Bursters!! Capítulo 56


Gif: Confirmado, tenemos un autor sádico inato….  xd   ojala disfruten el cap bye~~

Lancelot: ¡Oie, eso ofende viejo!

Edición y Corrección: Gif

Rencores Personales: Seiji, Kazuha y Fuuko Pt.2

— Me duele…Mamá…

— ¡…!

Kazuha tenía los ojos como platos y sudaba profusamente al verlo. A simple vista parecía ser un chico de entre 16 a 19 años. No había forma de que ese adolescente fuera su hijo Daichi, es decir, para ese momento, su hijo tendría unos 3 o 4 años.

— Mamá…

El soldado zombi avanzaba hacia Kazuha lentamente. El trozo del casco que faltaba dejaba ver su ojo izquierdo y parte de su cabello. Su ojo completamente perdido y sin voluntad parecía derramar lágrimas mientras avanzaba.

— Dai…chi… ¿Eres tú?… — balbuceo Kazuha sin perder la palidez en su expresión.

— Mamá…

Kazuha no podía evitar creerle realmente. Su apariencia era completamente diferente, pero algo dentro de él, hacían dudar a la mujer. Llámalo instinto maternal o simplemente intuición, pero algo le decía a Kazuha que era él. Ese soldado, era su hijo.

Inconscientemente la mujer comenzó a caminar en dirección ha su supuesto hijo, mientras ambos murmuraban Mamá y Daichi, respectivamente.

— Daichi…

— Mamá…

Fueron pocos pasos, pero cuando finalmente se encontraban al alcance uno del otro, Kazuha siente el peligro.

— ¡…!

Daichi intenta atacarla justo a la garganta con un cuchillo bayoneta imbuido en aura. El cual la mujer esquiva por el grosor de un cabello. La sorpresa del ataque le hace perder un poco el equilibrio. Lo cual Daichi aprovecha y se lanza sobre ella.

Kazuha se encontraba agotada después de luchar por tanto tiempo, tanto así que incluso le costaba trabajo sacarse a Daichi de encima, mientras su enemigo intentaba apuñalarla.

— Duele…Duele mucho…Mamá…

— ¡Daichi, despierta! — grito Kazuha.

Mientras la mujer luchaba en fuerza para evitar la puñalada, esta gritaba para que su hijo despertase. Sin embargo, no parecía tener efecto. Los ojos perdidos no cambiaban. Pero su conciencia aun no estaba muerta. Kazuha quería creer que aun podía recuperar a su hijo.

— ¡Despierta, Dai-chan!

— ¡…!

De la nada, Kazuha siente que la fuerza de su enemigo flaquea, por lo que aprovecha para sacárselo de encima de una patada.

El cuerpo sale disparado y da dos o tres tumbos en suelo para después levantarse lentamente.

— Haaaaa…Haaaaa…

Los jadeos por el cansancio ya eran obvios. Daichi no era el único enemigo ahí. Mientras Daichi se levantaba del suelo, los demás atacaban a Kazuha mientras tanto. La mujer los manejaba lo mejor posible, pero debido al golpe emocional de hace momentos, no podía evitar mirar a su hijo de vez en cuando.

— ¡Gugh!

Debido a los constantes descuidos por parte de ella, un enemigo acabo por golpearla directamente en el rostro. No obstante, esto no alcanza para derribarla. Simplemente la molesta y regresa el golpe con tanta fuerza como puede.

— ¡No me subestimes!

El brutal golpe de rabia de Kazuha, libera un ataque que literalmente pulveriza la cabeza del enemigo. La sangre se riega como si fuera un aspersor de agua y salpica tanto las ropas como el rostro de Kazuha.

La escena la impresiona bastante. Ya que ella jamás había matado a alguien, si, ha estado cerca de lograrlo, pero fue la primera vez que ataco a una persona con toda su fuerza.

El cuerpo de la victima de tal golpe se encontraba regando sangre por donde solía estar su cabeza, mientras se retorcía y temblaba por las convulsiones nerviosas.

— Haaaaa…Haaaa…

— ¿No es algo normal en la guerra, matar a alguien? — dijo Yashiro.

—… «¿Por qué no me sorprende que lo diga con tanta naturalidad?» — pensó el resto del grupo.

— No todos tienen esa mentalidad Shirazaki… — respondió Fuuko.

— Si, quizá para alguien con la mente tan marcada como tu le parezca algo lógico y natural. Sin embargo, Kazuha jamás había matado a nadie en el pasado. Verlo es muy diferente a hacerlo tu mismo. No es lo mismo ver como muere alguien a asesinarlo tú mismo.

—…

— Haaaaa…Haaaa…  ¡…!

Obviamente un caído no les importaba a los enemigos. Ignorando la apariencia de su compañero de armas, el resto de los soldados siguieron atacando a Kazuha. Y también, Kazuha continúo defendiéndose, por mas que significara matar a sus oponentes. Era matar o morir.

Los minutos pasaron y Kazuha se deshizo de casi todos los enemigos, con la excepción de uno, Daichi. Al mismo le temblaba la mano. Se podía notar al ver el cuchillo en su mano temblar al apuntárselo a Kazuha.

Por su lado, Kazuha también dudaba. Era un enemigo, pero a la vez no podía atacarlo de la misma manera que a los demás. El simple hecho de imaginarse a ella misma acabando con la vida de su hijo la aterraba.

No obstante, una pálida conciencia no es suficiente para romper el control. El soldado ataco tantas veces como pudo a Kazuha, obteniendo no más que unos cuantos rasguños, pero nada grave decisivo.

— «Por favor…Daichi, no quiero hacerte daño.» — Pensaba Kazuha mientras eludía los ataques.

Fue entonces que Kazuha tuvo una idea. Si romperle parte del casco logro que Daichi recuperara levemente la noción, quizás destruir el traje lo traería de vuelta. Ya no le importaba que Daichi se viera así, ella solo quería a su hijo de vuelta.

— Espera… pero antes nos dijiste que… — menciono Momoka.

— En efecto. Antes les dije que, si destruíamos el traje hasta cierto punto o intentábamos sacarles información, estos se autodestruían.

— ¿Quieres decir lo que creo? — pregunto Yashiro.

— No necesitas ser muy inteligente. Kazuha no sabía sobre eso. Ella no estaba en la zona de interrogación. — respondió Fuuko.

— «¡Ya se! Le quitare el resto del casco. Así podría volver.» — pensó Kazuha sonriendo nerviosamente.

Kazuha si bien no estaba en un buen estado mental. Ella sabia sobre los acontecimientos con los prisioneros. No obstante, la obstrucción mental que supuso ver a su propio hijo en bando contrario le nublaron el juicio. Solo pensaba en sacar a su hijo de ese extraño y espantoso traje.

— Sacare a Daichi de ahí… — se murmuraba a sí misma.

Fuuko continuaba contando todo, mientras Seiji solamente mantenía la mirada hacia abajo. No emitía un solo sonido. Por otro lado, todos con la excepción de Yashiro. Todos miraban con cierta empatía y en algunos casos tristeza. El chico por su lado, se veía muy serio y pensativo, como su estuviera atando cabos.

Finalmente, Kazuha decidió destruir el casco a golpes. Era arriesgado, pero era la única alternativa que tenía.

Rápidamente, ella ataco al soldado. Aunque sus movimientos eran torpes y toscos. Era un golpe terrible saber que estaba atacando en serio a su propio hijo, pero no tenía alternativa.

— Perdóname…Dai-chan…— murmuro Kazuha mientras cargaba contra su hijo.

La pelea no duro demasiado, unos 4 minutos intercambiando golpes, mas que nada por la hesitación de la propia Kazuha en atacar a Daichi.

Pedazo tras pedazo, el casco fue cayendo, revelando la inerte expresión del chico y confirmando cada vez mas el temor de Kazuha. Una vez el casco fue completamente destrozado, el cabello negro, los ojos dorados inertes y una lagrima cayendo por su ojo izquierdo. Tendido en el suelo, con su madre arrodillada derramando lagrimas y con una sonrisa muerta vio que su temor era real. Era su hijo, ya no tenia dudas, pero el control continuaba.

—…Dai…chan…Eje…volverás… ¿verdad? … Volverás con mamá… ¿verdad?

La sonrisa tan forzada de Kazuha parecía casi una mascara de cera, pero el vacío y dolor en sus ojos no podían ser cubiertos por ningún tipo de disfraz. Las lágrimas se habían vuelto un llanto. Solo podía ver a su hijo levantarse como si fuera una marioneta tirada por hilos, mientras este seguía diciendo lo mismo como un disco rayado.

— Me duele…Mamá…

Kazuha comenzó a tomarse de los cabellos y miraba hacia el suelo. Un pensamiento cruzo su cabeza, pero hacia todo lo posible para negar dicha idea. Pero siendo realista era la única opción que le quedaba.

— No…debe haber un modo… «No puedo hacer eso…No,No..No…»

La tristeza se convirtió en terror y miedo. El simple hecho de que Daichi no explotase aun ya era de por si un milagro. Sin embargo, a estas alturas era lo único que podía hacer.

Para liberar a Daichi, este tenía que morir. Kazuha debía asesinar a su propio hijo.

— Me duele…

El cuerpo, ya moviéndose como una simple marioneta, seguía acercándose a Kazuha. Daichi lanzo una nueva puñalada directamente al estómago de Kazuha. No obstante, la mujer toma la mano que sostiene el cuchillo y detiene el ataque a pocos milímetros de tocar su abdomen.

—…

—…

Ambos se quedaron en silencio. El soldado sin mente mira con sus vacíos ojos hacia Kazuha, quien lo ve con una sonrisa que intenta ser amable, pero la tristeza y falta de luz en sus ojos contrasta con la misma.

—…Ojalá me perdones, Dai-chan… recuerda que mamá te ama mucho…

— Ma…má… — murmuro el zombi mientras miraba al rostro de la mujer.

Kazuha finalmente da un certero golpe usando su mano como una lanza, atravesando el cuerpo del muchacho.

Con sangre saliendo de la herida como agua y el cuerpo dando pequeñas convulsiones, el cuerpo de Daichi recae sobre su madre. Kazuha retrae su mano del agujero que ella misma causo. Sollozando como nunca antes, Kazuha suelta alaridos ahogados mientras abrazaba el cuerpo de su hijo, cubierta de sangre.

—…

—…Kazuha… senpai… — dijo Hikari cubriéndose la boca con ambas manos.

— ¿Ahora entiendes, Yashiro? — dijo Seiji.

—…en parte… — respondió Yashiro.

— ¿…?

— Aun faltan cosas…termina de decir todo, luego diré mi opinión.

—…Haaaaaa…Creo que ya entenderas que sucedió después, ¿verdad?

— Tengo mis sospechas…

Mientras Kazuha aun abrazaba el ahora frio e inerte cuerpo de su hijo, esta veía su mano cubierta de su propia sangre y carne. Con horror en su rostro, esta recuesta lentamente a su hijo en el suelo y comienza a murmurar nuevamente.

— ¿Por qué?… ¿Por qué?… ¿POR QUÉ?… ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ?… ¿PoR QuÉ SieMpRe dEbo sUfrIR Asi?

— Fufufu…

— …

Kazuha perdida en su tristeza y rabia, escucha una voz riéndose, la cual ignora por completo.

— Es horrible ¿verdad? Ser siempre la despreciada, la ignorada… la temida…

— …

— siempre fue así…temida, marginada por los demás, por temores infundados. Siempre ocultándolo todo. Llorando en soledad y mostrando un rostro falso.

—…

— ¿Cuantas veces deseaste no ser tu? ¿No tener esos poderes? Ocultando tu tristeza y frustración de los demás, para no “empeorar la situación”. ¿Lo pensaste no es así? Que te abandonarían llegado un punto.

Kazuha seguía ahí, al lado del cuerpo de su hijo, completamente en silencio y dejando caer sus lagrimas desde un rostro completamente negro. No sabía que expresión poner…no sabía…que mascara usar esta vez…

— Usaste esa artimaña para asegurarte un futuro feliz, ¿no es así?… después de todo, todos merecemos un poco de alegría. ¿Es lo que pensabas? Seiji fue el único chico en mostrarte un poco de amabilidad. Ni siquiera tu padre se atrevía a llevarte la contraria. Je…una chica a la que ni siquiera sus padres querían, por puro temor.

El espíritu comenzó a tomar forma y a caminar hacia Kazuha desde atrás. La misma poseía un cabello color negro al igual que Kazuha, pero sus ojos tenían un destello verde y parecía tener un enorme cuerno saliendo desde su frente.

— Todos estos años te has reprimido…has intentado todo para ser feliz…y este es el resultado. ¿Por qué no lo dejas salir de una buena vez?

—… ¿Quién…eres?

El espíritu sonrió y la abrazo desde atrás. Solo susurro unas pocas palabras más.

— Abraza tu Miseria…mi nombre…Fukuo…

Apenas escucho ese nombre, Kazuha levanto la vista. La rabia mas pura expresada en su rostro junto con la inamovible tristeza de las lagrimas que de sus ojos aun caían. Un alarido tan potente que se escuchó a kilómetros junto con una cantidad de aura tan gigantesca que Fuuko y Kenjuro pudieron verla desde el campamento.

La tierra tembló mientras aun se escuchaban los alaridos iracundos de la mujer. Las lagrimas dejaron de brotar, sus ojos se volvieron verdes con esclera oscura y un cuerno enorme salió de su frente. El poder fue tal, que la parte superior de su uniforme fue completamente destrozado, dejando ver una fisura que bajaba desde la parte izquierda de su cuello hasta perderse en sus pantalones.

— Espera… eso quiere decir que, ¿Kazuha…

— Si, mi esposa perdió por completo la cabeza y el control sobre su poder. Solo imagina lo que hiciste en el laboratorio Yashiro, y multiplícalo por 1000.

— ¡…!

— ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHH! — grito Kazuha completamente fuera de sí.

Kazuha ya no lograba distinguir aliado de enemigo. Cegada por la ira y la tristeza, ataco cualquier cosa que estuviera a su alcance, sin importar bando, tamaño, raza o edad. Los daños enormes propiciados por sus ataques destruirían fácilmente una cuidad por cada uno. Destrozos masivos y una lluvia de sangre era lo que acompañaba a esta maquina del desastre, ciego por la frustración. El Demonio Hannya de la Miseria, Shirazaki Kazuha.

Destruyendo enemigos y aliados por igual, descuartizándolos a zarpazos y golpes. Lo que quedaba de su ropa se tiño por completo de rojo, sus manos, que ya parecía garras mas que manos humanas. Teñidas del mismo color. La expresión de la ira y la tristeza…por lo celos de no poder tener una vida mínimamente alegre como los demás.

— Pero… ¿Cómo lograron para algo así? Quiero decir… Kazuha en ese momento suena como si fuera literalmente invencible.

—… ¿Recuerdas que dije que la guerra termino por dos personas?

— ¡…! Quieres decir que quien freno a Kazuha fue…

— Si, quien venció a Kazuha fue el miembro del G4…el Grande de Australia, Wade Carter…

Una sombra iba camino al campo de batalla, siguiendo un sendero de destrucción, con una tabla de surf de color azul claro con un tiburón en la parte de abajo. Un hombre camina directamente hacia el demonio desatado.

— Broooo…esto si se pondrá shido. Veamos, el viejo dijo que detenga a una tal… ¿Yuzuha?

Un hombre cuando menos impredecible aparece en la guerra, con una tabla de Surf.

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