El hombre elegido por los Dioses — Capítulo 3


Ah, cierto. Como ya habrán notado, nosotros nos encargaremos de publicar los capítulos de número impar, mientras que Excalibur-es tomará los de número par. Perdón les resulta incómodo si ir cambiando entre páginas.

Que disfruten del capítulo.


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Partida

 

—¡Ugh! … Agh, agh…

Después de que Ryôma y compañía regresaran y charlasen un rato, la condición de Hyuzu empeoró.

—¡Hyuzu!

—¡Calma! ¡Calma, Hyuzu!

—La poción y la magia de curación han detenido la hemorragia, peor ahora tiene fiebre. Y bastante alta…

—Tengo… medicina.

La cara de Hyuzu estaba enrojecida por la fiebre mientras él gemía y transpiraba.

Cuando escuchó lo que Camil dijo, Ryôma se apresuró al interior.

—Vaya fortuna tenemos de habernos encontrado con ese chico, ¿no cree, jefe?

—Sí. Si no ser por él, definitivamente no habríamos podido salvar a Hyuzu.

—Hyuzu aún no está fuera de peligro, pero aún si hubiéramos podido usar magia de curación, no habríamos podido salvarle. Después de todo, la magia de curación no funciona en las fiebres.

—Bueno, podría funcionar en casos normales, pero seguramente no cuando has perdido mucha sangre…

Cuando dejaron de hablar sobre Hyuzu, el tema pasó a Ryôma.

—¿Qué hacemos con él? No podemos dejarlo aquí solo, ¿verdad?

—Ya lleva tres años viviendo aquí. Estoy seguro de que él sabe lo peligroso que es —razonó Jill.

—Ha logrado sobrevivir todos estos años, y tiene esas habilidades de resistencia… Seguro vivió un mal momento cuando estaba en su aldea. Quién sabe si siquiera podremos convencerlo de que un poblado es un lugar más seguro. Afortunadamente, él no está lo suficientemente cuerdo como para no arremeter contra alguien apenas lo ve.

—Ah, ahora que lo pienso, esa persona hizo todo un escándalo —dijo Reinhart, pareciendo rememorar.

—Reinhart-sama, como padre que es usted, ¿no se le ocurre algo? —preguntó Zeff.

—Usted es el único aquí que tiene una hija, jefe. La gente como nosotros no tiene la más mínima idea de qué hacer en momentos como este.

—Yo tampoco tengo ni idea de qué hacer. No podemos dejarlo solo, pero tampoco podemos obligarlo a venir con nosotros. En cualquier caso, tenemos que volver primero. Hablaré con mi padre y Elize sobre esto.

Después que se les acabasen los temas de conversación, el silencio rigió en la sala. Unos minutos más tarde, Ryôma regresó con un slime que llevaba un jarrón lleno de agua y una medicina. El propio Ryôma llevaba una piel de monstruo entre brazos.

—Um, gracias —dijo Camil.

—El tratamiento primero —dijo Ryôma mientras cubrí a Hyuzu con la piel que trajo, y Camil entonces vertió el agua en una taza.

—Háganle inclinar la cabeza. Tiene que beberlo.

Acorde a lo que dijo Ryôma, Camil hizo que Hyuzu bebiese.

—… Parece que tomó todo.

Ryôma le ofreció la medicina apenas escuchó eso.

—Medicina.

—Gracias —dijo Reinhart, e inmediatamente hizo que Hyuzu bebiera la medicina.

Después de una hora, la condición de Hyuzu mejoró finalmente. Reinhart y su grupo suspiraron aliviados.

Estaba oscureciendo, así que Ryôma le propuso a Reinhart y compañía que se quedasen a dormir. Viendo que Ryôma no era hostil y después de considerar la situación de Hyuzu, Reinhart decidió aceptar la propuesta del muchacho.

Ryôma lució su cocina casera para la cena. Era un plato sencillo, nada más que brotes de soja salteados y sopa de carne de conejo, mas Reinhart y su grupo quedaron muy felices.

Al día siguiente.

Hyuzu ya se había recuperado y podía valerse por sí mismo. Sin embargo, Reinhart y el resto no se marcharon de inmediato, y esperaron hasta la tarde para asegurarse de que Hyuzu estuviera bien de salud.

—Válgame, pensé que ya era caso perdido. ¡Muchas gracias, chico!

—¿De verdad estás… bien?

—¿Qué? ¿Estás preocupado? Oí que no querías ir a la aldea, así que pensé que odiabas a la gente.

—… Cuánto menos… me preocupo por los enfermos…

—¡GAJAJA! ¡Ya veo! ¡Entiendo! ¡Mis disculpas! Ups…

Mientras se reía, Hyuzu de pronto empezó a tambalear. Reinhart y Camil fueron inmediatamente a apoyarlo.

—¿Estás bien, Hyuzu?

—S, sí… Sólo un poco mareado, jefe. Nada de qué preocuparse.

—Te acabas de recuperar, así que ten más cuidado.

Al ver esto, Ryôma sacó la medicina que había preparado de antemano.

—Bebe.

—¿Hmm? ¿Qué hay en la botella?

—Medicina para la sangre. Te falta sangre.

—Ah, ¿sí? Gracias. Bueno, empezaré a tomar… ¿¡Ugh!? ¿¡Qué demonios!?

El olor de la combinación de hierbas y orugas verdes emanaba de la botella. Hyuzu no fue el único que se desanimó por el olor, ni siquiera Jill y Zeff pudieron evitarlo.

—Apesta, pero… funciona, lo juro.

—Bueno, ya escuchaste al chiquillo. Hasta el fondo —ordenó Reinhart.

—¡E, esperen un momento! —chilló Hyuzu.

—Estaríamos en un aprieto si de pronto te desmayas por el camino —comentó Jill.

—También estamos preocupado, ¿sabes? —añadió Zeff.

Jill y Zeff sujetaron a Hyuzu por los hombros, impidiéndole huir.

—¡Perdóname! —gritó Camil.

Este tomó la botella, y vació su contenido en la boca de Hyuzu.

—¡¡¡%’$’%$!!!

Murmullos incomprensibles salieron de la boca de Hyuzu mientras convulsionaba varias veces. La lamentable apariencia de Hyuzu al apoyase en una pared hizo que pareciera que lo que había bebido no era medicina sino veneno. Para que conste, era una medicina efectiva, pero apestaba mucho.

—U, ustedes…

—Medicina de la buena tiende a saber mal, Hyuzu.

—No temas, que la medicina del muchacho es efectiva.

—Las pociones que usó para curarte bien parecían de clase alta.

—Maldición. Ah… Pensé que moriría… Ugh…

El hedor de la medicina que salía de la médula de su estómago enfermo hizo que Hyuzu sintiera náuseas. Parecía estar a punto de vomitar, así que Ryôma le dio otro vaso de agua.

—¿Tienes… armadura?

—Fuu… ¿hmm? Ah, mi armadura quedó hecha trizas por ese oso, así que no. No tengo. Y tampoco tengo armas.

—Tengo algo… Espera ahí.

—Eso sería de mucha ayuda, pero ¿estás bien con darnos tus cosas?

—Sí.

Ryôma entró, y regresó con algunos slimes que llevaban cinco lanzas y tres piezas de armadura en total.

—Toma.

—Estas cosas parecen muy buenas para haberlas obtenido de simples bandidos. ¿Estás seguro de que quieres dárselas a Hyuzu?

—Las armas… están hechas para… usarse… Si no las tomas, nadie… las usará…

—Estas lanzas bien podrían valer cinco monedas pequeñas de oro, ¿sabes?

—Tómalas.

Cuando Jill y Hyuzu vieron lo buenos que eran los equipos, le preguntaron repetidamente a Ryôma si estaba seguro de regalarlos. Al final, el primero en rendirse fue el propio Hyuzu.

—… En ese caso, con gusto me lo llevaré. Pero no aguanto la idea de tomar cosas gratis. No tengo nada que dar, pero si alguna vez lo necesitas, llámame y ahí estaré. Puedes contactarme fácilmente dándoles mi nombre a los guardias del pueblo Gaunago. No te contengas cuando lo requieras, ¿de acuerdo?

—Entendido.

Así, el grupo de cinco personas terminó sus preparativos, y partió. Después de 3 años en el otro mundo, Ryôma finalmente había conocido gente de este mundo.

Ryôma estaba exhausto después de conversar con alguien por primera vez en mucho tiempo, pero, de todos modos, siguió cazando como de costumbre.

Lo que Ryôma no sabía, sin embargo, era que este simple encuentro cambiaría mucho su vida.


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