Magdala — Volumen 1, Acto 4

Traductor: Absolute


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Acto 4

 

—¿Y entonces acudiste inmediatamente a mí?

En la oficina, Post le preguntó eso a Kusla mientras dejaba los pergaminos sobre la mesa.

Kusla y Wayland pasaron toda la noche anterior descifrando el contenido de los pergaminos, y Kusla había transferido los resultados a la sede del Cuerpo de Equipaje.

Como ellos esperaban, la línea descifrada trataba sobre pedir el perdón de Dios.

De momento, el grupo de Kusla todavía no podía descifrar el contenido de los dos últimos pergaminos, pero entre los que descifraron había un párrafo sobre el refinamiento de la pirita.

En general, la pirita apenas se utilizaba ya que contenía una cantidad excesiva de azufre, y solo sería apropiada en ciertas situaciones únicas. Pero si los resultados registrados en los pergaminos eran correctos, se podría utilizar la pirita para hacer aquel hierro de extremísima pureza.

Pero hablando de eso, la investigación metalúrgica era básicamente indagar en la oscuridad, una negrura en la que uno no entendía en qué se iba meter.

Sería imposible saber cuándo te toparías con un material tóxico que nadie conoce, o una explosión repentina de una droga experimental.

Tales incógnitas también se pueden aplicar a los experimentos que realizan los alquimistas.

Y siempre habían seguido las enseñanzas de Dios en sus experimentos, hasta el instante en que de pronto se desviaron de ellas.

«¿Qué me aguarda? ¿El Cielo o el Infierno?».

Cuando la gente se enfrenta a un problema de este tipo, la mayoría elegiría un enfoque más conservador.

—¿Dónde está el otro?

—Wayland está cansado y durmiendo.

Post dejó salir un profundo suspiro, liberando tanto aire como el de un fuelle.

Parecía ser por costumbre, pero se frotó los ojos, los pequeños ojos de su regordeta cara miraban fijamente a Kusla.

—Así que ¿estos son los pergaminos restantes?

—Sí. Pero como el código que se usó para escribirlos nos resulta desconocido, no podemos descifrar el contenido.

—¿Te atreves a adivinar si es algo extremadamente anormal?

—Al menos es algo que haría que alguien le suplicase a Dios que lo perdonara.

Después de la reiterada explicación de Kusla, la cara de Post se arrugó.

Parecía que la razón por la que quería confirmar esto de nuevo es que era justamente como lo había adivinado.

—… Es mejor que lo sepas —dijo él.

—¿Ah?

—Hablo de la causa de la muerte de Tomás.

—¿No me digas que…? —preguntó Kusla, y en respuesta, Post mostró una mirada deprimida.

«Desearía creer en él, pero la conclusión es que es un traidor».

Cualquiera que haya trabajado en la vía de la alquimia habría definitivamente visto esa expresión varias veces.

—Antes de que Tomás muriera, la gente del Coro lo visitó una vez.

A Kusla no le sorprendió esto, sin embargo.

—Descubrimos que el Coro realmente tuvo un encuentro con él, pero no pudimos averiguar por qué lo hicieron. En ese entonces, creíamos que Tomás no era un hereje a sus ojos.

Al escuchar esto, Kusla asintió finalmente.

Los alquimistas no necesariamente trataban de ahondar en la locura de su ocupación, como se pensaba comúnmente; su locura, empero, era por su forma de vida.

—Tan solo pensamos que esa gente sospechaba que había algún secreto oculto detrás de las milagrosas habilidades metalúrgicas de Tomás, pero luego él murió. Después de eso, investigamos al Coro, pero no hubo ninguna evidencia que pudiéramos reunir.

»Pensé… que era solo una mera coincidencia —dijo Post, volviendo a frotarse los ojos—. Parce que sus narices son bastante agudas…

—Entonces ¿cuál es la razón, exactamente?

Kusla desde luego no era un tonto con el cerebro vacío.

Sin embargo, permaneció en silencio, esperando que la otra parte dijera personalmente la verdad.

—Hay algo que ocultas, eso es seguro. Solo diré esto, pues. Ese método definitivamente no es algo que pueda ser revelado al público.

Post echó un vistazo a los pergaminos en la mesa.

Su expresión era la de alguien que perdió la vida de un subordinado capaz a causa de un pequeño fracaso.

—El asesino de Tomás es, sin duda, uno de los caballeros del Coro.

—… ¿Y nos enviaron aquella celadora por esta razón?

—Supongo que sí. Este lugar sigue estando dentro de mi jurisdicción, así que al menos las personas y propiedades afiliadas a los Caballeros están bajo mi control. Los del Coro enviaron a alguien a este lugar aun a sabiendas de que esto crearía un conflicto en mi contra, y ha de haber habido algo que ellos están planeando. Y pues, eso sería todo.

Aún había muchas técnicas que fueron selladas antes de ser reveladas al mundo, como una técnica que desafiaría directamente los principios de la Iglesia, o una técnica que beneficiaría al enemigo, por ejemplo. Kusla conocía personalmente algunas de ellas.

El tema en común sobre estas técnicas era que, para el escenario político, eran más peligrosas que cualquier calamidad natural. Para la gente que vigilaba a los alquimistas de los Caballeros, mantenerlas en secreto era un pecado capital, y ni hablar de investigarlas.

Indiferentemente de si tenía intenciones de hacerlo o no, Tomás se encontró con una técnica prohibida, y el Coro fue el más rápido en percatarse. Uno podría imaginar que Tomás sentía que la otra parte tomaría acción directa, y propuso algún tipo de acuerdo, solo para enfrentar el destino de la muerte. El Coro era una organización filosóficamente radical, y se involucraba frecuentemente en una batalla.

En otras palabras, todas las personas sospechosas debían ser asesinadas.

Y todas las personas que no los siguieran también debían ser asesinadas.

Si existiera un consejo sabio que Tomás hubiese podido usar, sería que sin importar a quién le hubiera revelado esto, debió haber informado a Post de primera mano.

Los alquimistas no pueden sobrevivir en el mundo por sí solos.

Una vez que un alquimistas confunde su refugio, termina hundiéndose en el gran caldero llamado Alquimia.

—Pero mi punto de vista es que, aunque habían matado a Tomás, no saben qué tipo de pistas habría dejado y tuvieron que enviar a alguien al taller para investigar. Tengo que limpiar el taller antes de averiguar quién es el verdadero asesino, y encontrar un sucesor para las habilidades que Tomás dejó atrás. No obstante, pensándolo incluso como un enemigo, estoy bastante impresionado de que el Coro haya escogido elaboradamente a la chiquilla para ser un vigilante.

—¿Elaboradamente?

—Claro. Enviaron a una hermana joven y de bajo rango a un taller, con el prefacio de que solo está adquiriendo experiencia para un trabajo de vigilancia realmente peligrosos. Como no hay nada de lo que tenga que ser culpable por mi parte, tengo que aceptar su petición sin exigencias.

»Sin embargo, el problema es que una chica de esa edad es tan piadosa como una fanática; siempre que el monasterio dé la orden, ella probablemente empezará a buscar lo que quieran, como un perro bien entrenado.

Kusla recordó su primera reunión, y ella en definitiva daba la sensación que Post había descrito. También recordó la melancolía que ella mostraba en su expresión de soslayo.

—Como mi insuficiente protección de la posesión de los Caballeros, Tomás, lo llevó a su muerte, no siento temor o inquietud sobre ellos; aun si el asesino viniera de dentro de los Caballeros, mis pensamientos nunca cambiarán, porque mi deber incluye garantizar la seguridad de Tomás ante esas personas —dijo Post, cerrando los ojos.

»Sin embargo, me molesta que esas personas de mente estrecha, que no entendieron la importancia de un alquimista, siguieron con determinación las enseñanzas de Dios y mataron el valioso talento dentro de Tomás, solo porque su investigación era un tabú. Es más, es probable que su verdadero objetivo sea obtener evidencias y aumentar su control sobre los alquimistas.

La razón por la que los Caballeros no tenían que preocuparse por el hambre, y por la que los peregrinos, que solo sabían rezar, podían seguir viviendo sus vidas pacíficas de oración, era todo gracias a que el Cuerpo de Equipaje de Post ganaba dinero en la ciudad. El deber de un caballero era hacer la guerra, y los alquimistas eran un grupo valioso de personas en la Cruzada, ya que las técnicas que desarrollaban permitirían ahorrar mucho dinero.

De hecho, no muchas personas entre los Caballero entendían la importancia de un alquimista.

Y la gente naturalmente despreciaría a los alquimistas, especialmente cuando las cosas iban bien.

Aquellos con autoridad caerían también en un pensamiento tan superficial, y sus pensamientos serían similares a los del Coro.

—Por lo tanto, tengo que tomar una decisión muy difícil. —Post abrió los ojos, y miró a Kusla fijamente.

Los alquimistas debían engañar, amenazar a otros y cubrirse con terror y velos secreto para asegurar su supervivencia. El mundo de los comerciantes, no obstante, era diferente; y aquellos dentro de este mundo prosperaban explotando a sus pares.

Post, quien se las arregló para amasar una fortuna tan grande en este mundo, estaba mirando a Kusla.

Y Kusla, sabiendo que la otra parte no era alguien que se pudiera manejar fácilmente con solo unos pocos trucos, estiró la espalda casualmente.

—Creo que mejor me quedo con los dos últimos por si acaso.

—E-eso es…

—Ya, puede que nunca vuelvan a ver la luz del día.

El rostro de Post se contorsionó; era la expresión de alguien que estaba sopesando algo que no se podía medir.

—Pero si esto logra salvar a la mayoría de los alquimistas, no me importará ser odiado por ti.

—…

—Los Caballeros han creído demasiado, y se están fortaleciendo debido a la guerra. La era de los medios inescrupulosos ha pasado ya. Por supuesto, la guerra no es algo suave; sin embargo, el cuartel general de los Caballeros se está distanciado poco a poco de esa guerra y, por desgracia, allí no se escucha siquiera un murmullo de guerra.

Tal era un proceso inevitable y constante para cualquier organización.

—Los sangrientos acontecimientos no son adecuados para ser revelados al mundo entero, y ahora has de haber sentido repulsión por los altos mandos. No obstante, ustedes tienen que sobrevivir, por el bien de los Caballeros y por ustedes mismos.

Kusla no pudo discutirle en absoluto, y permaneció en silencio.

Post personalmente sintió que el silencio fue un consentimiento.

—He de respetarte por ser honesto en estos asuntos conmigo, y haré lo posible por darte privilegios. En cuanto a la forma de quitar la etiqueta con la que se asocia, eso vendrá más tarde, así que estate quieto. Te ayudaré completamente, porque es un recompensa que una persona leal como tú obtiene.

Simplemente eran unas palabras atractivas, pero expresadas de forma sencilla, eran solo para callarlo.

Pero Kusla no podía rechazar a Post en ese momento.

La investigación de Tomás estaba totalmente colocada en los pergaminos, y los pergaminos estaban en el escritorio de Post.

Kusla entrecerró los ojos, y miró algo que estaba más lejos que un estrecho.

—Te has sido difícil.

Esa línea significaba el final de final de esta conversación.

Kusla se inclinó en reverencia hacia Tomás, y dejó la oficina.

Una vez que salió de la habitación, suspiró involuntariamente.

Ya había hecho algunas conjeturas sobre las posibilidades antes de esto.

Y así, cuando salió de la habitación de Post, dobló en una esquina del largo pasillo, y vio a Wayland mirándolo con una expresión sin emoción.

—Conque andas con las manos vacías~.

Wayland, quien había dormido una ligera siesta, parecía aún privado de sueño, y su vestimenta desordenada le hacía parecer un mendigo.

—También se los llevó.

Al oír eso, Wayland resopló, inmediatamente dejó la pared en la que estaba apoyado, y siguió a Kusla.

—¿~Qué hacemos ahora~…?

Incluso en medio de una habitación silenciosa, los alquimistas hablaban en voz baja, ya fuera en el interior o en el exterior.

Porque nadie sabía quién estaría escuchando a escondidas.

—Somos alquimistas. ¿Qué podemos hacer?

Los Caballeros les dieron su taller, los Caballeros les dieron amplios fondos, y los Caballeros fueron los que les dieron protección y les permitieron escapar de la herética inquisición de la Iglesia. Los artesanos de la ciudad tuvieron que pedir un préstamo para mantener su trabajo, y perder los secretos de su taller, que habían durado generaciones, ante los alquimistas.

Así pues, en cuanto a los alquimistas, que tenían mucho más que agradecer a los Caballeros en comparación con los artesanos, ¿quién sabía cuánto tenían que doblegarse?

—… ¿Kusla?

—Ya hemos decidido lo que tenemos que hacer.

Había árboles verdes, intrépidos ante este frío glacial, en medio del extenso patio.

Kusla miró fijamente los árboles fuera de la ventana, y luego volvió su mirada hacia Wayland.

—Siempre estamos decididos a hacer lo que tenemos que hacer.

—¡…!

—Has hecho una copia de antemano, ¿no es verdad?

La mano de Wayland estaba cubierta de tinta, y había gruesos anillos negros colgando alrededor de sus ojos.

—Somos alquimistas. Nadie puede impedir que sigamos el camino hacia el Magdala.

—Así es como es~ —dijo Wayland, sonriente—. Sin embargo… —continuó.

—¿Hm?

—Estoy un poco preocupado por algo~ —dijo Wayland mientras miraba al patio.

—¿Preocupado? —preguntó Kusla, siguiendo la mirada de Wayland.

—¿Qué hacemos con ella~? —Wayland se encogió ligeramente de hombros—. Es obvio por lo que veo que su papel como supervisor es el contenido de los pergaminos.

—Por supuesto, tenemos que engañarla.

Kusla sintió que no había otra manera de hacer esto.

Miró a Wayland con una expresión realista, y vio como este último sonreía sarcásticamente mientras le daba una palmadita a Kusla en la espalda, y se iba.

—Volveré primero al taller~. —Wayland hizo un gesto con la mano mientras daba la espalda a Kusla.

Y este último, quien se había quedado atrás, quiso soltar unas pocas palabras de queja hacia la espalda alejándose, pero se detuvo en el acto.

Porque descubrió que esta era la forma en que Wayland se centraba en su trabajo.

La mirada de Kusla se volvió entonces hacia el patio, y encontró a Fénesis, sentada bajo un albergue en medio del frío glacial.

 

 

Fue solo hasta que Kusla la alcanzó que Fénesis levantó la cabeza.

Entrecerró los ojos, probablemente debido a la llegada del sol de la mañana.

—Ah…

Y cuando descubrió que era Kusla, se frotó rápidamente los ojos y bufó.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—¡L-lo que hago no tiene nada que ver contigo!

Fénesis estaba sentada en el pabellón en medio del patio del cuartel general de los Caballeros, cerca de la habitación donde Kusla y Post tenían su conversación, y asemejaba a una joven de un pueblo que estaba trabajando, casi abrumada por el duro trabajo.

Mientras intentaba ponerse de pie, se tambaleó por el mareo.

Kusla apresuró a sostenerla, y se sorprendió al darse cuenta de lo frío que estaba su cuerpo.

Parece que había estado aquí fuera durante bastante tiempo.

—Creí que ya te habías ido al taller.

—… En-entonces ¿por qué estás aquí?

—Para mí, es básico darle un saludo a mi amo cuando hay algo en marcha.

Una vez que Kusla dijo esto, Fénesis mostró una mirada amargada en su rostro.

—Bueno, supongo que ese no es tu estilo.

Y Fénesis bajó más la cabeza.

—Supongo que la charla de ayer sobre ser libre fue solo una broma.

—…

—Te prohibieron acercarte a nosotros los alquimistas y te hicieron recordar tu misión. ¿Estoy en lo correcto?

Considerando la personalizar de Fénesis, tal parece que ella había reportado todo sobre el día anterior, «Es bastante interesante trabajar junto con un alquimista», y probablemente dijo algo como esto.

Naturalmente, Fénesis no completó la misión que se esperaba de ella.

Incluso participó en la recuperación de los registros metalúrgicos de Tomás, que el Coro había considerado un tabú. No sería difícil imaginar lo furioso que se mostró su superior en ese momento.

—Si ya lo sabes… Por favor, no preguntes.

—¿Hm? No será bueno que te pillen aquí holgazaneando, esperando a que algo caiga. También podrías resfriarte.

—…

Kusla le dio un codazo a Fénesis por detrás, y ella pareció vacilar un poco antes de dar el primer paso.

—Hablando de eso, los resultados son ciertamente así de alguna manera.

—… ¿Qué quieres decir?

Ambos pasaron por el patio y los pasillos, y salieron del cuartel general del Cuerpo de Equipaje, sin encontrarse con nadie en el camino.

Habitualmente, esta residencia debería ser un sitio por el que los miembros del personal pasaran a menudo, pero quizá era demasiado espacioso para que Kusla sintiera que este lugar era tranquilo cada vez que pasaba por allí.

En medio de este silencio, intentó apresuradamente hacer que su mente hiciera clic.

Quería encontrar una forma de embaucar a Fénesis y engañarla.

No podía permitir que los resultados de la investigación de Tomás se mantuvieran en secreto por razones políticas.

—Los mandamases creen que cuanto más aplasten y destruyan, más recompensas obtendrán.

—…

Fénesis levantó los ojos, miró a Kusla fijamente, y rizó los labios, infelizmente.

—Soy muy tonta por haber bajado la guardia después de oír tus palabras.

—¿Crees que te estoy engañando de nuevo?

—¿Me equivoco?

Al ver que la chica le miraba desafiante, Kusla no pudo evitar reírse.

A diferencia de su apariencia, la mirada de Fénesis no tenía portaba ningún significado.

Y fue entonces cuando él descubrió que la distancia entre ellos se había cerrado bastante.

—No te estoy engañando, pero nosotros los alquimistas solemos hacer algunas cosas que van más allá de las expectativas de nuestros superiores y nos metemos de lleno con ellos. Por eso encuentro divertido ver a alguien soportar toda esta presión de un superior.

—…

—¿Tanto temes fallar a las expectativas de tu superior?

Fénesis realmente quería devolverle la mirada a Kusla, pero fracasó.

Salieron del recinto, y llegaron a la bulliciosa ciudad, llena de vida.

Kusla a veces se preguntaba, puesto que hay un mundo distante de conspiraciones y maquiavélicos, por qué había elegido vivir de esa manera.

En este momento, se percibía el aroma de un cerdo asado espetado a la vuelta de la esquina. Kusla se volvió hacia el origen del olor, y dijo—: Solo cúbrelo apropiadamente y todo estará bien. Así es como funciona.

Después de esta breve respuesta, se acercó al puesto, incapaz de controlar sus impulsos, y compró dos brochetas. La deliciosa carne de cerdo goteaba aceite, y era un manjar de primera clase cuando se comía en un clima tan frío. Fénesis se quedó donde estaba, vio a Kusla llenarse de carne las mejillas, y le dio una mirada condescendiente mientras decía—: Mi posición es completamente diferente a la tuya.

—¿Hm?

Kusla sostuvo la brocheta en su mano mientras daba una mirada desconcertada.

Fénesis no escondió la furia dentro de ella al simplemente rechazar la invitación a comer carne.

—Soy diferente a ti.

Se agarró el pecho, aparentemente soportando el dolor que venía de su corazón.

Después de terminar una brocheta de carne, Kusla le lanzó la brocheta pelada a un perro callejero.

—Alguien dijo una vez que la norma para decidir si alguien debe ser esclavo, es si este se ha considerado a sí mismo como tal.

—…

—No tengo ni idea de por qué eres tan rígida en tu pensar.

Al mismo tiempo, Kusla tenía que encontrar la manera de abrir los ojos de la chica que tenía enfrente, hacer que siguiera durmiendo en la silla, y que no se interpusiera en su camino en el futuro.

Kusla terminó rápidamente el segundo pincho, y sintió un poco de sed. Había una gran cuba espumando con vapor blanco en medio de este frío día, proporcionando calor al vino de uva colocado en su interior. Kusla se detuvo, miró fijamente a Fénesis, y señalo hacía allí.

Fénesis inmediatamente frunció el ceño al ver esto, pero enseguida negó con la cabeza.

Y luego, ella asintió levemente al final, mostrando ostensiblemente su propia debilidad.

—Alabado sea Dios —dijo Kusla mientras palpaba ligeramente un recipiente de madera.

Fénesis tomó un pequeño sorbo de él, y luego se fijó en el hirviente vino de uva con una expresión en blanco. Parecía estar furiosa y desolada por su propia debilidad.

Post tenía razón en su descripción sobre que Fénesis era una chica que no era otra cosa que leal, hasta el punto de que obedecía las órdenes que se le daban sin desviarse; se podría decir que era un caso clásico de una creyente insensata, hasta el punto de que era digna de lástima.

Honestamente, Kusla no podía entender lo que estaba estimulando a Fénesis, pero pese a ello él sabía lo que tenía que hacer.

Y eso era convencer a Fénesis, quien fue sermoneada por su superior, sintiéndose abatida. Debía convencerla de que ignorara las órdenes de su superior. Sentía que ella estaba siento tan terca porque aún no veía cómo era el mundo exterior.

Kusla entonces tomó un trago de vino, miró a la multitud que venía, y esperó a que Fénesis se calmase.

Sin embargo, sintió algo inexplicable por alguna razón.

Pues la verdad era que, con solo decir una línea de los pergaminos a Fénesis, ella podría completar su misión. Volvió a reflexionar sobre esto, y reconoció lo peligrosamente frágiles que eran los asuntos del mundo.

La posición de una persona cambiaría drásticamente cuando una persona supiera la verdad y la otra no. Fénesis, por ejemplo, no sabía, nada, fue regañada por su superior, y estaba en un rincón del patio, sin saber qué hacer.

Sin embargo, lo inexplicable era que los que sabían la verdad estaban a un paso de los que no la sabían, y podrían haber tenido la mano.

Tal vez se debía a su naturaleza de alquimista, pero a Kusla le gustaba contar de lo que sabía a los demás. Pensó en un ensueño que no tenía nada que ver con él, y puso una sonrisa en sus labios. Justo cuando pretendía borrar esa sonrisa con vino:

—Eres verdaderamente libre —señaló Fénesis enérgicamente.

—¿Hm?

—Acabo de decir que eres verdaderamente libre.

—…

Kusla detuvo la mano que sostenía le vino, y se preguntó seriamente si debería abandonar a Fénesis y regresar al taller.

—Supongo que todo el mundo tiene límites.

El quid de la cuestión es cómo arreglárselas con ellos.

Esta era la confianza de sí que Kusla había logrado ganar después de haber labrado su propio destino hasta el día de hoy, o eso pensaba.

No quería hablar con nadie que sólo supera expresar su envidia a los demás.

Sin embargo, al escuchar la respuesta de Kusla, Fénesis mostró una sonrisa cansada en su rostro.

—Eso no es lo que quería decir.

¿A qué te refieres? Kusla miró inquisitivamente a Fénesis y esta última tomó un pequeño sorbo de vino antes de continuar—: Le pregunté a otros acerca del Magdala.

—… ¿Cómo?

—La tierra del Magdala que los alquimistas buscan. —Fénesis sonrió, aparentemente asombrada—. Y las cosas de los sueños.

Su sonrisa era prácticamente una copia exacta de Friche.

Esta última se había reído alguna vez, diciendo que le parecía muy bonito que los alquimistas tuvieran la costumbre de llamar a su sueño la tierra del Magdala.

—Creo que todos ustedes son, en realidad, verdaderamente libres, buscando la tierra del Magdala.

—Todo lo que oigo es gente llamándonos tontos.

—Admito que no entiendo por qué blasfemarías contra Dios por el bien de tu sueño —dijo Fénesis de manera un tanto encantadora.

Se le apreciaba bastante inestable en este momento; su cara enrojecida, probablemente debido al vino que bebió.

—Pero la libertad sigue siendo libertad, después de todo.

—¿Por qué?

—¿Por qué…? Pues…

Fénesis presionó la mano derecha contra su mejilla, y cerró los ojos.

Por su apariencia, parecía que estaba completamente borracha.

Sin embargo, las palabras que dijo sonaban inesperadamente sobrias.

—Porque puedes decidir… cómo realizarás tus sueños.

—… Esas sí que fueron palabras profundas.

—No lo trivialices, por favor. Hablo en serio.

Fénesis le dio una mirada, mas esta no duró mucho. Su expresión seria se rompió en una sonrisa.

Esto hizo que Kusla se sintiese un poco incómodo.

No le preocupaba que Fénesis estuviese borracha, sino que su forma de pensar era mucho más complicada de lo que él pensaba.

En este punto, su sonrisa era de lo más incómoda, y esta sonrisa antinatural era definitivamente la de alguien que había renunciado a todo.

—Si fallo en esta misión, me echarán del monasterio en el que solía estar.

Fénesis dejó salir un hipo mientras bebía, y la severa disonancia entre su seria expresión y su relajado tono hizo que Kusla se quedase sin palabras.

—¿Te preguntas si vine al taller de un alquimistas por esta razón? ¿Es eso lo que piensas?

Se sentía un poco desacostumbrado a que Fénesis diera en el blanco, puesto que ella siempre se había mostrado tan abierta a que la molestaran, y sospecharía de las cosas por alguna razón.

—Yo también sentí que era extraño, pero aun si hubiese otro monasterio que me acoja, pronto me echarán. Siempre ha sido así, y supongo que ustedes tienen razón… que siempre será así.

Kusla no pudo intervenir.

Y Fénesis no pretendía detenerse.

—Vengo de un lugar cerca de ti, una tierra que los de aquí llaman la «Tierra Prometida».

Kusla se sorprendió mucho al oír esto, y se volvió a mirar a Fénesis, quien sonrió mientras continuaba observando a la multitud que pasaba por allí.

—Es verdad… Nunca he oído el nombre de Fénesis.

—Eso es de una tierra en el lejano oriente.

Fénesis entrecerró los ojos, y mostró una mirada evocadora.

Al escuchar esto de ella, Kusla sintió que la chica llamada Fénesis se había quitado una capa de túnicas.

—Así que eres un converso.

Fénesis se estremeció un poco, e inmediatamente levantó la cara para dar una sonrisa relajada.

—Soy una joven expagana en la que no se puede confiar. Así es como se me veía sin importar a dónde fuese.

Al escuchar esta esperada respuesta, Kusla miró hacia otro lado.

—Pero el hecho es que al principio no fui pagana. Durante los muchos años en que la guerra diezmó la tierra, mi tribu fue un grupo de nómadas, con sangre maldita en nosotros.  Se decía que incluso en tiempos de paz, seríamos ejecutados por varias razones dudosas.

»Durante la Cruzada, la caza se aceleró, y los de nuestra tribu murieron uno tras otro durante nuestra huida, hasta que yo fui la última que quedó con vida antes de llegar al último pueblo.

Sin importar el país, región o asentamiento, definitivamente ha habido quienes son condenados al ostracismo por todo tipo de razones diversas, probablemente debido a sus crímenes pasado, o a que alguna vez hicieron algo que fue despreciado por otros.

En esta tierra, los lugareños llamaban a la gente del Este, paganos, y eso se consideraba una razón más que suficiente para dudar de ellos.

La razón por la que Fénesis fue aceptada en el monasterio también era, probablemente, porque se trataba de un caso de aritmética de ganancias y pérdidas para los Caballeros. Sería fácil usarla como una herramienta desechable.

No obstante, si tal fuera el caso, habría una forma básica para este tema a mano. Kusla frunció el ceño y bebió un poco de vino; pudo ver hacia dónde se dirigía esta conversación.

—Así pues, justo cuando por fin había llegado a ese pueblo, parecía que estaba a punto de ser asesinada. En ese momento, no había nadie que nos salvara, y pensé que no podría escapar más. Sin embargo…

—Los Caballeros te salvaron.

—…

Fénesis estaba un poco sorprendida.

Pero rápidamente mostró una sonrisa amable, dado que parecía que podía tratar a Kusla como alguien que la comprendía.

Pues ambos eran personas que estaban condenadas al ostracismo por la sociedad.

—Sí —respondió Fénesis, como una niña que admira a alguien, afirmando su existencia.

Y su expresión demostraba claramente que él estaba absolutamente en lo cierto.

—Incluso después de conocer mi maldita herencia, su comportamiento hacia mí nunca cambió. Me trataron como a alguien importante e hicieron todo lo posible para permitirme escapar con seguridad. Nadie más se había preocupado tanto por mí.

Era prácticamente la descripción de un auténtico caballero en una epopeya.

Él creyó que los Caballeros solo veían a Fénesis como un premio de guerra.

Por supuesto que se encargarían de ella, puesto que cuanto más intacto estuviese un bello botín, más alto sería el precio.

—En ese momento, me sentí aceptada por primera vez en la vida.

Sin embargo, parecía que la comprensión de Fénesis era muy diferente de la realidad.

Y aun así Kusla no tuvo el coraje de decirle la verdad.

—Después de eso, me dejaron en un monasterio afiliado a los Caballeros. En ese momento, estaba feliz de llevarme bien con tanta gente agradable, y lo que veía, lo que escuchaba, era todo genuinamente nuevo. Era feliz, me divertía…

Y entonces, Fénesis bajó la mirada, entregándose a sus propios recuerdos.

Y en contraste, la expresión de Kusla se fue vaciando poco a poco, no porque sintiera que Fénesis era inocente por tener un malentendido tan feliz.

Sino porque entendía lo desafortunada que era ella por no tener nada de eso.

—Pero lo cierto era que estaba siendo supervisada en todo momento.

No fue hasta que mostrara un rostro sonriente tras decir eso cuando ella parecía renovada y saludable.

Pero ¿podría eso ser más insalubre?

—Pero mientras pueda terminar esta misión, tal vez…

—¿Nunca pensaste en huir?

Cuando Kusla preguntó esto, Fénesis, mostró una trágica sonrisa.

Su expresión pareció una de comprensión. «En verdad soy una estúpida, ¿no es así?».

—Al igual que yo no entiendo a los alquimistas, supongo que tú tampoco podrás entenderme a mí. No quiero estar sola, quiero que me reconozcan como un amigo. No tengo ningún otro lugar donde ir, solo los Caballeros que me han salvado.

»Si me expulsan de aquí, estaré realmente sola —dijo Fénesis en voz baja.

Sus manos que sujetaban la vasija de madera se estremecieron, haciendo que se derramara algo de vino sobre ella. Su cara estaba roja por la embriaguez, y sus ojos parecían un poco desenfocados cuando levantó la cara.

Tal parece que solo pudo decir todo esto porque estaba borracha.

Kusla se llevó el vino que ella tenía en sus manos y lo derramó sobre la calle.

Vio que ella parecía un poco aturdida, al borde de las lágrimas.

—Lo siento. Pregunté más de la cuenta.

Al momento que Kusla dijo esto, la mirada de Fénesis pareció confusa mientras fruncía el ceño.

—No debí haber preguntado sobre algo que no puede ser resuelto.

—…

Fénesis miró a Kusla, su expresión malhadada.

—Así que ¿incluso un alquimista, que puede convertir el plomo en oro, no puede hacer nada?

Tal vez en el fondo, ella quería aprender de los alquimistas, bien versados en asuntos mundanos, y encontrar una manera de escapar de su propio aprieto.

Fénesis sabía cuánto peligro había en el taller de un alquimista, pero se atrevió a correr el riesgo. Probablemente lo hizo solo por un atisbo de expectativas.

Sin embargo, esa expectativa era la de una chica que no sabía nada del mundo.

—Convertir el plomo en oro es solo una leyenda. De hecho, hay una composición de oro en el propio plomo.

Kusla y el resto de los alquimistas siempre tomaban sus decisiones con cautela antes de hacer algo, y persistirían, hilvanando cosas en el proceso.

Una vez llegados a sus conclusiones, seguirían trabajando en ello. En el momento en que lo hicieran, significaría que sus corazones de alquimistas habrían cedido; perderían su libertad para dirigirse a la tierra del Magdala, y morirían.

No había oro en este mundo, solo la tierra del Magdala.

—Bien pues, volvamos al taller. Todavía hay algo de diversión por ahí.

Kusla le dio una palmadita en el hombro a Fénesis y se levantó como si nunca hubiera hablado de un tema tan diferente. Sin embargo, esta última se volvió a Kusla, como mirando ostensiblemente a un espectador de sangre fría por dejarla así.

Pero ella rápidamente bajó la cabeza, y se puso de pie tambaleándose. Cada traición, cada daño que se le había hecho, cada asesinato aún no la había impedido moverse de una ciudad a otra. La verdadera desgracia para ella sería la pureza que no se desvanecía en ella, incluso después de los innumerables y horribles actos por los que pasó, que no fue capaz de convertirse en una astuta serpiente.

—Así que convertir el plomo en oro es solo una leyenda, ¿eh?

—Así es, pero todo alquimista conoce el principio detrás de esto, así que no puede ser considerado una leyenda, sino una «mentira».

Fénesis se mecía de un lado a otro, probablemente debido a que estaba muy ebria.

Eso puso nervioso a Kusla, y le echó una mano, la cual procedió a sujetar.

Era difícil de imaginar, dada su personalidad aterradoramente indubitada, que ella tuviera semejante historial de ser sospechada y condenada al ostracismo por los demás.

Sabía que eso era lo que ella quería decir pese a no saber cómo convencer a los demás, pero solo podía ver impotente cómo se preocupaba, ya que su propensión, su inquietud y el futuro desconocido la aplastaban completamente en este punto.

Pero, a veces, esas personas eran las únicas que declaraban insensiblemente la fría verdad.

—… Sabes que solo te estás mintiendo a ti misma, ¿verdad?

Kusla cargó el pequeño cuerpo de Fénesis, ardiendo ligeramente en sus brazos, y caminó por el sendero que conducía al taller. Sintió que había una débil sensación en este suave cuerpo, que se rompería si se intentara.

Si le dijera a Fénesis tan solo una línea sobre los registros que Tomás dejó atrás, ella podría terminar su misión a salvo.

¿Cambiarían los Caballeros su opinión de ella?

Él pensó que lo harían.

Los Caballeros eran una organización práctica, que recompensaba a las personas en base a sus contribuciones; recompensaban a cualquier persona que les fuera útil, incluso si era un alquimista. Este era el hechizo que tenía Kusla, el cual convertiría la fuente de plomo en la que Fénesis iría a ahogarse, en un trono de oro.

Pero él no dijo nada, pues los frutos eran claros al sopesar los resultados de los registros metalúrgicos de Tomás con los asuntos de Fénesis. Sin importar cuán joven fuera, cuánto se quisiera protegerla, no había manera de que pesara más que los registros metalúrgicos en la balanza.

Sea racional o emocionalmente.

Fénesis, que contaba con asistencia, saltaría definitivamente a sus brazos para quitarle la soledad que había sentido hasta ese momento, y no sería difícil ganarse el afecto de ella.

Además, ella no era una dama vil, y aunque reaccionaría si hubiera burlas infantiles, definitivamente lo aceptaría como alquimista si fuese honesto con ella. En esta edad, la mayoría de las personas no podían vivir por mucho tiempo, y parecía que la edad no sería un gran problema.

De ser posible, Kusla quería salvarla y mantenerla con él.

Pero en el momento en que pensó esto, recordó la visión de ver a los Caballeros merodeando por doquier, buscando el cuerpo de Friche. En ese momento, pudo ver su clavícula desde más allá de esas siluetas de espalda salvaje. Los huesos de los humanos eran blancos, pero los huesos de Friche parecían más blancos que los de los demás.

Entonces no sentía tristeza ni rabia. «Si los huesos humanos tienen un color tan único, ¿habrá un resultado diferente si los uso para reemplazar los huesos de perro?», ese era el único pensamiento que él tuvo en su mente.

Una vez se dio cuenta de esto, él verdaderamente se sintió un lunático por dentro, y sin embargo orgulloso de sí mismo, aliviado de ser un alquimista de primera clase. A partir de entonces, logró demostrar que no importaba cuándo fuera, aún si un amante era asesinado frente a sus ojos, podía seguir pensando en la metalurgia, y hasta jurar por Dios sobre ella.

Por lo tanto, nunca pensó en ayudar a Fénesis.

Incluso se prohibió a sí mismo hacerlo.

Si esto seguía así, estaba convencido de que le haría algo a Fénesis en algún momento al azar. Como a Wayland le gusta cortejar a las damas, mató al abad del monasterio para salvar a las Hermanas; Kusla, sin embargo, simplemente pondría los huesos de un santo en el fuego por su propio bien.

Nunca pensó en nadie tan importante, que todos eran materiales para la metalurgia, herramientas que debían ser utilizadas.

Un simple peldaño hacia la tierra del Magdala, fuera de día o de noche.

Su inhumano maestro fue el que observó su comportamiento, y le do el nombre de Kusla.

«Eres en verdad una encarnación viviente, “ Interés (Kusla) ”. La clase de alto interés que se empareja con el despiadado tic-tac del reloj, que chupa la sangre viva de aquellos que ya están endeudados…, pero ese es el camino correcto para ser un alquimista».

Al decidir quién iba a ser amigo o enemigo de Fénesis, Kusla creó una mentira exagerada y atroz para bajar su punto de vista sobre Wayland, y estar más cerca de él. No obstante, si bien Fénesis había puso su confiaba en él debido a su miedo a Wayland, Kusla era el hereje que sin remordimientos arrancaría a un feto de una madre embarazada para experimentar.

Convirtiendo el plomo en oro, y el oro en plomo.

Es un hecho que las cosas cambian instantáneamente en el mundo. Para que la gente no se desvíe del camino, necesitan una forma de confianza; al igual que Fénesis eligió vivir con los Caballeros para aliviar su soledad, Kusla estaba obsesionado con la tierra del Magdala. Ambos eran similares en ese aspecto, pero por mucho que él quisiera extender su mano para salvar a otros, no había forma de que pudiera hacerlo por sí mismo.

Porque él necesitaba ser salvado en mayor medida que los demás.

Así pues, ¿cómo podría tener la fuerza para ayudar a los demás?

Para cuando ambos regresaron al taller, Fénesis había caído completamente inconsciente. Kusla la acunó sobre la cama y la cubrió con una manta. Seguía teniendo una expresión amarga en su cara, y no parecía deberse solo al licor. Sentía que tenía una bonita cara durmiente y, en ese sentido, la encontró linda.

Sin embargo, Friche no era inferior a ella en este aspecto. Así que no había razón para darle a Fénesis ningún trato especial.

Era lo mismo que encontrarse con un gatito herido en la carretera.

No era práctico salvarlo, aún si pudiera.

Kusla acarició a Fénesis en la mejilla, volvió a la sala, y vio a Wayland sentado en una silla, con las rodillas metidas mientras miraba un papel.

—¿Sabes qué me interesa de ti, Kusla?

—¿Eh?

—Nunca hay un momento tuyo que sea aburrido~.

Miró hacia atrás y sonrió, mostrando una sonrisa que definitivamente no era de amistad.

Pero una sonrisa que era ostensiblemente en respuesta a ver un mineral interesante.

—Interés significa valor de uso.

—Y el valor de uso significa un sentido para la existencia~.

Wayland miró fijamente los duplicados que no se diferenciaban de los pergaminos en manos de Post, y sonrió al concluir. Kusla tuvo la misma opinión que él.

—¿Puedes controlarla~?

—Lo haré.

—¿A que sí~? Por más problemas que tenga esa joven, un Kusla no la tratará como a un humano~.

Los ojos de Wayland daban una mirada de admiración.

Hubo una vez un clérigo que dijo que los humanos serán aplastados por los engranajes, que todo en este mundo puede ser explicado a través de la ética y los engranajes.

—Los humanos también están hechos de todo tipo de materiales, nada más que un complicado coche de agua.

—Una vez vi un reloj mecánico en un taller del sur. Esa cosa… —decía Wayland— era igual que Interés.

El alquimista con tal nombre se encogió de hombros, y miró el papel con la tinta sin secar.

—Démonos prisa y publiquemos los resultados. No quiero que otros se enteren.

—¿A que sí~? ¿No sería una lástima abandonar el milagro escrito en este registro?

—Sí. Será una buena despedida para nuestro predecesor Tomás.

Al escuchar a Kusla decir esto, Wayland levantó la cabeza y sonrió con satisfacción.

Pero Kusla entendió la razón de eso.

Y no se sintió disgustado por la actitud de este último.

—El teólogo San Rizlo dijo una vez que los pecadores sufren no porque no quede humanidad en ellos, sino porque…

—Aún tienen un rastro de humanidad en ellos.

Wayland parecía haber encontrado una forma muy interesante de jugar con un juguete, pues sus ojos deslumbraban.

La amarga expresión de Kusla parecía darle placer.

La razón por la que Wayland salvó a las Hermanas fue probablemente porque quería ver a las Hermanas sufrir en su lucha entre su fe y su lujuria.

—Eres un cabeza hueca de hierro.

—Robusto, hermoso, pero apenas usado para luchar.

Wayland se levantó de la silla y estiró la espalda.

Esto no era un taller de trabajadores, donde se les decía a los discípulos que se quedaran despiertos y que permanecieran en vela.

Wayland no mostraba ningún signo de fatiga, y hasta parecía emocionado.

—Hay que añadir algunas impurezas, ya sea para forjar el hierro en espadas o para herrarlas en hachas. Por tanto, si hay una impureza dentro de ti, Kusla, ¿en qué te convertirás?

—Si eso sucede, te dejaré cortarme para probarlo.

—Vaya, vaya. Eso sí que suena interesante~ —dijo Wayland mientras tomaba el duplicado, y procedía a bajar las escaleras.

Kusla, habiéndose quedado solo, suspiró y bajó tras él.

 

 

Fénesis se despertó por la tarde.

Su cuerpo estaba todavía un poco tembloroso, y apenas hablaba, probablemente por lo que había pasado antes.

Había gachas de grano y queso para el almuerzo, pero ella se retorcía mientras comía.

Kusla no se molestó demasiado con ella, y simplemente continuó con su trabajo. Naturalmente, incluía recuperar el contenido de la investigación metalúrgica.

No escondieron su trabajo de Fénesis, pues ella y el resto no se habían dado cuenta de que lo que buscaban estaba oculto en los registros metalúrgicos de Tomás.

Si el bando de Fénesis hubiese sabido que la información que querían estaba dentro de los registros metalúrgicos de Tomás, no habría razón para que no hubieran hecho algo ya. Sin embargo, antes de eso, el grupo de Kusla esperaba robar este secreto antes de entender su importancia.

En otras palabras, el grupo de Fénesis no tenía idea de qué información Tomás ocultaba.

Tenían que comprender los registros metalúrgicos de Tomás, los cuales se habían quedado con Post antes de que Fénesis y el resto pudieran hacerlo.

Una vez que memorizaran todo, tendrían que quemarlo en cenizas a toda costa, y no dejar ninguna evidencia.

Sin interponerse en el camino e Post, mantendrían el logro de Tomás, y darían un gran paso para acercarse al Magdala.

Pero había algunas preocupaciones. Después de escuchar las palabras de Fénesis, Kusla pensó que se sentiría culpable por haber ocultado la verdad, pero resultó no ser así. No sintió nada, ni siquiera cuando estuvo cara a cara con Fénesis, que estaba sentada ociosamente en la mesa.

Esto le hacía sentirse realizado e irónico por dentro.

Como había llegado hasta ahí, debería poder continuar a partir de ahora.

—Um.

Justo cuando estaba reflexionando sobre esto, la voz de Fénesis sonó de pronto.

Miró hacia atrás, y vio a Fénesis jalando de sus túnicas con una mirada amargada en su rostro.

—Lo siento…

Kusla miró a Fénesis fijamente, quitó los pesos de la balanza, y dijo—: No pensé que te emborracharías en aquella ocasión.

—¡…! —jadeó Fénesis.

Kusla volvió a girar la cabeza hacia un lado y, esta vez, ella parecía a punto de llorar mostrando una expresión de dolor.

—Lo has estado soportando de todo tipo de maneras, ¿verdad? Debe haber sido difícil para ti como primera vez.

—…

—Bueno, en vez de beber vino la próxima vez y vomitar aquí y allá…, te aconsejaré que no vuelvas a beber y que cambies tu estilo de vida actual.

Reemplazó las pesas y colocó un mineral de oro mate en el otro plato de la balanza.

—Pero en este mundo es difícil empezar de nuevo.

Kusla volvió la cabeza hacia atrás por tercera vez, y se encontró con que Fénesis había agachado la cabeza.

Era realmente vergonzoso para un vigilante caer borracho frente a los que se suponía que estaba vigilando, e incluso hablar descaradamente de su pasado. Él no creía que ella estuviera actuando en ese momento, pero no importaba incluso si se dejaba engañar.

—No importa, no le diré todo a mi superior.

Al escuchar a Kusla burlarse de ella, Fénesis chasqueó la lengua mientras permanecía arraigada.

Para un clérigo normal, esto debe haber sido una terrible forma de tortura. Ella, que vigilaba a alguien para determinar si esa persona había hecho algo vil, terminó haciendo que esa persona cerrara un ojo hacia su propio fracaso. En ese sentido, ella seguía siendo un clérigo normal.

Ella se estremeció, pero la culpa fue de su parte para empezar.

—Bueno, no creo que sea algo del todo malo.

—¿…?

Fénesis, que casi fue aplastada por el autodesprecio, miró fijo a Kusla con ojos apagados.

Kusla asintió levemente, y dijo—: No odio tener que ver a una doncella sufriendo. Mi opinión de ti ha mejorado ahora.

—…

Fénesis no sabía qué decir, ni siquiera qué expresión mostrar, estando completamente perpleja.

Al final, ella fue incapaz de controlar sus impulsos, y sus labios se tornaron en una sonrisa mientras decía, sin querer admitir la derrota—: T-te dije ya que nunca volveré a creer en ti.

—Bueno, soy un mentiroso de todos modos. Solo sé mentir.

—Ya que eres consciente de eso, ¿por qué mientes todo el tiempo?

—Eso es interesante.

—¿Qué cosa?

—Dije que soy un mentiroso, pero ¿por qué crees la parte en la que dije que soy un mentiroso?

Al escuchar las palabras de Kusla, Fénesis quedó atónita.

—¿Cómo?

Soy un mentiroso, así que solo sé mentir. Pero si esta línea fuera lógica, ¿no significaría que el mentiroso Kusla dijo una verdad? En cambio, si esta línea fuera una mentira, Kusla no sería un mentiroso.

—Ah… Um…

Fénesis emitió un vago gimoteo, y ladeó la cabeza con una divertida mirada aprensiva en el rostro. Kusla se rio al ver esto, y en ese momento ella se dio cuenta de que la habían engañado de nuevo.

Con la cara sonrojada, ella se levantó de la silla.

—¿Qué me has hecho esta vez? ¿Qué está pasando?

—Convertir el plomo en oro, y el oro en plomo; convertir las mentiras en verdades, y las verdades en mentiras.

—Uu… —Fénesis volvió a gimotear.

Kusla sacó los restos de pirita de la escama, y dijo—: ¿Qué pasa?

—… ¿Sobre qué?

Tras una larga pausa entre ambos, Fénesis levantó la mirada hacia Kusla y le preguntó esto.

—¿Sigues preocupada por tu fracaso?

—…

Permaneció arraigada, asemejándose a un gato despertando por algo que le picó en la nariz.

—Los problemas humanos son en su mayoría de un tipo. Pienses lo que pienses, es normal.

Fénesis volvió a mostrar una expresión desafiante, pero más que eso, odiaba que Kusla la regañase por esa razón.

—Pero hablando de eso. —Kusla siguió hablando, y mientras Fénesis se echó atrás por alguna razón, él continuó con su explicación—: Un problema que deja una profunda impresión sigue siendo como tal, y duele sentirse como si no tuvieras un solo amigo.

—… ¿Eh?

—Cuando te hayas cansado de ese mundo de plegarias, puedes venir a nuestro lado. Has tenido algunas experiencias agradables, ¿cierto?

Mostró una cara sonriente a Fénesis, aunque obviamente fue forzada.

Fénesis no sabía si era una mentira o una verdad.

Pero no importaba en este punto.

Después de un poco de vacilación, pareció asombrarse de sí misma mientras decía—: Aunque sé que es una mentira…, es inútil tratarme con amabilidad.

Kusla no quería considerar si era una mentira.

No había nada verdadero en este mundo.

Pero, aun así, la única afirmación que le quedaba era la tierra del Magdala.

 

 

Cuando los minerales de latón y pirita se colocan uno junto al otro, es prácticamente imposible diferenciarlos.

Puede que hasta sea más difícil cuando se compara el oro con ellos.

Pero una vez que se procesan, ambos mostrarían grandes diferencias.

La pirita sería mucho más difícil de procesar en comparación con el latón.

Cuando sonara el timbre de la campana que indicaba el anochecer, el mensajero que traía de regreso a Fénesis llegaría puntualmente, y Fénesis se le apreciaba un poco mejor a su regreso.

Tras ver á Fénesis marcharse, Kusla y Wayland comenzaron sus discusiones plenamente.

—Parece que tenemos que hacer esto por la noche, ¿eh~?

Pero de todos modos lo que sabían era bastante similar.

Y pronto, llegaron a una conclusión.

—Así que ¿juguetear con la ventilación no funcionará?

—Pensé que podíamos dirigir todos los humos a la rueda de agua, pero pensándolo bien, cambiará drásticamente las condiciones dentro del horno debido al pobre escape.

—Pero es imposible ocultar el hedor del azufre…

—Entonces solo podemos trabajar de noche y terminar antes de que la gente se despierte. Ese chico también los vigila durante el día.

Tenían que trabajar de noche, al fin y al cabo.

Pero había un problema.

El mineral de pirita se descompondrá en su mayor parte en hierro, pero se necesitaría bastante para refinarlo y convertirlo en metal. Durante ese tiempo tenían que quitar las impurezas, ajustar la temperatura del horno con alguien que supervisara todo el tiempo.

Una persona solo podía permanecer despierta durante las noches por un máximo de dos o tres días.

Durante el día, tenían que hacer su trabajo diario para despistar, y mientras funcionara en Fénesis, no podían hacer que Post sospechara. Post era alguien que realmente estaba arriesgando su cabeza por un alquimista, y él sellaría cualquier forma de conocimiento que haría que cualquiera fuera colgado como resultado. Por supuesto, eso era suficiente motivación para el grupo de Kusla para no dejar que esto se supiera, y sería malo para ellos si él sospechara.

Sin embargo, les llevaría demasiado tiempo limpiar el horno, las rejillas de ventilación y el equipo después de cada trabajo.

—Parece que solo nos quedan dos opciones, ¿eh~?

—¿O vamos a por todas…, o lo hacemos durante el día?

Kusla miró a un lado, pero Wayland no le miró a los ojos mientras asentía.

—Si lo hacemos durante el día, podemos más o menos terminarlo todo en dos días~…, creo.

—Pero habrá gente observando, u oliendo.

Había muchas maneras de engañar a Fénesis, pero el problema era que una vez que se desarrollara el hedor a azufre, no hay duda de que llegaría a oídos de Post como un rumor. En esa situación, se daría a conocer sus intenciones de seguir investigando los registros metalúrgicos de Tomás.

—Bueno, parece que solo podemos hacerlo de noche~ —dijo Wayland mientras comía un poco de pan de avena para la cena.

Parecía ser porque ese pan era saciante, y barato, que a él le gustaba esta comida, aunque era tan duro como una roca.

—Parece que tenemos que arreglar el orden de nuestra investigación y establecer un horario. No servirá de nada si no podemos terminar de calentar antes del amanecer.

—Así es.

Wayland asintió, y Kusla utilizó un trozo de papel, en lugar de un trozo de pergamino, para escribir los pasos necesarios requeridos. Los registros de Tomás eran inquietantemente precisos, y ambos anotaron la cantidad de tiempo requerido con mucha facilidad.

Sin embargo, refinar hierro no es un proceso tan simple como parece. Cuanto más tiempo siguiera trabajando, las posibilidades de que sus intenciones se revelaran aumentarían, pero los resultados serían demasiado ambiguos si se ponían demasiado ansioso.

Kusla se fijó en su agenda, esperando encontrar un plan que incorporas esas consideraciones.

Mientras miraba los proceso que Kusla había escrito, Wayland de pronto dijo—: Esto vaya que me trae recuerdos.

—¿Ah?

—Recuerdo esa vez que planeamos envenenar a ese maldito maestro~.

Kusla miró a Wayland fijamente, y le mostró una mueca.

—Pero nos atraparon al final de eso. Somos unos desafortunados.

—No, no. Creo que fue el momento en que aprendimos sobre el concepto de no tener éxito, ¿no te parece?

—Qué optimista eres.

—Me gustaría decir que es hacer uso activo de las experiencias pasadas.

Kusla se encogió de hombros.

—Piensa, o si no vamos a tener una repetición de eso nuevamente.

Pero al momento en que Kusla dijo eso.

Ambos enderezaron sus cuellos al unísono, como pájaros en las colinas y los valles.

—¿Hm?

Kusla miró fijo a Wayland, quien a su vez miraba fijamente al techo.

Había una luz que daba golpecitos desde el techo.

¿Será un pájaro? O quizá ¿una rata?

Justo cuando se preguntaron eso, se oyó el sonido de la madera al ser golpeada.

—Arriba… ¿Eso no es la puerta~?

La ciudad ya había cerrado hace un buen rato, y en ese momento sería difícil imaginar a mucha gente moviéndose afuera durante la oscuridad.

Pero entonces escucharon claramente un golpe de nuevo.

—Yo iré.

Kusla se levantó y le echó un vistazo a Wayland, quien luego procedió a levantarse también. Apagó la luz, dobló la espalda y caminó hacia la rueda de agua.

Tomás fue asesinado en esta ciudad, y Post les había dicho esto a los dos.

Que debían protegerse de los asesinatos y envenenamientos.

Sujetó la espada corta en su cintura mientras subía lentamente las escaleras. Los golpes a la puerta se hicieron más fuertes, y a intervalos irregulares.

—¿…?

«¿Por qué hay un asesino tan excéntrico?», se preguntó Kusla, y al mismo tiempo, los golpes cesaron. Debido al inesperado silencio, contuvo la respiración.

Pero inesperadamente, en el siguiente momento, hubo un sonido en la puerta.

—¡A… chú…!

Si ese era un asesino, ciertamente fue una actuación impresionante por su parte. Pero Kusla sacó la mano de la empuñadura de la espada corta, dio grandes pasos hacia la puerta, quitó los cerrojos desde dentro, y la abrió de par en par. Entonces, encontró a Fénesis sentada en la puerta, su espalda apoyada en la pared, fijada en una extraña posición.

—¿Olvidaste algo?

Aunque le preguntó eso, no parecía que Fénesis regresara para recuperar algo, puesto que llevaba un equipaje.

—Um, bueno…

Una joven estaba parada frente a una casa, sosteniendo un equipaje bajo el sudario de la noche.

Indiferentemente de la aparente intención que tenía Fénesis de llegar hasta aquí, no había forma de que Kusla la pudiese forzar a volver.

Una vez cerrada la puerta, Fénesis se sentó en la silla, y dijo—: Todavía no he encontrado nada, así que ustedes podrían estar haciendo algo inmoral por la noche… Así que…

—¿Por eso te pasas por aquí?

—… Sí.

Al ver a Kusla suspirar, Fénesis se mostró bastante insegura.

Había algunas razones para este suspiro.

No obstante, la razón más importante es que Fénesis, por orden de su superior, vino a un taller con solo hombres adultos trabajando en el interior por orden de este último. En una ocasión le había dicho claramente que no confiara en su superior y que huyera de las tareas que le encomendaba si no le gustaba, pero podría decirse que todavía quería ganar reconocimiento.

Esto solo la hacía parecer más tonta como resultado.

—No sabes lo que te puede pasar.

—¡…!

Fénesis jadeó, y después de una pausa, ella miró a Kusla fijamente con los ojos viendo hacia arriba, y dijo—: Tal vez se pueda… confiar en ustedes para esto…

—Entonces ¿eso es lo único en lo que puedes confiar en nosotros…?

Kusla sonrió irónicamente, pero lo cierto es que Fénesis prácticamente nunca dudó de nada de lo que Kusla había dicho. Era una chica tan ingenua que sin darse cuenta confiaría en otra persona aún si no debiera.

Y Kusla se sintió furioso porque, aunque no tenía segundas intenciones sobre ella, este juguete hecho para el disfrute podría haber sido manipulado por otra persona.

—Por otra parte, si echo a la calle, no tienen ningún otro sitio al que ir, ¿no es verdad?

Fénesis bajó la cabeza y asintió. SI volvía a la residencia de su superior, todo lo que le esperaba era el castigo, y no tenía conocidos en la ciudad.

Kusla volvió a suspirar, y llamó al piso de arriba—: ¡Wayland!

«¡Qué!», la respuesta se pudo escuchar inmediatamente. Kusla entonces dijo—: ¡Tenemos una doncella inocente que se quedará aquí con nosotros! ¡Quédate abajo en todo momento!

Hubo una larga pausa después de las palabras de Kusla, «¡Qué malo~!», y entonces estas palabras fueron escuchadas.

Pero eso tampoco era una broma. Wayland tenía el hábito de amar a cualquiera que le gustara. Podría decirse que su mano, sin querer, se extendería y haría algo.

Al pensar en esto, Kusla se sintió inesperadamente preocupado por alguna razón.

Este era más o menos un extraño deseo de protegerla que surgía dentro de él, pero también como una forma de poseerla.

Inadvertidamente, se sintió impactado por cómo se encontraba ahora.

—Ya puedes estar tranquila. Cuanto menos, no tendrás dos hombres grandes atacándose por la noche.

Parecía no haber necesidad de amenazarla, porque una vez que se le lanzó esas palabras, sus ojos se abrieron de par en par.

Ella ya estaba mentalmente preparada para cualquier cosa mala que pudiera ocurrir.

Vino a este taller por una orden, aparentemente tratando de complacer a su superior. O quizá estaba tratando de ganar el reconocimiento del grupo de Kusla y vivir como su amiga.

—Eres un idiota igual que nosotros.

En respuesta a las palabras de Kusla, Fénesis simplemente bajó la cabeza, y no respondió.


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