Boogiepop y otros — Capítulo 5



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—Kei, hay un chico de primer año preguntando por ti —dijo Mishima, mi compañera de clase.

Levanté la mirada de mi libro, y pregunté—: ¿Quién?

—No sé. Pero es lindo. Tsk, esa presidenta del comité disciplinario, comiéndose a todos los chicos jóvenes… —Soltó una risita.

Le di una sonrisa afligida, me levanté y fui al pasillo.

—¿Niitoki-senpai? —Cuando me vio, él inclinó la cabeza educadamente—. Soy Shiro Tanaka, 1-D.

—¿Tanaka-kun? ¿Eres el que quería verme?

—Estuviste en la puerta esta mañana, ¿no?

Uno de los deberes de los miembros del comité disciplinario —que todos nos turnamos— era estar en la puerta y vigilar a los estudiantes que entraban y salían.

—Así es. ¿Qué hay con eso?

—¿Viste llegar a Kamikishiro-san del 3-F?

—¿A Naoko-san? La conozco, pero no, hoy no vino. Aunque ella casi siempre llega tarde…

—Tampoco estuvo en clase —dijo él, agraviado.

—¿En serio? Ha de estar saltándose la clase.

—No —dijo, muy seguro de sí mismo—. Recientemente, ella tenía algún motivo por el que debía venir a la escuela todos los días.

«¿Será que este chiquillo se enamoró…?».

Es lo que parecía. Tal vez iba a invitarla a salir hoy.

—Hm. No lo sé. Si no está aquí, intenta hablarle mañana.

—¡Puede que sea demasiado tarde! —exclamó ansioso—. ¿¡De verdad no sabes nada!?

—¿Has llamado a su casa?

—Nunca hay nadie allí.

—¿Eh?

—Sus padres están en medio de un divorcio bastante feo. Su madre se ha ido a casa de sus padres, y su padre nunca vuelve a casa.

—¿De veras?

—Todos en el edificio de apartamentos se la pasan hablando de ello. Todos a los que les pregunté me pusieron al tanto de todo.

—Vaya… —dije.

De repente, una voz se apareció desde un lado:

—Deberías preguntarle a Nagi Kirima.

Ambos nos dimos la vuelta en sorpresa. Mi kouhai en el comité disciplinario, Saotome-kun, estaba allí.

—¿Masami? ¿De qué estás…? —dijo Tanaka-kun, con los ojos bien abiertos. Más tarde, me enteré de que estos dos estaban en la misma clase.

—Estaba pasando por aquí, y por casualidad los escuché… Pensé que te gustaría saberlo.

—¿Saber qué?

—No sé los detalles, pero Naoko Kamikishiro-senpai y Nagi Kirima han sido amigas desde la secundaria. Ella acaba de salir de su suspensión, así que puede que sepa algo sobre Kamikishiro-senpai.

Me quedé en blanco. Era la primera vez que escuchaba que Naoko-san era amiga de la legendaria Nagi Kirima de la clase de al lado. Y yo creía que conocía a la mayoría de la gente de la escuela.

—¿Cómo sabes eso? —Le pregunté a Saotome.

—Oh, una vez invité a salir a Nagi Kirima. Me enteré de un par de cosas en aquel entonces.

—¿¡La invitaste a salir!?

Se necesitan agallas hasta para hablar con la Bruja de Fuego. He de reconocérselo.

—Ella dijo que no —admitió.

—¿En qué clase está esa tal Kirima? —preguntó Tanaka-kun forzosamente. De alguna manera, parecía no haber oído de ella hasta ahora.

—Segundo año, clase D. Está justo al lado.

—¡Vale!

—E-eh, ¡esperen! ¡Quién sabe lo que pasará si vas y te le lanzas encima! —dije como si ella fuese alguna clase de león. Pero es la verdad. Hubo una ocasión en que le sacó los dientes delanteros a un chico.

No podía dejarlos ir solos, así que los seguí hasta la clase D. Le pregunté a una chica que conocía cerca de la puerta—: Ah, Suema-san. ¿Kirima-san está aquí? Tengo a un chico de primer de primer año que quiere hablar con ella.

—Ella no está aquí hoy.

—¿En serio? Pero si la vi en la entrada. —Sabía que mis palabras eran verdad. Yo había estado en la puerta. La había visto llegar.

—¿Ella está aquí, entonces? Aunque no la he visto venir a las clases —dijo Suema-san, encogiéndose de hombros.

Nos quedamos mirándonos por un momento.

—¿Qué… qué está pasando? —preguntó Saotome-kun.

—Suena como si estuviera involucrada —dijo Tanaka-kun con voz chillona.

—Hmm… —Yo también estaba ahora muy preocupada. Naoko-san y Nagi Kirima… ¿Qué estarán tramando?

Mientras estábamos parados frente a la puerta, alguien preguntó—: ¿Podrías dejarme entrar? —Nos dimos la vuelta y descubrimos a Minako Yurihara, la mejor estudiante de la escuela, justo frente a nosotros.

—Oh, lo siento —dijo Saotome-kun, haciéndose a un lado.

Ella le asintió, y entró al aula como una especie de reina.

Sonó la campana, por lo que nos separamos y volvimos a nuestras respectivas aulas.

 

◇ ◇ ◇

 

—Naoko ha desaparecido. No la encuentro en ningún sitio —dijo Nagi Kirima en un lugar sumergido en las sombras.

El hombre que estaba con ella no dijo nada. Su expresión nunca vaciló. Nagi se irritó por su falta de reacción, y agitó la cabeza violentamente.

—La llamé al móvil, pero no respondió. ¿No sabes nada? —Siguió presionando.

El hombre era incapaz de hablar, así que simplemente negó la cabeza.

—Puede que haya quedado atrapada en su trampa. Esa cosa que Naoko dijo que era tu hermano.

—… —El hombre no respondió.

Nagi Kirima le frunció el ceño. Finalmente, se pronunció—: Nunca debimos haberte escuchado. Deberíamos haber llamado a la policía, o a las Fuerzas de Autodefensa. Si el mundo supiera sobre esa cosa, se habría lavado las manos y desaparecido en algún lugar donde no pudiéramos seguirle. Pero si Naoko está muerta, entonces ya es demasiado tarde…

Ella se pegó las manos a la cara, con las uñas clavándosele en las mejillas y la frente.

—…

El hombre no se movió.

—¡Di algo! Hablaste con Naoko, ¿no es así? ¡Trata de explicarme lo que estás pensando! —gritó Nagi Kirima, agarrándolo del cuello. Era una camisa de algodón marca Brooks Brothers que Naoko Kamikishiro le había comprado.

—…. —Incluso cuando ella lo sacudió bruscamente, él no hizo nada más que mirarla fijamente en silencio.

—¡Maldita sea! ¡Te encontraré, Mantícora! —aulló, extrañamente enfadada—. ¡Y tú me vas a ayudar, Ecos!

Él asintió con la cabeza. Aunque, sí, había algo remoto en ese movimiento.

Como si estuviera monitoreando las reacciones de Nagi.

 

◇ ◇ ◇

 

Esto me fastidió un montón, así que volví a hacer la guardia en la puerta ese día después de la escuela. Por la mañana, teníamos que verificar las tarjetas conforme pasaban, pero de camino a casa el trabajo era simplemente aburrido.

—Qué entrometida —dijo entre risas el niño de primer año que debería haber estado de guardia. Renunció a su puesto felizmente.

¿Entrometida?

Supongo que sí lo soy.

Hay una parte de mí que no puede soportar ver algo poco claro, algo incierto. Esa parte de mí quiere arreglar esas cosas. Una vez, cuando estaba en casa de una amiga, me dejaron sola en su habitación con un rompecabezas a medio hacer y, para cuando volvieron, ya lo había terminado. Se enfadaron mucho.

La razón por la que estaba en el impopular comité disciplinario —y como presidenta de este, nada menos— era simplemente por este «impulso de claridad» mío.

—¿Alguien quiere hacerlo? ¿Nadie? —Les habían preguntado a todos, pero nadie nunca levantó la mano. Solo se quedaron sentados en silencio. Y antes de que me diera cuenta, mi mano estaba levantada.

Es como una enfermedad, lo sé.

Con Naoko-san desaparecida, si no me hubieran preguntado, nunca me habría involucrado, pero ahora que lo he hecho, no podría dormir hasta que hubiera aclarado las cosas.

Mis amigas me suelen decir—: Eres como una hermana mayor. Tienes algo que inspira confianza. —Lo cual tomé como un cumplido (aunque puede que se hayan estado burlando de mí). Pero la verdad es que simplemente es mi neurosis.

«Me da miedo hablar con la Bruja de Fuego, pero si no lo hago, ¡no podré quedarme quieta!».

Pero incluso cuando la mayoría de los estudiantes se hubieron ido a casa y el cielo empezaba a oscurecerse, Nagi Kirima aún no había aparecido.

Hacía mucho tiempo que pasó la hora en que el guardia de la puerta quedaba libre para volver a casa y, justo cuando ya me empezaba a preguntar qué más podría hacer, aparecieron Tanaka-kun y Saotome-kun.

—Ah, ¡senpai! ¿Kirima-san se ha ido a casa? —preguntó Saotome-kun.

—No, todavía no.

—Oh —dijo Tanaka-kun, colgando la cabeza.

—¿Por qué no la buscamos juntos? Estoy segura de que todavía está en la escuela en algún lugar —sugerí.

—Eso es lo que estábamos por hacer. —Tanaka-kun asintió—. Hablamos de eso en el aula.

—Estoy un poco preocupado por Nagi Kirima —dijo Saotome-kun. Puede que ella lo haya rechazado, pero parece que a él le sigue gustando.

—Pero ¿dónde pensáis que esté?

—En alguna parte donde nadie se fije en ella; en la azotea o hasta puede que el gimnasio. Ah, o en los vestuarios de la piscina… —sugirió Saotome-kun.

—¿Por qué estaría en un lugar así? —dijo Tanaka-kun con voz irritada.

—No lo sé. Pero todos saben cómo es, así que debe estar en algún lugar así, o alguien ya se habría dado cuenta.

—Revisémoslos pues —dije, y nos dirigimos de nuevo a la misteriosa y tranquila escuela.

 

◇ ◇ ◇

 

De camino a la azotea, no pude evitar preguntar—: Tanaka-kun, ¿acaso tú y Naoko-san…?

—Um —dijo, sonando preocupado.

—Kamikishiro-senpai le pidió salir —interrumpió Saotome-kun.

—¿¡Qué!? —grité.

—¡Masami! ¡Eso era un secreto!

—No te preocupes, que senpai no se lo contará a nadie.

Aún me recuperaba de la sorpresa mientras decía—: Estás bromeando, ¿no es así?

—Eso es lo que pensé. No dejaba de preguntarle si era una broma, pero ella seguía diciendo que iba en serio.

—Vaya… —Me quedé viéndolo a la cara.

—Por favor, no se lo digas a nadie.

—Vale, no lo haré. Pero aun así…

—Era bastante confuso, pero no se me ocurrió ninguna razón para decir que no, así que terminé saliendo con ella.

—Pero podría jurar que Naoko-san tenía un novio diferente…

—Sí, lo tiene. Un chico de segundo año llamado Akio Kimura. Nunca tuve las agallas de preguntar respecto a eso…

—¿Kimura? ¿También se agarró a Naoko-san? Pero no puede que fuera muy en serio con un tipo como ese…

Kimura-kun era de la clase de al lado de la mía, y era un playboy infame. La leyenda decía que se había insinuado a cada chica de segundo año de toda la escuela. ¡Incluso coqueteó conmigo, la presidenta del comité disciplinario!

—Tal vez, tal vez no. De cualquier manera, nunca fui capaz de averiguar lo que ella realmente quería.

—Y ¿te gusta Naoko-san?

—¿Q-quizás?

—Sé claro. —Mi fijación se hizo aparecer y salió por mi boca.

—Si vamos a la azotea, la escalera de incendios de atrás es mejor —dijo Saotome-kun, mirando a nuestro alrededor.

—¿Por qué?

—La puerta está cerrada con llave, ¿o no?

—Ah, es verdad.

Cuando dimos la vuelta por la parte de atrás, vimos a alguien bajando por la escalera de incendios.

—¡Ah…!

Apuramos a perseguirle, pero se esfumó antes de que pudiéramos llegar al lugar. Pero era alto, y probablemente varón, así que desistimos la persecución. Quienquiera que fuera se había dirigido hacia las puertas y probablemente se iba a casa.

—Si él estaba ahí arriba, entonces Nagi Kirima probablemente no lo esté.

—Sí. Revisemos el gimnasio.

Fuimos a los almacenes debajo del gimnasio.

Estaban cerrados con llave. Pero, para nuestra suerte, yo estaba de guardia, así que tenía la llave maestra que abría cualquier puerta en la escuela.

—Jum… —Saotome-kun abrió la pesada puerta, y entró.

—Estaba cerrada; dudo que esté aquí —dije, mirando a hurtadillas. Estaba oscuro, por lo que encendimos las luces. Solo había una pequeña luz fluorescente, sin embargo, y no penetró más allá de los montones de esteras, trampolines y otros equipos de gimnasio.

—Pero podría estar escondida en algún lado —dijo Tanaka-kun, avanzando para seguir a Saotome-kun dentro.

Pero Saotome-kun volvió caminando hacia nosotros, agitando las manos.

—No hay nadie aquí. Y definitivamente no hay señales de que alguien haya estado aquí.

 

◇ ◇ ◇

 

—… Aquí no hay nada —dijo Masami Saotome.

Detrás suyo estaban la manta y el calentador que Ecos había usado, y varios envoltorios de comida esparcidos. Estaban escondidos en la sombra y, desde donde ellos estaban en la entrada, Shiro Tanaka y Kei Niitoki no podían verlos.

—¿Alguna colilla de cigarrillo? —preguntó Kei.

Masami hizo un acto de mirar detrás de él, y luego meneó la cabeza.

A sus pies había una pequeña campana que Kamikishiro había guardado en su mochila escolar.

—Intentemos en otro lugar.

—Vale. Saotome-kun, sal de ahí. Yo cerraré.

—Hm —dijo Masami, dejando las pruebas donde estaban, apagando las luces al salir.

—¿Dónde deberíamos revisar ahora? —preguntó Kei, cerrando la puerta y girando hacia los dos chicos.

—Se me acaba de ocurrir, pero tal vez deberíamos usar los altavoces para convocar a Nagi Kirima —sugirió Masami.

Había confirmado la presencia de Ecos, y sabía que presumiblemente se movilizaba junto con Nagi Kirima. Era hora de pasar el plan a la segunda etapa.

 

◇ ◇ ◇

 

—¿Los altavoces? —dije, quedándome en blanco ante Saotome-kun.

—Sí. Esa llave puede llevarnos a la sala de transmisión, ¿verdad?

—Bueno, sí que puede, pero… ¿no nos meteremos en problemas?

—Probablemente —admitió Saotome-kun—. Pero no hay otros estudiantes por el lugar, y el único profesor aquí es el que está de guardia nocturna. Me sorprendería más si a alguien le importara lo suficiente como para gritarnos.

—Hmm, bueno… Eso sería más rápido. Bien. Yo me encargaré del profesor.

—Gracias por esto —dijo Tanaka-kun, disculpándose.

—No es que lo haga por ti —dije—. También estoy preocupada por Naoko-san. —¿Por qué estaba siendo tan presumida? Me estaba irritando a mí misma. Solo lo hago porque no podía quedarme quieta sin dejar las cosas claras. Mis palabras fueron solo para impresionar.

Pero estaba preocupada por Naoko.

Si Nagi Kirima la había metido en algo, y si estaba yendo para mal, tenía que intentar detenerla… Sueno mucho como una ardiente presidenta del comité disciplinario, ¿a que sí? Nunca quise convertirme en algo así.

—V-vamos —dije, agitada, y salí, con ambos chicos siguiéndome.

 

◇ ◇ ◇

 

—¿Podría Nagi Kirima-san, segundo año, clase D, por favor presentarse en la oficina de transmisión? Si aún se encuentra en las instalaciones, nos gustaría hablarle acerca de Naoko Kamikishiro-san. Repito, ¿podría Nagi Kirima-san, segundo año, clase D…?

La voz de Shiro Tanaka resonó por la oscura escuela.

Por supuesto, llegó a los oídos de Haruo Nakayama, el único profesor que aún está en la escuela haciendo guardia nocturna.

Pero todo lo que dijo fue—: Umg… —Entonces se desplomó sobre la mesa, tirando su ramen instantáneo, y comenzó a roncar.

Era el guardián de la llave maestra que tenía el miembro del comité disciplinario, y se suponía que debía quitársela y anotarla en el registro, pero cayó dormido antes de poder cumplir con su deber.

—Uh… Agh…

Pero esto no fue por ninguna pereza de su parte.

Sus manos colgaban hacia el suelo, demasiado débiles para un sueño normal. Su cara estaba presionada contra el escritorio, su cuello doblado hasta el final, y tenía virtualmente garantizado un cuello tieso por la mañana.

—Umg… Ugh, aaaagh….

Sus ronquidos no se consideraban atractivos en el mejor de los casos, pero ahora sonaban como un perro callejero muriéndose de hambre.

No estaba dormido; claramente había quedado inconsciente.

Tampoco estaba solo en el cuarto.

Había una chica parada a su lado.

—…

Ella miró a los parlantes mientras la voz salía de ellos.

Había un extraño olor dulce en el lugar. El olor resultó ser suficiente para noquear a Haruo Nakayama, pero la hermosa chica de largo pelo negro ni siquiera levantó una ceja.

Por supuesto que no. Ella era la fuente del olor.

Menos de diez segundos después de que empezara el anuncio de los altavoces, ella salió del cuarto de vigilancia nocturna y subió las escaleras.

Durante muchos años después, Haruo Nakayama sufriría un misterioso fenómeno similar a las recurrencias del LSD —aunque él estaba bastante seguro de que nunca había probado ninguna droga— en el que su rutina diaria se veía abruptamente interrumpida por ilusiones similares a intensas migrañas.

Sin lugar a duda, esta misteriosa «enfermedad» era una maldición, pero él no tenía idea de cuán tremendamente afortunado era realmente.

La única razón por la que había sobrevivido fue por el capricho de un asesino, el pensamiento fugaz de que quizás ya había matado a demasiadas personas.

 

◇ ◇ ◇

 

—¿¡…!? —Nagi Kirima también escuchó el anuncio, levantando la vista.

Estaba ocupada abriendo los casilleros de todos los estudiantes de la escuela y escrutando el contenido. Naturalmente, ella estaba buscando rastros de la Mantícora. Ecos estaba a su lado, disfrazado con el uniforme de la escuela.

—¿Cómo saben que sigo en la escuela? Y ¿a qué van con lo de Naoko?

—Oficina de transmisión… —Ecos sacó las palabras del anuncio, y las reprodujo.

—¿¡Puedes sentir algo, Ecos!? —preguntó Nagi Kirima. Naoko Kamikishiro le había explicado que él podía sentir la presencia de su clon, la Mantícora.

—… —Ecos se puso un dedo en la frente y trató de percibirlo, pero luego meneó la cabeza, aparentemente sin resultados.

—Pero con una llamada tan obvia como esa…, ¿por qué demonios se tiene que esconder? —dijo Nagi con enfado.

Ecos simplemente sacudió la cabeza. Solo sabía que la Mantícora había aprendido mucho más sobre la sociedad humana de lo que él ha logrado. Esto era una trampa.

—…

Puso una mano en el hombro de Nagi, y la empujó hacia atrás. Le señaló que no lo siguiera.

—¿Por qué no? ¿Es una trampa? —dijo Nagi. Ella también lo sabía.

Ecos asintió.

—Por eso tenemos que ir —dijo Nagi en voz baja—. Si no caemos en esta trampa, va a cambiar de cara y se echará a correr. Dejará la escuela. Y entonces nunca lo atraparemos.

—…

Ecos observó cuidadosamente a la valiente chica. En su corazón, susurró:

«¿Cuál es…?».

Pero la chica que podía oír esa voz ya no estaba más.

Nagi sacó un par de guantes de cuero de su falda, se los puso, y sacó una pistola paralizadora del cinturón que llevaba alrededor de la cintura. El cinturón y los guantes no coincidían para nada con su uniforme.

Apretó la empuñadura un momento, probándola.

Con un crujido, apareció un fuego artificial de dos millones de voltios volando por el aire.

 

◇ ◇ ◇

 

—No va a venir —susurró Tanaka-kun. Habían pasado al menos cinco minutos desde nuestra transmisión.

—El profesor tampoco está aquí. ¿Qué está pasando? —pregunté. Estaba bastante segura de que Nakayama-sensei estaba de guardia esta noche. Era un poco neurótico, pero definitivamente no era de los que dejan pasar las cosas pequeñas, y un anuncio no programado seguro que lo alarmó. ¿Estará dormido?

—… —Saotome-kun se mostró perdido en sus pensamientos, frunciendo el ceño.

—Y ¿ahora qué? —preguntó Tanaka-kun, girándose hacia nosotros, sin poder esperar.

—Hagámoslo una vez más —susurró Saotome-kun.

—No hay manera de que no escuchara eso. Tal vez se ha ido a casa —razoné, extendiendo la mano.

—Sí —gruñó Tanaka-kun.

Saotome-kun dijo de nuevo, pero con más fuerza:

—Venga, ¡hagámoslo de nuevo!

Pero justo cuando alcanzó el interruptor, todas las luces de cuarto se apagaron repentinamente.

—¿¡Qué…!?

No había ventanas en la oficina de transmisión. Estaba muy oscuro.

—¿Un a-apagón? —dije, recuperándome ligeramente.

—Carajo, ¡los fusibles! —dijo Saotome-kun, enfadado. Por un segundo no había entendido lo que quiso decir, pero claro: si lo interruptores de circuito cayeron, también lo harían las luces. Tenía mucho sentido. Estaba claro que él es un pensador veloz.

Pero ¿por qué se dispararían los interruptores? A menos que se hiciera deliberadamente, solo se disparan cuando alguien usa demasiada electricidad…

Andando a tientas en la oscuridad, conseguí por fin abrir la puerta, y la luz de la luna entró a raudales por las ventanas del pasillo.

Había una sombra negra justo delante de mí.

Ni siquiera tuve tiempo de mirar. La sombra empujó algo hacia mí, y una onda expansiva golpeó mi cuerpo.

—Ju…

Un sonido entre el aliento y el grito salió de mi boca, y me desplomé en el suelo. No podía moverme.

—¿Presidenta? —gritó Saotome-kun desde atrás. Sonaba tan lejos. La sombra se deslizó rápidamente por encima de mí, y se abalanzó sobre Saotome-kun.

El impacto de su choque contra la tarima sonó fuertemente hasta donde yo estaba.

—¿Qu-quién eres? —chilló Tanaka-kun.

Eso fue lo último que escuché. Mi conciencia se fue desvaneciendo más y más

 

◇ ◇ ◇

 

Cuando abrí los ojos, me encontré atada y acostada de lado en un piso muy encerado.

Estaba oscuro a mi alrededor. Pero la luz de la luna entraba por algún lado, por lo que era más brillante de lo que había sido el edificio principal. Dondequiera que estuviéramos estaba bastante abierto.

Solo había un lugar así de grande en la escuela, con grandes ventanas a lo largo de un costado y suelos de madera. Era el salón de conferencias.

«Pe-pero ¿qué mier…?».

Intenté sentarme.

Pero el cuerpo me pesaba, como si fuera de plomo. Estaba claro que aún no me había recuperado completamente del impacto.

Saotome-kun y Tanaka-kun estaban acostados a mi lado. Les pinché la espalda con mis rodillas.

—¡Eh!

—Ugh —gimió Saotome-kun, agitándose y abriendo los ojos—. Esto… —Empezó a decir, pero rápidamente cerró la boca.

—¿Hm? ¿Qué pasa? —pregunté, mirando alrededor. Encontré lo que le había sorprendido. Dos figuras estaban de pie en la dirección que él estaba mirando.

—¿Todos despiertos? —dijo una de las figuras. Era Nagi Kirima.

El otro parecía ser un estudiante varón. Llevaba un uniforme, pero no lograba reconocer quién era.

—¿Qué hiciste con Kamikishiro-san? —preguntó Tanaka-kun. Parecía que había sido quien se despertó primero.

—Así que…, ¿tú eres Shiro Tanaka? Naoko me habló de ti. —Nagi suspiró.

—Kirima-san, ¿qué…? —preguntó Saotome-kun.

Nagi le dirigió una mirada fría.

—Te dije que no te involucrases, Saotome-kun.

—Pero… ¿qué está pasando?

—No tienes por qué saberlo.

—¿¡Cómo puedes decir eso!? —grité.

Nagi se volvió hacia mí, sorprendida.

—Presidenta del comité, sé por qué están aquí estos dos, pero ¿cómo tú acabaste metida en esto?

—¡Yo también conozco a Naoko-san!

—Pero ¿no crees que te estás sobreesforzando? Me has dejado sumamente confundida.

—¡Eso digo yo! —grité, olvidando completamente que estaba hablando con una chica problemática propensa a la violencia—. ¡Dime qué crees que estás haciendo, en este mismo instante!

Ella me ignoró, y miró al chico que estaba a su lado.

—No es ninguno de ellos…, ¿cierto, Ecos?

¿Qué habrá querido decir ella con eso?  El chico al que había llamado Ecos asintió con la cabeza. Qué extraño apodo.

—Ninguno… de ellos.

—Lo sabrías, ¿verdad? ¿Aun si estuviera ocultando algo?

—Lo s-sabría…

—Ninguno de ellos ha sido «alterado». Ya veo.

Viéndolos asentirse mutuamente me empezó a hartar.

—¡Dejad de susurraros crípticamente el uno al otro! Y ¡tú! ¡Ni siquiera eres un estudiante de aquí! ¡Nunca te he visto antes en mi vida!

No lo presumo, pero si estás en la puerta de entrada con suficiente frecuencia, terminas conociendo a todos en la escuela.

—Mis disculpas —dijo Nagi, retornando su mirada a mí—. Ya no sospechamos de vosotros. Es hora de que os vayáis a casa.

Eso fue demasiado egoísta.

—¡Cuando el infierno se congele! —Me enfadé. De alguna manera, me las arreglé para ponerme de pie, a pesar de las cuerdas que me ataban. Dudo que pudiera hacerlo dos veces. Es un truco que solo puedes hacer cuando estás demasiado furioso para notarlo.

—¿Hm? —Nagi frunció el ceño.

—¡He dicho que te explicaras! ¿Cómo se supone que voy a olvidarme de algo como esto?

—Vaya, vaya, vaya. Supongo que ahora vemos por qué te convertiste en la presidenta del comité —dijo Nagi, mirándome fijamente. Parecía una yakuza—. Pero tendrás que guardar silencio sobre esto.

—¿Por qué debería hacerlo? —Le devolví la mirada.

—Por tu propio bien —dijo fríamente.

—¡Aaagh…! —rugí, mi cuerpo retorciéndose en cólera. Como mis manos y pies estaban atados, esto me hizo perder el equilibrio, y me tropecé otra vez.

«¡Uy…!».

Estaba a punto de caerme de bruces cuando sentí que alguien me atrapó.

Era el chico que había estado junto a Nagi: «Ecos».

Lo miré. Él asintió, y deshizo mis ataduras.

Desde tan cerca, tenía una cara bastante gentil.

—Gracias… —dije, frotándome las quemaduras que dejó a cuerda.

Procedió a deshacer también las de Tanaka-kun y Saotome-kun. Estábamos muy fuertemente atados, pero él tiró de las cuerdas como si estuviera jugando a la cuna del gato. Se veía frágil, pero debe tener mucha fuerza.

Por alguna razón, me recodó al Tarzán de Christopher Lambert. Su pelo no era tan largo, pero tenía un aire similar. Un tanto ajeno al mundo.

—Kirima-san, ¿quién es este tipo? —preguntó Saotome-kun. Un poco celoso, supongo.

—Hm… Em… Bueno… Es mi novio —respondió Nagi, claramente mintiendo.

—No puedes engañarme tan fácilmente. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Dónde está Naoko-san? —Volví a mirar a Nagi.

—¡A-así es! ¿¡Qué le hiciste a Kamikishiro-san!? —exclamó Tanaka-kun, volviéndose contra Nagi tan pronto como fue desatado.

—Yo también estoy preocupada por Naoko —dijo Nagi dolorosamente, sin encontrarse con su mirada. Ella claramente sabía algo.

—Dinos. Podemos ayudar.

—No, no podéis —replicó Nagi.

—¿Por qué no?

—Esta no es una situación normal. A menos que estéis chiflados como yo, no seréis capaces de afrontarlo.

No dudó en llamarse a sí misma chiflada.

Me encogí un poco ante la fuerza de sus palabras.

—Lo normal no es suficiente, ¿no es así? —dijo Saotome-kun, ostensiblemente amargado por algo.

Él sonrió un poco. Mirándole la cara, sentí, por alguna razón, que los pelos del cuello se me ponían de punta.

Era una sonrisa ordinaria y afable, pero había algo antinaturalmente relajado en ella, como cuando estás pasando un videojuego por milésima vez y aparece un patrón en el que eres particularmente bueno. Su sonrisa era tranquila y despiadada.

—Jum… —Nagi frunció el ceño. Ella seguramente dijo lo mismo cuando lo rechazó.

—¿¡Sabes si Kamikishiro-san está bien!? —insistió Tanaka-kun.

Amargamente y sin rodeos, Nagi dijo—: Shiro-kun, ¿verdad? Deberías olvidarte de ella.

—¿¡Qué quieres decir!?

—…

Nagi no dijo nada más.

 

 

Nagi y ese tal Ecos nos sacaron del salón de conferencias.

—Id directo a casa —insistió Nagi.

—Tengo que devolver la llave —dije hoscamente. No terminaba de enfadarme por no recibir una explicación—. Quizá te denuncie.

—Como sea —dijo Nagi airosamente.

—¿Qué te pasa? —repliqué—. ¿Qué te hace pensar que tienes que ser personalmente responsable por todo? ¿¡No puedes dejar las cosas como están!?

—Calma, presidenta del comité —dijo Saotome-kun, dándome una palmadita en el hombro.

—¡Pero…! —insistí.

Pero Saotome-kun estaba completamente tranquilo, exactamente lo contrario de mi estado mental. Me habló como si estuviera calmando a un crío inquieto—: No hay nada que puedas hacer. Kirima-san tiene cosas que debe hacer. —Era como si supiese lo que eran esas cosas.

—…

Definitivamente estaba demasiado relajado.

Cuando me mordí la lengua, él se volvió hacia Nagi.

Ante su fija mirada, Nagi miró torpemente hacia otro lado.

Él se le dirigió de todos modos—. Kirima-san. Lo entiendo. —Sacó un portaminas de su bolsillo, y lo giró entre sus dedos, de lo más casual.

—Nunca podemos estar satisfechos con lo «normal».

—¿…? —Nagi fijó su mirada a Saotome-kun, desconcertada—. ¿Qué?

—En retrospectiva, me alegro de que me hayas rechazado. De haber estado contigo, habría sido su enemigo después de conocerla. —Suspiró, casi felizmente.

Nagi frunció el ceño.

—¿Después de conocer a quién? ¿De qué estás hablando? —Se le notaba confundida. Parecía que algo en su discurso la había molestado.

—En otras palabras, —una pequeña sonrisa se deslizó por los bordes de los labios de Saotome-kun— esta vez no puedo sino dejarte del lado de lo «normal». —Sus hombros se desplomaron.

Y entonces, se movió como un rayo.

Antes de que pudiese advertir que se había dado la vuelta, su brazo se extendió hacia Ecos, quien tenía detrás suyo.

Tenía el portaminas en mano. Apuntó certeramente. La punta del lápiz se clavó profundamente en la garganta de Ecos.

—¿¡…!?

Ecos se tambaleó hacia atrás. En un abrir y cerrar de ojos, Masami Saotome había enterrado el portaminas en la garganta de Ecos. Él luego volvió su atención hacia Nagi.

—Esta vez, eres nuestro enemigo.

Una sombra llegó a nosotros desde lo alto.

Todos miramos hacia arriba, y descubrimos a una persona que saltó desde el techo de la escuela.

Alguien que yo conocía.

Minako Yurihara.

Ella estaba mirando directamente a Ecos.

Y entonces cayó sobre él…; no, lo atacó.

—¡…!

Con sangre brotando de la garganta de Ecos, Minako Yurihara le abrió una herida desde el hombro hasta la cintura… con sus meros dedos; sus uñas eran espantosamente largas.

Había caído más de diez metros, pero volvió a subir como un saltamontes.

No hay forma de que fuera humana.

—Ah… —No podía hacer nada más que quedarme ahí boquiabierta.

—¡M-Mantícora! —gritó Nagi, siguiendo con la mirada al monstruo saltarín que se asemejaba a Minako Yurihara.

Eso le costó la vida.

Masami Saotome se paró justo delante suyo.

Ella bajó la mirada justo a tiempo para verle mover la mano.

El cuchillo en su mano destelló.

—¡…! —La voz de Nagi nunca llegó a las palabras.

Era un pequeño cuchillo de supervivencia —del tamaño de su palma, como un juguete—, pero la hoja estaba afilada, y con eso le abrió la garganta.

—Acabo de cambiar de equipo; de los asesinados, a los asesinos.

Dudo que nadie, a excepción del propio Masami, pudiera entender el significado de sus palabras.

Nagi Kirima se giró, con sangre saliendo de su garganta. Se derrumbó.

—¡…!

Su garganta perforada, su torso cortado en dos, Ecos seguía observando a Nagi. Evidentemente, tampoco era humano.

Esquivó a Minako Yurihara cuando esta le arremetió de nuevo, y llegó hasta donde estaba Nagi.

Ignorando a Masami Saotome, quien retrocedió, Ecos recogió el cuerpo convulsivo de Nagi y se alejó de un salto. Subió al tejado de un salto, desapareciendo en el cielo nocturno.

¿Huyó…?

—¡Tras él! ¡Esta es tu oportunidad! —gritó Masami Saotome.

Minako Yurihara invirtió su curso, volviendo a saltar por donde había venido.

Me quedé atónita.

A mi lado, Tanaka-kun sollozó, y luego se echó a correr gritando.

Masami Saotome se inclinó hacia mí.

Me congelé, no pudiendo mover ni un solo músculo.

—Je, je, je. —Se rio. Su sonrisa era exactamente la misma que la de hace un momento, cuando él estaba de nuestra parte.

Pero este chico acababa de matar a otro ser humano…

Me temblaron las rodillas. Estaba temblando de miedo.

—Para ser honesto, el plan era que Nagi Kirima me matase aquí, pero bueno. Esta opción también era bastante divertida —dijo sonriendo. Como si todo fuera de lo más normal.

»Podría hacerme adicto a hacer las cosas por mí mismo —comentó mientras caminaba hacia mí, con la luz de la luna brillando en el cuchillo que tenía en la mano.

 

◇ ◇ ◇

 

En medio de que Ecos huía hacia el techo, se percató de que le quedaba poco poder en su cuerpo.

El lápiz de hace un momento, en lugar de plomo, lo había llenado con veneno mortífero creado por la Mantícora. Estaba infectado.

—…

Rápidamente se sacó el lápiz de la garganta. Pero era demasiado tarde.

Sus pies y manos se sentían entumecidos. Las heridas que sus grandes poderes regenerativos deberían haber curado al instante no mostraban signos de mejora.

Pero ¿qué había pasado?

¿Ese chico era el aliado de la Mantícora?

No le había lavado el cerebro. Ecos estaba seguro de eso. Pero ¿por qué un humano normal trabajaría con un monstruo?

Ecos bajó la mirada hacia Nagi.

Ya no respiraba. Sus pupilas estaban dilatadas, nada se reflejaba en sus ojos. Los labios estaban semiabiertos, un hilo de sangre fluyendo de ellos. Ella no se movía.

Esta chica había protegido a todos desde las sombras, en secreto, y eso le costó la vida.

—…

Ecos contempló su cara cenicienta.

«¿Cuál es…?», se preguntó en su interior. Pero solo Naoko Kamikishiro podía responder y, tristemente, ella ya no estaba más.

Minako Yurihara golpeó el techo detrás suyo, en persecución.

Ecos volvió a cargar a Nagi, y saltó del tejado.

—¡No te puedes escapar de mí! —gritó la Mantícora, siguiéndolo.

Ella estaba sonriendo. El plan de Masami Saotome iba a la perfección.

Ecos estaba corriendo, pero estaba muy mal herido. No podía esperar a esconderse.

Ella era una copia imperfecta, y jamás habría sido su igual en una pelea justa, pero ahora las cosas habían cambiado.

La próxima vez que ella encontró a Ecos, él estaba abandonado el cuerpo de Nagi Kirima entre los arbustos del jardín de la escuela. Claramente, estaba tratando de aligerar la carga, pero era demasiado tarde.

Sonriendo de oreja a oreja, la Mantícora se abalanzó hacia el lento Ecos.

Su patada lo mandó a volar.

 

◇ ◇ ◇

 

Se oyó un golpe sordo proveniente del jardín de la escuela.

Me espabilé gracias a eso.

Masami Saotome estaba justo delante de mí, meneando un cuchillo.

Lo esquivé por poco rodando por el suelo.

Me reincorporé e intenté correr, pero mi pie derecho resbaló y volví a caer.

Miré hacia abajo.

Mis bajos descansaban en un charco de la sangre de Nagi Kirima.

—¡Aaaaaah! —Y finalmente, pude gritar.

Masami Saotome vino a por mí.

Intenté darme la vuelta. Mis dedos tocaron algo.

Brillaba. Era la pistola aturdidora que Nagi Kirima había dejado caer.

—¡…!

Recogí el arma.

—Agh… —Masami Saotome frunció el ceño.

—¡A-atrás! —Apunté el arma hacia él y apreté lo que parecía ser un gatillo lateral.

Con un crujido, fuegos artificiales salieron expulsados desde la punta, pero solo tenían unos pocos centímetros de largo. No era más que una pequeña luz, y no parecía nada amenazador.

—Je. —Masami Saotome sonrió, fríamente—. ¿Qué me vas a hacer con eso? Ese tipo de arma no puede matar a nadie.

—¿Qu-qué estáis…? Esa cosa… Minako Yurihara… ¿¡Qué era esa cosa!?

—Ella es Minako Yurihara, mas no es Minako Yurihara. La original está muerta. Ella es la Mantícora.

—¿Mantícora…? —Podría jurar que he oído ese nombre en alguna parte. En un juego de computadora o algo así. Estoy segura de que significaba…

… Comehombres.

Oh, Dios. Eso significa… Eso significa que Naoko-san fue…

Masami Saotome notó mi expresión, y adivinó lo que estaba pensando.

—Exactamente. —Me sonrió—. Ella ya ha sido devorada.

Lo dijo con tanta normalidad. Sin una pizca de culpa.

—Y ¿t-todas las demás personas que desaparecieron?

—En su mayoría. Bueno, puede que haya algunas chicas que se escaparon por su cuenta.

—Y Nagi Kirima os estuvo buscando…

Por eso nos capturó. Pero pensó que no teníamos nada que ver, así que nos liberó, sin darse cuenta de que uno de sus enemigos se escondía entre nosotros…

—Nos usaste como tapadera, ¿no es así?

—Tuvisteis vuestros usos. Ella fue ingenua. Se alió con Ecos, pero nunca se le ocurrió que su enemigo también podría tener algún aliado.

Su total compostura puso a prueba las llamas de ira dentro de mí. Pronto desterraron mi miedo.

—Entonces, ¿mentías cuando dijiste que la amabas?

—No, esa era la verdad. Pero ya no la necesito. Aun así, no pensaba dejar que la Mantícora la tuviera; no, quería matarla con mis propias manos. ¿Sabes lo bien que se siente?

—¿Cómo diablos podría saber eso?

Disparé mi arma hacia él. Lo esquivó fácilmente.

—Magnífico, presidenta. Me encantan tus ojos. Me encantan los ojos poderosos y de fuerte voluntad.

Ugh.

—Bastardo… —Agité mi arma salvajemente, sin llegar a acercármele.

Y entonces, algo pasó por encima de mi cabeza.

Era «Ecos». Se estrelló contra el suelo. Había sido arrojado allí.

Estaba hecho añicos.

Mientras estaba distraída, Masami Saotome me asestó una patada en la mano.

—¿¡Agh!? —grité, pero la pistola aturdidora ya estaba fuera de mi alcance.

Desde atrás mío, Minako Yurihara exclamó—: ¡Ya basta, Saotome-kun! Yo me haré cargo de terminar el resto.

—Vale —respondió Masami Saotome, recogiendo la pistola aturdidora y alejándose. Corrí hacia Ecos.

Estaba hecho polvo. Tenía el brazo derecho medio arrancado del hombro y tenía agujeros por todo el cuerpo. Estaba cubierto de sangre.

—¿Ecos? —dije, intentando hacerlo reincorporarse.

Él abrió los ojos, apenas con la fuerza necesaria.

Un gemido de dolor escapó de sus labios púrpuras.

—Es inútil pedirle que te salve, presidenta. Está casi muerto —dijo Minako Yurihara, la Mantícora, riéndose.

—Eso no fue tan difícil. Quizá hasta habría podido ganarle sin ningún truco —dijo Masami Saotome, evidentemente disfrutando.

—Nunca pensé que sería tan débil —respondió divertida la Mantícora—. Estoy segura de que solía ser más fuerte.

Le clavé la mirada.

—¡No sois humanos! ¡Vosotros sois solo unos demonios!

 

◇ ◇ ◇

 

Mientras agonizaba, Ecos escuchó a la chica que lo sostenía gritar—: ¡No sois humanos!

No sois humanos. Se refería a que no eran aptos para ser llamados humanos.

Él aun así no podía entenderlo.

¿Cuáles eran humanos?

Los humanos lo habían capturado por ser diferente y, con fuerza y sin piedad, estudiaron su cuerpo. Los humanos habían hecho a la Mantícora. Pero las personas que lo habían salvado, el chico encapuchado con el sombrero negro, Naoko Kamikishiro y Nagi Kirima, también eran humanos.

¿Cuál de ellos era?

¿Cuál era la verdad?

—¡Ja, ja, ja! Eres estúpida, ¿no? —La Mantícora se echó a reír, burlándose de la chica—. ¡Nunca fui humana! Y Saotome-kun no se parece en nada a vosotros, tontos humanos. ¿Demonios? ¡Bien por mí! ¡Creo que me gusta que me llamen demonio!

—¡Seréis destruidos! —gritó la chica, sin acobardarse en lo más mínimo—. Tal vez muera aquí, y este hombre también, pero ¡habrá otras personas que se interpondrán en vuestro camino! ¡Sin importar dónde os escondáis, habrá gente que no podrá ignorar las distorsiones del mundo que intentáis crear! ¡Y seréis pillados nuevamente, al igual que Nagi Kirima lo hizo al descubriros! —Un mar de lágrimas corrían por sus mejillas.

Ella estaba triste.

¿Era porque estaba a punto de morir?

Entonces, ¿por qué lo sostenía tan firmemente?

Era como si lo estuviera protegiendo de la Mantícora.

Tal como hizo Naoko Kamikishiro cuando lo encontró herido en la ciudad.

«Humanos…».

No tenía más tiempo.

Debía tomar una decisión.

 

◇ ◇ ◇

 

—¿Al igual que Nagi Kirima? —La Mantícora soltó una risita—. Supongo que seré su próxima.

—¿…? —No entendí a lo que ella se refería. Tuve que preguntar—: ¿Qué quieres decir?

—Solo digo que pasaré de ser Minako Yurihara a Nagi Kirima.

Al principio, no logré comprenderlo. Mi mente se quedó en blanco. Pero entonces, quedé horrorizada—. ¿¡Qu-qué!?

—Es un espécimen ideal. Está loca, así que nadie dirá nada si me comporto de forma un poco extraña; es rica, y tiene una vasta red de información establecida. Es perfecta. Habrá una conmoción cuando Minako Yurihara desaparezca, lo cual preferiría evitar, pero los beneficios superan eso con creces.

—¡…! —Me estremecí, volviéndome para mirar a Masami Saotome. Él había dicho que ya no la necesitaba. Porque ahora tenía una nueva novia.

Masami Saotome me miró fijamente, inexpresivo.

No tuve palabras.

—En cuanto a ti, Kei Niitoki —continuó la Mantícora—. El mundo nunca sabrá que has muerto. Te alteraremos, y te convertiremos en una esclava. Te moverás, mas no tendrás corazón. Aunque te encuentres con un chico que te guste, no sentirás nada.

Me horroricé de nuevo.

Pude imaginarlo.

La Mantícora disfrazada de Nagi, y yo a su lado como su esclava… Me veía en la puerta de la escuela, Nagi a mi lado, mientras le señalaba su próxima comida… Incluso si el chico que una vez amé y su linda novia vinieran, yo no pensaría nada, simplemente los saludaría mecánicamente…

Y eso no es todo. Las terroríficas palabras de la Mantícora me permitieron vislumbrar un propósito más grande.

Ella y Masami Saotome no estaban matando por su propia autopreservación. Esto era solo una parte de su plan para quitarnos el control del mundo a los humanos.

Pero si ellos se graduaran y salieran de la escuela, ¿qué sería del mundo?

Ella se me aproximó.

—¡…!

Abracé fuertemente el cuerpo de Ecos.

Y entonces…

Ecos lentamente alzó su brazo herido.

Estaba temblando. Su puño no estaba ni cerrado ni abierto, sus dedos solo colgaban sin fuerzas.

Apuntó su mano hacia la Mantícora.

—¿Ah? ¿Qué haces? ¿Aún crees que puedes hacer algo para detenerme? —La Mantícora sonrió.

—… —Pero Ecos no la estaba mirando.

Su mirada iba más allá de ella, hacia las estrellas en el cielo.

De pronto, empezó a hablar usando verdaderas palabras; no dirigidas a nadie, solo al cielo.

—Que mi cuerpo se convierta en información, y sea transmitido a la fuente.

Y el aire a mi alrededor fue cubierto por luz blanca.

 

 

Esa noche, se detectó una extraña perturbación eléctrica en la zona. Los monitores de emisión por satélite se tornaron todos blancos, los discos duros de las computadoras quedaron vacíos de datos, y se registraron muchos otros fenómenos antinaturales similares. Las estaciones de televisión y las oficinas de los periódicos estaban inundadas de preguntas y quejas. Se realizaron varias investigaciones, sin resultados realmente satisfactorios. Pero varios testigos dijeron—: En ese momento, podría jurar que vi el cielo brillar. Duró apenas un segundo, pero fue como una luz brillante lanzada desde el suelo al cielo. —Pero estos informes nunca se conectaron a nada, y terminaron siendo enterrados y olvidados.

 

◇ ◇ ◇

 

… Sé lo que vi.

Ecos se convirtió en luz, y esa luz se tragó a la Mantícora.

Un segundo antes de que lo hiciera, sin embargo, Masami Saotome saltó frente a la Mantícora, protegiéndola con su cuerpo…

No sabría decir qué pensaba él, y por qué estaba del lado de la Mantícora; francamente, no quiero saberlo.

Pero hay algo que debo admitir: él podrá haber matado a varias personas por la Mantícora, pero esa indiferencia casual por la vida seguro que incluía la suya.

Masami Saotome fue arrastrado por el torrente de luz, su cuerpo fue mandado a volar, sin dejar rastro atrás.

Fue desintegrado… No, fue obliterado.

Pero segundos antes de que Ecos se autodestruyera, la Mantícora había sido empujada por su compañero, escapando del trayecto del rayo.

—¡…!

Incluso mientras era empujada por la onda expansiva, luché desesperadamente por comprender la situación.

Pero no, no entendí nada.

Desde mi punto de vista, no había manera para yo entender nada de lo que acababa de pasar.

¿Qué demonios era Ecos? ¿¡Cómo podía algo se veía como un humano convertirse en luz y explotar!’ Y ¿qué «información» estaba «transmitiendo»? ¿A quién? No tenía ninguna forma de saberlo.

«¿¡Qué está pasando…!?».

Choqué con el suelo y rodé, gritando con frustración en mis adentros.

Cuando por fin logré detenerme, ya no quedaba rastro de la luz.

Gruñendo de dolor, me levanté, miré delante de mí y jadeé.

Ella estaba allí de pie, sola.

La mitad de su cuerpo estaba quemada al punto en que se veía negro, emanando humo. El uniforme que ella había estado usando quedó hecho trizas y, bajo la luz de la luna, cada centímetro de su delgado y ágil cuerpo estaba expuesto.

—…

Ella tenía la mirada fija en el cielo.

No parecía estar contemplando algo.

—…

Sus labios temblaban. Como si estuvieran luchando por formar palabras que nunca surgieron.

—Ah… Aah…

No había expresión alguna en su cara. Eso había sido reemplazado por el vacío.

El rostro de alguien que había perdido algo que valoraba más que su propia vida.

Como si la mitad de su cuerpo hubiese sido destruida.

Como si su capacidad para alegrarse hubiese sido arrancada de raíz.

—¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaargh!!

En algún punto, su interminable grito se convirtió en un aullido.

Era el sonido de su corazón rompiéndose.

El grito fue tal que pareció sacudir la luna.

—…

Le observé, yo aún sentada, clavada en mi sitio.

Pero entonces advertí de que eso era lo último que debería hacer.

«¡T-tengo que correr…!».

Mientras trataba de ponerme de pie, la grava crujió debajo de mí.

Como una respuesta mecánica, la maltratada cara de la Mantícora se volvió hacia mí.

Nuestros ojos se cruzaron.

Sentí un escalofrío correr por mi columna vertebral.

Aun a la luz de la luna, podía distinguir sus ojos de color rojo sangre. El blanco de los ojos estaba completamente empapado de hostilidad carmesí.

—¡Moriréis…! —aulló—. ¡Os mataré a todos y cada uno de vosotros!

Como si su voz hubiese sido un detonante, me puse de pie y corrí.

Naturalmente, ella fue a por mí.

Yo estaba corriendo, pero a juzgar por el sonido, ella caminaba, arrastrando una pierna.

Pero el sonido se estaba acercando.

«¡Aaah!».

En ese instante, estaba convencida de que el miedo finalmente me había llevado a la demencia.

Estaba escuchando cosas.

Podía oír una melodía viniendo de entre los arbustos frente a mí, una melodía imposible y antinatural.

Alguien estaba silbando.

Silbando una canción que nunca debería ser silbada: «Die Meistersinger von Nurnberg» de Wagner.

Anormal o no, en ese momento no tenía otra cosa de la que aferrarme.

Corrí por mi vida hacia el sonido.

Cuando casi estaba allí, mi pierna resbaló.

—¡Aah! —grité, echándome hacia adelante, cayendo de bruces. Me golpeé la frente contra el suelo, y todo se tornó oscuro por un momento.

El silbido se detuvo.

Podía escuchar el sonido de los pasos de la Mantícora, varias veces más fuerte que hace unos momentos.

—¡…!

Me di la vuelta, y la mano de la Mantícora ya se me aproximaba.

«Esto es todo. ¡Voy a morir…!».

Pero justo cuando ese pensamiento cruzó mi mente…

Fus.

Era el sonido de algo cortando el aire.

Y entonces…, la mano de la Mantícora salió volando, tras un grotesco sonido de rebanado…

Había sido separada de su cuerpo, y ahora estaba girando por el aire.

«¿Qué…?».

Vi algo que destellaba.

Algo como una cuerda.

Se retorció como si tuviera vida propia, y se enredó alrededor del cuello de la Mantícora.

Se apretó.

—¿¡…!?

La expresión de la Mantícora cambió. Ella trató de agarrarse la garganta con ambas manos. Pero solo tenía una; sus dedos trataron de agarrar la cuerda que rodeaba su garganta.

No era una cuerda. Era un alambre de metal horriblemente delgado.

«Ah…», pensé. Encontré mi respuesta. La razón por la que de pronto me tropecé y caí fue debido a que este alambre había sido ensartado en mi camino.

Un extremo del cable parecía estar atado de un árbol.

El otro extremo conducía a la sombra del edificio de la escuela. Cuando miré en esa dirección, sentí que se me salían los sesos por las orejas.

—¿¡No me digas que…!? —grité.

Allí había una figura, recostada de espaldas, tirando del alambre con guantes negros. Llevaba una capa y un sombrero negro en forma de tubo. Era la misma criatura de la que todas las chicas de mi clase habían estado chismeando.

—… La muñeca estaba lo suficientemente carbonizada como para ser cortada, pero parece ser que el cuello es más resistente —dijo.

La voz andrógina —ni masculina ni femenina— era tal y como decían los rumores.

Pero la cara… era…

—¿¡M-M-Miyashita-san!?

Sí, era claramente la de mi compañera de clase, Touka Miyashita.

—Actualmente, soy Boogiepop —dijo ella; no, esa voz era claramente la de un chico.

—¿¡Guj…!? —gorjeó la Mantícora, con los ojos bien abiertos de sorpresa.

Ella ya no era capaz de asimilar la situación, al igual que yo.

El alambre estaba hundido profundamente en la piel de su garganta. Ella luchaba por aflojarlo con los dedos, pero estos terminaban con cortes y sangraban.

—Gu… ¡Uuugh!

—¿Te haces llamar la Mantícora? —dijo Boogiepop en voz baja—. Eres mucho más fuerte que un humano, pero yo puedo usar libremente la fuerza que los humanos mantienen inconscientemente en reserva para no exceder los límites de su carne. Aunque como solo estoy tomando prestado este cuerpo… —Entonces, de pronto, gritó—: ¡Ahora, Shiro-kun! ¡Dispárale!

No tuve tiempo para reflexionar sobre lo que quiso decir. Tan pronto como las palabras salieron de su boca, una flecha atravesó el pecho de la Mantícora.

Conocía esa flecha.

Era una flecha de duraluminio, del tipo que usaba el equipo de arquería.

Me volví, y detrás mío estaba Tanaka-kun, que no se había escapado después de todo, pero sostenía un arco robusto de fibra de vidrio, apuntando hacia mí; no, hacía la Mantícora.

Ella tenía su cabeza atrapada. No podía escapar.

—Agh…

Me pregunto qué habrá pensado la Mantícora en ese momento, cuando supo que había perdido.

Ella no miró la flecha en su pecho, ni a Boogiepop, ni al arquero.

Vi una expresión reflejarse sobre ese rostro vacío. Para mí, se veía como… alivio.

—¡Dale a la cabeza! —dijo Boogiepop, sin mostrar piedad.

La mató cuando estaba en su mejor momento, antes de que tuviera la oportunidad de hacerse fea; la mató sin dolor…, tal como decían las historias.

Tanaka-kun sacó la fuerza de sus dedos.

La flecha fue lanzada por la cuerda del arco, e impactó la cara de Minako Yurihara en le centro, rompiéndole la cabeza.

Por un instante, lo que parecían ser grietas se esparcieron por todo su cuerpo, y luego se desmoronó, convirtiéndose en un humo púrpura.

El humo se desvió en todas direcciones, arrastrado por el viento.

Un poco de él pasó por mi nariz. Olía a sangre fresca y horriblemente espesa.

 

◇ ◇ ◇

 

—…

No podía ponerme de pie.

Tanaka-kun vino corriendo.

—¿Estás bien?

—Um…. S-sí… —Meneé la cabeza, tratando de recuperar algo de lucidez.

Pero Miyashita-san caminó frente a mí otra vez en ese disfraz de Boogiepop, y mis pensamientos se dispersaron nuevamente.

—¿¡Qu-qué diablos es eso…!? —Le pregunté a Tanaka-kun, aferrándome a él como una niña pequeña.

—No lo sé. —Sacudió la cabeza—. Me detuvo cuando volvía de entrenar, se ofreció a ayudarme; ¿lo conoces?

—Yo… creo que… lo conozco…

Boogiepop desató el alambre alrededor del árbol, y se dirigió a los arbustos donde yacía Nagi Kirima.

—La Mantícora dijo que Ecos era sorprendentemente débil. Me pregunto por qué… —murmuró. Él (o ¿acaso era una mujer, después de todo?) pateó a Nagi Kirima.

Nagi había sido asesinada, su garganta cortada…, pero su cuerpo se retorció, y ella pronto se sentó.

Había vuelto a la vida.

—Te dio parte de su vida. Te has vuelto a salvar de la muerte.

Tanaka-kun y yo no pudimos hacer otra cosa que quedarnos boquiabiertos.

Nagi gimió y se agarró la frente. Había perdido mucha sangre, y debía estar anémica.

—Hola, Bruja de Fuego —dijo Boogiepop.

—Tú otra vez —replicó Nagi, sin sorprenderse en absoluto. Ella suspiró—: Si estabas aquí, ¿por qué no apareciste antes?

—Tus acciones finalmente me permitieron descubrir la naturaleza del peligro.

—Joder. Que siempre debo hacerlo todo yo, pero tú solo te molestas en salir cuando se arma la gorda. Bastardo egoísta.

—Vamos. No digas eso —respondió. Sonaba como si se conocieran desde hace años.

—¿Se… acabó?

—Sí. Gracias al sacrificio de Ecos y al coraje de la presidenta del comité.

—Ya veo… —Nagi intentó ponerse de pie, pero se tambaleó y volvió a caer.

Boogiepop no hizo ningún esfuerzo por ayudarla; en su lugar, se volvió hacia nosotros.

—La dejo en vuestras manos. Yo me ocuparé de la limpieza. —Nos dijo.

—… —Nadie le respondió.

Boogiepop recogió la mano de la Mantícora del suelo. Al volverse, me miró con una expresión extraña; medio cerrando un ojo, como si estuviera sonriendo, pero no del todo. Era como si se hiciera el tonto.

—Kei Niitoki. Ciertamente portas una fuerte voluntad. Es gracias a gente como tú que el mundo se las arregla para seguir siendo un lugar medio decente. En el nombre del mundo, te doy las gracias.

Era como un discurso de una obra de teatro. No tenía ni idea de lo que él quería decir.

Dejándome allí perpleja, corrió como el viento, doblando en la esquina detrás del gimnasio y desapareciendo de nuestra vista.

Y así fue como terminó.

 

 

—Pero ¿cómo es que Boogiepop se convirtió en un rumor? Se supone que es una figura misteriosa, su identidad siendo como un secreto. ¿Quién inició todas las leyendas sobre él? —Le pregunté a Nagi Kirima al día siguiente después de la escuela.

—Probablemente la propia Touka Miyashita —respondió Nagi. Estábamos solas en el aula. Todos los demás ya se hubieron largado.

—¿Eh? ¿Qué quieres decir?

—Touka Miyashita no sabe que tienes un alter ego llamado Boogiepop dentro suyo. Pero ella lo sabe inconscientemente. Ya sabes, ¿como cuando hablas de ti misma, pero dices que es un amigo tuyo? Es el mismo principio; ella solo les dijo a otras personas acerca de su otro yo.

—¿Eso es todo?

—Probablemente deberías preguntarle a Suema al respecto. Bueno, no específicamente, pero ella puede explicarlo mucho mejor que yo.

—Hmm… Aún no logro entenderlo.

—No sé mucho sobre ese bastardo —suspiró—. ¿Hicieron todo un escándalo cuando Minako Yurihara no apareció?

—El profesor preguntó si alguno de nosotros sabía algo, pero nadie respondió. Es demasiado pronto para que alguien se dé cuenta de que realmente está desaparecida, así que no ocurre mucho todavía. Pero, para una estudiante como ella, saltarse clases es suficiente para que haya chismes.

—Vaya…

Llamé a la casa de Yurihara-san el día anterior, pero el contestador me hizo creer que sus padres estaban en un viaje de negocios. Nadie sabía que ella no había vuelto a casa. Tal parece que la Mantícora había escogido deliberadamente realizar su plan mientras ellos estaban fuera de la ciudad.

Pero todo el infierno se desataría en un día o dos. Minako Yurihara causaría muchos más problemas a la escuela que cualquier otra chica.

Masami Saotome sería enterrado bajo su sombra. Sus padres probablemente ya sabían que no había vuelto a casa, pero era un chico, así que no se preocuparían tanto si estaba fuera toda la noche.

—¿Cuándo la Yurihara real…? ¿Cuándo fue reemplazada?

—No estoy segura. Pero fue hace bastante tiempo. Ella siempre había estado ausente. Así ha sido hasta ahora, por lo que no notamos nada cuando en verdad se había ido.

—Supongo que tienes razón…

Ambas bajamos nuestras cabezas.

Fue una sensación extraña.

No podíamos decirle a nadie la verdad. De hacerlo, solo se empeorarían las cosas para todos nosotros. De todos modos, si el rumor sobre Ecos llegase a la institución que hizo a la Mantícora, solo traería más problemas.

—Entonces, ¿al final será como si nada hubiera pasado?

—Es mejor así.

—Ya…

Nos pusimos de pie.

La mayoría de los demás estudiantes se habían ido a casa, y los equipos deportivos y clubes estaban en plena sesión. No había nadie vagando por los pasillos o parado en los casilleros de zapatos.

Nos dirigimos a las puertas, y la chica que estaba de guardia se alegró mucho al verme.

—¡Ah! ¡Presidenta! ¡Gracias a Dios que estás aquí! ¿Podrías sustituirme un minuto? ¡Tengo muchas ganas de ir al baño!

Sonreí y asentí con la cabeza, y ella se fue corriendo a la escuela.

—Le gustas a todo el mundo. —Nagi sonrió.

—O les gusta usarme. —Hice una mueca. Recordé todas las veces que Naoko Kamikishiro me había convencido para que amañara los números para aparentar que llegaba a tiempo. Así es como llegamos a ser amigas en primer lugar.

—Y ¿Naoko-san realmente ha…? —dije en voz baja, sintiéndome de repente horriblemente triste.

—Sí… Creo que sí —susurró Nagi con tristeza.

Cuando Tanaka-kun nos dejó el día anterior, él dijo—: No sé cómo decir esto, pero siento que debo agradeceros por Kamikishiro-san. Gracias.

Él estaba al borde de las lágrimas.

—Tanaka-kun, ¿qué pensabas realmente de Naoko-san? —pregunté.

—A decir verdad, —dijo, mirándome con tristeza— si la hubiéramos encontrado, le habría dicho que quería romper. Pero ahora… no estoy tan seguro.

—Hmm… —Fue todo lo que dije.

No logré decidirme en qué debería decirle a su otro amante, Akio Kimura. Probablemente nunca nos hablaríamos. Si algún día alguien le contase la verdad, eso sería…

Pero todos teníamos que volver a nuestra rutina diaria, tal y como las cosas habían sido antes.

—Naoko dijo algo extraño en una ocasión —dijo Nagi, mirando al cielo—. Ella dijo que Ecos era un ángel. Que el señor de los cielos le había ordenado que investigara, y tomara la decisión final sobre si se debía permitir que la humanidad viviera o si debía ser destruida. Vino aquí para averiguar si los humanos eran una existencia benévola o malévola. Si fuéramos lo último, Ecos le habría dado un fin a nuestra historia.

—¿Un ángel? —Me sorprendí.

—O sea… Estoy bastante segura de que ella estaba leyendo mucho sobre esto. Tenía la tendencia a exagerar todo. Mi suposición es que Ecos y la Mantícora fueron experimentos fallidos en biotecnología. Pero si ella tenía razón…

—…

—Seguimos aquí. Parece que esta vez nos hemos librado. —Nagi sonrió con tristeza.

Ella tenía que decir eso. No podía dejar que la muerte de su amiga fuera en vano.

Pero no pude sonreír.

Nagi no había visto el final de Ecos.

Pero yo sí. Y en primera fila.

Esa luz hizo como si Masami Saotome nunca hubiera existido en primer lugar. Había convertido a la casi inmortal Mantícora en algo a medio quemar.

Eso no fue un experimento biotecnológico.

Se había transportado al espacio, pero si algo así se disparaba a la Tierra una y otra vez…

—Entonces quien realmente salvó al mundo…

—No fui yo, tampoco fue Boogiepop… En última instancia, fue esa solitaria chica enamorada que le mostró amabilidad a Ecos. Y ni siquiera apodemos agradecérselo ahora. —Nagi sonaba casi irritada.

—…

No sabía qué responderle. Solo contemplé al cielo en silencio.

Parecía tan lejano.

 

◇ ◇ ◇

 

Mientras Nagi y yo nos quedábamos mirando distraídamente al cielo azul claro, un chico y una chica se acercaron a nosotras. Cuando los vi, no pude evitar exclamar—: ¡Ah!

Uno de ellos era Touka Miyashita. El otro era un estudiante de tercer año con una prometedora carrera en diseño del que me había enamorado y quedé con el corazón roto, Keiji Takeda-senpai.

Se le apreciaba un poco nervioso cuando me vio, así que le dirigí la palabra primero, como para mostrarle que no tenía que preocuparse por eso:

—Oh, senpai. —Le dije tan alegremente como pude.

—Hola —dijo vagamente.

De repente, Nagi se paró frente a Miyashita-san.

—Hmm. Conque tú eres Touka Miyashita —dijo ella. Parecía que era la primera vez que se encontraba con este lado de ella.

—S-sí… —dijo Miyashita-san, asintiendo con la cabeza, con una lida vocecita tan alejada de los tonos varoniles de Boogiepop como parecía posible.

—Soy Kirima. Encantada de conocerte —dijo Nagi, y extendió la mano.

Para un extraño, esto debió verse como que la delincuente de la escuela se propusiera a molestarla.

—¡Oye! —dijo Takeda-senpai, queriendo interrumpir para protegerla.

Pero Miyashita-san meneó la cabeza.

—Igualmente —dijo, estrechando la mano de Nagi. Quizás ella también lo entendió inconscientemente.

—Nos vemos —dijo Nagi, con una sonrisa irónica.

Esos dos atravesaron las puertas; yo solté un gran suspiro, y volví mi mirada al cielo.

No fui capaz de mirar a Miyashita-san a los ojos. Intenté sonreírle, pero no pude.

Hay demasiadas cosas que no estaban claras.

Debería ser sencillo sonreírle a alguien, pero a veces es algo terriblemente difícil y doloroso.

—Qué difícil es sonreír…

—¿Hm? ¿Qué quieres decir?

—Olvídalo —dije, meneando la cabeza—. No importa realmente.

Nagi me miró con recelo, pero al final volvió a mirar al cielo y empezó a silbar.

Era una canción que conocía. La canté, en voz baja:

Enamórate, doncella; la vida es corta

Antes que el carmesí de esos labios desaparezca

Antes que la pasión de esa cintura desaparezca

Pues no hay un mañana.

El cielo de otoño era tan brillante que me hizo tener ojos llorosos.

«Pronto será invierno», pensé.

 

Conclusión de Boogiepop y otros.


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