I Want to Eat Your Pancreas — Capítulo 1


Bueno, aquí está el primer capítulo del volumen. Que lo disfruten

Traductor: Aoisorabluesky
Editor: Fixer-san


–Me quiero comer tu páncreas.

Estábamos en el archivo de la biblioteca de la escuela. Sakura Yamauchi hizo una extraña confesión mientras acomodábamos los libros en esos libreros empolvados; este era nuestro deber como miembros del comité.

Aunque pensé en simplemente ignorarla, los únicos aquí éramos ella y yo. Debe haberse dirigido a mí ya que hablar sola sería un poco extraño.

No pude evitarlo, le respondí, mientras le daba la espalda al estar mirando un librero contrario a ella.

–¿De repente te interesa el canibalismo?

Respiró profundo y en ese instante casi se sofoca con un poco de polvo, tosió varias veces para aclararse la garganta. Solo entonces comenzó a explicarme, con su voz marcada por un tono triunfal. No me giré para mirarla.

–Lo vi ayer en la TV, en el pasado si alguien tenía una parte de su cuerpo enferma, comerían la parte correspondiente de otro animal.

–¿Y qué con eso?

–Come hígado si tienes el hígado enfermo, come estómago si tienes el estómago enfermo, al parecer creían que el hacerlo curaría sus enfermedades. Es por eso que me quiero comer tu páncreas.

–¿Podría ser que el “tu” al que te refieres es a mí?

–¿Quién más podría ser?

Ella soltó una risita sin mirar en mi dirección, al parecer haciendo su trabajo.

Podía escuchar el ruido de los libros de tapa dura siendo acomodados.

–Mi pequeño órgano nunca podría con la carga de salvarte.

–Parece que la presión te da dolor de estómago, eh.

–Es por eso que deberías buscar a otra persona.

–¿Entonces a quién? Ni siquiera yo consideraría comerme a mi familia.

Ella se rió otra vez. En cuanto a mí, ya que estaba calmado y diligentemente llevaba a cabo mi tarea, también me habría gustado que ella se tomara en serio su trabajo.

–En conclusión, no hay nadie más en quien pueda depender que no sea Compañero que sabe mi secreto-kun.

–¿Entonces mientras piensas en tus planes no consideras la posibilidad de que yo también necesito un páncreas?

–Pero no es como si supieras cual es la función del páncreas.

–Lo sé.

Conozco sobre el, acerca de este órgano poco mencionado. Lo había investigado antes.

Naturalmente ella saltó ante esta oportunidad.

Escuché su respiración y sus pasos detrás de mí, y supe que ella emocionada se había dado la vuelta. Me quedé inclinado frente al librero, le di una mirada de reojo. Detrás de mí había una chica sudada, emitiendo una sonrisa que nadie esperaría de una persona con una enfermedad en fase terminal.

Aunque estábamos en la era del calentamiento global y ya era julio, alguien había olvidado encender el aire acondicionado; yo también estaba sudado.

–¿Podría ser que investigaste sobre la enfermedad?

Su voz hizo un poco de eco, y yo –que no tenía otra elección– respondí su pregunta.

–El páncreas ayuda en la digestión y en la producción de energía. Por ejemplo, crea la insulina que es usada para convertir el azúcar en energía. Sin el páncreas, las personas no podrían obtener esa energía y morirían. Es por eso que no puedo dejar que te comas mi páncreas. Lo siento.

Habiendo dicho todo lo que quería decir, regresé a mi tarea. Ella reía a carcajadas. Recibir mis bromas así se había vuelto su especialidad, aunque esta se sentía un poco diferente.

–Quien lo habría pensado, Compañero que sabe mi secreto-kun de verdad se interesó por mí, eh.

–…Bueno, nunca es agotador ni cuesta nada interesarse por compañeros del aula que tienen una enfermedad seria.

–No lo digo en ese sentido. ¿Qué piensas de mí como persona?

–… ¿Quién sabe?

–¿¡Qué pasa con eso!?

Explotó en risas otra vez. La adrenalina causada por el calor debe haber hecho cosas raras en su cabeza. Estaba preocupado por la condición de mi compañera.

Seguimos con nuestro trabajo en silencio, hasta que el maestro a cargo de la biblioteca vino llamándonos.

De una forma u otra, al parecer, había llegado el tiempo para que la biblioteca cerrara. Marcamos con un libro fuera de línea nuestro progreso en la organización de los libreros, después revisamos por objetos olvidados en la biblioteca y salimos del archivo.

Dejando detrás el sofocante calor del archivo, nuestros cuerpos bañados en sudor temblaron cuando nos reencontramos con el frío aire de la biblioteca.

–¡Está frío!

Se puso a girar alegremente, entró al mostrador de la recepción de la biblioteca y se secó el sudor de su rostro con una toalla que sacó de su mochila. Seguí vagamente sus pasos y comencé a secar mi propio cuerpo empapado.

–Buen trabajo. Ya cerramos, así que tómense su tempo. Tomen, un poco de té y bocadillos.

–¡Gua, gracias!

–Gracias.

Después de darle un sorbo al té de cebada que Sensei había traído, le lancé otra mirada a la biblioteca. Era verdad, no quedaba ningún estudiante.

–¡El bollo es delicioso!

La chica que siempre señalaba cada una de las cosas positivas estaba relajándose en una silla en el mostrador. Con un bollo en una mano, traje una silla que estaba un poco alejada de ella y también me senté.

–Lo siento por hacer que ustedes me ayuden aun cuando las pruebas comienzan la próxima semana.

–No te preocupes por eso, está bien. Somos de los que siempre saca notas bastante promedio ¿Cierto, Compañero que sabe mi secreto-kun?

–Bueno, si escuchamos durante clase, supongo que sí.

Di una respuesta apropiada y mordí el bollo.

Estaba delicioso.

–¿Ya pensaron los dos en la universidad? ¿Qué hay de ti, Yamauchi-san?

–No lo he pensado en realidad, además, todavía queda tiempo.

–¿Y qué hay de ti, Estudiante que parece un adulto-kun?

–Yo tampoco lo he pensado.

–¡Eso no es bueno, tienes que pensarlo apropiadamente, Compañero que sabe mi secreto-kun!

Ella sostenía su segundo bollo en sus manos mientras hacia ese comentario innecesario. La ignoré y tomé otro sorbo de mi té de cebada. El sabor me era familiar, el té de cebada común es delicioso.

–Entonces ninguno de los dos han pensado en el futuro, ¿eh? Si siguen holgazaneando, tendrán mi edad antes de que se den cuenta.

–Ajaja, ¡es imposible que eso pase!

–…

Mientras los dos se rieron alegremente, yo mantuve una cara seria. Mastiqué mi bollo y bebí mi té de cebada.

Era como ella dijo. Era imposible que eso pasara.

Era imposible para ella llegar a la edad del maestro, que estaba en sus cuarenta. En este lugar, era algo que solo la chica y yo sabíamos, lo cual era la razón por la que ella me había guiñado el ojo y se había reído. Era como si ella fuera uno de esos actores de las películas Americanas que guiñaban el ojo cuando decían un chiste.

Pero, para ser claros, la razón por la que no me reí no era por su muy mal concebido chiste. Fue por esa cara orgullosa que ponía cada vez que pensaba que había dicho algo interesante, era casi de locos.

Molesta porque permanecí inexpresivo, me frunció el ceño. Habiéndola visto, las esquinas de mis labios finalmente se curvearon un poco.

Después de quedarme en la biblioteca por otra hora más, comenzamos a irnos a casa.

Cuando llegamos a los casilleros de los zapatos, ya eran las 6 pm. A pesar de esto, todavía podíamos escuchar el bullicio de los miembros de los clubes deportivos mientras lo daban todo bajo el igualmente implacable sol.

–¿No estuvo caluroso el archivo?

–Sí.

–Tenemos que volver a hacer esto mañana, eh. Pero al menos mañana es el último día escolar de la semana.

–Sí.

–… ¿Me estás escuchando?

–Lo hago.

Cambié mis zapatos de interior por mis mocasines y salí por la puerta alineada con los casilleros. La puerta de la escuela estaba en la dirección opuesta del campo deportivo así que las voces de los clubes de beisbol y de rugby aminoraron mientras caminaba. Con pasos pesados, ella me alcanzó y se puso a mi lado.

–¿No has aprendido a escuchar apropiadamente cuando otros te hablan?

–Lo hice, es por eso que estoy escuchando apropiadamente justo ahora.

–Entonces, dime ¿de qué estaba hablando?

–… Bollos.

–¡Conque no estabas escuchando! ¡Mentir no está permitido!

Me regañó como si fuera una maestra del jardín de infancia. Ella –quien era alta para ser una chica– y yo –que era pequeño para ser un chico– éramos casi de la misma estatura. A decir verdad, era bastante refrescante ser amonestado por alguien mientras tenías que mirar hacia abajo para poder verle.

–Lo siento, lo siento. Estaba pensando en algo.

–¿Hm? ¿Pensando en qué?

Su ceño fruncido se disolvió instantáneamente, como si nunca hubiera estado molesta en primer lugar. Me miró con curiosidad escrita por toda su cara. Después de poner un poco de distancia entre nosotros, asentí ligeramente.

–Sí, siempre lo he estado pensando, muy seriamente.

–¡Oh! ¿Qué te pasa?

–Es en ti.

No me detuve, y tampoco miré en su dirección, tuve cuidado de hacerlo una conversación muy normal, sin ningún tipo de atmosfera dramática. Porque eso habría hecho las cosas serias y problemáticas.

Cortando las palabras que planeaba decir a continuación, ella –como era de esperar– respondió de una forma problemática.

–¿En mí? ¿¡Eh, qué, una confesión de amor!? ¡Wah! ¡Qué nervios!

–… No es eso. Oye.

–¿Sí?

–¿Está realmente bien pasar el poco tiempo que te queda por vivir en algo como estar acomodando el archivo en la biblioteca?

Habiendo escuchado mi muy casual pregunta, inclinó su cabeza a un lado.

–Lo es, definitivamente.

–Yo no pienso así.

–¿De verdad? ¿Entonces qué otra cosa crees que debería estar haciendo?

–Bueno, ¿que no quieres hacer algo como encontrar tu primer amor o caminar por la playa en otro país y decidir dónde quieres pasar tus últimos momentos?

Esta vez, ella inclinó su cabeza hacia el otro lado.

–Hmm, no es que no entienda lo que quieres decir. Por ejemplo, incluso Compañero que sabe mi secreto-kun tienes cosas que quieres hacer antes de morir, ¿cierto?

–… No diría que no, supongo.

–Pero ahora mismo, no estás haciendo esas cosas, aunque los dos podríamos morir mañana. Es con este entendimiento que los dos continuamos lo que hacemos, sin dudas. El valor de cada uno de nuestros días es el mismo, sin importar lo haga, para mí, el valor del día de hoy no cambiará. Me divertí, sabes.

–… Ya veo.

Tal vez es realmente como dijo. Yo estaba frustrado por su declaración, pero al mismo tiempo, la entendía.

Incluso yo –al igual que ella en el futuro cercano– ciertamente moriría algún día. Aunque no podía saber cuándo llegará mi tiempo, era un futuro inevitable. Quizás incluso muera antes que ella.

Como era de esperar, las palabras de las personas que estaban al tanto de su propia muerte tenían cierta profundidad en ellas. El punto de vista de la chica que estaba a mi lado me conmovió un poco por dentro.

Por supuesto, lo que yo pensaba a ella no le importaba. Seguramente había muchas personas a las que ella les gustaba, así que era natural que no tuviera el tiempo para estar interesada en alguien como yo. Como prueba de esto, los chicos que estaban usando el uniforme del club de futbol estaban corriendo desde la dirección de las puertas de la escuela, y todos la estaban mirando caminar.

Ella reconoció a uno de los chicos que corría hacia acá y agitó su mano hacia él.

–¡Esfuérzate!

–¡Gracias, Sakura!

Los chicos futbolistas pusieron sonrisas refrescantes al pasar por nosotros. Si recuerdo correctamente, uno de ellos también era uno de mis compañeros de aula, pero ni siquiera me miró.

–Ignoró a Compañero que sabe mi secreto-kun ¡Mejor se cuida mañana!

–Está bien, deberías parar. Porque a mí no me importa.

De verdad que no me importaba. Ella y yo éramos polos opuestos, así que era inevitable que fuera tratado de forma diferente por nuestro compañero.

–¡Gah, es precisamente por eso que no tienes amigos!

–Sé que es la verdad, pero estás demasiado preocupada por eso.

–¡Argh!, ¡es justo por eso!

En mitad de nuestra conversación llegamos a la puerta de la escuela. Nuestras casas estaban en direcciones opuestas a partir de aquí, así que aquí es donde tomábamos caminos separados. Una pena, verdaderamente.

–Adiós.

–Oye, de lo que hablamos antes.

Yo –que me alejaba sin vacilar– me detuve ante sus palabras.

Ella puso una cara alegre, como si hubiera pensado en algo de repente. Me di cuenta de que yo nunca había mostrado ningún tipo de alegría en mi rostro.

–Si tuviera que escoger. Usaría el poco tiempo que me queda de vida para ayudar a Compañero que sabe mi secreto-kun.

–¿A qué te refieres?

–¿Estás libre el domingo?

–Ah, lo siento, tengo una cita con mi linda novia. Se pondría histérica si la dejo sola, así que no puedo.

–Eso es una mentira, ¿cierto?

–¿Y si lo es?

–¡Okey, nos veremos a las 11 a.m. enfrente de la estación! ¡También traeré el «Diario de Coexistencia con la Enfermedad»!

Habiendo dicho eso, sin siquiera esperar mi respuesta, agitó su mano mientras caminaba en la dirección opuesta a mi casa.

El cielo del verano detrás de ella todavía era naranja y rosado, teñido por un casi imperceptible azul ultramarino, nos bañaba con su desvaneciente resplandor.

Sin regresar el gesto, otra vez le di mi espalda y comencé a caminar hacia mi casa.

En ausencia de su ruidosa risa, continué caminando este familiar camino a casa mientras los cálidos colores del día moribundo daban lugar al azul nocturno. Seguramente, la forma en que veía esta ruta al hogar era distinto al de ella.

Probablemente seguiré por este mismo camino hasta que me gradúe.

¿Cuántas veces más llegará ella a caminar la ruta a casa?

Pero era verdad, justo como dijo, ni siquiera yo sabía cuántas veces más llegaría a caminar por esta calle. Por eso, las calles que caminábamos no eran tan diferentes.

Llevé mi dedo al lado de mi cuello y me aseguré de estar vivo. Dando cada paso al ritmo de mi corazón, mi ánimo se arruinó al sentir que mi efímera vida temblaba en contra de mi voluntad.

La brisa de la noche soplaba contra mí, distrayéndome de mis pensamientos.

Solo un poco, comencé a esperar con ansias nuestra salida el domingo.


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