Vermillion: Capítulo 17


Buenas……… lamento la espera. Sorprendentemente, este capítulo era bastante corto. Lo triste es que no había podido terminarlo ya que estuve ocupado con otras cosas en la página.

En fin, disfruten.

Traductor: Absolute
Corrector: CO2


Satyna

 

—… Entonces, canjea de nuevo tu permiso para dentro de una semana. ¡Siguiente!

La larga línea avanzó lentamente después que la voz resonara.

—Aaa~… Por fin, estaba cansada de esperar.

—Yo también.

Kei y Aileen se sentaron juntos y suspiraron con caras de aburrimiento. Delante y detrás de ellos, todos; los comerciantes en sus carruajes, los soldados en sus caballos, y los granjeros con su ganado, tenían la misma expresión cansada.

Había pasado una hora desde que finalmente llegaran a Satyna.

No hubo más incidencia después de la batalla con la gente de las llanuras. Sin embargo, los dos tuvieron que esperar en la larga fila en la puerta. El tráfico estaba completamente estancado.

La ciudad fortificada de Satyna.

La ciudad tenía un muro de piedra en los cuatro lados y el gran río Morla al este. Gravaba los pueblos cercanos y era un gran centro comercial.

El río Morla permitió el transporte, las carreteras de los cuatro puntos cardinales se cruzaban con él, e incluso la tierra produjo maderos de buena calidad. El área meridional de Ri’leir era un centro comercial central para artesanos y comerciantes por igual.

Cada una de las paredes de Satyna tenía una puerta grande que servía como entrada. Excluyendo el lado oriental, que era para uso privado del puerto del río Morla, las puertas norte, sur y oeste proporcionaban acceso a la tierra a la ciudad.

Kei y Aileen llegaron desde Tahfu, al oeste de Satyna, y trataron de atravesar las puertas, hasta que el portero los detuvo.

Según él, a aquellos con ganado y caballos no se les permitía ingresar sin una licencia. Uno tendría que ir a las puertas del sur y pagar una tarifa fija para que los animales grandes obtengan una licencia.

En otras palabras, era un impuesto sobre el ganado y los montes.

En el exterior de los muros del noroeste de Satyna tan solo había casas en los barrios marginales. Los tugurios no tendrían un establo y dejar a sus caballos solos estaba fuera de discusión, por lo que la única opción era dirigirse a las puertas del sur.

Fue entonces cuando avistaron a la larga cola.

Kei y Aileen se comportaron y esperaron en fila para poder obtener la licencia, pero después de una hora de espera aún no habían llegado a las puertas. Era razonable que el procedimiento fuera complicado, pero las personas que intentaban colarse en la fila y las personas que no podían pagar el impuesto causaron problemas y la retrasaron aún más. Además, su irritación solo empeoró cuando algunas personas de clase privilegiadas ignoraban la línea y recibían un trato preferencial, permitiéndoles terminar sus negocios y entrar a las puertas rápidamente.

Sin embargo, con paciencia su turno también llegaría.

—… Muy bien, estate atento con lo que mencioné antes. ¡Siguiente!

El comerciante con el carrito enfrente a ellos terminó, y finalmente fue el turno de Kei y Aileen.

Debajo de la puerta, varios centinelas de aspecto estricto armados con lanzas cortas se mantenían firmes. Todos llevaban la misma armadura de cuero blanco que tenía una cruz sobre sus corazones. El contraste negro y rojo le recordó a los autos de policía en Japón.

—Tú… ¿eres de la gente de la llanura? —preguntó uno de los centinelas —un hombre mayor con una barba negra que parecía estar a cargo— mientras miraba con recelo.

—No, no lo soy. Mi cara no es como la de ellos —respondió Kei con indiferencia, desmontándose de Sasuke y apuntando a su rostro.

No tenía los tatuajes que la gente de las llanuras hacía en sí misma, y después de quitar las decoraciones de su armadura e ignorar el diseño característico, se parecía a cualquier otra armadura de cuero.

—Hm. Parece que tienes bastante armamento de la gente de la llanura. ¿Qué hay con eso?

—Fuimos atacados en nuestro trayecto para acá, así que devolvimos la jugada y los matamos.

—¿A todos…?

—Sep, a ocho de ellos —El centinela de barba negra miró a los dos caballos cargados con equipo y entrecerró los ojos por la sangre oscura en él. Dijo con un bufido—:  Bueno… lo que sea. ¿De dónde vienen ambos?

—De la aldea Tahfu.

—¿Cuáles son sus planes?

—Vinimos a entregar una carta. Después de eso, compras y algo más… unas cuantas cosas.

Kei sacó de su bola el sobre que Bennett le dio.

—Déjame verlo.

El hombre cogió el sobre y —Kei no tenía idea sobre esto, pero cada aldea o pueblo tiene su propio patrón— frotó ligeramente el sello de cera antes de inspeccionar la firma de Bennett en la parte inferior de la cera.

—Hm, bueno, es auténtico. Por último, haremos una revisión rápida de sus pertenencias, ¿de acuerdo?

Fue más un comando que una pregunta. Varios centinelas jóvenes revisaron eficientemente el equipaje y palparon a Kei como un chequeo corporal.

—¿Qué es lo que buscan?

—Narcóticos. Se han vuelto populares en este sitio. Hemos sido instruidos de ser estrictos respecto a ello —Después de que el chequeo de Kei terminara, el hombre de la barba negra suspiró—¡Muy bien, mantente quieta!

—¿Ah? ¿¡Yo también!?

Al lado de Kei, un joven centinela se acercó furtivamente a Aileen. Sorprendida, ella, por reflejo, huyó hacia la pared.

—¡Oye! ¡No huyas! ¿¡Qué escondes!?

—¿¡Dónde se supone que esconda algo en estas ropas delgadas!? — Aileen gritó, su cara se sonrojó mientras su delgada túnica revoloteaba.

Al joven no le importó, la persiguió con los brazos extendidos y gradualmente acortó la distancia entre ambos. Kei parpadeó varias veces en sorpresa y miró al hombre de barba negra, preocupado. El hombre soltó un suspiro al aire y dijo—: ¡Oye, Nick! ¡Con esa estúpida mirada de pervertido que tienes ahora es obvio que ella te vería repulsivo! ¡Incluso tu madre pensaría eso!

Los otros centinelas estallaron en carcajadas mientras el hombre barbudo golpeaba al joven centinela en la cabeza.

—Perdóneme señorita, pero son las reglas.

El hombre de barba negra la palparó con un poco más de suavidad que cuando se palpó a Kei, mientras la revisaba. Aileen se congeló como un maniquí.

—Listo, no parece que lleves algo sospechoso.

Gentilmente, o más bien con seriedad, rápidamente terminó la revisión y sonrió mientras le sacaba las manos de encima.

—Veamos cuánto dinero ti-….

—¡Señor, encontramos algo extraño! —gritó el que inspeccionaba los caballos.

Su sonrisa desapareció y levantó la voz—: ¿Qué?

El joven tomó una botella de vidrio llena de líquido azul del bolso del caballo de Aileen; una poción superior. Comprensión se manifestó en las expresiones de Kei y Aileen al unísono.

—Ustedes… ¿qué es esto? Definitivamente es extraño —El hombre de la barba negra tomó la botella del hombre más joven y, con una expresión profundamente interesada, hizo girar ligeramente el viscoso líquido azul y lo levantó para inspeccionarlo bajo la luz del sol. El matiz azul obviamente no era uno que se podía encontrar en la naturaleza, era realmente extraño.

La expresión de Kei se volvió un poco rígida— Eso es una medicina para todo propósito. Es muy valiosa, así que manéjala con cuidado. Es más, no la mantengas expuesta a los rayos del sol o se degradará.

—Medicina, ¿eh? … Medicina… Hm… —Miró a Kei, volviendo a verse sospechoso.

«Podría simplemente decirle que es una poción…», pensó Kei.

Las pociones parecían ser más escasas aquí que en『Demondal』. Traían pociones genuinas, y aunque Kei no se sentía culpable en absoluto, tenía la sensación de que si les decía la verdad, eso traería problemas más adelante.

«¡Agh! … ¡Es medicina! ¡No metí!».

Kei se puso desafiante y erguido— Es correcto, es solo medicina.

—Hm, ya veo…

Por un momento, su mirada varió inquisitivamente entre Kei y la poción. Puso la botella al lado de unos papeles en un escritorio y de pronto descorchó la botella. Kei y Aileen se inclinaron hacia adelante involuntariamente. El hombre la olfateó. Parecía tener sus dudas.

Kei murmuró, diciéndole al hombre que se detuviera. Pero él no lo escuchó, e inclinó la botella, tomando un sorbo. El hombre barbudo negro balbuceó

«¡Viejo, nooooo!».

«¡Nuestro sustentoooo!».

Protestaron en silencio.

El hombre barbudo negro balbuceó—: ¿¡Qué pasa con este sabor mierdero!? —escupió con fuerza y se tambaleó por el sabor.

Sus fuertes movimientos amenazaban con derramar la poción. Tanto Kei como Aileen alzaron sus voces y gritaron—: ¡Noooo!

—¿¡Señor!?

—¿¡Está bien!?

—¿Era un veneno o…?

—No, no, estoy bien, ¡pero el sabor…! ¡Este sabor! ¡Puaj! —el hombre de la barba negra vomitó y se tambaleó aún más, inclinando peligrosamente la botella.

—¡Aaah! —gritó Aileen.

—¡Solo ponle la tapa! —gritó Kei, enojado por el desperdicio de una valiosa poción.

—Ahh… Dicen que ‘una buena medicina tiene mal sabor’. Y esta sabe más que terrible.

El hombre de la barba negra dejó salir el sabor y, con una mirada desilusionada, volvió a poner el corcho en la botella. Aileen abrazó la poción apenas él se la devolvió. Se perdió un bocado, pero por lo demás estaba intacto.

—Al menos… esto no es un narcótico. Es alguna clase de medicina… En serio, siento pena por quienquiera que tenga que beber esta cosa… Oh bueno. Pongámosle fin al tema de la licencia.

—… ¿Está bien con eso?

—Está bien. Solo tomé un sorbo, pero, aparte del sabor bizarramente malo, no había nada extraño en ello —El hombre de barba negra se encogió de hombros mientras respondía al joven centinela— Aparte, incluso si fuera una nueva droga, no estaría cubierta por las regulaciones. Como esto no está cubierto, no tenemos razones para confiscarlo; de hecho, ni tenemos el derecho a hacerlo… Ahora pues, perdón por la espera. Acabemos esto… Tienen dinero suficiente, ¿verdad?

Ambas partes se cansaron de esperar, por lo que el proceso comenzó de nuevo.

Tuvieron que pagar por Sasuke y los otros tres caballos, lo que llevó la tarifa total de la licencia de cuarenta y cinco monedas de cobre. Kei y Aileen firmaron el libro de contabilidad y, después de algunas demoras, finalmente obtuvieron una licencia de una semana.

Cuando condujeron a sus caballos a través de la puerta, ya habían pasado dos horas y media desde que llegaron a Satyna.

† † †

Oscuridad.

Kei y Aileen alquilaron una habitación en una posada dentro de la calle comercial en la parte noreste de la ciudad. En ese momento estaban sentados en un bar al primer piso del edificio.

Su búsqueda de una posada les tomó hasta el final del día.

Obtener una habitación sonaba fácil, pero en realidad, encontrar una era bastante difícil. El problema fueron sus cuatro caballos. Satyna era una ciudad para comerciantes y artesanos, por lo que tenía posadas en todas partes. Sin embargo, era difícil encontrar un lugar limpio, en buen orden público y con suficiente espacio en su establo.

El plan de Kei había sido entregar la carta justo después de conseguir una habitación, y luego encontrar una tienda de equipos para la armadura de Aileen. Pero, en realidad, no tenían tiempo. Después de una búsqueda desesperada, se encontraron con una posada bastante cara, pero no podían dormir afuera en la ciudad, por lo que no tenían muchas opciones.

—En todo caso, celebremos el hecho de que encontramos un lugar…

—¡Salud!

Kei y Aileen se sentaron uno frente al otro en la mesa y, con una gran sonrisa, chocaron sus jarras de madera, llenas hasta el borde con cerveza.

Gluglú.

Bebieron profundamente, y luego bajaron sus tazas con expresiones difíciles.

—No está fría…

—No está fría…

Tibio. Era tibio. Estaba más fresco que el aire de la habitación, pero definitivamente no hacía frío. No hubo sensación refrescante.

—Bueno, debimos suponerlo… —Kei se encogió de hombros.

—¿Para qué tuvimos esperanzas…? —dijo Aileen con una distante, mirada seria.

Los refrigeradores no existían en este mundo. En el mejor de los casos, solo tenían bodegas frescas.

Sería posible si tuviesen un mago térmico de alto rango, pero eso era algo que ni siquiera podían esperar.

—¿Tu Siv no podría hacer algo…? —miró a Kei con una pizca de esperanza.

—¿Qué tanto planeas gastar solo para enfriar una cerveza? —dijo Kei con una expresión asombrada y tintineó la cadena alrededor de su cuello. Necesitaba catalizadores para activar la magia, y solo le quedaba una esmeralda. Incluso si tuviera varios de ellos, usarlos así estaba fuera de discusión—. Sería difícil hacer que Siv las enfríe, es que, ¿cómo es que siquiera se dice ‘detén el movimiento de las moléculas en el aire’ en Esperanto?

Hmmm. Esa está difícil.

—Aun si dices eso, ¿quién sabe si el espíritu logra entender eso…?

—Sí… Qué mal, es imposible.

Una camarera que llevaba una bandeja vino a su mesa mientras hablaban— Lamento la espera. Aquí está la salchicha con tres platos de queso, una sopa para dos y algo de pan~.

—¡Oh!

—¡Estaba hambrienta!

La mesera colocó hábilmente los cuencos sobre la mesa. Ella vertió la sopa en los cuencos. Aileen quedó atrapada en el sabroso olor de la salchicha. Los ojos de Kei se vieron atraídos por el escote de la camarera cuando ella se inclinó frente a él.

—¡Disfruten~! —le guiñó a Kei y les saludó con la mano antes de dirigirse a la cocina.

—¡Comamos! ¡Comamos, Kei!

Kei dio una respuesta a medias a su insistencia, «Sí…» mientras miraba el balanceo del trasero de la camarera. (NT: (ง ͠° ͟ل͜ ͡°)ง)

—¡Itadakimasu~! —Aileen aplaudió y comenzó a comer—. ¡Mm, esto está bueno!

Kei de repente regresó a la realidad y rápidamente tomó un tenedor.

Después de llenarse con tanta comida y bebida como quisieran, volvieron a su habitación en el segundo piso.

Tuvieron el lujo de usar una habitación para cuatro personas solo para ellos dos. La posada en la que se alojaban, Pez Azul, estaba destinada a los plebeyos ricos. A diferencia de una posada de lujo para los nobles o los comerciantes ricos, ésta no tenía habitaciones privadas. Solo tenían tres opciones; habitaciones para dos personas, habitaciones para cuatro personas y alojamiento general (dormir juntos en una habitación grande).

A pesar de que solo eran Kei y Aileen, todo el equipo que tomaron de las llanuras ocupaba demasiado espacio para una habitación para dos personas, así que afortunadamente pudieron conseguir una habitación para cuatro personas.

Haah, hoy fue un día agotador, ¿no es así?

Cuando entraron en la habitación, Aileen se tiró a la cama en la izquierda. Los resortes del colchón no fueron efectivos y ella aterrizó con un fuerte ruido sordo para luego gemir de dolor.

Kei sonrió con ironía y colgó la lámpara que les dieron sobre una cadena que colgaba del techo mientras Aileen se retorcía de dolor en la cama. La llama parpadeante iluminó la habitación con una luz tenue. El equipaje cubría el piso y la otra cama. Podían ver el cielo oscuro y el sol, que casi había terminado de caer, a través del pequeño espacio entre los postigos. El ruido de los clientes borrachos y las canciones del trovador llegaban a la habitación.

Kei colocó la espada enfundada y el Aguijón de Dragón, aún dentro de la envoltura de tela, junto a la cama en la derecha y se sentó con un ruido sordo. Sintió una sensación de seguridad ya que toda la rigidez en su cuerpo se desvaneció—. Qué viaje ha sido… —murmuró.

Pensó en todo lo que sucedió en el camino. A pesar de que dejaron Tahfu esta misma mañana, unas diez horas atrás, se sentía como algo de hace mucho tiempo.

—Sí… — Aileen gimió y se frotó la cara en la almohada, claramente soñolienta.

—¿Supongo que entonces deberíamos ir a dormir?

—Sí… Estoy cansada. Quiero tomar una ducha, pero no ha una.. Incluso un baño frío es un poco…

Ah, supongo que sí.

El Pez Azul era un edificio cuadrado de tres pisos hecho de piedra. El centro era un área abierta con un pozo y los baños, por lo que los baños tendrían que hacerse allí. Sin embargo, sería completamente visible desde las ventanas en todos los lados. Si fuera alguien de este mundo, estaría bien, pero debe ser difícil para Aileen ya que aún no se había aclimatado a ello. Hasta donde Kei sabía, ella no le agradaba estar expuesta.

—Bueno, como sea… Por ahora, sólo dormiré… — Aileen levantó las sábanas, dejando de resistirse al sueño. Su postura sugería que estaba realmente dormida. Incluso después de terminar su cerveza, bebió taza tras taza de vino, pero solo quedó achispada, como se esperaba de una verdadera rusa. Por supuesto, estaba cansada, pero su respiración disminuyó instantáneamente al ritmo del sueño.

—Ooi, Aileen… ¿Ya se durmió?

No dio ninguna reacción.

Silencio.

En el silencio, lejos del bullicio y ajetreo, el tiempo pasó lentamente.

Había una llama débil en la lámpara. Dentro de una habitación con poca luz.

Sin embargo, Kei podía ver claramente a Aileen.

Su esbelto cuerpo yacía en la cama. Las sábanas mostraban sus flexibles curvas femeninas. Kei sabía de la sensación suave y la ligereza de su cuerpo porque ya la había sostenido. Suavemente, un aroma tentador le hizo cosquillas en la nariz como una flor. Su cara tenía un toque de rojo cuando dormía, probablemente debido al alcohol. Le echó un vistazo a la nuca, blanca como la porcelana y expuesta debajo de la coleta que olvidó sacarse. Su flequillo cayó sobre su mejilla y osciló cuando ella exhaló. Sus labios. Eran rosados y encantadores, dulces como un pétalo de flores y…

Mmhm… — Aileen murmuró y se dio vuelta mientras dormía.

A punto de quitarle el pelo sobre su mejilla con el dedo, Kei volvió a sus sentidos y puso algo de distancia entre ellos.

Se dio cuenta de que estaba fascinado por ella, como una polilla con una llama.

—No es bueno… —se golpeó la frente y la miró con expresión preocupada. Susurró en japonés—: Eres muy indefensa

Kei suspiró frotándose la sien, y luego tarareó—: Andrei, Andrei, Andrei, Andrei, Andrei… Bien. Hora de dormir — Después de que apagó la lámpara, saltó directo a la cama. Se retorció y le dio la espalda a Aileen, cerrando lentamente los ojos en la oscuridad.

Después de todo, Kei también estaba cansado

Antes de que pudiera preocuparse por nada, antes de que algo pudiera hacer que se preocupara, cayó en un profundo sueño.

† † †

Al día siguiente.

No acostumbrados a la fatiga de un viaje, Kei y Aileen se permitieron no hacer nada hasta casi el mediodía, pero como no podían dormir todo el día, comenzaron a hacer algo para animarse.

Almorzaron en el bar del primer piso y salieron a la ciudad. Había mucho que tenían que hacer, como encontrar un artesano para el cuero que sacaron de Mikazuki o buscar una armadura o un escudo para Aileen, pero primero decidieron entregar la carta que Bennett les había confiado.

Dentro de las paredes, la calle principal discurría transversalmente, actuando como un divisor para las cuatro grandes secciones de Satyna.

A la derecha, al ingresar a las puertas del sur, en la parte sureste de la ciudad, se encontraban las residencias de mercaderes y nobles ricos. La mansión sólidamente construida del señor se encontraba cerca de la esquina dentro de la pared. En el exterior había una torre defensiva en el medio de un lago creado al sacar agua del río Morla. Si un enemigo atacara a Satyna, sería extremadamente difícil avanzar sobre la casa del señor desde el este sin tomar primero la torre en el lago pequeño.

A la izquierda de la puerta, en el sudoeste, estaba la calle comercial que contenía filas de tiendas. Era la zona más animada de la ciudad con tenderos administrando tiendas de todo tipo.

Más cerca de la puerta este y del puerto, el área noreste era el centro de artesanos. A pesar de que era un lugar donde los artesanos mostraban sus habilidades en los talleres, también había fábricas de cerveza, almacenes y restaurantes que le daban al distrito tranquilo su alegre atmósfera.

Por último, el área noroccidental, considerada la ciudad vieja, era donde se podían encontrar aprendizajes y otros trabajos. Las criadas o inclusive los sirvientes públicos vivían aquí y se consideraba el lugar más desordenado de la ciudad. Las alcantarillas corrían fuera de la pared noroccidental, incrustadas en el suelo, donde estaban los barrios marginales. Comparado con las otras partes de la ciudad, el orden público de esta área era deficiente.

Según Bennett, Kiska se casó con un trabajador de la madera, por lo que Kei y Aileen se dirigieron hacia el distrito de artesanos.

—Esta ciudad sí que cuenta con un montón de guardias, ¿eh? —dijo Aileen en admiración cuando pasaron junto a un grupo de tres patrulleros en una carretera tranquila.

En el centro de la ciudad era común ver grupos de tres con armaduras de cuero blanco. Eran grupos de patrullas que debían mantener la paz. Todos llevaban la misma armadura de cuero blanco que los guardias en la puerta usaban. También llevaban un bastón y un estoque en la cadera, y se mantenían en alerta mientras inspeccionaban sus alrededores.

La uniformidad de sus equipos mostraba la riqueza de la ciudad, y su comportamiento enérgico demostró lo cabal de su entrenamiento. Era solo una parte de la demostración de poder de Satyna.

—Disculpe, estamos buscando a una mujer con el nombre de Kiska…

—Ah, ojii-san, ¿conoce a una mujer llamada Kiska por aquí?

Kei y Aileen siguieron preguntando a la gente a su alrededor de esa manera y descubrieron que Kiska se había casado con un artesano llamado Montand, cuya casa se encontraba en el lado oeste del distrito.

Partieron hacia el lado oeste.

Uhh, es la primera a la derecha de la calle principal, ¿verdad?

—Es la Calle Parodia. Ah, ahí está. Es esa.

—Parodia 12, doce…

Después de seguir los números en la pared, llegaron a su destino.

Era una casa de ladrillo de dos pisos marrón claro. Fuera del frente había un letrero rectangular tallado con tres flechas.

Definitivamente era el lugar. El símbolo coincidía con lo que habían oído sobre Montand.

—Bueno, parece que estamos aquí… —Kei agitó la carta en su mano, pero se detuvo frente al taller, incómodo.

—Sabes…, están… ¿pelando? — Aileen ladeó la cabeza un poco, resumiendo la situación.

Frente al taller, vieron a dos hombres con caras rojas discutiendo.

 

 

Satyna (Epílogo)

Y aquí comienza el arco de la ciudad fortificada de Satyna.

 

Notas:

0– Gente, no sé ustedes pero yo sí gastaría todo por mi cervecita :v


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