Hail The King: Capítulo 58


Aleluya, dirán todos.

Al fin les traigo este capítulo que estuvo acumulando polvo por algunos meses. Bueno, por si no lo sabían aún, yo soy el nuevo traductor (temporal) de HTK. Tomaré el puesto de WhiteWind debido a su desaparición repentina. La verdad ya no sabemos nada de él, supongo que está muy metido en sus asuntos para poder encargarse de esto. Él le tenía mucho cariño a esto, así que no se fue por cualquier cosa.

Bueno, hoy les digo que el horario para esta novela será un capítulo cada domingo. Sé que esperaron bastante (mucho más en comparación con Vermillion), así que al menos haré eso par remediar el trabajo perdido en este tiempo.

En todo caso, este capítulo lo hice yo en su totalidad y también fue corregido por mi persona. Si ven algún error, o les parece que algo no está bien escrito, avísenme en los comentarios…. y eso. Feliz lectura a todos.


El Accidente en la Fiesta

 

A la hora de hablar sobre la magnificencia de una edificación, el Palacio del Rey de Chambord estaría situado en el top tres entre los 250 reinos afiliados que el Imperio Zenit controlaba. Todas las estructuras se hicieron recolectando y ensamblando enormes piedras blanquecinas. Una plaza de piedra extremadamente espaciosa se hallaba justo enfrente del palacio. A los lados este, oeste y norte de la plaza se erguían pilares de piedra de unos treinta a cuarenta metros de altura y unas estatuas de diez metros de altura en representación de todos los dioses. El Palacio de su majestad el Rey se encontraba detrás de esos pilares y estatuas. Las puertas se hallaban al sur de la plaza, donde soldados y ciudadanos les sería permitido entrar.

La fiesta se celebraría en la plaza de piedra.

La muchedumbre que atendió a la fiesta comenzó a reunirse en la plaza. Seis fogatas gigantes iluminaron el cielo oscuro. Había diez torres gigantes de madera que habían creado juntos los ciudadanos y soldados, y estaban localizadas en el medio de la plaza. Todas eran de seis o siete metros de altura y los cadáveres de todos los soldados y ciudadanos que perecieron en la guerra fueron colocados en los estratos de las torres.

Los soldados de la guardia del Rey llevaban puestas armaduras nítidas y andaban patrullando la plaza y el Palacio del Rey con lanzas en sus manos. Los ciudadanos se vistieron de ropajes blancos y andaban cantando y danzando. Algunos acróbatas hacían volteretas por el suelo y bellas mujeres juntaron sus manos y bailaron alrededor de la hoguera. Las personas con una sonrisa sostenían ramas verdes de árbol que representaban la vida y la esperanza.

La noche siguió adelante.

Produciendo sonidos de galope, el príncipe del Imperio Zenit Tropinski llegó junto a sus guardias de caballería. El atractivo viejo Bast dirigió al príncipe y sus secuaces a los asientos VIP que se hallaban bajo las estatuas de los dioses, al este de la plaza. Como Zenit era un imperio progenitor, los ciudadanos le otorgaron una cálida bienvenida al príncipe que acaba de llegar. A ellos les llovieron muchos pétalos aromatizados y agua limpia.

Tropinski disfrutó bastante de esa bienvenida.

A este punto, Tropinski sorpresivamente demostró el estilo y la gracia un príncipe imperial. Sonrió con amabilidad y saludó constantemente a los ciudadanos de alrededor. Sin embargo, la caballería detrás del príncipe tenía actitudes no favorables hacia esa gente de clase baja en este pequeño reino. Después de presenciar las sonrisas y escuchar las ovaciones, mantuvieron sus altaneras y arrogantes actitudes como si ellos estuvieran viendo a sus perros mover sus colas halagadoramente para ellos.

Al ver que el Príncipe Tropinski era el único que quería unirse a la fiesta, Bast se sintió un poco decepcionado. La Princesa Primogénita Tanasha era la líder de la legión y controlaba todo; sin embargo, él no es capaz de realmente ver a través de su actitud y aún menos sus intenciones. Esta fiesta era una gran oportunidad para observarla, pero ella no vino… Aunque ese era el caso, Bast no desatendió a nadie; les ordenó a los sirvientes que hicieran lo suyo y que también se encargaran adecuadamente de los invitados.

Después de más de diez minutos, la multitud empezó a calmarse gradualmente de sus ovaciones y bailes. La plaza estaba en silencio.

En ese momento, dos pelotones de soldados blindados con armaduras lujosas marcharon desde el gran palacio de piedra que se hallaba al norte de la plaza y formaron dos líneas rectas a ambos lados del camino. Y luego bajo la atención del mundo, el Rey Alexander apareció en las altas escaleras al frente del palacio mientras sostenía la mano de su hermosísima prometida, Angela.

Fei vestía una túnica de rey azul celeste. La túnica se revoloteaba con el viento y estaba cuadrada a la perfección para su delgado cuerpo musculoso. También llevaba encima una corona dorada con forma de hoja. Su pelo que se asemejaba a la tinta negra, sus ojos de cristal, su inquebrantable figura, su temperamento sin precedentes que adquirió a través de los asesinatos a sangre fría y su afinidad nata se habían combinado a la perfección. Viéndolo de lejos, era como un dios que estaba en lo muy alto de los cielos y representaba vívidamente al monarca del reino.

A su lado, la hermosa Angela llevaba un vestido azul celeste. Un cinturón dorado colgaba alrededor de su cintura; su piel era fina y más blancuzca que la nieve sobre la más alta montaña. Ella llevaba encima una corona que había sido hecha con numerosos tipos de flores. Con el viento revoloteándole el cabello, ella parecía una diosa que cayó en el mundo mortal; pura y poderosa, las personas no eran capaces de mirarla fijamente, tampoco encontraban algún defecto en ella.

Ambos sonrieron mientras se posaban sobre los escalones más altos del palacio y se robaban instantáneamente todos los reflectores en la plaza. Incluso las estrellas cristalinas que estaban incrustadas en la penumbra del cielo perdieron de repente su brillo.

Los los ciudadanos y soldados de Chambord se inclinaron y vociferaron, “¡Salve, Rey Alexander!”

Mucha gente recién se percató de cuán extraordinario y poderoso era su rey. En este momento, nadie podía relacionar la imagen perfecta de rey que estaba frente a ellos con la del estúpido Alexander. Se arrodillaron humildemente e hicieron una ovación con todas sus almas y corazones.

El príncipe Tropinski, quien se encontraba sentado en los puestos VIP en el lado oeste de la plaza, no pudo evitar levantarse. Durante el día, estuvo muy desdeñoso sobre el rumoreado rey. Él solamente estaba allí para participar en la fiesta ya que quería hacer lío y burlarse del rey. Antes no había cuestionado su aspecto y temperamento ya que pensaba que, si se ponía de pie en la plaza, él se volvería el centro de atención y le robaría los focos al resto… Pero ahora, el príncipe del Imperio Zenit sintió una repentina vergüenza por su propia apariencia. Mirando a la pareja que parecía una concordancia creada en el cielo enfrente del palacio, se percató con sorpresa que su desdén e insatisfacción hacia este reino, este castillo y hacia este rey se estaban obliterando con rapidez.

Pero lo que no notó era que sus secuaces no se sentían de la misma manera. Detrás del príncipe, un caballero musculoso que llevaba puesta una armadura de plata y una capa roja fijó su mirada en Angela, quien aún seguía en las escaleras. Avaricia y obscenidad invadieron sus ojos, y las decenas de caballeros y guardias detrás suyo tampoco escondieron sus concupiscencias.

A un lado de la plaza.

Nadie se percató que en la parte trasera de la muchedumbre que estaba cubierta por la sombra de las gigantescas estatuas de los dioses, tres personas cubiertas en ropas oscuras estaban ahí paradas en silencio. Cuando vieron la aparición del Rey Alexander y de Angela, la figura al frente soltó un, “¿Eh?”. La voz sonó muy débil, como si la persona estuviese apenas recuperándose de una enfermedad. La persona sonó sorprendida; su reacción hizo que los otros dos detrás suya se mirasen una a otra al unísono; jamás habían visto esa reacción saliendo de la persona que tenían al frente.

…….

Después de que el Rey y la futura reina llegasen, el carnaval en la plaza empezó a silenciarse poco a poco.

El ambiente se volvió formal y solemne. La multitud abrió voluntariamente un camino, y Fei y Angela bajaron lentamente de las latas escaleras y se acercaron a las diez torres temporarias hechas de madera.

El ambiente se volvió aun más solemne.

Las guerras en el Continente Azeroth no tenían fin, y un sin número de soldados morirían en batalla cada día, a cada hora y a cada segundo. Sepultar los cadáveres de todos esos soldados se volvió una operación muy grande y agotadora, añadiendo además que se debía cubrir mucho terreno. Para prevenir el surgimiento de tal situación, la costumbre de cremar los cadáveres de los soldados se implantó hacía ya mucho. Sin importar que fuera el rey, un noble, un ciudadano, o un esclavo incluso, si alguno de ellos había fallecido en batalla, serían colocados en una de estas torres de madera y entonces serían cremados. La gente de Azeroth creía que las almas de los guerreros serían redimidas y se quedarían con el Dios de la Guerra en el Imperio de los Dioses.

De acuerdo a los conocimientos sobre las costumbres tradicionales que Fei se había metido en su cabeza con la ayuda de Angela, él escalaría las torres y tomaría unas monedas de oro de las manos de Angela para luego colocarlas individualmente en los ojos de cada soldado caído — esta era otra costumbre en el Continente Azeroth. La gente creía que colocar monedas de oro en los ojos de los soldados caídos les ayudaría a reabrir los ojos en el fuego ardiente y a encontrar el camino correcto hacia el Imperio de los Dioses.

Era un proceso complicado y largo.

Chambord había perdido ciento treinta y un valerosos soldados durante esta guerra defensiva. Originalmente se suponía que un personal especial colocaría estas monedas de oro para los soldados caídos, pero inesperadamente Fei insistió en hacerlo por sí mismo. De acuerdo con las costumbres, solamente nobles de alto rango o héroes que habían contribuido enormemente al reino tendrían el honor de serles colocadas monedas de oro en sus ojos por parte del mismísimo rey; las acciones de Fei concedió un honor sin precedentes a estos soldados comunes y corrientes.

Obviamente, sus intenciones estaban en ganarse a su gente.

La plaza se hallaba en silencio; nadie dijo nada. Parecía que el viento también se había detenido. Solamente unas pocas mujeres vestidas de ropas oscuras, quienes eran iguales a sacerdotisas de templo, cantaron una canción ancestral desde las escaleras frente al palacio. La canción no tenía letra alguna, pero aun así ésta se esparció por todo el continente; era una canción de despedida para aquellos seres amados.

Fei, bajo la atención del mundo, fue cubriendo pacientemente los ojos de cada soldado caído con monedas de oro, y luego encendió los herbarios donde reposaban los cuerpos. El veloz fuego devoró rápidamente los cadáveres de los fallecidos y las familias que perdieron a sus seres queridos no pudieron aguantar más y se partieron en llanto…

El proceso tomó alrededor de una hora.

Después de que el fuego quemara los cadáveres y las torres de madera hasta que sólo quedasen cenizas, el ambiente sobre la plaza se alivió finalmente. Los sollozos se detuvieron gradualmente y los doctores recolectaron cuidadosamente las cenizas y las colocaron en un gran ataúd negro. Veinte días después, este ataúd sería llevado hasta la montaña más alta y sería entonces enterrado ahí. De esa manera, las almas de los guerreros serían los primeros en ver la hermosa salida del sol — era la costumbre de Chambord.

Después de todo eso, la plaza regresó a su anterior alegre y jovial ambiente.

Las personas empezaron a cantar y danzar para celebrar su victoria en la guerra. El alocado ambiente se calentó aún más bajo la ardiente hoguera. Sin importar la edad, género, o clase social, las personas juntaron sus manos y bailaron. Incluso los soldados que estaban patrullando fueron arrastrados hacia la muchedumbre, eso incluye a Fei y a Angela también. En la celebración, todos eran iguales. El príncipe Tropinski y sus guardias también fueron invitados.

Algunas mujeres reían mientras traían platos llenos de frutas y barbacoa a la multitud.

El príncipe Tropinski fue influenciado por el ambiente alegre. A este punto, dejó de lado su arrogancia y frialdad y volvió a ser un chico que tenía 17 años. Juntó sus manos con otros jóvenes chicos y chicas, y formaron un gran círculo y bailaron alrededor de la hoguera; él era como un ave que acababa de ser liberada de su celda, libre y alegre.

Pero lo que Tropinski y los otros no notaron es que sus guardias y el caballero que llevaba una capa roja soltaron carcajadas y se abrieron paso al centro de la plaza. Todos ellos tenían una gran sonrisa llena de malicia; sus ojos brillaron conforme se sentían algo pervertidillos.

La dirección a la que ellos estaban metiéndose por el centro de la plaza era donde diosa pura Angela, la rubia Emma y sus amigas estaban bailando con alegría. La chica sonreía felizmente; su hermoso rostro estaba tan lleno de disfrute y felicidad, parecía una pequeña ángel.


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