Neo 2.0 — Capítulo 2, Parte 2


Absolute: Que lo disfruten.


Capítulo 2:

CONEXIÓN FALLIDA: “Dispositivo De Personalidad Desconocido

«Parte 2»

 

—¿Quién eres? ¿Por qué haces esto? ¡Por favor, detente…! ¡No, no, no me lastimes!, ¡noooooooo…!

—Señor, ayúdenos por favor. ¡Ayúdenoooooos…! ¡Ayuda!

Algunas voces confusas le venían a la mente como un recuerdo fugaz, el cual no podía entender totalmente y unas imágenes claras que mostraban a un aterrador hombre que caminaba sin hacer ruido, caminaba silenciosamente entre el pasillo de paredes y pisos blancos.

—¡¡¡Auxilio!!!

Aquel hombre no mostraba ninguna perturbación, al ver a aquellas personas ser asesinadas por aquellos seres fríos que sólo hacían oídos sordos a las suplicas de los victimados. Seguía caminando sin mostrar el mínimo interés por lo que sucedía en su alrededor; de repente se detuvo una sombra. Ésta estaba frente a ese sujeto, aclarándosele poco a poco.

—¡¿Por qué?! ¡Esto es imposible!

Aquella sombra era una mujer —parecía conocerla de alguna parte— sus ojos pudieron ver a la mujer pidiendo clemencia, llorando y rogando al punto de desgarrarse la garganta. Pero aquel hombre aterrador no la escucho, en un movimiento rápido atravesó el estómago de la mujer con la mano derecha. No se oyó ni un grito, nada.

—Esto no es real, esto no es posible… ¡Es una pesadilla!

Él no podía hacer nada solo ver lo que ese hombre aterrador hacía, no podía detener ninguna muerte, solo observar aquella escena como si estuviera atrapado en una bola de cristal. Esas personas le eran familiares, y eran asesinadas sin compasión alguna por aquel hombre aterrador y por esas máquinas sin corazón.

—¡¡¡Disparen!!! ¡¡¡Nosotros las vence-…!!!

Algunos trataban de defenderse, pero esas cosas no tenían una vida que eliminar y los superaban en números. Veía labios moverse con desesperación pero no podía oír absolutamente nada, solo voces confusas que venían a calar su confundida persona.

—¡Detente! No lo hagas, nosotros confiamos en ti… yo confié en ti. ¿Quién eres?

[Misión: Erradicar completamente todo rastro orgánico humano]

[Error… error… error… error…] [Conexión fallida…]

Aquel hombre aterrador se detuvo de un momento a otro, mientras atacaba a otra mujer que había encontrado en su camino.

—¡¡¡Aaaaaaaah!!!

El sonido caótico del desastre llego a sus oídos, ya no era solo un observador. Era parte de lo que anteriormente solo presenciaba con su mirada. Miró de un lado a otro buscando a ese hombre aterrador para detenerlo.

—¡¿Dónde estás, maldito bastardo?! —gritó.

Fijó su mirada al frente y vio a la última mujer que fue atacada por aquel hombre aterrador, sollozando con una herida profunda en el brazo izquierdo. Volvió a girar su vista tratando de encontrar al hombre aterrador pero no estaba por ningún lugar, había desaparecido. La mujer seguía llorando para luego dirigir la mirada hacia él.

—¿Qué esperas, mierda inhumana? Mátame como lo has hecho con los demás. Fui idiota en creer en ti… ¡Mátame de una vez! Una tonta más, yo tengo la culpa de todo esto, sólo acaba conmigo. —las lágrimas caían sobre el frío cemento, aquella mujer no podía moverse más; su herida le impedía hacer más esfuerzo—, hazlo ya, maldito imbécil… uh, uh… ¡hazlo yaaa…!

Miró detenidamente a aquella mujer, le era demasiado familiar pero no recordaba de dónde, ni siquiera recordaba quien era y dónde había estado antes, no tenía idea de cómo se llamaba. Sólo quería salvar aquella mujer de aquel hombre aterrador, giró la mirada para volver a buscar aquel asesino sin compasión, pero no lo encontró.

—¿Adónde se fue? —se preguntó.

El asesino había desaparecido completamente de aquel lugar.

—¡¡¡Mátame de una vez!!!

Aquella mujer se encontraba muy vulnerable que parecía que una brisa la tumbaría, la sangre brotaba de la herida que tenía en su brazo izquierdo. De la nada apareció una de aquellas máquinas teniendo como objetivo matar a la mujer que estaba enfrente de él.

—¡Nooo! … ¡no lo permitiré! —gritó.

Se movió rápidamente deteniendo el ataque furtivo de aquel asesino de metal, pero no fue suficiente, otro apareció de su lado ciego y atravesó el estómago de aquella mujer. Giró a la izquierda lo más rápido que podía, estiro su brazo tomando aquella máquina de la cabeza y estrujándola como si fuera una lata de refresco para luego lanzarla unos tantos metros lejos de la mujer.

—¿Estás bien? —preguntó con presura.

Se acercó al cuerpo moribundo de la mujer que le era muy familiar. No podía hacer nada para salvarla, no tenía lo necesario para ayudarla. Esa desconocida moriría. La acomodó en su regazo, observando cada detalle de su afligido rostro.

—Eh, aún no te mueras. ¿Sabes quién soy? … porque yo no, no sé quién soy…

—¡Lo sabía! Sabía que, no nos traicionarías, sé que no me engañaste… —sus débiles ojos se inundaban de lágrimas, el corazón que apenas latía se reconfortaba con aquella idea fantasiosa.

—¿Lo sabes?

Cof, cof, cof… —trató de levantar su brazo herido, llevándolo al rostro de aquel que no sabía quién era.

—No mueras, espera… —unas lágrimas fluyeron del desmemoriado.

—Lo siento por no decirte esto antes, pero te amo… —levantó su cabeza para llegar a la oreja de aquel que la había salvado.

—Mi nombre, no importa… tengo que…

—Tu nombre es… —susurró en el oído del desmemoriado— No lo olvides… cof, cof, cof. No te atrevas a olvidarlo de nuev… —su respiración se detuvo y, segundo después, su corazón hizo lo mismo.

—… —«¿Ese es mi nombre? Pero, ¿quién soy, en realidad? … ¿Qué hago aquí?», miraba el cuerpo fallecido de aquella mujer—. Lo siento…

De pronto, se vio rodeado de muchos monstruos metálicos. Estaban congelados sin hacer absolutamente nada, esperaban a aquel que no recordaba quien era; esperaban una orden.

—Ustedes, ustedes… ¡Ustedes!

Aquel que no recordaba miró confundido a esas cosas metálicas, para luego mirar el cadáver inmóvil de la desconocida, la sangre aún brotaba del cuerpo inerte, y las luces de aquellas máquinas volvían el charco de sangre un deforme espejo rojo donde él podía ver su reflejo.

—Yo…

Aquel que no recordaba presionó muy fuerte su rostro, ahora él podía entender, la razón de estar allí, en ese lugar. Ahora él sabía quién era en realidad, pero no podía aceptarlo. No quería aceptarlo.

—Fui yo, yo hice esto. Maté a miles de personas, pero nunca quise hacerlo… —un grito desgarrador se oyó en aquel caos, donde solo había muerte y desolación.

Las máquinas a su alrededor no se movieron de su lugar.

—¡¿Por qué?! —miró detenidamente aquellas máquinas frías, quienes aún le observaban.

Sus frías lámparas iluminaban aquella escena desgarradora, esperando algo.

—Mueran, destrúyanse, desaparezcan… —susurró sin poder escucharse a sí mismo.

Aquel recostó el cuerpo inerte de la mujer, se levantó del suelo y caminó hacia las máquinas.

—¡Mueran! ¡Destrúyanse! ¡Desparezcan! —gritó desesperadamente.

Comenzó a correr dirigiéndose al asesino metálico más cercano, cerró la mano convirtiéndolo en un puño lleno de arrepentimiento. Golpeó con tanta fuerza que el asesino metálico no solo fue enviado muy lejos cuando recibió el golpe, sino que también se llevó consigo a los otros que estaban detrás.

—Destrúyanse de una vez, chatarras estúpidas… —gritó el desmemoriado.

[Inicio de autodestrucción en  3, 2, 1…]

Una gran explosión en cadena dio inicio, destruyendo totalmente aquel lugar donde solían convivir seres humanos…

—¡Aaaaaaah…! —el hombre desmemoriado —que ahora sabía que era el hombre aterrador— fue atrapado en la explosión en cadena.

*****

—¿Ahora qué pasa?  Ese calmante no le hizo efecto. Enserio, esas cosas que consigue Lux nunca sirven. ¿Ahora qué le pasa a esa chatarra? —Leandro no entendía qué pasaba a su alrededor.

La maquinaria usada para el control de los signos vitales del paciente empezaron a enloquecer, un tráfico de sonidos y mensajes de error se presentaron al instante.

—¡¿Qué mierda pasa con esta chatarra?! —dijo Leandro, exaltado.

Todas las viejas máquinas médicas se sobrecargaron, hasta explotar.

*****

Había transcurrido aproximadamente unos diez minutos desde que Arthur había oído la explosión proveniente de la habitación médica. Caminó bastante mientras estando retraído en sus pensamientos, alejándose tanto de aquel lugar que lo costó mucho tiempo recorrer y esquivar personas en el camino.

—Espero que esté bien.

Estaba enfrente del corredor que lo llevaba adonde se encontraba su salvador, pero había muchas personas obstruyendo el paso. Una cortina de humo les sobrevolaba las cabezas, buscando un lugar para salir.

—¿Qué paso, Arthur? —Lucia vino por detrás, sin ni siquiera haber intentado correr.

—Aún no lo sé, esa gente no me deja avanzar —por más que forcejeo entre la gente, el joven no podía avanzar.

—Entiendo —contestó la joven rubia de ojos verdes.

El barullo de la gente era muy fuerte, y no se podía ver absolutamente nada por donde se encontraba la persona que Arthur buscaba.

—Permiso, permiso… —por más intento que Arthur hacía, le era imposible.

Pero luego la aglomeración comenzó a retirase del pasillo para dejar salir al mal herido Leandro. Éste se apoyaba en los hombros de un residente del refugio, apenas podía moverse. Su ropa de medico se encontraba quemada aquí y allá, y de su cabeza salía un halo de humo blanco, su cara morena se había cubierto con manchas negras hechas por el humo.

Arthur corrió al ver el estado de Leandro.

—Leandro, ¿qué paso con él? ¿Qué le paso?, ¿lo pudieron salvar? —preguntó Arthur.

Leandro tenía quemaduras menores y unas señales dolorosas provenientes de su cuerpo, mostrando una sorpresiva cara llena de asombro y desconcierto.

— Ese sujeto me salvo… Ese sujeto estaba desnudo y su piel no se quemó, ese sujeto me salvo. Ese sujeto… no es humano, no es humano… —su mente estaba perdida, quebrada al estar más cerca de la muerte.

—¿Dónde está? —Arthur insistió sin darle importancia al estado de Leandro.

—Por allá…, allá está… —dijo Leandro señalando el pasillo por donde había venido.

Arthur caminó junto a Lucia por el sendero libre, dejado por Leandro y la persona que hacía de su soporte, solo para encontrarse con su salvador del exterior y que también no dudó en salvar a Leandro en esta ocasión.

—… —«Lo supuse, no es humano. Pero entonces, ¿qué es, realmente?», pensó el joven mientras corría.

No era extraña la aseveración que Leandro había hecho, anteriormente había pensado lo mismo; ni un humano era capaz de enfrentar a esas cosas sin salir muerto, y Arthur sólo había tenido una racha de buena suerte en ese momento. Estaba seguro que ningún humano podía enfrentar esas máquinas sin la ayuda de algo que sobrepasara el entendimiento común.

—¡Oye! ¿Cómo es aquel tipo que trajeron? —preguntó Lucia.

—No sé qué decirte, pero tranquila, ya mismo lo veremos —Arthur aceleró el paso, tratando de no atorarse entre tanta gente.

Y al final del camino aún había fuego y humo en la habitación médica, una pared rocosa colapsada y a lado de ésta un hombre de ojo rojos y cabello castaño cubierto con un manto blanco, sentado en un escombro mirando tranquilamente como se desvanecía el fuego del lugar.

—Eh, tú —lo llamó el joven de dieciocho años.

El hombre de ojos rojos dirigió la mirada hacia donde estaba Arthur y Lucia, mas éste sólo reconoció el rostro de Arthur, cuyo nombre no sabía. Solo recordaba que tuvo la valentía de enfrentarse a ese peligroso asesino de metal por sí solo sin ningún arma con la que defenderse. Era digno de admirar, pero sabía que si no hubiera intervenido ese muchacho estaría muerto.

—Oye, tú eres… ¿me dijiste tu nombre, acaso? —le señaló a Arthur.

—Es verdad, no pude decirte mi nombre cuando estábamos en el exterior, pero bueno, ahora no hay problema, te perdono por eso que pasó antes. Ah, mi nombre es Arthur. Arthur Eslevian; gracias por salvarme allá fuera —con una sonrisa en el rostro y un profundo alivio de poder agradecerle a su salvador— ¿Qué te pasó cuando me atacaste? —Arthur preguntó sin reparo, esperando una respuesta que lo satisfaría.

—No lo sé, realmente. No sabría decirte lo que sucedió en realidad, también quiero saberlo —confesó rascándose la cabeza, mirando de un lado a otro.

—¿Piensas seguir exhibiéndote con esa sabana semitransparente, o es que esos son tus gustos personales? —dijo Lucia mientras se cubría el rostro.

—Lo siento. No quería incomodar a tu novia, esto es lo único que pude sacar para cubrir mi cuerpo…

Relajadamente, el sujeto de cabello castaño vio como aquella muchacha golpeaba fuertemente el desprotegido estomago de Arthur, mientras se sonrojaba y seguía golpeándolo nuevamente.

—No son novios, ¿verdad? —volvió a preguntar sin importar las consecuencias.

—Mi novio debe ser un hombre mayor y responsable, no como este mocoso que le duelen unos golpes suaves de esta delicada dama —Lucia refutó sin remordimiento.

La chica miraba con molestia al adolorido Arthur que se sobaba el estómago y se quejaba, para luego girar la cara hacia el otro lado.

—… —«¿Dónde está lo de delicada?», pensó mientras veía que la chica volvía a golpear a Arthur en el estómago.

—¿Puedes decirme tu nombre esta vez? —el adolorido Arthur volvió a tocar el tema que se había zanjado en el exterior.


*****

La gente que se encontraba obstruyendo el camino había disminuido, sólo quedaban unos cuantos. Los susurros y las conversaciones entrecortadas iban y venían por los túneles, las pisadas se perdían en ese camino.

Un pasillo rocoso y de luz tenue.

Entre esos pasos. Las inconfundibles pisadas de una fémina que no era humana, pero que solía tomar decisiones por todos los humanos que vivían en esta gran red de túneles y cuevas. Su altura la hacía resaltar más de lo debido.

—Buenos días —saludó.

—Buenos días, señora.

Al cruzar frente alguien, este residente se detenía y le daba una reverencia como si de una reina se tratara. Siempre solía ser así cuando Folsy Yvetania caminaba por los túneles públicos para tratar temas importantes como el que estaba por ver.

El cual era conocer al nuevo residente de este refugio y si era un elemento confiable para este lugar.


*****

—Claro no hay problema mi nombre es…—se detuvo un momento.

Volvió a recordar aquella pesadilla tan realista, recordó aquella mujer que le parecía familiar y también lo que le susurró al oído antes de morir, sintió amarga la boca, no podía creer lo del sueño.

—… —«Eso realmente sucedió», se dijo a sí mismo, para luego mirar aquellos jóvenes y las personas que estaban detrás de ellos— Es Fredd. Sólo Fredd, no recuerdo nada más —dijo con un poco de duda.

—Está bien, Fredd. Te quedarás en mi casa hasta que haya un lugar donde puedas vivir, siento que debo agradecerte con más que un gracias… —con mucha confianza en la persona llamada Fredd, Arthur ofreció su hogar como agradecimiento.

—Oye, ¿estás bien con eso? —Lucia intentó interrumpir la ofrenda del chico, pero fue ignorada.

—Aunque aún mi hermana no lo sabe, no te preocupes. Lo aceptará, no podrá dejar en la calle a la persona que salvo la vida de su hermano. Se lo diré cuando la veamos, ¿bien? —dijo Arthur.

—No creo que sea buena idea y siento que debería irme de este lugar lo más rápido posible. Siento que no es seguro que me quede aquí —dijo Fredd.

Recordaba con claridad aquella pesadilla que tuvo antes de levantarse.

—¿Podrías decirme por qué? —dudas volvieron a aparecer en Arthur.

—No sé cómo explicarlo pero… —Fredd sintió que su cuerpo fue empujado por una gran fuerza hacia lo que quedaba de la pared de la habitación médica.

—Tú. Estiércol barato, ¿cómo sigues vivo después de tanto tiempo? ¿Acaso inventaste alguna estupidez para permanecer de la misma edad? ¡¿Sabes lo que le paso a mi hermana por meterle esas ideas estúpidas, maldito desperdicio de larva?! —Folsy Yvetania sujetó del cuello al recién llegado Fredd.

Levantándolo del suelo y haciéndole soltar la sabana semitransparente que cubría su cuerpo.

—¿Qué haces aquí, rastrero venenoso? —imponiéndose como una Eltio orgullosa de su especie, miró con desagrado y odio al recién llegado— ¿Qué haces aquí? —volvió a repetir la enojada Eltio.

Fredd, con un rostro temeroso y sin esperanza de salirse librado del lío, miró fijamente a la Eltio de dos metros treinta de altura y portadora de aquel seductor cuerpo que le generaba atracción. Sin entender qué estaba pasando, respondió.

—Yo… —esbozó Fredd con un poco de duda, pues no recordaba casi nada de su pasado.


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