Súper Gen Divino – Capítulo 662: El Poni Rojo


Quinto Capítulo Semana 14

¡Disfrútenlo!

“¡Santo cielo! ¿Escapé del territorio de los lobos sólo para terminar en el reino de los caballos?” Han Sen estaba abatido mientras veía a los caballos alados, los pegasos, acercarse. Quería abofetearse a sí mismo, pensando, “¿Por qué vine aquí en primer lugar? ¡Debería haberme quedado buscando súper criaturas solitarias!”

“Tratar de aprovecharme de los demás hará que me maten.” Suspiró Han Sen.

Afortunadamente, parecía haber una tierra de nadie entre la manada de lobos y los voladores pegasos. No iban a su encuentro, lo que le dio la oportunidad de descansar por un breve tiempo.

Han Sen no se atrevió a volar en el cielo. No tendría ninguna ventaja allí arriba, considerando que los pegasos eran criaturas voladoras.

Aterrizó en la hierba y echó un buen vistazo a su alrededor. No había nada notable en el lugar, ya que era sólo un campo de hierba. En docenas de kilómetros a la redonda, no había rastro de los pegasos ni de los lobos.

Después de que Han Sen mirara más de cerca, la hierba era más corta que en otros lugares. Parte de la hierba era incluso de color amarillento. Era muy diferente a la hierba fresca, larga y verde que había en los campos a la izquierda y a la derecha de la que él estaba actualmente.

Aparte de eso, no había nada especial. Ni siquiera había un lago o estanque, sólo un campo de hierba.

Los lobos y los caballos lo miraban fijamente pero mantenían su distancia. No se iban a marchar, así que Han Sen decidió quedarse allí mientras estuviera a salvo. No creía que los lobos o los caballos pudieran mantenerse observándolo así durante mucho tiempo.

Pero rápidamente, Han Sen se dio cuenta de que algo estaba mal. Los caballos y los lobos realmente se quedaron allí, tomando turnos entre los suyos para vigilar a Han Sen.

Por suerte, Han Sen había llevado muchas provisiones con él, incluyendo soluciones nutritivas. Podía permanecer en ese campo durante dos meses, si era necesario.

Pero incluso si se quedaba donde estaba durante los siguientes dos meses, ¿cuál era el punto? Los lobos y los caballos no querían irse. Pasaron dos semanas y aún así permanecieron fuera del campo vigilando a Han Sen, no permitiéndole salir.

“Zorro plateado, vas a tener que hacer algo y ayudarme a encontrar una salida de este lío. No vas a esperar a que esté muerto para salir corriendo, ¿verdad?” Han Sen puso al zorro plateado frente a su cara y dijo, “¡Esto no está bien! No hay mucha diferencia entre un zorro y un lobo, ¿verdad? ¿No puedes ir y hablar con el Rey Lobo en mi nombre, y decirle que todo fue un gran malentendido?”

Han Sen lo bajó y el zorro plateado se acostó en el suelo, parpadeando a Han Sen.

Han Sen creyó que sería mejor hablar con una roca. Así que dio varias vueltas por todo el campo, evaluando qué opciones había para escapar, pero no descubrió nada viable.

“Si escapar no funciona, que así sea. ¡Tendré que luchar para salir! Definitivamente no puedo salir por el lado de los pegasos, ya que su número parece mayor que el de los lobos. Ellos también pueden volar. Esa será seguramente la forma más peligrosa.” Han Sen entonces observó el lado de los lobos. Observó el viento que soplaba a través de la hierba, que revelaba los grises lomos de los lobos ocultos. El cielo sabía cuántos acechaban en la alta hierba, esperando a Han Sen.

Han Sen sólo podía observar sus movimientos, esperando el momento adecuado para abrirse paso entre la horda y hacer una audaz huida. Sería mejor si pudiera confirmar la ubicación del Rey Lobo, así al menos tendría la oportunidad de intentarlo. Pero, por desgracia, no pudo localizarlo y tal acción no se podía efectuar actualmente.

Después de un tiempo, Han Sen vio a los caballos en un estado de leve inquietud. En el grupo de caballos, apareció un poni rojo. Se separaron y formaron un camino para él, sin atreverse a tocarlo.

“¿Es el hijo de una súper criatura?” Han Sen echó un vistazo y se sorprendió. El poni rojo no parecía haber nacido hacia mucho tiempo. Parecía bastante curioso, e incluso el pegaso de clase divina evitó su acercamiento.

“Si secuestro el poni rojo, ¿podría usarlo para escapar de la manada de caballos?” El corazón de Han Sen dio a luz este malvado pensamiento, preguntándose si podría poner un cuchillo en el cuello del poni rojo y hacer un trato con el Rey Pegaso.

Pero Han Sen rápidamente abandonó la idea. Las criaturas no eran humanos, y si veían a Han Sen amenazar al poni rojo, probablemente optarían por matar a Han Sen en lugar de negociar.

Aunque el poni rojo era pequeño, era una súper criatura. Han Sen no estaba completamente seguro de poder lidiar con él solo de todos modos.

El poni rojo parecía tener curiosidad por todo. Abrió bien los ojos y observó a Han Sen y al zorro plateado con gran interés.

El poni rojo intentó entrar en el campo de Han Sen en numerosas ocasiones, pero cada vez, el Rey Pegaso lo detuvo y lo envió de vuelta.

Antes de que se llevaran el poni rojo, miró hacia atrás y casi pareció molesto.

“Es una lástima. Si ese poni rojo viniera aquí por su cuenta, ¡quizás podría secuestrarlo!” Han Sen pensó, decepcionado.

Esa noche, Han Sen se acostó en la hierba observando los cielos nocturnos. Contó las estrellas que brillaban por encima. Era bastante aburrido, así que convocó al Angel y a la princesa YinYang para hablar.

Mientras hablaban, escucharon el ruido de la manada de caballos. Mirando hacia allá, Han Sen vio al poni rojo acercarse sigilosamente, con los ojos fijos en él.

Han Sen se alegró cuando lo vio, pero causó una conmoción en la manada de caballos. Relincharon repetidamente, como si estuvieran tratando de convencer al poni rojo de que regresara a ellos.

Pero por mucho ruido que hicieran, no se atrevieron a entrar en la zona como lo hizo el poni rojo.

Sin embargo, el Rey Pegaso no se veía por ninguna parte, y Han Sen no sabía por qué.

El poni rojo ignoró a sus hermanos y continuó acercándose a Han Sen. Miró a su izquierda y a su derecha hasta que estuvo a unos veinte metros de distancia. Luego, se paró donde estaba y observó a Han Sen y sus compañeros.

“Ven aquí, pequeño niño. Ven aquí.” El rostro de Han Sen estaba coronado con una extraña sonrisa. Extendió ambos brazos al poni rojo, como si estuviera llamando a un bebé para que gateara hacia él.

Pero el poni rojo dio unos pasos atrás, y sus ojos se veían alerta. No confiaba en Han Sen.

Han Sen notó que su comportamiento era como el de cualquier tío viejo y espeluznante que desea secuestrar a un niño. Rápidamente, apartó su cara sonriente y puso su mirada de inocencia como si estuviera intercambiando máscaras. Mientras lo hacía, pensó en cómo podría atraer al poni rojo hacia él.

Han Sen tiró un poco de cecina al suelo y pidió que el poni se la comiera, pero fue ignorado.

“¿Los caballos sólo disfrutan comiendo hierba?” El corazón de Han Sen se sintió mal. Miró en sus bolsillos y no había nada que pudiera usar para atraer al poni rojo, así que no estaba seguro de qué hacer.

Pero el poni rojo, después de un rato más de observarlo, pareció perder algo de su temor. Lentamente, comenzó a acercarse cada vez más a Han Sen.

La manada de caballos estaba en un frenesí, ya que innumerables caballos rodeaban el área, relinchando repetidamente. Era como si estuvieran suplicando que el poni rojo regresara y que Han Sen no lo lastimara.

Han Sen de repente pensó que algo tenía que estar mal. Si los lobos y los caballos se estaban evitando entre sí, ¿tal vez por eso no se acercaron más? Pero ahora que el poni rojo estaba dentro, ¿por qué no vinieron los otros caballos?.

 

 


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