Kusuriya no Hitorigoto – Volumen 02 – Capítulo 01


Capítulo 01 – Papa

 

“¿Es eso cierto?”

 

Dijo Jinshi, hablando educadamente, pero aparte de eso no ponía suficiente respeto en sus modales. El soberano en su mejor momento, con una hermosa barba, asintió lentamente.

 

Estaban en cierto palacio de la Corte Imperial. Aunque era una estructura pequeña, ofrecía una vista abierta de su entorno, tan abierta que ni siquiera un solo ratón podía colarse.

El soberano se sirvió una copa de vino de uva y se reclinó lentamente en su sofá decorado con marfil. Jinshi, que estaba sentado en el mismo asiento que la persona más venerada de este país, se había relajado notablemente. Hasta ahora.

 

El emperador se acarició su hermosa barba mientras sonreía ampliamente. Astucia. Asociarlo con esa palabra sería descortés, pero le quedaba muy bien. Es una persona que nunca perderá.

 

“Entonces, ¿qué vas a hacer? ¿No eres tú el jardinero que mantiene mi (Como todos los emperadores chinos, este tipo se refiere a sí mismo con el pronombre original (históricamente hablando) en primera persona: 朕 “chin/zhen4″.) jardin de flores?”

 

Ante la elección de palabras que seguramente le provocarían, Jinshi quiso sonreír amargamente. No obstante, su sonrisa era la sonrisa de la doncella celestial que se decía encantaba a cualquiera. Aunque era extraño incluso si lo decía él mismo, Jinshi solo confiaba en su propia apariencia. Era cínico; es incapaz de poner sus manos en las cosas que realmente deseaba. Así es, no importa cuán superior pueda ser, no puede llegar a ser excelente. A pesar de que era sólo un poco mejor que la persona promedio. Sólo su apariencia exterior era superior a la de los demás.

 

Era algo que ahora comprendía, aunque no lo soportaba en el pasado. Si no hubiera dejado los límites de la superioridad en el intelecto o en las artes militares, entonces haría uso de otra excelencia que tenía.  Como resultado, Jinshi existía como el bello administrador del palacio interior. ¿Por qué no hacer uso de ese rostro refinado, de esa voz dulce, de esas cosas que son excesivas para un hombre, para satisfacción de su corazón?

 

“Como desees.” Jinshi, con su elegante y decidida sonrisa, se inclinó ante el emperador.

 

Si hay algo que pueda hacer, entonces hazlo. El emperador sonrió con la boca llena de vino de uva.

Lo entendía. Después de todo, Jinshi no era más que un niño. Por lo tanto, sólo podía tambalearse en la palma de las grandes manos del emperador.

 

Puedes hacer lo que quieras.

 

Jinshi debe conceder la petición del irrazonable emperador. Este era el trabajo de Jinshi, y al mismo tiempo, una apuesta con el emperador.

Debe ganar la apuesta. Ese fue el único método que Jinshi eligió. Puede haber otros métodos, pero eso no se le ocurrió a Jinshi, el hombre mediocre.

 

Por lo tanto, eligió el camino actual.

 

Jinshi se llevó la taza a los labios y humedeció su garganta con sidra de fruta dulce.

En su rostro había una hermosa sonrisa de una doncella celestial.

 

〇●〇

“De acuerdo, claro, éste, éste también. Ah, y trae éste también.”

 

Era Meimei, la cortesana, la que le estaba teñiendo con rouge, polvos para el rostro y ropa. Maomao había venido aquí cuando era una niña a la habitación de Meimei en el Rokushoukan.

 

“No necesito tanto, Neechan (小姐, literalmente significa señorita, pero Maomao significa hermana mayor).”

 

Maomao levantó el colorante y el polvo para la cara que su hermana tiró y los devolvió a la estantería de la habitación.

 

Meimei se quejaba de sus acciones con una cara asombrada. “No es que no necesite tanto. Hay gente que usa cosas mejores ahí. Ponte en forma un poco, por qué no lo haces”.

 

“Es una cosa de cortesana vestirse bien cuando vas a trabajar.”

 

Quiero mezclar las hierbas que recogí ayer, dijo Maomao con una mirada al costado, justo cuando una tablilla de madera se dirigía hacia ella. Era algo que Meimei, que era buena cuidando a las personas pero que tenía una mecha un poco corta, le había lanzado. Maomao agarró su cabeza y se agachó.

 

“¿Pensaste que sólo porque tienes un buen trabajo puedes convertirte en esa clase de personas? Hay gente que no puede evitar envidiar tu posición en este mundo. Tienes que vivir agradecida, de lo contrario, tu invitado de honor se te escapará”.

 

“…lo entiendo.”

 

Las enseñanzas del Rokushoukan eran un poco duras tanto para la madam como para Meimei. No obstante, las palabras de Meimei eran persuasivas. Maomao fue torpemente a recoger la tablilla de madera. Estaba ennegrecido con marcas talladas por haber sido escrito en innumerables ocasiones. Había poesía escrita en caracteres elegantes.  Meimei, como cortesana, ya estaba en edad de pensar en la jubilación, pero tenía la inteligencia para saber que su popularidad aún no había disminuido. Entretenía a su invitado escribiendo poesía y jugando al Go(囲碁 “igo”, un juego de mesa de estrategia inventado en la antigua China. Juegas con piedras blancas y negras, y el objetivo es apoderarse del territorio de tu oponente rodeándolo con tus piezas de color) y Shogi(将棋 “shougi”, juego de mesa japonés. También conocido como el Juego del General, es algo parecido al Ajedrez. Capturas las piezas de tu oponente.) Una cortesana que vende su arte en vez de sensualidad.

 

Meimei era una de las Tres Princesas del Rokushoukan. Maomao no sabía cuánto esfuerzo se necesitaba para llegar a ser una cortesana de primera clase de un burdel bien establecido. Pero, la posición actual de Meimei se debe a su hermana mayor (大姐) quien le enseñó el conocimiento para hacerlo. La Hermana Mayor, como se llamaba en los burdeles, no era una hermana mayor relacionada con la sangre, sino más bien una cortesana para la que ella misma trabajaba cuando era kamuro.

Actualmente, las tres cortesanas llamadas las Tres Princesas estaban trabajando como Hermanas Mayores.

 

“Ya estás trabajando en un lugar tan bonito. Trabaja correctamente.”

 

De pie allí estaba la amable y servicial hermana mayor, no la violenta mujer que le arrojó la tablilla de madera hace poco. Lentamente acarició las mejillas de Maomao con los dedos pintados con barniz de uñas y barrió su desordenada cabellera detrás de las orejas.

 

“…Okay.”

 

Meimei sonrió gentilmente a la mansa respuesta de Maomao.

 

“Pero entonces, incluso podrás encontrar un buen marido. El lugar puede ser lo que es, debería haber un montón de reservas esperanzadoras. Ah, me encantaría que me trajeras invitados de honor ya que estás en ello.”

 

Su sonrisa era un poco diferente a la sonrisa que tenía entonces. Había un poco de morbo negro mezclado en ella.

Meimei-neechan se rió maliciosamente. En algunos sentidos es como la madam, pensó Maomao. Las que se convierten en cortesanas son personas que no sobrevivirán si no tienen determinación.

 

 

Y así, Maomao terminó trayendo a casa una gran tela envuelta con ropa y un juego completo de maquillaje. En el camino de regreso, Maomao, que recibió todo tipo de regalos de otras cortesanas y que unilateralmente les hizo prometer que les traería nuevos invitados, se tambaleaba con su pesado equipaje de vuelta a su destartalada casa.

 

 

El hermoso noble que apareció en el distrito de placer después de medio mes de su salida del palacio interior tenía frescos sus recuerdos.

El eunuco de gustos extraños se tragó lo que Maomao había dicho en broma. Para pagar su deuda, repartió mucho dinero como intercambio ante los ojos de la madam, y el hongo oruga (冬虫夏草 “touchuukasou/dong1 chong2 xia4 cao3”, Ophiocordyceps sinensis. Un hongo caro que crece de las larvas de las polillas. Muy caro. Usado para tratar casi todo lo que hay en la TCM) parecía ser un regalo muy considerado.  Aunque sólo estaban poniendo un sello en el contrato, ni siquiera les llevó un cuarto de hora (30 minutos).

 

Y así, Maomao volverá a trabajar en ese noble lugar. Se sintió un poco incómoda por el hecho de que iba a vivir y trabajar de nuevo mientras dejaba a su padre, pero luego vio el contrato – las reglas se han vuelto considerablemente indulgentes en comparación con antes. Bueno, como no estará desaparecida sin que nadie sepa dónde estaba antes, su padre sonrió gentilmente y le dijo: “Haz lo que quieras”. Pero, ¿qué era ese breve ceño fruncido y mirada que le dio Maomao cuando miró el contrato que se suponía que significaba?  Bueno, podría ser porque iba a trabajar en un lugar del que su padre, el ex eunuco, no tenía muy buenos recuerdos. Decidió no pensar demasiado en eso. Como es común en el mundo que eventualmente mucho carezca de sentido, aunque ella pensara profundamente eso, el simple hecho de pensar no tenía sentido.

 

“Has recibido mucho”. Su padre, que hablaba en un tono sereno, dijo eso mientras hervía hierbas medicinales en el caldero.

 

La casa en ruinas con las corrientes de aire entrantes todavía estaba fría, incluso con la cocina encendida. Maomao y su padre usaban muchas capas de ropa. Ella vio que su padre seguía frotándose la rodilla y se preguntaba si era el lugar donde le habían sometido al castigo físico hace mucho tiempo le dolía.

 

“No puedo soportar tantas cosas.”

 

Maomao miró el equipaje que ya había preparado. La moledora (すり鉢 “suribachi” es algo así como el mortero y maneta.) y una Yagen (薬研 “yagen” es la que tiene la rueda de aplastamiento de atrás hacia adelante), un cuaderno que registra los tipos de hierbas medicinales, y el mínimo de ropa y ropa interior que necesita.

 

(Necesitaré absolutamente el molinillo y el mortero. El cuaderno también es una necesidad. Pero disminuir la cantidad de ropa interior ya no es…)

 

Maomao gruñó, arrugando sus cejas.

 

Su padre dejó la olla en el suelo y se acercó a Maomao.

 

“Maomao ah, probablemente no deberías llevar esto.”

 

Maomao, a quien le quitaron las herramientas de composición de la envoltura, miró dubitativamente a su padre.

 

“Si traes este tipo de cosas a pesar de que no eres un médico oficial, es posible que la gente incluso sospeche que estás haciendo veneno.  …Vamos, no pongas esa cara. Tú decidiste esto. No es bueno suspenderlo en este momento”.

 

“Estás bromeando…” Maomao cayó de rodillas sobre el suelo de tierra.

 

Parecía que su padre podía reconocer lo que ella quería decir de un vistazo por su expresión.

 

“Muy bien, apresura tus preparativos y vete a dormir. Si consigues algo de permiso, puedes llevar más cosas contigo. Es descortés ser despistado en tu primer día de trabajo”.

 

“…lo entiendo.”

 

Maomao, a regañadientes, colocó las herramientas de composición en la repisa que crujía y puso varias cosas que podía usar de los regalos que había recibido en la tela para envolver. Sus ojos se entrecerraron cuando vio la concha con el polvo para el rostro y el rouge en el interior, pero por ahora, sólo puso el rouge compacto en la bolsa de tela.

También puso la ropa acolchada de alta calidad que estaba entre las cosas que recibió. ¿Le dieron el objeto perdido de un invitado? Su diseño no era algo que una cortesana llevaría puesto.

 

Maomao miró a su padre, que había guardado la olla y estaba añadiendo leña al fuego. Después de que su papá terminó de añadir leña, con una caminata que era dolorosa de ver, fue a recostarse en el futón, que era una estera de paja con sólo una tela delgada. En la parte superior, como cubierta, había otra estera de paja y montones de ropa que no llevaba puesta.

 

“Vamos, apagaré las luces cuando termines.” Su padre dijo, sosteniendo la linterna que olía a aceite de pescado.

 

Después de que Maomao terminara de envolver su ropa, se iba a acomodar en la cama que estaba en el lado opuesto de la habitación. Pero de repente se le ocurrió algo y se puso a arrastrar la estera de paja.

 

“¿Qué es esto? Ha pasado mucho tiempo desde que hiciste esto. Pensé que ya no eras una niña.”

 

“Bueno, hace frío.” La mirada de Maomao se desvió un poco, torpemente.

 

Arrastró el futón que trajo junto a la cama de su padre. Si recordaba correctamente, dormía sola cuando cumplió diez años. ¿Hace cuántos años fue eso?

 

Maomao cubrió la ropa de alta calidad que recibió entre la de su padre y la de su propio futón, y lentamente cerró los ojos. Se acostó, doblando su espalda en posición fetal.

 

“Volverás a estar sola”.

 

Su padre, lo dijo con un tono sereno,

 

“En realidad no. Esta vez puedo volver cuando quiera”. Contestó fríamente Maomao.

 

Pero, su espalda que estaba tocando los brazos de su padre estaba ligeramente caliente.

 

“Eso es cierto. Vuelve cuando quieras”.

 

Le acarició la cabeza a Maomao con la mano arrugada. Aunque ella lo llamaba “papá, papá”, su apariencia era más parecida a la de una anciana. Por lo tanto, si lo pronuncia en torno a su personaje, parece una madre.

 

Maomao no tenía madre. Pero en vez de eso, tuvo un padre gentil, una bruja molesta, por como es ella, y muchas hermanas mayores animadas.

 

(Puedo volver cuando quiera.)

 

Aunque ella lo pensara de esa manera, se sentía muy solitaria. Mientras Maomao sentía que el calor de la mano, que era como una rama marchita de un árbol, el seguía acariciando su pelo, cayó dormida.


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