El lobo no duerme — Episodio 1, Parte 13

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13

—Se ha decidido que Rubianafal se casará con la familia Schadrest. Puesto que la casa Schadrest es una familia distinguida que tiene lazos con la familia, hay muchos que no aprueban el matrimonio que permitiría a una señora de la nobleza del campo volverse la esposa legal de semejante casa. También están esos que consideran a sus propias hijas más adecuadas. Por eso he instalado guardias delante de Rubianafal para vigilar toda la noche todos los días. Pero nunca hubiera imaginado que vendrían del techo.

Después de que los disturbios se calmaran un poco, Lecan fue convocado a la habitación del cabeza de familia, Zankajiel, para recibir una explicación. El caballero Ezak estaba parado junto al señor.

Por supuesto, Lecan se percató de la vigilancia nocturna. Incluso sabía quiénes eran los de la guardia nocturna de anoche por la característica que percibió con detección de maná. No obstante, no creyó que la guardia nocturna fuera capaz de detectar a la intrusa, ni que pudiera ganar contra ella.

—Lecan. ¿No era posible capturar a la intrusa sin matarla? —preguntó el caballero Ezak con cara de disgusto.

—La asesina era una profesional. Capturarla viva resultó ser muy difícil.

—Ezak. He oído que los asesinos prefieren elegir la muerte cuando los atrapan. Capturarla probablemente no resultaría en nada.

—Pero, mi señor, podríamos haberla interrogado. Podríamos ser capaces de averiguar quién es el responsable de tan cobarde acto.

—No hay nada que podamos hacer aun si supiéramos la verdad. Por ende, estamos mejor sin saber.

—Pero ¿era realmente necesario matar a una mujer tan joven?

—Llevaba una máscara; Lecan seguramente no supo que era una mujer joven hasta después de que hubo terminado. Ya ríndete.

Esa asesina era una poseedora de maná. Debió tener algún tipo de habilidad mágica. Pudo haber sido del tipo peligroso. Incluso si estuviera atada, ella habría podido ser capaz de matar a la joven señora desde lejos. Lecan nunca tuvo otra opción más que matarla en el acto.

—De todos modos, haber podido detectar un intruso cuando nadie más pudo y luego subyugarle tras correr por la pared, no puedo ofrecer nada más que elogios a tus hazañas. ¿Es acaso una habilidad lo que te permitió correr por una pared tan alta?

Lecan no dio respuesta.

—Hm, conque es secreto. Bueno, no importa. Lecan, te estoy muy agradecido. Por favor, continúa protegiendo a mi hija de ahora en adelante.

—Sí (Yale).

Lecan decidió continuar usando el anillo de plata en el dedo medio de su mano izquierda día y noche.

Más adelante, la mansión sufrió otras tres incursiones en dos meses.

Ninguno de los asesinos salió vivo de la casa Zaidmahl.


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