Boogiepop y otros — Capítulo 1


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La historia de Boogiepop es una que me pesa mucho. Es un tema sobre el que aún no he terminado de ordenar mis sentimientos.

Él ya no está, pero estoy indeciso de si debiera sentirme aliviado por ello o no.

Él era… inusual, por decir algo.

Nunca había conocido a nadie tan extraño como él en los diecisiete años que llevo vivo, y dudo que lo vuelva a hacer.

Después de todo, él era un superhéroe transformador.

Ese tipo de cosas solo son divertidas si están en la televisión. Si te encuentras justo al lado de uno, no causa más que problemas. Y, en mi caso, no era exactamente el problema de otra persona.

Nunca lo vi sonreír.

Siempre se veía sombrío, y solía mirarme y decir cosas deprimentes como: «Este mundo está lleno de defectos, Takeda-kun». Esto, con la misma cara bonita que siempre hizo mi cabeza dar vueltas.

Pero Boogiepop ya se ha ido.

Nunca sabré si todo lo que me dijo fue una mentira o no.

 

 

Un domingo —con la mitad del otoño acercándose rápidamente— estaba parado frente a la estación, esperando a mi novia, Touka Miyashita. Se suponía que nos encontraríamos a las once, pero ya eran las tres, y ella aún no había aparecido.

¿He mencionado que ella es un año más joven que yo?

Aparentemente, su familia era bastante estricta, y por alguna estúpida razón, se me prohibió expresamente incluso intentar llamar a su casa. Todo lo que podía hacer era esperar a que ella se pusiera en contacto conmigo. Así que, una vez más, me vi obligado a quedarme ahí parado preocupado mientras trataba de esperar pacientemente a que ella apareciera.

—¡Eh, Takeda-senpai! —dijo alguien.

Me volví para encontrar a Saotome allí de pie. Él era mi kouhai, en el mismo comité que yo. Había otros tres estudiantes con él, dos de ellos chicas.

—¿Qué es esto?, ¿una cita doble? —dije, consciente de que me hacía pasar por anticuado.

—Algo así. ¿Estás esperando la tuya? —Saotome daba prácticamente la misma impresión estando uniformado o no. Dondequiera que estuviese, parecía mezclarse—. Te das cuenta de que salir con alguien va contra las reglas de la escuela, ¿verdad?

—Mira quién habla.

—Oh, ¿también estás en el comité disciplinario? —preguntó el tipo junto a Saotome.

Pensé decir: «Oh, sí, perdón», pero… no podía decirle eso a un kouhai, así que me encogí de hombros.

—Entonces supongo que no tenemos nada de qué preocuparnos —dijo, rodeando con su brazo los hombros de la chica que estaba a su lado.

Supongo que están juntos. Imagínate.

—Sí, a mí tampoco me importa, pero los profesores son otra cosa. Mejor estar atento para que no te atrapen —refunfuñé.

Todos se rieron a sabiendas, luego asintieron y se despidieron. Mientras se alejaban, oí a una de las chicas decir—: ¡Adivinad a quién lo han dejado!

Todo lo que pude pensar fue: «¡Métete en tus malditos asuntos!».

Quiero decir, no es que me guste estar en el comité disciplinario. Es solo que alguien tenía que tomar el puesto y ese alguien terminó siendo yo.

Ese día, Touka nunca apareció.

«¿En verdad me han dejado? De eso seguramente habría habido algún tipo de aviso, ¿no?».

Esperé desanimado hasta las cinco, incapaz de dejar ir las cosas.

Sabía que tenía que hacerlo, sin embargo.

Me arrastré lejos, sintiendo que el mundo me había dejado de lado. Era la única persona de mi clase que no iba a la universidad.

Qué diablos, todos los demás estaban ocupados estudiando para los exámenes de ingreso. No es de extrañar que me sintiera tan excluido.

Entonces, sucedió.

Se tambaleó hacia mí el tipo de hombre que se destacaría en cualquier multitud.

Era un joven flaco, con el pelo áspero y recortado que se alzaba en los extremos. Llevaba una camisa blanca sucia y muy desgarrada, apenas colgándosele del cuerpo. La parte inferior de las piernas de su pantalón se arrastraba por el suelo mientras sus pies descalzos y sin zapatos se movían por el pavimento.

En la cabeza tenía una herida que parecía severa y la mitad de su rostro estaba cubierto de sangre. Aunque mayormente seca, la sangre se pegó a su cabello en mechones. Al verlo, supe que estaba hecho un desastre, mas no pude apartar la mirada.

Sus ojos estaban desenfocados, y gemía en voz alta. No era una nueva moda, sino claramente un psicópata auténtico y genuinamente loco. Probablemente drogado.

«Por Dios, ¿en serio ahora hay tipos como este apareciéndose por aquí también…?».

Asustado, desvié mi rumbo, dándole un amplio margen.

Todo los demás hacían lo mismo, así que había una especie de bolsa de aire formándose a su alrededor.

El sujeto se estremeció en el centro durante unos momentos.

Y luego, de repente, se derrumbó en el suelo.

Antes de que nadie pudiera reaccionar, empezó a sollozar en silencio.

—Eeenh… Eeeeenh… —lloriqueó—. Uuuuuungh.

Grandes y desaliñadas lágrimas bajaron por sus mejillas, sin reparar en lo que le rodeaba.

Un círculo de gente —conmigo entre ellos— se formó a su alrededor, observando. Ninguno de nosotros se atrevía a acercársele.

Fue la cosa más extraña que jamás había visto.

Era raro, como algo salido de una película surrealista de Europa del Este.

Pero hubo una persona que se aproximó a él.

Era más bajo que yo y vestía una larga capa negra con un cuello que lo envolvía como un gran abrigo, y un sombrero negro como una pipa encogida o un sombrero de copa sin ala. El sombrero era de un tamaño demasiado grande para su cabeza, y le taba los ojos a medias.

En el sombrero y la capa había relucientes trozos de metal, como remaches o algún tipo de insignia, cosidos a lo largo del dobladillo. Daba la impresión de una armadura.

Para combinar con su ropaje negro, usaba lápiz labial negro. Su cara era tan blanca; era como la tinta pintaba sobre una máscara noh brillante.

Claramente, era otro loco suelto.

La figura encapuchada inclinó su sombrero negro hacia un lado y le susurró al oído al psicópata.

El psicópata miró fijamente a la figura encapuchada con ojos vacíos.

—…

El hombre asintió y el psicópata dejó de llorar.

Hubo un ligero revuelto de la multitud que les rodeaba. Era como si se hubiera establecido alguna forma de comunicación silenciosa.

La cara de la figura encapuchada se levantó y nos miró fulminante. Era evidente que estaba hirviendo de rabia.

—¡Es que acaso no pensáis en hacer nada cuando veis a un prójimo llorando! —gritó de pronto, con una clara voz de soprano aniñado—. ¿¡Es a esto lo que ha llevado el avance de la civilización!? ¿¡La vida urbana desarraigando y matando a los débiles!? ¡Es espantoso!

La multitud llegó a la conclusión de que no era más que oro loco y evitó el contacto visual, dispersándose rápidamente. Yo empecé a hacer lo mismo, pero él se giró hacia mí, llamándome la atención. Fue entonces cuando por fin pude mirarle bien a la cara.

Las palabras no pueden hacer justicia a la conmoción que sentí en ese momento.

Tal vez el mejor ejemplo que puedo dar es describirlo como una de esas historias de fantasmas nopperabou, un fantasma sin rostro; esperaras que no tenga uno, pero resulta que se ve como tú.

Al principio no lo entiendes, pero luego lo haces, y te acojonas. ¹

Lo miré fijo, boquiabierto y con los ojos bien abiertos.

Pero para él, yo parecía ser poco más que otra cara en la multitud, y pronto viró su mirada hacia el hombre que estaba a mi lado.

Dos policías vinieron corriendo. A la postre, alguien había denunciado al psicópata.

—¿Es él?

—¡Levántate!

Los policías trataron bruscamente de ponerlo de pie.

—No hay necesidad de ser tan violeto. Él solo tiene miedo —dijo la figura del sombrero negro, al que tampoco le asusta la idea de dar un sermón a los policías.

—¿Y tú quién eres? ¿Su familiar?

—Solo pasaba por aquí —respondió la figura en voz baja—. ¡No le retuerzas el brazo así!

—¡Apartaos! —gritó el policía, a su vez que el otro intentaba alejar a la figura encapuchada.

Pero la figura encapuchada dobló su cuerpo como una bailarina, y evadió el brazo sudoroso del policía.

—¡Qu-! —exclamó el policía, desequilibrándose y cayendo de rodillas.

Era como una especie de kun fu o quizá tai chi. Todo lo que sé es que los movimientos de la figura encapuchada resultaron ser extremadamente gráciles y fluidos.

—Esto es lo que pasa cuando recurres a la violencia —dijo la figura encapuchada como escupiendo.

—¡Y eso es a lo que yo llamo interferir con un oficial de policía! —gritó el agente, poniéndose de pie.

—Intenta cumplir con tu deber antes de acusarme de interferir en él. Es tu trabajo salvar a los que están en problemas, no pisotearlos bajo tus pies —dijo la figura encapuchada, como si pronunciara un discurso.

Mientras tanto, la policía se había olvidado del psicópata, quien empezó a vagar sin rumbo por la calle de nuevo con una velocidad sorprendente.

Los policías se volvieron apresuradamente para perseguirle, gritando—: ¡Oye, tú! ¡Detente ahí mismo!

La figura encapuchada del sombrero negro se giró, su capa revoloteando, y salió corriendo.

—¡Ah! ¡Espera! —Los policías claramente no sabían decidir a qué presa perseguir.

La figura encapuchada se movió como el viento, y desapareció igual de rápido en la siguiente vuelta.

Me quedé allí parado, atónito.

No atónito por el extraño comportamiento de la figura encapuchada. Bueno, puede que sí, pero mucho más impactante era tener la imagen de su cara grabada en mis ojos. El sombrero estaba inclinado sobre su cara y lo ocultaba parcialmente, pero no había duda de que esos grandes ojos en forma de almendra… pertenecían a la chica que había estado esperando todo el día, ¡Touka Miyashita!

Y así terminó mi primer encuentro con la misteriosa figura encapuchada, Boogiepop.

 

 

Al día siguiente, fui a la escuela más temprano que de costumbre.

La escuela a la que voy, la academia Shinyo, tiene ese algo que muchas otras escuelas no. Cada estudiante posee una tarjeta de identificación, y cada vez que entramos o salimos del edificio, tenemos de pasarla por un revisor de la puerta, como uno de esos lectores de boletos en la estación de tren. Lo llaman el Sistema de Administración de Información Avanzado del Campus (o SAIAC, en son de abreviar).

Supuestamente ayuda al personal a llevar un registro del número exacto de estudiantes que asisten, ya que la población estudiantil ha comenzado a disminuir últimamente.

Pero en la práctica, no cambia nada.

Pese al gran diseño, este año ya ha habido varios estudiantes que se han escapado de casa, o peor aún, simplemente se han desvanecido. El sistema del que están tan orgulloso es realmente impotente cuando se trata de impedir que los estudiantes hagan lo que quieran.

De todos modos, nuestra escuela está en las montañas, así que tenemos que andar por largos, empinados y verdes caminos solo para llegar allí. En esta mañana en particular, casi no había nadie en el camino.

Los equipos deportivos habían empezado hace tiempo la práctica matutina, pero el resto del alumnado aún no había empezado a llegar.

—¡Eeeey! ¡Keiji! —surgió una alegre voz de muchacha desde atrás.

Me di la vuelta para encontrar a una chica de mi clase, Naoko Kamikishiro, caminando hacia mí.

Esta chica tenía la costumbre de pronunciar en demasía los nombres de las personas, como si estuviera leyendo a simple vista una palabra en otro idioma.

Además, siempre se la veía alegre.

—Ya, ya. ¿Por qué tan triste en una mañana tan hermosa? —dijo, corriendo para alcanzarme, y golpeándome fuertemente en la espalda.

Tanto Kamikishiro como yo estábamos rompiendo las reglas de la escuela en lo que a citas se refiere. Podría decirse que nos daba una cierta conexión; una cierta facilidad para nuestra interacción. Una especie de simpatía que no podíamos esperar obtener de amigos del mismo sexo. Siempre bromeábamos juntos, pero hoy apenas ando de humor.

—Llegas temprano —dije bruscamente—. ¿No vas a hacer tu habitual entrada dramática?

Kamikishiro llegaba casi compulsivamente tarde y siempre insistió en que se debía a la baja presión sanguínea. Si un profesor intentaba regañarla por ello, ella se disculparía dramáticamente y bastante coqueta, debo añadir, lo que generalmente dejaba a los profesores varones nerviosos, pero siempre parecía hacer el truco, sacándola del apuro. Una técnica poderosa, en efecto.

—Sí, bueno, tenía algunas cosas de las que ocuparme hoy. En fin, ¡escúpelo ya! ¿Cómo estuvo tu cita de ayer?

—M-mejor olvídalo.

—¿Se pelearon o algo así? —preguntó, contemplando de cerca mi cara con interés. Ella tenía la tendencia a expresar sus emociones de manera demasiado obvia. Era muy bonita, pero tenía una risa franca y fuerte. Esto parecía causar que algunas personas pensaran mal de ella, sin importar lo buena persona que fuera en el fondo.

—¿Pelearnos? Ojalá hubiéramos podido —suspiré.

—Espera, ¿qué? ¡Eso suena serio!

—Como sea.

Otro estudiante se nos cruzó en una bicicleta, así que nos quedamos callados.

Como siempre, había un miembro del comité situado en las puertas, como un guardia de la estación de tren, asegurándose de que las tarjetas pasaran correctamente por el control de la puerta.

—Oh, Takeda-senpai. Llegas temprano —dijo el guardia de hoy, Kei Niitoki. Era la presidenta la presidenta del comité disciplinario.

Pese al ominoso título, ella era una linda chica pequeña con rostro infantil.

—¡Buenos días, Kei! —dijo Kamikishiro. Aunque ambas eran ya amigas, Niitoki había ignorado las citas de Kamikishiro en varias ocasiones, y esto las había acercado unido aún más.

—Vaya, vaya. ¿Ahora estáis juntos? —dijo Niitoki, con los ojos bien abiertos.

—Eso da miedo, viniendo de ti —bromeó Kamikishiro.

Si ella hubiese sabido que Kamikishiro tenía un alumno de segundo y de primer año entre manos, dudo que hubiera podido mostrarse tan indiferente al respecto. Es bastante seria, y probablemente se enfadaría tanto que le saldría vapor por las orejas.

Pasamos nuestras tarjetas por la puerta de control y entramos.

—¡No olvides la reunión de hoy, senpai! —dijo al tiempo yo hacía un gesto de asentimiento.

—Es tan tierna. —Kamikishiro se rio.

—¿Quién?

—Kei. Sabes que está enamorada de ti, ¿no es cierto? Un amor de cachorro…

—Y tú lo dices.

Cada relación que ella tuvo terminó como una zona de guerra. Me sorprende que aún pueda bromear sobre ello.

—Entonces, ¿qué fue? ¿Fuji-chan te dejó? —Vaya uno a saber por qué Kamikishiro siempre nombraba a Touka cambiando la manera de leer los kanjis de su nombre, pero aquí estaba ella haciéndolo de nuevo.

—Me dejó plantado.

—¡Mira pues por qué tienes dolores en el pecho! ¡Ja, ja, ja!

Sospeché que ella también dejó plantado a muchos hombres.

—¿Qué es lo que piensan las chicas cuando hacen eso? —pregunté—. Seguramente no es debido a sus novios.

—No es algo fácil de responder. Hmm… Todo depende, en realidad. Aunque sé que no siempre es porque no quieran verte. Hay cosas que simplemente surgen, ya sabes.

—¿Y qué me dices de si te dejan plantado y se visten como un hombre?

—¿Ah? ¿¡De qué estás hablando!? ¿Qué se supone que significa eso? —Los ojos de Kamikishiro se ensancharon de par en par.

Es comprensible. Yo tampoco sabía la respuesta.

—Olvídalo. Debo haber visto mal.

—Realmente no lo entiendo…, pero tienes mucho tiempo libre, así que deberías empezar a tomarte el amor más en serio, ¿vale? —dijo con voz de canto.

—¿Qué? —respondí, frunciendo el ceño.

Ella se puso a cantar:

Enamórate, doncella; la vida es corta

Antes que el carmesí de esos labios desaparezca

Antes que la pasión de esa cintura desaparezca

Pues no hay un mañana. ²

—Estás de buen humor. ¿Te enamoraste otra vez?

—Un poco. Je, je, je.

—Por el amor de Dios, ¿cuántos son ahora?

Antes de llegar a los pasillos, adoptamos sutilmente una actitud más distante. No estábamos saliendo, pero nunca era una buena idea provocar cualquier rumor.

Dejé que mis pies me llevaran al aula de Touka.

Al llegar, aun cuando en realidad no podría hablar con ella, no estaba seguro de por qué quería ir, pero no pude evitarlo.

El aula de Touka era el de la clase C de segundo año, y todavía estaba vacío.

Sintiéndome repentinamente cansado, me dejé caer sobre una silla en el interior.

Una vez más las palabras de la figura encapuchada corriendo por mi mente: «¡Es que acaso no pensáis en hacer nada cuando veis a un prójimo llorando!».

Me detuve un momento.

¿Era realmente Touka?

Un hermano gemelo, quizás.

No, ella nunca mencionó algo así antes.

Escuché que alguien venía, así que me levanté rápidamente y abandoné el aula.

Me paré tan discretamente como pude en el pasillo techado, a unos pocos metros del aula, y me mantuve vigilante.

Cuanto más celaba, más patético me sentía.

«Agh, demonios…».

Touka fue la vigésima estudiante en llegar.

Ella era la misma de siempre. No había señal de ningún sombrero extraño.

Pero por alguna razón, ella llevaba un enorme bolso Spalding además de su bolso escolar habitual. Del tipo en el que la gente suele guardar las zapatillas o la ropa de gimnasia.

Ella entonces se fijó en mí.

Me echó una mirada inocente y extrañada.

Me encontré sonriendo y asintiendo con la cabeza.

Ella sonrió con suavidad y devolvió el gesto.

Nada diferente a lo habitual.

Tampoco parecía preocupada por haberme dejado plantado.

Para no llamar la atención, casi nunca nos hablamos en la escuela. Pero las palabras no eran necesarias. Habíamos desarrollado nuestro propio lenguaje de señas que solo nosotros dos conocíamos.

Entonces hice una de esas señas, poniendo mi dedo índice en alto.

Esta seña significaba detrás del jardín después de la escuela.

Ella imitó la seña, mostrando su consentimiento.

Sí, era como si nada hubiera pasado.

Sintiéndome rodeado por una pesada nube de humo, regresé a mi propia aula.

Kamikishiro no estaba allí todavía. Probablemente seguía «ocupándose de las cosas». Al igual que yo.

 

 

La reunión del comité disciplinario fue durante el almuerzo.

—Cof. Asumo que todos ya lo habéis notado, pero este año la disciplina se ha vuelto un tanto floja. Ahora hay cuatro chicas (estudiantes de aquí) que parecen haber huido.

Lo llamaban reunión, pero casi nunca hablábamos.

El profesor a cargo es quien soltaría una perorata durante toda la hora.

Francamente, puede que nos llamemos el comité disciplinario, pero ninguno de nosotros operaba con la ilusión de que pudiéramos controlar a alguien. La mayoría de nosotros, como yo, estábamos rompiendo esas reglas por nuestra cuenta.

El chico con el que me encontré ayer en la ciudad, Saotome, era el secretario. Tomaba actas en un cuaderno. A pesar de la doble cita, se mezcló en la atmósfera del lugar, como un miembro modelo del comité.

—Si alguno de vosotros se entera de algo parecido, por favor acudid a mí de inmediato. Uno de sus amigos podría ponerse en contacto con ellos.

No respondimos. Jamás lo hicimos. El profesor nunca pareció percatarse.

—Por cierto, la infame Nagi Kirima no llegó esta mañana. Aseguraos de vigilarla, ¿me oísteis? Nunca se sabe lo que está tramando esa chica en las sombras.

Echó una mirada aguda a su alrededor.

Permanecimos en silencio.

El único sonido fue el de la pluma de Saotome, anotando absurdamente minutos completos.

De pronto, el sistema de megafonía cobró vida.

—»Touka Miyashita, segundo año, clase C. Por favor, regrese inmediatamente a la enfermería. Touka Miyashita, segundo año, clase C…

Me sacudí sobre el asiento, e hizo un chirrido con el suelo.

—¿Hm? ¿Pasa algo? —El profesor me miró con mala cara.

—Yo, um, me siento mareado —dije para justificar mis acciones, pero en realidad mi cabeza estaba dando vueltas.

—¿Estás bien, senpai? —preguntó la presidenta—. Estás pálido.

—¿Tercer año? Puedes volver a tu clase.

Los seniors tenían que estudiar para los exámenes y realmente no desempeñaban un papel importante en el comité. Carajo, ni siquiera necesitaban venir a las reuniones en primer lugar. Por supuesto, yo no estaba rindiendo exámenes, pero el profesor no se molestó en recordar eso, aparentemente.

—Está bien.

Me levanté, y la presidenta me siguió.

—Sensei, lo llevaré a la enfermería.

El profesor hizo una mueca, pero entonces simplemente le ordenó que apurara en volver.

—¿No era mejor…? —Le pregunté a Niitoki.

—¿Estás bien? —susurró en respuesta.

No dije nada más, pero me apresuré a la enfermería.

No había nadie allí.

Dejé escapar un gran suspiro de alivio.

El anuncio le había pedido a Touka que «regresara», así que ella debió haber estado allí antes, pero volvió a largarse.

«No, se supone que debía irse a casa, pero ella ha de seguir en el campus. Su tarjeta no pasó por la puerta…». Pensando furiosamente, me desplomé sobre el banco a mi lado.

—¿Estás preocupado por ella? —preguntó Niitoki.

—Sí, un poco.

Levanté la vista y ella rápida y rígidamente dijo—: Eso pensé. Estoy en la misma clase que ella.

La miré boquiabierto, pero ella siguió hablando:

—Ella ha estado un poco apagada recientemente. Como si no pudiera estarse quieta. Mirando hacia afuera durante la clase. El profesor la regaña mucho por eso. Pensé que ella podría teniendo problemas contigo o algo por el estilo.

No tuve respuesta.

—También me gustas, ¿sabes? Pero…

—…

—Pero parece que ella te gusta más que yo.

Ella me miraba.

No se me ocurrió ninguna forma de responder.

—Me voy de regreso —dijo apresurada, y salió corriendo de la enfermería.

No hace falta decir que estuve ausente por casi todo el resto del día.

 

 

Después de clases, fui al lugar donde habíamos acordado encontrarnos, pero Touka no estaba allí.

La luz del sol apenas se filtraba hasta la desierta parte trasera del edificio, por lo que estaba bastante oscuro a mi alrededor.

Tiré mi bolso al suelo, metí las manos en los bolsillos y me apoyé en la pared.

No lograba pensar en qué hacer a continuación, así que miré al cielo en silencio.

El borde de la azotea de la escuela formaba una clara línea recta que cortaba el cielo por la mitad.

Pero había una sombra que destacaba sobre esa línea.

Me quedé sin aliento.

Era la silueta de una persona. Una persona con una protuberancia plana y en forma de tubo sobre su cabeza, envuelta en lo que parecía ser una capa.

En ese momento, supe que era él. Era la misteriosa figura encapuchada.

Cuando me vio, se dio la vuelta y se alejó.

—¡E-espera! —grité.

Justo a mi lado había una vieja escalera de incendios. Estaba conectada a las ventanas de cada piso y llegaba hasta la azotea.

Salté la puerta cerrada en planta baja y subí las escaleras hasta la azotea, en clara violación de la política de la escuela.

La figura encapuchada salió lentamente de las sombras. Volvió a mirarme directamente.

—Tú… ¿conoces a Touka Miyashita? —dijo con la voz de Touka. Era un poco más profunda, con un sonido más masculino, pero al escucharla bien, era claramente la de ella—. Ya veo. Nos vimos ayer, ¿no es así? Te he hecho mal. Te ignoré, y por ello…, me disculpo.

Me acerqué a él y lo agarré por los hombros.

—¿¡De qué demonios estás hablando!?

De pronto, mi cuerpo estaba flotando en el aire, y luego se estrelló duramente contra el concreto.

—…

¿Me ha derribado las piernas? El dolor me recorrió todo el cuerpo antes de que me diera cuenta.

—¿Qué… qué está pasando? —sollocé.

—He de aclarar que no soy Touka Miyashita. Actualmente, soy Boogiepop —susurró la figura encapuchada.

—¿A-actualmente?

Entonces, ¿esta mañana sí fue ella misma? ¿Es eso lo que quiso decir?

—Estoy seguro de que ya has escuchado esta idea. En pocas palabras, se asemeja al concepto de la personalidad doble. ¿Me sigues hasta ahora? —continuó el susodicho «Boogiepop».

—¿D-doble?

—Ninguno de vosotros lo ha notado aún, pero el peligro se cierne sobre esta escuela… y toda la humanidad. Por eso he surgido.

No lograba decidir si en verdad debía referirme a Boogiepop como «él» o no, pero podía decir por su expresión que hablaba muy en serio. ³

 

 

Esa noche, llamé a la casa de Touka directamente.

—Miyashita al habla —respondió su madre.

Con mi voz más seria, dije—: Hola. Soy Takeda, del comité disciplinario de la academia Shinyo. ¿Se encuentra Touka presente?

Cuando escuchó las palabras «comité disciplinario», la madre de Touka emitió un pequeño jadeo que pudo escucharse en el auricular.

—¿T-Touka ha hecho algo…? Pero si no hemos visto eso desde que ella empezó el instituto…

«¿Eso?».

—Me gustaría hablar con ella directamente, si es posible.

—¡P-por supuesto! Aguarde un segundo —dijo con un tono demasiado respetuoso para un chico de secundaria. Cualquier otra madre habría dicho, «Espera un segundo», o algo igualmente trillado. Debía estar consternada.

—Habla Touka —dijo Touka, con su voz habitual.

—Hola, soy Takeda.

—¿Sí? —dijo de plano. Presumiblemente su madre estaba rondando cerca.

Aparentemente, la residencia de Miyashita todavía no contaba con otras extensiones.

—¿Fuiste a algún lugar este domingo?

—No realmente —dijo, golpeando el receptor tres veces. Tomé esto como lo mismo que dos dedos levantados en nuestro lenguaje de señas. Significaba: «Lo siento, ahora no».

Yo ya lo sabía, obviamente, pero tenía que preguntar de todos modos.

—Oye.

—¿Sí?

—¿Has oído hablar de Boogiepop?

—¿Eh? —dijo desconcertada. La había pillado con la guardia baja—. ¿Qué es eso? —No estaba actuando. Ella realmente no lo sabía.

—No importa. No es importante. Solo quería escuchar tu voz, eso es todo. Lo siento.

—Muchas gracias —dijo muy educadamente, como si fuera para el beneficio de su madre. Lo traduje como una seña de alegría.

Por tanto, parece que no me odia después de todo.

—Te veré mañana en la escuela, entonces.

—Suena bien.

Colgué primero, y el silenció me superó.

Me crucé de brazos e intenté pensar. Ese tipo, Boogiepop, había tenido razón. Touka se había olvidado completamente de nuestra cita del día anterior, y nuestra promesa de encontrarnos hoy después de la escuela.

—Ella no lo sabe —dijo él, parado sobre la azotea de la escuela, a la luz del sol poniente—. Si algo amenaza con erosionar su postura de ignorancia, ella instantáneamente deja de saber eso también. Para eliminar la anomalía causada por no haberte visto ayer, ella habría borrado de su mente todos los recuerdos de la fecha.

—¿Borrado? —dije, todavía mareado, siguiendo el hilo a duras penas—. ¿Quieres decir que se olvidó el hecho de que nos íbamos a reunir?

—Precisamente. Pero esto sin duda no es porque ella no te tome en serio. Todo lo contrario. Me imagino que ella te ama mucho. Es exactamente por eso que necesita olvidarlo todo.

—¿Para qué?

—Para que no se sienta culpable. No quiere ni pensar en que estás enfadado con ella. Pero eso es algo que está fuera de su control —dijo con los labios de la persona en cuestión.

—¿Qué eres, exactamente? ¿Cuánto tiempo llevas… poseyéndola?

—¿«Poseyéndola»? No puedo decir que me guste esa elección de palabras. No es como si hubiera elegido aparecer.

—Entonces, ¡por qué lo haces!

—Porque el peligro está sobre nosotros —dijo, mirándome fijamente.

Me estremecí. Su mirada guardaba puñales.

—Soy automático. Cuando detecto que se aproxima la adversidad, salgo flotando de Touka Miyashita. Por eso soy Boogiepop; como burbujas tenebrosas.

—¿Adversidad? ¿Qué clase de…?

—Hay un demonio anidando en esta escuela.

Sé que suena absolutamente descabellado viniendo de mí, pero cuando dijo eso, su mirada era inconfundible: estaba completamente serio.

El sol poniente envió largas sombras a través de la azotea.

Los ropajes negros de Boogiepop le hacían parecer medio invisible y prácticamente se desvanecía en la oscuridad.

—Ahora mismo se oculta entre vosotros, pero representa una amenaza muy real. Todavía no ha empezado a moverse, pero cuando lo haga, supondrá el fin del mundo.

Sus palabras eran los desvaríos de un lunático, pero si en verdad lo miraras y escucharas su voz, eran horriblemente convincentes.

—¿No… no eres la misma cosa? —pregunté, resistiéndomele con todo lo que tenía. Para mí, el hecho de que este hombre se instalara en el cuerpo de Touka era comparable al fin del mundo.

La otra personalidad de Touka respondió con calma:

—Soy consciente de ello, por eso no salgo mucho tiempo. Esto también es automático. El resto del tiempo, vivo tranquilamente como Touka Miyashita; mirándote con ardor.

—¿Ardor? ¡Oye…!

Había algo anticuado en su forma de hablar. Incluso me llamaba «kimi», como un erudito de la era Meji.

—Mi jornada de hoy terminará pronto. No tiene mucho sentido que vigile de esta manera, habiendo terminado la escuela. Todos ya se han ido a casa.

—Entonces, ¿este ser peligroso del que has estado hablado es uno de los estudiantes? —Me encontré preguntando esto.

—Lo más probable. —Boogiepop asintió con la cabeza.

—¿Qué es, exactamente?

—Es mejor que no lo sepas.

—¿Por qué?

—Porque es demasiado peligroso. Si sabes más, quizá te ocurra algo. Preferiría mantener al amante de Touka Miyashita fuera de peligro.

Sé que estoy siendo redundante, pero realmente dijo esto con la cara y voz de ella.

—Si es tan peligroso, creo que debería saberlo. Ese cuerpo no te pertenece solo a ti, y lo sabes. —Aun mientras hablaba, parte de mí argumentaba que no debía tomar a este tipo en serio.

Claramente, todo esto era solo una delusión paranoica, causada por alguna extraña enfermedad psicológica, provocada por una inestabilidad en la mente de Touka… Sin embargo, la criatura ante mí era Touka y no Touka al mismo tiempo. No podía pensarlo de otra manera.

—Está bien, —suspiró Boogiepop— pero no se lo digas a nadie.

—Vale —respondí, tragando con fuerza. Me preparé para cualquier cosa.

Pero sus palabras resultaron demasiado simples, y me tomaron por sorpresa.

—Es un comehombres.

 

 

Después de llamar a la casa de Touka, me desplomé abatido en mi cama. Mi cabeza estaba hecha un desastre.

¿Una doble personalidad?

¿La escuela…? No, ¿el mundo entero estaba en peligro?

¿¡Qué demonios!?

En lo que a delirios respecta, este era de lo más delirante. Es como uno de esos locos juegos de rol escolares

Boogiepop había dicho que Touka se olvida de todo. Así que, en el peor de los casos, incluso si fuéramos a un hospital y un médico la examinara, Boogiepop podría no aparecer nunca. Eso la haría parecer la más cuerda, mientras que quien la llevó quedaría como un completo idiota.

De camino a casa desde la escuela, había comprado un libro de bolsillo llamado El grito interior: Trastorno de personalidad múltiple, así que decidí profundizar en el tema. Acabé comprando el que parecía más sencillo, pero para mi sorpresa había una sección entera en la librería sobre trastornos psicológicos. «El mundo sin duda ya estaba lo bastante loco aun sin todas estas enfermedades», pensé.

Por lo que pude ver, el trastorno de personalidad múltiple generalmente surge cuando alguien está atrapado en una situación opresiva y es incapaz de enfrentar la realidad, cambiando sus emociones hacia otra personalidad en un intento de crear una nueva vida. «La psique humana está abierta a las posibilidades tanto del bien como del mal. En mi opinión, el trastorno de personalidad múltiple se produce cuando una de estas posibilidades, suprimida por las presiones de la sociedad, declara su independencia y comienza a luchar por existir. Indiferentemente de cuán enfermo sea el resultado o cuán destructivo sea para el cuerpo anfitrión y para aquellos que lo rodean, la posibilidad no hace distinción entre el bien y el mal». Había un montón de cosas como esta en las que de cierto modo entendía lo que estaba leyendo, pero al mismo tiempo no lo hacía.

Al parecer, en Japón, las bases de este tipo de acción generalmente no tenían una fuente clara, lo que significaba que la gran mayoría de los incidentes daría como resultado la esquizofrenia en lugar del trastorno de personalidad múltiple. Para mí, es como hablar de la diferencia entre «Dios» y «el universo».

El nombre del autor era Seiichi Kirima. No había un perfil del autor adjunto al libro, así que no tenía forma de saber quién era o cuáles eran sus credenciales. Pero de alguna manera, lo que había leído me pareció correcto.

«Entonces, ¿qué clase de posibilidad era Boogiepop? ¿Qué lo había suprimido?».

Me tumbé de nuevo sobre la cama, y me fijé en el techo.

«¡Es que acaso no pensáis en hacer nada cuando veis a un prójimo llorando!».

Esas palabras volvieron a resonar en mi cabeza. Por alguna razón, no podía dejar de pensar en ellas.

 

 

—Y eso es lo que decía. ¿Qué crees? —le pregunté a Boogiepop.

Fue al día siguiente después de la escuela. Ambos estábamos de nuevo en la azotea.

—¿Una posibilidad suprimida? Hmm… Supongo que no es una mala explicación.

Miyashita no estaba en su clase, así que pasé por la azotea por si acaso estuviese por aquí. Era como si él tomara el control en el momento que las clases terminaban.

—Pero, en mi caso, no soy una de las otras posibilidades de Touka Miyashita.

—¿Qué eres, entonces?

—Buena pregunta. ¿De este mundo…? —dijo con toda naturalidad.

Por un momento, no pude entender su significado. Se sintió como si no hubiera terminado su frase, pero que, en cambio, la había dejado escapar.

«“¿De este mundo…?” ¿De este mundo qué?».

Haciendo caso omiso de mi mirada desconcertada, él continuó—: No tengo autonomía. No tengo ni idea de lo que Touka Miyashita pueda estar pensando. Ella bien podría tener alguna posibilidad, algún deseo oculto que me produjo. Pero eso no tiene nada que ver conmigo. No tengo sueños. Solamente tengo mi deber. Estoy aquí solo para llevar a cabo mi propósito.

—¿Salvar a la humanidad?

—Sí.

—¿Por qué tú?

—No lo sé. Es lo que quiero. —Boogiepop suspiró, contemplando el cielo sobre su cabeza. Sin mirarme, continuó—: ¿Quieres «curarme», entonces?

Me sobresalté. Por supuesto, parte de mí quería hacerlo. Touka Miyashita era mi novia. Pero también sentí que no era algo que debía hacer.

—Hm, no… No lo sé.

No di una respuesta cautelosa en son de observar su reacción; en verdad yo ya no estaba seguro. No parecía que su presencia le hiciera daño a nadie. La propia Touka permanecía felizmente inconsciente.

«Lo único que realmente interfiere es con nuestras citas».

—Admito que sería mejor si yo no existiera. Si tan solo no hubiera necesidad de mí…

Su perfil era exactamente como el de la chica que amaba, y se le apreciaba de alguna manera desolado, así que, sin pensarlo, solté—: Debe ser duro para ti…

No es exactamente la manera de reaccionar a los desvaríos de una personalidad múltiple delirante, lo admito.

—Bueno, casi nunca estoy aquí.

Pensé que podría estar enojado por mi torpe intento de simpatía, pero me respondió en voz baja. No es un loco en absoluto.

Ambos contemplamos el cielo. Estaba nublado. Esta vez no hubo una hermosa puesta de sol…, solo oscuridad. Hacía frío en el aire y parecía que la fría lluvia podría empezar a caer en cualquier momento. Era el tipo de día que humedece tu espíritu.

—¿Puedo preguntarte algo?

—¿Qué sería?

—En la primera vez que te vi, ¿qué le dijiste a ese vagabundo?

—Nada importante.

—¿Cómo hiciste que dejara de llorar?

—Solo le di el empujón que necesitaba. Toda persona necesita ayuda cuando está sufriendo.

—¿Necesitaba ayuda? ¿Cómo lo supiste?

—Estaba llorando. Se podía ver que sufría con solo mirarlo —dijo sin rodeos, como si fuera la cosa más obvia del mundo.

—Pero…, pero… —balbuceé, para luego soltar un suspiro—. El resto de la gente común no puede entender esa forma de pensar. —Aun mientras dije eso, me sentí patético.

—Eres un buen hombre —dijo Boogiepop de repente.

—¿Eh?

—Creo que ahora sé lo que Touka Miyashita ve en ti.

—Por favor, no digas esas cosas con su cara. No sabré qué decir cuando la vea mañana… —dije, dándome cuenta de que esto significaba que había aceptado completamente a Boogiepop como una existencia independiente.

Boogiepop mostró una expresión extraña. Bajo el ala de su sombrero, su ojo izquierdo se estrechó y el lado derecho de su boca giró hacia arriba. Era una expresión muy asimétrica que la propia Touka nunca haría.

—No te preocupes. Yo soy yo, y ella es ella misma.

Más tarde me pregunté si esa expresión era una especie de sonrisa forzada, pero, en ese momento, me desconcertó. Era una especie de sonrisa que parecía a la vez sarcástica y algo diabólica.

Sin embargo, nunca le vi sonreír del todo.

 

 

Después de eso, se volvió rutinario reunirme con Boogiepop en la azotea todos los días mientras él «vigilaba».

—Ya no soy parte de mi clase. —Me quejé con él.

—¿No estás presentando exámenes?

—No, mi padre conoce a alguien que es dueño de una empresa de diseño, así que he estado trabajando allí a tiempo parcial. Dijo que yo tenía sentido común y que no debería molestarme con la universidad. Que estaría mejor si empezara a trabajar para él directamente.

—El artesano favorito del jefe, vaya pues.

Touka había dicho una vez: «¿Estás seguro? Me parece arriesgado…», pero Boogiepop sonaba impresionado.

Feliz, me entusiasmé—: Exactamente, un artesano. Eso es lo que es un diseñador, en realidad. Hacemos lo que nos piden que hagamos.

—Parece que tienes los pies sobre la tierra —dijo Boogiepop, sonando casi celoso. Vivía a medias en algún ámbito sobrenatural que solo él podía ver.

—Pero Miyashita cree que suena peligroso.

—Lo haría. No la conozco muy bien, pero hay muchas más chicas que evitan a los hombres románticos que las que se sienten atraídas por ellos.

—¿En serio? Quiero decir, ¿romántico? —Era una palabra embarazosa.

—No tengo tales esperanzas, pero creo que los humanos necesitan algún tipo de sueño. ¿Me equivoco? —Boogiepop siempre parecía especialmente serio cuando decía cosas como esta.

—No sé —murmuré.

—Cuando no tienes un sueño, cuando no puedes imaginar un futuro, eso significa que hay algo defectuoso en este mundo. Desafortunadamente, no soy yo quien luchará contra ese defecto, sino tú y Touka Miyashita —dijo el autodenominado defensor del mundo, mirando a la distancia.

Basándose únicamente en sus palabras y en su atuendo, era imposible pensar en él como algo más que un payaso. Después de todo, tenía cara de mujer, pero hablaba como un hombre.

Pero entonces pensé: si él era un payaso, entonces yo también quería serlo.

 

 

Estando con él, hablando con él, no podía ver rastro alguno de Touka por ningún lado. ¿Qué le habría pasado a ella para hacerlo aparecer?

—¿Cuándo saliste por primera vez? —pregunté, un día.

—Hace unos cinco años. Los padres de Miyashita se peleaban, considerando el divorcio. Los sentimientos inciertos de ella en ese entonces pudieron haber producido una criatura obstinada como yo. Pero yo, por mi parte, estaba demasiado ocupado luchando contra un asesino que acechaba en las calles como para prestarle mucha atención.

Tuve una corazonada acerca de cuál asesino estaba hablando. Hace cinco años, un asesino serial había asesinado a cinco chicas, y se ahorcó cuando parecía que estaban a punto de atraparlo. Era una historia muy conocida, así que tenía sentido que se incorporara a su delusión.

—La madre de Miyashita parecía saber de ti.

—Hm, ella me ha visto unas cuantas veces. Estamos hablando de la secundaria, después de todo. Touka Miyashita no podía moverse tan libremente que digamos. Incluso me atrapó una vez trepando por la ventana.

—Seguro que quedó sorprendida.

—Estaba histérica, lo que me causó un sinfín de problemas. Me encerró en la casa, así que tuve que noquear a la mujer para poder escapar. El peligro se aproximaba, a fin de cuentas.

—¿En serio? —No me extraña que su madre se asustara. También explicaba por qué en el hogar de Miyashita no le dejaban tener un teléfono en su habitación.

—Después de eso, sospecho que Touka Miyashita fue arrastrada a un psicólogo, pero solo puedo especular. Nunca aparecí.

—Y ¿ella no mostró algún… signo inusual?

Como la condición era casi inaudita en Japón, el médico probablemente no le creyó ni una palabra.

—Probablemente no. Pero imagino que tenían sus dudas sobre la madre. Después de todo, estaban teniendo problemas maritales en ese momento. Pero aparentemente todo el alboroto hizo que su padre se culpara a sí mismo e hiciera las paces. Las cosas se calmaron después de eso.

—Hmm…

Esto me hizo recordar algo de un libro que había leído. No un caso de personalidad múltiple, sino una chica maniacodepresiva. En la escuela, ella nunca hablaba con nadie, pero siempre estaba alegre y feliz en casa. Sus padres y abuelos eran apáticos y fríos, y ella trataba desesperadamente de avivar el ambiente sombrío. Desafortunadamente, el estrés fue demasiado para ella, y sus efectos comenzaron a manifestarse externamente. Su comportamiento se tornó cada vez más extraño, hasta que finalmente fue llevada a un médico y la verdad salió a la luz. Fue tratada, su familia se arrepintió y la casa se convirtió en un lugar mucho más pacífico. Este tipo de trastorno psicológico “pacificador” es aparentemente conocido como «el Arlequín».

Por alguna razón, me sonaba mucho a Boogiepop.

—Pues… —dije, y le expliqué todo esto.

Él volvió a hacer esa extraña expresión.

—Touka Miyashita bien podría verlo de esa manera.

—Pero sigues aquí, aunque la situación haya terminado. ¿Por qué? Ya nunca sales de casa, ¿no es así?

—Correcto.

—Entonces, ¿por qué?

—No puedo explicarlo. Simplemente tengo que cumplir con mi deber.

—¿Tan solo desaparecerás cuando este «peligro» se acabe?

—Sí. Aunque estaré un poco triste por irme esta vez. No podré volver a verte.

Esto me sorprendió.

—No, no lo harás.

—Claro. Y Touka Miyashita estará aquí, por supuesto. Imagino que la prefieres a ella. —Sus hombros se desplomaron un poco.

No se me ocurrió nada que decir, así que me quedé callado.

Ambos contemplamos en silencio el cielo nocturno.

Boogiepop empezó a silbar. La melodía era rápida y alegre; su respiración alternaba hábilmente rápida y lenta, pero era un silbido, por lo que sonaba bastante deprimente de algún modo.

Recordé entonces que Touka no podía silbar.

«¿Una posibilidad suprimida…?».

Aun como su novio, supongo que yo suprimía alguna parte de ella.

Este pensamiento me pesaba mucho.

Terminó de silbar, y le aplaudí—. Eres bueno. ¿Qué canción era esa?

—La obertura al primer acto de «Die Meistersinger von Nürnberg».

—¿De qué?

—La pieza más extravagante que ese ruidoso, romántico y viejo compositor, llamado Wagner, haya escrito jamás.

—Clásica, ¿eh? Creí que era rock…

—¿Hubieras preferido «Madre corazón de átomo»? A mí me suele gustar la música antigua —dijo, medio cerrando un ojo.

Todas nuestras divagaciones crepusculares pasaron de esta manera.

 

 

Un día, Kamikishiro desapareció. Había dejado de venir a la escuela.

No supe mucho, pero parece que se había escapado.

—¿Estáis bromeando? —dije cuando escuché las noticias.

—¡De veras! El profesor nos los dijo. Ella no ha vuelto a casa —dijo con calma una de las chicas de la clase.

—¿Por qué? ¿Por qué ella se escaparía?

—No lo sé. Esa chica casi nunca nos habló. Apuesto a que pensó que su cara bonita le permitiría arreglárselas en Tokio o algo así —resopló la chica.

Las chicas de la clase eran mucho menos expresivas que Kamikishiro, quien siempre estaba riendo y bromeando.

—P-pero… ella tenía buenas notas. Parecía que estaba lista para pasar el examen de ingreso a la universidad que ella quería ir, ¿o no?

—Sí que sabes mucho sobre ella.

—¿Qué pasa? ¿Acaso ella te gustaba, Takeda-kun?

—No es eso. Pero… —Empecé a decir.

La líder de las chicas de la clase, Sasaki, dijo en voz baja:

—Creo que sé cómo se sentía. A fin de cuentas, ella solo quería escapar.

—¿Escapar? ¿De qué? —pregunté, sorprendido. Kamikishiro tenía dos novios, uno en primer año, otro en segundo. Me pregunté si se estaba escapando de ellos.

Pero Sasaki se refería a otra cosa—. No lo entenderías, Takeda-kun.

—¿Por qué no?

—Porque no tienes exámenes. ¿Cómo podrías entender la presión?

No tenía defensa contra ese argumento.

—Así es, no puedes entenderlo.

—Sí, sí.

Las otras chicas se unieron, casi acusadoras.

Los demás estudiantes no nos miraban directamente, pero tampoco dejaban de vigilarnos. Se sentaban a nuestro alrededor, hojeando sus tarjetas de vocabulario.

—Me escaparía si pudiera. Pero no puedo. No somos tan irresponsables como Kamikishiro —dijo Sasaki muy fríamente.

Todas asintieron.

Ninguna parecía estar ni un poco preocupada por ella.

«Cuando veis a un prójimo llorar», escuché la voz de Boogiepop susurrándome al oído.

El profesor llegó. Dejamos de hablar y volvimos a nuestros asientos.

Apenas logré mantenerme sentado durante la clase.

El tipo delante de mí estaba estudiando otra cosa.

Todos estaban en clase solamente por sus expedientes académicos; estaban seguros de que los resultados de sus exámenes eran muchos más importantes que el aprendizaje en sí. Incluso los profesores estaban de acuerdo, así que solo daban clase de forma tediosa, sin llamar a nadie, sin preguntar si había alguna pregunta.

¿Por qué demonios estábamos aquí?

¿Qué le había pasado a Kamikishiro? ¿Su alegre exterior había sido una farsa? A veces pensaba que lo era, pero no creí que fuera la clase de chica que simplemente se parara y huyera.

«Pues no hay un mañana».

Aun así, yo era como la gente que me rodeaba. No sabía nada.

Ni siquiera sabía que Touka estaba poseída por ese tal Boogiepop.

No escuché al profesor durante el resto de la clase, y estoy seguro de que no anoté nada. Por más que me quejara, yo era incluso menos serio en esto que la gente que se presenta a los exámenes.

Sin ningún propósito, simplemente me quedé allí sentado, inquieto.

 

 

Ese día, Boogiepop no estaba esperando en la azotea.

—…

Lo esperé por un rato, pero el sol eventualmente se puso y tuve que rendirme e irme a casa.

 

 

Cuando subía a la azotea al día siguiente, Boogiepop me estaba esperando, pero esta vez con el uniforme escolar de chicas; nada de disfraces extraños.

—¡Eh! —saludó, levantando la mano. Con ese gesto supe que era él. De lo contrario, lo habría confundido con Touka.

—¿Sin disfraz?

—Ya no lo necesito más. Por eso ella no lo trajo consigo.

En una ocasión había explicado que Touka inconscientemente lo llevaba consigo, pero nunca pensé nada al respecto hasta ahora.

—¿Qué quieres decir?

—Ha pasado el peligro —dijo rotundamente.

—¿Qué?

—Todo acabó, Takeda-kun.

—¡E-espera! Eso es…

—Pues es lo que es. Es el modo en que estoy hecho. Cuando ya no existe el peligro, yo desaparezco. Como hacen las burbujas.

—El peligro… ¿No ibas a salvar el mundo? No ha sido salvado en absoluto.

—Pero mi trabajo está hecho. Lo que quieres decir con «salvar» no es mi trabajo —dijo, sacudiendo la cabeza en silencio.

—Pero ¡dijiste que ibas a luchar contra ese demonio que vive en esta escuela!

—Y lo hice. Aunque no soy quien lo mató…

Mi boca se agitó sin decir nada. No se me ocurría nada más que decir—. Pero… Pero… eso es…

—Gracias, Takeda-kun. —Boogiepop de repente inclinó la cabeza—. Disfruté mi tiempo contigo. Hasta ahora, nunca había hecho nada más que pelear. Eres la primera persona a la que realmente podría llamar amigo. Tal vez pasaste tiempo conmigo solo porque soy parte de Touka Miyashita, pero lo pasé bien. Y lo digo en serio.

—…

En ese momento me di cuenta de lo mucho que él me gustaba.

Me gustó desde que nos conocimos en la ciudad.

Y no porque tuviera la cara de Touka.

Todo lo que yo quería decir, pero no lograba expresar… Él podría y lo haría en un abrir y cerrar de ojos. Por eso me gustaba tanto.

—No te vayas.

—¿Eh?

—No te vayas a ningún lado. Eres el único amigo que tengo. Realmente quiero seguir conociéndote. —Casi susurrando, colgué la cabeza. Puede que estuviera llorando.

Boogiepop puso esa casa otra vez.

—Eso no es cierto, Takeda-kun.

—¡Sí que lo es!

—Simplemente no estás conectando con el mundo que te rodea en estos momentos.

Se me cortó el aliento.

—Touka Miyashita está preocupada por ti también. No te permitas pensar que eres el único que está preocupado.

—Pero… Pero ¿qué hay de ti? Si te desvaneces sin que nadie se entere, ¿eso no te entristece?

—Tú serás el enterado, ¿o no?

—Pero yo…

—Me temo que tú y Touka Miyashita tienen su trabajo para hacer, así como yo tengo mi deber. Ustedes dos tienen que hacer su propio mundo. No tienes tiempo que perder menospreciándote a ti mismo —dijo Boogiepop con brusquedad.

No me quedaba nada que decir. Bajé la cabeza y tartamudeé—: P-pero…

Cuando alcé la vista…, no había nadie allí.

Alarmado, corrí por la azotea.

Pero no quedaban rastros de él por ningún lado.

Al igual que la primera vez que lo vi, se había desvanecido en el viento.

 

 

Cuando bajé por la escalera de incendios, encontré a Miyashita esperándome abajo.

Advertí instantáneamente que no era él. Al verme, ella sonrió.

—¡Llegas tarde, Takeda-senpai! —dijo con una voz que parecía abatida.

—… ¿Ah?

—¿No me dijiste que esperara aquí? Y entonces tú llegas tarde, malvado.

Me sorprendió. Pero luego, entendí de golpe.

«Ella no sabe nada».

«Ni siquiera se da cuenta de que no lo sabe. Sus recuerdos se corrigen automáticamente».

Eso lo explica.

Ella había creado automáticamente una razón para estar aquí.

—Ah, um… Lo siento. Me encontré con un amigo.

—¿En la azotea? ¿Te llamaron los matones de la escuela?

—¿Siquiera hay alguno en nuestra escuela?

—Buen punto —dijo entre risas.

De repente, sentí gran afecto por ella—. ¿Hoy tienes clases extraescolares?

—Sí, a las cinco.

—Te acompañaré a la estación.

—¿E irnos juntos de la escuela? —Pareció sorprendida.

—Eh, que estoy en el comité disciplinario.

—¿Estás seguro?

—Los guardias de la puerta son todos kouhais míos. Nos dejarán pasar.

No la dejé librarse, pero no nos tomamos de la mano ni nada.

Niitoki estaba vigilando la puerta. Por alguna razón, la chica problemática de la escuela, Nagi Kirima, recién salida de la suspensión del viernes pasado, estaba para da a su lado.

Era delgada y alta, y todos los chicos decían que era tan bonita como una modelo, pero a mí me parecía un poco ruda.

Era el polo opuesto a Niitoki, así que me sorprendió ver que se comportaran tan amigablemente entre ellas. Cuando estaban una al lado de la otra, parecían hermanas con años de diferencia, o quizás una madre y una hija que estaban más cerca en edad.

—Oh, senpai —dijo Niitoki, sonriendo a pesar de ver a su compañera de clase, Touka, andando conmigo.

—Hola —resoplé.

—Hmm. Conque tú eres Touka Miyashita —dijo Nagi Kirima abruptamente, parándose de repente justo frente a ella.

—S-sí.

—Soy Kirima. Encantada de conocerte —dijo, extendiendo la mano. Ella sonaba más como un hombre.

—¡Oye! —dije, interrumpiendo, pero Touka meneó la cabeza y tomó la mano ofrecida.

Nagi Kirima hizo una sonrisa irónica que me recordó a Boogiepop, y siguió caminando.

Mientras estábamos todavía atónitos, Niitoki dijo—: Venga, senpai, Miyashita-san. Haced pasar vuestras tarjetas.

Hicimos lo indicado y salimos de la escuela.

El camino estaba cubierto de hojas caídas.

—Las hojas de arce se ven tan hermosas cuando caen, pero después son solo un desastre —dijo Touka, caminado con cuidado para evitar que se peguen a sus zapatos.

—Hm, pero siguen siendo encantadoras aun desplomadas.

—¿Esa es tu opinión como diseñador?

—No realmente.

—Estoy celosa de ti, ¿sabes? —dijo Touka haciendo pucheros mientras empezaba de repente a pisotear las hojas.

—A-ah, ¿sí?

—Hoy tuve que hacer un examen de modismos. Lo odié. —Las hojas chapotearon bajo sus pies como si estuviera bailando claqué.

—Dirás eso, pero…

—Pero igualmente voy a ir a la universidad —interrumpió, manteniendo su cara alejada de la mía, saltando entre las hojas—. Sin importar lo que tú digas.

—¿Lo que yo diga? —No recuerdo haber dicho nada en contra.

—Fuiste y decidiste lo que ibas a hacer tú solo. Ahora estás todo confiado. Como si te estuvieras riendo del resto de nosotros.

—Eso es lo que… —Estaba a punto de decir: «Todos los demás están haciendo», pero ella me miró seriamente, y me mordí la lengua.

—Eso fue bastante estresante, ¿sabes? Pensé que me iban a comer viva. Pero ya lo superé. Acabé con eso.

Ella alzó la mirada.

Me sorprendí.

Se veía justo como Boogiepop.

—A decir verdad, senpai, recuerdo haberte dejado plantado ese domingo.

—¿Eh?

—Pero quería jugar con tu mente un poco. Lo siento —dijo, e inclinó la cabeza.

Sus movimientos eran los de Touka. No había ningún asomo de Boogiepop.

«No puede ser…».

¿Su ansiedad había llamado a Boogiepop?

¿Ese era el «demonio en la escuela»?

¿Eso quiere decir que lo he derrotado?

Ella me había contado sus preocupaciones a través de Boogiepop, y ya no necesitaba tener miedo. Ya pasó el «peligro».

Me detuve en seco. Mis ojos estaban bien abiertos. Touka se fijó en sus zapatos—. Están todos sucios ahora —dijo.

Ella entonces empezó a reír, tímidamente.

Boogiepop había dicho que no tenía sueños. Nunca reía.

—Je, je, je.

Miré la bonita y alegre sonrisa de Touka, y pensé: «Boogiepop no puede hacer eso».

Nuestro trabajo es reír.

 

 

Interludio

Retrocediendo un poco la historia…

En algún lugar entre el día y la noche, en una habitación oscura y lúgubre, una chica yacía de lado, sin una sola prenda de vestir.

Ella no se movía.

La Mantícora estaba a su lado.

El silencio reinaba en la habitación.

Lentamente y con elegancia, se inclinó sobre la chica decaída.

Apartó el pelo de la chica, y le besó en la frente.

Bajó hasta su nariz, luego a su barbilla, cuello, pecho, estómago y abdomen, lamiendo cada parte, dejando atrás un delgado rastro azul. Dondequiera que su saliva tocara cambiaba de color.

Cuando hubo lamido a la chica por doquier, la Mantícora apartó su boca.

El cuerpo de la chica empezó a cambiar.

Por toda la superficie de su piel, «crac, crac», se abrieron finas grietas.

—… —La Mantícora observaba en silencio.

Finalmente, el cuerpo de la muchacha se desmoronó hacia adentro, como una escultura de barro dejada al sol.

Un humo púrpura se elevó por el aire.

La Mantícora aspiró el humo por la boca.

El humo subía y subía, pero la Mantícora nunca dejó de respirarlo, como una pecera con el tapón removido, succionándolo todo. Su garganta se movió, tragándolo.

Al tragar la última bocanada, la Mantícora se pasó la lengua por sus hermosos labios rojos de lápiz labial.

Una gota de líquido se deslizó de la parte inferior de su boca y resbaló por su barbilla. Esta gota de humo licuado era del color de la sangre y la carne.

No quedaba rastro de la chica, ni del humo.

La Mantícora —en la oscuridad— entonó una risotada lúgubre, casi abyecta.

Su nombre era persa antiguo y significaba «comehombres».

Esa delicada risa floreció como una rosa de la mañana, exaltando triunfalmente su maldad.

 

 

Notas:

1– El término nopperabou proviene de una historia de fantasmas que va más o menos así: Vas y te encuentras con un fantasma sin rostro (un nopperabou); te acojona tanto que bajas corriendo la colina y te metes en la primera tienda de soba que encuentras. Mientras sorbes los fideos le cuentas al dueño de la tienda tu experiencia, este entonces pregunta: «Y ¿acaso se veía… así?» De pronto, adviertes que él tampoco tenía un rostro.
2– Una canción japonesa muy tradicional; es famosa por estar en la película Ikiru de Akira Kurosawa. El hecho de que la traducción pueda ser cantada es gracias a una compañera traductora, a quien le doy todo mi aprecio por ello.
3– El personaje Boogiepop es usualmente referido usando pronombres masculinos, pero algunos personajes dirán ocasionalmente que no están del todo seguros de si es un hombre o una mujer: que simplemente tiene la misma cara bonita de Touka Miyashita. Este tipo de confusión de género ha sido una convención común en la literatura japonesa a lo largo de la historia.
4– Su nombre es algo complicado de explicar, dado que aún no hemos llegado al volumen donde se explica el porqué de su nombre, pero básicamente refiere a una idea general. La parte «boogie» de su nombre se deriva de la palabra japonesa «不気味» (o «bukimi») que significa raro, ominoso o espeluznante. Lo otro, es literalmente referido al pop (el explotar) de una burbuja; es otra manera de decir que él «surge» de un momento para el otro. En resumen, su nombre significa tal como el propio Boogiepop dijo: «burbujas tenebrosas».
5– El «君» o “kimi” es la manera informal para decir ‘tú’, sin ser vulgar a su vez, en japonés.
Con respecto a la era Meji; esta fue la etapa —los 45 años en que gobernó el emperador japonés Meji, específicamente— donde Japón se modernizó y «occidentalizó». El nombre de este período, «明治時代», significa ‘Era de culto a las reglas’.
6– «Los maestros cantores de Núremberg» en alemán.
7– La palabra que usan para esto es «juku» (o ‘yuku’, ya que la «j» se pronuncia como una «y»), lo cual en inglés traducen erróneamente como «cram school», que vendría siendo una escuela especializada para dar cursos intensivos. Sucede que el juku (la palabra viene de «gakushū juku», que significa «tutoría de escuela») es un tipo de tutoría fuera del horario escolar que dan en la propia escuela a la que atiende un estudiante. Es algo extra que pueden pagar los padres o guardianes. Por esto está mal traducir juku como «cram school» o cualquier nombre de una institución aparte de la escuela en cuestión. Lo ideal sería dejarlo sin traducir, como juku y ya, pero es no tan conocido como el sushi o los samuráis, pues es solo normal de ver en la cultura japonesa, así que decidí traducirlo como «clases extraescolares». Solo quería daros un poco más de contexto.


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