mariquitas que custodiaban los melocotones, Han Sen tuvo suerte de conseguir uno. Lo sabía, y sabía que era mejor para él no volver y arriesgarse por codicia de intentar atrapar la segunda.

Han Sen pensó que el melocotón inferior estaba garantizado por las cinco mariquitas. No creía que la serpiente rosada y la bestia azul tuvieran alguna posibilidad contra ellas.

Una cosa que Han Sen no entendía, sin embargo, era la relación entre la mariquita dorada y las mariquitas de alas doradas. Eran súper criaturas reales, no unos bichos negros que habían sido creados como una forma de arma.

Si la mariquita dorada daba a luz a las cuatro mariquitas de alas doradas, entonces la segunda generación sería más fuerte que la madre. Pero no fue así, porque la mariquita dorada era evidentemente más fuerte que las otras cuatro.

Pero sin importar su relación o lo que sugiriera, a Han Sen no le podía importar menos en ese momento. Todo lo que quería era regresar al Palacio de Cristal donde estaba a salvo. Allí, podría cenar con seguridad el melocotón sagrado y practicar su Sutra Dongxuan. Tal vez podría terminar su primer nivel ahora, que era su objetivo final.

Afortunadamente, su viaje de regreso fue sin incidentes, y llegó al Palacio de Cristal sano y salvo. Sacó el melocotón de sus bolsillos, y todo el palacio de cristal de repente olía a un maravilloso aroma frutal. Una luz sagrada acarició el melocotón, y su piel transparente era una fina membrana que separaba el mundo exterior y el carnoso jugo divino del interior. El agradable aroma no podía ser retenido por la piel.

El zorro plateado abrió su mandíbula y saltó al melocotón, intentando tragárselo entero.

Pero Han Sen estaba bien preparado para esto, y ordenó a la Ángel Santa que agarrase al zorro plateado. No importaba cuánto luchara, o hiciera, no conseguiría ni una pizca de ese melocotón.

“¡Ja, ja! Lo siento, zorro plateado. Pero este melocotón es mío, ¿por qué no vas a comer un caramelo o algo así?” Han Sen sacó una píldora de GenoCreación para alimentar al zorro plateado.

Al zorro plateado le encantaba comer una píldora GenoCreación cada día, pero ahora, ni siquiera la miraba. Todo lo que el zorro plateado quería era ese glorioso melocotón.

 

 


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