Súper Gen Divino – Capítulo 637: Leal de Corazón


Primer Capítulo Semana 11

¡Disfrútenlo!

Chen Ran vio a Han Sen sacar una ballesta y apuntarle. Dijo con desdén, “Creí que eras de los que ponen todo en el fuego. Ya sabes, las armas grandes, no una ballesta.”

Chen Ran había estado en la segunda zona de El Santuario de Dios por mucho tiempo, y había visto muchas cosas en su tiempo allí. Incluso había visto una ballesta divina usada en conjunto con una saeta divina.

Contra él, pensó que una ballesta sería inútil. Si fuera un arco común, por otro lado, Chen Ran tendría algunas trepidaciones. El poder de un arco se derivaba de su portador, y tales armas podían estar imbuidas de propiedades mágicas y otros poderes especiales, como tal, él actuaría rápido en tratar de evitar ser golpeado por uno.

Pero el poder de una ballesta siempre se derivaba de cómo se había fabricado inicialmente. Había un límite para el poder que tenían. Incluso una saeta divina, contra un élite como Chen Ran, sería inútil.

Chen Ran continuó blandiendo su espada Anser con mayor poder y velocidad.

¡Pang!

Han Sen apretó el gatillo y un destello negro salio disparado desde la punta de la ballesta. La saeta estaba delante de la cara de Chen Ran.

La cara de Chen Ran cambió, no esperaba que una saeta poseyera una velocidad tan horrorosa. Y como había sido disparado a una distancia tan cercana, no parecía probable que fuera capaz de esquivarlo.

Pero Chen Ran era un anciano temible, y su velocidad de reacción no tenía igual. Con la espada Anser, bloqueó la saeta pluma negra.

¡Dong!

La hoja desvió la veloz saeta a un gran costo. La espada divina Anser se partió por la mitad, astillándose en diferentes direcciones. La fuerza golpeó el cuerpo de Chen Ran hacia atrás, horadando la tierra con dos marcas de arrastre de tres metros de largo.

¡Pop!

La boca de Chen Ran arrojó sangre. En un shock total, sus ojos se fijaron en la ballesta de la mano de Han Sen. No podía creer que una ballesta pudiera tener tanto poder.

Han Sen rápidamente vio que su primera saeta no mató a Chen Ran, así que sin dudarlo, cargó otra y disparó de nuevo. La saeta negra se dirigió hacia Chen Ran una vez más.

Chen Ran gritó, mientras nubes aparecían a su alrededor, enmascarando todo su cuerpo en blancos puñados de algodón. Entonces, inmediatamente comenzó a volar para esquivar la segunda saeta.

Siete Pasos de la familia Chen es poderoso.” Han Sen admiró su rápida huida, pero sus manos no dejaron de moverse. Una vez más, cargó y disparó una saeta tras otra, no permitiendo que Chen Ran escapara.

Chen Ran creía que después de esquivar la primer saeta, sería capaz de escapar sin problemas. Los saetas eran demasiado aterradoras. No se atrevió a rivalizar con un arma tan formidable, sin saber qué ocurría a la ballesta de Han Sen y cómo poseía un poder tan aterrador.

Es más, no esperaba que la ballesta de Han Sen disparara tan rápidamente. Era casi como una pistola. Chen Ran vio los saetas negras pasar por delante de él en el cielo, y el miedo lo volvió loco.

Si el llanto le hubiera dado misericordia, se habría deshecho de sus ojos frente a Han Sen.

Chen Ran apretó los dientes, volando como un espeluznante pájaro sin cabeza en el aire. Siguió moviéndose a izquierda y derecha con unos movimientos más extraños. Era más inteligente que un pájaro de verdad.

Pero no importaba lo fuerte y ágil que fuera, ni siquiera él podía esquivar la ráfaga de saetas que le llegaban. Después de esquivar cuatro saetas, no podía esquivar los que venían después.

¡Pang! ¡Pang!

Chen Ran apenas pudo esquivar los dos siguientes, pero las ráfagas de viento que acompañaban a los saetas sacudieron su cuerpo tanto que más sangre se derramó de su boca. Ya no podía mantener su posición.

En el siguiente segundo, una andanada de cuatro saetas atravesó su cuerpo. Los saetas atravesaron la armadura divina que llevaba como cuchillos calientes a través de la mantequilla.

El increíble poder de las saetas lo envió en espiral a unas pocas docenas de metros de distancia, clavándolo en un acantilado cercano.

Huang Mian gritó, y mientras lo hacía, Han Sen se volvió para disparar otra saeta en su dirección.

¡Pang!

La saeta rompió la gran espada de Huang Mian en poco más que purpurina, y aún así, su velocidad no se vio disminuida. Continuó para perforar su brazo derecho.

Huang Mian no reaccionó, como si no hubiera sentido nada de la saeta que atravesó su brazo. Frenéticamente, lanzó un puño hacia la cara de Han Sen.

“¿Qué beneficio te ha proporcionado Chen Ran? ¿Por qué deseas tan seriamente dar tu vida por él?” Han Sen dio un paso atrás y esquivó el puño de Huang Mian.

Las habilidades de cuerpo a cuerpo de Huang Mian eran muy inferiores a su capacidad de lucha con la espada, y por lo tanto no era una amenaza para Han Sen.

“Me salvó la vida, y como tal, ¡debo devolverle el favor!” Huang Mian se mordió los dientes y comenzó a lanzar más puñetazos.

“Entonces te lo concederé.” Han Sen golpeó la cabeza de Huang Mian, lo que causó que se desmayara.

El resto de personas que habían acompañado a Chen Ran ya estaban corriendo a las colinas, en ese momento. Un personaje poderoso como Chen Ran había sido derrotado por una saeta, y temiendo que lo mismo les pasara a ellos, deseaban tener un juego extra de piernas para poder alejarse a un ritmo mayor.

No podían imaginar cómo una ballesta tan miserable podría haber llegado a existir. Era como una pistola, y con un poder tan temible, era más poderosa de lo que tenía derecho a ser.

Han Sen no podía molestarse en perseguir a los asaltantes que se alejaban, y en cambio, se aventuró a la ladera del acantilado en el que Chen Ran había sido clavado.

El cuerpo de Chen Ran tenía cuatro saetas manchadas de sangre que sobresalían de él, pero aún así, no había muerto todavía. Intentó sacar las plumas pero no pudo. Hacia adelante, las plumas eran tan suaves como la seda, pero hacia atrás, cortaban como una docena de hojas de afeitar. Si intentaba arrancarlas, los órganos y huesos de su interior serían masacrados.

“Ahh, Chen Ran. Odio decirlo, pero en verdad, nada de esto tenía que pasar.” Han Sen sonrió mientras estaba de pie ante el cuerpo arruinado de Chen Ran. Mirándolo de arriba a abajo, los ojos de Han Sen se posaron en el casi derrotado sin vida.

“Han Sen, ¿te atreves a matarme? La familia Chen tendrá su venganza. ¡Un mundo de dolor será lo único que pueda salir de esto!” Chen Ran le dijo a Han Sen, mientras ardía de rabia.

Pero la sangre brotaba de sus labios, ahogando las palabras que deseaba escupir a Han Sen. Lo que podría haber sido una advertencia desconcertante fue en cambio una visión lamentable.

“Si quieres vivir, dime los secretos para aprender Siete Pasos.” Ofreció Han Sen, sonriendo.

La boca de Chen Ran estaba llena de sangre mientras reía. “Chico, cuando vagué por estas tierras por primera vez, tu padre aún no había nacido. ¿Te atreves a darme tal ultimátum? ¡Ja!”

Chen Ran escupió sangre en la cara de Han Sen. Luego apretó los dientes, lo que hizo que la sangre de su boca se volviera negra. Luego su pulso se detuvo. Estaba muerto. Han Sen, para asegurarse del hecho, examinó su cuerpo.

Han Sen miró a Chen Ran con un shock. No esperaba que ese malvado y viejo zorro fuera tan loco como para usar veneno para acabar con él.

“No debería subestimar a figuras prominentes de familias tan poderosas. Su lealtad entre ellos es casi aterradora.”

Han Sen pensó en ello durante un tiempo más. Luego inició un incendio para quemar el cuerpo de Chen Ran. Si alguien de la familia Chen lo persiguiera, su desaparición podría dar crédito a cualquier historia que Han Sen decidiera inventar.

Han Sen también creía que quemar su cuerpo sería considerado una buena acción a los ojos de cualquier poder superior que pudiera estar observando. No habría sido muy noble dejar que su cuerpo se pudriera en la naturaleza, después de todo.

Pero antes de que Han Sen encendiera el fuego sobre el cadáver de Chen Ran, su cuerpo sin vida repentinamente cobró vida. Saltó y gritó, “¡No, no, no! ¡Alto! ¡Podemos hablar de esto! ¿Dijiste que te gustaría aprender Siete Pasos? ¡Puedo enseñarte, puedo enseñarte!”

Los ojos de Han Sen se abrieron de par en par y se quedó inmóvil, mirando a Chen Ran por un buen rato.

Después de un tiempo, Han Sen juró en silencio, “Maldita lealtad. No puedo creer que estuviera dispuesto a creer que este viejo tuviera un mínimo de lealtad. ¡Eso me hace enojar!”

 

 


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