Vermillion: Capítulo 16 (Pack)


(3/3)

Debo decir que este capítulo fue muy interesante. Espero que disfruten, y gracias por los 2,000 likes. Sé que me quejaba y todo, pero me alegra ver a BPT crecer :’v

Este capítulo cuenta con una ilustración que es cortesía de NAKA.

Traductor: Absolute
Corrector: CO2


Imparcialidad

 

El sonido del arroyo murmurante era tranquilizador. Los suaves rayos del sol de la tarde bailaban maravillosamente sobre la superficie del agua.

El viento acariciaba el sonido de las hojas crujientes mientras volaba a través de la arboleda.

Kei se sentó con su espalda contra un árbol y se casó su yelmo suspirando.

Ya habían pasado unas pocas horas desde que dejaron Tahfu.

Kei y Aileen tomaron en consideración el exceso de peso que Sasuke llevaba encima y se tomaron un breve descanso en la arboleda.

Sasuke hundió la boca en el agua, bebiendo grandes tragos antes de levantar la cabeza y tomar una gran bocanada de aire con un ¡puhaa!

Kei metió la mano en su mochila y comenzó a masticar la galleta dura que sacó después de desenvolver el papel que la cubría. Suspiró— Cabalgar por tres… cuatro horas sí que es difícil~.

Aileen se hallaba sentada en la raíz de otro árbol junto al de él, suspirando fuertemente mientras se hacía crujidos en el cuello— Sí, supongo que sí… Estoy agotada.

Con una expresión descorazonada, Kei lavó la galleta con el agua de su cantimplora. Sus palabras solo recibieron una respuesta a medias por parte de la apática Aileen.

Nada había sucedido desde que se fueron de Tahfu.

Siguieron por unas horas el arroyo en dirección al este. A su derecha estaba el bosque y a su izquierda yacían campos de hierba. Todo el camino había sido tan pacífico que fue sorprendente.

Por lo general, la mayoría de los viajeros verían a un conejo en el campo o un animal en el bosque. Era raro encontrarse con transeúntes o caravanas mercantes. En una ocasión, se toparon con una aldea que era incluso más pequeña que Tahfu, pero los aldeanos parecían sospechosos mientras les saludaban. No se acercaron lo suficiente como para hablar con ellos.

El trayecto estaba tan tranquilo que empezaron a bostezar.

Sin embargo, incluso en esta situación, Kei no bajó la guardia.

No importaba lo pacífico que pareciese, un monstruo feroz podría salir del bosque en cualquier momento. Un bandido o un ladrón podrían acechar en un matorral o en la hierba alta.

Sin saber cuándo o dónde podría aparecer un enemigo, Kei sostuvo su arco, listo para poner inmediatamente una flecha.

Era lo mismo en el juego, estar siempre alerta cuando se viaja en grupos pequeños. Sin embargo, sin importar cuán lejos viajes en el juego, sería una hora para el peor de los casos. Kei había estado en alerta máxima durante más de tres horas. Aileen se sentó detrás suyo para que disminuyera su agobio al observar la retaguardia, pero advirtió sed de sangre aún recayendo del lado de Kei. En cualquier caso, era necesario mirar a todos ángulo. Lo que es más, sintieron la gran presión de sus vidas en juego.

Fue inevitable que perdieran la concentración.

El descanso que tomaron era tanto para Sasuke como para Kei. Incluso ahora, mientras comía su galleta, él se mantenía alerta. Sin embargo, tomar nota del terreno mientras se movían y mantenerse alerta en un solo lugar era demasiado diferente mentalmente.

«… Supongo que en diez minutos deberíamos retomar el paso», pensó Kei para sí. Incluso mientras se alejó un poco, al mirar el agua cristalina, advirtió a Aileen ponerse de pie.

—¿Estás bien, Kei? —Aileen parecía preocupada cuando acercó su rostro al de Kei, como si tratara de ver dentro su mente.

—Estoy bien… Sólo estoy un tanto cansado por concentrarme constantemente.

—Jaja… Bien entonces —murmuró para sí misma antes de volver a sentarse en la raíz, aún teniendo esa expresión de aburrimiento.

Se sentaron por un rato en silencio, tratando de descubrir cómo se sentía el otro.

Kei trató de evitar el incómodo ambiente que se alzaba al dejar que su mirada divagara y se alisase en el pañuelo blanco sobre su cara. El que traía con anterioridad quedó inutilizable tras la batalla con los bandidos, así que antes de irse, Cynthia le dio éste como reemplazo. Era completamente blanco con una única franja roja estampada. Aparentemente era buena cosedora. En el lado izquierdo, donde conectaba con su mejilla, ella hizo un bordado de flores lindas con un hilo rojo.

Ella dijo, «Te hará ver más lindo». El bordado se hizo muy bien y se quedó bastante lindo. Sin embargo, ésto le enseñó algo sobre el peculiar gusto de Cynthia; ella puso una decoración encantadora en un pañuelo que él usaría en la batalla.

Según el consejo de Mandel, la mayor parte del tiempo en que Kei tendrá que usar el pañuelo sería en una pelea, pero…

Kei suspiró levemente y negó con la cabeza. Miró hacia un lado y palmeó el vendaje de su mejilla, el ungüento ya se había secado.

Aileen se sentó en la raíz, entrecerrando los ojos ante la luz del sol que entraba por entre los árboles y estiraba los dedos de sus pies. Su capa la protegía, pero tenía su cola de caballo y el pañuelo balanceándose a merced del viento. Llevaba braceras de cuero negro, un chaleco de cuero y, por debajo de su túnica beige, sus piernas delgadas estaban envueltas en la tela negra y las espinilleras de un ninja.

Salvo por sus braceras, espinilleras y el sable tras su espalda, ella podría parecer una chica de pueblo ligeramente vestida.

—Oye… Aileen.

—¿Hm? ¿Qué pasa?

—¿Estás segura que no quieres usar una cota de malla? —rezó¹ haciendo sonar la cota de malla entre los huecos de su armadura de cuero.

… Estaba muy desprotegida.

En este momento, lo que más le preocupaba a Kei era cuán pobres se veían las defensas de la muchacha.

A excepción del cuero, ella ni siquiera usaba armadura ligera. Sentía que era demasiado inerme de su parte permanecer solo con ropajes normales.

La expresión de Aileen cambió sutilmente mientras respondía—: No… Es pesada, no se ajusta bien, pesa… y es pesada…

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—Sí, pero ¿qué pasará si eres impactada por otra flecha como antes…?

—¡Aquella vez tenía la guardia baja! ¡Ahora podría esquivarla o desviarla!

—¿En serio…?

—¡En serio!

—¿En verdad…?

—¿¡Qué pasa con esa mirada! Bueno, sé que no suena convincente, ¡pero aun así…!

Aileen agarró la empuñadura de su sable, aparentemente pidiéndole a Kei que lo comprobara.

Kei gimió, «No, no» en un intento por aplacarle.

Con su habilidad, en definitiva Aileen podría reaccionar sin mucho problema ante una flecha que se le acercase si estaba dentro de su campo de visión. Él lo sabía desde cuando ella todavía era ‘Andrei’. A pesar de que no era buena con el sentido pasivo, ella aún podía sentir un ataque descarado. Una vez que lo viese, tendría los reflejos para esquivarlo o encargarse de ello. Como una telaraña, los sentidos de Kei se extendían en todas las direcciones, mientras que Aileen tenía que enfocarse en una sola dirección. Si no fuera por algunas circunstancias, Kei creía que ella estaría a la par de condiciones con él.

Eso creyó, pero…

—Hmm, sigo estando un tanto nervioso…

—Comprendo cómo te sientes… pero si arruinas mi movilidad, no me quedaría nada más, ¿no crees? Ahora que tengo el cuerpo de una mujer, siento que incluso tengo menor fuerza para variar. Pero se siente como si me hubiese vuelto más ligera; tengo más libertad para moverme.

Aileen aún parecía apática cuando lentamente se levantó, pero entonces dobló sus rodillas y saltó. Agarrándose a una rama encima suyo, se elevó —casi como si la gravedad no tuviera ningún efecto sobre ella— y aterrizó encima de ésta.

La rama era demasiado delgada para Kei, se habría roto si él lo hubiese intentado. Sin embargo, Aileen apenas sacudió las hojas sobre ésta. El secreto detrás de su finura física estaba en la ligereza. Su cuerpo era inesperadamente ligero pese a lo fuertes que eran sus músculos.

Durante la creación de su personaje, ella eligió a la esbelta gente del bosque. Una de sus tres crestas traía una pequeña disminución del peso corporal, mientras que las otras dos se enfocaban en fortalecer los músculos y el cuerpo para garantizar un mayor poder. Ella también gastó todos sus puntos de maestría para aumentar su movilidad.

Y así se creó el mejor guerrero móvil, ‘Andrei el Ninja’. Sus defensas eran muy delgadas, pero nadie la superaba en términos de movilidad. Ella era la encarnación de los ninjas de los que generalmente lees en historias.

En el juego, se la consideraba un típico cañón de vidrio, capaz de causar daños devastadores. Sin embargo, era una historia diferente ahora que era realidad.

—Si tu brazo es desgarrado por una flecha, aún podrías moverte en el juego… Pero eso no pasará en este lugar.

—Sí, ya sé eso. Por hablar hipotéticamente, digamos que la armadura me salva la vida. Pero, no puedo escapar lo suficientemente rápido debido al peso, por ende me atraparán. Preferiría no convertirme en un juguete, ¿sabes?

—Bueno… sí. Es una situación difícil… —Kei se rascó la cabeza, pareciendo preocupado. Lo del ‘juguete’ le hizo pensar de repente.

… Si fuesen atacados por un bandolero o un ladrón, a primera vista, ¿no sería más probable que atacaran a Kei en lugar de a la hermosa muchacha?

Entonces recordó, incluso cuando fueron atacados en el primer día, la primera flecha que dispararon los bandidos estaba dirigida contra él.

«Si el primer ataque no va dirigido a Aileen, entonces sería mejor tener mayor movilidad…».

Mientras sobrevivían a los primeros momentos de una emboscada, ella podría escapar o dar un rodeo para contraatacar con su movilidad. Si Kei continuaba usando la cota de malla, sus posibilidades de vivir eran más altas.

—Tienes razón… Será mejor si te mantienes ligera.

—Sep, eso pensé —Asintió con los brazos cruzados, aún sobre la rama, y suspiró ligeramente mientras miraba a lo lejos—. Desearía tener mi Escama de Dragón…

‘Malla de Escama de Dragón’, era una armadura hecha con las escamas de un dragón volador. Entre las armaduras que Aileen podía usar, ésta probablemente era la mejor. La base era tela para evitar cualquier restricción de movimiento y las escamas eran tan livianas como una pluma, pero aún más resistentes que el hierro. Su peso ligero la convertía en la mejor armadura que un guerrero móvil podría pedir.

Las escamas eran excesivamente valiosas. ‘Andrei’ no pudo adquirir una gran cantidad de éstas, por lo que solo obtuvo lo suficiente para cubrirse desde el pecho hasta el estómago. Aun así, su rendimiento era insuperable. No importa cuánto cubriese, era un elemento que hacía babear a los guerreros móviles.

En el juego, tuvo mucho cuidado de mantenerla en el banco por temor a perderlo. Sólo la sacó para torneos que no le permitían dejar caer sus artículos o para eventos especiales.

—Supongo que sí. Tienes suerte en ese aspecto… Traes un arco tan bueno.

—Es cierto. ¿Qué tal si cazamos a un dragón volador y conseguimos algunas escamas? —Kei levantó su arco mientras preguntaba.

Aileen sonrió secamente, soltando una carcajada— Estas bromeando. No podemos hacerlo… Si tuviésemos un centenar más de ti y cincuenta más de mí entonces podría considerarlo. También me gustaría contar con cinco catapultas y balistas por lo menos.

—Y también a un mago de agua pura.

—Oh sí, también requeriríamos de magia, ¿eh?

Era imposible. Ambos se quedaron observando a nada en particular.

Los Dragones Voladores eran montañas de tesoros que volaban por los cielos.

Sus huesos y escamas podían volverse una armadura.

Sus garras y colmillos podían usarse para crear armas.

Sus ojos podían convertirse en catalizadores de alto nivel.

Sus entrañas se utilizaban para hacer pociones y medicinas.

Incluso beber su sangre proporcionaba una ventaja que duraría hasta que el jugador muriese. Los artesanos y guerreros por igual nunca dejarían de desearlos.

Sin embargo, durante los tres años que『Demondal』ha existido, sólo se logró  acabar con cinco de ellos.

Durante el segundo aniversario del lanzamiento del juego, los clanes grandes formaron una alianza y mataron a tres en un evento. Los otros dos fueron asesinados durante el evento del tercer aniversario.

En cuanto al porqué tan pocos habían sido asesinados, había varias razones, pero la principal era que eran demasiado fuertes.

Son enormes, vuelan y escupían fuego.

Esa era la típica descripción de un Dragón Volador. Sin embargo, su poder estaba en un nivel tan diferente que llamarlos ‘brutales’ era insuficiente.

Para empezar, tenían el tamaño de una Salamandra Verde promedio, que ya de por sí era un arma letal. Sus cuerpos estaban revestidos con la mejor defensa, escamas de dragón. Los únicos lugares considerados puntos débiles serían zonas no cubiertas, como la boca, los ojos o las fosas nasales.

Además de eso, podían volar y usar Aliento de fuego.

Rara vez tocaban el suelo durante una batalla. Preferían mantener su ventaja dando vueltas sobre su presa y arrojando Alientos de Fuego hasta que su presa pereciera o ellos se quedaran sin la mucosidad inflamable que se almacenaba en sus estómagos.

En otras palabras, a menos que fuesen sacados a rastras del cielo, sus Alientos de Fuego destruirían a los enemigos. Ni siquiera se consideraría una ‘batalla’.

Ahí fue donde las armas de asedio como la balista y la catapulta se hicieron necesarias. La estrategia general era hacer que una persona le disparara al Dragón Volador para atraerlo, luego se lanzarían redes o cuerdas desde las armas de asedio para atar sus alas y, una vez que tocara el suelo, el resto lo golpearía hasta la muerte. Esta táctica era particularmente efectiva ya que el Dragón Volador recibía una gran cantidad de daño por la caída. Aparentemente, incluso había un clan que lo derribó, rompiéndose el cuello en la caída, matándolo al instante.

Sin embargo, intentar impactar a un objetivo en el aire con armamento primitivo no era fácil, e incluso si se lograra, no había ninguna garantía de que ataría las alas. Es común que las armas fallasen, obligando a los jugadores a retroceder ya que todo se reduciría a cenizas antes de que pudiesen terminar de recargar.

Incluso si un Dragón Volador fuera derribado y sus alas quedasen atadas, un dragón seguiría siendo un dragón. La potencia de fuego de su ataque de aliento era más que suficiente para una batalla en tierra. Sin la protección de un mago de agua, todo el mundo se convertiría en cenizas.

Un buen jugador para atraer al Dragón Volador.

Suficientes armas de asedio para lanzar un bombardeo.

La mano de obra para utilizar las armas de asedio.

Combatientes mano a mano para cuando fuese derribado.

Un mago del agua con suficiente poder mágico para resistir al Aliento de Fuego.

Una vez que todos estos estuviesen en su lugar, la línea de partida aparecía finalmente.

Sin una función de chat o magia de teletransportación, incluso era difícil reunir jugadores. Incluso después de que todos se reunieran, cazar un Dragón Volador pacífico incitaría la oposición o el acoso de otras organizaciones. Podrían toparse con otros monstruos como Salamandras Verdes u Osos Gigantes, o bandidos NPC. En cualquier caso, estaba lejos de ser sencillo.

Los jugadores que realmente podían planear cazar un Dragón Volador eran pocos y distantes.

Además de todos esos desafíos, a medida que avanzaba la exploración y el mapeo, se descubrieron los lugares a los que los antiguos Dragones Voladores fueron a morir. Se los llamaba Abismos, y estaban ubicados más allá de los bosques y montañas altas. En lugar de movilizar las fuerzas necesarias para cazar Dragones Voladores, era más rentable enviar grupos de búsqueda a un Abismo, por lo que el número de clanes que los cazaban había disminuido recientemente.

Para hacer una digresión, los materiales para el ‘Aguijón de Dragón’ de Kei salieron de la búsqueda durante el evento del tercer año de aniversario.

La verdadera emoción del evento fue que reunió a los clanes que se peleaban entre sí e incluso a los odiados asesinos de jugadores para luchar contra los Dragones Voladores. Dejaron atrás al pasado y lucharon juntos como soldados; incluso como iguales en cierto sentido, en el mismo campo de batalla. Ese era uno de los puntos originales de los juegos en línea. Para luchar juntos y sobresalir con otros jugadores. El sentido del trabajo en equipo estaba allí.

… Hasta que muriese el dragón.

Tan pronto como el dragón exhalara su último aliento, se alzaban las fisuras. Ese fue el tipo de evento que tuvo lugar.

La hora de juego había acabado. Los asesinos de jugadores comenzaron a atacar y lanzar proyectiles desde las catapultas y balistas a las masas de jugadores que se apresuraron a beber la sangre del dragón. Las organizaciones opositoras desataron magia, las flechas cayeron como la lluvia, y los jugadores estúpidos se subieron al dragón para vociferar gritos de guerra antes de morir por un hacha arrojada.

Entre todo el caos, Kei bebió la sangre, eliminó parte del tendón del ala, mató a un jugador cercano por la membrana del ala que tenía en posesión, recogió el cadáver de Andrei —como había muerto en algún lugar en el camino— y escapó.

Eso fue hace diez días. Afortunadamente, Kei no había muerto desde entonces. Basado en el uso que le daba al Aguijón de Dragón, sentía que todavía poseía los efectos de la sangre del dragón aun estando en este mundo.

«Aileen tiene razón, soy jodidamente suertudo…».

Con su fuerza original, no podía imaginarse usando el Aguijón de Dragón como un arco corto en combate real. Los efectos de la sangre del dragón duraban hasta la muerte, pero en este mundo donde las reapariciones no eran una opción, eso era más de lo que podía pedir.

«Tuve la suerte suficiente… No podemos pedir más que eso, supongo».

Kei asintió, decidiendo que por el momento haría todo que pudiera.

Ahora que Kei y Aileen descansaron bastante, tomaron marcha una vez más.

Kei miró hacia atrás mientras se balanceaba sobre Sasuke— Oh sí, Aileen. Compremos un escudo en el próximo pueblo.

—¿Un escudo? ¿Para qué vas a usarlo?

—Es para ti, obviamente. Será un arma arrojadiza.

—¿En serio…?

Kei sonrió amargamente, escuchando la renuencia en la voz de la chica mientras él se concentraba.

—No quiero uno… será pesado…

—Sólo arrójalo cuando empiece a estorbar.

—Eh…

—También consigámoste algo de armadura de cuero. Al menos para cubrir tu pecho. Espero que ellos tengan algo que se ajuste al tamaño de tu busto.

—Hm, podría simplemente usar uno para un hombre pequeño… ¡Y no necesito uno!

Kei sostuvo su arco con fuerza y rio de buena gana cuando Aileen golpeó su espalda repetidas veces con los puños.

† † †

Transcurrió un poco el tiempo y, al igual que antes, Kei estaba constantemente buscando enemigos.

Aileen sugirió que se separasen de la carretera y continuaran hacia el norte.

Ella dijo que si continuaban viajando paralelos al arroyo y pasaban a través de las llanuras herbosas, entonces no tendrían que preocuparse de perderse. Además, la posibilidad de una emboscada disminuiría drásticamente ya que tendrían un aumento en sus campos de visión.

Lo cual era cierto si lo pensabas. No tenían un carruaje, por lo que no necesitaban permanecer en carreteras mantenidas.

Kei se paró en el lado norte de la carretera; sintió confort por primera vez desde hace tiempo mientras contemplaba las suaves y pintorescas colinas que Aileen sugirió que tomaran.

… Sin embargo, esa tranquilidad rápidamente llegó a su fin.

Aileen, que estaba mirando la retaguardia, dejó salir un «Ah».

Kei dio la vuelta y la miró— ¿Qué pasa?

Estaban detrás y más a la izquierda, aproximadamente a 500 metros de distancia.

Los jinetes negros subieron la colina uno tras otro. Eran ocho en total.

Hubo un silencio tenso entre Kei y Aileen. Con una mano, Kei formó un círculo y miró a través de ella como un telescopio, tratando de verlos mejor.

Los jinetes tenían patrones simples en sus armaduras de cuero y plumas decorativas; espolearon hacia adelante. Sus rasgos faciales se parecían mucho a los asiáticos y llevaban tatuajes característicos de tinta negra. Algunos de ellos usaban pañuelos.

Estaba seguro. Ellos eran gente de la llanura.

De repente, las palabras de Mandel volvieron a él, «… Algunos se ganan la vida siendo bandidos».

Sintió como si un hoyo se abriera en su estómago.

Parecía que Kei y Aileen habían sido avistados, ya que algunos de los jinetes les lanzaban miradas mientras discutían sobre algo.

—Será problemático si nos involucramos con ellos. Volvamos a la carretera.

—E, está bien —asintió varias veces, nerviosa.

Kei jaló las riendas para dirigirse al camino, urgiéndole a Sasuke que fuese más deprisa.

Aileen miró hacia atrás para ver a los jinetes acercárseles mientras se mecían sobre sus caballos— Oye, creo que vienen por nosotros… —su voz tembló ligeramente.

Kei los vio abrir las cubiertas a sus carcajes.

«Haa, haa», se escuchaba la respiración áspera de Sasuke.

Chasqueó la lengua— Esos tipos cabalgan unos bastantes decentes, maldita sea —dijo desdeñosamente. Cada vez que miraba hacia atrás, la distancia entre ellos se reducía más y más. Ya estaban sobreesforzando mucho a Sasuke; el equipaje extra fue una mala decisión.

—E, es mi culpa. Todo esto es porque dije que nos alejáramos de la carretera —la cara de Aileen estaban pálida.

Antes de que pasara otro instante, Kei le dijo— Cálmate, no es tu culpa. Podríamos haber sido emboscados en la carretera. De hecho, estamos mejor ya que podríamos habérnoslos encontrado antes. —Sin embargo, si sentía del todo que eso era cierto, él no sabría decirlo.

Kei se lamió los labios y se puso sobre su rostro el pañuelo que estaba en  su cuello antes de mirar rápidamente a su alrededor. La rosa roja bordada ondeó suavemente en la brisa.

Kei tomó nota de la arboleda frente a ellos— … Aileen.

—¿S, si?

—¿Puedes ver eso de allá? ¿Aquellos árboles?

—Sí.

—Perdona, pero necesitaré que te bajes por un rato.

—… ¿Qué? —preguntó Aileen, desconcertada.

—Por supuesto, no te estoy dejando abandonada en este sitio. Quiero que Sasuke tenga un respiro.

—¿Vas a pelear?

—Sí, no parece que se detendrán —dijo con un bufido.

—Oh, ya veo… Entendido —murmuró Aileen. Luego— ¿Qué… debería hacer? ¿Simplemente cabalgo? —preguntó con una voz más fuerte.

—Sí. Bájate cuando ellos no puedan verte y mantente quieta. Yo me encargo del resto.

Ella no replicó. Se acercaban a los árboles.

—Ya casi es hora, prepárate. Bajaré la velocidad.

—No, está bien. Mantén esta velocidad —su respuesta fue clara, con su voz vociferando fuertemente.

—Qué bueno que eres ágil, tenías razón con lo de no llevar una cota de malla.

—¿Ves? ¡Eso es lo que te estuve diciendo una y otra vez!

—Por dios, te compraré una bebida en el próximo poblado, compañera.

—¡Ja! —respondió Aileen con una risa— Esperaré con ansias, compañero.

La maleza crujió cuando Sasuke abalanzó hacia la arboleda.

Su visibilidad se encogió.

Los troncos y las hojas de los árboles los ocultarían.

—¡Ve!

—¡Enterado!

Aileen saltó al aire, empujando la espalda de Sasuke.

Sujetó una rama con sus guantes de cuero y giró rápidamente antes de soltarla. Ella convirtió su impulso horizontal en impulso centrífugo y lo utilizó para moverse rápidamente de rama en rama mientras continuaba escalando.

«Wow…». Kei la miró. Incluso en esas circunstancias, no pudo evitar quedar impresionado.

Incluso con la contundencia del balanceo de Aileen, los árboles apenas crujían más de lo que lo harían con el viento. A menos que tuvieran vista como Kei, no había manera de que la vean.

Kei comenzó a desatar el equipaje atado a la silla de Sasuke. Una por una, las bolsas cayeron y pronto la andadura se hizo ligera.

Salieron de los árboles.

Su campo de visión de pronto se amplió.

En las llanuras herbosas no había ninguna cobertura.

Parecía como si los bandidos hubiesen tenido en cuenta la posibilidad de que ambos se quedasen en el bosquecillo para dividirse en dos grupos y rodearlos más tarde.

Kei se sintió un poco aliviado cuando vio que todavía estaban los ocho miembros, no debieron haber visto a Aileen. Apenas ellos vieron a Kei, se agruparon y comenzaron a perseguirlo nuevamente.

Sonó el silbido de las flechas volando por el aire, una tras otra.

Kei sintió una sed de sangre opaca por su espalda. Confiando en su sentido pasivo, movió su mano izquierda. La flecha que se suponía golpearía a Kei rebotó en su arco bermellón. Las otras flechas estaban cerca, pero Kei y Sasuke evitaron recibir algún golpe.

«¿Dispararán más?», se preguntó a sí mismo.

Kei no planeaba disparar primero. La razón es que no estaba seguro de si realmente eran enemigos o no. Sin embargo, si claramente tenían intenciones de lastimarlo, entonces solo había una cosa por hacer.

El corazón le latía en su pecho. La sangre corría por todo su cuerpo y su cabeza parecía que estaba ardiendo. Sin embargo, el mundo a su alrededor todavía era frío, agudo e interminablemente plano.

Con su mano derecha, sacó tres flechas de su carcaj. Luego se inclinó hacia atrás —al punto en que casi estaba recostado sobre Sasuke— para quedar cara al cielo.

En su visión invertida, muy por detrás suyo, vio a los ocho bandidos.

No dudó.

El arco tembló como un instrumento musical, una sinfonía de la muerte que atravesaba el cielo azul.

Los guerreros de las llanuras advirtieron las flechas entrantes.

Pero, en un instante, los primeros tres jinetes salieron volando.

—¿Qué…?

El momento que quedaron estupefactos le dio tiempo suficiente a Kei para sentarse bien y preparar una nueva flecha.

—¿¡Qué carajo!? —gritó uno de los jinetes —un hombre en su mejor momento— con una mirada atónita. Esas fueron sus últimas palabras.

La flecha atravesó la cabeza del caballo y se clavó en el pecho del hombre, derribándolo.

Otro jinete, cuyo rostro estaba oculto con un pañuelo, le gritó rápidamente a los demás—: ¡Dispérsense!

Si seguían moviéndose como ahora, simplemente serían buenos objetivos de tiro.

Casi al mismo tiempo, sonó un delicioso tintineo.

Habiendo escuchado al arco, el jinete tiró violentamente de las riendas en pánico. El caballo estaba bien entrenado; reaccionó rápidamente al comando repentino de su dueño. Se inclinó hacia un lado, girando a la izquierda sin disminuir la velocidad. Una magnífica maniobra evasiva.

… Entonces, como si se absorbiese, la flecha se encajó.

El caballo relinchó de dolor y se desplomó en el suelo. Estupefacto, jadeó mientras caía. «¿Por qué… lo esquivé…?». Todavía desconcertado, se golpeó contra el suelo. Sus huesos se partieron ruidosamente al estallar por la caída.

—¿Cómo…?

El resto de los jinetes se empaparon de sudor frío.

Esa maniobra de esquive no tuvo éxito porque se movió simplemente por reaccionar ante lo que escuchó. Pero la flecha ya apuntaba al lugar donde se movió cuando intentó esquivar y, por lo tanto, alcanzó a su objetivo.

Eso fue… esto era casi como si pudiese predecir el futuro.

Los últimos tres empezaron a temblar, sintiendo un terror desconocido.

Sin embargo, desde la perspectiva de Kei, no era nada especial; fue solo técnica.

Kei simplemente observó.

Vio que los ojos del hombre miraban hacia la izquierda después de haberle ordenado al grupo dispersarse. También vio que los músculos de su brazo izquierdo se tensaban más que los de su brazo derecho.

Basándose en sus observaciones, adivinó a dónde iría después. Era algo que cualquiera podría hacer en un combate cercano, sin embargo, con la visión de Kei, podría hacerse en cualquier lugar donde su arco pudiera alcanzar.

No había forma de que esos tres supiesen eso. Sintieron temor de lo desconocido, a lo que ellos mismos enfrentaban.

—¡Mierda! ¡Maldito monstruo! —gritó uno de ellos mientras intentaba preparar una flecha.

Sin embargo, ésta quedó un poco mal puesta y, en su lugar, llegó otra flecha en respuesta. Su cuello explotó con un sonido húmedo, antes de la llegada de un torrente rojizo.

—¡Hyyaaaaiiii!

—N, no podemos, esto es malo. ¡Huye!

Los últimos dos tiraron con fuerza de las riendas para detenerse y darse la vuelta. Ese fue el peor movimiento que pudieron haber hecho.

Kei ya tenía listo su arco, twang, twang.

Antes de que pudieran terminar de dar vuelta, las cabezas de ambos se desprendieron.

Kei se sentó bien sobre Sasuke y echó una mirada de soslayo a los cadáveres, murmurando—: Supongo que eso es todo…

En total, solo tomó alrededor de veinte segundos matarlos a todos.

La batalla con las ocho personas de las llanuras llegó a su fin.

Pese a que claramente estaban muertos, Kei cabalgaba aun con cautela e introducía otra flecha en cada uno. Un golpe de gracia. Lo hizo debido a los bandidos que escaparon la última vez. Incluso si pareciesen muertos al principio, quería estar seguro.

Kei derribó sin piedad a los caballos que aún estaban vivos y tenían actitudes desafiantes o trataban de huir. Los caballos eran criaturas inteligentes. Podrían volver a donde vivían las la gente de las llanuras, trayendo más bandidos. Al igual que Mikazuki llevando a Aileen con Kei cuando se separaron y llegaron por primera vez aquí.

Kei hizo su trabajo mecánicamente, pero luego se detuvo cuando vio a uno de los jinetes.

Al lado del caballo muerto se sentaba el jinete llevando una bandana, era el que Kei predijo que esquivaría su flecha. Su brazo derecho y su pierna izquierda estaban doblados con desgarbo, probablemente se quebraron en la caída.

Los huesos estaban severamente fracturados, pero aún estaba con vida. Se sentó respirando pesadamente, tratando de soportar el dolor mientras miraba a Kei con ojos llorosos.

—… Una mujer, ¿eh? —murmuró Kei involuntariamente.

El jinete con una bandana era una niña; más joven que Kei inclusive.

Su rostro tenía varios tatuajes negros que eran la costumbre de la gente de la llanura. Sus bellos rasgos faciales le daban una apariencia similar a la de una asiática, incluso con sus tatuajes. Mirando cuidadosamente, pudo ver el levantamiento del cuero sobre sus pechos y la curva femenina de sus caderas.

Entre el olor a sangre, Kei se dio cuenta vagamente de un olor dulce.

Ella miró a su rostro inexpresivo, sin saber lo que estaba pensando. Se arrastró hacia atrás y sacó un cuchillo con la mano izquierda, apuntándolo hacia él.

La cuchilla temblaba y una lágrima se le derramó por el rabillo del ojo mientras lo miraba— Ay… Ma, ¡mátame! —su voz tembló mientras gritaba.

… No necesitaba que se lo dijera.

Recobrando el sentido, apuntó su arco directamente a la cara de la chica sin decir algo antes de disparar casualmente.

La flecha emitió un sonido húmedo mientras se clavaba profundamente en el ojo derecho. La sangre salió a borbotones de su nariz y orejas, y como una marioneta cuyas cuerdas fueron cortadas, ella se derrumbó, retorciéndose. Los últimos vestigios de la vida parecían una broma cruel.

Su visión oscilaba, casi como si estuviera borracho. De una manera diferente a la de la batalla, el corazón le latía fuertemente. No podía entender qué era esta pesada sensación en el pecho, así que miró hacia el cielo y respiró hondo.

—¡Keei! —Aileen llamó desde muy lejos. Corrió hacia él desde la arboleda con una mirada preocupada—. ¿Se… acabó? —preguntó en voz baja. Pálida, miró los alrededores donde los cadáveres se esparcían por el suelo.

—Sí. Los eliminé —respondió Kei, mirando a lo lejos mientras arreglaba su bandana.

—Y, ya veo…

El viento cambió de dirección, enviándole directamente el aroma de la sangre a Aileen. Se cubrió la boca y bajó su mirada. Sus ojos se abrieron de par en par ante el cuerpo que vio.

—¿Una chica…?

—Sí… Ella tenía puesta una bandana, yo tampoco me percaté. Por eso no me contuve —Kei desvió la mirada, diciendo eso rápidamente.

Tenía miedo de mirarla a los ojos.

Aileen no dijo nada.

—Revisaré al resto de ellos…

Incapaz de soportar el silencio, se apresuró hacia los otros cuerpos y comenzó a registrarlos. Después de unos momentos, Aileen se puso en cuclillas a un cuerpo cerca de él.

—Yo… también ayudaré.

—No, está bien. No necesitas hacerlo.

Aileen estaba tan blanca como una hoja de papel. Claramente se estaba forzando a sí misma, así que Kei fingió estar de buen humor y rechazó su oferta.

—P, pero, hacer que solo tú hagas algo… es…

—Ah, entonces ¿podrías asegurarte de que esos caballos no se escapen? Los que están con Sasuke —Señaló a Sasuke, que estaba pastando cerca de allí. Otros tres caballos agitaron sus colas mientras también pastaban. Incluso entre los caballos que la gente de las llanuras criaba, estos eran obedientes.

Kei dejó que estos tres vivieran para poder llevárselos consigo, y puso a Aileen a cargo de ellos.

—Oye… Kei —

—¿Hm? ¿Qué pasa?

—Las mujeres, ¿crees que ellas también luchan en este mundo, como si fuese normal?

—¿Quién sabe? … No estaría seguro —No pudo evitar decir que no lo sabía. No tenía suficiente información para darle una respuesta seria, y no quería responderle en el estado en que ella se encontraba— Es solo que, bueno… Independientemente de si es hombre o mujer, morir es morir. Es este mundo… —murmuró para sí.

—Ah.

Al final, encontraron muchas flechas de buena calidad, una cantidad decente de monedas de plata y cobre, armaduras que podrían usar, algunos artículos de uso diario y tres caballos. Después de cargar a los caballos, partieron hacia el este una vez más.

Kei montó a Sasuke mientras Aileen montaba al más obediente de los tres caballos que tomaron. Los otros dos caballos llevaban los bienes encima.

Recorriendo las llanuras durante aproximadamente una hora, paralelos a la carretera, apenas conversando.

Las colinas se aplacaron y su campo de visión se expandió. Un enorme río, el Río Morura, y una gran ciudad con almenas apareció a la vista.

Era una ciudad atestada de mercaderes y artesanos provenientes de varios pueblos cercanos.

Kei y Aileen habían llegado a Satyna, la ciudad fortificada.

 

 

Notas:

0– Se está sonando (o tronando) el cuello. Como cuando una articulación (dedo, por ej.) te hace pac y, en algunos casos, te duele. Bueno, es eso.
1– Rezar también puede ser utilizado como un sinónimo para ‘decir’ o ‘hablar’. Mi idea siempre ha sido variar un poco con los términos de vez en cuando.


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5 comentarios

  1. Total como se llamará la protagonista

    Eileen o Aleen, ya que es medio confuso que lo cambies varias veces en el mismo capítulo

    Me gusta

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