Neo 2.0 — Capítulo 1, Parte 3


Absolute: Aquí tienen la última parte del Capítulo 1. Que lo disfruten (y perdón por el retraso, me olvidé de que tenía que subir este capítulo)


Capítulo 1:

Misión: “Sin Especificar”

«Parte 3»

El cielo nocturno se encontraba totalmente iluminado, la autodestrucción del cleanser había provocado una luminiscencia tan fuerte que bien podía creerse que ya había amanecido. Todo por la destrucción de su núcleo de daltanita. La persona desconocida descendió rápidamente para luego caer bruscamente al suelo lleno de escombros y aterrizar en éste sin problemas.

La batalla desigual entre el desconocido y el cleanser había culminado.

—… — «¿Qué fue todo eso? ¿Cómo puede hacer eso? ¿Es humano?», Arthur absorto en sus pensamientos no podía creerlo.

Aún se encontraba en su improvisado escondite, mirando con cautela al extraño humano preguntándose indefinidamente: ¿era aquel un humano? Era de conocimiento común que Aqhuart no solo era habitado por humanos, había nueve especies racionales más que ocupaban el mismo mundo que los humanos, pero estas especies no tenían el mismo aspecto humano y los únicos que podían imitar a los humanos en apariencia completa no eran tan fuertes como el desconocido, o eso era lo que el joven creía.

¿Aliado o enemigo? Era la otra pregunta que se mantenía presente en su mente. Su miedo le había ordenado no salir por ninguna razón de su escondite, mientras veía que el desconocido empezaba a caminar hacia el lugar donde se encontraba.

—Ya pasó el peligro, ya puedes salir. Pensé que yo era el único en este lugar —dijo la persona desconocida.

Aquel desconocido de pupilas rojas, cabello castaño y piel clara vestía una manta oscura que apenas había sobrevivido al fuego, pues eran notables las quemaduras de ésta. Medía un aproximado de ciento ochenta centímetros, la apariencia del desconocido circundaba a la de un joven de veinte y tantos años, músculos delgados muy bien definidos y sobresalían por los agujeros de las manta quemada.

Una imperceptible sonrisa se notaba en el rostro del desconocido.

—Creí que era el único, en este apestoso lugar. —El desconocido se quejó, mientras se acercaba cada vez al escondite de Arthur.

—… — «En serio me está hablando… no me matara ¿verdad? Acaba de salvarme, ¿cierto?», el joven de dieciocho años temblaba e internamente seguía quejándose de su suerte.

Ahora tenía que tratar con alguien ridículamente fuerte, no tenía más opciones que en encarar al desconocido, apelando a la suerte que había tenido para sobrevivir todo ese peligro. Tomó valentía y salió de su escondite.

—…. — «De seguro es una buena persona, ya que me salvo de mi cruel destino, debo agradecerle a mi benefactor. Creo que sería lo más educado antes que decida matarme al igual que a esa cosa metálica», pensó el asustado joven.

Arthur con pasos lentos y dudosos camino hacia el desconocido humano.

*****

El cielo nocturno se mantenía iluminado aun después de que pasaran unos minutos desde la explosión de la máquina. La luz incandescente mostraba claramente el escenario de lo que tiempo atrás había sido una ciudad, no solo escombros eran visibles también lo que quedaba de avenidas, calles y casas de cemento y ladrillo que apenas se mantenían en pie.

Lux Arqueides, al notar que el mocoso estaba a salvo, bajó del cúmulo de cemento y ladrillos que tiempo atrás había sido un gran edificio de cuatro pisos. Empezó a mirar todo a su alrededor, quedando demasiado sorprendido por lo que veía a unos cuantos metros y no había notado por la oscuridad.

Lux podía distinguir una cantidad de brazos y cuerpos desmembrados por todas partes, pero éstos no eran pertenecientes a humanos, se trataban de partes de máquinas como el cleanser regadas por todo el lugar, y de ellas un líquido azul emanaba. No solo brazos metálicos desmembrados, también se podían notar cabezas metálicas aplastadas; se podían contar más de veinte de éstas.

Al parecer la razón de no haberse encontrado con más dificultades estaba frente a sus ojos, alguien se había encargado fácilmente de aquellas cosas. Lux dirigió su vista hacia donde se encontraba Arthur y aquella persona desconocida.

—¿Qué rayos pasa aquí? No me digas que… —dijo Lux dubitativo mientras miraba a la desconocida figura humana.

De repente le cruzo una idea un tanto extraña de quien se trataba ese sujeto; aquella persona había parecido de la nada ante Arthur y eliminado al cleanser de una manera impresionantemente rápida, y al parecer ése no fue el único con que había acabado sin dificultad, ese humano, no podía considerarse un humano común ante sus ojos; pero al final esa idea se esfumo al recordar un momento trágico en su vida, fijando la mirada en su prótesis metálica.

—… —sus ojos azules fijaron toda su atención en el paisaje desolador lleno de destrucción por donde mirara, solo había caos en cada punto en que se fijaba.

Tragedia tras tragedia en cada escombro donde posaba sus ojos, la muerte acompañada de putrefactos aromas vagaba en cada cadáver humano calcinado que encontraba con la mirada.

Había escuchado hablar de este lugar antes, un año atrás aproximadamente. Cuando se había encontrado con unos viajeros Enians que recorrían el continente de Tholvar, reuniendo el exquisito conocimiento humano perdido cien años atrás. Era muy común que esa especie racional estuviese tan interesada en el desarrollo tecnológico y cultural que los humanos habían logrado alcanzar un siglo atrás.

El lugar donde se encontraba y que ahora superaba los quince mil kilómetros cuadrados, sólo era escombros y cadáveres carbonizados o putrefactos. Antes que esa inmensa explosión sucediera este lugar era otro refugio humano sobre la superficie, una ciudad a diferencia del lugar donde venía Lux que era subterráneo, conocido como “New Land”.

Según los Enians, los científicos de este lugar habían logrado crear un dispositivo que alejaba a las máquinas y desactivaba la señal guía que controlaba a los soldados metálicos. Y así fue por más de veinte años. Ellos habían podido dar un alto a los ataques indiscriminados de esos monstruos de metal.

Además de parecerse a una ciudad de un siglo atrás con grandes edificaciones, calles y autopistas protegidas por una muralla de veinte metros que la rodeaba, habían creado un campo de fuerza capaz de soportar el daño que provocaría un Draknors o el arma que se suponía era capaz de exterminar a un drayner, pero esas criaturas se habían extinto hace ya miles de años no había manera de comprobarlo. En fin, “New Land” era la viva imagen de una ciudad del pasado sin contar la muralla que la protegía.

—¿Cómo esas cosas pudieron destruir esta gran fortaleza en tan poco tiempo? —se preguntó.

Era una característica de los Enians el no exagerar, ni incrementar la realidad de lo que solían contar. Si este lugar era como le habían contado, todavía podía encontrar algo lleno de tecnología humana para salir de aquella situación de peligro, debía haber algo que los alejara de este lugar pues podrían aparecer más de esas cosas asesinas.

Luego de buscar intensamente con la mirada y olvidarse de la situación de Arthur —al fin al cabo estaba a salvo con ese sujeto desconocido— pudo encontrar encima de unos escombros un aerodeslizador. Se podía notar que estaba desgastado y un poco mallugado, era posible que aun funcionara; había pasado mucho tiempo de la última vez que había visto uno.

—Parece que la suerte me sonríe de vez cuando —dijo Lux con su tono de voz desganada.

Corrió lo más rápido posible a donde el aerodeslizador se encontraba. Sus ojos desganados emanaban un brillo de alegría, aunque el rostro serio que lo caracterizaba no cambió ni un poco. Al llegar, hizo todas la pruebas necesarias comprobando que si funcionaba. Además el aerodeslizador tenía una función extra, creaba un campo de energía que le hacía indetectable ante los rastreadores de los cleanser y otros de su mismo origen.

Ahora todo estaba listo para dejar este desgraciado lugar.

*****

—¿Quién eres? O mejor dicho…, ¿qué eres? —Arthur temblaba más que nunca.

Temblaba aun más que cuando se enfrentó solo al cleanser. No estaba seguro si merecía seguir viviendo, aun siendo un gran cobarde no sabía de donde había sacado ese valor y por qué había logrado sobrevivir a ese peligro mortal.

¿Acaso su suerte era igual a la de un dios? ¿Tenía una razón para seguir viviendo? ¿Aquellos sentimientos inmaduros en su ser lo eran todo para luchar en este mundo? Esas preguntas se le venían a la mente cundo miraba los ojos rojos del desconocido.

—¿Por qué me salvaste? —Arthur volvió a preguntar.

Sus ojos negros, perdidos en miedo, miraban con detenimiento al humano que sobrepasaba la lógica convencional de cualquier ámbito humano.

—… —«¿Que quién soy?». El desconocido se lo planteó en su interior.

Aquella persona de ojos rojos cambio la sonrisa por una expresión de duda muy remarcada en sus labios. Trató de rebuscar en sus memorias lo que había ocurrido antes de encontrarse rodeado de muchos seres metálicos, pero no podía recordar absolutamente nada antes de aquel evento.

De repente, la visión del desconocido se saturó en cuadro y tablas graficas llenas de símbolos que él podía entender perfectamente.

[Objetivo encontrado…]

[……….]

[Estableciendo misión…]

[……….]

[Eliminación de….]

[…Error…]

[…Error…]

[…Error…]

[…Error…]

[…Error…]

[Sobrecalentamiento de mandos de ejecución… conexión fallida]

La visión del desconocido se tornó de un fondo rojo, su mente se nubló, su cuerpo empezó a moverse sin su consentimiento y comenzó a gritar desesperado.

—¡No lo sé! ¡No lo sé! ¡No lo sé! … ¡No lo sé! —gritó al punto de volverse inentendible— Asdasdasd weqxsas dasdsafsa dasxzxwesaxasxa sdsadsadasdas… —manteniendo un tono antinatural.

Luego el sujeto acortó la distancia que lo separaba de Arthur, en cuestión de milisegundos, solo para tomar al muchacho del cuello y apretárselo.

—Oye, suéltame… por favor. Maldito, ¿qué tienes…? ¡Suelta…! —Arthur no podía escapar.

Su respiración era obstruida. Intentó todas las maneras posibles de zafarse de esa peligrosa situación, pero era imposible apartar esas formidables manos de ese sujeto. Trató de golpear la cara pero aquel hombre no podía sentir nada, esa fuerza lo volvía un terrible monstruo del cual Arthur no podía escapar.

[…Error…]

[…Error…]

[…Error…]

[…Error…]

—Gfsssrasgdgaghasoaiyaoauasiasjhavgsd… —El sujeto desconocido seguía balbuceando.

[…Error…]

[…Error…]

[…Error…]

[…Error…]

—Suéltame, ¡¡ah!! ¿Por qué me salvaste? ¿Por…? —El joven de dieciocho años empezaba a perder la conciencia.

Ya no podía luchar más por mantener su vida, había sobrevivido a la mina explosiva e incluso a la máquina asesina, pero esto era el fin para él. Miró nuevamente el rostro de su asesino, percatándose de las lágrimas que sobresalían de esos ojos escarlata y que luego bajaban por su mejilla.

—Psdsfdserf perdóname cwweasdfe… sadadadasdas… —De esa voz inentendible, una palabra clara se escuchó.

Arthur estaba seguro que sus oídos y sus ojos no lo habían engañado. Aquel hombre con fuerza sobrenatural estaba sufriendo por dentro; concluyendo en ese corto tiempo en que su cuerpo sentía la presión de la falta aire: El desconocido estaba siendo manipulado por algo o alguien.

Había escuchado dentro del refugio que algunas especies racionales podían controlar las mentes de otras especies racionales más débiles, en este caso los humanos, de los más débiles entre las diez especies racionales existentes. Los humanos eran las victimas predilectas para estas especies.

—Te perdono. ¡Pero lucha! ¡Recobra el control! —trató de gritar con la fuerza que le quedaba, antes de perder el conocimiento y morir— ¡¡¡Lucha!!! —gritó lo más fuerte que pudo, al punto de desmayarse.

Los ojos rojos de aquella persona desconocida perdieron su color, volviéndose blancos. Amainó la fuerza dedicada a presionar el cuello de Arthur, al punto de soltarlo. El hombre cayó como una marioneta que le habían cortado los hilos.

Cof, cof, cof… Lo lograste, qué bien cof, cof, cof… —El cuerpo de Arthur ya no le respondía por el cansancio.

Cada parte de su cuerpo le dolía intensamente. Se acostó en el suelo boca arriba, mirando las fugases estrellas que brillaban incandescentes en el cielo nocturno. El cielo había vuelto a ser el mismo ante sus ojos.

Aquel momento de paz que respiraba, era lo más grandioso y pleno que había vivido en sus pocos años de vida.

*****

Así transcurrieron unos treinta minutos sin que Arthur se preguntara por Lux Arqueides o que la persona desconocida despertara.

—¿Todo terminó? ¡¡¡Por fin todo termino!!! —dijo el muchacho sintiendo un gran alivio.

Lamentablemente, no duró mucho.

Aquel silencio fue desapareciendo cuando un extraño silbido se iba acercando por el este. El alivio del joven se perdía entre las dudas, y el miedo de correr más peligros imposibles de superar crecía nuevamente en el corazón de Arthur.

Era el sonido peculiar de un motor, el cual cada vez estaba muy cerca. Lo suficientemente cerca como para hacer imposible la idea de huir. Además, aun si se intentaba, era imposible para Arthur debido a lo débil que se encontraba.

De repente, un asombra extraña oscureció aún más su visión.

—No te acerques… —el dolor que en sus músculos era insoportable, por más que intentaba no podía ponerse de pie— Si vas a matarme, ¡hazlo ya! —Arthur ya había aceptado aquel indudable final.

Era imposible hacer algo más para luchar por su patética vida que lo mantenía consciente, el mundo exterior era un lugar más aterrador de lo que podía imaginar. Había visto morir a un rudo hombre y, con desesperación, a una persona que nunca vio preocupada, en aquel seguro lugar que él llamaba refugio.

—… — «¡Mierda! ¡Mierda! Lo siento, lo siento… prometí volver», su mente se preparaba para lo peor.

Era el fin, moriría a manos de esas máquinas.

—Mocoso, tenemos que irnos. Pronto llegaran más —era la voz de Lux Arqueides.

No había peligro. Se trataba del hombre de ojos azules y una prótesis de brazo mecánico, montaba un aerodeslizador. Miró al sujeto que se encontraba tirado en suelo al igual que Arthur y que minutos atrás vio como había salvado al mocoso de una muerte segura.

—Y sube a ese, sería bueno saldar tu cuenta y que nos deba un favor de gratitud —dijo sin vacilar, girando la perilla de aerodeslizador y haciendo sonar el motor.

—Puede esperar un momento. Un poquito, por favor —dijo el adolorido Arthur.

Giró su cabeza para mirar al desconocido que lo había salvado y luego trató de matarlo, pero aun creía que otra especie lo había controlado. Ahora su salvador era libre de ese control mental, esa suposición se encontraba muy sólida en su cabeza.

Unos minutos después partieron en el aerodeslizador, dejando aquel desolador escenario lleno de muerte, destrucción y ruinas. Cargando con un desconocido y extraño humano, dejando en su recuerdo aquel compañero de exploración y el cadáver de éste en el suelo frío de lo que quedaba de aquella ciudad-refugio llamada “New Land”.

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2 comentarios

  1. Gracias por el capitulo.

    Pd: espero no ser el unico que le da una oportunidad a esta novela y que por ahora parece ser interesante.

    Me gusta

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