Monrabu — Volumen 2, Capítulo 8


Bueno, hemos terminado este volumen (finalmente). Curiosamente, este capítulo (en la versión en inglés) no tiene una portada como el resto de capítulos. No sé si es que los gringos no han podido escanear la imagen todavía o si es que realmente el capítulo no tiene portada :v

En fin, vayan a leer.


 

—… ¿Oh? Creo que escuché algo interesante.

Pasaban la hora del té después de comer en el jardín de la familia Kirishima. Tras escuchar sobre acontecimientos, Kirishima Haruko asintió repetidamente. Sonriendo, ella dijo—: En otras palabras, hiciste una confesión de amor a una chica que no era yo. Te referías a eso, ¿no es así, Onii-sama?

—Bueno, eso es correcto…

Mientras confirmaba las cosas, Yuuki pensó que no había razón para que su hermana de sangre le mirase con ojos tan aterradores.

—Onii-sama, eres bastante problemático. —Haruko meneó la cabeza—. Entiendo que, para muchos hombres, jugar un poco en cierta medida es necesario. También es el papel de una esposa el poder perdonar los engaños una o dos veces. Sin embargo, dijiste algo que nunca debió haber sido dicho, ¿verdad? Por favor, sé más comprensivo.

—… Hay algunas cosas que me gustaría replicar, pero… —Yuuki estaba sorprendido—. ¿Cómo debería ponerlo…? Es… ¿inesperado?

—¿Inesperado? ¿Cómo así?

—Pensé que te pondrías a llorar y te quejarías mucho más. Le propuse matrimonio a alguien aparte de ti después de todo. Sin embargo, sigues bastante tranquila.

Aaah. A eso te referías. —Hizo una sonrisa relajada.

Yuuki quedó más confundido— ¿No siempre decías que debo casarme contigo? Y con bastante seriedad, por si fuera poco.

—Sí. Y siempre lo dije en serio.

—Entonces, ¿no sería malo que yo le pidiera matrimonio a otra persona?

—Nop, no hay problema. —Su hermana sonrió mientras añadía—: En lo que peleas respecta, la victoria será obtenida por la persona que siga en pie al final de todo. El regocijo o la desesperación por las victorias y pérdidas en medio de todo eso es simplemente un inútil desperdicio de energía.

Jaa. Ya veo.

—Eventualmente, cambiaré las leyes de este país, para así poder casarme legalmente contigo, Onii-sama. No me importa nada de lo que suceda hasta ese momento. No importa lo mucho que esas moscas y cucarachas intenten molestarnos, no les daré atención.

—…

Fue una declaración que no aparentaba venir de una estudiante de primaria. Una vez más, Yuuki se dio cuenta de que ella realmente parecía ser una reencarnación de Sokuten Bukou.

—Pero, verás. —Yuuki se negó a retroceder. Tener tanta confianza hasta ese punto haría que cualquiera quisiera ver si se podía encontrar un error de la contraparte—. Si realmente termino casándome, ¿qué harás? ¿Lo aceptarás en silencio?

—No hay manera. Hay un límite que debe trazarse para todo. Se puede perdonar cualquiera cosa que siga dentro de esa línea, pero todo lo que la sobrepase nunca jamás se perdonará.

—Pero, realmente me voy a casar, ¿sabes? Lo digo en serio.

—Por favor, adelante, da lo mejor de ti. Ver a Onii-sama esforzarse tanto… es algo que me encanta♥.

—Aún si mamá y papá se oponen, seguiré presionando.

—Ah, si vas a fugarte, por favor avísame de antemano. Iré adónde sea que vayas, Onii-sama♥.

—…

El ser sorprendido por su hermana era normal, pero… Yuuki sintió algo de incomodidad. Había algo escondido en las palabras de Haruko.

—Qué curioso.

—¿Qué cosa?

—Por la manera en que lo dices, suena como si ya estuviese decidido que no puedo casarme con ella.

—No puedes —declaró.

Sin confusión, ni vacilación. Como si todo estuviera predeterminado.

—Onii-sama y la chica de pelo blanco no pueden casarse. Sin importar qué tanto lo intente Onii-sama.

—… ¿Por qué crees eso?

—Intuición de mujer♥.

—Mentirosa. Tu intuición es la de un animal salvaje, mas no dependerías solamente de tu intuición.

—Sí, como se esperaba de Onii-sama. Me conoces bien. —Su hermana pequeña sorbió su té con una sonrisa.

Yuuki se rascó la cabeza— Cambiaré de tema, entonces.

—Bien.

—La reputación de Kanaruzawa está empeorando en la escuela, eso es gracias a ti, ¿verdad?

—Sí.

—… ¿Por qué lo admites tan fácilmente?

—Porque lo hice de manera que pudieras notarlo. —Lo confesó todo—. A ver, ¿no fue bastante innatural? La estudiante transferida en un principio fue recibida de buena manera, pero de pronto empezó a ser odiada en muy poco tiempo. ¿Quién se complicaría la vida en informar sobre lo de las flores y hacer un alboroto por eso? Si lo piensas, te darás cuenta que algo está mal.

Pensó en Koiwai Kurumi. La actitud indecisa mostrada por la otra representante de clase. ¿Quizás ella se había dado cuenta de algo en ese entonces?

—…

Le tomó un momento llevarse la taza a la boca. No dejes que tus emociones titubeen. Tranquilo, tranquilo. Tengo que lidiar con esta situación.

—¿Por qué? —fue lo primero que preguntó—. ¿Por qué hiciste algo así? ¿Tanto te disgusta Kanaruzawa?

La hostilidad que tiene hacia Kurumi debería ser la misma. Indiferentemente de quién sea la mujer, cualquiera que pase su tiempo con su hermano nunca sería aceptada por su hermana; sin embargo, usar unos medios tan graves, que incluso harían infeliz a Yuuki, era algo que casi nunca sucedía. Entonces, ¿por qué pasa esto ahora?

—Esta es mi segunda advertencia, Onii-sama. —Sin responder la pregunta, la hermana menor exclamó otra cosa—: No te involucres con esa mujer de pelo blanco.

—…

Dejando la taza sobre la mesa, observó a su hermana. No parecía estar bromeando. Tampoco parecía haber enloquecido. Tenía la espalda recta, y su voz sonaba normal. Era como un juez dándole una sugerencia al acusado. Anteriormente había escuchado: «No te involucres con ella». Ante la segura y convencida forma de hablar de su hermana, Yuuki reenderezó su postura y se pronunció.

—Haruko.

—¿Sí?

—Dijiste eso antes, ¿no? Que investigarías… sobre Kanaruzawa.

Fue a principios de abril, fecha en la que Sekai llegó por primera vez como estudiante transferida. Haruko había expresado su curiosidad, por lo que ella misma asumió el trabajo. Y como ella se encargó de ello, seguramente una investigación se llevó a cabo. Una investigación sobre Kanaruzawa lo más detallada posible. Con el respaldo de Farmacéuticas Kirishima, ella no sólo era fuerte sino también minuciosa.

No obstante, él aún no había oído de los resultados.

—Sí. Investigué un poco. —Asintiendo, Haruko se sirvió otra taza de té. Entonces, como si fuera una extensión de una pequeña charla, añadió—: Onii-sama, ¿te suena la Organización Tsukumo?

—¿…? No. Nunca lo escuché antes.

—Ya veo. Conque es así.

—¿Pasa algo con esa organización… como sea que se llame?

—Nop. Si no sabes, no hay por qué darle importancia. —Haruko meneó la cabeza. Su expresión se suavizó un poco—. Dejemos esta charla para otro momento. De lo contrario, el té que hicimos acabará echándose a perder.

—Sí. Cierto.

Yuuki no continuó con el tema. Su hermana era testaruda. Si ella decía: «Aquí se acaba», aunque el cielo y la tierra se dieran vuelta sobre sí mismos, ella no cambiaría de parecer.

—Haruko dedicará toda su vida a Onii-sama. —Al terminar, su hermana con una leve sonrisa en el rostro añadió—: Para proteger a Onii-sama, para beneficiar a Onii-sama, Haruko hará cualquier cosa. Como tal, por favor siéntete libre de sentirte aliviado.

Yuuki escuchó esas palabras con una irónica sonrisa. Pensó en todas esas veces que había sido salvado por su hermana que era mucho más joven que él. No sería capaz de levantar la cabeza hacia su hermana —si quisiera crear más deudas— sin embargo, Yuuki no estaba convencido de que podría seguir adelante sin ser cuidado por su hermana pequeña.

… En otras palabras, no le quedaba más remedio que mínimamente aceptar eso.

La reencarnación de Sokuten Bukou, su manera de hablar tan diferente a la habitual, no era más que otra página de la historia de su vida cotidiana. Sin embargo, todo cambió rápidamente. Sin siquiera esperar un año, todo sucedió al cabo de poco tiempo.

 

 

—… Como pensé, estaría bien un vestido de novia.

Era en la mansión de la familia Kanaruzawa. La dueña de la mansión se expresó con fervor.

—Un vestido con un montón de encajes finos y esponjosos. Por supuesto, tendría que ser blanco puro, sin mancha alguna.

Era de noche. Una en la que hasta las plantas dormitaban. Ella se encontraba dentro de su propia habitación, cambiándose de ropa.

—Sin embargo, no tiene que ser algo realmente caro. Está bien siempre y cuando sea bonito. Puede ser algo que se puede conseguir en cualquier parte.

No había viento, ni luces eléctricas centelleantes. Sólo había una pequeña luz amarilla, iluminando desde la cabecera de la cama. Esa luz hacía que la sombra de la propietaria de la habitación se alargara más de lo normal.

—Aun así, probablemente quedaría en medio del foco de atención. Tendría que ser un vestido muy bonito y atractivo. Por ejemplo… el área del pecho podría ser un poco más atrevida y abierta. Sí, algo así debería estar bien. Debería intentar el intento yo misma. Sí.

La sirvienta, Chiyo, era la responsable de ayudarla a cambiarse. Mientras prestaba atención a los murmullos de su señora, ella le dio trabajo a sus manos. Arreglar el pelo de su señora, pulirle las uñas y maquillarla. Para la mujer a la que servía, hizo todos los preparativos.

Enroscada alrededor del cuerpo de Sekai se hallaba ropa blanca.

Por supuesto, no era un vestido de novia.

—Si es que está preocupada. —Chiyo habló sin detener sus manos—. Estoy segura de que se verá muy hermosa.

—Eso suena bien. ¿Realmente podré verme bonita?

—Definitivamente puede. Yo mismo asumiré la responsabilidad, con el fin de asegurar que usted se vea como toda una dama.

—Y-ya veo. Eso suena genial, pero…

—Estoy segura que también terminará atrapando los ojos de Yuuki-sama. Él sin duda le dará un montón de halagos. Esa persona es sorprendentemente honesta, después de todo.

—… —Las palabras de Sekai quedaron atrapadas en su garganta. Incluso con sólo una luz centelleante en la habitación, era fácil darse cuenta de que tenía las mejillas rojas—. ¿Chiyo?

—¿Dígame?

—¿Puedo decir algo?

—¿Qué sería?

—Estoy muy feliz —dijo Sekai con sinceridad. Era como si estuviese amorosamente dejando caer arena de la palma de su mano, de grano en grano—. Me sentí realmente feliz. Yuuki desea casarse conmigo. Eso me hizo muy feliz.

—Sí. Eso es lo que parece.

—Sin embargo, fue tan repentino que hui rápidamente.

—Eso no se podía evitar, él es ese tipo de persona después de todo. Siendo directo y todo eso.

—¿A que sí? ¿Qué está pensando ese hombre? —Diciendo eso, Sekai se echó a reír—. Es extrañamente entrometido, cuidadoso en todo sentido y curioso con tantas cosas diferentes. El que yo pueda ver un nuevo mundo sólo se lo debo a ese hombre.

—Sí. Ciertamente es así.

—Gracias a él, he cambiado bastante. He pensado en muchas cosas últimamente. En serio, muchas cosas. Sobre las flores que florecen en el jardín. El cielo que se puede ver a través de la ventana. Las nubes que pasan volando, los pájaros que aletean por los alrededores. Incluso he estado pensando en muchas cosas que no pueden ser captadas por el ojo. A pesar que, hasta hace poco, había abandonado por completo la acción de pensar en las cosas.

Empezó a llover. Plic, plic, las gotas de lluvia hacían ruido al caer sobre el techo. El agua de lluvia corría por las alcantarillas, haciendo que pareciera vómito a medida que se esparcía por el suelo.

—Y, ¿sabes? Siento que todo se ha vuelto aún más vívido. La sensación de cuando toco un vaso de whisky, el olor a humo de mi cigarro haciendo cosquillas en mi nariz; las cosas que parecían obvias, de repente ya no parecían serlo.

La luz tenue se mecía.

Chiyo contestó en voz baja—: Así parece.

—Es como un sueño. Cada día. Ser capaz de pasar cualquier día de este modo. Si yo cambio, es como si todo lo demás cambiara. —Jafuu, exhaló. Los ojos de Sekai estaban en un estado de plena satisfacción mientras emitía un murmullo—: Conque esto es lo que significa estar vivo.

Los preparativos estaban hechos.

Salieron de la habitación. Chiyo la condujo por el oscuro pasillo.

Un breve silencio se hizo sentir.

—¿Chiyo? —Sekai abrió la boca y rompió el silencio—. Si… si realmente decidiera casarme…

—No puede —declaró.

Sin confusión, ni vacilación. Como si todo estuviera predeterminado. No. Como si el destino lo hubiera decidido.

—Sí. Es verdad. —Sekai sonrió—. Dije algo estúpido. Mejor olvídalo.

Las dos descendieron al sótano de la mansión. Allí se erguía una puerta notablemente grande que parecía menospreciar a cualquiera que se atreviera a visitar lo que había detrás de ella. Llena de una cantidad incontable de muerte, más incontable que el número de estrellas, tragándose todo como una olla de codicia. Intercambiar el sufrimiento por la continuación del mundo, una pesadilla de caos. Ese era el lugar donde trabajaba Kanaruzawa Sekai.

—Pues bien. Hoy estaremos dependiendo de usted nuevamente. —Chiyo hizo una reverencia.

Sekai hizo un leve asentir con la cabeza. Esperaron frente a la puerta. El aire era pesado e insoportable.

—¿Pasa algo? —La sirvienta levantó una mirada para mirar a su señora y saber cómo estaba.

—… Jaja —una risa seca resonó por el sótano. Mientras se daba la vuelta, Kanaruzawa seguía con su débil carcajada—. Perdón, no me puedo mover. Mis piernas están temblando.

—…

—Ha pasado un tiempo desde que tuve algo así. ¿Cuánto habrá pasado…? ¿Diez…, no, unos cien años? Ya lo he olvidado por completo.

—…

—Cuando la sensación de estar con vida aflora, todo se vuelve súbitamente aterrador. Fufu, sí que es extraño.

—… Señora. —Chiyo abrió la boca. Atípicamente, su voz rebosaba de dolor—. ¿Habré cometido un error? Yo fui quien le recomendó ver el mundo exterior.

—No es eso. Te estoy agradecida. —Sekai meneó la cabeza—. Seguramente habría perdurado sin saber nada para el resto de la eternidad. Ignorante de todo, mientras cumplía con lo que estaba en mi poder. Como algo que se consideraba sacro. No es muy distinto de una muñeca de disfraces, y tú fuiste quien me dio la oportunidad de cambiar…

Urkk. Se oyó un sonido de sufrimiento. Vino derramándose desde Sekai. Y lo que salió de su boca no era sólo sonido.

—…

Agarrándose la boca con la mano, Sekai se inclinó hacia delante. Chof, chof, el líquido rojo que se derramaba rápidamente formó un chorro, y se extendió plano y ancho sobre el suelo.

—… ¡Señora!

—Está bien. —Reteniendo a la sirvienta que intentaba ayudarla a toda prisa con la mano abierta, se tragó la sangre con un glup. Después de hacer eso varias veces fue que pudo tomarse un respiro. Luego se miró el pecho, y dando la vuelta dijo—:Lo siento. Terminé arruinando la ropa que tardaste tanto en preparar.

Y sonrió.

—…

La expresión de Chiyo se distorsionó. Su mirada se estremeció como si estuviera llena de dudas. Finalmente, tomó una decisión y dijo—: Por favor. Deje todo a un lado.

—… ¿Chiyo?

—Déjelo todo y huya. Si así lo desea, no la detendré. No, más bien, haría todo lo que estuviera en mi poder para ayudarla.

—¿Qué estás diciend…?

—Hágalo. Usted ya hizo suficiente, no, más que suficiente para cumplir con su deber y papel. Usted sola protegió la existencia de este mundo, permitió la continuación de este mundo. ¿Quién podría quejarse? Debería estar bien que hiciera lo que a usted le entrara en gana.

—…

—Con un simple asentir suyo, estaría más que dispuesta a dar mi vida para ayudarla. Por favor, tome una decisión.

Cayó el silencio. Fue un silencio pesado, pero corto.

Sekai inmediatamente sonrió y dijo—: Chiyo. Sí que eres amable.

—… ¿Yo?

—De una persona tan adepta como tú, tu amabilidad es torpe, y sin embargo la siento todo el tiempo. Siempre estás pensando en mí. Espero que continúes sirviéndome de ahora en adelante.

—…

—A veces digo que quiero despedirte, pero es tan solo una broma.

—… Amable, quien realmente es amable… —Es usted, pensó Chiyo.

No había nadie más amable que Kanaruzawa Sekai. Ella era como su nombre, literalmente, salvando el mundo. Además, lo hace por sí sola, sin quejarse de nada, mientras recibía una cantidad inimaginable de sufrimiento.

Por favor, por favor —oraba Chiyo— Por favor, señora, no me diga palabras tan amables. Cada vez que es amable conmigo, mi impotencia, mi incapacidad de hacer algo, se hace aún más pronunciada. En mi largo tiempo de velar por usted, mi corazón ya se ha marchitado. Se marchitó, y todo finalmente se hizo más fácil. Y sin embargo, cuando usted es amable conmigo, mi corazón que ya debería haberse marchitado termina sufriendo.

Por eso, señora.

Por favor, no restaure mi corazón humano.

—…

Al tragar mil palabras diferentes, Chiyo respiró hondo. Y en el momento siguiente, volvió a ser la de siempre. Bajó la cabeza con firmeza—. Siento haberme pasado de la raya. Por favor, perdóneme.

—No es nada de qué preocuparse. —Sekai meneó rápidamente la cabeza—. Más bien, ayudó bastante. Como se esperaba de Chiyo.

—¿…?

—Mira. Dejaron de temblar.

Gigigi.

La puerta se abrió con un crujido.

Detrás de las pesadas puertas ya abiertas, se hallaba un espacio del tamaño de toda una cancha de tenis, con nada más que espacio vacío un paisaje tormentoso.

—Hay algo que debo hacer. Y soy la única que puede hacerlo. Solo hay una opción. ¿No es así, Chiyo?

—…

Fue tan sólo por un instante. El rostro de la sirvienta que vivía con la diosa, mostró la intención y la voluntad de cumplir con ese maldito deber.

—Me despido de usted, Señora. Hoy estaremos dependiendo de usted nuevamente.

—Claro.

Al despedirse de la sirvienta, Sekai dio un paso hacia delante. La oscuridad se tragó a la chica, y la puerta se cerró.

 

Sólo faltaba medio año para la muerte de Sekai.

 

 

Notas:

0– Shiroshouzoku — ropa blanca que es similar a un kimono. Bien podría estar relacionado con los muertos o con los rituales y costumbres shinto.


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