Magdala — Volumen 1, Acto 3

A partir de aquí, verán capítulos que Fixer debería revisar, pero creo que están lo suficientemente bien para que vean la luz del día :v

Traductor: Absolute
Editor: Fixer-san


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Acto 3

 

Los días posteriores transcurrieron sin incidencias.

Kusla y Wayland se concentraron en reconstruir los registros metalúrgicos de Tomás, y no notaron ningún enemigo escondido en las sombras tratando de apoderarse del taller donde se hallaban guardados los registros de Tomás.

Fénesis también venía al taller obedientemente todos los días, y simplemente veía a Kusla trabajar. Al grupo de Kusla le preocupaba que los aliados de esta chica fueran a envenenarla para luego culparlos a ellos, pero no pareció haber problemas con su salud. De momento, aún no había habido ningún problema con el que tuvieran que lidiar inmediatamente. Si fuera envenenamiento por mercurio, las encías se volverían negras; si fuera arsénico, las puntas de los dedos se hincharían. Ambos podían fácilmente descubrir estas técnicas comunes.

Si bien ellos pensaban que un vigilante altamente motivado y enfocado en su trabajo sería quisquilloso y busca problemas, Fénesis honestamente solo los observaba.

Quizá las palabras dichas durante el viaje al mercado funcionaron hasta cierto punto, aliviando sus prejuicios y sospechas contra los alquimistas.

Aunque Kusla personalmente lo pensó de esta manera, ello significaba que, con menor prejuicio y vigilancia, se reduciría la tensión.

Y al poco tiempo, ella empezó a aburrirse de observar el trabajo de Kusla.

—Si tienes sueño, ¿qué tal si vas a dormir allí?

El tiempo ha estado frío recientemente, el cielo estaba a menudo nublado, y hacía tiempo que no estaba tan brillante como en ese día.

Pero el horno no se apagó desde hace días, así que no importaba el clima exterior, el taller era cálido y acogedor por dentro.

Kusla planteó esta sugerencia justo cuando Fénesis bostezaba sentada en su silla, y finalmente asintiendo con la cabeza en un estupor.

—¿Eh? Ah…, no… Estoy bien.

—Aún si lo estás, empezará a darme sueño. Bostezar es contagioso.

—Pero… Uu… Oog…

Las túnicas sobre su cuerpo parecían muy anchas, el dobladillo y las mangas eran muy largas, y su pequeño ser semejaba a un gato blanco mientras se sentaba en la silla y bostezaba.

Kusla suspiró, y Fénesis pareció bastante avergonzada cuando se puso de pie lentamente, respirando hondo.

—¿Cómo un supervisor podría irse a dormir ahora?

—¿Lo dice la que estuvo bostezando? ¿Quién estaba tomando una siesta?

—No estaba teniendo una siesta.

Kusla se encogió de hombros, y volvió al trabajo. Martilló un clavo, y abrió un pergamino.

—¿Qué tienes para hoy?

—Algo muy problemático.

Kusla contestó con voz algo rígida, y Fénesis se calló al ponerse un poco tímida, probablemente debido a la culpa por haberse quedado dormida. Sin embargo, eso fue solo por un momento.

—Pero esa no es una explicación válida.

—Es destilación. Destilación.

—…

Fénesis miró a Kusla sin decir una palabra, y luego evitó su mirada con incomodidad.

—Si no sabes lo que es, solo dilo.

—No lo sé.

—¿Qué pasa cuando calientas agua?

—¿Ah?

Fénesis no hizo más que parpadear ante la repentina pregunta de Kusla y, por ello, él repitió de nuevo—: ¿Qué pasa cuando calientas agua?

—Eh… Ah… Bueno, se pone caliente.

—Así es. Eres un genio.

Fénesis quedó un buen rato atónita por las palabras de Kusla solo para recuperarse y darse cuenta de que había sido engañada, y entonces lo miró con enfado.

—Siento haber bostezado a tu lado.

Pero Fénesis no estaba dispuesta a admitir que se había quedado dormida y, por su expresión, parecía que no tenía intenciones de disculparse. Llegado a esto, Kusla simplemente suspiró y le hizo una seña para que se acercase. Sin embargo, ella encorvó el cuerpo con cautela.

—Ven a ayudar. —Solo después de que Kusla la llamara fue que ella se inclinó sobre la mesa, aunque con disgusto—. Sostén esta parte.

Kusla sostuvo una esquina del pergamino enrollado, y la hizo sostener el otro extremo. Este pergamino probablemente salió de un buen cordero¹; la parte con las palabras escritas en él era gruesa, pero los bordes se arrugaban y encrespaban.

Las apretadas palabras en el pergamino eran muy pequeñas, parecidas a la sensación psicótica de la habitación de Tomás. Así pues, no había forma de leerlo si el pergamino no estaba bien colocado.

—¿S-sostenerlo? ¿Q-qué planeas hacer con esto?

Fénesis se estremeció al pararse frente al pergamino desigual que era como la piel de una persona mayor.

—Ya. No tienes que estar tan aterrorizada. Estoy seguro de que no hay veneno en el pergamino.

—… N-no estoy asustada ni nada por el estilo.

Aunque dijo eso, probablemente fue un poco desesperante para ella tocar algo hecho de piel por primera vez. Su singular textura suave era como una oruga de caparazón duro.

—No te excedas. Se rasgará si jalas demasiado fuerte.

Kusla empleó el dorso de su mano izquierda mientras colocaba una marca en un agujero hecho con ella. Luego usó el martillo, sostenido firmemente con su mano izquierda, para clavar un clavo.

—Bien… El que sigue, por acá.

—Ah, claro.

Fénesis siguió las instrucciones de Kusla y se movió repetidamente para sujetar el pergamino. A causa de su pequeñez, ella solo podía sujetarlo inclinando su cuerpo desde la silla.

Y así, continuaron haciendo esto hasta que los 5 pergaminos fueron fijados.

Los registros metalúrgicos de los repetidos experimentos de Tomás fueron expuestos frente a ellos.

Aún les faltaba descifrar el código, y no conocían los detalles, pero los registros reconstituidos por sí solos eran un testamento de la habilidad de Tomás. No era un método maravilloso, ni un experimento del todo nuevo; en el pergamino se veía el universo que el hombre llamado Tomás había creado.

Por ello, como compañero alquimista, Kusla observó este universo representado en pergaminos con admiración.

Pero Fénesis, que estaba a su lado, andaba oliéndose las manos.

Kusla, sintiéndose un poco desamparado, suspiró y dijo—: Si te preocupa tanto, ve a lavarte.

—Ah, no. —Fénesis respondió con lo que era ostensiblemente su lema, pero al final dijo—: Lo siento. Iré a lavarme las manos, entonces. —Y se dirigió al abrevadero.

—Oye, ¿nunca habías tocado un pergamino? —preguntó Kusla arrojándole una toalla a Fénesis, que estaba vacilante de si secarse las manos con su túnica de monja.

—Ah… No, pero he escuchado al respecto antes.

Parecía, por lo obstinada que era, que ella estaba muy lejos en personalidad de la hermana ideal.

—¿No que venías de un monasterio? ¿No hay un escriba asignado allí?

—Lo hay, pero…

—Pero ¿qué?

—Nunca vi al escriba porque mi posición no es lo suficientemente alta.

El orden que se decía haber sido establecido por Dios podía decirse que era asignado por el monasterio, y la jerarquía era firmemente mantenida. Los pergaminos eran artículos costosos, y parecía que los de mayor rango querían evitar que los pergaminos fuesen ensuciados por campesinos. Parece que esta era la razón por la que Fénesis estuvo tan emocionada cuando se le dijo que podía leer cualquier libro a su antojo en la primera reunión de ambos.

Kusla recordó que cada vez que Fénesis regresaba, ella estaría detrás de un clérigo de alto rango. Ella realmente estaba en el nivel más bajo de la jerarquía, siendo tratada como una herramienta.

—No tengo ni idea de por qué quieres estar en este lugar de sufrimiento.

—Para poder seguir las enseñanzas de Dios, y para mí, pues no tengo idea de por qué los alquimistas tienen tanta pasión.

—Así que somos como dos gotas de agua. —Kusla asintió con la cabeza.

Fénesis pareció un poco sorprendida, preguntándose si la habían engañado de nuevo, pero al final terminó relajándose.

—Bueno, volvamos a lo que estábamos hablando.

—¿Eh?

—Cuando calientas agua, su temperatura sube. ¿Y luego?

«¿Por fin dejaste de tratarme como una tonta?». Ella debió haber pensado de esta manera.

Fénesis siguió parpadeando de pie junto a Kusla, y este último, todavía mirando al pequeño universo de Tomás, dijo—: ¿No querías saber lo que quiero hacer?

—Ah… Eh… ah, sí. Pero…

—Entonces, después de calentar el agua, la temperatura subirá. ¿Qué pasa después de eso?

Kusla repitió su propia pregunta, y Fénesis tartamudeó un rato, antes de contestar—: Se evaporará.

—Correcto. Ahora bien, ¿qué pasará después de añadir licor caliente?

—¿Eh? ¿No debería ser lo mismo?

—Lo que dices no es necesariamente erróneo, pero el licor es, de hecho, una combinación de dos fluidos diferentes; eso probablemente ya lo sabes. Además, entre estos dos fluidos, uno de ellos se evaporará primero.

—…

Fénesis parpadeó con sus hermosos ojos verdes, «Ya», y respondió de tal forma.

—Además, también sabrás que cuando estos dos fluidos se vuelven vapor, se condensaran de nuevo en líquido al enfriarse. Este es el método para extraer y concentrar los dos tipos de líquidos en el licor; lo llamamos destilación.

Kusla cogió una botella de vino de la estantería, y apuró un trago con una mano.

Fénesis frunció el ceño, presumiblemente algo furiosa con Kusla por empezar a beber mientras trabajaba a mediodía.

—Esta es una forma de hacer licor destilado, y necesitaríamos usar equipos de destilación de cobre para hacerlo. Aunque los cerveceros son mejores con esta técnica, se rumorea que fue un alquimista quien la inventó.

—¿Eh?

—Hay un mineral llamado zinc que, al combinarse con el cobre, puede convertirse en latón. Um… ah, es este de aquí.

Había muestras de minerales y metales en el estante. Kusla acercó un metal dorado opaco a Fénesis.

—Dicen que se usaba como dinero hace mucho tiempo y que los métodos de fabricación eran clasificados; oí que se producía por casualidad, y también que, tras varios cientos de años, se perdió el método para producirlo. El método de producción actual fue traído de vuelta por aquellos que viajaron al este, y transmitieron la técnica hasta el día de hoy.

—… ¿Vas a… hacer esto?

—Hoy en día, lo que estamos haciendo es uno de los productos originales: el zinc. Se descubrió originalmente en la producción de plomo, una sustancia blanca que está revestida en la parte superior de los hornos. Los alquimistas se han devanado los sesos hasta que por fin advirtieron su verdadera identidad; o, mejor dicho, descubrieron una piedra mineral rica en zinc y determinaron la forma óptima de extraerla: enfriar debidamente su vapor calentado. ²

Fénesis continuó mirando desconcertada al latón, a Kusla, y de vuelta; quizás era difícil de imaginar.

—Es dicho que este método fue un precursor de la destilación, y la repetida destilación puede crear licor. Por supuesto, nadie saber cuál es el hecho real, y esto puede ser solo cosas que algunas personas dicen por decir. Pero, indiferentemente, el descubrimiento de una técnica en alquimia está estrechamente relacionado con otras habilidades. Algún descubrimiento insignificante puede traer un resultado inesperado, como este.

Kusla se detuvo un momento, y suspiró con más fuerza.

—Creo que lo que podemos imaginar… puede suceder en cualquier momento próximo.

En respuesta a Kusla, que había hinchado el pecho en deleite por su discurso mientras agitaba el abrigo que vestía, Fénesis simplemente dio una breve respuesta.

—… Ya.

Ella sintió que no había nada significativo sobre el latón en su mano, así que lo devolvió.

Kusla lo cogió desconcentradamente, y preguntó, estupefacto—: … Oye, ¿no tienes nada que decir sobre mi explicación de recién?

—¿Eh? —En respuesta a la pregunta de Kusla, Fénesis continuó luciendo estupefacta.

Ella entonces, preguntándose si la habían vuelto a engañar, fulminó con la mirada a Kusla, pero este último pareció bastante devastado.

—No, no te estoy fastidiando. Hm, ¿cómo lo explico…?

—¿Q-qué te pasa ahora?

—¿Hm? —Kusla levantó una ceja mientras decía—: Un nuevo descubrimiento traerá consigo el desarrollo de una nueva técnica, y dicha nueva técnica será utilizada en un área inesperada, trayendo consigo la creación de algo maravilloso. ¿No encuentras esto verdaderamente asombroso?

Kusla agitó la botella, causando un salpicón en su interior, y bebió un trago de ella.

Pero la respuesta de Fénesis siguió siendo aburrida.

—Esto es algo realmente asombroso. Todos los alquimistas del mundo han estado revelando los secretos de este mundo, así como así. Esto es lo que todos dicen: dejar desnudo a Dios.

Kusla volvió su mirada hacia Fénesis, pero esta última protegió instintivamente la parte frontal de su túnica. Parecía que la experiencia de sufrir a manos de Wayland fue suficiente para causar un trauma psicológico y, para ella, no dejar que le quitarán la túnica era mucho más importante que resolver los secretos del mundo.

—Hablando de eso, creo que una de las razones por las que los alquimistas pueden perseguir algunas metas radicales es porque sienten que pueden hacer cualquier cosa.

La razón por la que los alquimistas eran despreciados por la Iglesia no era simplemente porque parecían excéntricos.

La enseñanza que la Iglesia promovía era que el mundo corrupto actual algún día recibirá su juicio final, y que solo aquellos que siempre hicieron obras de bondad entrarían al Cielo.

Sentían que este mundo estaba siendo constantemente corrompido por el mal, y que un día llegaría a su fin.

Pero los futuros alquimistas pensaban completamente distinto. Que, pronto en el futuro, su investigación podría florecer, lo que no podían hacer hasta ese momento sería posible, y lo que no podían entender sería revelado a todos. Era porque tenían tal creencia que podían continuar con su investigación.

Pero como era de esperar, Fénesis, que no estaba acostumbrada a este tipo de pensamiento, siguió estando confundida.

Y ella no se sentía enojada con esa gente por ser tan radicalmente diferente de la filosofía de la Iglesia.

Ella nunca pensó en esto en primer lugar.

—El dueño original de este taller, Tomás, es probablemente un caso clásico de alquimistas del que hablo. Estaba solo, a la deriva en el mar del conocimiento, y solo a través de estos registros, ciertamente puedo entender su determinación de no rendirse. Estoy ansioso por descifrar las cosas escritas en estos pergaminos.

Kusla se detuvo, y lamentó—: Así es como es el mundo.

Quizás este licor era más potente de lo que él había pensado.

Ante la brillantez de Tomás que estaba sobre la mesa, Kusla intentaba ansiosamente transmitir su brillantez a los demás.

Pero los que no podían entender, simplemente no podían hacerlo. Ellos, la mayoría de las veces, no tenían la intención de hacerlo.

Entre ellos, «No lo entiendo, pero vaya que pareces un niño feliz», Friche, que le sonrió mientras decía esto, era en realidad un espía de la Iglesia.

Kusla acercó la herramienta a su lado.

Los alquimistas son solo alquimistas, gente que era despreciada por andar por el camino de la herejía.

—¿En verdad… es tan interesante?

Y entonces, lo que él sintió ante la repentina pregunta fue ira.

Kusla miró a un costado, y encontró no una expresión que se estaba burlando de él, sino una de asombro, desconcertada por la furia en su mirada.

—… Ya lo he dicho antes: nuestro pensamiento no es exactamente el más normal de todos.

Kusla dijo esto, e inmediatamente se volvió de nuevo.

Actuó con tanto orgullo, como cuando dejó el taller, justo después de ser reconocido como alquimista.

¿Por qué arriesgó su vida por esto? ¿Por qué eligió asegurar el destino de ser rechazado por todas las personas? ¿Por qué no sintió desesperación en esta vida desprovista de compañía? ¿Por qué, aun cuando la persona a la que podía llamar su primer amor fue asesinada delante de él mismo, solo podía pensar en la metalurgia?

No podía entenderlo.

Claro, había una meta, y él estaba trabajando duro para alcanzarla, pero aparte de eso, todo lo que sentía era una satisfacción inquebrantable.

Kusla añadió a las palabras de los pergaminos los registros metalúrgicos que obtuvo el día anterior, junto con los significados y números especulados del código.

«Esta alegría era algo con lo que solo aquellos que trabajaban personalmente por ella podían identificarse», pensó Kusla mientras levantaba la mirada sin darse cuenta.

Y luego, al volver la cabeza hacia atrás, encontró a Fénesis encogida de miedo.

—Ah, no… Eso no fue… lo que quise decir…

—¿Quieres probar?

—¿Eh?

Mientras Fénesis permanecía perpleja, Kusla marchó hacia ella diciendo—: No se puede entender sin haberlo probado una vez. Lo mismo va para ti también; probablemente tuviste esta experiencia antes de entrar en el monasterio, ¿no es así?

En respuesta a las palabras de Kusla, Fénesis se quedó con la boca abierta, y luego asintió lentamente.

—El trabajo de hoy es problemático, pero no demasiado difícil ni demasiado largo. ¿Qué tal si lo intentas?

Fénesis se quedó quieta, como si no pudiera comprender lo que acababa de escuchar. Después de un rato, estas palabras comenzaron a hundirse lentamente en su mente, y sus ojos comenzaron a nadar en confusión. Esta chica inocente contestó incómoda—: … No haré nada… que desafíe las enseñanzas de Dios, ¿sabes?

Ante palabras tales de una doncella pura, quién sabrá cuántos hombres en este mundo sonreirían y garantizarían esto.

Kusla, sin embargo, quería desnudar a Dios, no a una doncella.

—Entonces velo por ti misma.

Kusla no garantizó nada, pero Fénesis lo aceptó, tratándolo presumiblemente como una forma de sinceridad de parte de la contraparte. Ella entonces asintió con la cabeza, tragando algo ostensiblemente duro.

—Eso lo comprobaré yo misma. Es muy importante.

Kusla sintió que esta línea era asombrosamente convincente, viéndose un poco sorprendido, pero aun así logró mostrar una sonrisa natural.

—Y claro, bien deberías afirmarlo por ti misma.

—Sí.

—Bien pues, bajemos y vayamos juntos a trabajar con Wayland.

—… ¿¡Eh!?

Fénesis se echó hacia atrás con una cara pálida, pero Kusla la vio y sonrió.

—Deberías afirmar si ese hombre es un lunático o no.

—…

Fénesis volvió a mostrar una mirada recelosa mientras observaba a Kusla, quien caminaba sonriente hacia las escaleras.

Y entonces, cuando se dio cuenta del significado de esas palabras, lo persiguió a pasos agigantados.

—Um, ¿me acabas de mentir…?

—Pero ese hombre matará si es necesario, y es un mujeriego incorregible. Sería prudente que tomes nota de esto antes de que termines usando tu cuerpo para afirmarlo.

Al momento que Kusla giró la cabeza para decir esto, Fénesis se detuvo.

En este mundo, había muchas cosas donde sería demasiado tarde una vez que uno las afirma.

Su expresión era una mezcla de duda e inquietud, pero, a veces, una expresión pretenciosa resultaría útil.

—¡Cómo no! —dijo enfadada, y siguió a Kusla por las escaleras.

 

 

Era un hecho que los herreros son muy populares entre las mujeres.

Ellos tuvieron que pasar largas horas trabajado frente a un sofocante horno caliente, moviendo el combustible, manejando el fuelle, agitando un martillo grande para aplastar los minerales, y moviendo los lingotes refinados hacia afuera. El resultado de un trabajo que consumía tanto tiempo durante un largo período de tiempo era un cuerpo firme y sin exceso de grasa, esculpido como el hierro. Sin embargo, no necesitaban vivir una vida viciosa de derramamiento de sangre como mercenarios, e incluso se sentía cierto significado poético al ver sus miradas, enfocadas silenciosamente en el horno.

Los dos llegaron al segundo nivel del sótano del taller, y Wayland, medio desnudo en la parte superior, estaba cerca de la boca del horno y del mecanismo de la noria, mirándolos fijamente.

Había muchos rumores escandalosos de que él estando involucrado con algunas hermanas de un monasterio antes de llegar a Gulbetty, y esos no eran probablemente rumores exagerados. Después de llegar abajo, Fénesis tiraba de la manga de Kusla aterrorizaba, y se congeló cuando vio a Wayland.

Wayland naturalmente los detectó al instante, y los miró de reojo mientras llevaba los materiales de madera en su hombro y junto a su abdomen. No obstante, los ignoró mientras procedía con su propio trabajo.

Sería demasiado irrespetuoso dudar de que fuera un acto considerando lo serio que él se veía y, en ese momento, Wayland era prácticamente un hombre que buscaba la verdad.

Su pelo revuelto estaba simplemente suelto, y su bigote raramente recortado siempre mostraba la desconfianza de esta persona. Empero, esta era también la prueba de un hombre que puso el trabajo como su prioridad.

Intrépido.

 

 

Su apariencia era tal que hasta Fénesis quedó hipnotizada.

Y entonces, ella mostró una expresión completamente diferente cuando rápidamente se volvió hacia Kusla, regañándolo con una expresión vengativa—: No volveré a creer en tus palabras.

—¿Aunque esa persona te manoseó los pechos en la primera vez que te vio?

Fénesis se quedó sin habla inmediatamente, pero poco después recuperó la compostura, y dijo—: Pu-puede que haya sido un poco rústico…

Y pensar que esa frase saldría en este momento.

Fénesis ignoró a Kusla, quien le miró con desamparo, y luego continuó mirando a Wayland, aparentemente hipnotizada por su destreza.

Esto hizo que Kusla recordara lo que Wayland dijo una vez.

Primero, crea una mala impresión, y luego, muestra sinceridad. La conquista tendrá éxito a partir de entonces.

«Canalla —murmuró en su corazón—. Será mejor que yo use esto la próxima».

—Wayland, aguarda un momento.

Sin embargo, al escuchar las palabras de Kusla, Wayland no se volvió a mirarle.

Cargaba un gran fuelle, hecho de cuero, y lo colocó al lado del horno. Una antorcha, un rastrillo, un martillo, pinzas, un cucharón de hierro y todo tipo de herramientas, además de un molde alrededor del horno. Si él pudiera añadir algún hueso extraño o alguna clase de ofrenda, podría ser visto como un mago.

Pero la apariencia actual de Wayland era la de un artesano de primera clase finamente entrenado.

—¿Qué pasa?

Cuando finalmente se dio la vuelta, sus palabras no llevaban el arrastre que siempre entonaba.

Naturalmente, no se detuvo a mirar a Fénesis, pues su mirada parecía no fijarse en nada.

—Quiero mostrarle a esta invitada lo que nosotros hacemos exactamente.

—…

En este punto, Wayland finalmente ojeó seriamente a Fénesis.

¿Qué tipo de materiales puedo obtener de la chica?

Él pensaba en esta idea tan absurda con una expresión indudablemente seria.

—No me ando con bromas.

Al escuchar las palabras de Wayland, Fénesis dijo—: Y-yo t-tampoco … estoy bromeando…

Su voz se tornó más suave al final, como si ella sintiera algún tipo de presión por la mirada de Wayland.

Si estuviera vestido, el físico de Wayland sería bastante delgado en comparación con el de un transeúnte, pero su cuerpo en realidad no tenía exceso de grasa, como una escultura. Manchas de carbón cubrían todo el trayecto hasta su codo, y sudaba profusamente a pesar del clima helado.

En contraste, Fénesis, que venía todos los días, se sentaba en una silla y miraba su trabajo con aburrimiento, no podía discutir.

Pero Wayland era realmente un genio en este aspecto.

Después de un rato, escondió la molestia que mostraba en el rostro hace un momento, se encogió de hombros, y se volvió hacia el horno nuevamente.

—Como sea, pero no te me pongas en medio.

—Ah…

Fénesis intentaba decir algo, pero tartamudeó.

—Muchas gracias. —Terminó cambiando su tono mientras le agradecía.

Era una delicada dama dominada por un hombre feroz.

En ese momento, Kusla sintió que era un poco soso.

Fénesis, quien le daba a Wayland una expresión de admiración, se dio la vuelta para darle una cara condescendiente a Kusla. Esta fue también una de las razones por la que Kusla se sintió así.

—¿Y? ¿Qué hago?

«Date prisa y escúpelo, alquimista que solo sabe hablar».

Le costó verdaderamente mucho esfuerzo no chasquear la lengua cuando percibió esta frase no expresada.

—Wayland, ¿está listo el conducto de ventilación superior?

Al oír las palabras de Kusla, Wayland se dio la vuelta y meneó la cabeza.

—Aún no, pero… Ah, lo haré. No puedo dejar que te encargues.

—¿Sabes cómo hacer eso?

En respuesta a la pregunta de Kusla, Wayland miró hacia atrás con una expresión salvaje llena de rencor que en cualquier otra situación.

—Solo quieres comer de un crisol³, ¿verdad?

En cuanto a quién empezó a usar esta frase y qué significaba exactamente, quizás nadie de esta era lo sabía.

De todos modos, tanto alquimistas como artesanos decían eso siempre que discutían.

Kusla se encogió de hombros, y Wayland se dirigió a las escaleras y subió.

—Vaya que eres bipolar —murmuró Kusla con ironía.

Fénesis, que miraba fijamente a Wayland mientras este subía las escaleras, dijo con una actitud crítica—: Es mucho mejor que algunas personas que solo saben hablar, ¿no crees?

—…

Sin saberlo, Kusla se convirtió en el villano, y Wayland en el héroe.

Las vicisitudes están en todas partes, y algunas oportunidades menores harían que las cosas cambiaran. Esta fue la primera vez que un alquimista lo aprendió de primera mano.

—Bien pues, ¿qué se supone que debo hacer?

—… Wayland se fue a hacer la parte más dura de la reclamación. Estamos a cargo de mantener el fuego encendido abajo.

—Entendido.

—No obstante…

—¿…?

Kusla midió el atuendo de Fénesis, y suspiró.

—Tu ropa blanca se ensuciará si la usas para trabajar.

Había mucha tela usada para el velo, la ropa suelta y las mangas grandes.

La tela blanca pura era un simbolismo de la pobreza, la obediencia y la pureza, y parecía preocupante en este taller lleno de carbón y aceite.

—Será mejor que te cambies a otra cosa. No sé si aquí haya algo que puedas usar.

Kusla corrió al almacén, buscó por un rato, y encontró algunas piezas de ropa decentes.

—No está mal. Esto se ve muy bonito, ¿no crees?

—No tomes esto como una broma, por favor.

Fénesis, que terminó de cambiarse en el dormitorio, miraba a Kusla mientras decía esto, aparentemente envuelta en tela.

Debido a los constantes dobleces en los pliegues, esta ropa se parecía más a una armadura de tela envolviéndola en vez de ser usada en ella.

Sin embargo, su pelo largo permaneció en el velo. Insistió en no quitárselo, diciendo que ella sola no podría ponerlo de vuelta en su lugar si se lo quitaba.

Así pues, Kusla no le quedó más que agregar un saco, y se sintió tan intrigante como un toque final después de algunas modificaciones.

—No importa, dejémoslo así por el momento. Si no empezamos a trabajar, ese hombre nos va a gritar.

Fénesis asintió con fuerza, indicando estar de acuerdo con las palabras de Kusla.

No obstante, más que una muestra de su miedo a Wayland, ella parecía no querer obstruirle con su trabajo.

—Es muy raro ver minerales de zinc de alta pureza, pero se mencionó una vez en el más alto nivel de registros metalúrgicos que poseen los Caballeros. Es un mineral violeta claro que es como un ámbar transparente…, pero lo que podemos usar son minerales llenos de grandes cantidades de impurezas.

Como Kusla fue el compañero de Wayland en el mismo taller en el que fueron aprendices, tenía una idea aproximada de dónde estaba el equipo cuando trabajaba. Pronto encontró un mineral, una gran roca sin triturar.

—Este mineral… Bueno, no está tan mal. Si el color fuera un poco más oscuro, significaría que hay un mayor contenido de hierro, y no sabríamos si estamos extrayendo zinc o hierro. A veces, habría azufre, pero la impureza más común en el interior es el plomo; a veces, podemos encontrar plata.

Se podía ver un cristal, brillando como cera de abeja, del mineral, derretido incompletamente y amalgamado. Kusla ya había encontrado un martillo, pero, al ver a Fénesis, estaba seguro de que el martillo era probablemente más pesado que ella.

Por lo tanto, fue a por un cincel y un mazo en un estante cercano y se los entregó.

—Aplástalo. Solo tienes que hacerlo del tamaño de piedras.

—…

—Y ten cuidado con tus ojos. Los fragmentos aplastados pueden salir volando hacia tus ojos.

Fénesis parpadeó en respuesta a las palabras de Kusla, y asintió.

Sus delicados brazos eran tales que las herramientas más pequeñas parecían pesadas en sus manos. Caminó con una extraña postura hacia el mineral colocado en el suelo, pesándole aparentemente el cincel y el martillo. Kusla la miró con una expresión similar a la de cuando estaba frente a los pergaminos en la mesa.

Levantó el mentón, indicando que ella debía continuar, y ella se inclinó tentativamente. Estaba prácticamente recogiendo flores para hacer un anillo de flores mientras se sentaba elegantemente frente al horno, y eso era ciertamente una sensación extraña.

Pero ciertamente fue interesante ver cómo se estremecía tentativamente, «pam, pom», y martillaba con el cincel.

Quizá no sea mala idea tener una discípula. Esta ridícula noción resplandeció en su mente, y él inadvertidamente se rasguñó en respuesta antes de proceder a trabajar en otra cosa.

Técnicamente, el proceso de extracción de zinc no era fácil, pero la parte difícil era enfriar el aire convenientemente. Esto requería una cuidadosa atención a la introducción de aire y a la regulación de la temperatura de las llamas. Tomás había definido en sus registros la cantidad de minerales a utilizar y la cantidad de carbón a quemar, y el contenido de zinc, la composición, la forma y las impurezas extraídas de los minerales se convertirían en la siguiente línea crucial para resolver el pequeño universo de Tomás.

A menudo se dice que uno tenía que robar las habilidades de su maestro a través de los ojos, pero Tomás probablemente habría odiado que le robaran los resultados de su investigación metalúrgica.

—¿Pudiste aplastarlo?

Kusla se dirigió al horno, con la intención de hacer algunos preparativos, pero se giró al ver la mirada incómoda de Fénesis.

Miró hacia arriba, y encontró que solo había trozos, demasiado pequeños para llamarlos fragmentos, junto a ella.

En ese momento, no pudo evitar suspirar. Se arrodilló, y acercó las manos por detrás de ella mientras casi se le tiraba encima.

—No lo aplastes tanto. Mírame.

—¿Eh? Ah…

Kusla le agarró las manos con fuerza, ella estaba totalmente perdida. Preparó su cincel, y sujetó con fuerza el mango del martillo.

Sus manos, e incluso su pequeño cuerpo, estaba a merced de los brazos de Kusla.

—…

—Es peligroso que relajes tu agarre. Sujétalo tan fuerte como puedas.

—¡…!

Sujetó las manos de Fénesis mientras ella se curvaba de miedo, comenzó a aplicar una cantidad moderada de fuerza para sostener con firmeza y, ¡pac!, estrelló el martillo contra el cincel donde reposaba el mineral.

—Este es un mineral inesperadamente bueno. Si un buen mineral se tritura bien, la superficie triturada brillará.

—…

—Bien, el que sigue.

Kusla agregó deliberadamente esa línea, probablemente para mostrarle esta superficie rota a una Fénesis un tanto incómoda, y luego procedió a aplastar la roca dos o tres veces.

Pac, poc. Mientras estos sonidos resonaban claramente, Fénesis se acobardaba sin querer, pero pronto se acostumbró.

Parecía haber entendido cómo aplicar la fuerza, así que Kusla soltó primero la mano que sostenía el martillo.

—Mantendré el cincel estable, así que solo martilla fuerte.

La pequeña mano de Fénesis, que sostenía el cincel, estaba enteramente cubierta por la de Kusla, así que no había necesidad de preocuparse de que se golpeara ella misma.

—Si temes que de la nada golpearás demasiado fuerte, golpea ligeramente primero, y luego agrega más fuerza gradualmente.

Fénesis contuvo la respiración en silencio, y empezó a golpear el cincel mientras seguía lo que decía Kusla.

—Un poco más fuerte.

Pa, pom.

—Un poco más.

Pom, pom.

—Ponle más fuerza.

Pom, pom.

—Solo dale pensando que es la cabeza de alguien que odias.

¡PAM!

La mano izquierda que sostenía el cincel, quedándose sin nada de lo que sostenerse, se cayó hacia un lado.

El mineral que tenía delante quedó aplastado en mitades, ambas partes rodaban mientras mostraban un hermoso brillo.

—Así es como es. Sigue así.

Kusla soltó la mano que sostenía el cincel, y dio una palmadita en el hombro de Fénesis.

Ella se miró las manos, con la cara como si acabara de presenciar algo inexplicable.

—Ese último golpe fue bueno —comentó Kusla.

Fénesis se giró hacia otro lado manteniendo esa expresión.

—A propósito, ¿en quién pensante cuando mencioné la parte de alguien que odias?

Fénesis alzó la cabeza, aparentemente pensando en ello por un momento, pero pronto se volvió hacia Kusla, y respondió pretenciosamente—: No hace falta que lo diga, ¿verdad?

—Ya.

Fénesis resopló de manera condescendiente, se volvió hacia atrás, y continuó aplastando las rocas. Ella era ciertamente más feroz que antes, y uno podía escuchar esto por los sonidos de los golpes. Kusla estaba a su lado, escudriñando entre las rocas que se podían usar, y podía ver lo muy seria que estaba. Quizás, en contraste con su apariencia, a ella realmente le gustaba este trabajo.

Kusla recolectó los trozos aplastados que habían sido tamizados, y luego usó un martillo más grande para aplastarlos.

En esta fase, las impurezas se podrían eliminar de los minerales de hierro u otros, pero no de los de zinc. Se necesitaba calentar las otras impurezas a una cierta temperatura.

Los fragmentos que fueron aún más aplastados por Kusla se colocaron en una balanza, y las partes insuficientes se trituraron aún más antes de ser añadidas.

—Eh, ya hiciste suficiente.

No había vacilación en los sonidos de los golpes; no se sabría si ella se volvió adicta a ello, y los fragmentos aplastados habían formado una montañita.

Una Fénesis sin emoción, al escuchar las palabras de Kusla, se recuperó abruptamente de su estado de trance. Respiraba erráticamente, pero se veía satisfecha después de haber desahogado sus frustraciones.

—Vaya que le has dedicado esfuerzo. ¿Había algo que te molestase a diario?

Kusla se acercó a Fénesis, que estaba de pie junto a la balanza, y le quitó el martillo y el cincel de las manos al pedírselos. En respuesta, sus hermosos ojos verdes se volvieron hacia él.

Ella se limpió el sudor debajo de su nariz con la mano y, con la misma expresión pretenciosa que mostró ya una vez, contestó—: Porque hay alguien que me ha estado fastidiando a menudo.

—¿De verdad? Sí que hay mucha gente mala en este mundo.

Fénesis solo pudo mostrar una mirada de desamparo y sorpresa en respuesta a las palabras de Kusla, pero uno podría sentir una sonrisa de parte de este último.

—Bueno pues, hay que pesar estos minerales y luego mezclarlos con el carbón preparado.

—Es necesario usar mucho carbón, ¿cierto?

—Sí, así es. Se requiere en la mayoría de los procesos metalúrgicos. La potencia del fuego es grande al arder, y obviamente es material per se. Estos están hechos de haya, y hay muchos tipos que podemos utilizar, es igual a cómo podemos elegir el pino o el roble en el sur si queremos refinar el material. Sin embargo, hay que usar mucho sin importar el tipo de árbol que sea, así que, si podemos encontrar alguna forma de fundir el metal a un alto ritmo, el costo ahorrado será enorme.

Mientras pensaba en ello, Kusla de pronto arguyó—: «Esto es exactamente igual a cómo controlamos el corazón de una persona».

—Después de esto, tiraremos este carbón al fuego para que se queme y, una vez que eso suceda, la cantidad de zinc vaporizado aumentará —dijo Kusla mientras señalaba el techo.

Fénesis levantó obedientemente la cabeza para mirar allí.

—Wayland se encargará de condensar el vapor de zinc y recolectarlo.

—…

Fénesis volvió a ojear hacia atrás y luego, con una mirada de incomprensión, dijo—: Esto suena simple…

—No es demasiado difícil una vez que entiendes la razón, pero al principio será difícil por estar andando a tientas.

—…

Obviamente, Fénesis no podía entender lo difícil que era realmente. Lo mismo sucedió con Kusla, una vez que salió de su taller vocacional, realmente queriendo inventar algo con sus propias fuerzas, solo para entonces darse cuenta de lo difícil que era.

—Pero es probable que descubras su dificultad en unos momentos.

—¿Eh?

Mientras que Fénesis era incapaz de comprender nada, Kusla señaló el fuelle que estaba a su lado, y medio sonrió con cierto significado.

 

 

—¡No hay suficiente calor!

El rugido de Wayland vino de arriba.

Cada vez que Fénesis escuchaba esta oración, ella apretaba los dientes, combaba, y se agachaba.

Pero no se acobardaba de miedo por el repentino rugido, sino que ella era demasiado liviana y no tenía fuerza suficiente. Si no hacía esto, no podría usar el fuelle.

—Ugh…

Su cara se enrojeció, y gimió al usar toda su fuerza para presionar el fuelle hacia abajo, abrirlo, y volver a presionarlo hacia abajo. Kusla, sin embargo, estaba observando su trabajo con una mirada relajada en el rostro.

—¡Creo que es mucho calor! Parece como el que se usa para refinar hierro.

Entre todos los procesos de refinación de metales, la temperatura más alta que se necesitaba mantener era la del hierro. Una gran cantidad de aire tenía que ser aspirada en el fuelle, pero no había necesidad de una temperatura tan alta cuando se refinaba el zinc.

—…

—Para los clérigos, puede que la oración constante y la fe te purifiquen, pero, en nuestra línea de trabajo, tenemos que sudar bastante seguido.

—¡…!

Fénesis miró a Kusla. «Por favor, no me digas eso ahora», sus ojos parecían decir. La cara se le puso roja, y estaba empezando a palidecer por doquier.

Probablemente tenía anemia.

—¡Kusla!

En ese momento, el grito ansioso de Wayland vino de arriba, pero Fénesis no pudo levantarse después de presionar el fuelle hacia abajo con su cuerpo. Kusla la llevó al lado de la ventada, donde hacía más fresco y pasaba el viento.

—¿Estás bien?

Al escuchar las palabras de Kusla, Fénesis simplemente abrió un poco los ojos, mas estos no parecían enfocados.

Kusla entonces le dio unas palmaditas en la mejilla varias veces, y luego se puso de pie y se arremangó.

—¡Jup!

Y entonces abrió el gran fuelle antes de proceder a presionarlo con fuerza.

Inmediatamente se introdujo aire en el horno y se produjeron chispas.

—¡¡Agh!! ¡Me quemo!

Al oír el grito de arriba, Kusla carcajeo maliciosamente y continuó introduciendo aire en el horno.

La gran cantidad de aire entraba en el enorme horno, y continuó ardiendo en su interior; el cacareo sonaba como si fuera el centro del propio Infierno. Las chispas voladoras surcaban por la colina de materiales reunidos, y las llamas en el horno se tornaron de rojo a amarillo, y luego, a blanco. Había muchos supersticiosos entre los herreros, pero este fenómeno era tal que incluso los alquimistas, que eran considerados excéntricos por otros, no podían evitar fruncir el ceño.

Pero para aquellos que lo habían presenciado una vez personalmente, cualquiera podría entender la causa.

Era literalmente santidad.

El resplandor que brilla detrás de Dios debe haber sido el mismo que el que se produce cuando se refinaba el metal en el horno a altas temperaturas, y Kusla ciertamente lo sentía así.

—El plomo está empezando a hervir. ¿¡Aún no está listo!?

Abrió la pequeña ventana metálica en la mirilla del horno, y descubrió que había algo de ebullición en el crisol. Las partes aún no fundidas eran hierro y otras impurezas.

—¡Aquí ya casi está! ¡Sigue hasta la mitad de un canto de oración del Festival de Primavera!

—¡Vale! —respondió Kusla, reduciendo gradualmente el volumen de aire introducido.

En la metalurgia u otras formas de trabajo, el propósito del canto era ajustar los intervalos y duraciones cuando se introducía el aire.

Podrían usar un goteo o un reloj de arena para este propósito, pero a la hora de hacer trabajo físico, nadie se molestaría en observar cambios tan pequeños. En esta situación, el canto permitiría ser más feliz en el trabajo.

Muy a menudo, había alquimistas que eran reportados a la Iglesia por recitar algunos hechizos u oraciones extrañas delante de un horno, pero cuando se trataba de un pequeño horno y fuego, era mejor cantar suavemente.

Después de eso, Kusla conversó con Wayland, que estaba arriba, muchas veces, y dejó de introducir aire en el momento previsto en que aparecería la ceniza de plomo no evaporada. Los registros que Tomás dejó atrás eran posiblemente correctos y, aunque hubo algunos esfuerzos, la leña y el carbón se quemaron al mismo ritmo. Después de dejar enfriar el horno durante un tiempo, solo tenía que obtener los cristales de zinc enfriados del techo y la salida del suministro especialmente diseñada para completarlo todo.

Parecía simple, pero Kusla terminó sudando por todas partes.

Santo cielo, justo cuando él estaba por suspirar, Fénesis finalmente recobró el conocimiento.

—Parece que no te convertirás en un San Alcánics.

—¿…?

—Es un santo que protegió a los herreros.

—…

Fénesis mostró una mirada de disgusto, pero miraba más allá de Kusla, hacia el horno.

—¿Ya se acabó?

—La mayor parte.

—…

Fénesis finalmente dio un suspiro de alivio y relajó su cuerpo, apoyándose contra la pared.

—¿Puedes ponerte de pie?

—… ¿Hay algo que deba hacerse?

Como una hermana típica, pese a estar agotada por el cansancio, continuaría trabajando obedientemente mientras aún haya algo que hacer. Se forzaba a ponerse de pie, y aunque empezó a tambalearse cuando se paró, Kusla igualmente se sintió impresionado por su fuerza de voluntad.

—Hay una recompensa para ti después de tanto trabajo. Vamos arriba.

—¿Eh?

Kusla primero arrancó, y Fénesis, aferrándose a esa armadura de tela que la cubría con todas sus fuerzas, lo siguió.

Subieron las escaleras, atravesaron el taller repleto de objetos y abrieron una puerta interna. Frente a ellos no había una pared, sino un horno saliente y un acueducto utilizado para impulsar la noria.

Kusla había cogido una botella de licor mientras pasaba por el taller. Y Wayland, ya habiéndose puesto la camisa, estaba sentado frente al horno.

—¿Qué tal está?

Wayland pareció haberlos notado solo cuando escuchó la pregunta Kusla, dándose la vuelta para dar una mirada sospechosa. Tal vez porque cuando trabajaba, se ponía tan tenso que se volvía loco aún si solamente pasaba una brisa; el efecto secundario de esto era que una vez que se hacía el trabajo, inmediatamente volvía a su inútil forma de ser.

Levantó la barbilla. Normalmente, el eje de viento —también había sido diseñado para ser una mirilla— tendría algo así como una caja de hierro que actuaba como un pasaje usado para sacar aire para enfriar. Kusla entonces procedió a mirar dentro.

Luego se encogió de hombros, y se volvió hacia Fénesis.

—Échale un ojo.

—…

—No estornudes.

—…

Volvió a esa mirada condescendiente que le mostró una vez, combinada con una mirada escéptica pensando que había sido engañada de nuevo, haciendo que Kusla no fuera capaz de fastidiarle.

—El zinc es muy ligero, y puede flotar en el aire.

—… Tomaré nota —dijo, y se agachó para mirar en la caja de metal.

Ella inmediatamente se sorprendió por el hedor que había en la caja, y se retiró involuntariamente.

Levantó la cabeza, y miró a Kusla y a Wayland.

—Lindo, ¿no?

Fénesis no respondió mientras tragaba saliva, y volvió a mirar en la caja. Detrás de ella, Kusla entregó la botella a Wayland, y este procedió a tragar de ella como si estuviera bebiendo agua.

Se debía enfriar la caja metálica si querían recoger el zinc de forma eficiente, y las marcas de agua que salpicaban alrededor eran la prueba de ello.

—Este mineral no está nada mal. La alquimista Rice Mitchenbelk dijo una vez: «El zinc es el Lama Filosónico; como un tallo, pero de agujas, y se siente como un algodón blanco como la nieve».

—Bellamente refinado…, pero… aún falta el pesaje y análisis de las cenizas…

—Eso déjamelo a mí. Si somos capaces de obtener este resultado de manera prístina, no nos llevará mucho tiempo descifrarlo.

—Ese Tomás… realmente era un mago —dijo Wayland, y se acostó.

Magia, Fénesis reaccionó a este término y giró la cabeza, mostrando en su rostro una expresión de inexplicable confusión. Parecía a punto de llorar, pero a punto de reír; una emoción inestable.

Esa emoción era probablemente «entusiasmo».

—Los minerales excavados del suelo pueden llegar a ser como este si se los maneja correctamente.

Al escuchar las palabras de Kusla, ella pareció tambalearse, y miró hacia el interior de la extraña caja de metal, ostensiblemente atraída por ella; parecía ser incapaz de controlar la sorpresa que llevaba dentro.

—Más conmovedor sería si podemos extraer oro del mineral de plomo.

—¿Eh? —Fénesis volvió la cabeza inmediatamente—. Pero… eso es…

—¿Convertir el plomo en oro? Jajaja —se rio Kusla, burlándose—. El plomo nunca se convertirá en oro, pero podemos extraer oro de los minerales de plomo. Esos son probablemente unos rumores que unos viles alquimistas esparcieron, y deliberadamente exageraron.

—Aunque tendrías que usar muuuuchos minerales de plomo para extraer este poquito de oro.

Wayland, aún tendido en el suelo, extendió los brazos para hacer gestos, y acercó finalmente sus dos manos hasta que sobrara la distancia de dos yemas de dedo.

—Siempre estamos haciendo este tipo de trabajos metalúrgicos.

—Y seguiremos adelante.

Así de sencillo, Kusla bajó la cabeza y miró a Fénesis, mientras esta última, como un títere con las cuerdas rotas, respondió—: Ya…

—Vayamos arriba. La temperatura de aquí bajará drásticamente. ¿Qué harás tú?

—¿Yo? Déjame tomar otro trago más de esto.

Wayland se tumbó en el suelo mientras miraba la caja de metal, y agitó la botella de licor que tenía en la mano.

Kusla entonces se encogió de hombros, le dio una palmadita a Fénesis por detrás del hombro y la llamó.

A diferencia del exterior, el interior del taller todavía estaba caliente y, tras cerrar la puerta interior, el agua que salpicaba en la noria se veía un poco distante cuando la habitación de pronto entró en silencio. En ese momento, Fénesis era como una creyente conversa que acababa de presenciar un milagro al vérsele aturdida, con los labios bien cerrados, incapaz de decir una palabra. Mientras subían las escaleras hacia el dormitorio, Kusla advirtió que a ella aún le temblaban las piernas, y decidió que no había más remedio que echarle una mano.

—¿Conmovida?

Su tono iba con cierta burla, pero Fénesis no dejó de mirarlo fijamente y asintió con la cabeza, lenta y profundamente. Incluso cuando Kusla y Wayland estuvieron sirviendo a su aprendizaje, cuando planearon envenenar a ese odioso maestro suyo, ellos lo vieron sonreír una vez —mas solo una vez— y le oyeron decir algo agradable.

Fue entonces cuando tuvieron éxito en su experimento, cuando él quedó tan conmovido como lo estaban Kusla y Wayland, quienes eran incapaces de decir nada.

—Bienvenida al mundo de un alquimista.

 

 

Fénesis miraba de un lado a otro entre el rostro de Kusla y su mano extendida, y lo más apropiado sería llamar a su expresión una de confusión.

Ella, tras un momento, le sujetó tímida y temerosamente al extender la mano, lenta pero firmemente.

—Pero bueno —dijo Kusla mientras miraba hacia la mesa del dormitorio, hacia el pequeño universo de Tomás. Le pareció que el significado en los pergaminos era completamente distinto al de hace un rato—. Sientes que es un poco lamentable, ¿no es así? Nosotros no somos capaces de hacer nada relacionado con la magia.

—Eh…

Parecía que Fénesis quería decir algo, pero al final decidió no hacerlo, y mantuvo la boca cerrada.

—Supongo que tu superior no quedará contento si no tienes nada de lo que informarle.

Wayland disfrutaba del licor en la habitación interior, y Kusla se percató en ese momento de que también tenía sed.

—Puedo informarles que ustedes dos han estado bebiendo durante el día.

—Pero la congregación de la Iglesia también bebe.

—Por favor, no asocien su excesiva indulgencia con el vino de uva utilizado para la Eucaristía. Eso es un sacrilegio a Dios.

Kusla bajó la cabeza con tristeza; parecía que Fénesis no estaba enfadada realmente.

—Pero comparado con todos los supervisores que he conocido hasta ahora, eres mucho mejor que ellos.

—… ¿Eh?

—Esa gente nunca tuvo la intención de entender nuestro trabajo. Tu cara muestra una repugnancia indisimulada, pero viniste con algunos conocimientos básicos y libros introductorios para leer. Incluso te vestiste así, sudaste a cántaros y ayudaste a apretar el fuelle.

Al ver cómo estaba vestida, Fénesis bajó la cabeza un poco avergonzada.

—Pero ¿te ha gustado esto?

Al escuchar la pregunta de Kusla, Fénesis levantó la cabeza.

Y sonrió entonces a regañadientes.

—Muy conmovedor.

—Claro. Es tan conmovedor que podrías tirar todo lo demás por la borda. Cuando los últimos caballeros se paran en la cima de una colina, mirando la lejana puesta de sol, incluso cuando todos los aliados con los que habían luchado durante años han muerto, aún podrán llegar al final de ese día pacíficamente; o algo así era.

—… La leyenda del rey Kuzar.

—Correcto. Lo cierto es que las esperanzas están en todos lados. —Kusla vertió un poco de licor en un vaso y, mientras lo levantaba ante sus ojos, dijo—: Los alquimistas son la luz de la verdad.

Fénesis miró fijamente a Kusla, que estaba a punto de beber el licor, y suspiró ostensiblemente a propósito mientras levantaba la mirada hacia él.

—Eso es imposible para alguien que le gusta mentir, como tú.

—… Qué convincente suena viniendo de alguien que ha sido engañada tan a menudo como tú.

Al escuchar las burlas de Kusla, Fénesis curvó los labios sin darse cuenta, pero al final sonrió con ironía.

—Informaré sobre lo que pasó hoy tal como fue.

—Como quieras, pues —contestó Kusla.

Fénesis seguía mirándolo fijamente.

Era una expresión verdaderamente inexplicable, puesto que su cara mostraba lo que parecía una sonrisa y, sin embargo, tristeza.

—¿Hm? —Kusla no pudo evitar preguntar.

Fénesis dudó por unos momentos, y entonces dijo en voz alta—: Tú… No, ustedes realmente viven una vida libre.

El mundo fue creado por Dios, y en este mundo del orden los únicos que en verdad podían obtener la libertad era un rey que lo tenía todo o herejes que no tenían nada.

Naturalmente, Kusla y los demás no podían ser reyes.

Y, aun así, la cara de Fénesis mostró envidia cuando dijo eso, pero su sonrisa estaba llena de letargo.

—¿Tú no?

En un monasterio, especialmente uno afiliado a los Caballeros, lógicamente no habría nada relativo al término “libertad”. Empero, había libertad para elegir si entrar o no en un monasterio.

En respuesta a la pregunta de Kusla, Fénesis no le miró a los ojos mientras ella se ponía de pie sin decir nada.

—Iré a cambiarme.

—… Adelante —dijo Kusla posando las manos sobre sus mejillas para torcerse el cuello, y mientras vio a Fénesis entrar en la habitación de un costado.

 

 

Esa noche, Fénesis regresó al monasterio, y Wayland durmió profundamente debido a la fatiga del trabajo durante el día. Kusla llenó un recipiente de vidrio con agua, encendió una vela que podía flotar sobre él para iluminación, y comenzó a leer el código de Tomás.

Aún quedaban otros pergaminos. Utilizando los resultados de la refinación del zinc y otros resultados anteriores, Kusla podría encontrar una manera de refinar el hierro con una muy alta pureza.

Aunque las plantas descansaban, Kusla, como corresponde a su título, no se sentía cansado en absoluto.

En la lista de los pergaminos no solo figuraban algunos resultados metalúrgicos secos, sino también algunos de los sentimientos y pensamientos de Tomás. Kusla supo advertir, leyendo entre líneas, que Tomás había sentido la emoción de haber logrado algún tipo de avance a través de sus muchos experimentos.

Los pergaminos solamente indicaban el resultado final correcto, pero se puede decir que, en este taller, él pasó por innumerables dificultades y numerosos sufrimientos, mas nunca se dio por vencido, nunca vaciló, y se concentró en dirigirse hacia su meta.

Naturalmente, Kusla no sabía cómo murió Tomás.

Pero si fuese a adivinar basándose en su opinión, no sería muy difícil pensar que Tomás, al lograr un hierro de tal pureza, bebió demasiado en su euforia, y se vio envuelto en una riña sin sentido.

Estos pergaminos enumeraban claramente la emoción que sintió en ese momento, y se podía sentir a pesar de su letra tranquila y su elección conservadora de palabras. Kusla respiró hondo, y el olor único de los pergaminos le entró por la nariz.

Él también estaba infectado por la excitación de Tomás.

Pero lo que más le entusiasmaba era que si podían lograr una manera de purificar el hierro hasta tal punto, podrían encontrar un camino hacia el Magdala. Esta era la razón más grande para Kusla, que apostó toda su existencia en ello; no, la única razón por la que todo alquimista podía insistir en serlo era en pos del Magdala.

Pero hay que tener en cuenta que no debía haber errores en este proceso.

Kusla revisó los números y códigos varias veces, abrió un libro viejo y lo comparó con los otros libros que quedaban en el taller de Tomás mientras lo descifraba.

Y así, apenas apareció esta línea, su mente se quedó en blanco por un momento.

Retrocedió varias veces, descifró los códigos, volvió a inspeccionar el resultado metalúrgico utilizado para resolver el secreto y lo volvió a afirmar.

Aun así, el resultado descifrado fue el mismo.

No fue su propio error, ni lo vio erróneamente.

Cuando quedaban dos pergaminos, halló esa última línea.

—¿Perdón… de Dios?

Un detalle trivial hizo que todo el significado cambiara.

Kusla soltó su pluma, y se levantó de la silla.

Y Wayland, poco después, tuvo un arrebato como de borracho, y se levantó de la cama.

 

 

Notas:

1NE: Primera vez que lo digo, pero no será la última: no confundir “pergamino” con “papiro”. El primero se hace con cuero de animales jóvenes y el otro con fibras vegetales de la planta de igual nombre.

2NE: No es del todo correcto lo planteado en este párrafo. Si están interesados, por favor investiguen con Google-sensei. (NT: La razón de las explicaciones erróneas de los personajes se aclara en las notas del autor, así que no se molesten mucho por esto).

3NE: Cavidad en los hornos que recibe el mineral fundido. También es el nombre de un útil de laboratorio químico.

4NT: Esto me sorprendió, la verdad. Debería decir “Philosophic”, pero dice “Philosonic” con n. Hasta me animé a revisar las raw, y resulta que dice “フィロソニク” que es lo que puse en español. No es una palabra, está más bien escrito como un nombre per se. Supongo que habría que tomarlo al literal (tomando en cuenta lo de Filo- y -sónico).


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