Boogiepop y otros — Epílogo

Si has leído este volumen en la web, pues muchas gracias por leer.

Estaré viendo cuándo voy con el otro volumen, pero no creo que haga nada antes de subir otro de Magdala.

En fin, feliz última lectura de Boogiepop y otros.


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Epílogo

 

La escuela en Boogiepop:

Hoy en día raramente me pasa, pero cuando tenía 20 años, solía soñar con la escuela secundaria. Sueños en los que iba a ir al instituto, no sueño sobre haber ido. Hablo en tiempo presente, como un adulto de veinte años, poniéndome un uniforme (el viejo con el cierre) e ir a la escuela. En los sueños, sabía claramente que me había graduado hace ya varios años, pero fingía no saberlo e iba de todos modos. Como era un sueño, esta pretensión fue suficiente para engañar a mis compañeros. Ninguno de ellos se dio cuenta de que no tenía nada que hacer en la escuela. Tampoco los profesores. Me sentaba en un rincón de mi clase —en los sueños— pensando en lo mucho que no debería estar allí.

La escuela de los sueños no era la secundaria Noba de la prefectura de Kanagawa a la que yo había ido. Más bien, era una escuela que nunca había visto. (Para empezar, los uniformes de Noba no tenía cierre; eran blazers). No obstante, sabía todo tipo de cosas sobre esa escuela. Para resumir la historia, el escenario de Boogiepop y otros, la academia Shinyo, es la escuela de mis sueños, el único sitio de esta novela que es fantasía. El resto es algo diferente.

Creo que fallé miserablemente en ser un adolescente. No hubo una sola ocasión en la que pensara que yo era joven, o que tenía un futuro. (Ahora lo hago a menudo). Nunca participé activamente en la clase o en cualquier otra cosa. Solo me sentaba allí, preguntándome qué hacía allí y, después de graduarme, me preguntaba por qué había pasado tanto tiempo pensando en ese tipo de cosas. No me entiendo particularmente.

Entonces, incluso ahora, no entiendo del todo la idea de ir a la escuela. Tenía 28 años cuando escribí esta novela, y han pasado más de 10 años desde que me gradué. Aún si trato de encontrar la respuesta, y ano tengo una escuela a la que ir, así que todo está permanentemente fuera de alcance. Ya es demasiado tarde. Es una de muchas, pero la pregunta «¿qué hice en la escuela?» es un gran trauma para mí. Es como mi primer amor al que nunca invité a salir. ¡Agh! Era un pequeño y sucio idiota angustiado que ni pensaba en el amor. Imagino que la razón detrás de los sueños es mi convicción de que ahora sería mucho mejor como estudiante de secundaria.

A fin de cuentas, la escuela es un lugar donde tienes que estar con los demás. Eso es todo. Termina sin que llegues a entender realmente mucho sobre el otro, pero igualmente te encuentras con mucha gente y muchos pensamientos, y aun así vuelves por más. Tristemente, las escuelas no están exactamente establecidas para preservar esa diversidad. No puedo evitar pensar que es una lástima, pero el mundo entero parece funcionar así, y la escuela no es un lugar único en el mundo. Por eso, en mis sueños, siempre pienso: «Dios, realmente odié a ese tipo, pero ahora desearía haberlo conocido un poco mejor». Y hago todo esto mientras estoy sentado en un rincón del aula de clases.

«Esto parece menos un epílogo y más una confesión, ¿no crees?».

«Bah, como sea».

Música de fondo: «Heartbreaker» (versión en vivo) por Grand Funk Railroad.


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