Magdala — Volumen 1, Acto 2

Traductor: Absolute
Editor: Fixer-san


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Acto 2

 

Fénesis se echó a llorar por un tiempo no muy largo.

Al momento que Kusla le tendió una mano, ella retrocedió arrastrándose por el suelo.

Kusla estaba más o menos acostumbrado a esta situación. Él no la persiguió sin razón, pero decidió fingir calma mientras la vigilaba.

Ordenó los libros y los rollos de pergamino que fueron llevados al taller. Kusla los colocó junto a los objetos que dejaron los anteriores alquimistas residentes, y separó el material que le faltaba leer. Había una serie de libros hechos de cuero de animales grandes como los ciervos o artículos duros como una tabla, algunos de ellos incluso atados con papel de aluminio dorado. Al abrirlos, se mostraría un largo texto impreso con vibrantes ilustraciones. Evidentemente, fue un proceso muy laborioso en mano de obra.

Por lo general, estas eran características de las pertenencias de un arzobispo —o las de un Cardenal—, de los objetos que se podían encontrar en una Gran Laura¹ o una Gran Catedral.

Era una maravilla cuántos libros de esa clase había.

«Un taller cerca del frente vaya que es increíble», pensó Kusla.

Después de trabajar durante un buen rato, advirtió algo moviéndose por el rabillo del ojo, y descubrió que Fénesis, quien ya se había calmado, estaba usando sus manos para apoyarse en un intento de levantarse.

Parece que aún no podía ponerse de pie.

Kusla metió los rollos de pergamino en la estantería, y, con un suspiro, se acercó a ella.

Al escuchar los pasos, Fénesis se volvió con sorpresa a Kusla. Lo observó mientras él extendía su mano; miró la mano, luego su cara, antes de agarrarla y ponerse de pie.

Sin embargo, sus pies temblaban como un cervatillo recién nacido; Kusla terminó teniendo que prácticamente levantarla, y la devolvió a la silla. Su cuerpo era delicado, y como todavía era joven, sus pechos aún eran pequeños, en la medida en que no cabían en la mano abierta de Wayland.

No obstante, su cuerpo estaba bien proporcionado, y había una sensación de elegancia en la firmeza del pecho.

Si se la ve como el cuerpo de un felino, ciertamente podría ser vista como el gato mimado de una mansión.

—Vaya desastre en el que te has metido —dijo Kusla mientras servía té hecho de hierba de vainilla seca. La muchacha, cuyos ojos estaban hinchados por las lágrimas, sollozaba de vez en cuando mirando la mesa—. Acercarse a un alquimista sin pensar es un error. ¿Nadie te lo dijo antes de venir aquí?

Kusla puso la taza echando vapor justo frente a Fénesis, y ella arqueó su espalda cuando un objeto ostensiblemente sospechoso se le puso delante.

Alguien debió habérselo advertido.

—¿Nn?

Después de que se le volviera a plantear la pregunta, Fénesis miró a Kusla con sus ojos hinchados y llenos de lágrimas.

—Pero… yo nunca…

—Bueno, tienes razón.

En respuesta a Fénesis, que respondió con voz ronca, Kusla se armó de valor con una actitud decidida.

—Si no hubiera estado cerca, quién sabe qué te habría pasado.

—¡…! —Su cuerpo se tensó. Esta vez, su rostro se estremeció de miedo, y ahuecó los hombros.

Ella hizo un juramento en el monasterio.

Obediencia, pobreza.

Y también, pureza.

—Wayland… Bueno, él es ese tipo de bestia que devoraría todo. Sin importar cuán joven sea esa chica. Aún si es una monja, él la tomaría igualmente.

—…

Fénesis se sujetó los hombros, y dirigió directamente a Kusla una mirada aterrada que le resultó difícil esconder.

—Además, esos alquimistas genuinos tienen algo más aterrador que un apetito por la carne. Para una bestia como Wayland, una doncella pura es el mejor juguete que puede proporcionarle hasta el triple de placer.

—¿…?

Kusla levantó tres dedos. Fénesis estaba tan completamente aterrada de esa idea que no podía ni empezar a imaginarla, pues mostraba una expresión completamente perdida.

—Primero, se pueden obtener buenos ingredientes de una doncella para los experimentos. Tales como las hebras de cabello, uñas, lágrimas y sangre fresca.

Ella no pudo emitir ni un gemido mientras apretaba los dientes, sintiendo que se le tensaba el cuerpo.

—En cuanto a lo segundo… por supuesto, no hay necesidad de que lo aclare. Del que solo uno saldría complacido, ya que… bueno, es doloroso.

Esta vez, los dientes apretados de la muchacha se presionaron contra sus labios, y levantó su mandíbula inferior ligeramente hacia Kusla.

El enemigo de todas las mujeres; o más bien, un acto peor que el de una bestia.

—Y el último método de disfrute es…

—… ¿Es…?

La razón por la que pudo hacer la pregunta es que el segundo acto fue fácil de entender; era un acto malvado que todos conocen.

Su enojo era comprensible, y esa pregunta era más o menos el mejor remedio para recuperar su cordura.

Sin embargo, Kusla respondió su pregunta descaradamente—: El tercero es el más malicioso. La razón por la cual los demonios se llaman demonios. En este sentido, ¿qué queda después del segundo disfrute?

Fénesis vaciló al enfrentarse a esa cara helada.

Estupefacción se manifestó en ella ante esta premisa.

Tal podría ser la expresión que cualquier persona de creencia firme mostraría ante la oscuridad.

—Correcto. Un feto.

—…

No se quedó sin aliento debido a la ira, y tampoco tragó saliva debido a la sorpresa.

Ella vomitó.

Su cuerpo rechazó este pensamiento, y ella no pareció dispuesta a comprenderlo.

—La placenta, el cordón umbilical, el feto en sí, cada uno de estos elementos son ingredientes utilizados para hacer elixires de la juventud para la vida eterna desde tiempos inmemoriales. Además, lo primero es viviseccionar el abdomen mientras la madre aún está viva…

Kusla hizo una pausa mientras Fénesis se cubría la boca, pálida, con la cabeza gacha.

Miró indiferente a Fénesis, pensando que ya era suficiente.

Probablemente había argüido que Wayland era la encarnación del mal en el corazón de Fénesis, el emisario del Infierno. Un alquimista loco de la oscuridad y la brujería.

—Lo siento, puede que me pasé de la raya con las bromas. ¿Estás bien?

Fénesis no se veía nada bien, pero ella asintió con firmeza.

—Pero hay dos cosas que te pueden servir de consuelo.

—¿…?

Debido a los vómitos, las lágrimas se escapaban de los ojos de Fénesis. Ella volvió sus hermosos ojos de gema hacia Kusla.

—Fue hace unos años cuando Wayland se volvió loco, atacando a otros de esa manera. Por gracia de Dios, él ha recuperado de cierta forma algo de su humanidad. Con eso y todo, el tercer deseo es lo único ausente; su primer y segundo deseo aún existen. Es mejor tener cuidado.

Fénesis miró seriamente a Kusla mientras este levantaba el segundo dedo, y asintió con la cabeza.

—Y también, la segunda cosa es que tú me tienes de aliado.

Kusla usó el pronombre de segunda persona «tú» que apenas si usaba, y le ofreció una sonrisa.

Fénesis quedó aturdida por un momento, y finalmente mostró una expresión de alivio, como si hubiera regresado del Infierno.

El propio Kusla entendió este alivio. «¡Que Dios te bendiga!», pensó al comprenderla.

—Yo… no te creo.

—Pues claro. No importa, o, mejor dicho, ese ha de ser el caso.

—… ¿Estás tratando de huir del problema?

—Para nada. Si eres una idiota que me cree cuando digo que soy tu aliado, serás engañada por la mascarada de Wayland. En ese caso, no podré protegerte. Sin embargo, mientras tengas ojos que sospechen, una mente que piense, un fuerte coraje para luchar y suficiente devoción, ¿no descubrirás pronto la verdad?

»Sé lo que es correcto, y Dios todo lo sabe. Solo hay una verdad, pero hay muchas formas de encontrarla. Si nos encontramos en algún lugar, podemos tomarnos de la mano y ayudarnos mutuamente. ¿Me equivoco?

«¿Me equivoco?». Al escuchar esto, Fénesis entreabrió la boca mirándolo.

Esos ojos estaban llenos de hostilidad y cautela, pero Kusla se sintió aliviado.

Esos ojos no buscaban cosas que no pudieran entender. Eran humanos cuánto menos, según su entendimiento.

¿Por qué los humanos sienten familiaridad con las cosas que pueden entender?

Y los alquimistas eran completamente lo opuesto, despreciados por muchos.

—¿Qué tal si bebes un poco de té? Es uno que los nobles del sur tratan de popularizar. No te emborrachará como el vino, es nutritivo y efectivo contra las enfermedades. Si se abren las rutas marítimas, se convertirá en un producto comercial muy importante en el futuro.

Kusla extendió una mano hacia la silenciosa Fénesis, como si tratara de aconsejarla.

Fénesis miró el té, y luego volvió a mirar a Kusla.

La intención antagónica en sus ojos desapareció gradualmente, y la cautela fue lo único remanente.

«Ella es muy joven —pensó Kusla al presenciar esto—. Sería fácil de engañar sin importar las veces que ocurra».

Kusla estaba realmente desconcertado, preguntándose qué resultados esperaba el Coro cuando enviaron a esta chica a un lugar como este. Empero, nuevamente se percató de que tal no era el caso.

Es probable que ella fuese igual que ellos.

Post opinaba que el Coro usaría la muerte de Tomás para involucrase. En ese caso, el Coro asumiría que Post habría establecido una posición contraria. En síntesis, sería una pérdida para el Coro enviar fácilmente personal destacado, solo para que al final fuese asesinado.

Por ende, enviarían a alguien que les fuera obediente, pero cuya muerte no sería de lamentar.

Mejor sería si ella pudiera encontrar algo, pero si la mataran por alguna razón, podrían usar esto como excusa para causarle problemas a Post.

Kusla bebió de su taza de té, y miró a Fénesis. Sintió que era imposible para la niña enfrente de él comprender esto, y ella —a partir de su inicial actitud aplicada— parecía estar completamente motivada del orgullo de que se le hubiese sido encomendada semejante responsabilidad.

Existe una gran afinidad entre la ignorancia y el fanatismo, y esto es muy común en el mundo.

El silencio en la habitación se tornó anormal.

Unos minutos más tarde, Fénesis se dispuso a beber del té.

El dicho, «comer en la misma mesa», significaba tener gran confianza en la otra parte.

Kusla realmente quería decirle que habría muerto si el té hubiera estado envenenado.

Debido a que fue capturada por tal persuasión en esta situación, él no podía sentirse feliz en absoluto.

Para cerrar la distancia entre ellos —y por su sentido del deber—, Kusla dijo—: ¿Sabe bien? Es solo una mera imitación, y no sé si tiene el mismo sabor que el que tienen los nobles.

—… No está mal.

Sería más apropiado llamarla de voluntad firme en lugar de obstinada. Tal vez era porque parecía frágil, tanto en apariencia como mentalmente.

—Hablando de eso, aún no me he presentado.

—…

Fénesis dejó su taza, y miró a Kusla con ojos cautelosos.

O quizá ella siempre había tenido semejante expresión.

—Mi nombre es Interés (Kusla) . No sabría decir si es un buen nombre o no.

—¿Es tu nombre real?

En respuesta a la pregunta, Kusla simplemente se encogió de hombros.

—Para un alquimista, no existe tal cosa como un nombre real ni nada por el estilo. Un alquimista es un buscador de algo que va más allá de lo que los humanos pueden hacer. Eso no es algo que un humano pueda hacer; para alguien que se extravía del camino correcto, el nombre de un humano no es necesario.

»Una vez que fallecemos, nuestros nombres no serán grabados en una lápida. A menudo nos entierran en lo más recóndito de un bosque o un desierto; y para tal caso, hay incluso menos razones de tener un nombre real.

Le contó una verdad ligeramente exagerada, pero la chica no pareció muy sorprendida.

Fénesis simplemente bajó la cabeza para tomar un sorbo del té.

—Entonces ¿qué es lo que busca alguien como tú que ya no es humano, Interés (Kusla) ?

Esta pregunta vino con una intensa mirada de máxima concentración.

Ella quería dar una mirada aguda, severa, así como de acero, pero se sentía más como una mirada inocente, adecuada para la vida citadina de cualquier ámbito.

—Hierro.

—¿Hierro?

—Así es. Aunque… diría que es más metal que hierro en sí. Tienen un resplandor opaco, emiten chispas cuando se muelen y emiten un sonido metálico cuando se golpean. Recientemente, Wayland pareció haber desarrollado una obsesión por los metales, y fue llamado a este taller junto conmigo.

»Pero su mente sigue siendo igual, solo que su enfermedad se dirige hacia una dirección diferente, pensando en algunas rocas o metales mágicos. —La continua y constante maledicencia sobre Wayland produjo asco y miedo en Fénesis. Kusla continuó—: Los metales son bellos. Son como… la fe religiosa.

—… ¿Como… la fe religiosa?

—Dios nunca enterró metales subterráneos en sus formas puras, y la gente utilizó todo tipo de métodos para eliminar las impurezas, refinarlas y convertirlas en sustancias puras. Este es un proceso largo y arduo; ¿no es igual la fe religiosa? El querer remover lentamente las impurezas, y acercarse poco a poco a lo puro.

—… Es como dices.

Fénesis estaba un poco indecisa, probablemente preguntándose de qué hablaba un alquimista.

—Y entonces, un día, la fe religiosa se convirtió a algo completamente distinto. En cuanto a si eso fue lo que Dios le ordenó a la humanidad, ya es algo que alguien como yo, que no es creyente, no puede comprender.

—…

Fénesis no respondió, y sus ojos mostraron signos de estar abrumados y expectantes.

«¿Será que él no es tan malo como creo que es?». Esta noción estaba claramente escrita en su cara. Quizá todavía no estaba acostumbrada a sospechar de los demás.

Debido a la diferencia de habilidades, Kusla sintió cierto remordimiento, algo inusual en sí.

A su vez, la obediencia, hasta cierto punto, podría considerarse el único foco de la religión.

Una vez que había una sensación de familiaridad, cualquiera se sentiría con ganas de favorecerla.

O, mejor dicho, si este era el objetivo del Coro, ella podría ser la candidata perfecta para hacer que los demás piensen de esta manera.

«Eso fue peligroso», pensó Kusla.

—Pero siento que el hierro es lo mismo. Por eso vine aquí pese al peligro. Además, es imprescindible crear un hierro fuerte para que los Caballeros actúen en el nombre de Dios.

—Cambiar las creencias de los paganos.

—Cambiar las creencias de los odiados paganos —añadió Kusla, y Fénesis se tensó de repente.

Ella era una fiel creyente de la Rama Ortodoxa, a un punto que resultaba refrescante.

Los del Coro definitivamente sentían que Fénesis estaba, sin lugar a duda, bajo su completo control.

Por ello Kusla tenía que dejarse controlar, aun sabiéndolo.

—Pero nos esperan muchas dificultades. Supongo que podemos unir fuerzas y trabajar juntos —dijo Kusla, extendiendo su mano derecha.

Sin embargo, Fénesis simplemente le dio una mirada en vez de extenderle la mano.

—Soy tu supervisor. No me volveré como tú.

Ella ciertamente era honesta y pura. Incluso después de que Wayland le tocara el pecho, aun después de que estuvo expuesta al peligro, definitivamente no se olvidaba de su deber.

Pero no era más que una niña obedeciendo las instrucciones de un adulto.

—Fui descuidado. —Kusla continuó actuando lo mejor que podía—. No quiero que pienses que estoy tratando de persuadirte —dijo, retirando la mano.

Fénesis cerró los ojos, presumiblemente a punto de asentir.

—Aun así… gracias por la hospitalidad, y…

—¿Y…?

—… Perdón por mostrar algo tan indecoroso.

Ella no quería decirlo, pero se odiaría a sí misma de no haberlo dicho.

Tal vez tenía el hábito de escuchar a los siervos de Dios que confesaban y se arrepentían por sus pecados, o quizá era una excusa que quería darse a sí misma para así poder decirlo.

—No, bueno… Creo que es una respuesta esperable.

—…

«¿Me estás consolando?». Justo cuando sus ojos mostraban signos de alivio, se apreciaba vergüenza y animosidad. A lo mejor, la imagen ideal de Fénesis era tener un fuerte corazón creyente de una hermana pura y firme.

Era simplemente el sueño de una niña cuya seriedad era el único aspecto que merecía mérito.

En este punto, Kusla sintió un impulso de proteger creciendo en su corazón. Ella emitía la inocente energía infantil que le provocaría a cualquiera pensar en protegerla a toda costa.

Pero, al mismo tiempo, se sintió tonto por tratar a la otra parte como un soldado enemigo de élite.

—Bueno, en fin… —continuó Kusla, y Fénesis se tensó debido a la ansiedad.

Como ella tenía en sus manos el destino de la otra parte, se sentía a gusto, aunque se tratara de un asunto trivial.

Al menos sería un consuelo de esta problemática, pero tonta misión.

—Estaré a tu cuidado, hermana Ul Fénesis.

Estaba claramente aliviada por las palabras de Kusla, estando al borde de mostrar una sonrisa.

—S-sí.

Y así, ella ajustó su postura aún sentada, se aclaró la garganta, e hizo todo lo posible por parecer seria.

Y, como era obvio que ella estaba tratando de ocultar sus sentimientos, el solo mirarla hizo feliz a Kusla.

—Pero yo soy tu supervisor.

—Por supuesto —dijo él con una mirada seria, apenas logrando ocultar sus emociones.

No era raro que alguien vigilara a un alquimista.

Más bien, se esperaba que enviaran a un vigilante, ya que los alquimistas llevarían a cabo experimentos que las personas normales no entenderían, experimentos en los que arriesgarían sus vidas de forma despreocupada.

Por supuesto, Kusla y Wayland han cruzado la línea muchas veces ya.

Esta no sería la primera vez que un vigilante era enviado para vigilarlos.

—Así es básicamente como es un taller. Es preferible no entrar muy descuidadamente, ya que hay cosas peligrosas, y pueden ser tóxicas cuando se mezclan.

Para Kusla, quien se negó a hacer un recorrido por el taller la primera vez que llegaron, las cosas parecían progresar sin problemas para él.

Por un lado, Fénesis, que dio una vuelta por la sala de la planta baja, bajó las escaleras hasta el taller, y mostró una inesperada mirada de afirmación. Había estado mirando con recelo los diversos huesos de animales que habían dejado su predecesor, jarras opacas e incontables viales, pero, tras una explicación completa, las dudas desaparecieron por completo.

Además, Fénesis debería tener cierto conocimiento del tema de la alquimia; un requisito necesario para que se le asignara el papel de celadora. Sin embargo, es obvio viendo si se usó magia pagana al comparar los métodos empleados con los libros pertenecientes a los sacerdotes con prestigio.

—Pero Wayland sigue siendo el más peligroso de todos —susurró Kusla, y Fénesis rizó su pequeño cuerpo.

Wayland estaba en la habitación debajo de ellos con un horno y una rueda de agua.

Pero, aun así, al hacer una vuelta por el taller, Fénesis definitivamente no se distanciaría de Kusla.

Sus sentimientos eran como los de una aventurera en una Odisea por el Infierno en una epopeya escrita por un gran poeta. ²

—Pues, básicamente, lo que hacemos aquí es aumentar la calidad del hierro e investigar sobre el refinando del hierro con menos combustible. Así como Dios colocó a las personas de distintas apariencias en toda la tierra, las rocas enterradas tendrán características diferentes debido a las diferencias en la calidad de la tierra. Lo que estamos buscando es el mejor método para extraerlos de las rocas excavadas del suelo.

—…

Bien se dice que una de las reglas en la vida de un sacerdote era el silencio.

Fénesis estaba actuando así, sin hacer ni el más mínimo sonido mientras escuchaba a Kusla seriamente.

O, más bien, probablemente sintió que algo malo entraría en su boca si hablaba en el taller, pero, de cualquier manera, hizo que el trabajo de la persona que explicaba fuera muy fácil.

—Pero este sí que es un buen taller.

Era la primera vez que Kusla ingresaba a este taller —aun cuando estaba enseñándoselo a Fénesis—, y sin quererlo expresó este pensamiento.

El taller de abajo tenía muchos más objetos que el de arriba y, a primera vista, era imposible determinar qué artículos había y dónde estaban ubicados.

Lo que apareció de golpe a sus ojos eran objetos obvios como un cráneo de animal colgado en una pared, una balanza grabada, un crisol, pedazos de cristales y un globo celeste. Viendo más de cerca, uno entendería que estaban posicionados lógicamente, como un miniuniverso.

Todos los artículos fueron arreglados y ordenados. Incluso un principiante podría saber qué tipo de objetos según la pertinente información dada.

Esta fue la razón por la que pudo explicar todo a Fénesis tan fácilmente.

Pero Kusla permaneció en silencio mientras miraba este taller por un momento; porque sentía patetismo ante esto.

—¿…?

—Oh, perdona. Estaba pensando en que el predecesor era alguien bastante capaz.

—…

Se llamaba Tomás Blanket, aparentemente.

Si bien se dijo que fue asesinado en la ciudad, la causa de muerte era aún incierta.

Aun después de la muerte Friche y la mutilación de su cuerpo, Kusla simple y llanamente pensó en la alquimia. Empero, había una sensación de humedad creciendo en su cuerpo.

Un alquimista muy hábil se había ido.

En otras palabras, había un camarada menos haciendo las cosas malas a escondidas de la vista de Dios.

En lo posible, a Kusla le habría gustado charlar con él una vez.

Era probable que el nombre Tomás Blanket fuera simplemente un nombre prestado, y nadie sabía de dónde venía. No había tumba, y unos años más tarde, nadie recordaría este nombre. Lo único que dejó atrás era este taller y el conocimiento de la alquimia, y ya que Kusla y Wayland se mudaron a este taller de inmediato, se convirtió inadvertidamente en algo que solía pertenecerle.

Y el método de refinar el hierro que obtuvo con mucho esmero también sería ostensiblemente cosa del pasado; simplemente sería pisoteado como una antigüedad, algo que la gente ignoraría.

Este era el destino que aguardaba a los alquimistas.

Los alquimistas no dejarían nada atrás.

Lo que quedaría atrás era meramente un hecho trivial: que alguien una vez intento avanzar hacia el Magdala.

—No obstante, supongo que la mayoría de los asombrosos alquimistas terminan como Wayland —dijo Kusla como fingiendo bromear, mas Fénesis mostró una expresión de disgusto—. En ese sentido, soy un alquimista de segunda categoría.

—…

Esto podría interpretarse como la línea de la humildad o la de la confianza abrumadora.

Fénesis advirtió también el juego de palabras, lanzando una mirada de asombro.

Parece bastante lista.

A Kusla no le desagradaban las chicas listas.

—¿Qué hay del trabajo de Wayland? Siento que debería ser a él a que debo vigilar.

Y él mostró una mirada honestamente preocupada en respuesta a esas palabras.

Parecía que estaba verdaderamente aterrorizada y repugnada por Wayland.

—Pero si confías en mí, ¿no puedo simplemente informarte todo a ti?

—…

Al bajar la cabeza, Fénesis mostró una expresión seria y reflexionó un momento. Ella entonces respondió brevemente—: Por favor, ayúdame cuando haga chequeos repentinos de vez en cuando.

Ella dio un chiste como razón, pero fue similar a decirle a alguien que la acompañe a la letrina por la noche.

No se rio, pero sintió el leve impulso de burlarse de ella.

—Entendido.

Su anterior supervisor, Post, aceptó de todo corazón la halagadora alabanza que estaba llena de condescendencia e insolencia, pero Fénesis le devolvió la mirada inmediatamente cuando entendió que él le estaba tomando el pelo.

Había una abrumadora diferencia en la tolerancia.

Kusla fingió no darse cuenta de la mirada de Fénesis.

—Así es como es un taller. Puedes manifestar todo lo que quieras saber cuándo nos pongamos manos a la obra, y yo te acompañaré durante los chequeos repentinos.

—…

—No te estoy menospreciando. O, mejor dicho, es por tu propio bien que me llames cuando nos vigiles.

—… Eso… como se esperaba…

Ella parecía no poder contener su curiosidad, como a punto de preguntar. Kusla se preguntó si, «Me parece que es diferente de la razón que estás pensando», sería una buena respuesta, pero luego optó por decir—: En un experimento, podríamos terminar creando un gas mortal que puede ser invisible al ojo, indetectable para la nariz, y que te haga perder el conocimiento si lo inhalas.

—¿Eh?

—La mano del dios de la muerte. Es algo que a menudo aparece cuando se quema carbón³. —Kusla posó su mano sobre el cráneo de oso que colgaba de la pared. Lo acarició, y continuó—: Al extraer metales, usaremos venenos que nos harán conscientes con un solo toque. Sin embargo, no extraemos esos materiales (materiales como el mercurio, por ejemplo) por su veneno. Aún si los venenos no son tan poderosos, las toxinas débiles se acumularán en nosotros si ingerimos alimentos sin lavarnos las manos después de tocar dichos materiales. Por ejemplo, plomo, arsénico…

Kusla dobló los dedos mientras contaba, y mientras miraba los dedos doblarse hacia abajo, la expresión de Fénesis era similar a la de alguien que ve romperse una columna que sostenía el cielo.

—C-comprendo.

—Ah. Para nosotros, hay muchas cosas peligrosas que tenemos que aclararte en lugar de esconderlas de ti. Si el supervisor llegase a morir, seremos los únicos sospechosos. No tendríamos quejas si nos matan porque realmente te asesinamos, pero nos molestará bastante que nos cuelguen porque tú te moriste así por tu cuenta.

—…

Tenía sentido lógicamente, pero Fénesis mostraba una expresión complicada.

Con tantos venenos a su alrededor, había una gran posibilidad de que muriera por azar, aun en comparación con las posibilidades de que la mataran. Esto se sintió más realista que todos los rumores exagerados sobre los alquimistas de los que había oído hablar.

—Y una cosa más.

—¿…?

—Tienes que comer después de nosotros.

Fénesis ladeó la cabeza, aparentando no haber entendido.

—Aún si no te traiciono, Wayland podría terminar matándote.

—¡…!

—Otra posibilidad es que alguien que no conocemos esté tratando de envenenarnos. Sin embargo, nosotros podemos notar si hay veneno en nuestra comida, por lo que no debes comer antes que nosotros. Incluso cuando comas, hazlo en mi presencia, o si tienes valor, come con Wayland y toma lo que haya en su plato.

Nadie arriesgará su vida para comer en secreto.

Estas eran las palabras claramente escritas en la cara con mueca de Fénesis.

Pero Kusla no bromeaba del todo cuando dijo eso. Originalmente, si Fénesis muriera en este lugar, ellos definitivamente aprovecharían la oportunidad de perseguir a Post debido a la contribución del peón sacrificial. La lógica era: el asesino es el alquimista a tu cargo, por lo que debes asumir la responsabilidad. En ese caso, existía la posibilidad de que el superior de Fénesis envenenara su comida.

«Parece que tengo que vigilar su estado y salud», Kusla quedó un poco decepcionado.

Aunque si no hubiera problemas para comer en este lugar, no tendrían tanta suerte en ningún otro lugar. Si alguien la envenenaba con azufre en otro lugar, no había manera para ellos de que probar su inocencia.

La fuerza de una cadena está determinada por el componente más débil.

En otras palabras, Fénesis era más una entidad que compartía el mismo destino que ellos, en vez de ser un completo enemigo. Tenían que proteger a este enemigo tan débil como a un camarada.

La enseñanza de los Alquimistas de que todo cambiará se aplica en todas partes.

«No hay nada eterno. En el momento en que uno suelta un suspiro de alivio y abre los ojos, se encontrará a sí mismo viviendo en el Infierno», pensó Kusla mientras subía los escalones. En el momento en que miró hacia atrás, descubrió que Fénesis se había detenido en seco.

—¿Tú has… estado siempre viviendo este estilo de vida?

Le tomó un poco de tiempo, pero él finalmente comprendió que era una continuación de la conversación anterior.

Fénesis, que miraba hacia abajo desde arriba, se asemejaba a un pagano.

—Por supuesto. Siempre ha sido así, y seguirá como tal.

Él se encogió de hombros, y regresó al primer nivel.

Mientras lo seguía desde atrás, Fénesis parecía reflexionar profundamente sobre algo.

Quizá estaba asombrada por los alquimistas.

—La mitad del trabajo de un alquimista se realiza en el taller de abajo, y la otra mitad se realiza en la ciudad.

—¿Eh?

—Los alquimistas que no pueden desarrollar buenas relaciones con los artesanos de la ciudad son de tercera categoría. Por sorprendente que sea, aquellos que no son expertos en socializar no pueden convertirse en alquimistas.

Fénesis se sobresaltó por un momento, pues sintió que eso era imposible.

Kusla, sin embargo, se rio entre dientes.

—Nuestro trabajo, especialmente los relacionados con los metales, son básicamente repeticiones de los experimentos que los artesanos no pueden hacer debido a lo ocupados que están todos los días. No obstante, su artesanía es verdaderamente sorprendente. Nuestros resultados se dejarán en papel, pero los suyos no, y tampoco tendrán el tiempo para hacerlo.

»Por esto preguntamos y aprendemos de ellos. Ese Wayland también parece una persona decente cuando va a los artesanos. Hablando de eso, nuestras vidas correrán peligro si los ofendemos. Los talleres de artesanos no son tan pacíficos como aquí; si hacemos algo estúpido, nuestras cabezas serán aplastadas por yunques o terminaremos siendo quemados con un atizador.

»En definitiva, no harán cosas indulgentes como envenenamiento o asesinato, pero arrojarán al horno a cualquier tonto que decida robarles, por ejemplo. Incluso la gente de la judicatura en la ciudad no sabrá si fue un accidente o un homicidio. Además, el alto calor del horno puede quemar hasta los huesos, pudiendo así fingir que no pasó nada. En otras palabras…

Fénesis se sintió abrumada por la atmósfera conforme Kusla describía la situación, y en el momento en que dijo las últimas palabras y levantó un dedo, sus ojos se sintieron atraídos por él como un gato.

—En otras palabras, este mundo está lleno de peligro, y es completamente diferente del monasterio.

Fénesis entonces asintió en respuesta al dedo doblado.

Quizá no entendía del todo el significado de esas palabras, pero él no tenía el deber de enseñarle.

La miró fijamente, no pudiendo resistir el impulso mientras levantaba su barbilla.

Se sentía tan agradable como jugar con un gatito.

Se encogió de hombros, y tomó su abrigo.

Sin embargo, Fénesis se pronunció, ligeramente nerviosa.

Este sería probablemente un ejemplo clásico de querer saber el destino de antemano.

—Um, ¿a dónde vamos?

—La campana del atardecer va a sonar pronto, ¿cierto? Necesito saludar a los artesanos antes de eso. Será problemático si no están contentos porque no los saludé inmediatamente.

—…

Podría ser difícil imaginar a alguien que pudiera forzar a los terroríficos alquimistas a reverenciarse.

—Entonces ¿qué piensas hacer?

—¿Eh?

—¿Puedes vigilar la casa tú sola?

Por supuesto, ella estaba claramente enfurecida ya que comprendía el significado detrás de sus palabras, pero, evidentemente, estas palabras fueron dichas solo para molestarla. Sería aburrido no ver tal reacción.

—No te preocupes.

—¿Oh?

Ella lo dijo con un tono relajado, pero era sorprendente que aún pudiese mantener la calma incluso cuando iba a estar sola con Wayland.

—Alguien vendrá a buscarme cuando suene la campana del atardecer.

Todavía estaba bien si ella permanecía sola por tan poco tiempo.

Kusla se encogió de hombros levemente.

—Ah. Creo que esto ya deberías intuirlo, pero no toques nada raro.

—Eso… sí.

—Sé una buena chica, y lee los libros.

—¿Eh?

Fénesis mostró un momento fugaz de sorpresa mientras miraba a Kusla.

Preocupado por esa respuesta, puso su mano en la puerta, y miró hacia atrás.

—¿Qué pasa?

—Ah. No, nada…

Fénesis trató corregir sus palabras y apartar la mirada mientras levantaba tentativamente los ojos hacia Kusla.

—¿Puedo… leerlos?

—¿Ah?

No entendió el contexto de esta pregunta. Tal vez se trataba de una cuestión de religión.

—Ah… Sí, está bien. No hay nada que desafíe las enseñanzas de la Iglesia. Tus compatriotas ya los han revisado.

—…

—Nos obstante, recuerda que estas son cosas de alto valor. No babees sobre ellos.

—¡¡…!! —Fénesis hizo un puchero, y Kusla no le dio más atención mientras abría la puerta.

El exterior estaba teñido de un rojo oscuro, y hacía mucho frío. Antes de cerrar la puerta, miró atrás y encontró a Fénesis mirando las estanterías repletas de libros con expresión jubilosa. Recordó que ella estaba leyendo libros cuando él llegó junto con Wayland. Supongo que esto es lo que se espera de una hermana bien educada, después de todo.

Bajó por la ladera que conducía al puerto mientras permanecía en sus pensamientos, y pasó junto a un grupo que viajaba en un carruaje.

Había tres caballos caminando uno al lado del otro, y la cabeza del caballo central estaba cubierta de bordados con líneas doradas y plateadas, y un costoso abrigo revoloteando a lo largo de su cuello. En su silla de montar, se hallaba un anciano vestido con una túnica negra.

Su mirada estaba firme al frente, sin pestañeos.

Y se mantuvo como tal aun cuando Kusla obviamente entró en su visión.

«No existe obstáculo alguno en mi camino».

La expresión del hombre claramente traicionó tal noción, y los caballeros del monasterio con máscaras de hierro que lo flanqueaban se aseguraron de que esto no fuera un engaño.

Este era el Coro perteneciente a los Caballeros.

Kusla se apartó para permitir que el paso del carruaje. Ciertamente, no había duda de que reconocieron la cara de Kusla, y sus miradas se enfocaron hacia adelante.

Su mentalidad de bromista le incitaba a ponérseles en su camino, pero no era tan tonto como para hacer algo así sin comprobar la situación dentro de la ciudad.

Y entonces, Kusla no siguió bajando la pendiente, sino que se dio vuelta para mirarlos. Ellos se detuvieron frente al taller, y un caballero empujó la puerta con su lanza. Fénesis apareció de allí con la cabeza agachada, suplicando ostensiblemente misericordia.

Luego se dirigieron en dirección opuesta al puerto, y, por supuesto, Fénesis era la única caminando.

Esto podría ser un aspecto de la estricta legislación del monasterio en materia de jerarquía, pero la escena se asemeja a la de un traficante de personas o un traficante de esclavos.

«No —pensó de nuevo—. Este bien podría ser el caso».

El Coro la invocó deliberadamente con ese equipo formal, probablemente anticipándose a cualquier escenario imprevisto, o tal vez esperaban que ocurriera tal situación.

—Qué gente tan espantosa —murmuró mientras escupía en el camino.

La campana de la tarde de la Iglesia sonó en ese momento, y un día de trabajo estaba llegando a su fin.

Todas las ciudades y pueblos tenían que acatar la campana, siempre que exista la Iglesia. No importa cuántos ayuntamientos controlen los Caballeros, este era el último bastión que no podían derribar.

Con esta señal, la ciudad parecía dar un suspiro de alivio después de un largo día de trabajo, y todas las actividades regulares y los puestos alineados a ambos lados de las calles comenzaron a empacar.

Sin embargo, la ciudad estaba mucho más animada a medida que pasaban los habitantes, los que se dirigían a casa y los que no habían terminado con su trabajo. Los guardias de la ciudad, armados con lanza en mano, estaban patrullando para mantener la seguridad, lo que resultaba en congestión y empujones entre los ciudadanos. Empero, ellos rápidamente llenaron los huecos, convirtiéndose en un flujo humano similar a un líquido altamente viscoso.

«Esto sí que es asombroso», pensó.

Poco después, llegó a un gran edificio de 5 niveles de altura, con un escudo que tenía cruzados un pico y una linterna tallado en él. Kusla no conocía la geografía de la ciudad, pero no se perdería dado que la estructura de la ciudad es similar en todas partes. Las calles más animadas y bulliciosas de la ciudad siempre estarían ocupadas por personas con autoridad.

Miró a su alrededor por un momento, y encontró el edificio de los Caballeros, donde Post residía, a una cuadra de él.

A diferencia del mundo de piedra ardiendo bajo la tierra, la base lógica detrás del mundo humano era mucho más simple.

Kusla subió fácilmente 3 escalones de piedra, y sin usar el picaporte, inmediatamente empujó la pesada puerta de madera.

El Gremio de Herreros también tendría un diseño similar, sin importar la ciudad que se tratase. El primer piso era un gran espacio construido para acomodar reuniones importantes y arbitrajes internos. Normalmente, los trabajadores tomarían el desayuno en este lugar antes del amanecer, y desde el atardecer hasta la noche, esto se convertiría rápidamente en un bar una vez que terminado el trabajo. Tendrían sus comidas y alcohol, e indiferentemente de cuán bullicioso o escandaloso fuera, simplemente sería un asunto interno para ellos.

Pero en ese momento, en esta gran sala, las sillas todavía estaban volcadas y colocadas sobre las mesas, y las velas todavía no estaban encendidas. El piso estaba pulido cuidadosamente, y el brillante color negro dejaba escapar una luz escalofriante.

—¿Hay alguien dentro?

Kusla golpeó su talón varias veces, y escuchó ecos por toda la habitación. Entonces, finalmente una voz se pronunció—: ¿Dickens? ¿Aún no has cerrado tu talle…?

Una mujer con las mangas arremangadas salió de la habitación interior, sosteniendo lo que parecía un pesado cubo con ambas manos.

—¿Hm? ¿Quién eres tú?

—Me gustaría ver a tu líder —dijo Kusla mientras miraba los pergaminos colocados en la pared. Estos pergaminos enumeran todos los privilegios especiales que el ayuntamiento ha otorgado al Gremio, y la gran cantidad de estos mostraba claramente su prestigio en la ciudad.

—¿Puedo saber cuál es tu intención?

La dama dejó el cubo a un lado con un fuerte ruido sordo, y por el sonido se podía decir que no era pesado realmente. Ella parecía joven, pero su esbelto cuerpo no mostraba signos de feminidad por su parte, y se podía sentir su valentía por el pañuelo envuelto en su cabeza.

Ella daba la vibra de alguien del gremio de Metalurgia, y el pelo largo rojo que sobresalía de debajo del pañuelo estaba tan desordenado como el de un marinero, pero daba una sensación de fiabilidad.

—Ah. —La dama se quitó el pañuelo y se secó el sudor de la cabeza mientras decía—: Conque eres tú.

—¿…?

Kusla levantó la barbilla, expresando sus dudas, pero la dama no continuó. Bajó sus mangas enrolladas mientras caminaba hacia el pequeño altar usado para orar a los santos guardianes. Luego colocó una vara delgada en una olla pequeña y encendió la vela en el costado.

Como era de esperar de un gremio de artesanos, parece que habían preparado un encendedor junto al altar.

—Eres el nuevo alquimista, ¿correcto?

 

 

—No hay necesidad de una mucha charla. Ahora bien, ¿dónde está el líder del gremio? —preguntó de nuevo

La dama continuó sosteniendo la vela y encendió las lámparas en la pared mientras respondía sin mirar atrás—: Esa sería yo.

—… ¿Oh?

Kusla apeló deliberadamente a este tono, pero sin duda se sorprendió por este hecho.

Entonces, la dama le lanzó por primera vez una mirada por encima de su hombro, mostrando lo que parecía una mirada letárgica.

—Soy Irene Brunner, suplente de Roberto Brunner, encargada del Gremio de Herreros.

«Ya veo», Kusla levantó un poco la barbilla, y miró a la dama que se presentó como Irene.

—Ya veo. Perdóneme, entonces.

—No hay por qué. Yo tampoco me siento apta para este papel, pero nadie más está dispuesto a asumir este cargo.

—¿Qué pasó con el Sr. Roberto Brunner?

—Se fue en un largo viaje.

Esto significaba que había fallecido.

En otras palabras, Irene era una joven viuda.

Es probable que no se haya nombrado un nuevo líder ya que querían evitar cualquier disputa.

—Entonces, me dirigiré a usted como Srta. Irene. —Kusla colocó mano derecha sobre el hombro izquierdo, e hizo una reverencia formal; aunque parecía respetuoso, él fue un poco despectivo en su interior—. Soy un alquimista afiliado a los Caballeros, y he venido aquí sin un nombre y sin un hogar, solo habilidades.

»Espero, por el bien de los Caballeros, cruzados de Dios que aspiran llevar justicia a la tierra y, por el bien del nombre de Dios Todopoderoso, obtener los máximos esfuerzos del gremio metalúrgico de Gulbetty.

Kusla agregó un poco de teatralidad en su acto mientras se mantenía firme para no dejar que se rompiese.

Su trabajo en el futuro se vería afectado si fuera menospreciado, y esta era una regla definitiva que no se podía romper en ninguna ciudad. Después de orarle a Dios hasta el punto de avergonzarse, tendría que seguir un proceso sorprendentemente engorroso para terminar el contrato.

Por mucho que un mentor esperara obtener asistentes, si quería acoger a un nuevo discípulo, tendría que dejar a este afuera por 3 días y 3 noches. Por supuesto, tendría que encargarse de las comidas y las necesidades sanitarias de los discípulos, y por la noche, también tenía que llevar al discípulo al taller y entregarle la ropa de cama. Esta era una tradición que había que mantener.

—Prestar nuestro máximo esfuerzo, ¿eh?

Después de encender las lámparas, Irene sopló la llama de la vela extremadamente larga que tenía en mano, caminó hacia el altar y sonrió.

—Nosotros somos los que necesitan asistencia.

Sin embargo, Irene dijo semejante cosa.

—… Esas palabras directas me resultan bastante problemáticas.

—En la ciudad anterior, me burlé mucho de los alquimistas.

—…

Incluso los Caballeros no podían controlar todas las ciudades.

Además, los herreros, que trabajaban para ganarse la vida, tendrían una mejor experiencia en el campo de la metalurgia. Además, había una gran diferencia en el contenido de hierro en las diferentes regiones, e incluso un alquimista experimentado no podía igualar a un herrero local. Para las ciudades con poderosos gremios, la anticipación de los materiales de un alquimista era algo común, y ciertamente no era raro ver que incluso los patrocinadores de un alquimista terminaran sin poder.

Por lo tanto, era tradición para un alquimista dar respetos a los trabajadores cuando llegaba a una nueva ciudad. De esta manera, él podría obtener habilidades, conocimiento y materiales, y las nuevas técnicas derivadas de ello serían reembolsadas a los artesanos. Esto es así a pesar de ser una mera expresión de formalidad.

Por lo menos, esta era una tradición transmitida por generaciones.

—Debido a la Cruzada de los Caballeros, el negocio ha sido incesante. Incluso en este momento, la casa de gremio sigue vacía.

El piso y las paredes estaban bien pulidos, y las velas parecían nuevas.

Si fuera otro gremio, este sería el momento en que comenzaría un banquete. Sin embargo, no se podía ver ni a un solo artesano aquí.

—Gracias a la excepcional benevolencia que nos mostraron los Caballeros, se logró mitigar de alguna manera el problema respecto a la falta de estudiantes, y la mayoría de los inmigrantes en esta ciudad se han unido a nuestro gremio. Hay ciento treinta mentores, quinientos discípulos, y si contamos a sus familias, somos más de mil. Es gracias a los Caballeros que en estos momentos no nos estamos muriendo de hambre.

»Nos han estado ayudando en todos los aspectos, desde la obtención de materias primas hasta la venta de productos, ¿sabes? ¿Sabías que incluso proporcionaron los fondos para la construcción adicional de la noria y el horno en el taller? Habrá un castigo para nosotros si envidio a nuestros señores de los Caballeros.

Irene se sentó en el enorme asiento de piedra del líder del gremio en su escritorio, y su cuerpo —aunque considerablemente masivo para una mujer— se veía un tanto pequeño sobre él.

Tal vez podría decirse que incluso si hubiera un herrero barbudo veterano con un cuerpo cincelado, su cuerpo luciría pequeño frente a las abrumadoras finanzas de los Caballeros, y como resultado tendría que permanecer en silencio.

Un artesano necesitaría dinero si quiere mostrar sus habilidades. Si quiere atraer inmigrantes de cualquier ciudad a su fábrica, tendría que ganar la lucha por la autoridad contra los otros gremios de herreros y, para ganar, el dinero sería imperativo.

La construcción de la noria y el horno también habría sido casi imposible de completar por cuenta propia. En pocas palabras, una ciudad solo puede permitir un número fijo de ruedas hidráulicas; así pues, habría disputas con otros sobre el privilegio de utilizarlas. ¿Cómo se los mantenía callados? Pagándoles, por supuesto.

Ante tales problemas, los Caballeros podían dar la última palabra usando sus fortunas abrumadoramente masivas. Para ganar la guerra, se necesitaban armas, escudos y herramientas necesarias para combatir los asedios.

—Si rechazo su ayuda, probablemente me cortarán en pedazos.

—Los Caballeros bien pueden ser aterradores, pero no creo que sean tan primitivos.

—No. Estoy hablando de los artesanos —dijo Irene mostrando una leve sonrisa burlona.

«Qué agallas tiene esta mujer para elegir a un alquimista como alguien con quien puede desahogar sus frustraciones», pensó Kusla.

—Las ciudades del norte caerán algún día de estos, por lo que ¿no vendrá entonces una nueva afluencia de inmigrantes? Todo el mundo está empezando a ahorrar su riqueza para mostrar su lealtad a los Caballeros. Después de una discusión exhaustiva, todos estuvieron de acuerdo en que la directriz futura de nuestro gremio es darlo todo por el noble alquimista.

Irene sacó un fajo de pergaminos de debajo de la mesa y lo arrojó sobre la misma.

Kusla fue tomado por sorpresa, y la dama sonrió.

Normalmente, un artesano no registraría sus técnicas en forma de escritura. Los secretos transmitidos dentro del taller tenían que ser diferentes del de los demás. Por lo tanto, viendo cómo ella preparó pergaminos con los registros, parecía que los artesanos ya estaban listos para ingresar al nuevo mundo.

Incluso dejaron que el Gremio de Trabajadores —originalmente una entidad independiente— se dejara llamar sirvientas de los Caballeros.

—¿Ahora entiendes la razón por la que estoy sentada en esta silla incluso bajo esta situación? —dijo Irene sonriéndole maliciosamente, profundamente hundida en su asiento. Parecía no dejar de mostrar aun estando frente a Kusla; no porque tuviera agallas.

Sino porque se había dado por vencida en todo.

—Tan solo un recipiente vacío.

—Sí que eres directo, ¿eh?

—Un alquimista ha de buscar la verdad. —Kusla extendió su mano hacia los de pergaminos, y advirtió un olor único entrar suavemente en sus fosas nasales—. Por supuesto —vociferó.

Habiendo obtenido eso, no había ninguna razón para que él permaneciera allí por más tiempo.

Metió los pergaminos bajo su axila y, justo cuando estaba a punto de regresar, de pronto le vino algo a la mente.

—¿Qué clase de persona era mi predecesor Tomás?

La causa de la muerte de Tomás fue investigada por Post y la Iglesia, y él no hizo esta pregunta en aras de investigar, sino por simple curiosidad.

O tal vez, debido a la muerte de Friche, él era capaz de sentir cierta empatía por la muerte de una persona.

—Era un hombre serio y justo que buscaba la verdad.

Ella simplemente se encogió de hombros, haciendo una insinuación ostensiblemente.

Sin embargo, por la prolijidad del taller se podía ver que esta observación no estaba muy lejos de la verdad.

—… Entonces no puedo perder ante mi predecesor, ¿verdad?

—Esto afectará nuestras ganancias, así que por favor esfuérzate en la refinación del hierro.

Kusla sonrió levemente, y se fue de la casa de gremio.

Cerró la enorme y pesada puerta, dio unos pasos, y escuchó lo que sonaba similar a un golpe desde dentro.

Hay personas que se ven agobiadas por este tipo de presión enorme en todas partes, al borde del colapso.

Sin embargo…

—Solo yo…

«… puedo sofocar a estos extremos».

Y así, enterrando este secreto en su corazón, se dirigió al taller en la ciudad bajo el sol poniente.

 

 

Al llegar al taller, Kusla encontró a Wayland en la sala subterránea, pesando los metales en una balanza.

—¿Qué tal son los trabajadores~?

—No son problema. Parece que el gremio trabaja estrechamente con los Caballeros. Mira esto.

Colocó los pergaminos en el escritorio de trabajo, y Wayland también se sorprendió por esto.

—¿Je, jee? Entonces ¿están dispuestos a sacrificar su dignidad a cambio de ganancias?

—Cualquier dignidad puede ser recuperada una vez que se conviertan en los primeros en llegar al nuevo mundo y acumular poder.

—Los Caballeros son muy buenos para descubrir los deseos de la gente, ¿eeh~? —dijo Wayland mientras revolvía los pergaminos, y luego los apartaba de manera desinteresada—. De todos modos, no creo que nuestro predecesor Tomás muriera tontamente como hemos escuchado.

—¿Oh?

Esta vez, Kusla fue quien preguntó.

—Revisé los artículos que quedaron en este taller, y la pureza de los lingotes es sorprendentemente alta. La pureza es mayor que la de los lingotes estándar que traje de mi taller anterior. Es exasperante, para ser honesto.

»Sin embargo, la arena de hierro no es lo único que se puede extraer en esta región; hay un montón de minerales inferiores llenos de azufre y muchos otros. Si se trata de lingotes refinados de ese tipo de hierro, el método que utilizó es prácticamente magia. No hay manera de que los herreros de la ciudad puedan hacer esto.

—Magia…

—Se siente como una obra del Diablo, como si hubiese sido hecho por alguna divinidad. Es decir… —Wayland miró hacia el techo, y dijo—: Tal vez sea un residente del Magdala.

—¡…! —Kusla tragó saliva.

Para un alquimista, el Magdala era un término único, un lugar al que todos los alquimistas aspiraban llegar.

Las habilidades de Wayland eran mejores que las de Kusla a pesar de que eran compañeros en el campo de la alquimia y, por lo tanto, se tomaría este término más en serio. Si él lo decía, significaría que no era una broma.

—Esta podría ser la razón por la cual ese zoquete de Post eligió cerrar este lugar y no arreglarlo aún si el Coro le ponía un ojo encima. Si ese hombre puede hacer lingotes de tan alta calidad, su posición allá debe ser alta o algo así.

—Pero él no puede simplemente encontrar dónde están escondidos los registros de la técnica. Esta es la razón por la cual la situación es así.

Los alquimistas nunca registrarían sus hallazgos en pergamino, y la mayoría opta por dejar sus registros en una esquina del edificio. No podían predecir lo que sucedería, y pueden terminar siendo eliminados por razones políticas. Por esa razón, dejarían sus hallazgos en el horno, en las vigas del techo o debajo de las baldosas del piso. A veces, incluso dejaban sus resultados en forma de códigos.

—Una vez que conozca la técnica, podrá ignorar la interferencia del Coro, demoler el taller, construir otro en un lugar distinto y producir hierro en masa mientras se encuentra fuertemente protegido.

»Supongo que esta es la razón por la cual este taller no ha sido demolido. Este lugar podría ser el punto crucial para resolver el código y, pues, podremos ver las refinadas técnicas de Tomás y cuán diligente fue.

—¿Hm?

—Le eché un vistazo a los registros que quedan, y todos están en código.

Los símbolos utilizados solo podían ser entendidos por los alquimistas, y conocimientos de astrología se agregaba como una distracción.

—Puede ser un poco forzado tratar esto como una blasfemia hacia Dios… De todos modos, supongo que la estructura consistía en que los resultados de cada purificación de metal eran puestos como un código secreto escrito al final.

»Cada vez que había un desarrollo, usaría los registros anteriores para crear un código y dificultar que otros tomen lo que él logró. Supongo que fue asesinado después de haber hecho ese hierro increíblemente puro, y ni siquiera tuvo tiempo de llegar a una conclusión adecuada.

—En otras palabras, eso significa que… —murmuró Kusla, y los labios de Wayland mostraron una sonrisa malévola mientras asentía.

—Si queremos averiguar cómo hacer hierro con tanta pureza, tenemos que volver al principio, seguir los pasos de Tomás y descubrir dónde cometió el error. No hay forma de que un alquimista ordinario pueda hacer esto. Supongo que al final no somos simples peones de sacrificio.

Esta era ciertamente una encantadora mentalidad engreída.

Esta es una emoción que no se podía sentir fuera del campo de batalla, para recordar que las habilidades propias están siendo puestas a prueba mientras se tiene la vida en juego.

Y como alquimistas, había motivos para que se entusiasmaran.

—Realmente espero ver si podemos descubrir la verdadera identidad de esta magia, sin importar cómo sea el proceso.

—Ojojo —rio Wayland, levantándose, y apoyó su cuerpo sobre la mesa como si estuviera susurrando.

—Sin embargo… —dijo, entonces—. Puede que no sea una exageración cuando ese patán de Post dijo que nos permitía usar nuestras habilidades de envenenamiento y asesinato para protegernos.

Wayland hablaba con un tono similar al que se tendría en una charla sobre el clima de mañana.

Kusla miró a su alrededor por un momento, y se encogió de hombros.

—Sin importar la razón, este era un alquimista que fue lo suficientemente destacado como para ser asesinado.

—Sí. Un mercenario demasiado fuerte puede ser asesinado no solo por sus enemigos, sino también por su empleador. Será problemático si se rebela. Si la iglesia obtiene esta técnica… y supongo que esta es la razón. Si se puede controlar la producción de hierro, la Iglesia entrará en la guerra para purgar a los paganos.

—Sin duda hay muchos enemigos aquí. He de recordar esto.

Kusla fingió bromear mientras levantaba los dedos y empezaba a contar con ellos.

—Algo huele mal en esta elección de personal. Supongo que no estará por debajo de nuestras expectativas

Wayland dejó escapar un ligero bufido y, acariciándose la barba ligeramente mientras levantaba una ceja, dijo—: Toma nota de tu entorno y estate atento a más detalles que cualquier otra persona. Si sigues quedándote en el taller, no te darás cuenta de que la ciudad está ocupada por el enemigo.

—La historia de Aurípedes, ¿eh?

Aurípedes era un hombre de un antiguo reino, aclamado como inventor, pero era más bien un antepasado de la alquimia.

Se decía que estaba demasiado obsesionado con sus experimentos, y aún estaba bañándose, siempre y cuando tuviera una inspiración, saldría desnudo y correría por las calles, haciendo un sonido extraño. Incluso su muerte se debió a que un soldado cualquiera lo descuartizó cuando estaba resolviendo preguntas geométricas en el piso. En ese momento, el enemigo había ocupado la ciudad, y cuando el soldado enemigo le preguntó su nombre, se enfureció porque el primero interrumpió sus pensamientos, y en realidad se defendió con furia. Como resultado, no pudo protegerse a tiempo.

La tragedia de un hombre que vivió hace más de mil años perduró hasta ahora, ya que probablemente aún había una lección que valía la pena aprender.

En esta época, un tonto como él nunca sería un buen alquimista.

—Esa Señorita también se ve obviamente muy antinatural.

Kusla cambió el tema a Fénesis, y la comprensión de Wayland era probablemente la misma.

—Siento que tu preocupación no es injustificada, Kusla. Actuar solo no es una razón por la cual alguien puede estar tan tenso.

Pero en lo que respecta a las palabras de Wayland, Kusla solo podía volverse con una actitud cansada.

—… ¿Cuántas veces lo has hecho ya para alcanzar semejante comprensión?

—¿Hm? Este método es muy efectivo en las que no tienen novio, ¿sabes~? Es solo que continuarán recordándome por un tiempo, ya sea por enojo o por miedo. Y una vez que sus mentes estén pensando en mí, se vuelven mías. Después de eso, solo tengo que mostrarle mi sinceridad, mi conquista se completa, y no se sentirán tan tensas.

Desde una perspectiva humana, una persona que llamaría frívolamente a eso sinceridad era una escoria del más alto nivel, pero como hombre, podría ser alguien digno de respeto.

—Pero considerando que estamos siendo vistos como peones sacrificables, ciertamente no estamos pensando demasiado.

—Correcto. Este es un taller con dos hombres adultos residiendo, ¿sabes~? Ya es un error dejar a una monja aquí, y no podemos negar que algo puede suceder por mucho que intentemos evitarlo. Aunque parece que no estás dispuesto a hacerlo, Kusla.

—Vaya bestia que eres.

—Para nada~. Este es el acto de consolar algo que amas.

El propio Kusla sentía que tales pensamientos y acciones eran lo suficientemente viles. Sin embargo, todo santo se consideraría débil, por lo que optó por no presionar sobre el asunto.

—Pero en la práctica, ese bacalao está a cargo de vigilarte, Kusla. Te la dejaré a ti, entonces.

Kusla le devolvió la mirada, pero Wayland tenía una mirada despreocupada, fingiendo estar distraído.

—Todo porque alguien me ofreció un trabajo. Ya te lo mostraré.

—Eso espero. Hay muchas cosas que hacer a partir de mañana. Te pondrás en mi camino si andas merodeando por aquí.

Wayland se puso de pie, con las manos en la ventana mientras miraba a su alrededor.

—Este es un taller de alquimista, mi país.

—¿Qué hay de mí, entonces? —preguntó Kusla.

En respuesta, Wayland simplemente rio y se encogió de hombros.

 

 

Al día siguiente, justo cuando Kusla estaba a punto de salir, sintió que alguien caminaba en círculos frente al taller.

A través de la experiencia, uno podía decir si era alguien que simplemente pasaba por allí o alguien que intentaba mirar dentro del taller.

Obviamente, era lo último, pero las habilidades de esta persona eran muy deficientes.

Kusla quería ignorar a la persona, porque el simple taller era suficiente para ahuyentarlo. Sin embargo, pudo ver claramente quién era la persona cuando esta trató de mirar a través del hueco del postigo.

A este punto, era imposible para Kusla intentar actuar con calma; fue más imposible hacerlo cuando la persona tocó a la puerta y entró.

Apareciendo en la puerta era Fénesis, quien parecía completamente agotada.

Probablemente estaba un poco perdida, preguntándose si era Kusla o Wayland quien estaba adentro.

«¿Qué expresión haría ella si supiera que su forma de pensar estaba a simple vista?», se preguntó Kusla mientras dejaba entrar a la pequeña Fénesis en la casa y caminaba debajo de su barbilla.

—¿Qué… pasa con esto?

Él quería fingir estar en calma, pero Fénesis no parecía darse cuenta de esto en absoluto. Ella se quitó el abrigo sobre sus túnicas y, poco después, fue sorprendida por el artículo sobre la mesa.

—Quiero replicar el orden de trabajo que mostró el propietario anterior.

«No importa que otros lo sepan», pensó Kusla al decir eso con honestidad. Sería más difícil para él trabajar si hiciera una mentira endeble a través de la que se pudiera ver fácilmente. Por lo general, ninguna mentira daría buenos resultados a menos que hubiera una necesidad de mentir.

—… ¿Ah?

Pero la respuesta de Fénesis fue un poco vaga. Había piedras y polvo llenos en pequeñas vasijas de todas las formas y tamaños, dispuestas frente al pergamino sobre la mesa. También había dibujos de herramientas y estrellas, y las palabras daban una sensación de majestuosidad. A primera vista, debía ser algo relacionado con la magia o algo así.

Pero si fuera un ritual mágico, probablemente sería un poco más sistemático, o en cierto sentido, más estético.

Fénesis se mostró confundida sobre qué hacer, como si quisiera preguntara si podría preparar algunos dulces para los invitados que iban a entrar, en lugar de querer saber el olor sospechoso proveniente de los objetos colocados sobre la mesa.

—No estornudes aquí. Si respiras el polvo, podrías morir.

—¡Ah!

Al escuchar eso, Fénesis se cubrió frenéticamente la boca con su manga, pero al ver a Kusla, frunció el ceño.

—¿Estás bien?

Kusla no respondió a esta voz ahogada, y simplemente se encogió de hombros y sonrió.

—… No hagas una broma así en el futuro, por favor.

—Pero es verdad que no quiero que estornudes. Este es un polvo perfectamente molido hecho después de toda una noche de trabajo. Wayland se volverá loco si tiene que volver a hacerlo.

—Uu… Prestaré atención a eso.

Usar a Wayland como desmotivación ciertamente funcionó a la perfección.

—Entonces… ¿por qué estás vestido así?

Después de escuchar la explicación de Kusla, Fénesis miró con curiosidad los objetos colocados sobre la mesa, y luego miró a Kusla con una expresión confundida, ya que este último estaba vestido con un abrigo.

—Voy al mercado.

—¿Eh?

—Todavía nos faltan algunas cosas, y si voy al mercado, podría comprar varias cosas útiles. Me preocupa un poco dejar atrás a Wayland en el taller, pero es grandioso contar con un buen vigilante que puede ayudar.

Kusla sonrió mientras le decía esto a Fénesis, pero esta última quedó totalmente pálida, indicando su negativa.

—U-um… ¿Eh?

—Antes de irme, permíteme notificarte algunas cosas que deben tomarse en cuenta. Aún estará bien si hay un hedor parecido al de los huevos podridos, pero si hueles a algo similar a rocas trituradas, o si sale humo negro de la chimenea del horno, aguanta la respiración, sal corriendo rápidamente y vete a la sede del Cuerpo de Equipaje. Es muy probable que el asfalto se esté quemando.

»Ya te dije antes, durante la presentación de este taller, que la mano del dios de la ,uerte puede llegar a ti en cualquier momento. Apenas respires, algunos gases incoloros e inoloros te quitarán la vida.

»En esa situación, llama a algunas personas aquí inmediatamente para detener la locura de Wayland; de todos modos, si la ciudad se convierte en una ciudad de la muerte… dependerá de lo que hagas.

Kusla le dio unas palmaditas a Fénesis en el hombro con una expresión seria, diciendo ostensiblemente que en verdad había un dios de la muerte; en respuesta, Fénesis miró el hombro con cautela.

—Bueno, te lo dejaré a ti.

Kusla creyó que ella al menos retendría sus emociones por un tiempo, pero en el momento en que se dio la vuelta, la mano de ella ya estaba tirando de su abrigo.

—…

Kusla se detuvo, y giró la cabeza para mirar; Fénesis se recuperó de inmediato y soltó la mano, nerviosa.

«Por favor, no me dejes aquí». Eso es lo que decían sus ojos.

—¿Qué pasa? —preguntó Kusla, y Fénesis retrocedió. Este hábito suyo le impedía decir algo, especialmente cuando estaba casi completamente abrumada por el miedo y la ansiedad.

Esto probablemente era un pretexto por parte de esta celadora, pero su capacidad para ocultar su expresión había desaparecido por completo. Parecía estar aterrorizada ante la idea de quedarse sola con Wayland.

Kusla naturalmente sabía que Fénesis estaría aterrorizada, pero al verla así, comenzó a sentirse un poco culpable, en lugar del deleite que habría resultado de burlarse de ella.

Parece, en efecto, que la apariencia de alguien que temblaba de miedo al caminar hacia una guillotina sería diferente de la apariencia de alguien aterrorizado de entrar en la letrina.

Pero, aunque ella dijo que tenía miedo de usar la letrina, sería problemático en el futuro si ella se volvía torpe por ser demasiado tímida.

Kusla suspiró levemente, y dijo—: ¿Los superiores ordenaron vigilarme?

—Nn.

Fénesis prácticamente estaba agarrando la última onza de paja que se le ofreció al afirmar esta declaración.

Kusla hizo todo lo posible para parecer reacio, y Fénesis aprovechó esta oportunidad para recuperar algo de orgullo como supervisora. Mostró la expresión de una persona que se ahogaba y que tocó el fondo de un lago, haciendo todo lo posible para ganar autoconfianza.

—Tengo órdenes de vigilarte.

Sus iris verdes permanecieron artificialmente inmóviles.

Kusla se encogió de hombros.

—Como sea —respondió.

 

 

Gulbetty siempre ha sido una ciudad portuaria. Incluso previo a que la Iglesia se enfrentara formalmente con los Paganos: después de todo, era una época en la que aún se respetaban entre sí.

Pero ahora, este lugar se había convertido en un puente levadizo que conducía a la zona de guerra más avanzada contra los paganos, un poderoso símbolo que mostraba a los Paganos la existencia de Dios.

En esta ciudad, se pueden encontrar muchos mercenarios y caballeros deambulando, y muchas tiendas que fueron construidas para complacerlos. Por otro lado, también había clérigos homicidas que no querían quedarse en la Iglesia, y que sentían que el campo de batalla era un lugar para poner su fe a prueba.

Desde muy temprano en la mañana, había gente tocando con instrumentos musicales, gente bebiendo mientras armaban alboroto, y evangelistas ambulantes preparándose para comenzar sus viajes; tal escena no era tan común.

Pero a Kusla le gustaba este tipo ambiente mixto.

En este lugar, los actos maliciosos podrían considerarse buenas acciones, y viceversa.

En otras ciudades, todos los actos lucrativos considerados viles serían denunciados, pero, en este lugar, las cosas eran completamente distintas; se racionalizaban por ser un medio para financiar la guerra contra los Paganos. No solo eso: mientras ganen dinero, aún si eso significaba comerciar con Paganos, se consideraría como robar la riqueza de los Paganos.

Un tema recurrente en este lugar era que, si hubiera algunas circunstancias variables, habría un resultado desconocido. Esto era completamente similar a los actos de los Alquimistas, y se podría decir que esta ciudad era una olla de alquimia.

Kusla y Wayland fueron enviados al taller local en parte como criminales, y este escenario sería una buena oportunidad para ellos en cierta medida. Cuánto menos, podían regresar a un lugar donde pudieran refinar el metal.

—Entonces ¿a dónde planeas ir?

Fénesis frunció el ceño mientras miraba a unos mercenarios salvajes al costado, quienes tenían los ojos vendados mientras arrojaban cuchillos contra algunas botellas en los barriles de vino, causando una gran conmoción.

«Si señalo que se ha mostrado tímida hasta ahora, su cara se sonrojará, y ella probablemente se volverá hacia mí con una mirada de estar a punto de morderme».

—¿No oíste? Vamos al mercado.

Fénesis se sintió intimidada por la mirada fría de Kusla; tal vez el aterrador recuerdo en el taller de hace un tiempo despertó en ella.

Pero como era un día soleado y brillante, no había nada de qué temer.

—L-lo escuché, pero me parece que hay todo tipo de mercados.

Ella mostró claramente estar tratando de hacerse la dura, y por eso valió la pena burlarse un poco de ella.

—No es ese tipo de mercado grande, solo uno ordinario.

—A-ah, ¿sí? Entonces ¿qué podemos comprar allí? ¿Unos materiales para hechizos?

«Parece que se ha recuperado un poco —observó—.  Está preguntando esas cosas tan alegre que tengo verdaderas ganas de darle una palmadita en la cabeza».

—Cosas como bañeras llenas de ojos de vaca, y cestas de tritones.

—¿¡Ack!? —Al escuchar las palabras de Kusla, Fénesis se detuvo en seco.

Kusla se dio la vuelta, y un hombre —parecía un trabajador— se chocó con ella después de que esta se detuvo abruptamente, y ella, chica y blanca, se cayó de bruces.

—Estaba mintiendo.

—… Mentir es una blasfemia hacia Dios…

Kusla quería replicar diciendo que el pretexto de Fénesis se consideraría una mentira, pero al verla moverse nerviosamente y apoyarse de sus rodillas, sintió que era mejor no añadir más problemas, y optó por quedarse callado de momento.

—No voy a comprar esas cosas. Nada de eso se puede comprar, a fin de cuentas. De cualquier forma, lo que necesito ahora es trigo, centeno, avena, huevos de gallina, leche de cabra; también, vino de uva con mucho cuerpo, y… —Kusla dobló los dedos mientras contaba y, a su lado, Fénesis inmediatamente mostró una expresión sospechosa.

—¿Vas a preparar comida? —Su tono parecía indicar que no creía que los alquimistas necesitaran comer.

Kusla, sin embargo, se encogió de hombros y dijo—: Todos esto se comprará para experimentar.

—…

—Ah, también necesito comprar algunas heces de vaca, caballo y paloma.

—… ¿E-esos también lo usan para experimentar?

—En efecto.

—…

Fénesis, ya sin poder saber si estaban bromeando con ella o no, preguntó letárgicamente—: ¿En verdad los venden?

Ella, que llevaba una vida de oración en el monasterio todos los días, probablemente creía que las heces de vaca y los ojos de vaca eran similares.

—Sí. Una vez secas, las heces de vaca y caballo pueden usarse como combustible. Hay tiendas que las venden.

—… ¿Y las de paloma?

—Normalmente se utilizan para el curtido. ¿Sabes lo que es el curtido? —preguntó Kusla y, durante un rato, Fénesis no respondió. Esta falta de respuesta demostró el hecho de que ella no entendía de qué se trataba—. La piel se despega de esta manera.

—¡…!

Kusla extendió los dedos hacia Fénesis y le acarició la mejilla, haciendo que retrocediera con un brinco en estado de shock.

Él levantó la mirada y sonrió, mas no se rio. Ella puso su mano sobre su mejilla, con la cara hecha piedra, y una vez que se recuperó, su cara se puso roja.

—De todos modos, una vez que la piel se retira, hay trabajo adicional para evitar que la piel cruda se pudra. Esto es el curtido y, en tales situaciones, las heces de paloma deben ser aplicadas. Estas normalmente se venden en talleres de curtido de cuero o en las tintorerías.

«Entonces dilo de entrada», pensó Fénesis mirando a Kusla con lágrimas en los ojos.

—Y luego, esas cosas se usan para refinar metal.

—Probablemente estás mintiendo de nuevo, ¿no? —dijo Fénesis suspirando mientras giraba la cabeza a un lado, comenzando a lamentar lo que estaba haciendo en este lugar.

Quizá ya la ha molestado mucho.

—Las heces de vaca y caballo pueden usarse para reforzar el hierro —dijo Kusla—. Y en cuanto a las heces de paloma, quiero probar si funcionan igual que las heces de vaca y caballo.

—… —Fénesis continuó manteniendo la cabeza hacia un lado.

Pero Kusla no le dio importancia mientras proseguía—: En cuanto a los huevos, estoy pensado en usar la clara y las cáscaras. Una vez que la cáscara es molida en polvo y se arroja al horno, se pueden eliminar las impurezas en el hierro. La clara se usa para eliminar los materiales túrbidos en el vino de uva.

—… ¿Vino de uva?

Kusla no podría continuar si fuese el único que diera explicaciones y divagar sin hacer caso de todo lo demás.

Quizá su personalidad era la de alguien que ama cuidar a los demás.

—El vino de uva purificado y con buen cuerpo puede fermentarse en vinagre, y el vinagre tiene propiedades que pueden disolver el metal. Por lo tanto, se utiliza como reactivo.

—… Y… y ¿el trigo?

—Ah, ¿no que las cáscaras de huevo son blancas? Si las cáscaras pueden alterar el resultado de la refinación, quiero ver qué tipo de efecto puede hacer el trigo ya que también es blanco, así que es por esta razón que quiero usar trigo. Puede tener el mismo efecto, pero puede no ser tan efectivo.

En respuesta a la explicación de Kusla, Fénesis parecía no saber qué hacer.

Tal vez estaba empezando a dudar después de haber sido objeto de burlas.

—¿Sabes cómo se refina el hierro?

—¿Eh?… S-si es solo eso, aún lo entiendo.

—Ah, ¿sí? —dijo Kusla con un ligero tono burlón, y Fénesis lo fulminó con una mirada de ira.

—Se queman las rocas y se recoge la porción derretida para formar metales.

«Estoy en lo correcto, ¿a que sí?». Fénesis enderezó el cuerpo e hinchó su pecho, luciendo un poco encantada.

—No está mal básicamente, pero el trabajo real es un poco más complicado.

—Ugh…

—Si se trata de arena de hierro, y si tenemos que refinar hierro de calidad ordinaria, tu método será el utilizado. Colocamos arena de hierro sobre carbón ardiente y esperamos a que se funda. No obstante, si alguien quiere aumentar la pureza, solo se tiene que eliminar las impurezas flotantes en la superficie.

—… ¿Y-y entonces?

—La parte complicada es cuando hay muchas impurezas además del hierro. En esa situación, el proceso de refinación es mucho más complicado. Por ejemplo, cuando hay impureza de plomo en el interior, primero tenemos que calentar el lingote, derretir el plomo que es más fácil de eliminar, y lo que queda es un bloque de hierro que parece un algodón áspero. Lo sacamos, lo enfriamos, lo aplastamos con un martillo para nivelarlo todo y lo lavamos con agua corriente.

»Después de lavarlo en agua corriente, habrá diferentes capas en el mineral; algunos se hundirán rápidamente, otros lo harán lentamente, todo debido a las diferentes densidades. En esa situación, podemos simplemente elegir extraer el hierro lo más que podamos, ponerlo en el horno y fundirlo de nuevo.

»Después de eso, agregamos un poco de carbón, algunos bloques de madera con hojas, y después, algo de plomo. La razón por la que tenemos que agregar plomo nuevamente es porque se derrite antes que el hierro; disolverá algunas de las impurezas extra que contiene y nos permitirá extraerlas. La adición de carbón y madera es para aumentar la pureza. En ocasiones, podemos agregar cosas como cáscaras de huevo y cal. La cal aquí… es como unas rocas blancas.

Kusla se encogió de hombros, y Fénesis asintió vagamente.

—La calefacción dura entre el amanecer y el atardecer, o aproximadamente eso. En este punto, factores como la adición de carbón, el método de calentamiento y el tiempo empleado afectarán al producto. Cuando esperamos a que se produzca el calor, tenemos que eliminar las impurezas flotantes y tirarlas.

»Una vez que todo está hecho, retiramos el material derretido y lo enfriamos. Y después de esta fase, si queremos crear cosas como espadas o armadura, tenemos que continuar los procesos de forjado y temple. Si hay azufre y otras impurezas, necesitamos cambiar la temperatura y los aditivos utilizados. Esa es probablemente la esencia de todo esto.

Al escuchar la explicación de que esto era básicamente así, Fénesis, quien estaba absorta al escuchar esto, de repente pareció recuperarse.

—V-vaya que es algo complicado.

—Ciertamente. Es así de complicado aún después de saber qué estamos refinando.

En el momento en que Kusla dijo esto, Fénesis asintió vagamente otra vez.

—¿Alguna pregunta? —preguntó, y ella levantó la cabeza, pero inmediatamente mostró una expresión preocupada y giró la cabeza otra vez.

—Eres mi supervisor, ¿no es así? Es necesario intercambiar información y tener confianza mutua.

—…

Los ojos de Fénesis miraron de reojo a Kusla, revelando la desconfianza y la furia ante esta confianza de la que él hablaba. Sin embargo, cuando ella volvió la mirada, su rostro claramente mostraba dudas.

Y pues, ella realmente no podía evitar mantener sus dudas en su corazón, a diferencia de una dama recatada.

—Probablemente hubo algo en lo que me mentiste, pero aun así quiero preguntar.

—Ya te digo que eso es un prejuicio terrible que tienes.

—¿Qué tan lejos llegarás con tu blasfemia hacia Dios, exactamente?

Fénesis planteó esta pregunta, ignorando ostensiblemente la broma que hizo Kusla, lo que fue suficiente para dejarlo sin palabras.

—Ustedes los alquimistas son todos seguidores de la herejía. Escupen a Dios. Interrumpen el orden en el mundo y se complacen cíclicamente, o eso he oído.

—¿Y?

—Y-y, yo fui asignada para vigilarte…

Mientras charlaba con Fénesis, los dos llegaron al mercado. Había una gran variedad de bienes dentro, y un bullicioso ambiente llenaba el lugar. Kusla, sin embargo, no estaba allí para comprar ingredientes para la cena, y tampoco estaba para ser un acaparador.

Obviamente, estaban aquí para comprar los productos que necesitaba, y al poco tiempo, andaban cargando bolsas de todos los tamaños.

Kusla entregó un saco a Fénesis, y ella instintivamente lo recibió. Pero frunció el ceño poco después, ya que era un saco lleno de heces de caballo y vaca.

—¡T-tú eres un…! —Fénesis pareció enojarse, y suspiró en dirección anónima.

Sin embargo, las compras le robaron el tiempo para preguntar, y antes de que pudieran continuar con sus preguntas, tuvieron que seguir yendo de una tienda a otra, lo que hizo que Fénesis se sintiera un poco incómoda. Estaba realmente preocupada, preguntándose si Kusla estaría furioso por esa pregunta tan directa.

Porque ella, justo frente a un alquimista, llamó a su trabajo herejía.

—Como se espera de un lugar cerca de la zona de guerra. Tenemos hasta semejantes tiendas —dijo Kusla al detenerse frente a un puesto mientras pasaba.

Fénesis estaba asqueada por el saco de heces que sostenía en mano, mientras se preocupaba por Kusla y continuaba vigilándolo, pero ella también se sorprendió al ver el puesto.

—Pero estas ciertamente no se ven valiosas cuando están dispuestos de esta manera —señaló Kusla con ironía, y Fénesis tan solo pudo curvar los labios rígidamente.

Había un montón de herramientas sagradas esparcidas en este puesto; el tendero se fijó en Kusla, que justo se había detenido frente al puesto, y salió del interior.

—Oh, vaya. ¿Hay algo que necesiten? Estos productos son los mejores bienes consagrados de la Arquidiócesis del Sur. Ah, ¿hicieron algunas compras de comida? Permítanme presentarles esta olla.

»Si se vierte agua desde aquí, se puede purificar cualquier agua podrida, y si se usa esta agua para lavar cualquier ingrediente, no habrá que preocuparse por que algún pagano lo haya podido tocar. Actualmente, puedo venderles uno por 20 quilates, y dos por 36 quilates. ¿Qué tal suena eso?

—¿Escuchaste? —dijo Kusla detrás de Fénesis con una voz burlona, y el tendero pudo oír un gruñir. En ese momento, ella no tuvo la voluntad suficiente para sospechar que el tendero promocionaba un artículo con funciones tan sospechosas, o, mejor dicho, estaba completamente concentrada en alejar ese saco de heces secas lejos de su cuerpo.

—Va-vaya, pero si no es una de las hermanas de los Caballeros… Je, je.

Los residentes de esta ciudad sabrían inmediatamente que ella estaba afiliada a los Caballeros por los adornos en su túnica.

Kusla ignoró cómo el tendero se inquietó al ser acorralado, y echó un rápido vistazo a los artículos exhibidos en el lugar.

Había altares de velas de latón, botellas de estaño, tazas de hierro y tabernáculos de bronce.

Estos eran bienes que los alquimistas continuarían observando, pero entre ellos, había algo que le llamó más la atención.

—¿Eso es…?

—¿Ah? ¿T-te refieres a esto?

El tendero, entrando en pánico, fue y extendió la mano para agarrarla. Era una estatuilla de la Santa Madre, del tamaño de una palma.

—Esto, Estimado Señor, es una estatuilla de la Santa Madre ordenada especialmente por los Caballeros de Gulbetty…

—¿Supongo que esto es plata pura?

La estatuilla era muy discreta y, a primera vista, uno supondría que era una pieza cruda esculpida de cal sodada con descuido.

Pero ya era hora de quitársela al tendero; se sentía diferente de la piedra cuando se sostenía en la mano.

—¿Cuánto por esto? —preguntó Kusla, y en respuesta, el tendero no pareció entender sus palabras ya que permaneció confundido por un tiempo.

—U-um… En realidad, esto no está en venta.

—¿Hm?

—Bueno, hace no mucho, se vendió una vez, pero poco después, hubo una orden para que fueran recolectadas. Parece que había una necesidad de cuidar de la Iglesia, o algo así…

Kusla miró la estatuilla de la Santa Madre en su mano, y luego volvió los ojos hacia el tendero.

—Se suele decir que los Caballeros son el pecho derecho, y que la Iglesia el izquierdo.

—Je, je.

Sin embargo, el tendero se sentía desgarrado, preguntándose si debería sonreír frente a esta hermana.

Era un hecho indudable que tanto la Iglesia como los Caballeros adoraban al Dios por encima de ellos, pero la forma de adoración era significativamente diferente.

Los Santos que adoraban eran completamente distintos, pero sería una tontería preguntar si estos Santos provienen de las mismas enseñanzas.

Entre estos factores, no obstante, ambos lados adoran a la deidad llamada la Santa Madre.

Estos dos poderes luchaban por el amor de la Madre, y la gente lo encontraba tan risible como bebés gemelos peleándose por los pechos de una madre.

—Entonces ¿por qué aquí tenemos algo que debió ser recogido por la Iglesia?

—¿Eh? … Esto estaba entre las cosas del almacén, la encontré de casualidad… Había estado esperando el momento para devolverla, pero como estaba tan ocupados…

—Ya veo.

Kusla escuchó la explicación del tendero mientras examinaba la estatuilla. De repente, notó la mirada de Fénesis.

—Entonces ¿la señorita Muñeca aún está en la edad del anhelo? —dijo Kusla con un tono travieso, a lo que Fénesis inmediatamente se calló mientras hinchaba las mejillas.

—Que alguien como tú sostenga a la Santa Madre…

—Esto estará contigo entonces.

—Ah, ¿eh?… ¿Eh? —Fénesis entró en pánico al atrapar a la figura de la Santa Madre que soltó Kusla.

Pero el tendero también estaba entrando en pánico—. Um, ese artículo no está a la ven…

—Esto es un depósito —dijo Kusla para interrumpirle mientras dejaba el dinero.

El tendero, aún temeroso, se fijó en el dinero debido a su naturaleza de comerciante.

—¿Y no que querías devolvérselo a los Caballeros? Somos de los Caballeros.

En el momento en que el tendero oyó esto, se recuperó, y finalmente alzó la cabeza.

—No, pero…

—Mi nombre es Kusla. Soy un alquimista.

La expresión del tendero se congeló inmediatamente, y se quedó sin palabras.

—Cuando les digas ese nombre, no harán ni dirán nada. Si el dinero no es suficiente, ellos probablemente pagarán el resto.

El tendero, sin saber qué hacer, se volvió hacia Fénesis con una mirada suplicando ayuda, mas ella tampoco podía hacer nada. Sostenía la estatuilla de la Santa Madre cerca de su pecho.

«Que así sea, pues». Después de que Kusla diera esta mirada al salir del puesto, el dueño pareció inseguro en decir algo mientras se rascaba la cabeza y se preguntaba si debería perseguirlo; acabó desistiendo.

Por un momento, Fénesis quedó desconcertada por lo sucedido. Dio una mirada desconcertada y, al final, después de inclinarse ante el tendero, fue tras Kusla.

—U-um, ¿eso era verdad?

—Pero a ti no te importa, ¿verdad? Esta señorita muñeca que tenemos aquí hace juego con nuestra Srta. hermana.

 

 

—…

Fénesis quería expresar su furia por haber sido tratada de idiota, pero a fin de cuentas no podía decir que quería devolver la figura de la Santa Madre.

Después de un breve silencio, ella dijo—: No es señorita muñeca. Esta es la Santa Madre.

Fénesis dijo estas palabras con un tono de aprecio, mirando fijamente a la figura de la Santa Madre que sostenía cerca de su pecho. Al ver esto, Kusla se encogió de hombros. «Lo que tú digas», expresó con la mirada.

Entre tanto, Kusla le dijo al tendero que le informase a Post sobre la situación, y que este último desembolsaría el resto del pago incompleto. Más adelante, Post reprendería a Kusla por un rato y le haría devolver la estatuilla de la Santa Madre, pero en dicha situación, Kusla diría que Fénesis fue quien quería hacer eso. Como Fénesis pertenecía al Escuadrón de Oración, Post tendría que presentar una solicitud a su superior, pidiendo que Fénesis la devolviera.

Mientras siga acatando estos tontos procedimientos burocráticos, Kusla podría robar en secreto la estatuilla de la Santa Madre de Fénesis, fundirla y dar algunas respuestas vagas más tarde. Era poco probable que los superiores discutieran sobre una simple estatuilla de la Santa Madre.

Este era la forma más básica en la que un alquimista podía acumular dinero.

—Bien pues, continuemos por donde quedamos. Nosotros no nos desviamos del camino por el mero hecho de hacerlo.

Fénesis, que había estado frotando la estatuilla de la Madre Sagrada mientras ignoraba que su túnica estaba cubierta de polvo de plata, levantó la cabeza al escuchar a Kusla comenzar este tema con calma. Pese a que estaban en medio de bulliciosos alborotos, estas palabras lograron llegar a sus oídos.

De pronto, Kusla con una mirada seria dijo—: Pero ciertamente somos herejes.

Kusla siguió avanzando mientras dejaba atrás a una atónita Fénesis, que se detuvo en seco, y corrió a toda prisa tras él.

—La mayoría de las personas en los Caballeros nos malinterpretan. Es cierto que hay algunos alquimistas que persiguen un elixir de inmortalidad, o un elixir milagroso que pueda curar todo tipo de dolencias; en cuanto a mí… yo también estoy persiguiendo algo un poco ridículo.

—¿Eh?

—No, no es nada. —Kusla meneó la cabeza, y continuó—: De todos modos, los alquimistas son básicamente lo mismo que los artesanos, pero a diferencia de estos últimos, los alquimistas son una colección de personas que nunca tendrán un buen final. Esta es la razón.

Kusla miró de reojo a Fénesis, y se tocó la cabeza con la mano.

Fénesis mostró una expresión escéptica mientras miraba.

—Porque existe una mente desquiciada.

—… ¿Estás hablando de mí?

Al momento, Kusla involuntariamente se rio de las palabras que Fénesis le dijo.

—Jajaja, no es eso. Me disculpo por haberte molestado un par de veces, así que no seas tan desconfiada.

—…

—Lo digo en serio. Simplemente no puedo detenerme.

—… ¿No puedes detenerte?

—Así es, no puedo parar. Una vez que encuentro un objetivo determinado, tengo una necesidad irresistible de seguirlo hasta sus orígenes. Los obsesionados con la metalurgia no pueden quejarse quietos si no pueden encontrar el método metalúrgico perfecto. «¿Qué pasa si uso este método para hacer esto?», «¿qué tal esto?», «¿qué tal aquello?». Seguiremos trabajando en ello, tras innumerables intentos y métodos, hasta lograr un progreso. En dado caso, ¿qué crees que sucederá?

—…

Fénesis cerró la boca, presuntamente mirando furtivamente a Kusla.

—Uno caerá en la herejía.

Si la pureza del hierro se puede elevar mediante el uso de mucho carbón vegetal, ¿qué ocurre con las otras formas de carbón? Así pues, quemaban todo tipo de artículos para formar carbón, y los agregaban poco a poco. Al final, los resultados variarían definitivamente. Uno se preguntará si se debió a algo más. Alguien dirá, «es por el tipo de madera»; otro dice, «fue debido a la humedad del clima»; otro diría, «no, las constelaciones de hace dos días no estaban alineadas correctamente» y, finalmente, alguien exclama que se volvió el mejor cuando fue a la Iglesia a arrepentirse.

Y pues, era cuestión de tiempo antes que la gente comenzara a desafiar a Dios.

Hubo algunos que trataron de usar técnicas espirituales o maldiciones, y a usar criaturas aborrecibles como lagartos o sapos para hacer carbón. Incluso aquellos que lograron mantener su cordura tendrían algunos pensamientos radicales después de probar todo tipo de materiales arbóreos que podrían convertirse en carbón vegetal, solo para descubrir que no funcionaban.

«¿Deberíamos tratar de usar la madera de la legendaria Cruz en la que el Santo fue crucificado?». Quizás algunos tendrían también esta noción.

La piedra caliza y las cáscaras de huevo podrían causar un resultado diferente, y los huesos de perro causarían otro resultado distinto; en ese caso, ¿qué hay de poner los huesos de un Santo en el horno?

—Los artesanos ganan sus recompensas a través de la producción de artículos y de la calidad de estos productos, pero nosotros no somos así. Es solo que nuestros intereses coinciden con los de la autoridad. Para un extraño, parecería que estamos cometiendo una insensatez, y yo mismo creo que ese sea el caso. Sin embargo, nos gusta lo que nos gusta, y buscamos lo que queremos. La cuestión es que las personas que nos rodean no piensan de esta manera. Simplemente se preguntarán: «¿qué está tramando esta persona?», «¿qué va a hacer esa persona con eso?». Para esa persona, un alquimista es… alguien que se apartó del camino…

Kusla no supo qué órdenes Friche, quien una vez expresó su amor por él, recibió de la Iglesia al final. Ella probablemente creía de todo corazón en el malentendido por parte de la Iglesia, y los Caballeros probablemente también tuvieron un malentendido similar, lo que resultó en esa respuesta demasiado entusiasta.

De hecho, él no quería hablar de ese peligroso tema.

Pues, para él, se sintió como una simple prueba de la calidad de una técnica de refinamiento.

—De todos modos, solo podemos tomar las observaciones que hacen las personas que nos rodean por el bien de nuestra investigación. Si no lo hacemos, no podremos protegernos a nosotros mismos. Pero esto nos causará más demencia como resultado y, al final, terminaremos siendo vigilados por una hermana con un honesto corazón religioso.

—¡…!

Fénesis permaneció en silencio ante el sarcasmo de Kusla, pero esa expresión congelada no se mantuvo por mucho tiempo.

Y Kusla, naturalmente, sabía la razón detrás de eso.

Porque esto no era una broma.

Fénesis, que parecía sabia, también lo entendió.

—Lo sabíamos, mas no pudimos detenernos. Por ello somos tontos. —Kusla se rio entre dientes con una expresión sarcástica mientras miraba a Fénesis que estaba a su lado.

Fénesis pareció reprimir algo antes de volver a cerrar la boca, y evitó su mirada infelizmente.

Parecía no estar acostumbrada a interactuar con los verdaderos sentimientos de otra persona.

Un cazador, después de ver ese lado tan puro de su rostro, se convertiría ostensiblemente en el cazado.

—… ¿No estás cansado?

Con respecto a esta breve pregunta de Fénesis, Kusla se sorprendió por un momento.

—¿Qué?

—¿No estás cansado? ¿De vivir esa clase de vida?

Fénesis parecía mirar a Kusla con una expresión de lástima, haciendo que este último hiciera una mueca.

Esta expresión fue la misma que ella mostró mientras Kusla le presentaba el taller. Su pasado estaba lleno de envenenamientos por todas partes, que tenía que estar al tanto de cualquier intento de este tipo sobre él y, de ahí en adelante, tuvo que seguir viviendo esta vida. Fénesis parecía haberse dado cuenta profundamente de dicha realidad, por lo que esa expresión era probablemente de compasión.

«En verdad soy un fracaso como alquimista al permitir que una hermana pretenciosa sin ningún conocimiento del mundo me compadezca».

—¿Quién sabe? Nada de esto le ha pasado a nadie más que a mí. ¿Crees que puedo imaginar la alegría de Interés(Kusla) durmiendo tranquilamente?

—…

—A este punto, estoy empezando a darme cuenta de lo embarazoso que es este nombre, pero todos parecen sospechar de mí.

—¿Eh?

—Continúo hacia mi destino sin importar el día ni la hora. Eso es básicamente lo que significa.

Nunca le había dicho esas cosas a Friche.

¿Por qué? Ni siquiera él, si se lo preguntaran, sabría la respuesta.

—Esta es la realidad de un Alquimista, nada más, ni nada menos.

«¿Me habré expresado muy claramente? —Esto ya lo había pensado antes—. Pero… quizás anhelaba que alguien me escuchara».

Tomás Blanket, que una vez trabajó en ese taller, murió abruptamente. Friche también sufrió un destino similar al suyo.

Aquellos en esta línea de ocupación tendrían que ser más abiertos acerca de los eventos que eran de esperar, pero ¿por qué otros reaccionarían de forma exagerada a las cosas que él hace en su búsqueda de sus intereses? Esta pregunta a menudo perduraba en su interior. El motivo detrás de que un alquimista se convirtiera en uno era verdaderamente un asunto trivial, y no había nada que exagerar.

Mientras seguía reflexionando, su mente quedó en blanco, como las túnicas que cubrían a Fénesis.

En vista de tal blancura, inconscientemente pensó en acercar la mano.

—Por eso, tengo una solicitud que pedirte.

Pero si continuara hablando, sería un alquimista no calificado.

Kusla miró a Fénesis, y dijo—: Si estás aquí por algún malentendido grave, por favor, dímelo.

—… ¿Malentendido?

—Para ser precisos, debería llamarse una orden secreta.

En respuesta a las palabras de Kusla, la expresión de Fénesis se tensó por un momento. En cuanto a si era porque había algo que ella estaba escondiendo, o algo más, él no lo sabía.

Pero, aunque no lo supiera, sería mejor que hiciera una promesa.

—Será problemático si ambos continuamos dudando de todos. Las grandes sombras en una pared son muy probablemente pequeños conejos.

—¿Soy yo un conejo?

—Tal como dices.

Kusla quiso molestar un poco a Fénesis, y esta última inadvertidamente soltó una carcajada.

Pero su sonrisa desapareció gradualmente y, con esa expresión restante su rostro, ella se miró la mano.

—Somos iguales…

—¿Ah?

—¿Eh?

Fénesis levantó la cabeza, y parpadeó.

Ella pareció estar murmurando para sí misma involuntariamente.

—N-no es nada. De cualquier manera, soy tu supervisor, y tengo que terminar esta misión.

Las palabras que ella dijo en ese momento les hicieron sentir un ambiente diferente al anterior. Sería demasiado incomodo continuar preguntándole a Fénesis tras verla, con la estatuilla de la Santa Madre entre manos, orando ostensiblemente.

Basándose en el hecho de que ella podía ingresar a un monasterio de los Caballeros a tan temprana edad, parecía ser que Fénesis tampoco llevaba una vida fácil.

—De todos modos, espero que disfrutemos de esto juntos —dijo Kusla, y la campana de la Iglesia que indicaba la hora de oración del mediodía sonó por todo el mercado.

 

 

Notas:

1NE: Lavra (Laura), palabra eslava que se utiliza para designar a los monasterios ortodoxos de gran relevancia. Son un tipo de monasterio.

2NE: Referencia a la Divina Comedia, Infierno de Dante Alighieri.

3NE: Se refiere al Monóxido de Carbono, gas altamente toxico que se produce por la combustión incompleta de diversas sustancias como carbón, tabaco, madera, petróleo…

4– El excremento de paloma se solía usar en la antigüedad para curtir el cuero y hacerlo más suaves. Hoy en día pocos aún usan este método.

5– Frase que indica que una duda no aclarada puede llevar a grandes malentendidos.


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